Hello, Gente!

Debi subir un capitulo hace unos días atrás, pero en mi país se celebraron las Fiestas Patris... y estuve mucho con amigos y familiares celebrando, y se me fue el tiempo XD Perdón por mis ganas de comer y tomar, jeje.

Trato de ir subiendo un capitulo por mes, y a veces, cuando ando inspirada, subo dos por mes (Uno de ustedes me preguntó, bueno, aquí la respuestas.

Sin rellenar más, enjoy!


-¡Quiero que todos tengan esto muy claro! Ustedes ya no son magos ordinarios, de esos que pasan día a día temiendo al Innombrable y pensando que volverán a su casa y la encontrarán destruida. Ustedes YA NO SON magos ordinarios, de esos que viven con miedo de encontrarse a algún mortífago en la calle. Ustedes fueron privilegiados, elegidos, a ustedes le dieron el REGALO… de venir a este curso para conocer y prepararse para dejar de lado el MIEDO Y TERROR HACIA NUESTRO ENEMIGO…

Hermione se fregó los ojos, los sentía muy cansados. Había estado llorando toda la noche y apenas había dormida unas horas antes de salir al curso para Aurores. La conversación, o discusión que había tenido con Lily le había partido el corazón tan desastrosamente que mantenía un dolor constante en su pecho. El rostro de la pelirroja aparecía en su mente a cada segundo, tan cerca de ella, tan enojada… tan triste.

-Sólo estoy segura… que quiero que te quedes conmigo…-

El corazón de Hermione se contrajo de nuevo, y sus ojos amenazaron con volver a llorar de nuevo.

El rostro cansado de la chica no pasó desapercibidos para Lupin, quién la miraba de reojo. Ellos estaban de pie junto a unas quince personas hombro con hombro frente a una laguna gigante, donde había cuatro personas de pie, probablemente Aurores, ya que llevaban chaquetas negras y sus varitas en cinturones. No había nada más, sólo algunos árboles a lo lejos. El Sol recién se asomaba entre las montañas con la intención de salvarlos un poco del frío descomunal que había.

-¿Estás bien?- le susurró el hombre-lobo levantando una ceja. Era la quinta vez que le preguntaba lo mismo.

-Sí- repitió con pesar- Es sólo que… no pude dormir mucho anoche, y en el tren fue bastante difícil.

-Se movía mucho. Los trenes muggles necesitan mantención- dijo Sirius con el ceño fruncido mirando hacia adelante.

-Bueno, al final fue tu decisión venir. Tú no tienes de que quejarte- dijo Lupin sonriendo con burla.

-Fui casi obligado- alegó el azabache mirándolo con irritación.

Hermione suspiró agotada. No había podido dormir no por el movimiento del tren, el cual para ella era muy agradable, como una cuna, sino que gracias a los alegatos de Sirius quién dejó bien en claro desde que se encontraron en la estación de trenes hasta que descendieron unos metros lejos de donde estaban, que no quería ir a ese curso. Habían tomado un tren mandado por el Ministerio de Magia el cual salía de King Cross como cualquier otro tren muggle, pero se desviaba rápidamente tomando una vía invisible para ellos. Así no atraerían la atención de muggles, o mortífagos.

-¡USTEDES!

Los tres chicos saltaron en el lugar, asustados por la voz de un hombre gigante. Quizás no era tan grande como Hagrid, pero su aura era intimidante y su rostro muy duro y rudo. Además que la cantidad de músculos que marcaban su ropa lo hacía verse muy ancho. Andaba con un abrigo negro de cuero y usaba botas gigantes. Sus cejas estaban arrugadas y como estaban muy pobladas parecía que solo tuviera una. Era calvo. Se acercó a ellos con paso firme y abrió su boca.

-¿Acaso les di permiso para hablar?- dijo con tono amenazador.

-¿Tenemos que pedirle permiso?- preguntó Sirius arqueando una ceja. Su tono también fue amenazante.

