Hello, aquí otro capitulo.

Espero que lesguste.

Yey.


Hermione Granger nunca había movido su cuerpo tanto como esas semanas en el Curso Intensivo de Aurores. Ni siquiera cuando escapaban de los mortífagos junto a Harry y Ron había usado tanto sus piernas. Trotaban mínimo treinta minutos todos los días (sin mencionar que se levantaban justo cuando el gallo cantaba) en la mañana y en la tarde, luego hacían ejercicios físicos de defensa o hacían rutinas de pasar obstáculos sin magia porque, según Miller, un Auror debía ser ágil con su cuerpo aunque no tuviera su varita. Luego de eso apenas tenían cuarenta y cinco minutos para almorzar y de ahí a ver hechizos. Terminaban todo cerca de las 10 de la noche. Tenían un día libre al mes.

En la sección de hechizos, probaban ataque y defensa contra maleficios de magia oscura, y a veces lo hacían sin varita para probar la rapidez física (cosa que Hermione encontró muy barbárico). Eso costó a más de alguno el pasar toda la noche en la enfermería por alguna herida grave o simplemente perder alguna parte del cuerpo. Tracey perdió su dedo índice, un chico alto y con cara de caballo llamado Bilius se dobló la pierna en 360 grados y Sirius se incendió la cabeza en un enfrentamiento con Hermione. La chica se estuvo disculpando con él por una semana completa.

Aparte de eso, veían pociones curativas, pociones venenosas, incluso pociones que servían de ataque contra el enemigo. En una clase, el mismo chico Billius formó un monstruo de gelatina morada de unos tres metros de alto. Estuvieron batallando contra él casi todo el día, ya que al ser de gelatina, los ataques lo traspasaban sin hacerle daño. Lupin y otro tres chicos casi mueren ahogados al ser tragados por el monstruo.

También aprendieron señas para comunicarse con algunos animales, encantamiento Patronus, y estrategias de combate cuerpo a cuerpo y de supervivencia.

Poco a poco los integrantes del curso iban mostrando sus habilidades y especificándose en ciertas áreas. Sirius era un líder innato, y siempre que hacían carreras de obstáculos en grupo, los lideraba a una victoria segura. Lupin era muy bueno en encantamientos y muy rápido en defensa, además de tener muy buena puntería. Amelia y Tracey, quienes se habían vuelto casi inseparables, hacían un muy buen equipo juntas y eran casi invencibles. Tracey, al no poder hablar, lanzaba hechizos de ataque sin que el contrincante supiera cual, y Amelia la defendía y cuidaba su espalda de forma perfecta.

Hermione, para variar, era buena en todo y se había destacado por sobre sus compañeros sobre todo en hechizos de desarme no hablados y en conjuros de fuego. Ahora no solo lanzaba llamas con su varita, sino que manejaba el fuego a su antojo incluso lanzando bolas de fuego con sus dos manos. Era tanta su destreza con este elemento que comenzaron a decirle Salamandra Grint ya que envolvía sus manos en el fuego sin quemarse. Por supuesto, la chica no se sintió para nada alagada con ese sobrenombre.

En resumen, habían aprendido más durante un mes en ese Curso que en un año de Hogwarts, y ese era uno de los motivos por los que Hermione no podía quejarse, o no debía. Además de él porque fue a ese Curso Intensivo de Aurores: olvidarse de Lily. La castaña siempre sentía una punzada en su pecho al recordarla y sentir sus labios tan cerca de los suyos… una punzada de ansiedad y culpa. Por eso mismo, ponía mucho más entusiasmo en su entrenamiento que varios de los integrantes del C.I.A.

El lugar era una torre de unos cincuenta metros de alto, muy ancha. Tenía millones de ventanas, y para qué decir de puertas. Por dentro parecía ser aún más amplia porque había muchos más pasadizos, pasillos anchos y largos, y oficinas escondidas detrás de dos o tres puertas o paredes. Era un verdadero laberinto.

Siempre había mucha gente dentro de ella, la mayoría vestidos como Aurores, con prendas negras, botas y chaquetas largas. Algunos llevaban sombreros negros que cubrían parte de sus rostros. Era muy difícil encontrar a alguien con rostro amable o que contestara a las preguntas sin rugir enojado. Parecía que había una mezcla entre Aurores del ministerio, Aurores que habían ido al Curso y funcionarios del ministerio, y quizás, no se llevaban muy bien entre ellos.

Todo estaba cubierto por un ambiente tenso y los nuevos integrantes del Curso Intensivo de Aurores se sentían como ratas en un lugar en el que no los deseaban. Para Hermione hubiera sido mucho más difícil durar seis meses completos sobre todo por el hecho de que se estaba obligando a estar ahí, hasta que uno de los profesores, Mikael, el hombre del bigote que los había estado esperando el primer día, les dio su primera tarea, y para eso les mencionó que tenían la biblioteca para buscar sus respuestas. Los ojos de la castaña se abrieron brillantes y emocionados al escuchar esa información, y fue la primera en correr en busca de ese oasis para su mente. Por supuesto, no era una biblioteca comparada a la de Hogwarts, pero era suficiente como para hacer sentir a Hermione en un lugar cómodo y feliz.

