Nuevo capítulo! que emoción!
Llorare...
Enjoy ^^
-¿Que…?- murmuró el hombre frunciendo el ceño- ¿Tengo algo en la cara?
El rostro de Severus Snape observaba a Hermione con recelo, pero claramente estaba asustado. Hermione se quedó unos segundos de piedra sin bajar la varita. Nunca se le pasó por la cabeza el encontrarse con su antiguo profesor de pociones, de quién pensó por mucho tiempo que los había traicionado a todos pero que al final, había estado trabajando para Dumbledore siendo un doble espía. La chica parpadeó un par de veces y retrocedió unos pasos, bajando la varita.
-¿Qué hace aquí?-
-Que educada- murmuró el hombre, aún sin moverse- pero no tengo porque contestar.
-Debería- dijo Hermione frunciendo el ceño- usted es un mortífago, no tiene acceso a este castillo.
Snape se llevó su mano de forma automática al brazo en donde tendría la marca tenebrosa, pero sonrió. Se levantó lentamente y miró a Hermione con superioridad y casi con asco. La chica tuvo un flashback de su primer año al conocer a Draco Malfoy.
-Ya era hora que Dumbledore subiera la guardia en Hogwarts. No había visto aurores de tu nivel aquí- dijo pasando una mano por su grasiento pelo- Se nota que comienza a darse cuenta que no puede ganarle al señor de las tinieblas.
-Hogwarts no necesita guardia extra. Por lo menos no ahora-
-¿Y cómo puede ser que un mortífago haya entrado en sus dominios?- Snape sonrió con malicia.
Hermione frunció el ceño. Estaba en una situación muy peligrosa. Severus Snape era, o mejor dicho es un gran duelista y un excelente mago. Si sus sospechas son correctas el aún esta entregado a Voldemort al cien por ciento, porque la profecía aún no había sido dicha… quizás… Pero independientemente, él en ese momento es un hombre muy peligroso y podrían seguir con su pelea en esa sala al sentirse amenazado por Hermione, y así perdería su oportunidad de obtener la diadema.
-Mira… si está aquí, sólo, no es para atacar Hogwarts. Eso es obvio-
-¿Eso crees?-
-Usted no es tan estúpido como para venir sólo, estando Dumbledore aquí- dijo Hermione cruzándose de brazos- eso sería un suicidio.
-Lo dice alguien que bajó completamente su guardia enfrente de un mortífago-
-¿Quién dices que baje mi guardia?-
La tensión entre los dos se duplicó. Los dedos de Snape de movían lentamente, mientras sus ojos perforaban el rostro de Hermione. La chica, quién tenía los brazos cruzados, tensó sus músculos y agudizó sus sentidos, observando cada movimiento que el hombre hacía frente a ella hacía… hasta que sintió un palpitar que no provenía de su corazón. El anillo había sentido al Horrocruxe de la diadema de Rowena Ravenclaw, eso significaba que no estaba lejos. Los ojos de Hermione se desviaron un segundo para observar hacia donde el anillo sentía a la diadema… y fue el segundo que necesito Snape para atacarla.
Desvió ese primer ataque, pero el Expelliarmus que mandó después la golpeó de lleno en el pecho, lanzándola lejos. Cayó entre unos muebles muy antiguos, de donde salieron varios pixies muy enojados. Tomando todo el aire que había perdido con ese golpe y tratando de contener el enojo por su estupidez, se levantó de entre los pedazos de madera justo cuando vio una serpiente de hielo de unos dos metros y medio aparecer frente a ella.
-Perfecto- murmuró la chica palideciendo.
Saltó hacia un lado justo para esquivar un ataque muy rápido del monstruo creado por Snape. Corrió por uno de los pasillo con su corazón acelerado, sintiendo el sonido que hacía la serpiente al moverse, que era como si estuviera pisando vidrios rotos. Le lanzó un armario lleno de zapatos y una tonelada de libros viejos para alejarla un poco y seguir corriendo. Quizás podría enfrentarla, pero aprovechó para alejarse del hombre y avanzar en dirección al Horrocruxe haciendo como que escapaba.
-¡Que porquería de auror eres! ¡¿Acaso vienes de muggles que no puedes defenderte de un hechizo tan simple?!- dijo Snape a unos metros de ellos, sonriendo de par en par con emoción.