-¡Aquí YO soy la autoridad!- dijo escupiéndole en la cara. Le sacaba fácilmente unos siete centímetros de altura- ¡ESTÁN AQUÍ para ser disciplinados! ¡Para ser MEJORES que los mortífagos, quienes se rigen solo por el miedo!

-¿Y esto no es lo mismo?- murmuró Hermione mirando hacia otro lado mientras Sirius se limpiaba el rostro.

Se pudo ver fuego salir de los ojos del hombre al mirar a la chica. Se acercó a ella y quedó a una mano de distancia. Se agachó sobre ella de forma intimidante, ya que la pasaba por casi quince centímetros. Hermione levantó una ceja, un poco nerviosa.

-Están aquí para saber la diferencia entre el miedo hacia mí, y el miedo hacia los mortífagos- habló a bajo volumen, pero perfectamente entendible por todos los presentes- y déjeme decirle señorita…

-Grint- murmuró Hermione.

-Señorita Grint, déjeme decirle que el miedo que increpare en este campamento no será comparable al miedo que difundirá un mortífago, o el mismo Innombrable- la miró con furia en sus ojos, y se separó rápidamente subiendo el volumen de su voz- ¡PARA ESO ESTÁN AQUÍ! ¡Para diferenciar lo que es miedo… y lo que es verdadero terror! ¡NOS VAMOS!

Se dio vuelta junto con los otros tres aurores, y levantó su varita, la cual parecía más grande que otras varitas. Murmuró una palabra y apuntó hacia el lago. De un segundo a otro, una línea de color azul se deslizó desde el borde del lago hacia su centro, dando la sensación de parecerse a un manto, y cuando la luz pasaba, las aguas se ponían rígidas. Al final, cuando la línea azulada desapareció, el lago parecía un espejo, confundiéndose con el cielo.

-Los cuarteles de los aurores están escondidos de los ojos de los muggle y de seres indeseados. Sólo los que trabajan aquí saben cómo llegar. Obviamente, hay otras formas de llegar como usando trasladores o polvos Flu (por chimeneas que solo están en el ministerio)

-¿Qué hacemos con nuestras cosas?- preguntó Sirius.

-Para eso están los elfos domésticos- respondió el hombre sin disminuir la velocidad de su paso- ¡Vamos, todos ADENTRO!

-Él no me cae bien- murmuró Hermione con el ceño fruncido, indignada al ver cómo iban apareciendo pequeños elfos domésticos alrededor de sus pertenencias e rápidamente desaparecían con ellas. El Horrocruxe, un colmillo de basilisco y su Giratiempo estaban en uno de sus bolsos bien guardado bajo varios hechizos. No desconfiaba de los elfos domésticos… pero no podía evitar sentir cierta intranquilidad al alejarse mucho de ellos.

-Me gustaría irme a duelo con el- dijo Sirius con una sonrisa burlona mientras comenzaba a caminar hacia dentro del lago junto con el resto- enseñarle lo que es el miedo de verdad…

-Trata de no meterte en problemas con el- dijo Lupin con calma- porque no creo que solo sepa usar magia.

-Esos son músculos de mentira. Podría darle una paliza sin siquiera sudar-

-Amigo mío. En eso debo discrepar contigo-

-¿No confías en mi destreza en pelea tipo muggle?-

-No confío en tu porte-

-Mis músculos están bien-

-Bien pequeños, amigo-

Hermione suspiró cansada. Ahora entendía como Harry se sentía cuando Ron y ella discutían. Tuvo dudas en si aguantaría seis meses en ese lugar con un hombre así de desagradable y con dos amigos discutiendo todo el tiempo… pero ya no tenía más opciones. Había decidido alejarse de Lily para no cometer el error que estuvo a punto de hacer sólo hace unas horas atrás. Su estómago salto y su corazón se sintió acongojado por ese recuerdo, nuevamente.

