Buenos días buenas tardes. Aquí les traigo otro capítulo. Sin hacerlos esperar, siéntanse comodos.


Pasó una semana desde el suceso en la Cámara de los Secretos, pero fue una semana muy ocupada. Como Lily aún estaba lastimada y no podía hacer muchas cosas, Hermione se encargó de limpiar, cocinar, ir de compras, decorar por Navidad y recibir a las visitas, las cuales eran demasiado recurrentes para su gusto. Lupin llegó a la mañana siguiente, encontrando sólo a Hermione y preguntando como estaba Lily. Para evitar detalles, dijo que estaba enferma y que dormía en su dormitorio (la verdad, Lily le dijo que dijera eso, ya que tampoco quería dar explicaciones del porqué de su condición).

A la pelirroja le parecía muy tierno que Hermione se volviera como un ama de casa, pero al estilo muggle. No usaba la magia para lavar los platos, barrer y ordenar los muebles. Sólo usaba un poco de magia al cocinar. La castaña se sentía más a gusto haciendo todo eso sin magia, además la ayudaba a relajarse. Había pasado mucho tiempo viviendo en una tienda y en casa abandonadas, y el hacer las cosas así casi que era una terapia. Hasta sus pesadillas habían disminuido y no pensaba todo el tiempo en la batalla de Hogwarts.

La visita de Lupin fue fácil de aceptar porque fue corta, al igual que la de Moody, quién sólo fue de pasada para preguntar (y escanear completamente a Hermione) como estaba la pelirroja. También apareció Dorcas Meadowes, una mujer alta con cuello largo y cara seria, quién también preguntó por Lily y si necesitaba ayuda con el resfrío y su embarazo. Ella también fue de pasada, quizás mandada por Moody, pero Alice Longbottom fue imposible de sacar rápidamente de la casa. Llegó un día en la mañana, y ni siquiera esperó a que Hermione la dejara entrar. Tenía el pelo corto y negro, y un rostro regordete pero amable, al igual que Neville. Entró hablando con tono agudo y con una maleta llena de frascos con pociones y plantas curativas. Saludó a Hermione con un rápido y gran abrazo cálido, y se dirigió directamente hacia el dormitorio de Lily, dejando a la castaña perpleja.

-¡Lily Potter!- exclamó al entrar a su habitación de forma estruendosa.

Lily se asustó, ya que estaba muy concentrada leyendo un libro y no se había percatado del escándalo que se estaba creando en el living. Sin esperar a que reaccionara, Alice ya estaba sentada en su cama abriendo la maleta y sacando un sinfín de frasquitos con pociones.

-Supe que estabas enferma, así que traje todo lo que tú y tu bebé podrían necesitar- dijo mientras sacaba una pequeña planta, parecido a un cactus pero color azul eléctrico-Este ayudará a si tu nariz se tapa. ¿Sabías que si respiras con dificultad, tu bebé también? Esto te ayudará de maravillas. También esto, para la toz. Si toces muy fuerte, él bebé puede tener un mal dormir y nacer con trastorno del sueño. Eso le afectará en su crecimiento y quizás en su concentración…

-Me agrada verte, Alice- dijo Lily con una sonrisa divertida al escuchar todo lo que su amiga le decía.

Hermione estaba de pie en el umbral de la puerta, viendo pasmada y con ojos grandes a Alice. La vez que la había visto estaba en un estado completamente diferente en San Mungo, con una tez pálida y su rostro mucho más flaco. Le sorprendía como hablaba, era como escuchar a Neville pero con un tono más agudo.

-¡Ah! Y esto es para que tengas buena conexión con tu bebe- dijo Alice tomando un frasco gigante- Y este es para que tu pelo no se caiga por el estrés… y este otro… em, ¿me ayudas?

Hermione saltó en el lugar al ver que la pelinegra le pedía ayuda, y corrió a sostener otro frasco del porte de una pelota de basquetball que tenía otra planta con grandes hojas, las cuales se movían. De la nada estuvo sosteniendo cinco frascos igual de grandes, haciendo que casi perdiera el equilibrio varias veces, pero Alice no pareció notarlo. Sólo Lily la miraba y reía muy divertida por lo complicada y nerviosa que se encontraba la castaña para lograr que todos los frascos estuvieran a la vista.

-Y creo que eso es todo- dijo Alice con una sonrisa, y miró su alrededor- te los puedo dejar todos, aunque sé que varias de estas pociones sabes hacer.

