Y lo prometido es deuda.

Un capítulo antes del tiempo debido... ja!

Enjoy!


El Sol brillaba con intensidad sobre las cabezas de los magos, y una suave brisa tibia sacudía sus cabellos recordando que era verano. Un grupo de aurores se quedó custodiando a los Guerreros Rojos, mientras los integrantes del C.I.A estaban ya en la entrada. El color rojo de la puerta molestaba los ojos de los magos, porque brillaba a la luz del Sol. Daba la sensación como si fuego saliera de esa puerta.

-¿Y cómo la abrimos?- preguntó Amelia con el ceño fruncido, notablemente incómoda por el brillo de la puerta- No tenemos mucho tiempo antes de que más Guerreros Rojos vengan.

-Las bisagras- dijo Sirius observando la puerta.

-Es una idea- dijo Lupin, quién había estado observando la puerta desde hace ya un tiempo- Porque no podemos tocar la puerta, al menos no sin quemarnos. La luz que irradia no es sólo luz, sino un tipo de fuego que nunca había visto antes.

-Bien, vamos por esas bisagras- dijo Donovan creando su Svero- mientras más seamos, mejor.

-Recuerden que apenas entremos, hay que DESTRUIR su Piedra y buscar Y SACAR a los miembros del Wizengamot- escucharon la voz de Miller. Estaba completamente ileso, y no se veía ni cansado ni nada, y eso que había peleado lado a lado junto a Billius y Tracey.

-¡GUERREROS!-

Todos se dieron vuelta al escuchar el grito, y vieron como una veintena de Guerreros Rojos se acercaban a ellos por el borde de la montaña. Al parecer habían dejado el otro ataque y decidieron ir a la puerta frontal a enfrentar a los invasores… o simplemente aparecieron más. Sus barbas rojas irradiaban el odio que sentían hacia los magos, al igual que sus ojos. Hermione tuvo miedo al ver sus figuras tan amenazadoras.

-¡Quiero a tres personas en cada bisagra!- gritó Sirius poniéndose por delante de su grupo- ¡Los demás a defender!

-¡Retrocedan!- gritó Donovan a los demás aurores que estaban por delante de ellos.

Los Guerreros Rojos dieron un grito de guerra mientras que un grupo de ellos lanzaba flechas. Hermione hizo la pared de fuego para evitar que llegaran a ellos, pero no detuvo a los Guerreros, quienes atravesaron la pared en llamas sin problema gracias a sus armaduras y comenzaron su ataque a mano armada. Los integrantes del C.I.A pudieron defenderse bastante bien, aunque sin dejar de quejarse por la fuerza brutal de los Guerreros, pero el resto de los aurores fue cayendo rápidamente bajo las hachas y cuchillos mientras las luces de los hechizos y maleficios rebotaban en sus armaduras, incluso dándoles a ellos mismos. Desgraciadamente cada vez iban retrocediendo más y más hacia la puerta, sintiendo el calor abrazador de esta. Hermione desvió un hachazo que iba directo a su cabeza con su Svero en forma de espada deshaciendo la muralla de fuego, y sin pensarlo mucho cortó la mano del Guerrero, y para dejarlo completamente fuera de combate pateó su cabeza con fuerza y lo mandó a volar muy lejos.

-¡¿Cuánto falta?!- preguntó la chica secándose el sudor de la frente. El calor que emanaba de la puerta no ayudaba en nada ya que se sentía sofocada. No podía compararse a cuando se envolvía en el fuego que ella creaba.

-¡Ya casi!- gritó Bilius con los ojos semi cerrados por el ardor que le provocaba la puerta.

Habían insertado sus Sveros en las bisagras y los movían como si fueran serruchos. Funcionaba, pero no a la velocidad que necesitaban. Hermione escuchó un chillido de pánico muy cerca de ella, y al redirigir su mirada vio como Pettigrew peleaba por su vida esquivando hachazos de un Guerrero Rojo mucho más grande que el resto. Sirius, Lupin y James, quién peleaba más alejados de él estaban demasiado ocupados con otros Guerreros. Se quedó unos segundos mirándolo, sin mover ningún musculo. Pettigrew chilló aún más fuerte al sentir como la hoja le cortaba unos cabellos cerca de su oreja.