Lupin la detuvo antes que chocara con el hombre gigante. Se había detenido en la mitad del lago junto con los otros aurores. Miró a Hermione con desagrado, y se cruzó de hombros. La chica sintió como el suelo tembló, y al mirar hacia abajo se vio reflejada en el espejo. Sus ojeras eran gigantes y resaltaban más por la palidez de su rostro, pero a los segundos después, el reflejo desapareció al ser cubierto con agua. Dio un grito ahogado al ver como el agua los cubría a todos, sintiendo calidez mientras los envolvía. Pero extrañamente ninguno se estaba mojando. Era como si entraran en una piscina de seda.

Al ser cubiertos completamente, se dieron cuenta que no era el agua la que subía, sino que ellos habían descendido y estaban en una especie de burbuja dentro del lago increíblemente gigante, suficiente como para ocultar una isla debajo del agua. Mientras descendían, vieron una torre en la mitad de la isla justo debajo de ellos. Se podría decir que era casi tan grande como Hogwarts, pero también era una comparación exagerada (Hogwarts tenía muchas más torres). Alrededor de ella habían árboles, un prado bastante grande… y mucha gente.

Probablemente todos eran aurores y funcionarios del ministerio. Muchos en grupo caminando hacia la torre, o desapareciendo gracias a trasladores. Se podía ver a lo lejos luces, lo que significaba que había gente entrenando con varitas.

-Cuidado- dijo Lupin agachando la cabeza de Hermione.

La chica observó a su alrededor. Era como si estuvieran en un acuario, pero sin el vidrio que los separaba de los peses. Ellos nadaban libremente entrando y saliendo por la burbuja. Uno de ellos había pasado justo sobre la cabeza de la chica, juntándose con un banco de peces los cuales nadaron en dirección a la torre, pasando al lado de ella. Hermione sonrió, pensando que era algo digno de maravillarse.

-A veces el Ministerio tiene buenas ideas- dijo Sirius con una leve sonrisa, tratando de tocar una rana que nadaba hacia la superficie.

Descendieron justo frente a la torre, y el pedazo de espejo en el que estaban de pie desapareció, que era más grande de lo que se veía de lejos y dos personas los esperaban en la entrada. Una mujer de cuello largo y cabello negro azabache. Tenía unos ojos negros profundos, y un lunar gigante en su mejilla. El otro era un hombre más bajo que ella y regordete. Tenía un gran bigote debajo de su nariz. Los dos vestían igual que el hombre gigante.

-Ustedes tres, síganme- dijo la mujer refiriéndose a Hermione y dos chicas más- El resto sigan a Mikael.

Hermione se despidió de los chicos y siguió detrás de la mujer junto con las otras chicas. Rodearon la torre hasta encontrarse frente a una puerta metálica de color negro. La auror movió su varita para mover unos pececitos que nadaban cerca de un círculo dibujado en el centro de la puerta, y puso la punta de esta en el centro. Los bordes del círculo se iluminaron como si estuviera escaneándolo. La luz plateada brilló y la puerta se abrió hacia arriba, quedando enganchada en el techo y las mujeres entraron.

-¿Tanta seguridad para… un baño?- murmuró una de las chicas levantando una ceja.

-Un camarín, para ser más exactos- dijo la mujer entrando al lugar.

Era una sala espaciosa, o quizás daba esa sensación porque las paredes eran espejos. Había muchas velas alrededor, y gracias al reflejo se veía todo iluminado. Unos lavamanos, unas bancas para sentarse, unos estantes y al fondo unos compartimientos probablemente con duchas. También había una señora regordeta de unos 60 años en el centro del lugar con una sonrisa radiante, y con unas tijeras en la mano.

-Aquí están- dijo la aurora con autoridad- en el estante de allá encontrarán ropa para ustedes. Las vendré a buscar en media hora más, así que sean rápidas.

Y salió del lugar.