Eso atacó el orgullo de la chica, y al llegar a la esquina de un pasillo donde había una montaña de puertas de diferentes formas, se dio vuelta y miró a la serpiente. Esta abrió su boca de par en par y se lanzó sobre la chica, pero no logró hacerle daño. Hermione se envolvió en fuego en un segundo, haciendo que la serpiente no pudiera tocarla.
-Yo no soy la única porquería aquí, si a eso llamas ser hijos de muggles- murmuró la castaña con rabia, aumentando el fuego y derritiendo a la serpiente completamente- ¡Ya que no soy la única que viene de ellos!
Snape abrió los ojos de par en par, asombrado y asustado. Hermione estiró los brazos, concentrando el fuego en ellos y se puso en posición de ataque, mirando fijamente al hombre quién no se había movido del lugar.
-¡¿Y t-tú qué sabes?!
-Sólo ataca. Veamos si una hija de muggles es inferior a un mestizo como tú- dijo con tono desafiante.
Snape infló su pecho, y dando dos rápidos movimientos con su varita lanzó un hechizo hacia Hermione, quién lo desvió con su fuego al juntar sus brazos delante de ella. Observó como en el rostro de Snape se dibujaba el miedo y la frustración.
-Sectusempra!
Hermione aumentó el fuego sabiendo que ese era un hechizo poderoso, y con una sonrisa notó que solo le hizo un pequeño corte en la mejilla. Snape abrió la boca, ahora completamente horrorizado. Dio un paso hacia atrás al ver como Hermione bajaba los brazos sin deshacer el hechizo de fuego.
-Mi turno-
El fuego de sus brazos se deslizó por el lugar creando un círculo alrededor de ella y Snape. Este estaba sudando, apenas pestañaba y su varita temblaba en su mano. Hermione sonrió y estiró sus brazos hacia adelante, acercando el fuego que rodeaba a Snape de forma amenazante. El hombre cerró los ojos, y levantando su brazo con su varita hizo que la piedra del suelo se levantara a su alrededor, creando un escudo. El fugo envolvió la piedra.
-¿Qué acaso quieres morir carbonizado?- preguntó Hermioe levantando una ceja, un poco sorprendida por lo poco práctico de la defensa de Snape. La piedra no se demoraría nada en calentarse, y carbonizar a Snape.
-¡He escuchado hablar de ti, Salamandra, y de tu habilidad con el fuego!- se escuchó la voz del mago dentro de su pequeña fortaleza- Y ya sé que no debo subestimarte.
En eso, las paredes de piedra que el hombre había levantado a su alrededor salieron disparadas para todos lados, llevándose parte del fuego y dándole espacio a Snape para correr… directo hacia Hermione. Esta se puso en guardia y lanzó al mismo tiempo que Snape un hechizo de ataque, haciendo que rebotaran e hicieran una explosión de luz y viento tan grande que los lanzó a los dos hacia atrás. El fuego se desvaneció y las piedras cayeron al suelo. Hermione se deslizó por el suelo hasta detenerse justo con la cabeza en la pata de una mesa, provocándole un agudo dolor.
-¡De todos los lugares…!- chilló con los ojos llorosos, levantando la cabeza pero un libro gigantesco cayó sobre ella… y otro, y otro, y muchos más, quedando casi sepultada debajo de muchos tomos, todos muy pesados, y llenando el lugar de polvo.
La sala multiuso quedó nuevamente en su silencio habitual. Sólo a lo lejos se escuchaban revolotear las alas de los pixies, y una que otra risita de ellos. Hermione recuperó el conocimiento después de unos segundos, y sintiendo un desagradable dolor de cabeza se levantó lo más rápido que pudo. Desgraciadamente eso le provocó mareo y al pisar el torso de un maniquí que estaba entre los libros volvió a caer sentada entre ellos, levantando otra nube de polvo.
-Esto es vergonzoso- murmuró con frustración, viendo puntitos en el aire por lo mareada que estaba. Tomó el torso del maniquí y lo miró- así no podré encontrar el Horrocruxe y Ojoloco se enojará conmigo por no estar en mi puesto…
Pero un brillo que vio por el rabillo del ojo llamó su atención. Hermione abrió los ojos de par en par, con una felicidad inmensa creciendo en su pecho al ver que el brillo que había entre los libros, era la diadema de Rowena Ravenclaw. Miró el maniquí, recordando que ese mismo era el que Harry vio cuando estaban buscándolo ya en otra época. Lo dejó a un lado, no pudiendo contener la emoción por su suerte.
