Danzou Shimura
Tobirama había nombrado a Hiruzen Sarutobi como el Tercer Hokage, el Sandaime. ¿Cómo había podido? Hiruzen era blando, era un gandul y un inútil. La aldea fuerte que Había construido Hashirama y luego mejoró Tobirama Senju caería por culpa del Sarutobi. Todo el control que había impuesto ante clanes despreciables y sedientos de sangre como los Uchiha se desmoronaría, y esos desalmados del sharingan se harían con el control sobre todo. Era un clan muy poderoso con esos malditos ojos que anhelaba. Si yo tuviera su maldito poder lo usaría para proteger la aldea ante la debilidad y volverla poderosa y prospera.
Por eso mismo había animado a Orochimaru a que experimentara cuando el alumno de su "amigo" y ahora Hokage mostró esas ansias de poder, de querer más, ese anhelo que yo también poseía. Sabía que sería útil en algún momento y no me equivoqué, Orochimaru fue un gran aliado. Le proporcionaba cuerpos de estudio y para que experimentara, también le cubría para que nadie lo descubriera. Orochimaru le ayudó con su brazo derecho, gracias a células del primer Hokage, tenía un brazo que en teoría podría con la carga de poseer un doujutsu tan poderosos como el sharingan. Y así fue como me implanté mis dos primeros sharingan, cortesía de Kagami Uchiha. Maté a mi antiguo compañero de equipo cuando menos se lo esperaba, ver su cara dolida por esa traición que no esperaba fue sublime.
–No es nada personal, Kagami… Bueno si, quería el poder que tu posees –Me agachaba para sacarle los ojos, mientras él luchaba por respirar con sus últimos estertores. –Tranquilo, no serás el único al que le haré esto. Los ojos de muchos más Uchiha serán míos, entre ellos los de tu hijo.
Y vaya que se puso a ello. Pero los Uchiha eran desconfiados… y fuertes. Pues sólo había conseguido matar a otro y ya se pusieron a investigar y a sospechar sobre él. Tenía que quitárselos de encima, conseguir que le dieran carta blanca para matarlos.
Shisui fue una presa fácil, era un joven ninja fuerte y prometedor, pero ingenuo y bonachón. Lo engañé prometiéndole desvelar quien fue el asesino de su padre y mi "amigo" y de ahí a arrancarle los ojos y luego despeñarlo por un precipicio mientras estaba desprotegido sin ver… fue como robarle un caramelo a un niño.
Lo demás, conseguir que los Uchiha vieran a Konoha como una amenaza para ellos, fue sencillo, engatusar con la capacidad visual de los ojos de Shisui al líder del clan, Fugaku Uchiha. Los del abanico eran muy fuertes, pero terriblemente fáciles de manipular si sabías tocar las teclas adecuadas y tenías la ayuda de un genjutsu.
Pero con lo que no contaba fue que Minato fuera tan astuto, él no era dócil como Hiruzen, no se dejaría controlar ni manipular. Tampoco contaba con que los anbus de Yondaime fueran tan capaces, encima ese tal Kakashi había logrado convencer a su ninja de confianza, ese niñato de Tenzou había cambiado de bando por cuatro palabritas bien pronunciadas, maldito omega, eso le pasaba por permitir que un omega realizase el trabajo de un alfa o un beta. Los omegas sólo tendrían que ser usados como esclavos en la cama y para parir crías.
No tardaron mucho en girarse las tornas en mi contra.
Minato devolvió a sus cabales a los Uchiha haciéndoles ver que todo había sido obra de un genjutsu, se descubrió su participación en los experimentos de Orochimaru, las desapariciones, los asesinatos, la muerte de los pocos Uchiha con los que se había hecho, sus pactos fuera de la aldea para derrocar a otros kages para que a su vez le ayudaran en su golpe de estado recibiendo apoyo y hombres para realizarlo… Todo. Tuve que huir de Konoha con mis hombres de confianza.
Pero aunque me habían descubierto, lo bueno llega para los que saben esperar. Y aunque Minato era astuto y había desconfiado lo suficiente de mi como para descubrirme y detener el golpe de estado de los Uchiha; también era alguien demasiado esperanzado en que no volveríamos… o no tan pronto.
Esa noche entremos en Konoha y aprovechando la oscuridad y que casi todos dormían… Maté a todos los Uchiha que encontré. Tan pacíficos, tan confiados… durmiendo en sus hogares, con sus familias. El golpe fue tan bien coordinado entre mis hombres y yo, que no les dio tiempo ni a dar ninguna alarma.
A la mañana siguiente Konoha despertaría con el olor de sangre y muerte flotando en el ambiente. ¡Ah! Cómo desearía poder seguir en la aldea para ver las caras del Hokage y de los habitantes al ver el barrio Uchiha desierto y las casas llenas de cadáveres y con la sangre salpicando en las paredes. Seria algo sublime.
Perdí a algunos buenos hombres, pero la ganancia en poder lo compensó. Además nada que no fuera fácilmente repuesto. Sólo tenía que asaltar algún orfanato y hacerme de jóvenes prometedores, entrenarlos y volverlos mis perros fieles dispuestos a dar su miserable vida por mi y mi causa. Además con el brazo derecho llenó de sharingans, notando su poder recorriéndome todo el cuerpo, podría conseguir todo lo que desease. El poder que tanto deseaba era mío por fin.
