CAPÍTULO 13

Cuando las mujeres se hubieron ido al solárium, Izuna y Sasuke se desplazaron a la intimidad de la biblioteca. Una estancia espaciosa y de atmósfera muy masculina con estanterías de madera de cerezo incrustadas en los paneles que recubrían los muros, cómodos sillones y divanes, una chimenea de oscuro mármol rosado y grandes ventanales, la biblioteca era el retiro de Izuna, del mismo modo que el solárium de paredes de cristal que daba a los jardines lo era de Sakurasou.

Izuna no podía quitarle los ojos de encima a su hermano gemelo. Ya casi había renunciado a toda esperanza de que Sasuke viniera a casa. Había estado temiendo lo que tendría que hacer en el caso de que su hermano no acudiese. Pero ahora Sasuke estaba allí, y el puño invisible que no había dejado de oprimirle el corazón desde el día en que leyó y, en un arranque de furia, quemó la carta que le había dejado su padre, finalmente, gracias a Dios, empezaba a aflojar un poco su presa.

Sasuke se dejó caer en un sillón cerca de la chimenea, estiró las piernas y puso los pies encima de un escabel.

—¿Qué opinas del castillo, Izuna? Parece haber soportado muy bien el paso de los siglos.

Sí, lo había soportado. El castillo había sobrepasado todas las expectativas de Izuna. Si alguna vez hubo un hombre que recibiese una prueba del amor de su hermano, éste fue Izuna con el regalo de su hogar. Después Sasuke había hecho que ese regalo se volviera todavía más grande sacrificándose a sí mismo porque de esa manera aseguraría que Izuna sobreviviese para poder vivir en él. Pero Sasuke siempre había sido así: aunque las palabras cariñosas no acudían fácilmente a sus labios, cuando amaba lo hacía hasta un punto peligroso. Fugaku había observado con frecuencia que ésa era su gran virtud y su punto más débil, y nunca se habían pronunciado palabras más ciertas. Sasuke tenía el corazón apasionado y sincero de un niño, en el cuerpo de un hombre cansado de la vida. Intensamente custodiado a menos que él decidiera entregarlo, pero entonces la entrega era completa, sin que Sasuke pensara ni por un solo instante en su propia supervivencia.

—Es todavía más magnífico de lo que me imaginaba cuando trabajábamos en los planos —dijo Izuna—. Nunca podré agradecértelo bastante, Sasuke. Ni esto, ni nada de cuanto has hecho.

¿Cómo le podía agradecer a su hermano que hubiera sacrificado su alma por la felicidad de uno? «Mi vida por la tuya.» El agradecimiento no era posible.

Sasuke se encogió de hombros.

—Tú dibujaste los planos.

«Ah —pensó Izuna—, así que fingirá que me refiero únicamente al castillo y rehuirá las cuestiones más serias.»

—Tú lo construiste —dijo—. Sakurasou también está enamorada de él. Y ya casi hemos terminado de instalar las cañerías y el sistema eléctrico.

Había tantas cosas de las que necesitaban hablar, y ninguna de ellas sería fácil de abordar. Después de un instante de vacilación, Izuna decidió afrontarlo directamente, porque sospechaba que si dejaba hablar a Sasuke éste se limitaría a describir círculos alrededor del tema.

Fue al armarito de los licores, sirvió Macallan en dos vasos y le entregó uno a Sasuke. Un escocés de malta envejecido durante treinta y cinco años, únicamente lo mejor para el regreso de su hermano.

—Bien, ¿cómo de grave es la cosa? —preguntó, como si estuviera hablando de algo sin importancia.

Sasuke se encogió sobre sí mismo, una reacción muy pequeña y que él se apresuró a contener, pero que estuvo presente de todos modos. Luego vació su vaso de un solo trago y lo extendió para que volviera a ser llenado. Izuna así lo hizo, y esperó.

Su hermano volvió a beber, ahora con sorbos más lentos.

—Ha empeorado ahora que vuelvo a hallarme en tierra escocesa —dijo finalmente.

—¿Cuándo cambiaron tus ojos?

No eran sólo sus ojos los que habían cambiado, porque ahora Sasuke se movía de un modo distinto. Hasta el más insignificante de sus gestos era llevado a cabo con un gran cuidado, como si sólo mediante una vigilancia constante pudiera mantener controlado lo que había dentro de él.

Un músculo diminuto vibró en la mandíbula de Sasuke.

—¿Cómo de oscuros son?

—Ya no son dorados. Tienen un color extraño, un poco parecido al de tu bebida, oscuros.

—Cambian cuando la cosa empieza a empeorar. Cuando he utilizado demasiada magia.

—¿Para qué estás utilizando la magia? —preguntó Izuna cautelosamente.

Sasuke apuró el resto de su bebida, se levantó y fue a ponerse delante del fuego.

—La he estado usando para obtener los textos que necesitaba consultar mientras intentaba averiguar si había una manera de... librarse de ellos.

—¿Cómo es?

Sasuke se frotó la mandíbula y exhaló.

—Es como si tuviera a una bestia dentro de mí, Izuna. Es puro poder y me encuentro haciendo uso de él sin ni tan siquiera pensarlo. ¿Cuándo lo supiste? —preguntó, con una tenue sonrisa llena de amargura.