-Ay, la conciencia- murmuró la chica, y tomando aire corrió al socorro de Pettigrew sabiendo que se arrepentiría de eso luego.

Llegó justo cuando el hacha de ese gran Guerrero caía sobre el pecho del chico, deteniéndolo a centímetros de su nariz. Hermione bufó por el esfuerzo, sintiendo que esa hacha era muchísimos más pesada que otras y apenas pudo mantenerla en el aire alejada de ella.

-¡Mu-Muevete!- le gritó a Pettigrew con los dientes apretados. Este, con los ojos llorosos se arrastró entre la tierra y rocas en dirección a sus amigos.

Cuando estuvo ya lejos del hacha, Hermione dejó que esta se insertara en el suelo moviéndose a un lado, pero no contó con que el Guerrero ya había soltado el hacha con una mano, y había sacado un cuchillo con la otra. La castaña apenas pudo reaccionar al ataque, recibiendo un corte arriba de su ceja izquierda el cual se deslizó hasta su sien. Hermione se tambaleó hacia atrás, sintiendo un ardor gigantesco y cegándola por un momento hasta que sintió una patada enorme en su estómago, la cual la mandó a volar metros hacia atrás.

Abrió los ojos de par en par como si eso la ayudara a recuperar el aire perdido por la patada entre el polvo que había levantado, y tosió en el suelo, escupiendo un poco de sangre. Su ojo comenzó a taparse de sangre, pero antes de que ocurriera vio la figura del Guerrero acercarse a ella a grandes zancadas. La chica palideció, y recreando su Svero apenas pudo desviar el nuevo hachazo que iba directo a su pecho hacia el suelo. Se dio una vuelta siguiendo la trayectoria del hacha y posó su espalda sobre ella, haciendo que el Guerrero se tambaleara hacia adelante, y le lanzó una patada al hocico. Este soltó su arma, llevándose su mano a la boca, pero fue un grave error porque Hermione ya se había puesto en guardia. Clavó con fuerza su Svero en la axila del Guerrero, y dándole otra patada en la cara lo mandó al suelo, casi inerte.

-Arsh… claro- murmuró llevándose su mano a la sien, tratando de parar el sangrado- yo salvo a la rata y me dejan casi tuerta.

Un estruendo se escuchó. La puerta había caído hacia atrás, dejando ver el interior de la montaña.

-¡TODOS ADENTRO!-

-¡Emma, rápido!-

Los integrantes del C.I.A fueron retrocediendo rápidamente, manteniendo a los Guerreros Rojos a raya mientras los aurores que quedaban corrían al interior, muchos de ellos arrancando despavoridos… hasta que veían lo que los esperaba dentro.

-¡TODOS AFUERA!- gritó un Auror lleno de pánico segundos antes de ser aplastado por una garra gigante de dragón.

Un Colacuerno Húngaro rugió haciendo temblar las rocas del gigantesco palacio que se abría detrás de él. Hermione solo logró ver unas escaleras al centro de un gran vestíbulo, el cual medía casi lo mismo que medía la montaña por fuera. El dragón abrió sus alas de par en par he hinchó su pecho mientas humo salía por su hocico. El fuego se dispersó rápidamente quemando a algunos aurores, pero Hermione ya había hecho su movimiento adelantándose a todos y rodeándose de llamas creó una barrera para que el ataque del dragón no avanzara más.

-¡Mantenlo ahí, Emma!- gritó Sirius entrecerrando los ojos por el fuego infernal que se alzaba frente a él.

-¡Hay que retroceder!- gritó James. El ruido que creaban las llamas era demasiado fuerte.

-¡Esta lleno de Guerreros Rojos afuera!- gritó la chica manteniéndose tiesa por el esfuerzo. Sentía que si movía un musculo, perdería l control del fuego y el ataque del dragón los derretiría a todos- ¡Hay que avanzar!

-¡¿Y cómo hacemos eso sin que ese dragón nos coman?!- dijo James mirando hacia atrás y viendo como los Guerreros Rojos avanzaban entre los Integrantes del C.I.A y los aurores. Estaban atrapados.

