Hermione abrió los ojos de un golpe. Se sentía demasiado cómoda y al parecer, había dormido mucho porque su cuerpo se sentía muy pesado. Hace meses que están persiguiéndolos, no podía darse esos lujos. Trató de incorporarse, pero un dolor tan intenso atravesó su estómago que la hizo gritar. Con los ojos llenos de lágrimas miró a su alrededor al mismo tiempo que una enfermera entraba en la habitación.
-Oh, no no no, no se levante- le dijo corriendo hacia ella, preocupada- tiene que descansar.
-No… no puedo descansar… que- Hermione notó una mascarilla en su boca para darle oxígeno, y una aguja pegada a su brazo izquierdo, conectándola a una máquina- ¿Qué estoy haciendo aquí?
-Lo mismo se preguntaron las personas que la encontraron en su casa- dijo la enfermera muy seria, obligándola lo más amablemente posible a volver a recostarse- sus heridas eran como si hubiera caído de una altura gigante. Sus órganos parecen como si hubieran sido aplastados por algo. Además de estar desnutrida y con principios de anemia.
Hermione miró a la enfermera con cara de interrogación, y cedió a recostarse en la cama. Su cerebro comenzaba a computar nuevamente lo que había pasado, y en donde estaba. Una lágrima cayó por su mejilla al recordar a Ron, pero se prohibió explotar en llanto, no tenía tiempo para eso. Su corazón comenzó a latir rápidamente y el aire le faltaba, pero se trató de tranquilizar, ya que si la enfermera notaba todo eso quizás traería más doctores o le darían algo para anestesiarla. Miró nuevamente el lugar, ahora en busca de su varita y una escapatoria. No tenía tiempo que perder, debía ponerse a trabajar en seguida.
-¿Recuerda quién es?- preguntó la enfermera, ahora tomando el pulso de la chica- ¿cuál es su nombre?
-Mi nombre…- murmuró Hermione. Lo mejor era no levantar sospechas y pensar en algo rápido- Mi nombre… Emma… Emma Grint.
-Perfecto- dijo la enfermera ahora sacando una jeringa - Señorita Grint, usted está en cuidados intensivos, por lo que tiene que permanecer aquí hasta que los doctores estimen conveniente para su salud. ¿Algún familiar que quiera contactar?
Hermione negó con la cabeza. La enfermera vio el contenido de la jeringa que tenía en su mano, y la inyectó en la castaña.
-Muy bien. Nos comunicaremos con algún familiar suyo- siguió diciendo sin hacerle caso mientras sacaba la jeringa- ahora descanse. Le puse un poco de anestesia suave para que pueda relajarse y no sienta tanto dolor. En un rato más volveré para chequear como avanza su recuperación. Le recomiendo que no se mueva, y duerma.
Le dio una sonrisa y salió de la habitación cerrando la puerta.
Hermione contó hasta cinco, y se puso en movimiento. El dolor golpeó su estómago por un momento, pero no fue tan intenso como cuando despertó, así que aguantó un grito y se incorporó. Sacándose la otra jeringa que tenía en su brazo, se puso de pie. Sentía las piernas lacias, pero logró mantenerse sin mucho esfuerzo. Se acercó a la ventana que tenía en frente y vio su reflejo. Tenía un gran moretón en su mejilla y tenía un parche que recorría parte de su mandibula, y muchos cortes pequeños en todo su rostro, y mejor no hablar de sus grandes ojeras y lo pálida y flaca que estaba. Miró hacia afuera y noto que estaba a unos seis pisos del suelo, al parecer en la mitad de una ciudad.
-Londres…- murmuró, abriendo la ventana. Una brisa fría acarició su rostro, otorgándole un poco más de vida a su cuerpo. Sonrió.
Se acercó a la silla en donde estaba su ropa y su varita, y comenzó a cambiarse. Vendas cubrían sus piernas y torso.
-Horrocruxes… son seis…- comenzó a hablar consigo misma como solía hacerlo para concentrarse mejor, tratando de no hacer caso al dolor que sentía al moverse- La serpiente, la copa, el relicario, la diadema, el anillo y el diario. La serpiente está con Voldemort… esta… ¿está con él?
