Imagino que más de una/o esperaba la continuación del capítulo de Zetsu... Pero soy algo malignaaaaa XD! Tranquilas/os ya llegara cuando le toque.

HIRUZEN SARUTOBI

Siempre estaba al pendiente de las generaciones futuras que subían, pues podías hallar entre esos niños que iban a la academia, a verdaderas joyas con la voluntad de fuego. Y de entre ellos el que mas destacaba en ese momento era Minato Namikaze. Un muchacho rubio que sus demás compañeros despreciaban pues lo consideraban débil.

Minato podía tener una apariencia delicada, pero tenía el talento para ser uno de los grandes. Y no se equivocó, ese niño se convirtió en el hombre más rápido del mundo ninja... el relámpago amarillo de Konoha.

Ya a corta edad salvó a una compañera de academia, la jinchuriki del zorro demoníaco, Kushina Uzumaki. La pelirroja había sido raptado y nadie, lo había notado. Solo el chico de ojos azules y pelo rubio, él solo emprendió la exitosa misión de rescate. Desde ahí su carrera de ninja fue lanzada, y su amorío con la Uzumaki también surgió en ese momento. Dos alfas juntos, una combinación complicada que dio sus frutos en el pequeño cachorro nacido en ese fatídico 10 de Octubre.

Pero antes de eso, Minato pasó por todos los rangos shinobis, destacando por encima de sus compañeros. Bien joven entró en los anbu, luego lo promocioné a Hokage. Él joven alfa aceptó, con la condición que yo siguiese al cargo, no quería ser un kage encerrado en su despacho pues desde ahí no podía proteger bien a la Hoja y menos durante esa cruel guerra. Y acepté, compartir el mandato de la villa con el joven shinobi, Yondaime Hokage.

Minato siguió realizando misiones junto a su gran equipo: Rin Nohara, Obito Uchiha y Kakashi Hatake. Era un buen maestro, paciente, alegre, amable y severo cuando hacia falta, aunque ese era lo que peor sabía hacer. Se preocupaba y cuidaba de sus alumnos, y ahora de su esposa Uzumaki que estaba embarazada, para sorpresa de todos.

Mi esposa Biwako siempre se asombraba por esto. Era tan difícil que una alfa se quedara preñada y aun más que el embarazo continuara hasta el final sin contratiempos.

Ah, mi bella y buena Biwako... la añoro tanto. Sabía poner paz e imponerse con su calma y su presencia. Pero la perdí, murió el día que nació Naruto. Durante el parto de Kushina, al cual había ido a ayudar, el hombre enmascarado la mató y le quitó al cachorro de los brazos para poder amenazar al Yondaime y que se apartara de la alfa pelirroja, dejándola desprotegida para poder extraerle al zorro.

Ese día hubo grandes perdidas en la aldea, valientes ninjas dieron su vida para proteger a los que amaban y a su hogar. Verdaderos hombres con la voluntad de fuego que viendo que podrían morir a manos del demonio, se lanzaron igualmente sin temor al combate.

Yo perdí a mi Biwako, Minato a Kushina que dio la vida por su hijo y por Konoha; por todas partes podías ver shinobis y kunoichis caídos; niños y adolescentes llorando por la perdida de padres, madres y hermanos y hermanas mayores. Fue una noche para olvidar y los días siguientes fueron peores. Enterrar a nuestros muertos, curar a los heridos, reparar nuestro hogar, aumentar la vigilancia para prevenir y/o afrontar nuevos ataques. Había mucho por hacer y poco tiempo de descanso. Y, si eso no fuera poco, nuestros hombres y mujeres tenían que seguir entrenando para seguir siendo grandes ninjas y cumplir las misiones que nos encomendaban, todo eso con menos ninjas para hacerlas. Fue un dolor de cabeza coordinarlo todo para poder cumplir con todas las tareas. Todos trabajamos muy duro para salir adelante.