-Estoy bien… aunque quizás me quede con ese que evita la caída del cabello- dijo Lily tomando un frasco que tenía al lado, con un tónico purpura.

-Tienes que cuidar ese bebe. Los primero meses son cruciales, y como no tienes a James que te ayude. Por lo menos la mamá de Frank siempre está ayudándome y dándome consejos de embarazo… Además, ahora todo está horriblemente más peligroso. Supe que Crouch está pidiendo Dementores para que vigilen Londres

-¿Cómo puede pedir eso? A ellos nos les importará si son mortífagos o no. Hasta atacarían a muggles- replicó Lily indignada.

-Él está loco, pero es el único que el ministerio que se atreve a hacer algo concreto. Ir para allá es funesto- dijo Alice con pesar- después que se supo que William Coollins había estado bajo los efectos del maleficio imperio, es imposible subirse a los ascensores sin sostener con fuerza la varita.

-¿Quién es él?- preguntó Hermione sin atreverse a dejar los frasquitos en el suelo aún.

-Atacó de la nada Amelia Bones en el ascensor. Le tiró un cruciatus- Alice parecía chocada por ese incidente porque sus ojos se perdieron en los frasquitos de pociones- Si no hubiera sido por un elfo domestico que estaba ahí mismo y que el no notó, quizás la habría matado.

-Ahora cualquiera puede estar bajo esa maldición. Es perturbante.

-Por eso tienes que tener cuidado Lily. El estar ustedes solas acá tampoco es conveniente- dijo despegado la vista de las pociones y mirando de nuevo a Lily.

-Tenemos hechizos protectores y Emma es muy buena en ellos- dijo Lily sonriendo a la castaña. Hermione tuvo la urgencia de dejar todos los frascos en el suelo antes de dejarlos caer- Y los padres de James también vienen de vez en cuando, aunque dicen que no pueden quedarse mucho tiempo. La viruela de dragón es muy contagiosa.

-Me alegro que estén juntas igual. Me han hablado de ti, que fuiste de gran ayuda en la pelea que tuvieron hace unos días atrás- comentó Alice con una sonrisa.

-Sí… no-no es problema para mí. Lily me ofreció estadía, es lo mínimo que puedo hacer…- Hermione sentía como su rostro iba desprendiendo calor. Quizás un poco más y las pociones que tenía cerca del iban a empezar a evaporarse.

-¿Y de dónde vienes?-

-Francia-

-Me encanta Francia. ¿Cuándo llegaste?

-Hace… una semana…-

-¿Y habías estado en Londres antes?

-Sí… nací en Inglaterra…-

-¿Y cuánto tiempo viviste en Francia?

-Em… no recuerdo… muchos años-

-¿Fuiste a Beauxbatons? Me gusta esa academia, conocí mucha gente que salió de ahí, aunque no hay nada como Hogwarts. ¿Has estado en Hogwarts?

-Sí…-

-Ya Alice, muchas preguntas- dijo Lily sin creer que podría reír más por la cara de Hermione.

-Ah, lo siento. Es que me gusta conocer gente nueva- le dijo Alice con una sonrisa gigante, y miró de nuevo a Lily- Saqué hora para ir a San Mungo, y me tome la libertad de sacarte una hora para ti, porque sé que tú no lo harás. Es este domingo.

-No es necesario que te preocupes tanto.

Hermione recordó que Neville estaba de cumpleaños un día antes de Harry, y casi había sido el niño elegido por la profecía, por lo que Alice, en ese momento, estaba también embarazada. Sonrió nerviosa, dándose cuenta que dos de sus amigos estaban ahí, aunque sólo fueran una célula en crecimiento. De alguna forma le pareció sorprendente el estar frente a las madres de ellos dos, tan felices, tranquilas… antes de que tantas desgracias ocurrieran.

Un dolor intenso apareció en el estómago de Hermione, y su corazón comenzó a latir con fuerza. Se mareó unos segundos, y tratando de no llamar la atención se excusó con que había dejado la tetera hirviendo, y salió de la habitación directo hacia el living. Se paró frente al ventanal, sosteniendo su estómago. Estaba a unos metros de la chimenea, la cual desprendía un calor agradable. Las imágenes de Harry y Neville se amontonaban en su cabeza con fuerza, mareándola. Cerró sus ojos y apoyó su espalda en el frío ventanal, tratando de calmarse.