Se quedó quieta después de ponerse su playera. Por lo que recordaba de lo que había leído, Nagini, la serpiente de Voldemort, no estaba en la primera guerra, por lo que no era un Horrocruxe hasta su vuelta a la vida con el secuestró a Harry en el Torneo de los Tres Magos, o en alguna fecha cercana. Hermione sintió un pequeño alivio, ya que la serpiente había sido la más difícil de matar.
-Entonces sólo hay cinco- dijo sentándose para ponerse los zapatos. La anestesia local comenzaba a hacer efecto, tranquilizando el dolor y su mente- uno de ellos está en Hogwarts.
Algo llamó su atención. El haber estado casi un año completo escondida y varios meses huyendo de los mortífagos le había agudizado bastante sus sentidos, por lo que notó una presencia en la habitación. Sin levantar la vista, se abrochó sus zapatos, y en segundos se levantó con la varita apuntando a la persona que recién había aparecido en la habitación. Esta también tenía la varita en la mano, pero no estaba en posición ni de ataque ni defensa. Hermione la había tomado desprevenida.
-Vaya reflejos- contestó la persona levantando las manos. No se podía ver su rostro ya que la luz de la lámpara que había en el mueble de la habitación no llegaba a donde estaba- ¿cómo supiste que era bruja para apuntarme con tu varita?
-Ningún muggle aparece en medio de una habitación sin abrir la puerta. Quizás los conozcas, ¿o eres de los mortífagos que ni siquiera los mira en la calle?- dijo la castaña con asco, notando la voz de la "mujer".
-Conozco a los muggles bastante bien. Vengo de padre y madre muggle- dijo la chica, ahora poniéndose a la luz. Hermione abrió los ojos de par en par, muy sorprendida- Es con lo que puedo apelar a mi defensa.
El color rojo de su pelo contrastaba completamente con la gris habitación. Sus ojos verdes hacían juego con su sweter, y su sonrisa iluminaba su rostro de forma contagiosa. Hermione bajó la varita rápidamente de forma automática sin sacar la vista de la mujer. La había visto muchas veces en las fotos que Harry guardaba con tanta delicadeza.
-Es como si hubieras visto un fantasma- dijo Lily levantando una ceja, un tanto suspicaz- pero agradezco que bajaras la varita. Así podemos hablar con más tranquilidad.
-¿Cómo supiste que soy una bruja?- dijo Hermione aún sin despegar sus ojos de los de Lily. Era muy extraño estar enfrente de la madre de su mejor amigo.
-Tú me lo dijiste al apuntarme con tu varita- dijo sonriendo- sólo teníamos sospechas por la forma en que llegaste.
-¿Llegué?- le dio un vuelco el corazón ¿Acaso era posible que ella y la Orden del Fénix de esos años supiera que ella iba a ir?
-Tenemos gente trabajando en la policía muggle. Escuchamos que apareciste en una casa con heridas "extrañas", fatigada y anémica- dijo la pelirroja acercándose a la castaña- esas cosas no suelen pasar entre muggles… por lo menos no a los que no han tenido contacto con el Innombrable.
-Ah… sí- casi, pero no. Sintió un pequeño pesar al saber que nadie sabría él porque estaba ahí, y era obvio y mejor-Nadie tiene que involucrarse en esto, es algo que sólo yo debo hacer.
-Tu ropa es extraña. ¿De dónde vienes?- le preguntó Lily, acercándose un poco más.
-Eh… Francia-
-Siempre he querido ir allá- dijo la pelirroja volviendo a su voz soñadora mirando hacia arriba. Pero luego, levantó sus cejas y volvió a mirar a Hermione, ahora más seria- Y si eres de Francia, ¿Qué hacías en una casa de muggles?
-Es… complicado…- tenía que salir de allí. No podía contarle nada, menos siendo ella la futura madre de Harry Potter- pero gracias por la preocupación. Ahora debo irme.
-No-
Hermione se quedó de piedra. Era bastante obvio que no la iba a dejar irse así sin más. Habían falencias en lo que Hermione le había dicho, y era tan sencillo como que "no había dicho absolutamente nada sobre ella". En esos tiempos, cualquier cosa así, es extraña, sobre todo por el hecho de que había aparecido casi muerta en la casa de unos muggles. La castaña se enojó consigo misma. Llevaba unas horas y ya había complicado todo.
-Mira, quizás podríamos hablar sobre esto en otra ocasión- dijo Hermione dando un paso atrás para tomar el abrigo y el giratiempo, el cual estaba justo debajo de una manga. Si Lily lo hubiera visto, todo hubiera empeorado de forma horrible.