-¡Por la escalera! ¡Vi que al tope de ella hay un taburete!- el fuego en su cuerpo comenzó a afectarle un poco. Llevaba muchos minutos envolviéndola completamente y sentía como su piel comenzaba a quemarse. Los efectos de crear ese hechizo… al borde de ser un maleficio- ¡Probablemente sea la Piedra Sacred de los Guerreros, si la destruimos quedaran indefensos y los dragones se irán!

-¡Tengo una idea!- gritó Lupin, quien tenía un ojo morado. Lanzaba hechizos hacia las rocas cercanas para que atacaran a los Guerreros- ¡Cómo animales podemos llegar más rápido!

-¿Quieres llamar a los Merodeadores, Lunático?- Sirius habló emocionado dentro de todo el sudor y suciedad de su rostro por la pelea.

-¡¿Qué piensan hacer?!- chilló Pettigrew, quién se cubría el rostro asustado. De alguna forma había permanecido al lado de ellos intacto.

-¡Excelente idea, Canuto! ¡Colagusano, hora de actuar!- gritó James con una sonrisa de oreja a oreja levantando su varita mientras agarraba al chico del brazo- ¡Los llevamos en nuestras espaldas!

-¡Donovan! ¡Nosotros avanzaremos para destruir la piedra Sacred! ¡Ustedes mantengan a la mayoría de los Guerreros acá!

-No hay problema, Black!-

-¡ATENTOS!- Hermione dio la alerta.

El fuego dio una explosión, haciendo que el dragón echara su cuello hacia atrás, dando dos segundos para que los chicos usaran su magia. Sirius se volvió peludo, se le agrandó el hocico y se puso en cuatro patas, transformándose en un gran perro negro. En cambio James se alargó, unos cuernos salieron de su cabeza y sus piernas adelgazaron, convirtiéndose en un hermoso ciervo. Pettigrew apareció en su lomo con cara de confusión.

-¡¿Pero qué…?!-

-¡Emma, arriba!- le dijo Lupin mientras se subía sobre el lomo de Sirius.

Hermione se quedó boquiabierta al ver al magnifico ciervo frente a ella, moviendo su cabeza con sus grandes cornamentas indicándole que subiera sobre él. Sólo el rugido de un nuevo dragón sobre su cabeza la sacó de su ensimismamiento, y subió sobre el ciervo delante de Pettigrew mientras sentía como flechas volaban a su alrededor. Los Guerreros atacaban sin piedad, y los gritos de dolor de aurores e integrantes del C.I.A le indicaban que la batalla no iba bien para ellos.

-¡Avanza, avanza, avanza!- gritó Pettigrew con los ojos desorbitados viendo como las garras de los dos dragones iban hacia ellos.

James y Sirius comenzaron a correr esquivando las garras del dragón con una agilidad increíble. Hermione tuvo que agarrarse a las cornamentas para no caer del animago. Sintió las pequeñas y regordetas manos del Pettigrew alrededor de su cintura, apretándola fuertemente luchando también para no caer.

-¡Guerreros a las doce!- le dijo Lupin- ¡Peter, Emma, atentos!

-¡Pero si yo ni siquiera quería venir!- chilló con una voz demasiado aguda.

-Eres libre de saltar y morir quemado- dijo Hermione con irritación al sentir a Pettigrew tan cerca de ella- Y no me aprietes tanto, necesito respirar.

Los animagos comenzaron a subir por la gigante escalera, la cual estaba hecha de la misma piedra de la montaña, pero lisa. Había pilares cada cuatro peldaños que afirmaban la escalera y la sobrepasaban, tomando la forma de lanzas. Hermione solo pudo notar que había mucha luz, pero debido al gran tragaluz que se alzaba sobre ellos, y al parecer era el final de la montaña. La luz rebotaba en la piedra de la montaña bien tratada por los Guerreros y eso lograba iluminar todo el lugar, el cual era inmensamente grande. Probablemente una manada entera de gigantes podrían vivir ahí sin cuidado.

-Confringo!