Quizás debería ir a San Mungo y chequear si había quedado con alguna herida interna por la batalla contra el basilisco. Sólo por si acaso. También quizás era por el Horrocruxe que llevaba puesto, como casi todos los días para cerciorarse de que no le pasara nada, o que no le hiciera nada a Lily. Debería dejarlo junto al giratiempo en un cajón, y ponerle varios hechizos protectores y olvidarse de ese malestar.

Alice se fue a las horas después, dando otro cálido y fuerte abrazo a Hermione y dejándole varios frasquitos de poción a Lily, y recordándole sobre la hora a la que tenía que ir a San Mungo el domingo. Después de ella, solo Lupin volvió a aparecer al día siguiente, pero Lily ya estaba de pie así que no fue difícil cubrir su estado real. Se quedó a tomar el té e indujeron a Hermione en varias aventuras que él, James, Sirius y Peter vivieron en el colegio. La piel se le erizó a la castaña al escuchar el nombre de Peter Pettigrew, y preguntándose si lo vería en uno de esos días…y pensando que haría ya que sabía que en unos meses más el traicionaría a Lily y a James.

En la mañana del Domingo, después de ducharse y vestirse, Hermione salió al living y encontró a Lily escribiendo una carta en la mesa. Estaba lista para salir a San Mungo, pero aún les quedaban dos horas para su revisión. Hermione se sentó al lado de ella, y esperó a que terminara mientras observaba como escribía con tanta velocidad.

-Le estoy contando a James de la revisión de hoy, y de lo ocurrido estas semanas- dijo sin levantar la mirada- Siempre lo pone un poco nervioso hablar sobre el bebé. Aun cree que no está preparado y bla, bla. Siendo honesta, yo tampoco estoy lista para ser madre, pero al fin y al cabo, ¿quién lo está?

-Serán buenos padres- dijo Hermione levantándose para preparar té- y su hijo será un buen niño y buen hombre.

-¿Por qué siempre hablas de niño?- le preguntó Lily levantando la mirada, confundida- apenas se me nota la panza y ya piensas que será hombre…

-Em… hay un dicho muggle…- comenzó a decir la castaña para salir de apuros- que dice que si el estómago está puntiagudo, es porque será niño. Mira.

Se acercó a Lily y la invitó a levantarse, y sin pensar mucho lo que hacía se agachó a la altura de su estómago de Lily e hizo un circulo alrededor, el cual comenzaba a obtener volumen.

-¿Ves? Está más levantado… eso quiere decir que puede ser niño-

-Puede. No que va a ser-

-Es intuición femenina-

-La intuición femenina funciona mejor al saber si le gustas a alguien o no- dijo Lily riendo- Estas cosas sólo lo saben las madres. Y eso no es por intuición femenina, es sabiduría de vieja. Y tú no eres mucho mayor que yo.

-Soy menor que tú- dijo Hermione levantándose y sonriendo de satisfacción.

-¿Cuántos años tienes?

-19-

-¡Por Merlín!- exclamó Lily haciéndose la sorprendida- No lo pareces…

-¡Oye!... no es cierto…- dijo Hermione tratando de aparentar que no le importaba.

-Si arrugas la nariz así, si será verdad- le dijo Lily tocándole la punta de la nariz. Hermione sintió calor en sus mejillas al sentir la mano de la pelirroja en su rostro, y una increíble comezón comenzó en su nuca. Al sentir la urgencia de rascarse, se separó un poco de Lily - me gusta cómo te queda esa ropa. Tuve buena intuición.

-Gra-gracias- contestó Hermione sonrojándose. Habían ido de compras el día anterior por la falta de ropa de la castaña.

En eso, el timbre sonó.

-¿Justo ahora?- preguntó la pelirroja, caminado hacia la puerta y abriéndola.

-¡Buenos días!-

Un coro de voces de niños se escuchó en la puerta, alertando a Hermione, y casi deteniéndole el corazón. Seis cabezas de color rojo estaban paradas en la puerta, de las cuales cinco de ellas eran muy pequeñas. La señora Weasley, 19 años más joven, tenía grandes ojeras y sostenía dos de sus hijos, los cuales Hermione identificó enseguida. Tenía una panza enorme.

-¡Molly! Que sorpresa. Hola Fred, George, Percy, Bill, Charlie- dijo Lily entusiasmada, dejando pasar a los niños a su casa y ayudando a la señora Weasley con uno de los gemelos.

-Hola Lily. Disculpa llegar así como así, pero supe que hoy vas a San Mungo, y decidí pasar a ayudarte y acompañarte.