-No va a haber otra ocasión si te dejo ir- dijo la pelirroja. Hermione notó que había apretado su mano que tenía la varita- Debo admitir que tu cara es bastante agradable de ver como para dejar que te vayas así como así, dejando todos esos parches y heridas de lado.
-Gra-gracias- ¿Qué clase de amenaza era esa?
-Entonces. ¿Quién eres en realidad, y porque llegaste a esa casa de muggles en ese estado? ¿Y a dónde vas ahora?-
¡BOOM!
El corazón de Hermione saltó dolorosamente. El aire se le fue por unos segundos y el pecho le ardió. ¿Acaso esa fue una explosión?
-Oh, oh- murmuró Lily, acercándose velozmente a la ventana- Mortífagos.
-¿Segura?-
-Me mandaron a hablar contigo porque estaba vigilando esta zona por posibles ataques. Bueno, ahí están- dijo la chica mirando a la castaña con una sonrisa nerviosa- Tendré que ir a por ellos. Ha sido divertido.
Y desapareció.
Hermione se quedó en silencio en la habitación, parpadeando muchas veces confundida. Se escuchaban pasos y voces aceleradas provenientes del pasillo, aparte de bocinas y gritos provenientes de afuera. La explosión no había sido muy lejos, y quizás vendrían más. Hermione tomó el giratiempo y lo miró. Lily Potter había estado en la misma habitación que ella, y había entablado una conversación "casi" normal con ella. En verdad tenía los mismos ojos que Harry… Se puso el giratiempo con la cadena en el cuello y tomó su abrigo. Si todo salía bien, podría cambiar su destino fatal y Harry tendría una niñez mucho más feliz.
-Cambiare su futuro- murmuró apretando los dientes.
Otro bombazo, y una idea horrible atravesó su cabeza.
Ya había cambiado su futuro. Se supone que ella no debería haber visitado a Hermione… eso significa que todo lo que pase hoy será diferente a lo que pasó en algún momento en otro tiempo. Se supone que Lily y James iban a morir a manos de Voldemort, pero… ¿Qué pasa si eso cambia hoy gracias a ella?
-Hermione, eres una estúpida-
Corrió hacia la ventana y miró hacia abajo. Estuvo un año completo usando el giratiempo cuidadosamente, y ahora que lo usaba para una causa mucho más importante que pasar unas materias, lo estropeaba de tomo y lomo. Puso un pie en el marco de la ventana, y tomando aire saltó.
-Aresto momentum!
A sólo centímetros del suelo se detuvo, y cayó con elegancia en mitad de la calle. El dolor de su estómago no se había ido completamente, pero era mucho más aguantable ahora. Para suerte nadie se dio cuenta, ya que las pocas personas que habían cerca estaba corriendo, escapando del lugar de donde provenía el ataque. Vio humo a varios metros lejos de ella, y corrió en esa dirección. Si algo le pasaba a Lily Potter, no se lo perdonaría nunca. Corrió lo más rápido que pudo, divisando colores provenir de detrás de un edificio. Se escuchaban gritos, demasiados para su gusto. Dio vuelta la esquina con la varita en mano, y con cara de horror vio a un mortífago saltar encima de un auto y apuntar a la pelirroja con la varita, la cual se protegía a ella y a otra persona de otro ataque de otro mortífago en la mitad de la calle.
-¡COMO ODIO TENER RAZÓN A VECES! PETRIFICUS TOTALLUS!- gritó sin dejar de correr lanzando el hechizo al mortífago, el cuál cayó como saco de papas a centímetros de la pelirroja.
Lily apenas se dio cuenta de Hermione, sólo hasta que la castaña lanzara un desmaius al mortífago que Lily tenía delante.
-¡Tú!- gritó la pelirroja sorprendida- Pensé que te irías.
-La visita fue demasiado corta- dijo Hermione mirándola jadeante. La anestesia no servía para correr. Había un niño muggle detrás de ella con cara de espanto- hay que sacarlo de aquí. ¿Estás sola?
Se escucharon más gritos de hechizos unos metros lejos de ellas, a la vuelta de la siguiente esquina. Había muchos rayos verdes, y eso nunca era bueno.
-Mis compañeros están más allá. Obliviate!- le echó el hechizo al niño que estaba protegiendo- Hola. Tienes que salir de aquí, ocurrió un atentado y el lugar está siendo resguardado.