Como les habían dicho que podían ocuparla a cualquier hora en la que no tuvieran entrenamiento o clases, la chica se iba a esconder a ese lugar, aprovechando de hacer las tareas que le pedían, o simplemente pasar un rato tranquilo leyendo algún libro. Extrañaba tanto un lugar así y se sentía tan a gusto, que todo lo que hacían en los entrenamientos con Miller sólo era un pequeño zumbido en el oído.

-¿Cómo es que puedes ser tan feliz en la biblioteca?- le preguntó Amelia con cara de aburrida mientras ojeaba un libro sin leerlo de verdad.

-Me gusta leer- murmuró la castaña mientras repasaba los ingredientes del Veritaserum. No es que no se acordara, sólo le gustaba volver a leerlos de vez en cuando.

Además, el estar en la biblioteca y el tener que estudiar le ayudaba a no pensar tanto en Lily Potter, en Voldemort y los Horrocruxes. Era su momento de relajo después de más de un año.

-Bueno, cada persona es diferente- dijo la chica delgada observando a Hermione con curiosidad- Oye, tengo una pregunta.

-¿Dime?-

-¿Cómo es que eres tan buena en todo lo que nos pide Miller?-

-Estudio-

-No, no. El primer día desarmaste a Davies sin siquiera murmurar el hechizo- dijo la chica dejando el libro de lado y echándose hacia adelante para ver mejor a Hermione- Para eso no necesitas mucho estudio, sólo… experiencia.

-¿Estás tratando de leer mi mente?- preguntó Hermione levantando una ceja al ver como Amelia la miraba detenidamente a los ojos.

-Noooo…- mintió la chica casi sobre la mesa sin siquiera parpadear.

-Pues no lo lograrás. He estado practicando algo de Oclumancia- dijo Hermione volviendo al libro

-¡¿Y en qué momento?!- Amelia estaba tan sorprendida que rompió contacto visual.

-Siempre hay momentos para estudiar, si es que quieres- dijo sin prestarle mucha atención.

-¡Arsh! Eres increíble, Emma- exclamó con frustración volviendo a sentarse y agarrando el libro- y un misterio… Eso me intriga aún más.

-Hay gente más interesante que yo-

-¿Cómo Sirius Black?-

-Cómo Sirius Black-

-Ah… ¿entonces ya sabes que le gustas?

-Ya lo… espera, ¿qué?- eso tomo completamente desprevenida a la castaña, haciendo que levantara la vista.

-Ja ja ja. Emma, que torpe eres. Hasta la señorita Grace se dio cuenta- dijo refiriéndose a la profesora que los había estado esperando junto a Miller y Mikael- Por algo los puso juntos en los ejercicios de esta semana. Y se supone que ella es demasiado seria como para interesarse en esos asuntos.

-No le gusto a Sirius…- murmuró Hermione un poco incómoda- Él… no, no le gusto.

-Claro. Cómo digas-

¿Gustarle al padrino de su mejor amigo? ¿Al hombre que salvó en tercero y que conocía bastante bien como un adulto? ¿El cuál había pensado que era suficientemente maduro y responsable pero que había demostrado todo lo contrario en Grimmauld Place? Bueno, ahora tenían casi la misma edad… Y demostraba aún más ser muy inmaduro, siendo una situación muy incómoda y ya era suficiente con lo que le estaba pasando con Lily. Nunca había considerado a Sirius de una forma romántica, menos sabiendo como era… Hizo una mueca de asco sin querer al recordarlo cuando estaba en Grimmauld Place, y se estremeció. Definitivamente no era su tipo.

-Entonces, ¿me vas a contar tu historia?- le preguntó mientras se echaba sobre el libro con sus manos debajo de su rostro sin dejar de observarla- Llevamos más de un mes aquí y no sé nada de ti salvo que eres un ratón de biblioteca y amas las naranjas. Quizás puedas confiar un poco en tus compañeras de cuarto por último.

-¿Toda esta conversación fue para sacarme información?

-Por supuesto-

Hermione la observó de nuevo. Tenía dudas de si contarle algo, aunque ya le tenía bastante confianza, y también a Tracey por ser las únicas mujeres del Curso y por todo lo que habían vivido esos meses. No eran malas chicas la verdad, pero hace mucho tiempo que dejó de confiar en la gente que no conocía. La verdad es que nunca fue muy buena en confiar en la gente o en contar cosas personales. Con Harry y Ron tuvo que pasar un tiempo para que tomara confianza… aunque con Lily fue un poco diferente.

-Y ahí está de nuevo- murmuró Amelia con una sonrisa burlona

-¿Qué… que cosa?-

-Rosada. Tu aura está rosada de nuevo- dijo arrastrándose por la mesa sin cambiar su rostro picaron- Vamos, Emma. ¿En quién piensas?

Pero un libro la golpeó en la cabeza. Tracey había llegado y le había lanzado un libro bastante grueso para que dejara de molestar a la castaña.

