IRUKA UMINO

Iruka se quedó solo recién entrando en la adolescencia, una etapa donde necesitaba a sus padres aun, pero estos habían muerto para proteger Konoha del ataque del zorro. Y él pasó de tenerlo todo… A no tener nada.

Falto de atención empezó a hacer el payaso para que se fijaran en él, causando que sus compañeros de la academia se rieran con sus travesuras. Pero él necesitaba más, más atención, más miradas encima suyo, que le hicieran más caso… Como cuando sus padres estaban vivos. Y gracias a sus trastadas conseguía esa deseada atención, pero todo eso que obtenía de sus profesores y compañeros desaparecía al llegar a un hogar solitario, frío y vacío de toda vida, vacío de la calidez de una madre, de las risas, de las conversaciones durante la cena. Se sentía tan solo y triste. Tenía que conseguir más atención, tendría que hacer más maldades.

Hasta que llegó a oídos de los dos Kages, fue entonces que Iruka obtuvo esa atención que requería… Aunque en un principio se quedó atemorizado, un joven alfa que recién empezaba la adolescencia y la revolución hormonal propia de esa etapa… Si aun no había sufrido su primer celo, aunque poco le faltaba. Y ahora estaba allí delante del alfa más poderoso de la aldea y del anciano beta, los dos Hokages mirándolo intensamente. Gimoteó como cachorro atemorizado por esas imponentes presencias y buscó encogerse… Ese no era el tipo de atención que buscaba, esas presencias eran demasiado poderosas e intimidantes para un joven como él, un joven cachorro que sabía que había tenido un muy mal comportamiento.

–Tranquilo, pequeño. No te vamos a hacer nada… Iruka-chan– Habló afable el hombre mayor, el Sandaime.

Yondaime sonrió un poco y suavizó sus gestos, y su aroma de dominio que poseía todo alfa.

–Te has quedado sin familia, sin tu pequeña manada, en una de las etapas más complicadas en la vida de un cachorro. No sufras más… Ya no volverás a estar solo de nuevo.– El alto rubio se giró hacia el anciano – Yo me ocupo Sarutobi-san. Es un joven alfa a punto de empezar en su madurez sexual, es mejor que tenga la asistencia y la guía de otro alfa.

–Lo veo bien, es la decisión más acertada Minato-san.– Miró al joven y le dedicó una última mirada afable antes de retirarse del lugar.

–Vamos, Iruka. Mi hogar es grande y hay sitio para ti en él.– Le puso una mano en el hombro guiándolo hacía la que sería su nueva casa y su nueva vida.

No pudo evitar llorar de alivio, ya no estaría en esa soledad y vacío aplastante. Esa oscuridad que le absorbía y le dejaba trémulo y con miedo.

–Gracias… Gracias… Gracias… Yondaime Hokage-sama– Las lagrimas se convirtieron en sollozos incontrolables, mientras iba musitando "gracias". Estaba tan agradecido con esos dos grandes hombres por ir a lanzarle una mano amiga cuando más la necesitaba.

–Shhht, tranquilo pequeño. No estarás solo de nuevo.– Mientras abrazaba a ese joven contra su flanco y liberaba un ligero aroma a calma y tranquilidad.

Iruka llegó a un hogar lleno de calidez, la casa de Minato Namikaze. El alfa rubio tenía un cachorro que necesitaba cuidados, pues había perdido a su madre durante el ataque del zorro demoniaco. Y es en ese lugar que Iruka encontró su verdadera pasión, cuidar de cachorros y ayudar.

El Umino se hizo cargo del pequeño cachorrito rubio de su, ahora tutor legal el Yondaime. Estaba feliz de poder ser útil y de tener a alguien que dependiera de él.

Fue en ese hogar que conoció a un omega, que como él lo había perdido todo y ahora, medio vivía con el alfa rubio. Kakashi seguía poseyendo su propio hogar y pasaba temporadas tanto en un sitio como en el otro.