Ojos fríos, pensó Izuna. No siempre habían sido fríos. Había habido un tiempo en el que eran cálidos y dorados como el sol, siempre dispuestos a iluminarse con el brillo de la risa.

—Lo he sabido desde el primer momento, hermano.

Un largo silencio. Luego Sasuke resopló y sacudió la cabeza.

—Deberías haberme dejado morir, Sasuke —dijo Izuna suavemente—. Maldito seas por no haberlo hecho.

«Gracias por no dejarme morir», añadió en silencio, desgarrado por la emoción. Era una mezcla terrible de pena, culpabilidad y gratitud. Si no hubiera sido por el sacrificio de su hermano, él nunca habría vuelto a ver a su esposa. Sakurasou habría criado sola a sus hijos en el siglo XXI. El día en que leyó la carta de Fugaku, y descubrió el precio que había tenido que pagar su hermano gemelo para asegurar su futuro, Izuna casi enloqueció, odiándolo por haber renunciado a su propia vida y queriéndolo por haberlo hecho.

—No —dijo Sasuke—. Tendría que haber cuidado mejor de ti e impedir que el fuego llegara a iniciarse.

—Tú no tuviste la culpa de que...

—Oh, sí que la tuve. ¿Sabes dónde me encontraba yo esa noche? Había bajado a las llanuras y estaba en la cama de una muchacha de cuyo nombre ni siquiera puedo acordarme... —Se calló—. ¿Cómo lo supiste? ¿Padre te advirtió?

—Sí. Dejó una carta para nosotros explicando lo ocurrido, y advirtiéndonos de que habías desaparecido. Daisuke y su esposa Maggie (a los que enseguida conocerás) me dieron esa carta poco después de que yo despertara. Tú telefoneaste no mucho después de eso.

—Y sin embargo fingiste aceptar mis mentiras. ¿Por qué?

Izuna se encogió de hombros.

—Daisuke fue a Manhattan en dos ocasiones y se dedicó a observarte. No estabas haciendo nada que me pareciese necesario detener.

Sus razones para no ir a Estados Unidos y traerse de vuelta a su hermano eran complicadas No sólo no quería separarse de Sakurasou mientras estaba embarazada, sino que además temía forzar una confrontación. Después de hablar con él por teléfono, supo que Sasuke realmente se había vuelto oscuro, pero que estaba logrando aguantar de alguna manera. Izuna sospechaba que si Sasuke era una décima parte de lo poderoso que creía Fugaku, intentar obligarlo a regresar no hubiese servido de nada. Si hubiera habido que recurrir a la fuerza, uno de ellos habría muerto. Ahora que Sasuke estaba allí en la biblioteca con él, Izuna sabía que hubiese sido él quien habría muerto. El poder oculto dentro de Sasuke era inmenso, y se preguntó cómo su hermano había conseguido resistir durante tanto tiempo.

Cuando Sasuke le volvió la espalda para abrir una nueva botella de whisky, Izuna desplegó cautelosamente sus sentidos druídicos y los dirigió hacia su hermano, queriendo saber algo más acerca de con qué estaban tratando. Faltó muy poco para que se doblara sobre sí mismo. El whisky que había bebido se agrió súbitamente dentro de su estómago y trató de subir a zarpazos por su garganta.

Izuna se retrajo al instante, frenética y violentamente. Por Amergin, ¿cómo hacía Sasuke para soportarlo? Una bestia monstruosa, helada y rapaz, palpitaba bajo su piel, serpenteando a través de él, enroscada a duras penas. Tenía un apetito salvaje y glotón. Era enorme, retorcida y sofocante. ¿Cómo conseguía respirar Sasuke?

Sasuke se volvió hacia él, una ceja arqueada y la mirada fría como el hielo.

—Nunca vuelvas a hacer eso —le advirtió en voz baja.

Sin molestarse en preguntar, volvió a llenarle el vaso a Izuna.

Izuna se lo quitó de la mano y lo apuró de un rápido trago. Sólo después que el calor del whisky hubiera hecho explosión dentro de su pecho, confió lo bastante en sí mismo para hablar. No había mantenido abiertos los sentidos durante el tiempo suficiente para explorar aquella cosa. Sintiendo la garganta constreñida por el whisky y la conmoción, dijo con voz ronca:

—¿Cómo has sabido que lo estaba haciendo? Apenas llegué a...

—Te sentí. Ellos también te sintieron. Y te aseguro que no te conviene que lo hagan. Déjalos en paz.

—Bien —jadeó. No necesitaba la advertencia, ya que no tenía ninguna intención de volver a abrir sus sentidos en presencia de su hermano—. ¿Son distintas personalidades, Sasuke? —se obligó a preguntar.

—No. No hay nada que las separe, y no tienen voz.

«Todavía no», pensó sombríamente. Sospechaba que podía llegar el día en que encontraran una voz. En cuanto Izuna había desplegado sus sentidos, ellos percibieron poder y se agitaron, y por un instante Sasuke había tenido la terrible sospecha de que lo que había dentro de él podía aspirar a Izuna, absorbiéndolo hasta dejarlo seco.