-Y lo mejor es que no hay hechizos que lo protejan. A veces que gusta tener un poco de suerte- se dijo con una gran sonrisa, pero la deshizo al segundo de ver una luz iluminar el lugar.
-¡¿Descansando?!
Hermione levantó una barrera de libros frente a ella, y por el efecto del hechizo, los libros explotaron lanzando pedazos de papeles y polvo por todos lados. La chica aprovechó el momento para agarrar la diadema y escabullirse entre unos colgadores de madera que había a su lado. Sentía su cabeza palpitar, probablemente por los chichones que le van a salir gracias al golpe con la mesa y los libros en su cabeza. Dobló una esquina del pasillo pero se detuvo de lleno al ver una montaña de calderos caer sobre ella. Los detuvo con un hechizo, manteniéndolos en el aire. Al ver la figura de Snape detrás de ella con varita en alto, comenzó a lanzarle los calderos uno por uno a gran velocidad. El mago los hacía polvo antes que lo tocaran sin dejar de caminar hacia la chica, comprobando lo rápido que era con su varita.
-¡¿Tus dos padres son muggles?!- exclamó Snape sin dejar de convertir en polvo los calderos mientras daba pasos hacia adelante.
-Sí, y me enorgullecen- dijo la chica conteniendo el enojo para no perder la concentración y el ritmo. Si le daba un segundo extra a Snape, recibiría un maleficio.
-¡Entonces debo admitir que me impresiona que seas tan buena, aun siendo una sangre sucia!- dijo con una sonrisa sarcástica.
Cada vez quedaban menos calderos, cada vez Snape estaba más cerca de ella.
-Me da gracia que trates a los hijos de muggle de forma inferior, siendo que tú vienes de muggles también
-¡¿Y eso de donde lo sacaste?!- chilló Snape perdiendo la compostura demasiado rápido.
-Tengo mis fuentes-
-¡VOY A CONVERTIRTE EN POLVO!-
-¡Sabes que no lo lograrás!- gritó Hermione con firmeza, sobresaliendo del grito del mago- ¡Porque ese no es tu objetivo! ¡Porque tú NO eres así!
-o-
Un pájaro posó sus patas en el borde de la ventana para descansar un momento. Comenzó a cantar mientras la brisa tranquila del viento entraba por los pasillos creando un pequeño ulular entre las piedras del castillo. Lo cuadros colgados en las paredes mantenían su rutina de cada día, hablando entre ellos y cuchicheando los rumores de alumnos que llegan a sus oídos. Todos tranquilos, todos en paz… Hasta que el ruido de una gigantesca explosión envolvió el pasillo de polvo y escombros volaron por el lugar.
Hermione despegó su cara del suelo, sintiendo como sangre comenzó a caer por su nariz. Veía estrellas volar alrededor de su cabeza por el estruendoso maleficio de explosión que lanzó Snape. Incluso un pitido se mantenía en sus oídos, agrandando su jaqueca.
-Creo que exageré con mis comentarios- se dijo a si misma mientras se levantaba.
-¡No me des la espalda!-
Se dio vuelta y vio a Snape correr hacia ella, con el cabello chamuscado y su nariz negra por hollín. Hermione suspiró agotada por la situación y levantó su varita con fastidio esperando otro ataque del escandalizado mago.
-¡¿QUÉ ES LO QUE ESTÁ PASANDO AQUÍ?!
Snape y Hermione quedaron de piedra en posición de ataque en mitad del pasillo, aterrado al escuchar esa voz. La profesora Mcgonagall estaba de pie con sus manos en la cadera, erguida y con el ceño fruncido demostrando autoridad, y su rostro estaba tan escandalizado y enojado que los dos magos no se atrevieron amover un músculo. Ambos sabían cómo era esa mujer.
-¡Bajen sus varitas, ahora!-
No necesitó repetirlo. Los dos magos guardaron las varitas y se pararon erguidos pero con la cabeza gacha, sintiendo como la profesora los fulminaba con la mirada.
-¿Qué es lo que significa todo este escándalo, señor Snape?- dijo caminando hacia ellos y poniéndose entre medio- ¿Y quién eres tú?
-Emma Grint. Vine con Alastor Moody a una reunió con Dumbledore- dijo Hermione sin querer levantar la mirada. Tenía miedo, pero a la vez estaba aliviada de reencontrarse con su profesora favorita- y, em… fui al baño y me perdí.
-Claro… al baño- murmuró Snape con tono sarcástico sin mirarla.