Iruka se sintió enseguida atemorizado por la imponente presencia del peligris, realmente el Hatake imponía a su alrededor y no se atrevió a acercarse, ni siquiera cuando su celo llegó y su instinto le decía que buscara un omega. Realmente era un alfa patético… Cuando su calor llegó se había quedado arrinconado en una esquina de su nueva habitación en posición fetal mientras el dolor y las altas temperaturas hacían temblar su cuerpo de forma muy vistosa. Minato llegó y le ayudó a calmarse, le había avisado Kakashi que en ese momento estaba en el hogar de su sensei rubio. Minato le ofreció dos salidas a su situación, o tomarse supresores e intentar aguantar mediante el medicamento o salir a buscar algún omega o beta que fuera un trabajador del placer y que le ayudaría. Escogió la primera opción, él no era de esos que buscaban un placer efímero e insignificante en brazos de un desconocido. Y desde entonces esa era su forma de superar sus estros. Si, era un alfa pésimo… Era calmado, bastante sumiso y tranquilo, muy paciente, no le gustaban las peleas, prefería quedarse en el hogar cuidando la casa y del pequeño cachorrito rubio.

Y si, había conseguido superar la academia ninja y las pruebas para ser chunnin. Pero todo fue gracias a los entrenamientos de Kakashi Hatake. El omega, acabó siendo su amigo y su soporte cuando necesitaba alguien que le ayudara. Porque sinceramente, en los estudios era muy bueno y en las peleas se defendía… Pero hasta aquí llegaba su capacidad. Era incapaz de pelear a muerte contra alguien, de herir a personas que no sabía si eran malvadas, era demasiado benevolente y pacifico como para gustarle sentir la sangre de otro en su piel al matarle. No podía.

–Minato-san… Soy un pésimo shinobi. No merezco llevar la bandana de Konoha, sólo avergüenzo a esta aldea con mi comportamiento.– Le dijo un día volviendo de una misión que le había ido desastrosamente mal. Su equipo estaba molesto con él por sus escrúpulos hacia los enemigos.– Lo siento tanto… Soy una deshonra, Hokage-sama. No merezco que me acogiera, ni toda la ayuda que me habéis prestado tanto usted como Kakashi-san. Sólo hago que defraudarlos con mi comportamiento.

Mientras se arrodillaba en el suelo y pegaba su frente en el mismo en sumisión y deshonra.

Minato en cambio lo había mirado con dulzura y le había instado a levantarse.

–No hay nada de malo en ti, Iruka. Cada uno tiene su función en esta aldea y todos somos importantes.–Le había sonreído con cariño– A unos se les da bien pelear y a otros cuidar. Tu, eres un muy bien cuidador y educador. Lo he visto con mi hijo, Iruka. Tienes madera para ser un muy buen profesor… Y eso es lo que me gustaría que hicieras a partir de ahora, sólo si tu lo deseas.

–No entiendo…–Minato no estaba molesto con él, ni se sentía abochornado por haber acogido en su hogar a alguien tan inútil para la aldea.

–Ven comigo, Iruka.– Le dijo mientras se levantaba y empezaba a precederle hacía el exterior.

Siguió a Minato y éste le llevó a la academia. No entendía... Terminaron en la oficina del director de la escuela ninja.

–Iruka, necesitan profesores y creo que serías un gran maestro, tal como te he dicho en mi despacho.

Sonreí emocionado, el Hokage confiaba en mi para esa importante tarea. Mi pecho se hinchó de orgullo y determinación. No le defraudaría.

Y así había sido como él, Iruka Umino, el bueno para nada, había terminado siendo maestro en la academia ninja. Realmente había nacido para eso. Esa era su auténtica profesión, su auténtica pasión… Adoraba cuidar y enseñar las nuevas generaciones, ver como aprendían, como se esforzaban, como se fortalecían y como terminaban siendo magníficos ninjas.