—Entonces, ¿no puedes oírlos?

—Es... Oh, Dios, ¿cómo puedo explicar esto? —Sasuke guardó silencio por un instante y luego dijo—: Los siento dentro de mí, su conocimiento como si fuera el mío, su hambre como si fuera la mía. Sentirlos intensifica mi deseo por cosas tan simples como la comida y la bebida, por no hablar de las mujeres. Hay una constante tentación de utilizar la magia y cuanto más la utilizo, más frío me siento por dentro. Cuanto más frío me siento por dentro, más razonable me parece utilizarla, y más fuertes se vuelven mis deseos. Sospecho que hay una línea que, en el caso de que llegara a cruzarla, hará que deje de ser yo mismo. Esa cosa que hay dentro de mí tomaría el control. No sé qué me ocurriría entonces. Pienso que desaparecería.

Izuna tragó aire con una brusca inspiración. Podía ver a un hombre siendo devorado por algo así.

—Mis pautas mentales cambian. Se vuelven primitivas. Mis deseos pasan a ser lo único que importa.

—Pero hasta ahora lo has controlado.

¿Cómo?, se asombró Izuna. ¿Cómo se las arreglaba un hombre para sobrevivir con algo semejante dentro de él?

—Aquí es más difícil. Ésa es la razón por la que me fui. ¿Qué te dijo papá que hicieras, Izuna?

—Me dijo que te salvara. Y lo haremos.

Omitió deliberadamente la última línea de la carta de su padre. «Y si no puedes salvarlo, tienes que matarlo.» Ahora sabía por qué.

Sasuke escrutó su mirada, como si no estuviera convencido de que eso fuera la totalidad de lo que había dicho Fugaku. Izuna sabía que su hermano se disponía a insistir en el asunto, así que lanzó su ofensiva.

—¿Y qué hay de la muchacha que has traído contigo? ¿Cuánto sabe ella acerca de esto?

Aunque lo asombraba que Sasuke pudiera seguir sintiendo algo con aquello dentro de él, no se le había pasado por alto la posesividad que había en la mirada de Sasuke, o la reluctancia con que había dejado a la joven al cuidado de Sakurasou.

—Sakura me conoce como nada más que un hombre.

—¿No lo siente en ti? —«Una chica afortunada», pensó Izuna.

—Siente algo. A veces me mira de un modo extraño, como si la tuviera perpleja.

—¿Y durante cuánto tiempo piensas que podrás mantener el fingimiento?

—Por Dios, Izuna, concédele a un hombre un momento para que recupere el aliento, ¿quieres?

—¿Planeas contárselo?

—¿Cómo? —preguntó Sasuke con voz átona—. ¿Ay, muchacha, soy un druida del siglo dieciséis y rompí un juramento y ahora estoy poseído por las almas de unos druidas malvados que tienen cuatro mil años de edad y si no encuentro una manera de librarme de ellos me convertiré en la peor calamidad que haya conocido jamás la Tierra, y lo único que me mantiene cuerdo es acostarme con mujeres?

—¿Cómo? —Izuna parpadeó—. ¿Qué es eso que acabas de decir acerca de las mujeres?

—Eso hace que la oscuridad deje de ser tan intensa. Cuando empiezo a sentirme frío y alejado de todo, por alguna razón el acostarme con una mujer hace que vuelva a sentirme humano. Nada más parece funcionar.

—Ah, por eso la has traído contigo.

Sasuke lo miró con expresión sombría.

—Ella se resiste.

Izuna se atragantó con el sorbo de whisky que había estado bebiendo. Sasuke necesitaba acostarse con mujeres para así mantener a raya a aquella horrenda bestia, ¿y sin embargo se había traído consigo a una mujer que rechazaba su cama?

—¿Por qué no la has seducido? —exclamó.

—Estoy trabajando en ello —gruñó Sasuke.

Izuna se quedó mirándolo con la boca abierta. Sasuke podía seducir a cualquier mujer. Si no delicadamente, entonces mediante un salvaje cortejo que nunca dejaba de surtir efecto. Él ya se había dado cuenta del modo en que aquella muchachita miraba a su hermano, y sabía que lo único que necesitaba era un firme empujón. Así pues, ¿por qué Sasuke no se lo había dado todavía? Un pensamiento le vino de pronto a la cabeza.

—Por Amergin, ella es la mujer, ¿verdad? —jadeó.

—¿Qué mujer?

Sasuke fue hacia uno de los ventanales, hizo a un lado los gruesos cortinajes y contempló la noche. Luego subió el marco del ventanal y respiró con ávidas bocanadas el frío aire puro de las Highlands.

—En el momento en que vi a Sakurasou, una parte de mí simplemente dijo «mía». Y a partir de ese momento, aunque yo no lo entendía, supe que haría lo que fuese con tal de mantenerla a mi lado. Es como si el druida que hay en nosotros reconociese al instante a su compañera, aquella con la que podemos intercambiar los votos de unión. ¿Es Sakura esa mujer?

