Nota de la autora: hola a todos, ya sé que tenía una historia igual, pero la estoy reescribiendo mejorando algunos aspectos de la historia para que sea más fluido todo, trataré de hacerlo rápido, los quiero y díganme si les gusta o no los cambios que estoy haciendo.
Si bien la monarquía se basa en una persona con una enorme responsabilidad asesorada por un grupo de asistentes, no deja de ser la persona en solitario quien decide por su pueblo, si es que lo toma en consideración o sabe de su existencia. Desde su nacimiento se supo que sería un niño lleno de carencias, fruto de un parto complejo, su madre lo pudo tener en sus brazos unas pocas horas antes de morir, no es de extrañar, ya que los nacimientos en Suna eran de un riesgo alto, luego de eso su esposo exigió las mejores condiciones médicas; de más está decir que el hombre fue incapaz de retornar a la normalidad luego de la pérdida de su amada esposa.
Mientras crecía sus hermanos eran su único apoyo, aunque era demasiado violento, así que se le aislaba en su habitación por días sin contacto humano, parecido a una prisión. Destrozaba los muebles y nadie se le acercaba, su padre nunca lo abrazó, si le hablaba era poco o con la función de castigarlo. A la edad de 16 años comenzó a prepararse para asumir sus responsabilidades en el trono, puesto que su madre había pedido que él fuera coronado, el rey no tuvo más opción que conceder su deseo, sólo podía vivir del recuerdo de su querida esposa, a la que amó toda su vida. Gaara parecía ser un chico listo, no tardó en dominar la espada ni las estrategias de guerra, con el tiempo aprendió idiomas y prefería pasar sus días leyendo a lo largo del invierno o en las noches en las que no podía dormir por su constante insomnio, ningún doctor podía darle la cura que no fuera un somnífero tan fuerte que lo dejaba en cama por más de un día. A pesar de su aprendizaje no quería tener contacto con otras personas que no fueran sus maestros o sus hermanos, se rehusaba a tocar a cualquier persona, sólo Temari tenía la posición y el valor para abrazarlo y ser una especie de figura materna para él.
Pasaron 12 años y luego del luto, finalmente ascendió, fue sorprendente su cambio de trato y de cómo era visto por el resto, de la noche a la mañana parecía ser amado por todos a su alrededor, como si hubiesen olvidado su comportamiento anterior. Con el tiempo aprendió el oficio y tomó políticas eficientes, aunque tibias. Al cumplir un año de su mandato, se le regaló por parte de un pueblo lejano un tigre blanco salvaje, era un cachorro recién nacido, cuando lo recibió se alejó de él, le pareció repugnante; con el paso de los días se puso delgado por falta de alimento, Gaara no lo soportaba, dejaba su pelaje en todos lados y destruía lo que fuera que tuviera cerca.
Temari se preocupó por el animal, por lo que envió a Ibiki, el jefe del harén a buscar a un domador de animales, siendo una profesión escasa en Suna, encontró a una mujer joven en una taberna descansando, dada la pequeña fortuna que le ofreció le siguió. Al entrar en el palacio se sintió un poco asustada, era un lugar grande y todos actuaban de una forma demasiado severa y formal.
- ¿Tu nombre? - preguntó Temari al verla con un poco de desconfianza.
- Hinata Hyuga - le dijo con la mirada en el piso.
- Me suena tu nombre - soltó la rubia tratando de hacer memoria - pero no se de qué, de todas formas pasa, aunque te digo, su alteza es un poco, complicado - le comentó sintiendo ruidos al otro lado de la puerta que los separaba.
- Haré lo que pueda, mi señora - susurró amarrando su cabello con un trapo viejo.
Al entrar el pequeño animal corría por la habitación con el pelirrojo persiguiendo al animal con cuchillo en mano, se sintió tensa, se sentó sobre sus talones y le sirvió un poco de leche con un cuenco especial que tenía entre sus ropas, el animal sintió el olor y se le acercó, estaba débil, así que se dejó coger en brazos mientras ella lo alimentaba en total silencio. Gaara no entendía, una simple mujer pudo tener al animal en calma, le susurraba cosas mientras comía hasta que se satisfizo, luego se acostó en su regazo y se puso a ronronear como si la conociera de toda la vida, como respuesta ella le acariciaba con ternura la cabeza.
- Es un placer, majestad, lamento no haber dicho nada antes - le dijo susurrando mientras agitaba su mano.
- ¿Quién eres? ¿qué haces aquí? ¿cómo entraste? - le preguntó molesto acercándose a la joven, quien parecía demasiado cómoda para su gusto en su estudio privado.
