KAKASHI HATAKE
Desde niño supe lo que era la pérdida. La primera persona importante que perdí fue mi madre que murió al nacer yo. Ese conocimiento me había hecho sentir culpable, pero mi padre siempre me repetía que lo que le pasó a mamá no era culpa mía.
–Las personas enferman Kakashi y tu madre estaba muy enferma ya antes de que tu estuvieras en su interior, pero estaba tan emocionada por tener cachorros que quiso tenerte, aunque no era lo más adecuado en su estado.
Mi padre era un buen alfa que siempre me amó y cuidó. Me enseñó que el género no era lo que definía el valor de las personas. Papá también me enseñó a ser fuerte y luchar por mi mismo, sin tener que depender de nadie. Y si, aprendí desde muy pequeño a cuidarme solo, pues mi padre, Sakumo, era un gran ninja que tenía que ocuparse de importantes misiones durante largos períodos de tiempo. Yo estaba tan orgulloso de ser su hijo, el hijo de un gran héroe... el Colmillo blanco. Y él siempre me decía lo orgulloso que estaba de su pequeño lobito.
Si, había nacido con el mismo animal interior que mi padre Sakumo Hatake, un poderoso lobo gris... o seria poderoso cuando dejara de ser un cachorro y creciera. Aunque no había salido con el mismo género que él, yo era un omega. Algo que no podía importarme menos, sería fuerte y un hábil ninja como mi padre, yo no necesitaba a nadie y menos a un alfa.
En la academia demostré ser el mejor en todo, todos los profesores me ponían como ejemplo de lo que debe ser un buen estudiante y un buen shinobi. Y mis compañeros me admiraban, casi todos. El perdedor de la clase bufaba molesto cada vez que los profesores me nombraban como ejemplo o cuando me tocaba hacer un ejercicio y este me salía perfecto, algo que era lo más normal en mi.
Obito, en cambio, era todo lo contrario a mi y aunque me molestaba a la vez no podía evitar fijarme en él. Llamaba demasiado mi atención. Y no lo digo por sus intentos de pelear conmigo, ni por sus retos. Él por si sólo llamaba mi atención, mis ojos, de forma disimulada, siempre lo estaban buscando. Mi padre lo notaba, pero solo reía y me decía.
–Algún día lo entenderás, mi pequeño lobito.
Padre murió, dejándome solo. La realidad es que se suicidó no aguantando la deshonra, cayendo en una espiral depresiva que culminó al quitarse la vida. Todo lo que había admirado en él, murió ese día... Yo no repetiría los errores de mi padre. Desde ese día seguí las normas ninja al pie de la letra. Esa quizás fue la pérdida que más me marcó durante unos buenos años, me estuve esforzando tanto para no cometer los mismos errores de mi padre que olvide lo que era tener amigos y relacionarse con alguien, y no es que antes fuera alguien muy sociable.
Me gradué de la academia ninja y formamos equipo con Obito Uchiha, el chico al que no podía ignorar; con Rin Nohara, una buena chica que quería ser médico y aunque estaba enamorada de mi, respetaba mi espacio y no era alguien molesto. Nuestro maestro fue Minato Namikaze, un joven muy prometedor y alguien excepcional. A su corta edad ya era un shinobi temido por las cinco grandes naciones ninja. Estaba contento de tener un maestro tan capaz y tan poderoso. Obito por su parte, seguía siendo un desastre, pero me gustaba estar a su lado y poder interactuar con él, aunque no era algo que demostrara y me metiera con él por lo inútil que resultaba.
Superamos misiones, subimos de rango y mi esfuerzo fue recompensado convirtiéndome en jounin y dándome el mando del equipo. La misión salió realmente mal... Raptaron a Rin Nohara y, fiel a mis principios, quise abandonarla.
–La misión es más importante que los miembros. Es su culpa si la han capturado, nosotros seguiremos sin ella.–Obito me golpeó con todas sus fuerzas, haciendo que patinara varios metros por el suelo sobre mi espalda.
–Que decepción que seas hijo de alguien tan grande como el Gran Colmillo Blanco.
–Ese hombre... Tu no tienes derecho a hablar de él. No sabes nada, por su culpa Konoha sufrió muchas pérdidas.
–¡CÁLLATE KAKASHI! –El enfado de Obito me asombró y le obedecí.–Sakumo-san, para mi fue un héroe y más personas tendrían que ser como él.
Kakashi se quedó alucinado por sus palabras, nadie había hablado tan bien de su padre desde que volvió de esa misión. La verdad es que hasta ese momento las palabras que más había oído era de rencor y burla hacía el que fue su padre.
–Yo iré a salvar a Rin, tu si quieres ves a tu importante misión.– Obito revisó sus armas y se dio la vuelta para marcharse – Aquellos que rompen las reglas son escoria, pero aquellos que abandonan a sus compañeros son peor que escoria.