La cabeza de Sasuke se volvió bruscamente hacia él, y la expresión que había en su rostro, desprevenida y llena de sorpresa, fue respuesta más que suficiente para Izuna. Su hermano había oído la misma voz. De pronto Izuna sintió una nueva esperanza, a pesar de lo que había percibido dentro de su hermano. Sabía por su propia experiencia que a menudo el amor podía obrar milagros cuando todo lo demás parecía destinado a fracasar. Sasuke podía haberse vuelto oscuro pero por algún milagro todavía no había sucumbido del todo a la oscuridad.

Y cuando uno se las veía con el mal, Izuna sospechaba que el amor podía ser la más poderosa de todas las armas.

.

.

.

Cuando Sakurasou se reunió con ellos en la biblioteca un rato después, sin Sakura, Sasuke sintió que la tensión se adueñaba de él. Todavía tenía que hablar con Izuna acerca de aquella intentona de asesinato de la que había sido objeto Sakura, y acerca de los draghar, quienes quiera que fuesen.

Izuna le había preguntado si ella era la mujer.

Oh, sí, para él lo era. Ahora que Izuna se había referido a ello, Sasuke comprendía qué fue lo que una parte de él percibió desde el primer instante: la clase de mujer que un hombre mantenía a su lado, desde luego. No era de extrañar que se hubiera negado a utilizar un hechizo de memoria sobre ella, y dejar así que Sakura siguiera su camino. Era completamente incapaz de renunciar a ella. Tampoco era de extrañar que no se hubiera sentido satisfecho meramente con tratar de llevársela a la cama.

En la hora más oscura de Sasuke, el destino le había otorgado a su compañera. La ironía no podía ser más grande. ¿Cómo iba a cortejar un hombre a una mujer en semejantes condiciones? Sasuke no sabía nada acerca del cortejar. Él sólo sabía seducir, conquistar. La ternura del corazón, las promesas y las palabras dulces eran algo que había sido borrado de él hacía ya mucho tiempo. Careciendo de rango nobiliario por ser el hijo pequeño, y para colmo pagano, Sasuke había tenido ocasión de ver cómo muchas de las jóvenes de las que se enamoraba trataban de seducir a su propio hermano.

Demasiadas de ellas le habían sugerido tímidamente un amorío a tres bandas, y no con otra mujer. No, siempre con su hermano gemelo.

Había visto en cuatro ocasiones cómo Izuna intentaba conseguir una esposa... y fracasaba.

Sasuke había descubierto de joven, y era una lección que había aprendido muy bien, que poseía una cosa que las mujeres querían. Como consecuencia de ello había perfeccionado sus habilidades y encontrado consuelo en saber que si bien las mujeres podían rehuir toda intimidad con él, nunca le negarían el acceso a sus camas. Sasuke siempre era bienvenido allí. Incluso cuando el esposo de la mujer se encontraba en la habitación de al lado, un hecho que sólo había servido para fortalecer su cinismo acerca de los así llamados asuntos del corazón.

Excepto Sakura. Ella era la única de todas las mujeres a las que había intentado seducir que lo había rechazado.

Y sin embargo seguía a su lado.

«Sí, pero ¿durante cuánto tiempo se quedará aquí cuando descubra lo que eres?»

Sasuke no tenía ninguna respuesta a esa pregunta, y sólo contaba con una implacable determinación de llegar a tener todo lo que pudiera de Sakura. Y si esa determinación tenía más que ver con la desesperación de un hombre que se ahoga que con el valor, entonces que así fuese. La noche en que había tentado a la muerte y bailado sobre el resbaladizo muro de la terraza por encima de la ciudad de Manhattan cubierta de nieve —y caído en el lado donde esperaba la vida—, Sasuke se había hecho una promesa: que no volvería a dejarse arrastrar por la desesperación. Lucharía de todos los modos posibles, con cualquier arma que pudiera encontrar, hasta el amargo final.

—¿Dónde está ella? —siseó, poniéndose de pie.

Sakurasou parpadeó.

—Yo también estoy muy contenta de verte, Sasuke —dijo con dulzura—. No sabes cómo me alegro de que te hayas dejado caer por aquí. Sólo llevábamos una eternidad esperando.

—¿Dónde?

—Relájate. Está arriba dándose una larga ducha. La pobre chica ha pasado un día entero viajando y, aunque dice que ha dormido un poco en el avión, salta a la vista que está agotada. ¿Qué demonios le has estado haciendo? La adoro, por cierto —añadió Sakurasou con una sonrisa—. Es una fanática del intelecto como yo. Y ahora, ¿puedes darme un abrazo?

La tensión que se había adueñado de Sasuke fue disipándose lentamente, algo a lo que contribuyó el hecho de saber que si había algún lugar en el que Sakura estuviera a salvo, era entre aquellos muros. Él había esculpido personalmente los hechizos de protección en las piedras angulares cuando se construyó el castillo. Mientras Sakura permaneciera entre aquellos muros, ningún mal la encontraría.

Fue alrededor del sofá y le abrió los brazos a Sakurasou, la mujer que en una ocasión le había salvado la vida. La mujer a la que él había jurado proteger con la suya.

—Es bueno volver a verte, muchacha, y estás tan hermosa como siempre. —Inclinó la cabeza para besarla.

—Nada de labios —advirtió Izuna—. A menos que desees que yo bese a Sakura.