- Vine a cuidar a su mascota - respondió con simpleza mientras acariciaba a su animal, el cual cómodamente le enseñaba su estómago para que le rascara - soy Hinata Hyuga - le dijo con una sonrisa amplia y cálida.
- ¿Cómo lo haces para que esté tan tranquilo contigo? - trató de acariciar al animal, pero este quería morder su mano.
- Tiene su carácter - comentó soltando una carcajada.
- Es una mierda de animal, cuando crezca será un muy buen abrigo - en ese momento Hinata alzó al animal en sus brazos y lo apartó del pelirrojo con velocidad, casi como un acto reflejo.
- ¿Cómo puede decir algo tan cruel? Es una criatura inocente - su mirada fría le caló hondo, una desconocida se atrevía a cuestionar su criterio - me niego a trabajar para el palacio real si le va a costar la vida a este pobre animal - su ronroneo parecía responder a su cariño.
- ¿Quién te crees tú para decirme qué pensar sobre esta mierda de animal? - su tono había subido y esto asustó a la joven, aunque no lo suficiente.
- Una profesional en su campo, aunque si quiere me voy - su tono bastó para que recordara cuando sus compañeros de juegos lo dejaban por ser demasiado agresivo.
- No te vayas - le suplicó tomando su muñeca, sintiendo un respingo en cada uno - digo, el animal te tomó mucho cariño - tenía razón, el animal paseaba entre las piernas de la chica ronroneando.
- Entonces quiero que respete mi trabajo - le dijo soltando su agarre con delicadeza, ese gesto le bastó para poder entender lo que era, un hombre del que huía cualquier mujer, por más que lo trataran con dulzura.
- Estás sucia - soltó molesto con su mano con polvo.
- No sólo yo, el cachorro también lo está, además, fui llamada con suma urgencia, no tuve tiempo de prepararme - respondió avergonzada, se sentía hasta humillada.
- Mis sirvientes te llevarán a los baños, te darán ropas adecuadas, te espero para la cena - tocó la puerta e Ibiki entró para llevarse a la chica.
Quedando en soledad pudo notar lo perturbado que se sentía por una chica de rasgos tan diferentes, con una personalidad un tanto fuerte, le pareció interesante; lo único que le molestaba era lo agitado que estaba. Por su parte, Hinata no sabía qué estaba pasando, la desnudaron y la sumergieron en aguas termales perfumadas, la limpiaron y perfumaron con esmero, le pusieron un vestido de seda de colores blancos con detalles verdes, la llenaron de oro y recogieron su cabello en un tomate. Caminó con rapidez a la habitación del joven rey por orden de Ibiki, no entendía para nada la situación, por lo que entró con lentitud y timidez en el lugar.
- ¡Dejé en claro que no quiero mujeres en mi habitación! - gritó el pelirrojo, aunque se sintió curioso por esa mujer, de rostro similar, a pesar de que parecía estar asustada.
- Es mejor que me marche - le hizo una suave reverencia y se dispuso a salir, pero le temblaban las manos.
- ¿Eres al chica Hyuga? - Hinata asintió con lentitud mientras le daba la cara.
- No es necesario decir más, debe ser un hombre ocupado, me iré del palacio enseguida - retrocedió descuidadamente, enredando sus pies con una alfombra, cayendo al piso estrepitosamente - ay, que daño - se había golpeado tan fuerte que se le llenaron los ojos de lágrimas.
- Ah, ven, toma mi mano - le dijo ofreciendo ambas, a lo que ella accedió - ¿te hiciste mucho daño? - con un poco de torpeza pasó su dedo en el rostro de la chica secando sus lágrimas.
- E-Estoy bien, me iré en seguida, yo, no quise molestarlo - se dio la vuelta con rapidez, pero la detuvo.
- No es eso, pensé que era cualquier otra mujer, no tú, con esas ropas ni te reconozco - Hinata bajó la cabeza apenada.
- Ay lo siento, sus sirvientes insistieron en vestirme así, pero yo no soy esto, parece una cruel broma, como si fuera una princesa - le dijo jugando con las telas.
- No serás una princesa, pero podrías ser mi compañía en la cena, ya está todo servido - le tomó la mano con suavidad mientras la guiaba a una mesa con dos cojines.
- ¡Frutas! - gritó la chica mientras se lanzaba a las uvas - qué dulces - dijo con una enorme sonrisa.
- ¿No hay uvas donde vives tú? - Hinata negó mientras tragaba.
