CAPÍTULO 22
Sasuke se quedó inmóvil en la gran sala.
Aquél había sido sin duda el momento más inolvidable de toda su vida.
Cuando tuviera la edad de su padre —en el caso de que conociera el lujo de llegar a vivir tanto tiempo—, no le cabía ninguna duda de que todavía estaría haciendo volver a su mente la visión de Sakura encaramada a aquel asiento delante del escudo, practicando cómo decirle que lo amaba de la manera exacta en que había que decirlo.
Cuando bajó del piso de arriba en busca de velas nuevas para la cámara de la biblioteca y entró en la sala, lo que estaba haciendo Sakura no tuvo al principio ningún sentido para Sasuke. Había pensado de todo corazón que se limitaba a extasiarse ante el escudo.
Se burló afablemente de ella, y sólo entonces había percibido la tensión y la desdicha que emanaban de su persona. Sakura había empezado a balbucear, lo que siempre era una señal infalible de que se encontraba muy afectada por algo. Cuando le soltó aquel ridículo discurso sobre el refuerzo positivo o alguna insensatez parecida, Sasuke comprendió.
Sakura había estado practicando cómo decirle que lo amaba. Cuán completamente adorable era.
Ella lo amaba. Lo había dicho. Claro que se lo había gritado, pero un hombre podía aceptar eso sin problemas cuando el amor que la mujer sentía por él era más grande que el mundo.
Sasuke rió exultante, giró sobre sus talones y se apresuró a ir en pos de Sakura. Para decirle que, dado que él era más grande que ella, podía estar segura de que la amaba más.
Pero la cosa no llegó a salir del todo como esperaba, porque no consiguió alcanzarla hasta que ella ya casi había llegado al dormitorio.
Y cuando por fin la alcanzó, al agarrar la falda ondulante de su vestido Sasuke tiró de ella con más fuerza de lo que pretendía y la tenue y sedosa tela se rompió. Toda la espalda del vestido quedó rasgada. Y Sakura no llevaba nada debajo. Sólo aquellas magníficas piernas y las redondas curvas de su hermoso trasero. La tela se rasgó hasta su nuca y los pensamientos de Sasuke enseguida se volvieron salvajes y primitivos.
Sakura lo miró, un poco asustada, y aunque él sospechó que debería asegurarle que no había tenido intención de hacer aquello, no pudo pronunciar una sola palabra. La declaración de amor de ella combinada con toda aquella desnuda piel rosada lo habían puesto fuera de sí.
Con un gruñido ahogado, Sasuke la tomó en sus brazos y plantó firmemente su boca sobre la suya.
Al principio ella se mantuvo rígida, pero en cuestión de momentos ya estaba devolviéndole apasionadamente el beso.
—No hacía falta que me rompieras el vestido —dijo con voz quejumbrosa cuando él la dejó respirar—. Lo encuentro adorable. Shizune estuvo trabajando en él durante varios días.
—Lo siento, muchacha —dijo él sombríamente—. Fue un accidente. A veces me olvido de mi fuerza. Tengo la intención de ser amable y delicado, pero no me sale de esa manera. ¿Podrás perdonarme?
Ella suspiró, pero asintió y volvió a besarlo, juntando los brazos por detrás de su cuello mientras él la llevaba hacia su dormitorio.
—Tienes, sin lugar a dudas, el trasero más hermoso que he visto jamás —ronroneó él, cambiándola de postura en sus brazos para extender su gran palma por encima de las curvas gemelas de la zona que acababa de mencionar.
—¡Oh! —Ella se retorció entre sus brazos—. ¿Te digo que te amo y eso es lo único que dices?
Él la redujo al silencio con otro beso y abrió de una patada la puerta del dormitorio.
—Y yo te amaría incluso si tú no me amaras —le dijo con voz llena de dulzura.
Ella se derritió en sus brazos.
—Y me parece que a ningún hombre se le ha dicho jamás de una manera tan memorable que era amado, y siempre guardaré ese recuerdo como un tesoro.
Sakura sonrió beatíficamente.
—¿De verdad? ¿No piensas que soy la mema más grande que hay en el mundo?
Él la depositó encima de la cama y sacó un puñal de su bota.
—Pienso —dijo con voz sedosa, mientras tomaba en sus manos el corpiño de su vestido echado a perder y lo rasgaba por la parte de delante, dejando el vestido limpiamente dividido en dos mitades— que eres perfecta exactamente tal como eres y no cambiaría ni una sola cosa de ti.
Arrojó lejos de la cama el vestido rasgado y se pasó la camisa por la cabeza. Ella lo miró con los ojos muy abiertos, y luego se echó a reír.
—Shizune va a preguntarse qué le ha ocurrido a mi vestido.
—Estoy casi completamente seguro de que Shizune nunca preguntará por el vestido —dijo él con voz enronquecida mientras extendía su cuerpo sobre el de ella—. He visto uno o dos vestidos suyos tirados en el montón de los trapos.
—¿De veras?