Sasuke se apresuró a apartar la cara.

—¿Cómo van los pequeñines, muchacha? —preguntó, con una mirada a la redondez de su vientre.

Sakurasou sonrió de oreja a oreja y empezó a hablar de la última visita de su doctor.

Cuando por fin hizo una pausa para recuperar el aliento, miró a Sasuke.

—¿Izuna todavía no te ha hablado de nuestra idea?

Sasuke sacudió la cabeza. Todavía estaba tratando de asimilar que Izuna hubiera sabido durante todo aquel tiempo que él se había vuelto oscuro. Le costaba creer que estaba en casa, que su hermano lo había recibido con los brazos abiertos. Que, de hecho, lo había estado esperando.

—Eres mi hermano —dijo Izuna en voz baja, y Sasuke supo que le había leído los sentimientos de esa manera sobrenatural en que lo hacía su gemelo—. Yo nunca te volvería la espalda. Me duele mucho que hayas pensado que haría tal cosa.

—Sólo pensé en resolver el problema por mí mismo, Izuna.

—No soportas tener que pedir ayuda. Nunca te ha gustado. Oh, tú siempre te haces cargo de una parte mayor de la que te corresponde. No tenías ningún derecho a sacrificarte por mí...

—Ni se te ocurra empezar a...

—Yo no te pedí que...

—Oh, ¿preferirías estar muerto?

—¡Basta! —dijo Sakurasou bruscamente—. Callaos los dos. Podríamos pasar horas sentados aquí discutiendo acerca de quién debería o no debería haber hecho qué. ¿Y qué se conseguiría con eso? Nada. Tenemos un problema. Lo resolveremos.

Sasuke pasó el pie alrededor de la pata de una silla de respaldo recto, le dio la vuelta y se dejó caer en ella, apoyando los antebrazos en lo alto del respaldo mientras estiraba las piernas alrededor de la silla. Encontró un perverso placer en ver reconvenido de esa manera a su hermano mayor. Izuna tenía un digno rival en su pequeña y brillante esposa. El vínculo que había entre ellos era un auténtico tesoro.

—Hemos estado pensando mucho en esto —dijo Sakurasou—, y creemos que podemos enviar de regreso a alguien para que te advierta de que la torre va a arder antes de que eso ocurra. De esa manera podrás evitar que el incendio llegue a ocurrir, lo cual salvaría a Izuna y evitaría que te volvieses oscuro.

Sasuke sacudió la cabeza.

—No, muchacha. No funcionaría.

—¿Qué quieres decir? Es una solución brillante —protestó Izuna.

—No sólo no tenemos a alguien a quien podamos enviar, porque esa persona podría quedar atrapada para siempre en el pasado, sino que no creo que eso fuera a cambiarme ahora.

—No, Sasuke, y ya he pensado en eso —insistió Sakurasou—. Si esa persona fuera alguien a quien has conocido como resultado de haberte vuelto oscuro, alguien como..., oh, cielos, digamos Sakura, entonces debería sucederle lo mismo que me sucedió a mí. Sería enviada de vuelta a su propio tiempo en el momento en que consiguiera cambiar tu futuro.

—Sakura no va a ir a ninguna parte sin mí. Y ella no sabe nada. No se lo habrás contado, ¿verdad?

La tensión acababa de regresar. Sasuke había estado tan absorto en la emoción de volver a ver a su hermano, tan lleno de alivio al saberse aceptado, que se había olvidado de advertir a Sakurasou que no debía hablarle a Sakura de su problema.

—No le he dicho nada —se apresuró a tranquilizarlo Sakurasou—. Era evidente que Sakura sabía muy poco, así que procuré no complicar demasiado la conversación. Nos dedicamos a hablar de la universidad y los trabajos. ¿A quién más que podamos enviar has conocido en este siglo?

—A nadie. De todos modos no daría resultado. Hay cosas que vosotros no sabéis.

—¿Como cuáles? —lo interrogó Izuna.

—Ya no soy el mismo hombre. Sospecho que incluso si alguien fuera hacia atrás en el tiempo y advirtiera a mi yo del pasado, y el yo del pasado no rompiera su juramento, aquello en lo que me he convertido seguiría existiendo en este momento del tiempo.

—Eso es imposible —declaró Sakurasou, con la firme convicción de una física teórica que ha sopesado sus pruebas y las ha encontrado tan válidas como ciertas.

—No lo es. Ya intenté algo muy similar. Poco después de que hubiera roto mi juramento, regresé a un momento anterior al incendio, con la esperanza de así poder cancelarme a mí mismo. Quería ver si el yo del pasado podía hacer que mi yo oscuro dejara de existir.

—Del mismo modo en que ocurrieron las cosas cuando yo llevé al pasado a Sakurasou —dijo Izuna pensativamente—. Mi yo futuro dejó de existir porque dos yo idénticos no pueden coexistir dentro del mismo momento en el tiempo.

—Sí. Incluso conseguí transportar a través de las piedras una nota dirigida a mí mismo, para que mi yo del pasado supiera que debía sacarte de la torre. Pero la cancelación depende de que esos dos yo sean idénticos.