El niño la miro confundido unos segundos, pero luego, asustado asintió y salió corriendo en sentido contrario al ataque de los mortífagos.
-¿El ministerio no va a venir? - preguntó Hermione, sudando frío. Su corazón latía con fuerza, ya que la batalla de Hogwarts aparecía en su cabeza constantemente.
-Suelen tardar en aparecer, pero Moody ya debió haber mandado un patronus a los Aurores- dijo Lily con el ceño fruncido- Vamos, cubre mi espalda.
-¿Eh?-
-Te salió muy bien hace unos segundos atrás- le sonrió la pelirroja haciendo que la castaña se sonrojara- Parece que ya te estas recuperando. La medicina muggle no se queda atrás. ¡Vamos!
-Ahora entiendo porque Snape y Lupin estaban enamorados de ella- murmuró Hermione corriendo detrás de ella.
Una explosión, y dos personas atravesaron la esquina de un local, quedando desparramadas en el suelo. Hermione, asustada, levantó la varita lista para defenderse, pero el alma se le cayó a los pies al ver no a dos o tres mortífagos, sino que a diez corriendo hacia ellos. Esto es más extremo de lo que pensó.
-¡Hey!, ¡Por cierto soy Lily Potter! Stupefy!
-Incendio!-
Una gran llamarada de fuego salió de la varita de Hermione envolviendo a cuatro mortífagos de una. Lily hizo una pirueta hacia adelante evitando dos maleficios y al colocarse detrás de un auto lanzo varios encantamiento. Hermione, abriéndose camino en el propio fuego que había creado lanzo dos embrujos más a los mortífagos que quedaban, y como no esperaban que ella apareciera desde el fuego, les dio justo en el estómago a cada uno, sacándolos de combate. Un maleficio rozó su cabeza, obligándola a agacharse y retroceder hacia donde estaba Lily, quién seguía lanzando embrujos.
Pero los otros dos integrantes de la orden ya se habían levantado y habían acudido en su ayuda, noqueando a los mortífagos que quedaban, y obteniendo una victoria absoluta. Un silbido se hacía escuchar en los oídos de Hermione, y sus manos temblaban, pero hizo caso omiso y observó el lugar. Apagó el incendio que había hecho, y suspiró cansada.
-¿Y?-
Saltó en el lugar al escuchar la voz de Lily detrás de ella. La chica la mira con aire soñador y una sonrisa tranquila. ¿Cómo era posible que alguien quedara así después de una batalla campal contra unos mortífagos?
-¿Cuál es tu nombre? Dudo que sea incendio- le dijo mirándola con sus ojos verdes.
-Emma…- murmuró sin pensar mucho- Emma Grint.
-Muchas gracias, Emma. Estuviste excelente. Hace tiempo que no veía un hechizo incendio tan potente y concentrado como ese. Generalmente el fuego sale para todos lados.
-Gracias-
-¡Lily!-
Las dos chicas se dieron vuelta mientras dos figuras corrían hacia ellas, y el corazón de Hermione le dio un nuevo brinco. Moody y Lupin, 19 años más jóvenes, y con menos cicatrices que antes. Lupin parecía más sano, aunque su ropa vieja y usada no había cambiado mucho. El ojo de Moody observó a Hermione varias veces antes que este mismo se parara frente a la chica, con el ceño fruncido y haciendo que sus cicatrices se marcaran mucho más.
-¿Y quién eres tú?- le preguntó bruscamente, sin dejar que su ojo dejara de analizar cada parte de la chica, poniéndola incómoda.
-Em… yo…-
-Es Emma Grint. Quiere unirse a la Orden- dijo Lily divertida.
-¿Quiere?- preguntaron Moody y Lupin
-¿Quiero?- preguntó la misma Hermione.
-Por supuesto- dijo la pelirroja abrazando a la castaña por los hombros- hoy fue de gran ayuda, y pelea muy bien. Siempre es necesario tener más gente de nuestro lado.
-Dumbledore tiene que aprobar eso- dijo Lupin con una sonrisa, dándose cuenta de toda la situación.
-Nunca te había visto. ¿Quién eres?- le preguntó Moody con el ceño aún más fruncido, pero su ojo mágico se movió hacia la nuca del hombre.
