CAPÍTULO 12

Sakurasou Uchiha, antigua eminencia de la física teórica y ahora esposa y futura madre, suspiró ensoñadoramente y se echó hacia atrás en la bañera hasta quedar recostada sobre el duro pecho de su esposo. Se hallaba entre sus musculosos muslos, con sus fuertes brazos alrededor de ella, sumergida en agua caliente llena de burbujas y sintiéndose satisfecha hasta el delirio.

Pobre hombre, pensó con una sonrisa. Durante su segundo trimestre de embarazo poco había faltado para que le diera de puñetazos si él intentaba tocarla. Ahora, en su tercer trimestre, se sentía inclinada a darle de puñetazos si no la tocaba. Con mucha frecuencia y exactamente tal como ella quería que lo hiciera. Las hormonas de Sakurasou campaban a sus anchas, y las muy condenadas no operaban de acuerdo con ninguna ecuación que ella hubiera sido capaz de computar.

Pero Izuna parecía haberla perdonado por los últimos meses, después de las sesiones maratonianas que estaban teniendo. Y no sólo no parecía importarle que ella se hubiera puesto irremediablemente gorda, sino que se dedicaba a encontrar nuevas e insólitas maneras de hacer el amor que compensaran los cambios físicos que habían tenido lugar en ella. La bañera era una de las favoritas de Sakurasou. De ahí que se encontrase allí a las siete de la tarde, con docenas de velas esparcidas por el cuarto de baño y con los fuertes brazos de su esposo alrededor de ella, cuando el timbre de la puerta sonó en el piso de abajo. Izuna depositó un beso sobre su nuca.

—¿Esperamos a alguien? —preguntó mientras el pequeño beso se convertía en una deliciosa serie de mordisqueos.

—Mmmm. No que yo sepa.

Farley se encargaría de responder a la puerta. Farley, apropiadamente bautizado como Ian Llewelyn McFarley, era su mayordomo y Sakurasou sentía que se le derretía el corazón cada vez que pensaba en él. Debía de tener por lo menos ochenta años, con tiesos cabellos blancos y un cuerpo alto e inclinado. Farley mentía acerca de su edad y de todo lo demás, y ella lo adoraba.

Lo que realmente le derretía el corazón era que Izuna también sintiera debilidad por el viejo cascarrabias. Su esposo mostraba una paciencia infinita para con él y siempre lo invitaba a que le contara sus historias inventadas ante un fuego encendido al anochecer, mientras el mayordomo y el laird compartían un ponche.

Sakurasou sabía que, a pesar de lo bien que su esposo se había adaptado al siglo de ella, una parte de Izuna siempre sería un laird feudal del siglo XVI. Cuando fueron a vivir a su nuevo hogar —en vez de hacer lo que hubiese hecho una persona normal del siglo XXI, y publicar un anuncio en el periódico local solicitando personal doméstico o contactar con un agencia de empleo—, Izuna había ido a Alborath y habló de ello en el colmado y la barbería.

Dos horas después, Farley había comparecido ante su puerta asegurando haber sido «mayordomo en algunas de las mejores casas de Inglaterra» (nunca había salido de Escocia) y, aparte de ello, declarando que podía encargarse de proporcionarles todo el personal necesario para el castillo.

Desde ese momento habían pasado a verse rodeados de McFarleys. Había McFarleys en la cocina, McFarleys en los establos, McFarleys planchando la ropa y encargándose de la colada y de quitar el polvo. Hasta allí donde había podido llegar a contar Sakurasou, ahora daban empleo a la totalidad de un clan formado por nueve hijos (y esposas), catorce nietos y, sospechaba, unos cuantos que estarían en camino.

Y aunque no había tardado en quedar claro que ninguno de ellos tenía absolutamente ninguna experiencia en sus respectivos empleos, Izuna los había declarado satisfactorios a todos porque había oído decir en el pueblo que costaba encontrar trabajo.

En términos modernos, la economía de Alborath no iba nada bien. El empleo escaseaba. Y el señor feudal había salido a la superficie, haciéndose cargo de la responsabilidad en lo referente a los McFarley.

Eso era algo que Sakurasou adoraba de su esposo.

Una rápida llamada a la puerta del cuarto de baño interrumpió el curso de sus pensamientos.

—¿Milord? —inquirió Farley cautelosamente.

Sakurasou soltó una risita e Izuna suspiró. Farley se negaba a dirigirse a él por cualquier otro título, sin importar lo muy persistentemente que Izuna lo corrigiera al respecto.