-Tú también vas, ¿verdad?- dijo Lily cerrando la puerta después que la mujer entrara.

-Sí… y necesito ayuda. Arthur no puede salir antes de las 12 del Ministerio, y ya no puedo con estos dos- dijo mientras uno de los gemelos, vaya a saber cuál de los dos era, pataleaba en los brazos de su madre para poder bajar-¡Vamos George, quédate tranquilo!

-Déjalo, Molly. Está en su casa. Así puedes sentarte un momento- dijo mientras dejaba a Fred en el suelo, el cual empezó a correr entre los sillones, escondiéndose de sus otros hermanos, quienes tranquilamente se habían sentado.

Hermione, estupefacta, observó a todos los hermanos Weasley. Era muy extraño ver a Billy, de aproximadamente nueve años, con el pelo corto y sin cicatrices muy bien vestido y ordenado. Se había levantado y había ido a sacar a George, quién había logrado bajar de los brazos de su madre, de la cocina, donde se estaba subiendo al lavaplatos. Percy estaba sentado muy derecho y serio al lado de su hermano Charlie, quién sonreía divertido al ver como los gemelos corrían por toda la casa. Percy los miraba con disgusto. Desde pequeño había sido así, pensó Hermione.

-¿Quién eres tú? Eres bonita-

Hermione se dio vuelta al sentir una manito tirar de su blusa. Era uno de los gemelos, quién la miraba con grandes ojos azules. Sus pecas se esparcían por casi todo su rostro.

-¡Fred, no molestes!- le dijo Molly sentándose, ayudada por Lily.

-Está bien, no hay problema- dijo la castaña moviendo sus manos, y se agachó a la altura del pequeño Weasley- Soy Emma Grint, mucho gusto.

-¡Hola!- dijo al unísono con George, quién se había parado al lado de su hermano, y los dos le tomaron la mano y la zarandearon con fuerza- Somos Fred y George Weasley, y somos magos.

-Niños, no es necesario que le digan eso a todo el mundo- suspiró la señora Weasley con cansancio- ¿Qué pasa si le dicen eso a alguien en la calle?

-Pensará que es adorable- dijo riendo Lily- ¿quieren algo para tomar?

-¡SÍ!- exclamaron los dos gemelos, levantando las manos y corriendo hacia Lily- ¡Tenemos sed, tenemos sed!

-Te ayudo- dijo Bill acompañando a la pelirroja y sacando a los dos gemelos de su camino, quienes saltaban de felicidad- ¡cuidado ustedes!

-Muchas gracias, Lily. Oh, ahora me presento. Disculpa este desorden- dijo Molly levantándose y estrechando la mano de Hermione- Molly Weasley. Y como notarás, todos estos son mis hijos. Él es Charlie, de 7. Percy, es más tímido, tiene 4 años. El mayor que ves es Bill, cumplió 9 hace unas semanas. Y esos dos desordenados, bueno, ya se presentaron. No cumplen los 3 años aún y ya tienen un desastre en la casa.

-Es un honor conocerlos. Emma Grint- dijo Hermione observando el panorama que se habría a su alrededor. Sólo había visto fotos de ellos de pequeños, pero le pareció bastante tierno verlos en vivo y en directo.

-Un gusto. Y el de acá, se llama Ron-

El corazón de Hermione dio un nuevo salto al escuchar ese nombre. Miró a Molly, dándose cuenta que estaba embarazada. ¿Cómo no se había dado cuenta, si tenía una panza gigante? Ron estaba de cumpleaños en Marzo, por lo que no le faltaba mucho a Molly para parir a su penúltimo hijo. La castaña se entristeció, pero trató de disimularlo con una sonrisa. Era extraño tener en frente a tu futura pareja aún sin nacer.

-Hermosos hijos. Felicitaciones- dijo con una sonrisa, tragándose el nudo que se le creó en la garganta.

-Muchas gracias. Quizás este sea el último- dijo Molly, con un notorio cansancio.

-Eso mismo dijiste con los gemelos, ¿verdad?- dijo Lily tendiéndole una taza de té. Bill trataba de pasarles los vasos de jugo a los gemelos, quienes corrían a su alrededor.

-Ay, sí…pero de verdad espero que esta vez sí sea el último- dijo Molly tomando un sorbo de té, y sonrió- aunque siempre he pensado que tener una niña no sería malo.

-Podrías ponerle Lily. Sería como mi hermana menor- dijo la pelirroja con una sonrisa, sentándose a su lado.