Al instante varios magos vestidos de negro aparecieron en el lugar, al parecer Aurores. Un grupo se acercó a los mortífago inconscientes, y otros se esparcieron por el lugar para aplicar los embrujos pertinentes para arreglar el lugar. Moddy se dio vuelta y los miró enojado.
-¡Ya era hora! Un poco más y nosotros podremos encargarnos de Voldemort solos-
-Tranquilo, Alastor- dijo un Auror muy alto y delgado, con el pelo negro y largo- hubo un ataque igual al sur de Londres. Agradece que el Innombrable no estaba aquí.
-¿El Innombrable atacó?- preguntó Lily entendiendo de dónde venían.
-Sí. Hubo tres ataques. El ministerio ya se puso en contacto con el primer ministro muggle para decirle que fue un atentado terrorista
-¿Se sabe el porqué del ataque?- preguntó Lupin intrigado.
-Ataque a muggles- dijo el Auror- sólo sembrar terror, y problemas al ministerio. Esto está cada vez más difícil de ocultar.
-Si sigue así, el mundo mágico quedará al descubierto en poco tiempo- dijo Lupin llevándose una mano a la barbilla- Sobre todo con esos rumores que está juntando fuerza con los gigantes.
-Imaginen que pueda venir con eso- dijo el Auror apesadumbrado- Necesito que salgan de aquí, haremos llover pronto para el embrujo. Muchas gracias por su ayuda.
Y se fue a trabajar con sus compañeros.
Hermione, con el corazón latiéndole más fuerte, comenzó a marearse un poco, pero sintió la mano de Lily en su brazo, empujándola poco a poco para alejarse Moody y Lupin. Pero no dio mucho resultado en pasar desapercibidas.
-Tiene que hablar con Dumbledore primero- dijo Lupin dándose vuelta.
-Sí sí, le mandaré un patronus para que tenga una charla con ella- dijo la pelirroja sonriéndole de forma inocente.
-No pensarás llevarla a tu casa, ¿verdad?- le dijo Moody enojado- Apenas la conoces. No me da confianza.
Daba la sensación de que el hablara como si la chica no estuviera ahí, lo cual hizo mucha gracia a la pelirroja.
-La conozco lo suficiente- dijo mientras levantaba su varita- nos vemos en la próxima reunión. Adiós Remus, adiós Alastor.
Y desaparecieron.
-Bueno, esta es mi casa. Mi esposo está en una misión y volverá en unas semanas más. Si no tienes donde ir puedes…- dijo Lily al aparecer junto a la castaña en la mitad de un living de una casa pequeña pero muy acogedora. Tenía un gran ventanal mirando hacia el patio, el cal no se veía muy bien porque estaba oscureciendo. Adentro había muebles antiguos, o antiguos para Hermione, llenos de fotografías donde aparecía Lily, James, los Merodeadores y familiares de la pareja. Había una clara preferencia hacia el color rojo naranjo en el lugar, recordándole a la sala común de Gryffindor.
-Si quieres puedes quedarte aquí- dijo Lily observándola con curiosidad- Como te decía, mi esposo no llegará hasta en unas semanas más. Se fue a una misión junto con Sirius, Frank, Fabian y Gideon.
-¿Y no es peligroso que te quedes aquí sola?-
-Lupin y Alice vienen a visitarme muy seguido. No te preocupes, este lugar es seguro- le dijo Lily poniéndose de pie- además, hay varios encantamientos cuidando la casa.
-Muchas gracias- dijo Hermione mirando a su alrededor, si darse cuenta que tenía su mano en su estómago. Lily notó eso y se llevó una mano a la cabeza.
-¡Es verdad! La medicina muggle es maravillosa, pero nunca esta demás un poco de poción mágica- dijo pasando por el lado de la castaña hacia el pasillo- siéntate por favor, estás en tu casa.
Hermione se quedó de pie unos segundos mirando hacia donde Lily, un poco incómoda y confundida. Le estaba siendo muy difícil asimilar que estaba en esa casa, la real casa de Lily y James Potter, los padres de su mejor amigo, los cuales siempre los vio como personas lejanas y casi irreales, como si fueran personajes ficticios de un cuento. Observó a su alrededor nuevamente, y vio algo que llamo su atención que la hizo entrar en pánico.
-Y aquí vengo con algunas pociones que te ayudaran con el dolor y a cicatrizar más rápido- dijo Lily apareciendo con una caja llena de frasquitos.