Las tres chicas se miraron unos segundos y luego miraron a la señora. Esta movió su mano e hizo aparecer una silla a su lado. Una silla de peluquería.

-Bien. ¿Quién quiere ir primero?- dijo con una voz amable, abriendo sus grandes ojos azules.

-Eh… ¿para qué?- preguntó la misma chica que había hablado hace unos minutos.

-Tenemos que cortar sus cabellos y arreglarlas antes de empezar este curso- era como si florcitas y pajaritos de primavera salieran de su voz por lo tierna que sonaba- es la forma de iniciación.

Hermione palideció. Era verdad que ahora tenía su cabello muy largo porque llevaba sin cortarlo casi un año, pero según lo que imaginaba que eso podía significar ahí… Se lo cortarían para quedar como cualquier militar muggle, y por las características de su cabello, terminaría teniendo un pequeño afro que crecería para todos lados menos hacía abajo.

-Es… ¿es necesario todo esto?- murmuró dando un paso hacia atrás.

-Muchas gracias por ofrecerse- dijo la señora moviendo su mano rápidamente.

Hermione sintió como si la agarraran del ombligo con una mano invisible y la arrastraran hacia la silla con poca delicadeza. La sentaron y entró en pánico al ver como una amarra se enredaba en su torso. Ya era imposible salir de ahí.

-¿Puedo clamar por piedad?- murmuró con un tono alarmantemente elevado, sudando frío al ver el brillo en las tijeras de la mujer.

-Sólo cuando haya terminado- dijo con una gran sonrisa.

Se demoró cinco minutos en cortar el cabello de Hermione. Lo hizo con tanta delicadeza y rapidez que si no hubiera sido por el dolor que sentía al ver cada mechón de su cabello caer inerte frente a ella hacia el piso, hubiera admirado su trabajo. Al levantarse de la silla se miró en la pared, o espejo del lugar y quiso llorar por la vergüenza e impotencia. Suspiró.

-No te ves mal, querida- le dijo la señora regalándole una gran sonrisa- por favor, ahora toma la ropa que está en esos estantes y ve a las duchas

Fue arrastrando los pies mientras la otra chica se sentaba en la silla. Se dio la ducha y se cambió de ropa, parecida a la que todos usaban ahí excepto por el abrigo largo, que se lo habían cambiado por una chaqueta negra que en el costado izquierdo tenía las iniciales de C.I.A, y se quedó esperando a que las otras dos chicas terminaran. Estaba muy deprimida por su cabello y sentía que quizás se había apresurado a tomar la decisión de ir a ese curso, el cual era bastante extremo ya. Pero en ese segundo se le vino a la mente el rostro de Lily, sus labios rosando los suyos. ¿Qué pensaría de su imagen ahora? No quería ni imaginarse su rostro al verla así, que vergüenza.

Suspiró agotada.

-Es lo mejor- murmuró con pesar rascando su nuca.

-No te deprimas, te ves bien- dijo una de las chicas, la misma que había hablado antes.

Tenía ojos café claro, casi color ámbar, y su cabello ahora muy corto, era liso y se levantaba como púas en su cabeza. Era más alta que Hermione y era muy delgada, como una libélula, y parecía mayor de lo que aparentaba. Le sonrió con amabilidad y entusiasmo y le tendió la mano.

-Soy Amelia Kowalski, mucho gusto-

-Emma Grint…- contestó tendiéndole la mano.

-Y ella es Tracey O´Brien. También le da gusto conocerte-

Hermione observó a la otra chica. Era de su porte, de tez muy morena y ojos saltones. Su pelo corto se veía muchísimo mejor que a las otras dos. Ella le sonrió y le tendió la mano, moviendo la otra en señal de saludar.

-Em… acaso…-

-No puede hablar- dijo Amelia posando su mano en la cabeza de Tracey- tuvo un encuentro con mortífagos hace unos años atrás y le arrancaron la lengua.