Se quedaron hablando un rato, mientras los gemelos corrían alrededor y molestaban a su hermano Percy, el cual había permanecido sentado casi sin moverse, hasta que lo sacaron de quicio y lograron que los persiguiera. Ni Bill ni Charlie se molestaron en hacer algo para ayudar a Percy, y se sentaron cada uno al lado de Hermione y le mostraron su colección de figuritas de las ranas de chocolate. Percy se cansó de correr, y comenzó a llorar de frustración y enojo al lado de Lily para que lo tomara en brazos. Esta aceptó, y lo acogió en sus brazos mientras seguí hablando con la señora Weasley. Los gemelos, al ver que nadie les hacía caso, se subieron en la espalda de Bill para ver las tarjetas de los magos famosos, y de vez en cuando trataban de robarle una de las manos a Charlie. Estuvieron así cerca de media hora, hasta que Lily vio su reloj.

-Molly, ya debemos ir partiendo. Tengo cita con el sanador en veinte minutos-

-Sí, vamos, vamos. Bill, ayúdame con tus hermanos. Charlie, toma de la mano a Percy-

Tomó cerca de quince minutos lograr que los gemelos se quedaran tranquilos para salir. Lily apagó la chimenea y sacó un frasquito del porte de su mano que tenía en una tarima encima de esta, y sacó un puñado de polvos Flu. Le tendió el frasco a la señora Weasley, a Charlie, quién llevaba a Percy, a Bill, quien tenía colgando a sus hermanos gemelos y a Hermione. Cada uno fue desapareciendo entre las llamas verdes, y reapareciendo en el hall principal del hospital de magos. Un olor extraño había en el lugar, proveniente de un hombre que echaba humo amarillo de su cabeza. Los gemelos lo miraron y corrieron a verlo de cerca, horrorizando a la señora Weasley.

-¡Fred, George! ¡Vengan aquí! ¡Bill, anda a buscarlos!- gritó molesta y avergonzada avanzando hacia los dos pelirrojos, pero no podía avanzar tan rápido como quería gracias a su embarazo. Bill corrió hacia ellos, muy obediente.

-Molly, ven y siéntate, Bill puede encargarse- dijo Lily poniendo su mano en el hombro de la mujer para que retrocediera y se fuera a sentar.

-Esos dos me van a sacar canas purpuras. Nunca tuve problemas ni con Bill, ni Charlie ni Percy- dijo agotada, desplomándose.

-Eso los hace diferentes. Bueno, todos tus hijos son muy diferentes. Sus personalidades los hacen únicos.

-Sólo espero poder criarlos en un mundo más tranquilo y seguro- la señora Weasley dijo eso con notable pesar- estos tiempos no son para criar niños tan buenos. ¿Supiste lo de esa familia muggle?

-Sí, una tragedia. Pero ya cambiará todo. Tranquila- dijo Lily sonriéndole para tranquilizarla- Vendrán tiempos mejores y tus niños y los míos podrán jugar felices y sin preocupaciones.

-¡Lily!-

Las tres chicas miraron hacia la persona que la llamaba y vieron a Alice Longbottom caminando junto a una señora mayor. Hermione la reconoció enseguida, ya que había visto a la abuela de Neville junto con el ahí mismo en San Mungo, además que llevaba ese espantoso gorro que había aparecido en la cabeza del Bogggart del chico, transformado en Snape. La chica sonrió levemente al recordar esa graciosa imagen.

-Hola, Alice. Señora Longbottom- dijo Lily levantándose y estrechando la mano de la señora Longbottom.

-¿Cómo estás? Supe que estuviste enferma- dijo la señora arrugando un poco su nariz- eso no es bueno para el bebe.

-Me estoy cuidando, sólo fue… un mal cálculo de ambiente- dijo Lily sonriendo y mirando de reojo a Hermione- Cambio de temperatura de uno al otro. Usted sabe.

-Sí, sí. Atenta a esas jugadas- dijo moviendo su mano como advertencia- ¿y tú eres la persona que la cuida? Muy mal trabajo.

Le dijo a Hermione mirándola con recelo, asustando un poco a la chica.

-No es su culpa, Augusta- dijo Lily moviendo las manos para salvar a su amiga- Pero gracias por su preocupación. ¿Cómo les fue?

-Bien, Neville está en perfectas condiciones- dijo Alicia rebosante de alegría- Dijo que cerca de Julio podría nacer.