-¿Qué es eso?- preguntó Hermione con grandes ojos.
-Una cuna- contestó la pelirroja con una sonrisa dejando la caja en la mesita al centro del living
-¡¿Ya estás embarazada?!- chilló Hermione mirando el vientre de Lily, el cual tenía tamaño normal
-¿Cómo que ya? Hace años que cumplí dieciocho- dijo sentándose muy tranquila e invitando a Hermione a sentarse al lado de ella.
-¿Y peleaste con mortífagos embarazada?- Hermione no podía creer que Harry estuviera ahí, pero no ahí, y lo peligroso que había sido todo unos minutos antes.
-No me convierte en una especie de lisiada- dijo Lily agarrando con fuerza el brazo de la castaña. Le sacó un parche que tenía y le puso un ungüento de color morado viscoso con cierta rudeza. Hermione contuvo un grito de dolor- el bebé lleva mi sangre y la de su padre, y será igual de valiente que nosotros.
-Y obstinado-
-¿Mmm?-
-¡Nada!- exclamó Hermione al sentir de nuevo el ungüento en su brazo.
-Jeje, está bien. Nos han dicho que tenemos que ser más precavidos en la vida diaria, sobre todo a James- dijo mientras sacaba dos frasquitos y juntaba los líquidos dentro de un tercero. Salió olor a cerezas- pero somos jóvenes, y odiamos a Voldemort. No creo que sea muy difícil de entender.
-No mucho. Pero…-
-Sí- Lily revolvió lo que tenía en el frasco. Parecía feliz, pero también parecía que estaba conteniendo esa sonrisa- es un bebé, alguien que decretará que tengo una familia… alguien al que tengo que cuidar y debo proteger cueste lo que cueste.
Hermione la miró unos segundos, y vio un brillo provenir de sus ojos. Unos ojos verde reales, pasivos pero a la vez demostraban una fuerza intensa. La chica se hundió en ellos, sintiéndose tranquila después de mucho tiempo.
-Ven, dormirás en la habitación para huéspedes- dijo Lily poniendo la posición que había creado en un vaso y levantándose. Al parecer no se dio cuenta que Hermione no había dejado de mirarla- Generalmente Sirius es el que duerme ahí, olvida si ves alguna prenda extraña. Llévate el ungüento.
La guió a una habitación pequeña, pero igual de acogedora que el resto de la casa. Tenía una ventana con cortinas color burdeo, una cama singular, cuadros de jugadores de quidditch, un velador con una lamparita y muchas tarjetas de jugadores de quidditch, y el cubrecama tenía, para variar, una snitch gigante.
-James trajo varias cosas de su habitación en la casa de sus padres, y las pusimos aquí- dijo Lily con un tono divertido y energético desde afuera. Había ido hacia un armario que estaba en el pasillo al lado de la puerta de la habitación- además, el espera que nuestro hijo herede varias de estas cosas. Parece que eres de mi talla, o algo parecido, así que puedes usar eso para dormir y para cambiarte mañana. Prepararé la cena en un rato más y te vendré a despertar para que comas algo. Pero ahora, tomate eso y duerme.
-Gra-gracias…- murmuró Hermione viendo ropa encima de la cama. Para dormir y para vestir. Al parecer antes que llevara las pociones había dejado esa ropa ahí.
-Cualquier cosa el baño esta justo al frente de esta habitación, siéntete como en casa- Y salió.
Hermione se quedó un momento de pie, analizando todo lo que había pasado. Harry ya estaba en camino, y eso la dejó con una sensación extraña, pero era de alguna forma feliz. Aún sentía dolor en su estómago, así que se tomó la poción que Lily le hizo. Poco apoco sus piernas fueron cediendo por el cansancio, así que dejó el vaso y el ungüento en la mesita al lado de la cama, se cambió de ropa y se recostó en la cama. ¿Estaba bien que se quedara ahí? ¿Estaba bien que perdiera tiempo descansando, siendo que mientras más se demoraba, menos gente podía salvar al mantener a Voldemort con todos sus Horrocruxes completos y el con vida? Sus ojos comenzaron a cerrarse, y apenas logró taparse con la sábana, cerró completamente los ojos, dejando que el sueño le ganara con la excusa de que si estaba cansada, no lograría hacer mucho. Gracias a eso, logró conciliar el sueño rápidamente.