-Oh…- Hermione no sabía que decir. Se le veía muy feliz para explicar lo que le había pasado, quizás demasiado. Cambió de tema- em… ¿Y ustedes son amigas?

-Nos conocimos en la estación de tren- dijo Amelia levantándose de hombros.

-¿Y cómo sabes todo eso de ella?-

-Ah, es porque se algo de Legeremancia. Es natural en mi familia-

-Oh…-

Hermione se asustó y creo rápidamente una barrera en su mente. Era peligroso que alguien que ella no conocía supiera quién era y de donde venía. Podía estar en un curso de aurores pero era imposible saber si no tenía relación con Voldemort.

-Jajaja, tranquila. No ando leyendo la mente de la gente sin que me lo permitan- dijo divertida por la cara que puso Hermione- además, necesito mantener contacto visual mínimo cinco segundos para lograrlo. Mi padre era muggle, por lo que mis habilidades en Legeremancia no son muy buenas. Aunque se me es muy fácil ver el aura de las personas, por algún motivo.

-Entiendo- dijo ahora evitando mirarla a los ojos. Mejor prevenir que lamentar.

-¿Ya listas?-

-Sí- contestaron las dos. Tracy solo asintió nerviosa.

-Síganme-

Salieron de los vestidores y recorrieron el mismo camino anterior hacia las afueras de la torre. Ahí estaba el resto del grupo ya con sus atuendos de aurores. También a ellos les habían cortado el pelo y los habían afeitado. Había varios con cara molesta, entre ellos Sirius.

-Me tomo años tener el cabello como lo tenía- murmuraba con los brazos cruzados.

-Volverá a crecer, tranquilo- dijo Lupin con una sonrisa soñadora. Se veía bastante ordenado con el pelo más corto y afeitado completamente. Al parecer, eso lo hacía feliz.

-Buenos días- murmuró Hermione avergonzada al llegar al lado de los chicos.

-Buenos… uo- exclamó Sirius abriendo sus ojos, sorprendido- ¿Quién eres?

-Sirius- dijo Lupin mirándolo de reojo, reprochándolo.

-No es necesario ese comentario- murmuró Hermione poniéndose como un tomate- ya me siento bastante humillada con todo esto.

-Piensa que es como volver a empezar- dijo el castaño dándole una sonrisa y posando su mano en su hombro- He escuchado que los japoneses cortan sus cabellos en señal de querer un cambio, de querer empezar algo nuevo.

-Si… tómalo como eso…- dijo Sirius esbozando una sonrisa forzada y levantando los brazos en señal de darle ánimo- Además te ves más ruda, como nosotros-

Los dos lo miraron, ella avergonzada y el otro enojado.

-¡Ya que estamos todos, SIGANME!- gritó el auror gigante, y todos comenzaron a caminar detrás de él.

Llegaron al prado que estaba a unos metros de la torre y se pusieron en fila hombro con hombro. El Auror los miró de frente junto con los otros dos aurores.

-Mi nombre es George Miller, y seré quién les enseñe estos seis meses lo que necesitan para ser Aurores. No serán fáciles para ustedes. Sudarán, sangrarán, dormirán poco y quizás coman menos que en las casas con sus mamás. ¡USTEDES SE CONVERTIRAN en los Aurores que cambiarán la visión del ministerio! ¡USTEDES SERÁN QUIENES PELEEN CONTRA LOS MORTÍFAGOS! ¡USTEDES GANARÁN!

-¿Qué clase de charla motivacional es esta?- murmuró Sirius con horror.

-Una que no logra su cometido- murmuro Hermione con pesar, pasándose la mano por su cabello.

-Le pone empeño. Es lo importante- murmuró Lupin con una sonrisa tranquila.