-¡Oye!- exclamó Amelia enojada, levantándose con brusquedad.

Tracey hizo la señal de no hacer ruido y se cruzó de brazos, con el ceño fruncido. Amelia la observó unos segundos y luego suspiró frustrada.

-Lo siento. Son cosas personales, está bien si no quieres contarnos- dijo la ojiambar mientras se sentaba pesadamente- es sólo que soy muy curiosa.

Hermione sonrió agradecida a Tracey, y le sonrió aún más ampliamente a Amelia. No eran malas chicas… quizás alguna día tendría la confianza completa para hablar de esas cosas con ella.

-Será un premio si paras de tratar de leer mi mente sin permiso- dijo cerrando el libro- Ya es hora de ir a una nueva clase.

-Estás empeñada en crear un Svero- dijo Amelia mientras se levantaba y guardaba los libros que tenía frente.

-Estoy a punto de lograrlo- dijo Hermione con decisión. Sus ojos brillaban por el desafío- Que no haya dado ninguna clase o pista de cómo hacerlo lo hace aún más emocionante. He leído sobre cosas parecidas, pero en ninguna parte aparece la palabra Svero. Es fascinante eso sí, que hayan creado un hechizo, hay que ser muy inteligente y tener un gran poder para hacer algo así. Cada vez me impresionan más…

-Eres toda una nerd, Salamandra- murmuró Amelia mientras Tracey sonreía divertida.

-Me gusta aprender cosas nuevas- dijo lanzando un bufido, ofendida.

- 0 -

Pasaron los días y meses. No hubo mucho cambio en la rutina de los integrantes del C.I.A, pero cada vez les costaba menos hacer los ejercicios y respondían mejor a los ataques y defensas, sobre todo de otros aurores más experimentados que llevaban para ayudarlos a entrenar. La verdad, el grupo había avanzado bastante rápido en comparación a otros grupos, como lo hizo recalcar Miller sobre todo las últimas semanas.

Hermione salió de la ducha un día sintiéndose renovada. Después de haber pasado un año entero sin bañarse decentemente, había adquirido el cariño y necesidad de una buena y larga ducha todos los días. Disfrutaba cada segundo bajo el agua de la regadera, y se tomaba siempre más del tiempo que necesitaba cuando podía. Comenzó a vestirse con tranquilidad mientras tarareaba una canción en su cabeza. Se detuvo un segundo al mirarse en el espejo para observar el cambio físico que había tenido después de cuatro meses de entrenamiento intenso. Su abdomen estaba más plano, sus brazos más formados y firmes al igual que sus piernas, incluso le había crecido un poco el trasero, lo que le daba mucha risa y también gran felicidad. Se puso su chaqueta de cuero, y antes de abotonársela, vio la cicatriz que Bellatrix Lestrange le había dejado en la mansión Malfoy. Sonrió con melancolía y tristeza, porque esa cicatriz no le recordaba solo a la mortífaga, sino que también a Harry y a Ron y lo que había vivido con ellos. Dio un suspiró, se puso sus botas y salió del camarín.

Se podía ver a través del agua del lago en donde estaban sumergidos que el Sol brillaba con intensidad. Hermione siguió tarareando mientras caminaba por el prado observando unos pececitos nadar frente a ella, y juguetonamente movió su mano entre ellos…hasta que una luz captó su atención. Miró hacia el lado, y se detuvo en seco. Entre medio de uso árboles que estaban más apartados de la Torre se podía ver una figura blanca moviéndose entre ellos. Hermione se quedó de pie unos segundos, y mirando para todos lados verificando que no había nadie cerca que pudiera verla, caminó hacia ella.

Era la luz característica de un Patronus, lo cual sorprendió a la chica. No los dejaban hacer conjuros fuera de las horas permitidas, ya habían recibido castigos bastante severos al ser atrapados practicando a media noche. Hermione, Sirius, Davies, Amelia y Tracey tuvieron que lavar la loza de todos los que comían en ese lugar por una semana, y sin magia. Sentía que el olor a ese jabón se le impregnó en la piel.

Caminó con sigilo, sintiendo la calidez que emanaba del Patronus, hasta que al estar a unos tres metros de él, este se quedó quieto y la observó. Era una nutria, aunque mucho más grande que la que ella hacía pero con una figura más estilizada y quizás, más elegante. Sus vigotes eran muchos más largos y se movían con gracia. Hermione la observó, un poco embobada por la apariencia del Patronus mientras su corazón comenzaba a latir más rápido. La sensación que le entregaba era muy conocida… demasiado conocida.

-El otro día estuve haciendo ejercicios con mi varita para olvidar un poco la pesadez del embarazo e hice un Patronus, y esta fue mi sorpresa-

La sangre de Hermione se heló al escuchar la voz de Lily salir de la nutria.

-Menos mal que James no estaba, sino me habría preguntado por qué había cambiado. No necesito explicarte nada a ti, sólo quería que lo vieras. Por lo mismo, quiero hablar contigo cuando vuelvas… Necesito que vuelvas pronto.