—Señor Uchiha —masculló Izuna—. ¿Por qué le resulta tan difícil llamarme así? —Estaba determinado a adoptar las costumbres del siglo XXI. Desgraciadamente, Farley estaba igual de determinado a preservar las antiguas costumbres y había decidido que dado que aparentemente Izuna era el heredero del castillo, era un lord. Punto final, y no había más que hablar.

—¿Sí? —replicó Izuna en voz más alta.

—Siento molestarles a usted y a la señora, pero un hombre dice que quiere verlo y supongo que esto no es asunto mío, pero he estado pensando que debería hacerle saber que parece ser más bien del tipo peligroso, aunque se muestra bastante educado. La muchacha que lo acompaña, och, en mi opinión es una joven como es debido, pero él, bueno, digamos que tiene un cierto aire que no es muy de mi agrado. He estado pensando que quizá no le parecería bien que yo dijera tal cosa, dado lo mucho que se parece a usted, aunque en todo lo demás no sea como usted. Ejem.

Farley se aclaró la garganta, y Sakurasou sintió que Izuna se ponía rígido detrás de ella. Su cuerpo también se había puesto bastante tenso.

—Milord, él dice que es su hermano, pero dado que usted no ha mencionado a ningún hermano, a pesar del parecido...

Sakurasou no oyó nada más porque Izuna salió disparado de la bañera tan deprisa que se encontró completamente sumergida y se le llenaron las orejas de agua. Cuando volvió a salir a la superficie, Izuna ya se había ido.

Sasuke se había descuidado de mencionar que su hermano vivía en un castillo.

«Santo Dios —pensó Sakura mientras sacudía la cabeza—, debería habérmelo esperado.» ¿De qué otro sitio podía venir un hombre como aquél? Del Viejo Mundo, realmente.

Era un castillo muy elegante, con un gran muro de piedra y una auténtica barbacana, con torretas redondas y torres cuadradas y probablemente un centenar de habitaciones o más.

Sakura giró sobre sí misma, tratando de mirarlo todo a la vez. No había dicho una sola palabra desde que entraron en el sendero cubierto por un dosel de árboles e iniciaron su aproximación. Se sentía demasiado atónita. ¡Estaba en Escocia, y se iban a alojar en un castillo!

El interior de la gran sala era enorme, con corredores que se alejaban en todas direcciones. Una balaustrada intrincadamente tallada circundaba la sala en el segundo piso, y una elegante doble escalera curvada bajaba desde cada extremo, se encontraba en el centro y luego descendía en un solo tramo de anchos peldaños. Encima de las dobles puertas de la entrada había un precioso ventanal de cristales coloreados. Brillantes tapices adornaban las paredes, y los suelos estaban llenos de alfombras. Había dos chimeneas, ambas lo bastante altas para que se pudiera caminar dentro de ellas, y más grandes que el cuarto de baño del apartamento de Sakura. Sus dedos se curvaron ávidamente mientras se preguntaba cuántas antigüedades podría tener ocasión de examinar.

—¿Te gusta, muchacha? —preguntó Sasuke, que no había dejado de observarla ni por un solo instante.

—¡Es magnífico! Es... es... —Sakura se dio cuenta de que había empezado a tartamudear y se calló—. Oh, gracias —exclamó después—. ¿Tienes idea de lo emocionante que resulta para mí estar en un auténtico castillo medieval? He soñado con este momento.

Él sonrió levemente.

—Sí, el castillo es magnífico, ¿verdad?

Sakura pensó que no podría haber sonado más orgulloso si lo hubiera construido él mismo.

—¿Creciste aquí?

—En cierto modo.

—Me parece que no me costaría mucho llegar a hartarme de esa respuesta —dijo ella, entornando los ojos—. Oye, no soy una persona con la que resulte difícil hablar. Deberías intentarlo.

Desde que él le había dicho que había tenido alguna clase de discusión con su hermano, podía entender mejor su actitud distante. Pero si pensaba que iba a poder impedir que le hiciera preguntas, estaba muy equivocado.

—Siempre tan curiosa, ¿eh, muchacha?

—Si esperase a que tú me ofrecieras información, nunca conseguiría enterarme de nada. Y ya que estamos, también tenemos que hablar de ese asunto de la maldición. No puedo ayudarte si no sé exactamente qué es lo que estamos buscando.

Un destello de cautela chispeó en los ojos de él.

—Sí, ya lo sé. Luego, muchacha. Por el momento, veamos si sobrevivo a la ira de mi hermano...

Se calló y su mirada voló hacia las escaleras.

La mirada de Sakura siguió la dirección de la suya, y tragó aire con una brusca inspiración. Un hombre que era exactamente igual que Sasuke estaba de pie allí, a mitad de la escalera, y miraba a Sasuke. Los ojos de Sakura fueron rápidamente del uno al otro, llenos de incredulidad.