El hombre frunció el ceño, juntando sus cejas en una perfecta línea negra. Levantó su brazo sosteniendo su varita al nivel del hombro poniéndose tieso. Los estudiantes lo observaron expectantes. Frunció el ceño juntando aún más sus cejas y tensando los músculos de su brazo de forma en que sus músculos se agrandaron un poco, dio un latigazo en el aire con fuerza hacia el lado, y se escuchó un chasquido. De su varita salió un rayo de color burdeo, creando la forma de una hoja de espada de casi un metro y medio y manteniéndose ahí, como si la varita fuera la empuñadura. Finas líneas rojas se enredaban en la varita y en la mano del hombre, juntándolas. Se escuchó un murmullo de exclamación y emoción por parte de los estudiantes, haciendo que Miller sonriera orgulloso.

-Este truco se llama Svero. ¿Cómo lograr esto? Tienen seis meses para descifrarlo. Así que… ¡USTEDES TRES!

Los chicos se quedaron estáticos mirando hacia adelante, mientras Miller se acercó a ellos. Nuevamente se puso frente a Hermione haciendo notar su diferencia de estatura. La chica tragó saliva, nerviosa mientras observaba de reojo el Svero el cual estaba muy cerca de su rostro.

-No han parado de cuchichear en todo este rato- murmuró con los ojos muy abiertos-¿Tienen algo que compartir al grupo?-

-Sólo… comentábamos…- comenzó a decir Hermione pero la voz de Miller explotó de su boca como un huracán sobre el rostro de la chica.

-¿COMENTAR? JAJAJAJAJAJAJA ¡AL FRENTE, ENANA!-

¿Acaso dijo…? pensó para sus adentro Hermione sintiendo como si un monstruo quisiera salir de su estómago. No le gustaba que le pusieran sobrenombres, y menos si lo hacían sonar tan despectivo. Dio unos pasos hacia adelante y se puso frente a sus compañeros.

-USTEDES PARA MI EN ESTE MOMENTO SON UN GRUPO DE ALMAS EN PENA, UN GRUPO DE DESGRACIADOS SIN FUTURO- dijo mientras avanzaba frente al grupo como un león acechando dentro de una jaula, blandiendo su espada roja - Y yo estoy aquí para cambiar eso. No me importa quienes sean y cuantos hechizos hayan aprendido en Hogwarts o en la escuela que hayan acudido. SI YO SOLO ESCUCHO QUE VINIERON A "COMENTAR" SIN APRENDER NADA, LOS HUNDIRÉ A PATADAS EN EL SUELO. ¿Quieres aprender cómo se hace esto? ENANA, EN GUARDIA.

De verdad lo dijo… una venita se pudo ver en la sien de Hermione. Bastante humillante era que le hubieran cortado el cabello para que más encima usaran su estatura como defecto. No era mucho más pequeña que el resto de chicas que conocía. Había escuchado que los muggle en la guardia militar eran así, que usaban los defectos de los soldados para molestarlos o amenazarlos, pero en el mundo mágico no pensó que fuera igual. Sacó su varita con su mano temblando por la rabia.

-Mi pregunta es- comenzó a decir Miller con un tono más bajo- ¿Te crees capaz de enfrentarte a un mortífago?

-Ya lo he hecho- murmuró la chica apretando sus dientes.

-¿Y alguno de aquí le cree?- preguntó al resto del grupo- ¡LEVANTEN LA MANO!

Sirius y Lupin levantaron rápidamente las manos, seguidos de Amelia y Tracey. El resto solo se quedó en silencio, y sólo dos personas más levantaron la mano de forma tímida. Un brillo pasó por los ojos de Miller y sonrió.

-¡Tú, el larguirucho de la esquina! ¡Ponte al frente de ella en guardia!

Un joven casi del mismo porte que Miller lo miró con los ojos grandes. Asintió y corrió para pararse frente a Hermione. Era delgado y rubio, y la chica tuvo la sensación de que era muy parecido a Draco Malfoy, algo que no ayudaba para nada en su estado de ánimo.

-No levantaste la mano. Entonces crees que ella nunca ha estado en algún duelo- dijo Miller con una semi sonrisa- ¿Crees poder derrotarla?