Miré como Obito se marchaba para salvar a Rin. Recordar a mi padre oprimió mi corazón, Obito le veía como yo siempre le había visto y por culpa de la opinión de "cuatro ninjas", había renegado de mi padre, del gran amor que sentía por él, de todo lo que hizo por mi... Había sido tan mal hijo, me sentía tan avergonzado. Yo, Kakashi Hatake, me había equivocado tanto y Obito había sido el que me había vuelto al camino correcto, a recordar lo que sentía por mi padre. Limpié mis lagrimas y veloz seguí al Uchiha. Al llegar a su altura me sonrió con orgullo y me sentí feliz de tener su aprobación, aunque no lo exteriorice... Eso se había sentido tan omega.
Estábamos por el buen camino.
–Será complicado salvar a Rin, tenemos que tener cuidado, Obito.
Él me miró con confianza y se quitó esas gafas, en sus ojos se había activado el sharingan.
–No fallaremos, Kakashi.
El orgullo me recorría por dentro al ver el porte fuerte y decidido del pelinegro. Me gustaba lo que estaba viendo en él.
La tercera pérdida que sufrí... fue la que sentí como más dolorosa. Tanto mi lobo interno como yo no podíamos asimilar que Obito estaba muriendo bajo esa roca, y todo por salvarnos.
–Tendría que haber sido yo... ¿Por qué lo has hecho? –Obito sólo sonrió con dulzura.
–Ahora tendrás que aguantarme siempre contigo, Bakakashi, veré el futuro para ti– Me había dado su sharingan para suplir la pérdida de mi ojo izquierdo.– Vas a ser alguien muy grande Kakashi, digan lo que digan se que lo serás. Prométeme que cuidarás de Rin... Y que te cuidarás.
–Lo prometo.–Le dije con lágrimas en los ojos mientras me llevaba a Rin del nuevo derrumbe de piedras.
Una parte de mi se rompió aquel día al morir Obito. Un gran dolor que me inundó el corazón y que dejó a mi omega interior tan deprimido que no quiso salir durante una buena temporada. Sentía que el Uchiha era una parte muy importante que habíamos perdido. Mi único consuelo era el sharingan en mi cuenca ocular izquierda, veía el mundo a través del ojo de mi amigo caído y la promesa que le hice. Debía cuidarme y debía cuidar a Rin, cumpliría la promesa hecha a mi Obito.
Cumplí lo dicho a Obito, me cuidé y entrené para ser más poderoso. Tenía que ser el gran ninja que me dijo Obito que sería, tenía que poder proteger a las personas que apreciaba. No debía volver a fallar en una misión, siendo fuerte podría cuidar de mis compañeros.
Rin... No pude cumplir lo que me pidió Obito, había fallado de nuevo. Mis manos estaban manchadas con su sangre. Yo... Yo no quería... Había ido a salvarla y los había conseguido alcanzar, iba a luchar contra todos esos ninja que la habían raptado y devolverla a Konoha, devolverla sana y salva... En vez de llevar de vuelta un cuerpo frío y sin vida.
Yo había vuelto de una misión con Gai y con Asuma. Habíamos cumplido y ahora ya estábamos de nuevo en Konoha. Me ofrecí a entregar el reporte de la misión al Yondaime. Por la cara que hizo el Sandaime, ya me supuse que algo no iba bien.
–Kakashi... Han raptado a Rin unos ninjas de Kirigakure. Minato-san esta en otra misión urgente desde ayer. Ahora estamos formando un equipo de rescate.
No le deje terminar, salí por la ventana saltando de tejado en tejado hasta salir de Konoha, una vez allí junto a Pakkun seguimos el rastro de mi amiga. Yo era el que debía cuidar de Rin, yo se lo había prometido a Obito, y me había descuidado de mi promesa.
Alcanzarlos no fue muy difícil, era un gran rastreador y gracias a mis entrenamientos era rápido y había aumentado mi resistencia, que ya era buena antes. Peleé para salvar a Rin y cuando iba a atacar con el chidori, Rin se atravesó ante mi sin que pudiera parar el ataque. Ella simplemente corrió y saltó ante mi brazo a punto de atravesar a uno de esos raptores. Jamás olvidaré su sonrisa antes de que su corazón atravesado por mi brazo dejara de latir para siempre. La abrace contra mi y lloré, era tanta la desesperación que perdí el conocimiento al entrar en shock. Le había fallado a Obito y había matado a nuestra amiga, aquella a la que tendría que haber protegido tal como me pidieron.
–Lo siento... Lo siento...– Le susurré al cuerpo de Rin entre mis brazos aun.
Había despertado y no había más enemigos, todos estaban muertos, atravesados, era un baño de sangre. Y nosotros estábamos fuera de esas aguas sangrientas, secos y en un margen alejados de esa carnicería.
–Están aquí, capitán.