-¡¿Pues cuál es tu cuartada?!- chilló la chica con vergüenza. Obviamente le costaba mucho mentirle a Mcgonagall, sea cual sea la situación.
-Iba a ver a Dumbledore por una entrevista de trabajo- contestó con seguridad, levantando la cabeza y atreviéndose a desafiar a la profesora.
Ella lo miró unos segundos, y suspiró cansinamente.
-Sabes que no deberías venir aquí, Severus- dijo cambiando el tono severo a uno más tranquilo- es peligroso para ti, sobre todo si hay aurores dando vuelta.
Apuntó a Hermione, quién se puso rígida nuevamente, sintiendo su rostro arder. Snape no cambió su mirada desafiante, y se llevó sus manos a los bolsillos de su túnica.
-Hogwarts es territorio neutral para los magos en tiempos de guerra- dijo el mago con tranquilidad, y algo de hostilidad- sobre todo si Dumbledore está aquí.
-Eso no es lo que acaba de pasar. Menos mal que los estudiantes están en clases en este momento- dijo la profesora apuntando los pedazos de piedra en el suelo. Hermione se llevó una mano a su mejilla de forma automática- Su reputación no lo ayuda mucho, señor Snape. ¿Sabe lo que significa destruir parte de la propiedad del colegio?
-Fue mi culpa- dijo la chica, sorprendiendo al mago- Ataqué sin pensar…
Mcgonagall la miró con sus intensos ojos por unos segundos, y luego miró a Snape, quién trataba de estar tranquilo y no parecer sorprendido por lo que la castaña había dicho. Con un movimiento de varita, la profesora colocó los escombros en su lugar y sacó el polvo del cuerpo de Hermione y Snape.
-Síganme, los dos en silencio-
Y comenzó a caminar seguida por los dos magos, quienes no quisieron intercambiar miradas. Los alumnos comenzaron a salir de sus clases y a llenar los pasillos de palabras animadas y risas. Al parecer ese era el último bloque y ahora tenían un fin de semana por delante. Algunos se quedaban mirando a Snape y a Hermione con curiosidad, y cuchicheaban a sus espaldas, probablemente porque Snape había salido del colegio hace pocos años atrás y aún había estudiantes que lo conocían y Hermione llamaba mucho la atención con su fachada de auror.
Después de unos siete minutos caminando, llegaron frente a la gárgola que los llevaba al despacho del director, y para la desgracia de Hermione, Ojoloco Moody estaba de pie junto a Dumbledore quién hablaba animadamente. Hermione sintió el ojo del auror en su frente, y pudo jurar que lo único que quería hacer era traspasarla y dejarle un agujero.
-¡¿En dónde te metiste?!- le gritó sin importarle que Dumbledore aún le estaba contando una historia muy divertida, para él.
-Baño- murmuró la chica, queriendo hacerse lo más pequeña posible.
-¡¿BAÑO?! ¡Un auror no puede ir al baño cuando está en servicio! ¡¿Y tú que haces aquí?!- gritó dirigiéndose a Snape
-Tranquilo, Alastor. Grint es tú acompañante, no está en servicio- dijo Dumbledore posando su mano en el hombro del mago- Señor Snape, que agradable sorpresa.
-Buenas tardes director- dijo muy educado- perdón por no pedir una reunión antes, pero habían interceptado las lechuzas que había mandado en la semana.
-Siempre es por precaución- dijo Moody cruzándose de brazos.
-Hogwarts es suficientemente seguro como para no tomar "esa" precaución, Alastor- dijo Mcgonagall con sus cejas fruncidas- Gracias a eso, estuve a punto de no recibir la carta de James Potter avisando que ya es padre.
-¡¿Qué cosa?!- exclamó Dumbledore sorprendido y con entusiasmo agregó- ¡Eso es maravilloso!
-¿Y eso fue hoy?- preguntó Alastor, también sorprendido
-Sí, pero en la mañana. Por eso te digo que si no fuera porque el ministerio intercepta todas las cartas que vienen aquí, habríamos sabido mucho antes- dijo Mcgonagall. Tenía una extraña expresión en su rostro, una mezcla entre enfado y emoción- tendré que ir después que terminen las clases suplementarias de Transformaciones…
Los tres magos más viejos siguieron hablando por unos minutos, pero Hermione ya no los escuchaba. Su corazón latía a mil por segundo y escuchaba un zumbido en sus oídos mientras que las palabras de Mcgonagall resonaban en su cabeza.
-¿Harry está aquí?- se dijo mentalmente- ¿Ya nació…?
