Minato Namikaze
Su Kushina estaba gritando de dolor. Algo normal si estaba pariendo al cachorro de ambos, pero se preocupaba igualmente, pues nunca jamás la había escuchado gritar de esa manera. Ni siquiera cuando había sido herida en alguna misión, por muy grave que fuera o pareciera la herida. Y en cambio ahí estaba… cubierta de sudor, apretando los dientes para intentar resistir y hacer el menor ruido posible y jadeando mientras respiraba acelerada y, los quejidos y alaridos de dolor escapaban igualmente entre sus labios. Le dolía en el alma verla así.
Su valiente y temperamental Kushina.
Biwako le llamó la atención, debía centrarse en el sello para que no escapara Kyubi. Con una última mirada preocupada, volvió a centrar su atención en el sellado para mantenerlo lo más estable posible. Sino si que tendrían una gran preocupación si el zorro demoniaco salía de su alfa pelirroja.
Recordaba como la conoció y a pesar de ser una alfa, como él, habían acabado juntos. Se habían casado, pues al no ser uno de los dos un omega no podían unirse mediante un lazo. Y por alguna especie de milagro, él creía que gracias al chakra de Kyubi, enseguida quedó en estado. Aunque el médico les advirtió que podía ser un embarazo arriesgado, y complicado, siguiendo las indicaciones y con el fuerte chakra de Kushina, el bebé creció y creció. Los médicos controlaban periódicamente el avance de la gestación, mientras en él recaía la tarea de ir controlando el estado del sello.
Todo fue perfecto, nueve meses sin ninguna dificultad, ni emergencia. Y todo para desencadenar en ese momento de ese 10 de octubre. Intentando que Naruto saliera del interior de su madre y que el zorro se mantuviera en ese interior.
En un último empujón el pequeño cachorro nació y demostró su fuerza con un potente llanto. Kushina y él también lloraron, la emoción era tanta. Eran padres.
Pero no podían descansar aún, y eso que la alfa lo necesitaba con urgencia luego de las largas horas de parto. Pero… la necesitaba para que en un último esfuerzo le ayudara a controlar el zorro y que no saliera de su interior. Tuvo que desistir de recomponer el sello al atacar un encapuchado con máscara y poner en riesgo la vida de su recién nacido cachorro.
Con su técnica dios del trueno salvó a Naruto llevándolo a una casa a las afueras, era tan pequeño y por fin lo había podido coger en sus brazos, aunque hubiera sido en esas malas circunstancias.
– Tengo que ir a salvar a tu madre, mi pequeño Naruto.– Le besó en la rubia cabecita. Sonrió, siempre se había imaginado que saldría pelirrojo como su mami y míralo ahí, rubio como él. Se sentía orgulloso y con el corazón henchido de amor por esa criatura. – Ahora vuelvo.
Y con una última mirada desapareció. Y tal como le prometió volvió con su madre, colocándola al lado del cachorro.
–Tengo que ir a detener al Kyubi y a ese hombre. Quédate con Naruto… – Sabía que a Kushina le quedaba poco tiempo de vida, la miró con tristeza. –No tardaré.
Llegué a tiempo de enviar una bijuu dama a las afueras de la aldea, y quería enviar también al inmenso zorro cuando el enmascarado intentó absorberme apareciendo por detrás. Sólo tuve tiempo a desaparecer.
Enseguida apareció en esa nueva ubicación a la que me había trasladado con el dios del trueno, debía ser un ninja sensor para localizarme tan rápido. Empecemos a luchar, cuando ese aroma empezó a inundar mis fosas nasales. El halcón de mi interior arañaba frenético, mientras soltaba chillidos emocionados.
Ignoré a mi ave y me centré en la pelea con ese misterioso enmascarado que se desmaterializaba cuando le atacaba y se materializaba de nuevo para atacar. Era muy bueno, pero yo me jugaba demasiado, tenía que centrarme y no dejarme distraer por el agradable aroma que venía de él, y ser más veloz para poder vencerle.
Le tiré un kunai, que le atravesó tal como esperaba y me lancé preparando un rasengan. Su mano estaba cerca de tocarme para absorberme como casi hace con anterioridad, pero fui más veloz, con mi técnica dios del trueno desaparecí para volver a aparecer justo encima de él y le impacté el rasengan dejándolo contra el suelo. Mi técnica rompió ropa desde su nuca hasta su espalda, dejando toda su espalda rojiza y mostrando su piel. El aroma llegó más intenso a mis fosas nasales y es que yo seguía justo encima de él. Su nuca me llamaba, mi halcón gritaba y se descontroló, mis colmillos crecieron y, antes de darme cuenta le había mordido en la nuca, con fuerza. El encapuchado medio gimió, medio soltó un quejido lastimero. Le había marcado sin realizar el ritual completo y eso era doloroso. Mi halcón se compungió al saber que había herido a su omega destinado, pues eso era ese atacante. Mi maldito destinado, por eso mi alfa interno se había salido de control, por eso no había podido evitar dejarme llevar por esa unión marcada por el destino. Liberé los dientes de esa piel y saltemos los dos a la vez hacía puntos cardinales distintos. El enmascarado me miró con rabia, confuso y jadeante, mientras se llevaba una mano a la nuca por el dolor. Era el único brazo que podía mover, pues el otro se notaba lánguido y sin fuerza.