EL Patronus se retorció en el aire y se dirigió a Hermione, volando juguetonamente alrededor de ella. La chica lo miró con la boca semi abierta hasta que tuvieron sus rostros frente a frente. La nutria posó su nariz en la de Hermione y al segundo después desapareció, dejando a la chica aún con la boca abierta y los ojos abiertos de par en par. Se llevó una mano a su pecho, el cual le dolía por el palpitar tan fuerte de su corazón. Miró hacia todos lados nuevamente, respirando hondo.

-Lily…-

Todos esos meses tratando de olvidar a la pelirroja, y ella decide mandarle un mensaje así, mostrando su Patronus. Ella sabía gracias a Harry que el Patronus de Lily Potter era un ciervo grande y elegante… no una nutria. Ella tenía una nutria, se la había mostrado cuando fueron a la casa de los Gaunt. ¿Por qué cambió? ¿Por qué le mostraba eso ahora? ¿Por qué quería hablar con ella?

-¿Acaso… admites que…?-

Una sonrisa que no pudo contener pasó por el rostro de Hermione. Se llevó la mano a su cabello, ahora más largo y con mejor forma después de que se lo cortaran, y miro hacia arriba. Ella sabía lo que significaba que alguien cambiara la forma del Patronus. Era algo involuntario, pero de alguna forma común en la gente que está enamorada… Severus Snape era un ejemplo, por lo que Harry le contó antes de morir.

-¿Y ahora qué hago yo con todo este tiempo desperdiciado?- murmuró la chica, con una pequeña lágrima deslizándose por su mejilla- vine aquí para olvidarte, y ahora solo con un pequeño mensaje, todo mi esfuerzo se cayó en pedazos.

-¡Grint!

La chica se secó rápidamente el rostro y se volteó para ver como Amelia y Tracey corrían en su encuentro. Respiró hondo para concentrarse y caminó hacia ellas.

-Hubo un cambio de planes- dijo la chica. Estaba pálida y se veía cierto temor en sus ojos- Con respecto a nuestra salida, cambiaron nuestros objetivos.

-¿Cómo dices?-

-Crouch vino hecho una furia. Al parecer alguien traicionó al Wizengamot y ahora los Guerreros Rojos tomaron a la mitad de ellos como rehenes.

-Oh… eso si requiere un cambio de planes-

Lo que pasa es que ese día, los integrantes del C.I.A iban a salir después de cuatro meses para ser parte de la guardia especial del Wizengamot, quienes tenían una reunión importante con los Guerreros Rojos, unas criaturas que vivían escondidas en las montañas y que eran fieros guerreros y muy peligrosos. El objetivo era crear una alianza en contra de Voldemort y los mortífagos, o cualquier otro peligro que los amenazara… pero al parecer, no funcionó.

Las tres chicas corrieron al frente de la Torre, donde ya estaba la mayoría del grupo del C.I.A y otros aurores y miembros del ministerio, entre ellos Barty Crouch. Estaba casi igual a como Hermione lo había visto en el Torneo de los Tres Magos, sólo tenía menos canas. La señorita Grace y Miller hablaban acaloradamente con él y otros dos miembros del ministerio. Era difícil saber quién estaba más enojado.

-No pueden llevar a este grupo. Aún no están listos- dijo uno de los magos. Era alto y tenía un bigote que parecía un peluche negro pegado a su nariz- Serán más un estorbo que otra cosa. Ya han llamado a refuerzos, entre ellos amigos de Dumbledore…

-Este grupo está perfectamente calificado para ir a la batalla- dijo Miller con el ceño fruncido. Sus músculos se movían a pulso mientras hablaba- además, le doy por firmado que este grupo podría darle una paliza a sus aurores, todo gracias a la educación que reciben de nosotros, a diferencia de la que hacen ustedes…

-¡¿Qué dijiste?!

-Necesitamos la mayor cantidad de ayuda posible- dijo Crouch poniéndose entre los dos, evitando un posible desastre- Los otros dos grupos de C.I.A ya están allá, pero necesitamos que estos vayan también para apoyar. El Wizengamot es prioridad nacional.

-¡Será peligroso para todos! Apenas manejan el Svero. Es muy pronto para que estén en batalla- dijo el otro hombre, mucho más pequeño que el que tenía a su lado.

-¡Con mayor razón!-exclamó Crouch levantando su mano derecha- Uno de los pocos hechizos que hace daño a los Guerreros Rojos es el Svero. Por ende, mientras más gente sepa usarlo, mejor.

-Si los mandan ahora, serán cuatro meses desperdiciados- dijo el hombre del bigote con un rostro fiero- Además, no creo que quieran ir a mitad de su entrenamiento.

-Como dije, el Wizengamot es prioridad nacional. Aquí nadie tiene permiso para elegir. Es una orden de arriba, y aquí no hay nadie que tenga derechos a ir en contra- Crouch bajo el tono de su voz a uno más severo y se paró justo frente al hombre, seguido de los otros dos aurores, quienes parecían guardaespaldas. Aunque era más bajo que el, no se veía más pequeño, y logró intimidar al mago- Lo que ocurra con ellos es prioridad del ministerio… Cuando todo esto pase, sustituiremos las perdidas y deudas que dejen.