—¿Qué estás diciendo? —quiso saber Izuna, apretando rígidamente los brazos de su asiento con las manos.

—Cuando regresé, mi yo del futuro no sólo no dejó de existir, sino que yo tampoco desaparecí. Estuve observándome a mí mismo por una ventana durante varias horas antes de volver a huir. Mi yo del pasado nunca llegó a desaparecer. Podría haber entrado allí y haberme presentado.

—Por suerte no lo hiciste. Debemos ir con mucho cuidado para evitar crear paradojas —dijo Izuna nerviosamente.

Sakurasou se había quedado boquiabierta.

—Eso es imposible. Según las leyes de la física, uno de vosotros dos debería haber dejado de existir.

—Uno pensaría que después de todo lo que ella ha llegado a experimentar conmigo, no se daría tanta prisa a la hora de etiquetar las cosas como posibles o imposibles —dijo Izuna secamente.

—¿Cómo pudo ser que ocurriera eso? —quiso saber Sakurasou.

—Porque ya no soy el mismo hombre que era. El tener dentro de mí a todos esos seres tan antiguos me ha vuelto lo bastante distinto, a cierto nivel elemental, como para que ahora mi yo del pasado no entre en conflicto con la persona o la cosa en la que me he convertido.

—Oh, Dios —jadeó Sakurasou—. Así que incluso si enviáramos de vuelta a alguien, y cambiaran el pasado...

—Dudo que eso fuera a tener ningún efecto sobre mí. Lo que soy ahora parece existir más allá del orden natural de las cosas. Y además, es posible que hacer lo que proponéis pueda causar algún efecto negativo que ni siquiera podemos imaginar. Hay demasiadas cosas que no entendemos en todo este asunto. Temo que podríamos llegar a crear múltiples momentos en el tiempo sin que eso sirviera para nada bueno. No, mi única esperanza es la antigua sabiduría.

Izuna y Sakurasou intercambiaron una mirada llena de preocupación.

—Fue una idea inteligente —los tranquilizó Sasuke—. Puedo ver por qué la tomasteis en consideración. Pero yo no he parado de pensar en este asunto y mi única esperanza es descubrir cómo fueron hechos prisioneros los draghar en primer lugar, y volver a apresarlos. Por eso he venido. Necesito utilizar la biblioteca de los Uchiha. Necesito examinar los textos antiguos que hacen referencia a los Tuatha de Danaan.

Izuna suspiró ruidosamente y se pasó una mano por el pelo.

—¿Qué ocurre? —Sasuke entornó los ojos.

—Es sólo que estábamos tan seguros de que nuestra idea funcionaría... —dijo Sakurasou con aire triste.

—¿Y? —insistió Sasuke cautelosamente.

Izuna se levantó y empezó a ir y venir por la estancia.

—Sasuke, ya no tenemos esos textos —dijo en voz baja.

Sasuke saltó de su silla con tal celeridad que ésta cayó al suelo. ¡No, no podía ser!

—¿Qué? ¿Qué dices? ¿Cómo es posible que no los tengamos? —gritó con voz atronadora.

—No lo sabemos. Pero no están aquí. Después de leer la carta de padre, decidí que investigaría acerca de los Tuatha de Danaan para averiguar todo lo que pudiera acerca de esa raza mítica, con la esperanza de descubrir una manera de expulsarlos. Entonces fue cuando Daisuke y yo nos encontramos con que faltaban muchos tomos.

—Pero algunos de los volúmenes que necesito tienen que estar aquí. —Empezó a decir los nombres de los que buscaba específicamente, pero Izuna sacudió la cabeza a cada título—. ¡Eso es inconcebible, Izuna!

—Sí, y lo cierto es que parece algo deliberado. Daisuke y yo sospechamos que alguien se los llevó, aunque no se nos ocurre cómo pudieron hacerlo.

—¡Maldición, necesito esos textos!

Sasuke golpeó el panel de madera de la pared con el puño. Hubo un momento de silencio, y luego Izuna dijo:

—Hay un lugar, o quizá debería decir un tiempo, en el que pueden ser encontrados. Un tiempo en el que tanto tú como yo sabemos que la biblioteca de nuestro clan estaba completa.

Sasuke sonrió amargamente. Cierto. ¿Y cómo iba a explicarle eso a Sakura?

¿«Ejem, muchacha, los tomos que necesitaba no se encuentran aquí, así que tendremos que retroceder en el tiempo y hacernos con ellos»? Soltó un bufido. ¿No habría nada en todo aquel asunto que fuera simple? Parecía que Sakura tenía que saber más acerca de él, tanto si él estaba preparado para contárselo como si no.

—Yo podría ir por ti —se ofreció Izuna—. Sólo el tiempo suficiente para conseguir lo que necesitamos.

—Entonces yo iré también —dijo Sakurasou al instante.

—¡No! —gritaron Sasuke e Izuna al mismo tiempo.

Sakurasou los fulminó con la mirada.

—No permitiré que se me deje fuera de esto.