—Oh, Dios, sois gemelos —dijo con un hilo de voz. Con un hilo de voz, porque el hombre de la escalera sólo llevaba una toalla alrededor de la cintura.

—¡No te muevas de ahí! —dijo el hombre de la escalera con voz atronadora—. Voy a coger mis calzones y vuelvo enseguida. Mis disculpas, muchacha. Tenía que verlo con mis propios ojos.

Dio media vuelta y corrió escaleras arriba, subiendo los peldaños de tres en tres.

Sasuke murmuró algo así como «si deja caer su toalla lo mataré», pero Sakura decidió que tenían que haber sido imaginaciones suyas.

El hombre se detuvo en lo alto de la escalera y su mirada fue directamente hacia Sakura.

—No permitas que se vaya, muchacha —le rugió.

—Oh —fue todo lo que consiguió decir ella.

Sintió que Sasuke se ponía rígido a su lado. Por un instante, la atmósfera de la sala pareció enfriarse marcadamente.

—Las muchachas han dicho con frecuencia que yo soy más guapo —dijo Sasuke con voz gélida—. Y mejor amante. —Sakura parpadeó y alzó los ojos hacia él—. Así que deja de mirarlo de esa manera. Está casado, muchacha.

—No lo estaba mirando —protestó ella, sabiendo muy bien que eso era lo que había estado haciendo—. Y si lo hacía, fue sólo porque no me advertiste de que erais gemelos.

Él le lanzó una mirada tenebrosa.

—Además, él sólo llevaba una toalla —se justificó ella.

—Por mí como si sólo llevaba la piel. No es de buena educación quedarse mirando al marido de otra mujer.

Sakura contuvo la respiración. La expresión de él era furiosa y parecía... celoso. ¿A causa de ella? ¿Por qué no podía apartar los ojos de su hermano? Lo miró, apenas atreviéndose a creerlo.

Entonces la mirada de él volvió a alejarse abruptamente para dirigirse hacia el inicio de la escalera, y la de Sakura la siguió. Su mirada fue de Izuna a Sasuke y nuevamente a Izuna.

Y se preguntó cómo a Sasuke podía haberlo preocupado aunque sólo fuese por un instante que Izuna no lo considerase bienvenido en su casa. La expresión que vio en el rostro de su hermano había vuelto a dejarla sin aliento. El amor ardía en sus ojos y, aunque Sakura no podía estar segura desde esa distancia, parecía como si relucieran con el brillo de las lágrimas.

—Izuna —dijo Sasuke con una fría inclinación de cabeza.

Los ojos de Izuna se oscurecieron y su boca se tensó.

—¿Izuna? —dijo secamente—. ¿Eso es todo? ¿Un mero «Izuna»? ¿Ningún «Buenos días, hermano, siento mucho haber sido tan estúpido y no haber venido a casa»? —Su voz iba subiendo con cada palabra, y empezó a bajar por la escalera.

Dios, incluso se movían de la misma manera, se asombró Sakura, como sinuosos grandes felinos, una masa de esbelta fortaleza y músculos fluidamente esculpidos. Aunque Izuna se había puesto «calzones», no se había molestado en coger una camisa y el pelo mojado le goteaba encima del pecho. Los músculos ondulaban en su torso reluciente con cada movimiento que hacía, y Sakura comprendió que tenía que haber estado en la ducha.

—¿... es así como vas a saludarme? —Izuna todavía estaba hablando, pero a Sakura se le había escapado una parte de su bombardeo verbal, al parecer a causa de un ensordecimiento temporal causado por la sobrecarga visual—. Ven aquí y salúdame como es debido —atronó.

Sakura apartó la mirada de Izuna y miró a Sasuke. Y se quedó mirándolo. Aunque parecía tan remoto e impasible como siempre, sus ojos ardían de emoción. Permanecía tan inmóvil como una de las muchas piedras verticales junto a las que habían pasado, igual de antiguo y obstinado que ellas. Si una no reparaba en las manos, que mantenía cerradas a los costados. Y en aquellos ojos.

¡Oh, había mucho más en Sasuke Uchiha de lo que él dejaba traslucir! Y la hipótesis de Sakura era correcta. Cuando sentía más profundamente era cuando exhibía la mayor reserva.

Así que ésa era la manera en que un hombre como él llevaba su amor, comprendió. En silencio. Sasuke no era un hombre expresivo. No era de los que ríen, lloran o danzan. Sasuke se había dejado crecer la melena hasta la cintura, pero siempre la llevaba recogida. ¿Se soltaría el pelo alguna vez?