Los niños me gustaban, tenía paciencia y era bueno enseñando las bases teórico-prácticas para ser un buen shinobi. Era el mejor trabajo del mundo, estaba tan feliz y agradecido que Minato viese mi potencial como enseñante. Mi pericia en el trato con los niños. Ese trabajo llenaba mi espíritu. ¿Era eso la felicidad? Yo apostaría que si, aunque con el tiempo sentía que me faltaba algo, algo que no sabía ubicar… Un tiempo después descubrí el que. Y todo gracias a encontrarme con Kakashi cuando volvía de una misión de esas que realizaba como anbu…

Sentía un atrayente olor en Kakashi, no podía ser ese aroma me llamaba a acercarme para oler más de cerca. Era tan embriagador, nunca había olido nada tan bueno, tan excitante, tan adictivo. Mi mente, que siempre era un remanso de paz, de pronto se agitó ante el gruñido de mi bestia que se revolvía.

"Mío, mío… ¡MÍO! Mi omega…"

Kakashi se tensó por mi cercanía y por la agitación y las feromonas que estaba liberando y me soltó un bajo y amenazante gruñido, y es que al omega peligris no le gustaba el contacto con alfas, los rehuía o les daba una paliza cuando no hacían caso a sus advertencias. Sólo pude intentar calmarle, él no era el que me interesaba, él no era el que me tenía tan alterado y ansioso, el que me hacía sentir excitado y lujurioso.

–Lo siento... Es este olor que portas en tu ropa – Di los últimos pasos, con las manos en alto para intentar calmarle, hasta enterrar mi nariz en el chaleco de Kakashi oliendo en profundidad. Mi cuerpo temblaba intentando contener mi agitación –Mi omega... ¿Dónde está? Dímelo, Kakashi-san, por favor.

Kakashi pareció entender y relajó su cuerpo.

–Vamos, creo que aun debe estar por aquí.– Sonriendo bajo su máscara. Eso si que no lo esperaba. Su subordinado de mayor confianza y también reciente amante y su amigo… Juntos.

Me hizo seguirle y nos acerquemos a un moreno que estaba supervisando unos entrenamientos en las afueras de la Hoja, en las cercanías del bosque de la muerte.

Éste percibió al Hatake y se giró con una sonrisa

–¿Sempai? ¿De nuevo aquí...? – El omega se quedó en silencio y olisqueó.

Esa mirada grande y oscura, asombrada por lo que olisqueaba, se posó por fin en mi y le sonreí con dulzura. Era mi omega... Lo había encontrado por fin. Tan cercano, pues era un ninja de Konoha y nunca me lo había encontrado. Me acerque con lentitud mirándole con cariño.

–Me llamo Iruka Umino. Es un placer conocerte por fin...

–Tenzou... Me llaman Tenzou.– Estaba nervioso, lo percibía en su postura y en el aroma que estaba liberando.

Kakashi ya no estaba ahí, había notado como desaparecía… Lo mismo que los anbus que Tenzou había estado supervisando hasta ese momento. Estaban solos y se acercó más.

–Te he estado esperando durante tanto tiempo, omega.– Por fin había llegado hasta él. Me incliné y olí su delicado cuello. Mi omega había apartado el rostro, mostrándome su cuello en sumisión, permitiéndome oler sin trabas su aroma, ese olor que era perfecto y tan atrayente para mi. Un suave gemido salió de sus labios al olerme él a mi, reconociéndome como su pareja, como su alfa.

Sabía lo que ocurriría a continuación, cuando un alfa y un omega destinados se hallaban, el celo del omega aparecía, de ésta forma el destino se aseguraba la marca del alfa a su hembra. Agarré su mano.

–Mejor que vayamos a un lugar más privado. – Tenzou asintió con las mejillas sonrosadas y su respiración empezando a acelerarse, mientras su ciclo de calor empezaba a hacerse presente.

Ese mismo día Tenzou y yo sellemos nuestro destino, ahora éramos una pareja. Mi felicidad era plena, todo y que Tenzou aun no deseara tener cachorros. Quería esperar unos años más, aun éramos muy jóvenes.

La vida no podía ir mejor, tenía un trabajo que era mi pasión, tenía un omega dulce y cariñoso que me amaba y al que amaba con locura, teníamos amigos, tenía grandes alumnos que se habían ya graduado, era todo perfecto.