No quería hacerle daño, pero necesitaba que liberase al Kyubi de su poder ocular. Me lancé de nuevo al ataque, aplicándole un sello de contrato, tal como adivinó era para separarlo del zorro. Cosa que conseguí. Y cuando quise capturarle para que no escapara se volvió a apartar saltando unos metros más atrás.
–¡Quieto, omega! –Ordené con mi voz de mando alfa.
No funcionó y con un rugido me lo hizo saber. Ignorando el mandato, desapareció absorbiéndose a él mismo. Mi halcón liberó un grito frustrado, mi pareja destinada era fuerte, era capaz de resistir una orden directa de su enlazado.
Pero yo no tenía tiempo para seguir con la rabia de mi animal interno, tenía una aldea que salvar de un cabreado zorro demoniaco.
–Sin olvidarme de Kushina y Naruto. –Suspiré. –Vaya momento para encontrar a la pareja que el destino marca como la más indicada para mi.
Mi yo racional, el yo que amaba a mi Kushina no quería aceptar eso y pensaba morir para proteger Konoha y así no aceptar el futuro que me esperaba al lado de ese omega macho encapuchado. Moriría al lado de mi amada Kushina, protegiendo la villa, sus ninjas y mi pequeño cachorro.
Pero… Kushina tenía otros planes. Y aquí estaba yo, mirando el cadáver de mi esposa con un lloroso cachorro en brazos. Sarutobi se acercó a nosotros.
–Minato… lo siento mucho, lo siento tanto. – Nos miró con tristeza mientras apoyaba una mano en mi hombro en señal de apoyo. –Ves a descansar con tu pequeño, yo me ocupó de poner todo en orden por ahora. Y mañana coges el testigo. Lo necesitáis. –Agregó cuando vio que iba a debatirle.
Miré una última vez a mi amada pelirroja mientras los ninjas empezaban a recoger su cuerpo y el de todos los que habían muerto esa noche, mañana iba a ser un día duro. Muchas buenas vidas perdidas. "Éste quieres que sea mi pareja perfecta… El causante de todas estas muertes. Buena gente de Konoha." Pensé con tristeza y rabia.
Con el pequeño en brazos me fui al hospital, necesitaba que los médicos revisaran a mi pequeño Naruto. Y también conseguirle leche. Tarde llegue a casa, por suerte mi cachorrito estaba perfecto. Las pruebas habían salido perfectas y éstas auguraban que mi Naru iba a ser un alfa. Le di su leche, tal como me habían enseñado en el hospital y lo acosté en la cuna de nuestro… de mi cuatro. Durmió toda la noche como un campeón. Yo conseguí dormir un par de horas.
El día siguiente fue demasiado difícil, cuanta tristeza en el ambiente, cuantas vidas perdidas y que tuvimos que despedir. Un adolescente a mi lado lo había perdido todo, un pobre beta que lloraba desconsolado, Iruka Umino se llamaba. La vida del shinobi era tan dura.
–En Konoha cuidamos de los nuestros –Me dijo Sarutobi a mi lado. Biwako, su esposa, había muerto en el primer ataque del enmascarado.
–Si, no dejaremos que ningún niño o adolescente, o habitante de la Hoja se sienta sólo nunca más. Ya hemos cometido ese error antes. –Juro esas palabras encima de la tumba de su amada Uzumaki.
Recordando a su alumno Kakashi y como había sobrevivido por su cuenta. Eso no iba a pasar más, era cruel. Konoha tenía que ser como una gran familia que protegiera a los más desvalidos y donde todos fueran importantes y validos.
Le puso a su hijo Naruto Uzumaki, en honor a la valentía de Kushina, ella lo había dado todo por ese niño y también para salvar su aldea.
Respecto a su pareja… no pudo encontrarlo, y si lo buscó. Cuando se recuperó de su pérdida buscó a su compañero, era una compulsión que tenían todos los enlazados. Más éste parecía que se lo hubiera tragado la tierra. A veces le parecía olerlo en alguna misión al exterior, pero cuando lo rastreaba… ¡puff! Desaparecía de nuevo. No respondía a sus llamadas, ni a sus feromonas… nada. Definitivamente era un omega muy terco y muy poderoso, pues los omegas enlazados solían necesitar a su alfa cerca y no parecían poder permanecer tanto tiempo lejos de su alfa. Pero su enmascarado hacía años que estaba desaparecido.