Me tensé al oír voces, pero me relaje al verles portar las bandanas de Konoha, era el grupo de rescate que llegaban ahora. Un ninja médico vino a socorrernos.
–¿Estás bien, Kakashi-san?– Después de comprobar que Rin yacía muerta– No parece herido.–Le dijo a sus compañeros al ver que no respondía.
Me llevaron a la aldea cargado, mis piernas no respondían, yo no respondía en esos momentos. Intentando asimilar en que había fallado. ¿Por que Rin se había atravesado en mi ataque? ¿Porque parecía buscar su muerte?
La cuarta perdida que sufrí, fue la de Kushina Uzumaki, que murió después de dar a luz y protegiendo con su sacrificio a su familia y a toda la aldea. Kushina había sido como una madre para mi después de tanta tragedia. Ella consiguió levantar mi ánimo al salir del hospital después de perder a Rin, aunque no estaba herido físicamente, si psicológicamente y además agotado del esfuerzo de la persecución luego de la misión de la que había vuelto y de luchar contra algunos de esos ninjas de Kirigakure. Kushina me estuvo insistiendo para que viviera con ellos una temporada y gracias a la alegre y vivaz alfa, conseguí seguir adelante con mis funciones de ninja y volver a relacionarme, a mi manera, con los demás. Maito Gai también fue de gran ayuda, ese beta se pegó a mi como un chicle en el pelo, al final acabé aceptando su presencia y lo consideré uno de mis mejores amigos.
Después de la muerte de la Uzumaki, me prometí que ayudaría a Minato con su recién nacido. Naruto era la cosita más adorable que había visto... y también la más escandalosa, que potencia tenía ese bebé con sus berridos. Todo eso sin dejar mis funciones de ninja jounin y posteriormente de anbu, de lo cual no es que éste muy orgulloso. Me convertí en un asesino implacable cuando llevaba esa máscara, pero cuando me la quitaba volvía a ser yo, tal como le había prometido a Minato que haría cuando le pedí entrar en el escuadrón anbu.
–Kakashi, como anbu tendrás que hacer tareas horribles y tus manos se llenaran de sangre, lo se... yo también fui anbu, pero... No olvides que fuera hay gente que te quiere, no te alejes y no dejes que ese trabajo te vuelva alguien despiadado y frío. Esa faceta ya la dejaste atrás hace mucho...
Y tal como le prometí a Minato, no dejé que el trabajo me afectara. En los anbu me hice famoso y conseguí ser más fuerte, llegué a capitán de mi propio escuadrón y tuve a grandes ninjas a mis ordenes, Itachi Uchiha fue uno de ellos. También conseguí salvar a un buen ninja de las garras de Danzou Shimura, antes de que éste fuera desterrado. En realidad las ordenes eran matarlo por alta traición y crímenes contra la villa y sus habitantes, pero esa sabandija huyó con algunos de sus hombres más leales.
Tenzou fue el hombre al que salvé, un muchacho con el cual Danzou junto a Orochimaru habían experimentado desde embrión, un muchacho que controlaba la madera al haberle implantado ADN del primer Hokage, Hashirama Senju. Omega que se convirtió en mi amante al llegarle el celo, y estuvimos juntos durante unos años mientras estuvimos en los anbu y antes de que conociera a su alfa destinado, Iruka Umino. Era más sencillo de esta forma, calmar la tensión y estrés después de una misión o combate con otro omega o con una beta, en vez de enredarse con un alfa. Calmar el celo de otro omega era algo que me funcionaba muy bien para quitarme esa tensión y satisfacer el deseo de mi lado más humano. Pues mi lobo interior no aceptaba que ningún alfa se acercase mostrando deseos de apareamiento, de hecho ni siquiera habíamos pasado por un celo, según mi bestia interior ninguno de esos alfa era el adecuado, es lo que sentía venir de su mente, sólo aceptaba la cercanía de Minato porque confiaba en él, aunque el rubio nunca había intentado nada con él y de Iruka Umino, pues era un alfa pacífico y tranquilo que nunca había mostrado interés en él, más allá de la amistad.
Los médicos no se explicaban como podía ser que mi celo no llegara, quisieron hacerme algún reconocimiento, pero como estaba sano y yo me encontraba bien, sólo permití un leve reconocimiento con chakra a mi sistema y que me extrajeran sangre. Como yo predije, estaba en perfecto estado, así que no había más motivo para darle importancia a tal cuestión. Tampoco es como si fuera a buscar a un alfa para enlazarme con él y tener cachorros, no me interesaba tal tema, y mi lobo volvía a repetir: "Ninguno de aquí es el nuestro".
Tal como prometí actualización de esta historia.
Muchas gracias a todas/os mis lectores, a esas personas que ponen mis historias en sus favoritos, que las siguen y que me envían reviews... Un fuerte abrazo, se os quiere y se aprecia un montón que hagáis esto.