-Em… no lo sé- dijo con una voz ronca. No parecía tener más de 18 años.

-¡QUIERO QUE DEMUESTRES DECISIÓN, ANGUILA!

El chico asintió rápidamente y de forma exagerada.

-¿Todos los que no levantaron la mano piensan lo mismo?-

Varios asintieron, otros miraron hacia el suelo. Miller sonrió aún más y miró a Hermione de forma maliciosa, pero con un dejo de complicidad. La chica levanto una ceja.

-¡PREPARENSE!- gritó- A la cuenta de tres, desarmarán al otro. ¡UNO!

-Eh…- murmuró nervioso el rubio, sacando su varita.

-¡DOS!

-Disculpa sí…-

-Voy a pulverizarte- murmuró Hermione echando fuego por sus ojos.

-¡TRES!-

El chico salió disparado casi cinco metros hacia atrás en menos de un segundo. Hermione ni siquiera había pronunciado el hechizo que tan bien conocía, ya no necesitaba decirlo, sólo vasto un simple movimiento de varita. Todos se quedaron de piedra al ver como el chico volaba y caía pesadamente en el suelo. Hermione guardó su varita y sonrió, viendo como había tapado la boca de todos los presentes. Sirius sonreía de oreja a oreja y Lupin le hizo el signo de ok con una mano, felicitándola.

-Bien hecho, pequeña- dijo Miller poniéndose al lado de ella. Extrañamente, no parecía sorprendido- La verdad, era de esperarse. ¿Y SABEN PORQUE?

Hermione levantó una ceja mientras el resto negaba con la cabeza.

-Observen bien. Más allá de la figura flacucha y algo enfermiza de esta chica- el comentario hizo salir otra venita de la frente de Hermione- tiene una postura firma y segura. Su varita está raspada y se nota que la ha usado en lugares al aire libre. Además, tiene varias cicatrices en su rostro y en sus manos. ¿Qué significa? ¡Que ha estado en combate! ¡Si solo se preocupan por lo que ven a simple vista, los mortífagos fácilmente podrán engañarlos! Cualquiera puede ser su enemigo, y si no están alertas a estos detalles, PERDERÁN ¡OBERSVAR, ANALIZAR, Y DESPUÉS ATACAR!

Todos comenzaron a murmurar y algunos asentían. Hermione observó su varita. De verdad estaba muy gastada y un poco deforme al haber pegado por medio de magia uno de los trozos de la varita de Harry a la suya. Había pasado por mucho, y su varita y las cicatrices que tenía en su cuerpo la delataban. Quizás demasiado.

-Por eso mismo, no quiero que la gente siga "comentando" cosas aquí- dijo agachando su rostro lúgubre hacia Hermione- ¿Entendido?

-S-Sí…-

-Ahora, quiero que troten por media hora alrededor de esos árboles. Dejen sus varitas aquí, no quiero trucos baratos- dijo con una sonrisa sádica sacando su varita- Y el que se detiene, COMBATIRÁ CONMIGO, AL IGUAL DE EL QUE LLEGUE ÚLTIMO. Y si logro desarmarlo, no comerá durante toda una semana. ¡A MOVERSE!

Y así fue como comenzó su primer día en el Curso Intensivo de Aurores, C.I.A. El primero de seis meses. Para Hermione, en otro momento toda esa humillación y sacrificio no habría valido la pena y el saber que estaría muchas semanas más en lo mismo la hacía enfermar… hasta que volvía a pensar en Lily. Su corazón se contrajo y una lágrima amenazó con salir al ver su rostro en su mente.

-Al final, es mejor quedarme aquí- se repitió mientras trotaba alrededor del lago- Y así dentro de toda esta locura pueda olvidarla y así trabajar en la búsqueda de los Horrocruxes.

