CAPÍTULO 26
Silencio fue todo lo que oyó Sakura cuando pudo volver a oír, aunque no era exactamente silencio, porque, a diferencia del vacío absoluto de la sordera, el silencio era un revoltijo de estática: el tenue zumbido de la iluminación fluorescente, el delicado empujón del aire que salía de los deshumidificadores instalados para proteger los textos antiguos. Sakura nunca había agradecido tanto aquellos sonidos tan simples y reconfortantes. Estar desprovista de la capacidad de ver y oír había sido aterrador.
Pero seguía sin poder ver, y sufrió otro momento de pánico absoluto antes de darse cuenta de que sus ojos se hallaban cerrados. Los abrió y se incorporó temblorosamente hasta quedar sentada en el suelo. Su mirada voló hacia la columna de piedra, pero Sasuke ya no estaba encadenado a ella. Sakura recorrió frenéticamente la sala con la mirada.
Una, dos, tres veces buscó entre la confusión de objetos esparcidos por todas partes. Y sacudió la cabeza en una horrorizada negativa.
Había sangre por todas partes. Charcos de sangre. Más sangre esparcida sobre las mesas y las sillas, y en el caos de libros y papeles en el suelo.
Todavía más sangre en la columna de piedra. Y no había ni una sola persona más —ni siquiera un cadáver— en la sala con ella.
.
.
.
El tiempo es un compañero que va con nosotros en un viaje.
Nos recuerda que debemos saber apreciar cada momento, porque nunca volverá.
Lo que dejamos atrás no es tan importante como la manera en que hemos vivido.
JEAN LUC PICARD, capitan del Enterprise