—Ninguno de vosotros irá —dijo Sasuke, poniendo fin a aquella discusión antes de que llegara a cobrar ímpetu—. No tenemos ninguna garantía de que los Tuatha de Danaan no hayan puesto otros peligros en el lugar intermedio. Cualquier Uchiha que abra un puente por razones personales corre un riesgo, y ningún Uchiha aparte de mí abrirá ningún puente a otro tiempo. Ya me he vuelto oscuro. Además, lo que uno lleva a través de las piedras en un extremo no siempre llega a aparecer en el otro. Yo perdí varios objetos de mi herencia la última vez que pasé por ellas.

Sakurasou asintió lentamente.

—Eso es verdad. Yo perdí mi mochila. Vi cómo se hundía entre la espuma cuántica hasta que desapareció. No podemos correr el riesgo de traer los libros a través de ellas.

—¿Puedes abrir las piedras sin sufrir nuevos daños? ¿De qué manera te afectará el uso de la magia? —preguntó Izuna cautelosamente. A Sakurasou, que no había tomado parte en su conversación anterior, le explicó—: Cuando Sasuke utiliza la magia, eso hace que los..., esto, antiguos se vuelvan más fuertes.

—Entonces quizá no deberías ir —se preocupó Sakurasou.

Sasuke exhaló, consternado. Todas sus esperanzas dependían de aquellos textos de los Uchiha, y no se atrevía a perder más tiempo del que ya había desperdiciado.

—Si lo que dices es cierto y los tomos no se encuentran aquí, entonces no tengo elección. En cuanto a la magia, me preocupa más lo que podría hacerme padre. Ya encontraré algún modo de vérmelas con la oscuridad.

—Somos un clan, Sasuke —dijo Izuna con dulzura—. Padre nunca te volvería la espalda. Y el momento no podría ser más apropiado. Sólo faltan unos días para que llegue el equinoccio de primavera, y...

—No es necesario esperar al equinoccio —lo interrumpió Sasuke—. Puedo abrir las piedras cualquier día, a cualquier hora.

—¿Qué? —exclamaron Izuna y Sakurasou.

—Al parecer nuestros estimados benefactores nos ocultaron ciertas partes muy significativas del conocimiento. Las piedras pueden ser abiertas en cualquier momento. Sólo se necesita otra serie de fórmulas.

—¿Y tú conoces esas fórmulas? —quiso saber Izuna.

—Sí. Debido a aquellos que están dentro de mí. Su conocimiento es mío.

—¿Y por qué razón se nos iba a ocultar semejante conocimiento?

—Sospecho que la intención era evitar que un Uchiha abriera un puente a través del tiempo de manera impulsiva. Uno podría tener la idea, si por ejemplo su hermano hubiera muerto, de pasar a través de las piedras ese mismo día y deshacer lo ocurrido. Pero si se veía obligado a esperar hasta el próximo solsticio o equinoccio, cuando llegara ese momento entonces lo peor de la pena tal vez ya habría quedado atrás y decidiría no hacer tal cosa.

La voz de Sasuke rezumaba un feroz sarcasmo dirigido hacia sí mismo.

—¿Cuánto tiempo esperaste? —preguntó Izuna en voz baja.

—Tres lunas, cuatro días y once horas.

Todos guardaron silencio durante un rato después de que Sasuke hubiera dicho aquello. Finalmente, Sakurasou se estremeció y se levantó de su asiento.

—Mientras vosotros dos discutís esto, iré a preparar una habitación para Sakura.

—Ella duerme conmigo —dijo Sasuke con un gruñido.

—Sakura dijo que no dormíais juntos —dijo Sakurasou sin perder la calma.

—Dios, Sakurasou, ¿qué has hecho? ¿Se lo has preguntado?

—Por supuesto que sí —replicó Sakurasou, como si no pudiera creer que él fuera capaz de hacerle una pregunta tan ridícula—. Pero aparte de admitir que no dormíais juntos, no se mostró demasiado dispuesta a hablar del tema. Así pues, ¿qué es exactamente Sakura para ti?

—Es su compañera —dijo Izuna en voz baja.

—¿De veras? —Sakurasou se puso muy contenta—. ¡Oh! —exclamó—. ¡No sabes cómo me alegro por ti, Sasuke!

Sasuke clavó en ella una mirada ominosa.

—Por Dios, muchacha, ¿es que te has vuelto loca? Este no es momento para celebraciones. Sakura no sabe lo que soy y...

—No la subestimes, Sasuke. Nosotras las mujeres no somos tan frágiles como os gusta creer a los hombres.

—Entonces ponla en mi habitación —dijo él tranquilamente.

—No —dijo Sakurasou en un tono tan tranquilo como el que acababa de emplear Sasuke.

—¡La pondrás en mi habitación!

Sakurasou alzó la barbilla, apretó los puños sobre su cintura y bajó la mirada hacia él. Por un instante, Sasuke se acordó de Sakura blandiendo una de sus propias dagas ante él, y se preguntó cómo era posible que unas mujeres tan diminutas y frágiles les tuvieran tan poco miedo a hombres como él y su hermano. Notable, pero ellas eran así.

—No, señor Oscuro y Malvado, no lo haré —dijo Sakurasou—. No me asustas. Y no nos obligarás, ni a mí ni a ella, a hacer nada contra nuestra voluntad.

—No deberías ir por ahí preguntando a las personas si duermen juntas —siseó él.