Hubo otro silencio. Los integrantes del C.I.A observaban la escena con ojos grandes, un poco nerviosos y confusos. Se podía sentir la tensión en el ambiente y el miedo que salía de los dos miembros del ministerio. La señorita Grace se dio vuelta y coloco tres objetos en el suelo. Uno era una piedra, otro una bota negra y rota, y el último un casco parecido a lo que ocupaban los guerreros medievales.

-Trasladores. Tienen un minuto antes de que partamos- dijo la mujer arreglándose la coleta- No era nuestra intención que entraran en combate tan pronto, pero han demostrado que son muy hábiles y capaces de mucha cosas. Por ende confiamos en ustedes, tanto Mikael como yo y Miller. Demuestren que no estamos equivocados.

Observó de reojo a los dos magos que enfrentaron a Coruch con mirada acusadora, y se agachó y tocó un traslador. Los diecisiete alumnos del C.I.A imitaron a su entrenadora rápidamente. Hermione observó a su alrededor, y aunque estaba bastante intranquila al saber que irían a enfrentar a un pueblo poderoso, no estaba aterrada a diferencia de varios de los que estaban ahí. Quizás era porque ya sabía lo que una batalla a muerte significaba. Además, aún tenía la voz de Lily en su cabeza y resonaba cada palabra como un testamento. Sonrió de nuevo, ahora completamente decidida a lo que haría después de esa batalla.

-¿Por qué sonríes?- le preguntó Lupin, quién aunque estaba tranquilo, había palidecido un poco más.

-Estuve peleando contra mí misma por todo este tiempo, y perdí- murmuró la chica, agrandando su sonrisa- por eso, esta batalla será para redimirme.

-¿Lo dices para no perder?-

-Lo digo porque tengo que volver después de esto. Me lo pidieron-

Sintieron como un hilo los piñizcaba desde el ombligo y los atraía hacia el traslador, transportándose. Apenas aterrizaron, sus oídos se llenaron de gritos y sus ojos se iluminaron por el sin fin de colores en el lugar. Estaban justo detrás de un grupo bastante grande de magos lanzando millones de hechizos hacia adelante, lugar donde se encontraba un grupo igual de grande, quienes lanzaban flechas y lanzas. Trataban de avanzar, pero les era imposible gracias a la cantidad de ataques que recibían. Solo unos metros de espacio los separaban de sus contrincantes.

Cualquier persona diría que era una batalla medieval. Había mucho polvo en el ambiente y un olor parecido a goma quemada se esparcía por el aire. Una montaña corrugada y puntiaguda se alzaba varios metros delante de ellos, lugar que protegía el grupo que enfrentaba los aurores, y en la cima se podía ver humo, como si fuera un volcán. A veces caían pequeñas rocas por los bordes, y en sus cimientos se había construido una puerta gigante de color rojo furioso de unos cinco metros de alto, y a cada lado de ella había dos estatuas de guerreros con hachas. Sus ojos estaban tapados por cascos, lo que hizo recordarle a Hermione fotos de vikingos que había visto en libros muggles. El viento helado que se sentía le dio escalofríos, pero no tanto como los gritos de la batalla.

-¡El primer objetivo es derrotar a los Guerreros que están custodiando la puerta!- gritó Miller con su vozarrón haciéndose escuchar por el ruido del lugar- ¡Segundo objetivo es derribar la Piedra Sacred que controla la magia de las armas de los Guerreros y así sacar a los miembros del Wizengamot! ¡Hay otro grupo más grande atacando al oro lado de la montaña, si podemos entrar por aquí, lo demás aurores también vendrán hacia aquí! ¡Así que los necesito al frente! ¡Cuidado con sus armas, recuerden que la magia no les hace efecto al igual que sus armaduras! ¡Tienen un grupo de arqueros, cuidado con ellos!

-Carne de cañón- dijo Lupin observando el campo de batalla. Si se ponían por delante de los magos serían blanco fácil- quieren usarnos para que los Guerreros nos ataquen a nosotros, y así los aurores poder avanzar.

-Así es. PERO DEMUESTREN A LOS ESTÚPIDOS DEL MINSTERIO QUIENES SON… y quienes los entrenaron.

-Esto será emocionante- dijo Sirius esbozando una sonrisa, y haciendo crujir sus nudillos.

-¿Alguna estrategia?- preguntó Donovan haciendo lo mismo, con ojos saltones. Era del mismo porte que Sirius, con el mismo color de cabello y mismo color de ojos. Solo se diferenciaban por las pecas que tenía- cómo para no morir tan pronto.