Suspiró, no era la primera vez que tenían que trabajar tanto y tan duro, y además afrontar todo lo que se les venía encima. Cuando era joven y Tobirama Senju era su maestro, también eran tiempos complicados… Pero antes era joven y ahora ya estaba mayor. Suspiró de nuevo y siguió ocupándose del trabajo en la torre, mientras el Yondaime se ocupaba de la protección de la aldea y de coordinar el trabajo de los shinobis para la reconstrucción de los lugares destrozados. Mientras el pequeño recién nacido se quedaba a cargo de una nana en la torre del Hokage, de ésta forma Minato podía aparecer brevemente para verlo y luego seguir con sus tareas, a la vez que me entregaba pergaminos y otros informes necesarios para el correcto funcionamiento de todo. Yo también me acercaba de vez en vez a ver al cachorro, era tan pequeñito y tan adorable con esa pelusilla rubia y esos mofletes marcados por esas tres líneas a cada lado que asemejaban bigotitos. Él apostaría el sueldo de todo un año a que ese cachorro sería un zorrito como su madre.

Otro de los ocasionales visitantes del bebé, para asegurarse que todo estaba bien, era Kakashi Hatake. El joven había sido un buen alumno del rubio, y ahora era el único de su equipo que había sobrevivido.

¿Había dicho ya que la vida del shinobi era muy dura y llena de terribles perdidas? Kakashi y ahora Minato eran un buen ejemplo de ello. Por suerte, su relación era muy fuerte y el uno cuidaba del otro. Ahora el peligris, a sus 15 años, era uno de los mejores ninjas jóvenes que tenían, un genio de su generación. Y Minato le había promocionado a anbu, tal como se lo había pedido el Hatake cuando le ofreció ser maestro de su propio equipo o ser anbu. Kakashi escogió la segunda opción, eso si, Minato le hizo jurar que no se volvería alguien frio, un asesino despiadado y sanguinario. También le hizo prometer que siempre que se sintiera solo o volviera de misión, o… Cuando fuera; pero Kakashi tenía que ir a su hogar y cenar con él y con Kushina, aunque ahora tendría que ser con él y el pequeño Naruto. Mínimo una vez a la semana, cuando no estaba de misión larga, el Hatake cumplía su promesa.

Al par de días los cuerpos de nuestros difuntos fueron enterrados, el acto se lleva a cabo con la mayor de las ceremonias, despidiendo con respeto a nuestros seres queridos, nuestros héroes. El ambiente era triste y silencioso. Muchos de los presentes habíamos perdido a alguien; una esposa, un marido, un padre, una madre, ambos, un hijo, un hermano... Cuanta muerte y todo por conseguir un biju, para divertirse, venganza… Nadie conocía el motivo, el enmascarado no se identificó, ni rebeló sus intereses. Ni volvió a actuar, y sabía por Minato, que ese hombre no había muerto, lo que significaba que podría atacar de nuevo. Pero no, no supimos nada más de él.

Los meses pasaron y la aldea volvió a la normalidad, nos recuperamos bien de las heridas infringidas, somos ninjas después de todo. Y esos meses se fueron convirtiendo en años, los cachorros crecían y Naruto era uno de ellos. Era un zorrito, tal como yo pensé feliz y alegre, tan parecido a Kushina en carácter, el pequeño solecito de Minato. Y Minato era un gran Hokage que se preocupaba y cuidaba de todos los habitantes, a todos trataba con respeto, para todos tenía una sonrisa y a todos escuchaba con interés.

Pero yo notaba que el alfa rubio tenía algo que le preocupaba o le molestaba, algo que le tenía inquieto y le hacía salir con su forma de halcón a surcar los cielos, buscando ese algo o alguien que le tenía así. Y volvía desolado y aun más inquieto y estresado de lo que se fue.

–Minato… ¿qué tienes? Se que algo pasa, no puedes escondérmelo más.

El rubio le miró con sus brillantes, y ahora cansados, ojos azules. Acababa de volver de uno de sus largos vuelos de búsqueda.