Miró a Snape, y lo vio con la cara más pálida de lo normal y con la vista fija en el suelo. Sus puños estaban cerrados, con sus nudillos brillantes por la fuerza. Hermione pensó que le daría una especie de ataque en cualquier segundo y empezaría a lanzar maldiciones a diestra y siniestra.
-… por ende será mejor que vayan en camino. Señor Snape, tenemos largos veinte minutos para hablar- dijo Dumbledore acercándose a la entrada de su despacho- Después tengo otra entrevista de trabajo. Muchas gracias por traerlos, Minerva. Ha sido un honor, Alastor, señorita Grint.
-Nos vemos luego- dijo la mujer, y mirando de reojo a Hermione, caminó por el pasillo con su túnica haciendo frufrú.
-Vámonos-
Alastor también comenzó a caminar por el pasillo, con Hermione detrás.
Estuvieron en silencio por varios minutos mientras sus pasos resonaban por el pasillo. Se escuchaban carcajadas a lo lejos y gritos, quizás había estudiante jugando a algo o molestándose entre ellos. Llegaron a la puerta del castillo y Moody se quedó de pie, mirando al horizonte.
-Es sabido que Snape es seguidor del Innombrable- dijo el hombre con voz ronca- Y aun así lo defendiste frente a Mcgonagall, ¿verdad? Si no, no hubieran llegado caminando tan tranquilos los tres.
-Sólo estaba asustado- murmuró Hermione agachando la cabeza- como dijo, no vino a pelear sino a hablar con Dumbledore.
-¿Y tú le creíste?-
-No le encuentro sentido que haya venido sólo… por ende, atacar como un motífago no eran sus intenciones reales.
Moody la miró con su ojo mágico de pies a cabeza. La chica se sintió escaneada al igual que cuando Dumbledore la miró, poniéndola intranquila. El sol comenzaba a ponerse en el horizonte, y el borde de los árboles del bosque prohibido brilló a contraluz. Moody posó su mano que afirmaba la varita en el hombro de la chica, haciendo que esta ahogara un grito.
-Eres una mujer extraña y misteriosa, nunca dejaré de decir eso. Pero ya has demostrado ser una fiel seguidora del lado del bien, por decirlo así, así que te has ganado la confianza de todos- De la varita salió una leve luz amarilla, y el dolor de cabeza de la chica se esfumó. Al terminar, Moody le dio un pequeño empujón en el hombro haciendo que la chica se tropezara y casi cayera al suelo- Ve a ver a Lily Potter y a su hijo. Es lo que quieres y es lo que te mereces… y será mejor que vayas rápido antes que empiece a hacer más preguntas.
La chica se dio vuelta masajeándose el hombro, y al ver tan decidido a Moody, asintió y murmurando un gracias salió corriendo por el camino que lleva a Hogsmeade para poder desaparecer. Lo que le había dicho Moody había inquietado un poco su corazón por el simple hecho de quedar en claro que él aún no confiaba sien por ciento en ella…pero tampoco significaba que se había declarado su enemigo. El dejarla ir a ver a Lily al hospital era una señal de que el mago no haría nada en contra de ella.
Apareció en un callejón en la ciudad de Londres, y se dirigió a San Mungo. Había mucha gente en las calles, quizás porque era la hora en que se dirigían a los pubs a tomar después del trabajo. La chica caminó hasta detenerse frente al maniquí de la vieja tienda Puges y Dowse, S.A. Tragó saliva y mirando a todos lados murmuró: Vengo a ver a Lily Potter. El maniquí se movió dándole el pie para entrar, y atravesó el vidrio.
Se encontró en el hall de San Mungo por segunda vez en seis meses. No había tanta gente esperando como la otra vez que fue, pero cada veinte segundos pasaba uno o dos Sanadores corriendo entre los pasillos. Quizás significaba que había más gente hospitalizada de emergencia que esperando por ser atendida. Hermione sintió un cosquilleo en la nuca, y con las manos temblando caminó a recepción para preguntar por Lily Potter, sintiendo mariposas en su estómago al pensar en ella… pero se quedó de piedra al escuchar unas risas estruendosas salir de uno de los pasillos. Unas risas muy familiares.