Un pilar cayó sobre un grupo de Guerreros, abriéndoles el paso a los magos por encima de los escombros. Hermione tuvo que agarrarse firmemente del cuello de James para no caer. Nunca había montado un caballo y menos un ciervo… la verdad es que nunca se le dio bien montar animales o algún medio de transporte mágico.

-¡Aún queda mucho camino!- gritó Pettigrew sin soltarse de la cadera de Hermione- ¡No lograremos llegar antes que nos maten!

-¡No hay otra alternativa!- dijo la chica blandiendo como podía su Svero, tratando de no caer del lomo de James- ¡Ninguno puede volar!

Escucharon un aullido de dolor. Sirius había rodado por las escaleras junto con Lupin, ya que uno de los Guerreros le había hecho un corte en su pata. Lupin había saltado antes que lo aplastara y peleaba con su Svero para proteger a su amigo. James posó fieramente sus pezuñas en los rostros de dos Guerreros, aplastándolos, y se detuvo con intención de devolverse a ayudar. Hermione casi se cae nuevamente, pero Pettigrew la ayudó a sostenerse.

-Hay otra alternativa- dijo el chico con ojos asustados, pero también había decisión- Lánzame, y destruiré la piedra.

-¡¿Qué?!- ¿Acaso quería huir?

-¡También soy animago y puedo transformarme en ratón! ¡Lánzame con un hechizo y llegare antes, sino moriremos!-

James comenzó a mover con furia su cabeza blandiendo sus cornamentas contra los guerreros, lanzando a varios por el borde de la escalera. La chica transformó su Svero en forma de látigo y agarró a unos tres Guerreros antes que degollaran a Lupin y también los lanzó hacia el vacío. Sirius trataba de levantarse pero le era imposible con el gran corte que tenía en su ahora pata. No estaban en una muy buena situación.

-¡LANZAME!

Pettigrew la tomó del brazo y al segundo se transformó en ratón, quedando afirmado en la mano de la chica. Ya no tuvo más elección, y con furia agarró del cuello al ratón y parándose como pudo en el lomo del ciervo, apuntó y lanzó.

-ALOHOMORA!

Guió al ratón por los aires manteniendo el equilibrio por unos segundos guiándolo hacia la piedra, pero sintió un dolor tan grande en el estómago que quedó en blanco. Fue lanzada hacia atrás por la fuerza del golpe y cayó de espaldas en las escaleras, viendo pajaritos por todos lados. Abrió los ojos tratando de mantenerse cuerda y no desmayarse por el dolor, pero el ruido de lugar se apagó y su visión se nubló. Tosió un par de veces, lanzando un poco de sangre mientras el dolor aumentaba. Sitió como una mano la agarró firmemente, quizás decía su nombre u otra cosa, pero Hermione no podía entenderle bien. Cerró los ojos con fuerza para recuperar sus sentidos. Su cabeza palpitaba también gracias al corte que había recibido minutos antes y el dolor en su pecho le hacía respirar con más dificultad.

Si no se levantaba, la iban a destrozar.

Levántate.

Vamos.

-¡Hermione!

La chica abrió los ojos con su corazón latiendo rápidamente. La figura que se alzaba frente a ella le era tan conocida que sonrió instantáneamente. El dolor disminuyó considerablemente y pudo dar una gran bocanada de aire, haciendo que lo nublado de su vista desapareciera y así pudiera ponerse de pie justo para esquivar un hachazo de un Guerrero Rojo. Con su Svero con forma de látigo agarró el hacha y la insertó en el suelo con un movimiento limpio. El Guerrero la miró con furia, pero antes que se moviera, el Svero de otra persona lo atravesó por la garganta. Hermione quedó sorprendida al ver a más integrantes del C.I.A en las escaleras, y eran gente que ella no conocía. Al parecer habían llegado de los demás grupos a ayudarlos por algún otro lado. Quizás habían entrado por la puerta que atacaban antes que ellos llegaran, y justo a tiempo.

-¿Cómo te curaste tan rápido?-

La figura de Harry se transformó en un segundo a otro en la de James Potter, con la mejilla sangrando y lleno de sudor. Hermione parpadeó un par de veces y miró su varita, la cual brillaba con una leve luz morada. Era un hechizo sanador lo que había hecho que el dolor del golpe en su estómago disminuyera… pero no lo había hecho ella.