-Ataque rápido. Emma será el escudo- dijo Sirius con rapidez- hagamos que estos desgraciados sientan vergüenza de sus habilidades al observar como peleamos ¡Así que no quiero que nadie muera! ¡Callemos la bocota de esos imbéciles del ministerio!-

Todos asintieron, sacando sus varitas emocionados. Hermione se adelantó unos pasos esperando el mejor momento de moverse. Su corazón latía a mil, pero no por miedo. Estaba emocionada y ansiosa. Observó a su enemigo, quienes estaban escondidos entre las rocas. Parecían vikingos, con barbas largas de color rojo y armaduras rusticas y pesadas. Portaban espadas y hachas largas con una hoja color negro. Sus ojos rojos se veían en medio de su bello facial y sus cascos brillaban con un color rojo furioso.

Sería difícil, pero si lograban hacer ataques rápidos probablemente los derrotarían sin problemas. Hermione comenzó a sudar, pero estaba quieta, escuchando todo, viendo todo. De repente se le cruzaban imágenes de Hogwarts en su mente, pero ya estaba acostumbrada a ellas. Esto no podía compararse a esa batalla, así que estaría bien. Suspiró hondo y cerró los ojos.

-Necesito que vuelvas pronto-

-No te imaginas las ganas que tengo de hacer eso- murmuró y sonrió- Hora de moverse.

Se agachó y corrió a una gran velocidad entre los magos hasta aparecer justo enfrente de ellos, asombrando a lo aurores que dejó atrás. Se paró derecha e hizo un movimiento en diagonal con la varita y de ella salió una flama gigante que se transformó en una pared de fuego. Todos los magos quedaron atónitos al ver esa muralla formarse tan rápido, pero más asombrados quedaron cuando vieron que las llamas salían no solo de la varita de Hermione, sino que de todo su cuerpo, envolviéndola como un manto rojo.

-¡Posición, ahora!- gritó Sirius ya detrás de Hermione.

Los integrantes de la C.I.A se colocaron en fila frente a la pared de fuego, todos con el Svero saliendo de sus varitas. Los magos detrás de ellos los observaron extrañados y sorprendidos al ver como ninguno de ellos se inmutaba por la intensidad del fuego, a diferencia de ellos que sentían el candente aire caliente.

-¡Emma está on fire!- gritó Amelia con una sonrisa de oreja a oreja.

-¡Al parecer le dijeron que sí a la Salamandra!- gritó otro de sus compañeros con burla.

-¡Imagina la suerte de ese hombre!

-¡Ya cállense y adelante!

Hermione comenzó a avanzar y el resto de su grupo la siguió. Los Guerreros Rojos, quienes se habían quedado con la boca abierta, comenzaron a atacar nuevamente. Lanzaban flechas y hachas a la pared, pero gracias al intenso fuego se quemaban y caían hecha cenizas al otro lado. Hermione movió su mano hacia arriba, dando una señal.

-¡Ataques rápidos y certeros!- gritó Sirius.

Todos asintieron y la chica bajo su mano, haciendo espacios entre el fuego para que los integrantes del C.I.A pasaran por la pared sin quemarse. Atacaron rápidamente sin dar tiempo a los Guerreros Rojos a reaccionar y protegerse, bajando uno a cada uno con golpes certeros con sus Sveros, y luego retrocedieron hacia la pared, cubriéndose por el fuego que Hermione volvió a colocar en posición. Los Guerreros volvieron a atacar, pero la pared volvió a evitar que sus flechas y hachas llegaran a los magos.

-¡De nuevo!-

Repitieron el ataque, bajando a otros 10 Guerreros Rojos. Comenzaban a sudar por el fuego tan cercano a ellos, pero no mostraban debilidad o el querer echarse atrás. Faltaba menos de la mitad de los Guerreros para tener el camino libre hacia el interior de la montaña, cuando ellos comenzaron a mover sus armas en el aire, haciéndolas chocar unas entre otras. Hermione se quedó con la mano en el aire dispuesta a bajarla por tercera vez para generar posibilidad de ataque, hasta que sintió un temblor en la planta de sus pies. Levantó una ceja y miró a Sirius, quién había bajado su cabeza mirando el suelo. Unas pequeñas piedrecitas temblaban alrededor de sus pies.

-Algo grande se acerca- dijo Lupin, quién estaba al otro lado de Hermione- no tiene buena pinta.

-Prepárense- dijo Sirius levantando su varita, ahora sin el Svero.

Los Guerreros no paraban de hacer chocar sus armas de hoja negra, alterando a los chicos del C.I.A y a los aurores que quedaron atrás. Era aterrador escuchar esas hojas chocar mientras el temblor aumentaba y aumentaba… hasta que un rugido estremecedor llegó a los oídos de todos los magos. De la punta de la montaña salió una figura gigante de color verde esmeralda, y salió disparada hacia abajo, lanzando fuego por todos lados.

-¡DRAGÓN!- gritó uno de los aurores echándose hacia atrás con cara de pánico.

-¡TODOS ATRÁS!- gritó Hermione concentrando el fuego y creando un escudo de unos dos metros.