- Son muy caras, no puedo pagarme un lujo así - Gaara la miró un poco sorprendido, ¿qué tan pobre era la chica para que no pudiera acceder a algo tan básico para él?
- Pues come todas las que quieras - Hinata lo miró y no pudo evitar sonreirle.
- Comía de estas en mi casa cuando era niña - nuevamente sintió sus ojos llorosos - gracias por permitirme volver a vivir esta experiencia - al terminar de comer le abrazó con un poco de miedo.
- No es nada - le correspondió con lentitud, era la primera vez que una mujer se atrevía a abrazarlo, en general lograba espantarlas, pero ella no tenía miedo de rozar su mano o su piel con la de él, no le parecía repugnante.
- Ay, lo siento, es primera vez que conozco a alguien de la realeza - se disculpó mientras se alejaba de él.
- No te disculpes, no tienes por qué conocer todo el protocolo, hasta me agradas un poco - confesó tratando de ocultar un leve rubor.
- Hablando de agradar - dijo la chica riendo mientras el cachorro se acomodaba en su regazo.
- ¿Creerá que eres su madre? - preguntó tratando de acariciarlo, pero el animal se negaba escalando hasta el pecho de la muchacha.
- Puede ser, es sólo cuestión de tratarlo con cariño, con la mano afectuosa de una madre - le acarició suavemente la cabeza, el cachorro ronroneó feliz.
- Al parecer agradas a todos - Hinata le miró un poco extrañada.
- No lo creo - suspirando se dejó caer en el suelo - no soy del agrado de todos - el pelirrojo se acostó a su lado tratando de seguir las conductas de la joven.
- ¿Qué harás ahora? - estando acostados lado a lado se le arrimó un poco, como si buscara sentir su piel.
- Pues vendré a trabajar cada día, tengo que avisar en la posada que me quedaré más tiempo - Gaara le tomó la mano con rapidez, sin pensarlo, estaba con sus dedos en su mano y se arrepintió.
- ¡No! Tendrás una habitación para ti aquí, ordenaré a mis sirvientes que preparen todo para tu comodidad - Hinata le miró un poco curiosa.
- ¿Eso es posible? No quiero causar incomodidad en su majestad - el pelirrojo bufó.
- Aquí se hace lo que yo diga, si quiero una habitación para ti, eso tendrás - Hinata se sentó tratando de no demostrar su felicidad.
- Gracias, por un tiempo no tendré que preocuparme del techo, pero que se me reste del sueldo - le pidió tomando su mano afectuosamente, sonrojando al pelirrojo.
- E-Eso lo puedes discutir con Ibiki - le apartó la mano para luego encaminarse a su balcón tratando de no demostrar lo emocionado que estaba - yo sólo ordeno lo que quiero - Hinata le siguió con lentitud.
- ¿Y qué es lo que quiere? - le preguntó un poco curiosa.
- Yo... - al mirar sus ojos blancos, su cabeza olvidó lo que quería decir.
- Sí, ¿dinero? ¿territorios? ¿fama? - le insistió al chica riendo suavemente.
- Paz - respondió un poco tímido bajando la mirada.
- ¿Paz? - repitió acercándose un poco más.
- La mía y la de mi pueblo, ellos cuentan conmigo - suspiró un poco cansado.
- Eso es muy noble - susurró recordando un poco su pasado sintiendo una presión en su pecho.
- ¿Hay algo que quieras? - le preguntó mirando de reojo a la joven, se le veía un poco triste.
- Libertad - el pelirrojo la miró un poco extrañado, parecía una mujer libre.
- ¿Eres prisionera de alguien? - Hinata le mostró su espalda desnuda con unas cuantas cicatrices.
- Esclava prófuga - el pelirrojo se alejó de ella asustado.
- ¿Esclava? - reiteró tocando su espalda.
- Escapé y hoy soy lo que soy, no me quejo, pero si pudiera ser libre toda mi vida sería feliz - le confesó un poco apenada.
Gaara la miró detenidamente, era una chica dura, a pesar de sus ojos llorosos se notaba que había tenido una vida difícil. Con el pasar de las horas terminaron la cena y se quedaron conversando, hasta que ella se quedó dormida en su hombro, el pelirrojo la alzó en sus brazos para dejarla en su cama, la cubrió y al ver que ella se le arrimó, se quedó ahí sin expectativas de dormir, sabía que su insomnio no lo dejaría, pero logró dormir a su lado, era tan cálida que cayó rápidamente. No pasaría por su cabeza repetir esa situación ni estrechar esa relación.