-No sé… hechizo mudo…- murmuró la chica. Sus manos temblaban levemente.

-Eso es muy difícil de hacer… - el chico de verdad parecía impresionado, y levemente asustado- Me dejas con la boca abierta

-¡DRAGÓN!

Hermione y James se dieron vuelta para ver la gran figura de un dragón sobre ellos, con las alas estiradas y su hocico lleno de humo, listo para lanzar fuego.

Pero nunca lo hizo.

Es más, el dragón miró hacia arriba y comenzó a volar hacía el tragaluz, junto a otros dos dragones. Hermione y James se quedaron boquiabiertos mientras Lupin sostenía a Sirius, quién estaba medio inconsciente. Los Guerreros Rojos también se quedaron observando al dragón con rostros sorprendidos, y algunos con ojos aterrados. Sus barbas cambiaron de color de rojo intenso a un azul hielo. Comenzaron a tirar sus armas al suelo, creado mucho ruido en el lugar, y varios caían de rodillas al suelo con la cabeza gacha.

-¿Qué… que ocurre?- preguntó James muy confundido, aun con su varita en la mano.

-La piedra…- murmuró Hermione, dirigiendo su mirada al final de la escalera, en donde antes estaba la Piedra Sacred pero ahora solo se veía la figura de Pettigrew levantando sus manos en señal de victoria. Hermione estaba impresionada- él la destruyó.

-Muy bien, Colagusano- dijo Sirius con un hilo de voz sosteniéndose del hombro de Lupin. Estaba pálido, sucio y lleno de sangre en el rostro.

Se escuchó un ruido parecido al de una ola. Los cuatro chicos se miraron entre ellos con más confusión, hasta que se dieron cuenta que ese ruido provenía de los magos que quedaron al inicio de la escalera. Era un grito de ovación y alegría ya que los Guerreros Rojos se habían rendido al no tener magia proveniente de la destruida Piedra Sacred. Los demás magos que se encontraban junto a ellos también gritaron por victoria, y comenzaron a sacar y empujar a los Guerreros Rojos derrotados. Hermione se sentó en un escalón, sintiendo como el cansancio se apoderaba de sus piernas, sin poder mantenerse mucho de pie. La adrenalina la había ayudado a llegar hasta ahí, pero como todo había terminado, volvía a sentir el peso del cansancio, y el dolor en su estómago y sien.

-Aaah, esto fue agotador- dijo James sentándose a su lado- menos mal que ya terminó.

-Cierto… Gracias por tu ayuda- dijo la castaña llevándose una mano a su rostro.

-Tú estuviste impresionante. Quizás si debí tomar ese curso de aurores- dijo el chico rascándose la nuca- Ustedes tres están a un nivel muy superior a lo que eran antes.

-Tu transformación en ciervo es impresionante. La de todos ustedes, incluso Pettigrew- la chica frunció el ceño, sintiendo culpa- No pensé que… él fuera a ayudarnos.

-¿Por qué no? Esta de nuestro lado. Quizás es torpe y le cuesta seguir nuestro paso- dijo James levantándose- pero es nuestro amigo. Obvio que va a ayudarnos.

Hermione no pudo decir nada más, porque la consciencia le decía que no lo hiciera, y porque de un segundo a otro alguien la agarraron por detrás del cuello y la levantaron con brusquedad, haciendo que todos sus huesos sonaran de forma desagradable.

-¡MUY BIEN HECHO, GRINT!- gritó Miller con su típico tono mandón. Estaba forrado en sangre y tenía un ojo hinchado, y una de sus cejas había desaparecido dándole un aire bastante extraño. Aun así, se movía como si nada le hubiera pasado- ¡TE HAS GRADUADO DEL CURSO CON HONORES! ¡TODOS USTEDES, INCLUSO BLACK! ¡ME SIENTO CASI ORGULLOSO SALAMANDRA, JAJAJA!

-Es… un… honor…- dijo con un tono apenas audible, golpeando el brazo de Miller con su mano para pedir aire.

-¿Salamandra?- preguntó James muy confundido.