Naruto había sido mi alumno, un alumno algo movidito y travieso, pero estaba muy orgulloso de él. Ahora era un gennin que formaba equipo con Sasuke Uchiha, Sakura Haruno y que tenían al mejor profesor de todos para que les guiara en el camino ninja, Hatake Kakashi.

Y escuchar las gestas de ese equipo me hacía llenar el pecho de orgullo. Todo y las peligrosas misiones que llevaron a cabo como equipo y luego de forma individual…

Estaba cocinando en nuestro hogar, ese hogar que compartíamos con mi omega. El cual ahora también había dejado el cuerpo anbu, de forma provisional. Suspiré de alivio cuando me lo dijo algo molesto, pero es que sufría tanto cuando desaparecía para realizar las misiones de ese cuerpo de élite, que agradecía que ahora fungiera como jounin de un equipo de chunnin.

–No te sulfures, cielo. Naruto y Sakura son buenos muchachos… Por muchos dolores de cabeza que te hayan provocado en éste primer encuentro – Rió divertido al escuchar las quejas de Tenzou por tener que ser capitán de esos dos. Pero creía que eso ayudaría a mi omega a saber tratar con jóvenes y cachorros. Le prepararía para en un futuro afrontar la crianza de las posibles crías que concibiéramos.

–Ya… Ya. Se pasaron el rato discutiendo y quejándose. Eso debe ser la maldita edad del pavo que dicen en los libros. No se como Kakashi-taichou los aguanta… No se como tu los aguantas.

Le abracé y le besé.

–Llegarás a amarlos, confía en mi, omega.– La mueca que realizó me dijo que no confiaba en mis palabras.

El tiempo me dio la razón, mi omega apreció a los dos jóvenes y sólo fue necesaria una misión con ellos para que eso sucediera. Nació en él un instinto de protección hacia los dos menores, un instinto que le urgía a cuidarlos y protegerlos de todo mal cuando lo necesitaban.

Estaba paseando por la aldea, comprando para llenar la despensa. Tenzou estaba fuera en una misión con Kakashi y con todo de novatos de la quinta de Naruto. Cuando alguien llegó a mi lado con las respiración acelerada por la carrera al buscarme.

–Han vuelto y hay un herido, están en el hospital…– Corrí antes de que pudiera acabar de informarme, dejando las bolsas de lo que había comprado hasta el momento.

"¡Nooo, Tenzou. Nooo!" Es en lo único que podía pensar. Llegué al hospital y lo vi allí, ileso. Con rostro cansado y estresado, pero ileso. Lo mismo que Naruto. Corrí a abrazarlo, luego le sujeté por las mejillas para comprobar que no tuviera ninguna dolencia.

–Estoy bien, alfa. – Me dijo mientras liberaba su aroma para calmarme. Y surtió efecto, lo mismo que Naruto a su lado también se había tranquilizado. Los omegas tenían esa capacidad.

–¿Qué ha sucedido? Me han dicho que hay alguien herido…

–Si, es Kakashi. Estuvo desaparecido tres días. Volvió al cuarto… Estaba… Estaba…– Se mordió el labio tembloroso.

–Tenía signos de abuso… Y estaba lleno de marcas de mordiscos y arañazos.– Concluyó Naruto con lágrimas en los ojos y los puños apretados con rabia.

Abrí los ojos asombrado. Kakashi era muy fuerte…

–Olía a celo… Muchas feromonas. Tiene la marca, Iruka. Ahora pertenece a un alfa.

Él no tenía tan claro que hubieran abusado de su taichou. Por un lado se pensaba que si, pero… Era Kakashi. No se dejaría hacer esas cosas. O puede que el enemigo fuera realmente fuerte y Kakashi no hubiera podido evitar eso… ¿Pero tanto como para causarle un celo? Taichou llevaba años sin sufrir de eso. Y encima Kakashi no había abierto la boca, llegó con ellos y se desmayó del esfuerzo de esos días.