«Apuesto a que en la cama.» Pensar en toda aquella disciplinada cantidad de músculo siendo súbitamente liberada en la cama hizo que se tambaleara. Dios, casi podía saborearla...

Se estremeció y estudió a los dos hombres.

Al hacerlo enseguida reparó en que eran gemelos, sí, pero no completamente idénticos. Había pequeñas diferencias. Izuna no llevaba el pelo tan largo, ya que sólo le llegaba hasta un poco por debajo de los hombros, y sus ojos eran marrones oscuros, casi negros. Era más alto, y probablemente pesaba más. Izuna estaba lleno de músculo y el cuerpo de Sasuke era más delgado, un poco más nervudo. Las mismas hermosas facciones delicadamente esculpidas, sin embargo. Incluso la misma oscura sombra de barba sobre mandíbulas similares. Sakura observó sus rostros con una gran atención. La boca de Sasuke era más... carnosa y sensual. La boca de un seductor nato.

Estaba tan absorta en ellos que ni siquiera se dio cuenta de que una mujer había ido hacia ella hasta que le habló en voz baja.

—Son magníficos, ¿verdad?

Sakura se volvió, sobresaltada. La mujer que acababa de hablar, tan bajita como ella y extremadamente embarazada, tenía los cabellos de un rubio plateado y los llevaba cortados en finas guedejas rizadas. Ahora estaban ligeramente mojados y recogidos en una cola de caballo, y Sakura se sonrojó un poco al darse cuenta de que obviamente ambos habían estado en la bañera, y le pareció altamente dudoso que hubieran estado duchándose en baños separados. Era preciosa, y toda ella brillaba con el resplandor único de una mujer embarazada que se siente completamente extasiada con la perspectiva de la maternidad inminente, o... con el de una mujer que acababa de ser obsequiada en la bañera con los muy especiales talentos seductores de un Uchiha, pensó Sakura melancólicamente. La mera idea de darse una ducha con Sasuke hizo que ella también empezara a sentirse bastante resplandeciente.

—Mucho. No tenía ni idea de que eran gemelos. Sasuke no me lo dijo.

—Izuna tampoco me lo dijo. Después lamentó no habérmelo dicho, cuando besé a Sasuke porque pensé que era Izuna. Cosa que a Izuna no le hizo ninguna gracia, claro está. Los dos son muy posesivos con sus mujeres, pero estoy segura de que eso ya lo sabes. Por cierto, me llamo Sakurasou y soy la esposa de Izuna.

—Hola. Encantada de conocerte. Yo soy Sakura Haruno. —Sakura se mordisqueó el labio con una mueca de incertidumbre, y luego le pareció necesario añadir una aclaración—. Pero no soy su..., esto, mujer. Nos conocimos hace poco y he venido aquí para ayudarlo con unas traducciones.

Sakurasou pareció sentirse enormemente divertida.

—Si tú lo dices... ¿Cómo os conocisteis?

¿«Si tú lo dices»? ¿Qué podía significar eso exactamente? ¿Y de qué manera responder a la pregunta de cómo se habían conocido? Sakura abrió la boca y volvió a cerrarla.

—Es una historia muy larga —dijo cautelosamente.

—Son las mejores. ¡Estoy impaciente por oírla! Yo también tengo algunas historias propias. —Sakurasou pasó el brazo alrededor del de Sakura y empezó a llevarla hacia la escalera—. Farley —llamó por encima del hombro al mayordomo de blancos cabellos—, ¿tendrías la bondad de hacer que suban té y café al solárium? Y algo de comer. Me muero de hambre.

—Inmediatamente, milady —dijo el mayordomo, y se apresuró a irse después de haber mirado a Sakurasou con ojos llenos de adoración.

—¿Por qué no empezamos a conocernos un poco mientras ellos se ponen al día acerca de las últimas novedades? —preguntó Sakurasou, volviéndose nuevamente hacia Sakura—. Llevan bastante tiempo sin verse.

Sakura miró a Sasuke. Él e Izuna seguían de pie en el centro de la gran sala, absortos en su conversación. Entonces, como si sintiera la mirada de Sakura posada en él, Sasuke la miró, se tensó y dio un paso en su dirección.

Sorprendida al verlo tan pendiente de ella en lo que estaba claro era un momento difícil para él, Sakura sacudió la cabeza, asegurándole sin palabras que todo iba bien.

Después de un momento de vacilación, Sasuke se volvió nuevamente hacia Izuna.

Sakura sonrió a Sakurasou.

—Me gustaría mucho.