-Un sobrenombre que le dimos- dijo Lupin sonriendo- ya sabes, por el fuego…

-Eh… aaaahhhh, entiendo- y James sonrió, pero con una mueca burlona- Salamandra, está bueno.

-¡NO LO ES!- chilló Hermione roja como un tomate y zafándose de Miller muy enojada.

Pero solo fue cuando la soltó que entendió lo que el hombre le había dicho. Sonrió y tuvo que sentarse porque sentía sus piernas como gelatina. De repente todo a su alrededor se apagó, y quedó ella con sus pensamientos. Si Miller la había graduado quería decir que no volvería al curso, y que de alguna forma quedaba libre… Y podría ver a Lily antes de tiempo. Su corazón bailó de alegría y nervios.

¿Estaba lista para verla después de lo que había pasado, y del mensaje que le mandó con su Patronus? ¿Qué le diría? ¿Qué haría? Se mordió el labio, estrujando sus manos. Hasta se le olvidó que se estaba quedando ciega de un ojo por la herida que le habían hecho.

-Emma, vamos-

Hermione levantó la mirada y vio a Amelia y a Tracey. Sus rostros estaban manchados de sudor y sangre, y Tracey tenía un feo corte en su brazo derecho. Pero aparte de eso estaban bien y le sonreían.

-Estás hecha un desastre- le dijo con burla la mayor de ellas.

-Mira quién habla… Pero la verdad no me importa mucho-

-¿Feliz porque nos graduamos antes?-

-Uf. No tienes idea…-

-o-

-Mantente derecha. No es un mal hombre pero analiza todos tus movimientos. Míralo a los ojos y no te pongas nerviosa. Dale respuestas cortas, sino se interesará demasiado y comenzará a hablarte de él y a contarte sus extrañas historias, y no tengo tiempo para perder con él. Mensajes cortos y precisos, mientras antes salgamos de aquí, mejor.

Hermione asintió a todo lo que Ojoloco Moody le decía mientras caminaban por los pasillos de Hogwarts. Los escuchaba atentamente, pero no podía evitar desviar la mirada de vez en cuando por los pasillos. Los recuerdos se aglomeraban en su cabeza, pero no era lo que más le llamaba la atención. La vez que fue al castillo con Lily, Regulus y Kreacher no vieron a ningún estudiante… pero ahora estaba lleno de ellos. Era extraño ver el uniforme de Hogwarts con otro estilo más setentero, pero los colores siempre eran característicos. No pudo dejar de notar que los estudiantes siempre iban en grupos de más de cuatro personas, y no vio a ninguno caminar solo. En su tiempo era normal ver parejas o gente sola caminando mientras estudiaba, pero ahora no pasaba. Quizás por el miedo a que pasar algo, independiente de estar en Hogwarts y de ser el lugar más seguro del mundo, como siempre decía Hagrid.

-Ya llegamos-

Hermione se paró en seco frente a una gárgola de un águila, la cual los miró con cara de pocos amigos. Estiró sus alas y con voz rasposa les habló:

-¿Contraseña?-

-Ranas de Chocolate-

La gárgola bufó, y moviendo sus alas comenzó a girar mientras unas escaleras iban apareciendo, las cuales dirigían a una puerta directo al despacho del director Albus Dumbledore. Hermione tragó saliva, nerviosa por volver a ver al director y estar bajo su presencia después de haber escuchado tantas cosas sobre él mientras estaba con Harry y Ron… aunque su presencia siempre la ponía nerviosa. Hermione admiraba mucho al director por ser un gran mago.

Subieron por las escaleras y se pararon frente a la puerta. Moody ni siquiera tuvo que llamar ya que esta se abrió sola y entraron al despacho del director.

-¡Alastor!-

Albus Dumbledore estaba de pie frente a su escritorio. Sostenía a Fawkes en su brazo, y le estaba dando de comer algo de color amarillo brillante. Moody se dirigió al hombre con paso decidido y le tendió la mano para saludarlo. Hermione se quedó atrás, justo al lado de la puerta mientras observaba lo amigable que el director saludaba al auror.

-Ha pasado tiempo- dijo Moody con su rostro aun serio.