El fuego chocó contra su escudo de fuego mientras el dragón volaba, y el choque fue tan fuerte que arrastró a Hermione varios metros hacia atrás entre rocas. La chica, apretando los dientes y muy tensa por el esfuerzo y el dolor de recibir algunas rocas en sus piernas, aumentó el fuego, sacándolo de su cuerpo y concentrándolo todo en el escudo, haciendo que poco a poco el dragón dejara de avanzar y se mantuviera en el aire.

-¡EMMA!- gritó Amelia.

-¡No bajen la guardia!- gritó Sirius creando su Svero y salvando a la chica de ser cortada en dos por una de las armas de un Guerrero Rojo. No medía más de metro y medio.

Hermione mantuvo su escudo de fuego, logrando que por fin el dragón dejara de avanzar y clavara sus garras en el suelo. Dejó de lanzar fuego y estiró sus alas con la intención de atacar con ellas y volver a volar. La chica no espero ni un segundo para deshacer su hechizo de fuego y crear su Svero en forma de látigo y se lo lanzó al cuello del dragón, haciendo que este rugiera por el dolor. Con una fuerza que antes del entrenamiento no poseía, Hermione tensó sus brazos y con un grito de guerra lanzó al dragón hacia el suelo. Este casi ensarta su cabeza en la tierra, dándole a Hermione la posibilidad de lanzarse sobre él. Incrustó la punta de su varita entre las escamas del cuello del dragón y gritó.

-Reducto!

El cuello del animal se hinchó, y a los segundos explotó, lanzando las escamas manchadas en sangre por todos lados. El cuerpo inerte del dragón cayó al suelo, lanzando polvo por todos lados. Hermione suspiró y se enderezó, limpiándose el rostro de sudor y sangre de dragón, pero se percató de una mirada extraña. Un auror la observaban con admiración y asombro gracias a su actuación frente al dragón.

-¿Quieres casarte conmigo?-

Hermione se ruborizó y sonrió nerviosa.

-Em… muchas gracias, pero no- y se bajó del cuello del dragón.

Pero ella y el auror saltaron en el lugar. Alguien había hecho explotar algo, haciendo saltar a más de la mitad de los Guerreros Rojos que quedaban, esparciéndolos por el lugar. Hermione se cubrió el rostro al ver como una nube de humo se esparcía por el lugar, pero se puso alerta al ver a uno de los Guerreros caer solo a unos metros de ella por la explosión. Era como ver un enano salido de alguna película épica que Hermione alguna vez vio con sus padres, pero este era de verdad, y era mucho más fiero. El Guerrero Rojo se levantó rápidamente del suelo después de rebotar un par de veces, y miró con odio a Hermione y al auror. Sus ojos rojos como el fuego despedían la irritación que sentía al estar rodeado de magos, brillando en medio del polvo, pero en ningún momento se le vio miedo en ellos, cosa que sorprendió a Hermione. Su barba roja se mezclaba con la sangre que caía de su boca.

-Tú, demonio rojo- dijo el auror, y el si estaba muerto de miedo. Levantó la varita amenazándolo- ¡Atrás!

-La magia no le hará daño- dijo la chica con su Svero listo- ten cuidado.

El Guerrero Rojo rugió y blandió un hacha de acero negro, quizás más larga que el brazo de Hermione. El auror tembló de miedo y lo atacó sin pensar. El Guerrero esquivó el ataque sin problema con su hacha, como si hubiera sido una simple mosca y se lanzó sobre el joven asustándolo con la intención de cortarlo en dos… pero fue detenido por Hermione. La chica lanzó su Svero en forma de látigo para agarrar el hacha justo como hizo con el dragón, y la lanzó al suelo clavándola con fuerza, haciendo que el Guerrero quedara a centímetros del auror. El mago cayó de espaldas, con los ojos desorbitados y temblando por el pánico.

-¡¿Qué fue lo que te dije?!- gritó Hermione con rabia.

El Guerrero dio un grito de guerra al mismo tiempo que su barba cambiaba de color rojo a un color amarillo oro. Eso sorprendió a Hermione de la misma forma en la que este dejaba su hacha clavada en el suelo y se lanzaba contra la chica. Apenas pudo esquivar un feroz combo que iba dirigida a su nariz. Se agachó rápidamente y transformando la forma de su Svero a una espada corta atacó desde abajo el costado del Guerrero. Este, con la misma rapidez de la chica sacó un cuchillo y detuvo el ataque. Era mucho más rápido de lo que Hermione pensaba… y más fuerte. El Guerrero comenzó a avanzar y a empujar a Hermione hacia el suelo. Sudando y conteniendo la respiración, la castaña usó toda su fuerza para intentar que el cuchillo no llegara a su garganta, pero era muy difícil.

-¡ATRÁS!-

Una figura cayó sobre el Guerrero mandándolo de cabeza al suelo. Hermione aprovechó y le quitó el cuchillo con un movimiento limpió y lo amenazó agarrándolo del cabello, levantando su cabeza y poniendo el cuchillo en su cuello. El Guerrero se quedó inmóvil.

-No tengo intenciones de usarlo, así que por favor, no hagas movimientos innecesarios- le murmuró.

Si Hermione se hubiera visto a si misma siendo la niña de hace un año atrás, no hubiera creído lo que su yo de ahora había hecho.