–No lo encuentro, Hiruzen-san. Lo llevo buscando tanto tiempo y no hay manera. No se que más hacer…

–No te entiendo, ¿que es lo que estás buscando? – Mientras lo hacía sentarse y le daba un té caliente. Se notaba que lo necesitaba. –Necesitas descansar, vuelas cada madrugada, casi sin haber dormido por tus funciones para con la aldea y por cuidar de Naruto y en cuanto llegas sigues trabajando. Vete a casa hoy, duerme, pasa el día con tu cachorro. Yo me ocuparé de todo. Pero antes cuéntame que te aflige.

–En… Encontré a mi omega destinado, Sarutobi y… Y yo le marqué sin poderlo evitar. Fue un impulso que no pude reprimir. Pero él se marchó y… No consigo encontrarlo por ningún lado… Es como si la tierra se lo hubiera tragado. Y mi halcón, y yo mismo… –Reconoció por fin. – Le necesitamos, lo necesitamos en nuestra vida. Lo quiero a mi lado, quiero hacerlo mío, necesito aparearme con él. Es demasiado intenso y… Ya no puedo luchar más contra ello.

–Entiendo…

Las dinámicas entre los alfas y sus omegas eran muy intensas, la necesidad de estar juntos y más cuando estaban enlazados, y aun más, cuando los enlazados eran una pareja destinada.

Minato debía estar sufriendo mucho por no tener a su omega marcado al lado. Su sufrimiento debía ser mucho. Aunque para los omegas esto solía ser peor, esta necesidad de estar con su macho y de oler como él. ¿Cómo podía un omega resistir sin aparecer al lado de su pareja, sin estar con ella, sin oler sus feromonas, sin la necesidad apremiante de aparearse con su alfa? Debía ser un omega excepcional. Y sólo conocía a cierto clan que poseía omegas capaces de resistir de esta forma. Los Uchiha. Su sharingan les otorgaba esa capacidad, usaban su doujustu encima de su animal interno para calmarlo. No le extrañaba que Tobirama desconfiara tanto de ese clan, los Uchiha eran formidables en muchos aspectos.

Pero… Los Uchiha, que supiera, estaban todos en su barrio y en cambio el alfa halcón salía cada día de Konoha y se alejaba kilómetros y kilómetros en su incesante búsqueda. Eso significaba que su omega no era de la villa de la Hoja. ¡Mierda! El atacante enmascarado…

Miró a Minato con lástima, no le juzgaría por eso, sabía todo lo que el alfa había intentado resistir y lo complicado que era sin tener alguna técnica "especial" para conseguirlo.

–Oh, Minato… No me gustaría ser tu. Por eso, a veces, me alegra ser un beta.

–Cada celo sin él es una tortura, las pastillas supresoras de celo ya no me calman. El dolor por no tenerle… –Suspiró mientras se frotaba el rostro. –Fugaku o alguno de sus hombres me ayudan cuando llega el momento con su sharingan. Esto me tranquiliza durante ese período, pero mi halcón esta inquieto por tenerlo… y yo también le quiero a mi lado.

Le puso una mano en el hombro en señal de apoyo y lo envío con Naruto, se merecía un día lejos de todo. Un día rodeado de su cachorro disfrutando de la vida familiar. Y no, no juzgaría a Minato Namikaze por lo que le acababa de contar. Aunque era un beta, entendía lo difícil que estaba siendo resistir al destino, a la marca y al celo sin su pareja. También se imaginaba que la ocasión donde había marcado a su omega era durante la pela de ese 10 de Octubre, y no, tampoco juzgaría eso. Un compañero destinado era irresistible cuando lo hallabas y sobretodo, los alfas no podían evitar aparearse con ellos y marcarlos como a suyos, cuando su omega destinado estaba en celo. E imaginaba, conociendo al Hokage rubio, que eso es lo que había sucedido. El omega debía estar en celo durante la pelea y, aunque el halcón había luchado contra su pareja para parar el ataque, no pudo evitar el impulso de marcarlo como a su "hembra".

Suspiró, que complicada era la vida y más la vida de un shinobi. Siempre en equilibrio entre el entorno, y las normas para poder sobrevivir, y su mundo interno, sus deseos y aspiraciones; en definitiva sus emociones.

Continuará...

Muchas gracias a todas/os por seguir esta historia.