-Es verdad- dijo Dumbledore, con una gigantesca sonrisa. Era como ver dos polos opuestos- supe que la batalla de los Guerreros Rojos fue un éxito.

-Un triste éxito, si me permites corregirte. Nunca debimos tener esa batalla-

-Era algo que no se podía predecir. Al fin y al cabo, estamos en guerra y cualquiera puede convertirse en desertor- Dumbledore posó a Fawkes en su sitio y se dio vuelta, ahora mirando a Hermione- ¿Y con quién tengo el gusto?

-¡Grint!- la llamó Moody con el ceño fruncido- no te escondas ahora.

La chica saltó en el lugar y corrió hasta el lado de Moody tratando de no tropezarse por los nervios.

-Emma Grint. Mucho gusto, director Dumbledore- dijo con voz seca, pero fuerte.

-Se nota que estuvo en ese curso de aurores hecho por Crouch, su postura es derechamente perfecta.

-Ya le sale natural- dijo Moody con el ceño fruncido- Pero le hizo bien, antes estaba muy flacucha peo ahora se ve sana y fuerte.

Hermione se sonrojó de la vergüenza, y relajó un poco su postura. Su postura derecha parecida a la de un soldado le salía sin darse cuenta, y eso le molestaba un poco.

-Vine con ella porque Lily Potter la incluyó en la Orden del Fenix sin importarle la opinión de los demás y la tuya… así que yo la traje por último para que la vieras en vivo y en directo, siendo que le dije a esa niña que te la presentara. Pero bueno, tú sabes como es.

-Jajaja, típico de Lily- rió Dumbledore con una sonrisa, y se acercó a Hermione- pero si ella tiene confianza en ti como para aceptarte en la Orden, yo no tengo mucho más que decir. Es un gusto conocerte, Emma Grint.

-El-el gusto es mío, director…- Hermione tendió su mano hacia el director con muchos nervios sintiendo como sus ojos la escaneaban de pies a cabeza. Pocas veces había estado tan cerca del mago.

-Muy bien, a lo que nos convoca- dijo Dumbledore apretando su mano y soltándola rápidamente, y se dirigió a su escritorio- Señorita Grint, ¿sería tan amable de esperar a Alastor afuera? Esto tomará unos minutos.

-¡No-no hay problema!- dijo la chica con sus mejillas sonrojadas.

-Quizás tome más de unos minutos- dijo Moody sentándose en una silla frente al escritorio de Dumbledore- ten paciencia y no te vayas muy lejos del despacho. Podrías perderte al no conocer el castillo.

-Sí… muchas gracias- y con eso, la chica corrió hacia la puerta y salió cerrándola con cautela.

Bajó las escaleras y se encontró en el pasillo, el cual estaba vacío. Suspiró cansinamente, sintiéndose estúpida al comportarse así frente al director. El hombre era tan suspicaz que cualquier cosa que hiciera frente a él, podría delatarla sobre su verdadera identidad, y de su propósito real de haber acompañado al auror a Hogwarts.

Miró hacia todos lados, y al no ver a nadie, sacó el anillo de los Gaunt. Tenía un pequeño brillo verde, el cual le dio escalofríos a la chica. Ni por si acaso pensó en ponérselo, así que se lo colgó al cuello, y rezando para que Moody y Dumbledore estuvieran hablando por "más de un par de minutos", salió corriendo hasta la sala Multiuso.

Después de la batalla contra los Guerreros Rojos, Hermione había vuelto al mundo mágico con un diploma y una cantidad de monedas mágicas considerable no solo por terminar el curso, sino que también gracias a su buena participación en la batalla. La chica se dio cuenta que más como agradecimiento, fue como una paga por adelantado a sus servicios posteriores al C.I.A, lo que significaba que la llamarían si necesitaban de ella, y que ella "debía" ir a ese llamado.

Y eso no demoró mucho, porque al mismo día siguiente de la batalla tuvo que asistir como guardaespaldas de uno de los magos del Wizengamot, enredándose en una pelea contra unos goblins mandados por mortífagos, a los dos días después tuvo que ir a rescatar a unos aurores que habían quedado atrapados en una cueva rodeados por gigantes (lo cual duró casi una semana), y el día anterior a su encuentro con Dumbledore tuvo un encuentro contra mortífagos que intentaron destruir el Puente de Londres.