-Vaya que su entrenamiento ha dado frutos-

La voz ya conocida llegó a los oídos de la chica, haciendo que levantara la vista y abriera los ojos sorprendida. James Potter estaba de pie a su lado. Usaba unas botas gigantes y una especie de cota de malla de color morado. Era muy fina y no parecía muy pesada, lo cual quizás ayudaba a agilizar los movimientos del que lo usaba. El pelinegro le dio una agradable sonrisa.

-¡¿Qué haces aquí?!- fue lo único que Hermione atinó a decir, sin cambiar su expresión de asombro.

-¿Qué clase de saludo es ese?- James cruzó sus brazos, un tanto ofendido- Moody nos llamó, diciendo que el ministerio necesitaba ayuda con un asunto. Frank y Dorcas también vinieron pero se quedaron al otro lado. Nunca pensé que te encontraría aquí. ¿No que aún les quedan dos meses para terminar el entrenamiento?

-Nos llamaron para que las bajas de los aurores no fueran tantas- dijo Hermione levantándose y levantando con fuerza al Guerrero. Entonces por eso Lily había podido mandar un Patronus, porque James no estaba con ella.

-Han sido de gran ayuda- dijo James con una espléndida sonrisa- Se supone que íbamos a tratar de entrar por la puerta de atrás, pero ustedes apenas llegaron y ya bajaron a todos los Guerreros Rojos que habían aquí. Al final me llamaron a mí y a otros aurores para venir a ayudar y entrar por acá.

-Perfecto…- La castaña se mordió un labio antes de preguntar- ¿No deberías estar… estar con Lily?

-Ella está bien. Si no estuviera embarazada estaría aquí- dijo el chico con un tono extraño, y desvió la mirada- Te mandó saludos.

-Eh… gracias- murmuró Hermione sintiendo sus mejillas rojas. El sentimiento de culpa se apoderó de su pecho, y prefirió no mirarlo a los ojos.

Después de unos minutos más, todos los Guerreros Rojos o estaban de rodillas rendidos bajo el Svero de algún miembro del C.I.A, o muertos por ataques de estos mismos. El polvo de la explosión anterior se había disipado y ya no había tanto ruido, solo se escuchaban algunos gritos o explosiones provenientes del otro lado. Los aurores que quedaban mandaron mensajes y comenzaron a movilizar a los Guerreros sobrevivientes amenazándolos con sus propias armas, que era lo único que podía hacerles daño. Hermione observó el lugar y al dejar al Guerrero que llevaba consigo en manos de otro auror observó la puerta gigantesca.

-¡JAMES!-

Los dos chicos doblaron la cabeza y vieron como Sirius corría rápidamente hacia ellos, con los ojos brillantes. Estaba ileso, como la mayoría de los integrantes del C.I.A

-¡SIRIUS!- gritó el pelinegro, comenzando a correr.

-¡JAMES!

-¡SIRIUS!

Los dos corrían en cámara lenta, moviendo de forma exagerada sus brazos y sonriendo de par en par, como si fueran una pareja que no se veían hace años que corrían por la playa por su reencuentro. Hermione levantó una ceja, pensando en que eso era lo más poco heterosexual que había visto hacer a Sirius.

-¡HERMANO, TANTO TIEMPO!- gritó James, ahora a centímetros de su amigo y estrechando sus manos de forma muy varonil.

-¡LO MISMO DIGO!-

Hermione se llevó una mano a la cara, sintiendo vergüenza por el género opuesto. En eso, vio otra figura acercarse entremedio de las rocas. Sudaba y tenía la punta del cabello chamuscado. La chica frunció el ceño al ver llegar a Pettigrew al lado de James y Sirius.

-¡Hey, Colagusano también sobrevivió!- dijo Sirius abrazando por el cuello al chico y despeinándolo aún más.

-Wow, estás gigante- dijo el chico entre el brazo de Sirius, con sus ojos como plato.

-Todos crecimos, incluso Emma- dijo el pelinegro con una sonrisa descarada y lujuriosa, pero rápidamente se dio cuenta que Hermione estaba ahí. Al parecer no la había visto, y ahora se arrepentía de cada palabra gracias a la mirada de odio asesino que tenía- em… eh, lo que me refería… en el porte… ¡De estatura! Creo que creciste unos centímetros de "altura" estos meses.

-Trata de arreglarla, Black- dijo la chica pasando por su lado, dejando una estela de frialdad en el aire, haciendo que los tres chicos temblaran por su vida- Vamos, hay trabajo que hacer.

-Amigo, definitivamente esta mujer terminará odiándote- dijo James posando su mano sobre el hombro de su amigo para darle ánimo.


Es un capitulo un poco más largo que otros, y es porque tuve que cortarlo porque el original era DEMACIADO largo XD (por eso termina ta de repente) Igual, por eso mismo, tratare de subir el próximo capitulo antes.

Agradecería sus comentarios, y obviamente muchas gracias por darse el tiempo de leer este fic.

Nos leemos ^^