—¿De qué otro modo iba a saber dónde tenía que ponerla?

—Preguntándomelo.

La fulminó con la mirada pero ella no mostró señales de que fuera a ceder, así que se volvió hacia Izuna en busca de apoyo. Izuna se encogió de hombros.

—Mi esposa es la señora del castillo. No me mires a mí.

—Ella está a salvo aquí, Sasuke —dijo Sakurasou con dulzura—. Os pondré al uno enfrente del otro. Así luego ella puede compartir su habitación si decide hacerlo.

Mientras salía de la biblioteca, Sakurasou lanzó una última mirada por encima de su hombro a los dos magníficos highlanders. Se sentía llena de júbilo y al mismo tiempo tremendamente preocupada, lo primero porque Sasuke había vuelto a casa y lo segundo por lo que todavía tenía que llegar. Ella e Izuna habían estado tan seguros de que su idea funcionaría que no se les había ocurrido pensar en nada más allá de ella.

Ahora Sasuke iba a tener que regresar al pasado. Tendría que abrir un puente a través del tiempo y buscar en la vieja sabiduría. Sakurasou no quería dejarlo marchar, y sabía que Izuna tampoco. Pero no había elección. Sakurasou tenía intención de tratar de persuadirlo de que esperara unos cuantos días, pero no tenía demasiadas esperanzas al respecto.

Aunque no contaba con los sentidos de su esposo, Sakurasou podía sentir que Sasuke era distinto. Ahora había algo violento en él. Algo contenido a duras penas, siempre al borde de hacer explosión.

Arqueó una ceja mientras pensaba que, aunque ella nunca le diría tal cosa a su esposo, el nuevo Sasuke resultaba más atractivo que antes. Ahora era como una encarnación de la sexualidad primigenia, y había algo en él que hacía que a una mujer se le pusieran todos los nervios de punta.

Sus pensamientos se volvieron hacia la mujer del piso de arriba. Si Sakura tenía aunque sólo fuese una pizca de sentido común, pensó, compartiría la habitación de Sasuke aquella noche, y durante todas las noches futuras que pudieran llegar a tener.

Rechazar la cama de un varón Uchiha no sólo resultaba muy difícil, sino que en opinión de Sakurasou además era la peor manera posible de desperdiciar el tiempo. Izuna era un amante extraordinario, y con todo el calor sexual en estado puro que emanaba de Sasuke, no le cabía ninguna duda de que él también lo sería.

Hacía mucho tiempo, en otro siglo, había visto a Sasuke sentado en los escalones de la entrada del castillo de los Uchiha a la hora del crepúsculo, contemplando el cielo nocturno. Sakurasou había reconocido su soledad —había habido un tiempo en el que ella también estaba sola—, y se juró a sí misma que lo ayudaría a encontrar una compañera. Al parecer Sasuke la había encontrado por sí mismo. Lo menos que podía hacer ella era ayudarlo a conseguirla. La deuda que tenía con Sasuke Uchiha era enorme.

Se recogió las guedejas detrás de la oreja y sonrió levemente. Tendría que hacerle unos cuantos comentarios discretos a Sakura acerca del aguante y las habilidades amatorias de los Uchiha. Y cuando llegara el momento apropiado, también debería impartirle unos cuantos fragmentos más de sabiduría duramente aprendida.

Unas horas después, Sasuke siguió a Izuna al piso de arriba. Habían estado hablando hasta bien entrada la noche y no tardaría en amanecer.

Después de que Sakurasou se hubiera ido, Sasuke le contó a su hermano el intento de asesinato de que había sido objeto Sakura y lo que había dicho aquel extraño atacante, y luego lo puso al corriente de las escasas referencias concernientes a los draghar que había encontrado. Desgraciadamente, Izuna se había mostrado tan perplejo como él. Se habían dedicado a sopesar distintas posibilidades, pero Sasuke empezaba a estar muy harto de las posibilidades. Lo que él necesitaba eran respuestas.

—¿Cuándo te irás?—dijo Izuna, mientras llegaban al final del pasillo norte y se disponían a separarse para ir a sus respectivos aposentos.

Sasuke miró a Izuna, saboreando la visión de su hermano vivo, despierto y feliz. Aunque le hubiese gustado pasar más tiempo con Izuna y Sakurasou ahora que volvía a estar en suelo escocés, no podía permitirse nuevos retrasos. Sakura corría peligro, y el tiempo que le quedaba a él iba acortándose. Sasuke podía sentirlo. Estaba seguro de que habría otro ataque, y no sabía si los draghar, quienesquiera que fuesen, podían seguirlos a través del tiempo. Si formaban parte de los Tuatha de Danaan, podían seguirlos a cualquier parte.

—Por la mañana.

—¿Tienes que irte tan pronto?

—Sí. No sé de cuánto tiempo dispongo.

—¿Y la muchacha? —preguntó Izuna cautelosamente.

—Ella va a donde yo vaya —respondió Sasuke con una sonrisa tan fría como el hielo.

—Sasuke...

—No digas más. Si ella no va, yo no voy.

—Yo la protegería para ti.

—Ella va a donde yo vaya.

—¿Y si no desea hacerlo?

—Lo deseará.