Dio vuelta en sus talones y caminó en sentido contrario, y tomando una revista de Corazón de Bruja se sentó en un rincón. Levantó levemente la mirada por sobre las hojas y observó a James, Sirius y Frank caminando animadamente. Los dos últimos agarrando al primero, el cual estaba muy pálido pero con una sonrisa pegada en la cara. De vez en cuando se tambaleaba y reía de forma exagerada mientras los otros dos lo afirmaban y se burlaban de él, llamando la aención de algunos pacientes del hospital. Salieron del ahí hacia las calles de Londres sin notar a la chica, la cual suspiró aliviada.
-Te queda bien el cabello así-
Hermione saltó en el lugar, pensando que el corazón se le saldría del pecho por el susto, pero quedó con la boca abierta al ver a Alice Longbottom de pie a su lado, y no venía sola. Hermione se levantó rápida y torpemente sin despegar los ojos del bebe que ella llevaba. Tenía los ojos cerrados y respiraba tranquilamente, como si el estar en los brazos de su madre fuera el lugar más perfecto del mundo.
-Es hermoso, ¿verdad?- dijo la madre también observando a su hijo- fue un parto sin complicaciones. Lloró mucho eso sí, quizás estaba muy cómodo en mi vientre.
-Felicitaciones, Alice- fue lo único que a Hermione se le ocurrió decir. Estaba maravillada por ver a Neville como un bebe, tan pequeño e indefenso, pero feliz.
-Muchas gracias- Alice la miró, y le sonrió- Viniste a ver a Lily, ¿verdad?
-Em… bueno, yo… pasaba por aquí…- titubeó la castaña llevándose la mano a su nuca, muy nerviosa.
-Jaja, entonces llegaste en el momento justo. Frank acaba de llevarse a James junto con Sirius a relajarse en un pub muggle cerca de aquí- dijo la mujer con cierta complicidad, y se dio vuelta- hace mucho que ella te está esperando.
-Eh… ¿ah?-
-Habitación 2209. Que tengas una linda tarde- y Alice siguió caminando por el pasillo con su bebe en brazos, ahora cantándole una canción en susurros.
Hermione la observó aún con un gran signo de interrogación. ¿Por qué la mujer hablaba con un tono como si algo supiera y ella no? Bajó la mirada, sin darse cuenta que la revista la tenía al revés, y la lanzó sobre la silla con decisión y caminó en dirección hacia la habitación de Lily. Subió por las escaleras sintiendo sus piernas como gelatina. Esquivó los tentáculos que salían del brazo de un hombre que era ayudado por tres sanadoras y se tapó los oídos por un pito extremadamente agudo que se escuchó venir de uno de los pisos por los que pasó.
Al fin respiró hondo al llegar al piso correspondiente, y se alegró por silencio. Miró a todos lados sin ver a ningún sanador. Caminó con sigilo viendo los números de las puertas, escuchando sus pisadas resonar en el lugar. Es más, pensaba que los fuertes latidos de su corazón también resonaban sin compasión para que todos supieran que ella estaba ahí. De vez en cuando se escuchaba el llanto de un bebe, poniéndole la piel de gallina, hasta que vio el número indicado, y contuvo la respiración. Se quedó unos segundos viendo los números fijamente, con un torbellino de pensamientos apretujándose en su cabeza.
-¿Y qué pasa sí está enojada conmigo y no quiere verme? ¿O sí se alegra de verme? ¿Qué hago si me abraza? ¿Qué le digo? ¿Perdón? ¿Te extrañe? ¿Te amo? …¡NONONO! ¡¿Cómo demonios voy a decirle eso?! No ahora por lo menos… ¿Se lo voy a decir? ¿Hay que decirlo? ¡Arsh!
Sacudió la cabeza y miró la puerta con las cejas fruncidas sintiéndose la persona más estúpida y torpe del mundo, y llenándose de la valentía que sabía que no tenía en ese momento, tomó el picaporte y entró.
La habitación era pequeña pero acogedora. Una luz cálida provenía de una especie de lámpara pegada a la pared que iluminaba toda la habitación, pero no era una lámpara con ampolleta sino con un círculo transparente del cual una luz salía. En la mitad de la habitación había una cuna y una cama, y en ella se podía ver el pelo rojo de Lily Potter la cual estaba recostada dando la espalda a la puerta. Hermione tragó saliva, teniendo la sensación de que su boca estaba demasiado seca y que la saliva que tragó se le quedaría pegada en la garganta. Cerró la puerta y dio unos pasos hacia adelante.
-Em… hola…- dijo tímidamente.