Hermione se había convertido en una funcionaria del ministerio sin darse cuenta (y bastante famosa), y apenas había tenido tiempo para descansar, o pensar en otras cosas, como Lily o los Horrocruxes. Había tenido la intención de ir a verla, pero con el poco tiempo que tuvo libre esas semanas, ni siquiera pudo pensar en lo que le diría al verla. Todo hasta que Ojoloco Moody la llamó y le dijo que la acompañara a una reunión con Dumbledore a Hogwarts. No lo pensó dos veces, y decidió que esa era su oportunidad para destruir el Horrocruxe que se encontraba ahí.

La castaña corría por los pasillos desiertos del castillo. Los estudiantes habían entrado a clases, por lo que la oportunidad no podía ser más perfecta. Ni siquiera vio a Filch o a la Señora Norris, por lo que con más energía corrió hasta encontrarse frente a la sala Multiuso. Pasó por frente de ella tres veces hasta que la puerta se abrió.

Estaba tal cual como Hermione la recordaba el día en que se incendió en la Batalla de Hogwarts: Llena de cosas. La chica suspiró, y se sacó el anillo posándolo en su mano. No sabía exactamente como encontraría la diadema de Ravenclaw, solo tenía una pequeña noción de donde Harry la había encontrado, pero creía que al tener otro Horrocruxe reaccionaría tal como pasó en la cabaña de los Gaunt. Y efectivamente, el anillo tembló ligeramente en la mano de Hermione.

-Quizás este sea al Horrocruxe más fácil de obtener- dijo caminando en dirección hacia donde sentía que el anillo palpitaba más fuerte- Espero que Lily no se enoje tanto por no traerla conmigo esta vez.

Pero lo que pasó a continuación la sacó de su seguridad.

Por el rabillo del ojo vio una luz plateada que iba directamente a ella. Se agachó un segundo antes que el rayó la golpeara en la cabeza. Unos cabellos quemados cayeron al suelo. Hermione rodó hasta quedar detrás de un sillón con moho, y con varita en mano esperó el segundo ataque. Su corazón palpitaba a mil porque definitivamente no se esperaba un ataque en ese lugar, siendo que pocos en Hogwarts sabían de esa sala… aunque quizás en esos años era más popular. Se atrevió a levantar la cabeza por sobre el sillón para ver quién estaba ahí, pero otro rayó paso volando frente a su nariz, obligándola a agacharse de nuevo.

-¡Tranquilo, o tranquila! ¡No vengo aquí a pelear!- gritó la chica casi echada en el suelo- ¡solo vine por… algo que perdí!

Silencio.

Hermione frunció el ceño, sintiendo la frustración en su pecho. No tenía tiempo para un duelo, si Moody terminaba su reunión con Dumbledore antes de tiempo, necesitaría una excelente excusa para que no la llenara de maleficios.

Escuchó unos pasos demasiado cerca de ella. Sin pensarlo mucho, clavó su varita en el sofá y lo mandó a volar hacia atrás con mucha fuerza. Vio la figura de su atacante saltar a un lado, dándole a la chica unos segundos para levantarse y lanzarle un expelliarmus. El hombre desvió el hechizo y lanzó otro con increíble velocidad. Hermione lo esquivó y corrió hacia adelante. Desgraciadamente para su enemigo, la chica era mucho más rápida y ágil que él, tomándolo desprevenido al verla casi aparecer delante de él con la varita en mano. Hermione apuntó hacia los ojos… pero no pudo atacar. Quedó tan sorprendida al ver a la persona frente a ella que se quedó unos segundos en blanco.

-¿Que…?- murmuró el hombre frunciendo el ceño- ¿Tengo algo en la cara?

El rostro de Severus Snape observaba a Hermione con recelo, pero claramente estaba asustado.


Ah, Severus... un hombre amado por muchos y odiado por muchos más.

Espero que les haya gustado, y espero sus comentarios... y tranquilos, Lily viene en camino (viene en camino... O.o)

Muchas gracias por darse su tiempo de leer este fic ^^