-Quizás sean fechas parecidas con el mío…- dijo Lily pero no pudo seguir gracias a un ruido sordo que se escuchó en el lugar.

Al parecer los gemelos Weasley habían corrido por todo el hospital sin ser atrapados por su hermano mayor, y lograron hacer explotar un carrito lleno de pociones que uno de los sanadores llevaba por el pasillo. Un humo negro amenazó con esparcirse por el lugar, pero el sanador que llevaba el carrito hizo un rápido movimiento de varita y logró contenerlo en una especie de burbuja que creó. Todos los que estaban en el lugar miraron a los gemelos Weasley y a Bill, quienes estaban como estatuas con grandes ojos saltones, asustados.

-¡FRED Y GEORGE WEASLEY! ¡VENGAN AQUÍ AHORA!- bramó la señora Weasley levantándose de su asiento con un aura que hizo temblar a todos los que estaban en el hospital.

Camino con paso fiero hacia los tres hermanos, y agarró a los gemelos de las orejas y sin dejar de gritarles los sacó hacia un patio interior que había en el lugar. Bill la siguió detrás, con la cabeza gacha y la cara roja de la vergüenza. Charlie iba con una sonrisa divertida en su rostro, de la mano con Percy, quien parecía muy molesto por el show que sus hermanos habían creado. Hermione, Lily, Alice y la señora Longbottom se quedaron observando la escena hasta que la señora Weasley salió del lugar, y Lily se largó a reír.

-Me agradan mucho esos niños- dijo aun riendo.

-Quiero verte el rostro el día en que tu hijo o hija hagan algo parecido- dijo la señora Longbottom mirándola con reproche.

-Mandaré a James a que lo castigue- dijo como si esa fuera la solución a todos sus problemas.

-¿Señora Potter?-

Lily se dio vuelta levantando la mano. El sanador la vio y le hizo una seña para que la siguiera por un pasillo.

-Es mi turno. Adiós y gracias- dijo con una gran sonrisa, y agarrando la mano de Hermione siguió al sanador.

-Espera, espera. ¿Por qué tengo que ir yo?- preguntó Hermione nerviosa, tratando de soltarse de Lily.

-Eres mi acompañante. No tienes opción- dijo con tono burlón.

-¡Claro que sí!-

-Claro que no-

-Por aquí por favor- dijo el sanador con cara de aburrido indicándoles una puerta para que entraran.

La habitación era pequeña y larga pero muy blanca e iluminada. Había una camilla al centro y dos sillas en la pared, además de un escritorio con muchos artefactos extraños. Un traga luz justo encima de la camilla hacía que la habitación fura muy brillante. El sanador le indicó a Lily si podía recostarse. Hermione se quedó de pie en un rincón, sin atreverse a sentarse.

-Entonces, señora Potter- dijo el Sanador sentándose en una silla justo al lado de la camilla e hizo aparecer un pergamino en el aire, y lo leyó- Cumplió dos meses de embarazo. Su última revisión fue hace más de un mes. Ahora procederé a examinarla.

Hizo desaparecer el pergamino y del escritorio sacó unos lentes grandes y negros. Del marco salieron unas lucecitas directo al vientre de Lily. Estuvo en silencio unos treinta segundos aproximadamente, en donde Lily lo observó notoriamente nerviosa, pero aparentando lo mejor que pudo.

-Señora Potter, todo se ve en orden. Su hijo está en perfecto estado- dijo el Sanador sacándose los lentes.

-¿Hijo?- preguntó Lily con los ojos como plato.

-Hijo, varón. Ya se puede ver en estos momentos. ¿Desea verlo?-

-Verlo… por-por supuesto-

El Sanador hizo un movimiento extraño con la varita y del tragaluz bajo una especie de seda casi transparente que colgó desde el techo hasta la camilla, cubriendo a Lily como si fueran cortinas de cama. La habitación oscureció cuando eso pasó y la tela brilló. Hermione sintió como si estuviera en el cine, ya que en la tela se formó una imagen bastante clara de un feto, el cual respiraba, se movía. Los ojos de la chica se llenaron de lágrimas por lo conmovida de la imagen. Harry Potter estaba ahí, vivo y en perfectas condiciones. Su corazón no podía estar más feliz.


Y eso ha sido.

Muchas gracias a la gente que lee este fin, y también por sus comentarios... y agradecería si comentaran más, me interesa saber lo que piensan sobre este fin.

Sin más rodes, nos leemos por ahí.

Saluh