Sakura parpadeó, porque de pronto veía a Fugaku bajo una nueva luz. Era un hombre apuesto, y era de sus genes de donde habían salido Sasuke e Izuna. Detrás de sus maneras de erudito, comprendió de pronto, Fugaku Uchiha probablemente ocultaba un montón de cosas.
—Sí. De veras.
—Llevas demasiada ropa encima —se quejó Sakura con voz entrecortada unos instantes después.
Entonces, él le ofreció su puñal para que la cortara, pero ella echó una mirada a aquellos calzones de cuero que le quedaban tan apretados y decidió que ni en sueños iba a permitir que una hoja muy afilada se aproximase a lo que había dentro de ellos.
Así que tomó prestada otra de las deliciosas tácticas de Sasuke y lo desnudó con su boca.
Sakura casi deliraba de puro contento. Hecha un ovillo con la espalda pegada a la parte delantera del cuerpo de Sasuke y sus fuertes brazos rodeándola, se sentía deliciosamente saciada.
Él la amaba. No sólo se lo había dicho, sino que además se lo había mostrado con su cuerpo. El amor se hallaba presente en su manera de acariciarle la mejilla o apartarle suavemente los rizos de los ojos. Se hallaba presente en sus largos y lentos besos. Se hallaba presente en su manera de mantenerla abrazada después del acto sexual.
Con eso aclarado, Sakura estaba impaciente por disipar de una vez por todas sus preocupaciones. Con semejante amor entre ellos, sabía que podían hacer frente a cualquier cosa juntos.
Cambiando de postura dentro de su abrazo, se dio la vuelta hasta quedar de cara a él. Sasuke le sonrió, con una de aquellas lentas sonrisas que parecían derretirla y que él tan raramente otorgaba, y la besó.
Con un suspiro de placer, y antes de que él pudiera volver a distraerla, Sakura interrumpió el beso echando la cabeza hacia atrás.
—Sasuke, ahora ya estoy preparada para saber acerca de la maldición. Cuéntame en qué consiste, y qué es lo que estás buscando.
Él volvió a besarla, tomándose su tiempo y chupándole el labio.
—Por favor —insistió ella—. Necesito saberlo.
Él sonrió levemente, y luego suspiró.
—Lo comprendo. Yo quería contártelo, pero tú parecías necesitar un poco más de tiempo.
—Sí, lo necesitaba. Ocurrieron tantas cosas tan deprisa que me sentía como si tuviera que recuperar el aliento. Pero ahora ya estoy preparada —le aseguró.
Él la contempló en silencio durante unos instantes, con los ojos entornados.
—Muchacha —dijo en voz baja—, si intentaras dejarme, me temo que no te lo permitiría. Temo que haría cualquier cosa, sin importar lo implacable y cruel que fuera, para mantenerte a mi lado.
—Me considero advertida —dijo ella animadamente—. Confía en mí, no voy a ir a ninguna parte. Y ahora cuéntamelo.
Él le sostuvo la mirada durante unos momentos, evaluándola en silencio. Luego, tomando sus manos, entrelazó sus dedos con los de Sakura y empezó a hablar.
—Vamos a ver si lo he entendido bien —intentó aclarar las cosas una Sakura de ojos muy abiertos un rato después—. Utilizaste las piedras para ir hacia atrás en el tiempo y... ¡oh! ¡Eso era lo que quería decir aquel pasaje del Códice Midhe en el que se hablaba del hombre que entra en el puente que engaña a la muerte! El puente es el Ban Drochaid, «el puente blanco», porque puedes usarlo para retroceder en el tiempo y deshacer la muerte de una persona. Esa cita se refería a ti.
—Sí, muchacha.
—¿Así que le salvaste la vida a Izuna, pero debido a que rompiste un juramento sagrado que les habías hecho a los Tuatha de Danaan, terminaste liberando un antiguo mal?
Él asintió cautelosamente.
—Bueno, ¿dónde está ese antiguo mal? —preguntó ella, perpleja—. ¿Lo estás persiguiendo a través de los siglos o algo por el estilo?
Él emitió un sonido de seca y oscura diversión.
—Algo así —musitó.
—¿Y bien? —lo animó a seguir ella.
—O más bien, es ese antiguo mal quien me está persiguiendo a mí —dijo él, con voz casi inaudible.
—No lo entiendo —insistió ella, y parpadeó.
—¿Por qué no lo dejas estar por ahora, Sakura? Ya sabes lo suficiente para ayudarnos a buscar. Si, mientras estás leyendo, encuentras cualquier cosa acerca de los Tuatha de Danaan o los draghar, comunícanoslo enseguida a mí o a Fugaku.
—¿Dónde está ese antiguo mal, Sasuke? —repitió ella sin perder la calma.
Cuando él trató de volver la cara, ella se la tomó entre las manos y se negó a permitir que apartase la mirada.
—Cuéntamelo. Prometiste contármelo todo. Ahora cuéntame dónde está esa maldita cosa y, lo más importante, cómo podemos destruirla.
Clavando su oscura mirada en los ojos de Sakura, él se humedeció los labios y murmuró:
—Está dentro de mí.