-No creo que puedas-

Casi se tropieza al escuchar esa voz tan cerca. Miró a su lado y vio a Amelia, sonriéndole de par en par. Ya llevaban siete minutos trotando y no parecía cansada, a diferencia de Hermione que ya estaba sudando.

-¡Dijiste que no podías leer la mente de la gente al menos que miraras a los ojos!- le gritó la castaña alterada mientras trataba de hacer una barrera mental. Cosa difícil ya que al estar trotando le quitaba la mayor parte de su concentración.

-No he leído tu mente, sólo veo tu aura- le dijo mientras miraba hacia el frente- Es algo que fui adquiriendo gracias a la Legeremancia, ya te dije. ¿Tú sabías que el aura de una persona enamorada se torna rosada? No es que esté así todo el tiempo, solo se vuelve rosada cuando esta con la persona, o piensa en ella… Como te pasa a ti.

El rostro de Hermione se puso como un tomate, y antes de gritarle que se alejara de ella chocó con una rama que la atacó de forma violenta… o que simplemente ella no la vio. Cayó de espaldas al suelo, viendo como el mundo le daba vueltas y sintiendo su nariz palpitar de dolor. ¿Cómo era posible que se pusiera nerviosa solo a la mención indirecta de Lily? Granger, te has vuelto una mujer muy débil.

-Lo siento, no quería sorprenderte tanto- le dijo Amelia preocupada tendiéndole la mano- mejor levántate rápido antes que Miller nos vea.

-No… no es tu culpa- dijo llevándose la mano a la nariz para aliviar un poco el dolor aunque sea de forma sicológica- yo ando muy torpe.

-¿Y quién es el culpable?- preguntó con entusiasmo volviendo a trotar.

-No la… no conoces a la persona- era mucho más difícil trotar con la nariz tapada.

-¿Acaso estás escapando?

Hermione miró hacia el frente y no contestó. El pesar de su corazón se hizo más grande y ni el viento le ayudo a sacarse el calor que estaba adquiriendo por trotar tanto. Estaba muy agobiada, cansada, avergonzada… y muy triste…

-No pensé que eras del tipo de personas que huye de esos problemas-

-Sólo… sólo trato de ordenar mis pensamientos. Ni siquiera sé si es amor…-

-Oh, lo sabes. Uno siempre sabe- Amelia le sonrió y sacó un pañuelo de su bolsillo- Si te autoexiliaste a este campamento demente por algo así, de seguro que es amor. Si no, ¿aguantarías?

Y siguió trotando dejando a una perpleja y confundida Hermione. La castaña miró hacia atrás, lugar donde se veía la figura de Miller, grande y atemorizante. ¿Aguantaría seis meses en un lugar así sólo porque no podía dejar fluir los sentimientos hacia Lily? Una gota de sudor cayó por su sien y sentía como su corazón bombeaba sangre sin parar.

Si iba a permanecer ahí durante tanto tiempo, por último que le ayudara a entender bien el por qué se había enamorado de la pelirroja… y a buscar una salida a esa situación. No quería hacerle daño a nadie, y menos a Lily ya que sabía que ella también estaba muy confundida, era cosa de recordar el día anterior, recordar ese abrazo, ese casi beso. Hermione cerró los ojos con fuerza y aumentó la velocidad.

Iría por partes: Primero, trataría de olvidarla. Si después de terminado ese curso no lo había logrado, pensaría en alguna otra posibilidad, pero de que iba a olvidarla, era un hecho. Ya estaba decidido. Por el bien de Harry y de Lily.


The end... of this chapter.

Por si acaso, Lily no nos abandonará por mucho tiempo... Doy el aviso nuevamente por si acaso (ella me cae bien, no la dejaría abandonada obviamente por eso)

Agradezco sus comentarios, sus follows y sus todos... y obviamente por darle un tiempo y oportunidad a este fic, que me agrada bastante hacia donde va (Se viene intenso, en serio) Así que eso, nuevamente:

MUCHAS GRACIAS A TODOS ^^