Esperó en silencio, y al no ver movimiento alguno de la pelirroja, se acercó más a ella rodeando la cama. El aire se le fue unos segundos al ver el rostro de Lily después de tanto tiempo. Se le veían unas grandes ojeras, y estaba más pálida de lo normal, pero se veía tranquila... Y hermosa como siempre. Tenía sus ojos pegados en su hijo, quién estaba entre sus brazos durmiendo plácidamente.
-Es hermoso, ¿verdad?- susurró Lily sin levantar la vista, mostrando una sonrisa. Su voz sonaba rasposa.
-Sí…- fue todo lo que Hermione pudo decir.
Quedó en blanco al estar frente a Harry Potter nuevamente. Sus rasgos no habían cambiado tanto al ser un bebe, solo que eran más redondos por ser más pequeño. Se acercó un poco, con los ojos brillantes por la emoción.
-Se ve tranquilo-
-¿Quieres tomarlo?-
-¿Eh?... no, no sé…- Hermione se convirtió en un manojo de nervios al ver como Lily se incorporaba con Harry en sus brazos para pasárselo.
-Tranquila. Solo ten firme los brazos. Es tranquilo- le dijo la pelirroja con una sonrisa. Parecía que le divertía la expresión de Hermione.
La castaña tenía los ojos abiertos de par en par, con las manos sudándole un montón, pero pudo mantener a Harry en brazos sin problemas. Era una sensación tan extraña, pero le daba mucha felicidad y un dejo de melancolía. El niño se movió un poco en los brazos de la chica, pero se acomodó y siguió durmiendo. Se veía tan delicado que Hermione temía que si ella se movía, el niño se quebraría. Se quedó mirándolo unos segundos, sin dejar de sonreír nerviosa mientras el niño dormía.
-¿Es la primera vez que tienes un bebé en brazos?- preguntó Lily mirándola desde la cama.
-Sí… me es un tanto aterrador la verdad… tener a un bebe…- murmuró Hermione, y miró a Lily- ¿Nunca sentiste miedo?
-Por supuesto. Pero lo amo demasiado como para dejarme llevar por eso-
-Es admirable…-
Hermione miró a la pelirroja, y ella la miro de vuelta. Ese segundo en el que conectaron sus ojos, Hermione sintió una electricidad ir desde sus talones hasta la nuca, aparte del calor casi incandescente en sus mejillas. Tembló y sintió la urgencia de dejar a Harry en un lugar seguro, sus manos temblaban demasiado.
-Em…-
-Déjalo en la cuna-
Hermione dejó al bebe con cuidado en la cuna, esperando que sus movimientos no fueran tan bruscos como para despertarlo. Y resultó. Sonriendo, la castaña levantó la mirada y observó nuevamente a Lily, quién se había recostado de nuevo y miraba hacia el techo. Tenía una mirada melancólica y un poco perdida, lo que hizo que Hermione se preocupara. Acercó una silla que había a un lado de la cama y se sentó cerca de la pelirroja.
-¿Estás bien?-
Lily no contestó en seguida. Se quedó con la mirada en el techo unos segundos sin moverse. Hermione la miró con paciencia, pero mientras más avanzaba el tiempo más ansiosa se sentía, como si un globo comenzara a hincharse en su pecho y en cualquier segundo fuera a explotar. Tamborileó sus dedos en su rodilla, conteniendo un poco la respiración, hasta que abrió un poco la boca para hablar, pero titubeó. La pelirroja se dio cuenta y la miró, recostándose de lado para verla mejor. Hermione tuvo que obligar a su cerebro a trabajar.
-Conseguí otro Horrocruxe-
-¡¿Eh?! ¿Cuál?-
-Hogwarts- y le mostró la diadema que tenía guardada en uno de sus bolsos de su cinturón- No fue tan difícil… solo me encontré con Severus Snape.
-¿Severus?...- murmuró Lily y se llevó una mano a la boca, pensativa- ¿Qué hacía en Hogwarts…? ¡¿Te hizo algo?!
-No, no… o sea, un rasguño, pero nada más- la tranquilizó Hermione moviendo sus manos- Como todos piensan que es mortífago, andaba a la defensiva. Pero sabes que no es una mala persona.
-Mmm… es verdad…-
La miró de forma tan intensa que Hermione comenzó a sudar, y se movió nuevamente, muy nerviosa.
-¿Qué… que ocurre…?-
-Te queda bien ese corte- murmuró, al fin desviando un poco la mirada.
-Em… gracias…-
-¿Y esa cicatriz?
-Fue un error mío, aunque dicen que me veo interesante. Ojoloco se sintió orgulloso…- pero se cayó antes de terminar su idea.
Lily llevó su mano al rostro de la castaña, y acarició la cicatriz larga y delgada de la chica. Hermione sintió un cosquilleó en el estómago, y contuvo por un segundo la respiración.
-No era necesario que fueras a ese curso- dijo Lily con voz apagada.
-Si lo fue… me hizo pensar…-
-¿En qué?-
Hermione se quedó en silencio unos segundos, sintiendo la mano de la pelirroja en su rostro. La verdad de todo era que el haber estado tantos meses alejada de Lily en un entrenamiento intenso de Aurores la había hecho mejorar sus habilidades en combate mágico y sus reflejos y fuerza… pero en lo que más la había ayudado era en aceptar sus sentimiento, y admitir que estaba enamorada de la pelirroja, todo lo contrario a su objetivo inicial. Era algo que ya no podía negar, y no iba a negar.
-En que te eche de menos, más de lo que pensaba-contestó la castaña dándole una sonrisa.
Lily la miró, y sus ojos brillaron por las lágrimas que querían salir aparte de sonrojar sus mejillas.
-Emma, yo…-
La puerta se abrió abruptamente y un puñado de cabezas rojas entraron en la habitación ruidosamente, haciendo que Hermione se alejará rápidamente de Lily y se levantara de la silla. El ruido inundó la habitación.
-¡Tía Emma!- chillaron Fred y George corriendo hacia la chica moviendo sus manos.
-¡Hola…! Que grandes están…- dijo la castaña tratando de parecer tranquila y tomando a los dos gemelos en brazos- ¿Qué tomaron para crecer tanto?
-¡Mucha leche!
-Supuse que íbamos a encontrarte acá. Saluden niños- dijo Arthur Weasley con Percy en los brazos- ¿Cómo estás Lily? Molly manda saludos, dijo que no podía venir hoy porque Ron esta con un resfrío, y prefirió no sacarlo.
-Bien… gracias- dijo Lily incorporándose en la cama con una sonrisa amable, aunque alguien más observador habría notado que la estaba fingiendo- Me alegro de verlos, así tendré una excusa de despertar a Harry, ha dormido todo el día.
-Es pequeño- dijo Charlie, quién había corrido a la cuna junto con Bill.
-¿Podemos tocarlo?- preguntaron los gemelos desde los brazos de Hermione.
-No, solo verlo. No lo molesten- dijo Arthur acercándose a Lily y bajando a Percy- Anda, ve a saludar.
Los gemelos también se apresuraron a bajar de los brazos de Hermione y correr hacia la cuna, y cinco cabezas rojas estuvieron alrededor de Harry Potter, mientras este seguía durmiendo plácidamente. Hermione los miró desde un rincón, mientras Arthur le hacía las preguntas correspondientes a Lily sobre el parto. Tenía una extraña sensación en ella, como si estuviera flotando en la mitad del lugar, pero al mismo tiempo estuviera en otro lado. Además que la adrenalina por los nervios se había ido un poco, dando paso al cansancio. Lily iba a decirle algo antes que los Weasley llegaran… quizás era algo que ella quería escuchar, pero no sabía si debía hacerlo…
-Emma… ¿me pasas a Harry?-
Hermione salió de su letargo y observó a Lily, quién la miró con la misma intensidad de antes en sus ojos que no pudo evitar sonrojarse. Asintió rápidamente y fue a la cuna a levantar a Harry. Le gustaba tenerlo en brazos, aunque fuera tan pequeño y frágil.
-¿Y dónde está James?- preguntó el Señor Weasley mientras veía como Hermione devolvía a Harry a los brazos de su madre.
-Fue por ahí con Frank y Sirius- dijo frunciendo el ceño.
-¿Y estás bien así? ¿Necesitas algo?- preguntó el pelirrojo, entendiendo el mensaje en el tono de Lily.
-Sí. Emma está aquí- dijo la chica, y miró nuevamente a los ojos de Hermione- Y se quedará conmigo. ¿Verdad?
Se quedaron unos segundos en silencio, las dos entendiendo que eso significaba algo más.
-Por el tiempo que necesites, me quedaré- contestó Hermione, sonriéndole con alegría.
Muchas gracias, nuevamente, por darle un tiempo a esta historia. Me gusta mucho escribirla.
Agradeceré más a sus comentarios, si les gusta, si no, si les es indiferente... etc XD
Nos leemos pronto
