I
Miró una vez más a su padre, buscó respuesta en su hermano. Ninguno dijo nada, gruñó lastimosamente antes de dar vuelta y salir corriendo del lugar. Debía encontrarla, él la salvaría.
—Mi señor, su hijo es uno de los nietos de Kaguya Otsutsuki, su sangre a pesar de ser de especie híbrida, los genes celestiales son dominantes a los genes humanos—
—Esto solo traerá problemas…—
—El problema vino con aquella joven humana—
—Podemos ayudarle, padre usted pued….—
—Ashura-sama, el destino de la chica está manchado, pude verlo en sus ojos. La voluntad de Kaguya-sama cayó a modo de castigo sobre esa mujer y sus reencarnaciones—
—Lo siento, hermano—
El cielo se tiño con el ocaso, mientras la nieve caía a su alrededor, finamente pintando de carmesí, tosió tras buscar un poco más de oxigeno. Cerró los ojos con tranquilidad. Pudo sentirlo al instante, aquellos brazos envolviéndola con sumo cuidado.
—Necesitamos regresar y buscar algún curandero—escuchó.
—Lo siento, no creo lograrlo—susurró con poca fuerza. Era consiente de su situación, aquella herida era profunda y critica. Él cerró los ojos, al abrirlos el color rojo lleno su vista con tres tomoes adornando. Se le corto el aliento viéndolo de aquella forma.
—¿Qué es eso? —indagó a cuestas.
—Sharingan, mi padre lo llamó así—respondió.
—Sharingan—repitió. Lo miró con sumo cuidado. Sonrió suavemente, usando un poco de su fuerza para poder llevar su palma a la mejilla del hombre, acariciando con cariño. Tosió nuevamente.
—Estos ojos….—murmuró. —Reflejan el corazón—soltó.
Frunció el ceño, no logrando entender. Sorprendiéndose al sentir las mejillas húmedas, sin soltar a la mujer, subió una de sus palmas tocando su rostro, encontrando rastros de agua.
—Es la primera vez—sonrió nuevamente la chica. —Que te veo llorar…—masculló. Retirando cada lágrima con su suave toque.
—Estarás bien—susurró el chico.
—Indra…—sollozó. —Tengo miedo, tengo tanto miedo—su voz cada vez iba cayendo.
—Estoy aquí—habló el castaño. —No me iré de tu lado, Yohiro—soltó con amabilidad, mirándola a los ojos.
Observó el rostro de la mujer perder su fuerza, apenas y detectaba el movimiento en su pecho a causa de su dificultosa respiración. Se inclinó hasta quedar a centímetros de su rostro.
—Volveremos a estar juntos—dijo mirando el rostro pasible de la chica. —Y para lograrlo, mi alma no dejará de reencarnar una y otra vez—sentenció.
Plantó sus labios sobre los de ella, sintiendo la poca fuerza que la chica aplico a aquella unión, su promesa. Un instante fue suficiente para sentirla fallecer, el peso cayó contra sus brazos y el rostro de su mujer chocó contra su pecho.
Su vista se nublo, tocó cerca de sus ojos, más agua salía de ellos, lágrimas las había visto más de una vez en los hermosos ojos jade de Yohiro. Un nudo se aferro a su garganta, envolvió el cuerpo de la mujer con un poco más de fuerza y el agonizante alarido retumbo en el cielo. Una nueva forma nació, el sharingan en sus ojos cambió.
Se levanto con fuerza, sintiendo el mareo al instante. Sus ojos analizaron el lugar, su hogar suspiró un con tranquilidad, su piel se estremeció al instante aquel sueño fue tan real, sonrió levemente parando su acto al instante con cautela llevó su mano a su rostro. Lágrimas.
—¿Sakura?—escuchó.
—Bienvenido—musitó, limpiando su rostro.
—¿Estás bien? —cuestionó, mirándola con preocupación.
La pelirrosa asintió, limpiando por completo su rostro. Rió nerviosa mientras se colocaba de pie, el Uchiha suspiró suavemente, la miró sin creerle, se acerco a ella. La puerta se escuchó y tras ella un par de pasos que a los pocos segundo se apresuraron a la sala.
—Ya estoy en casa…—escucharon.
—Sarada—ovacionó la mujer al verla entrar a la sala, los ojos de su hija brillaron con emoción.
—¡Papá!—chilló maravillada la pelinegra.
La niña se apresuró hasta el Uchiha, el cual sonrió ladino. La Uchiha menor envolvió a su padre entre sus brazos, ¿Cuánto tiempo tenía desde la ultima vez que lo vió? 5 meses, quizás 6. No estaba segura. Sintió el suave pero tímido toque de su padre sobre su cabeza, acariciando su cabello.
—¿Cuánto tiempo te vas a quedar?—preguntó la menor.
—No ha sucedido nada fuera de lo común…—respondió, miró a su esposa. —Los rastros de los Otsutsuki han desaparecido…—suspiró aliviado.
Se estremeció ante la mención de aquel clan, recordando aquel extraño sueño. Tragó grueso, sacudió suavemente la cabeza alejando aquellos pensamientos. Sonrió comprensiva ante la noticia.
—Eso quiere decir…—se animó Sarada. Mirando a su padre, sin soltarlo.
—Pasaré más tiempo en la aldea a partir de ahora—informó el Uchiha.
Una semana transcurrió desde aquel acontecimiento, las personas de la aldea seguían sin asimilar el ver a la familia Uchiha caminar por las calles de Konoha, las dos mujeres llevando a rastras al hombre. Quien una vez fue el temible desertor en busca de poder y venganza, aquel que sobrevivió a la masacre de su clan.
La noticia había volado inclusive a las aldeas vecinas, era comprensible. Y Naruto ya estaba cansado de sellar permisos de entrada a la aldea, él también estaba feliz, le alegraba saber que aquella familia finalmente estaría junta. Pero el regreso de Sasuke Uchiha a Konoha era novedad en las 5 naciones. Había recibido desde palabras llenas de felicitaciones para su amigo, inclusive algunos arreglos florales dandole la bienvenida y turistas que llegaban a Konoha con la ilusión de ver al Uchiha en persona.
Suspiró al cerrar la puerta de su casa, dejando su par de zapatillas en la entrada, camino con la bolsa de la cena hasta la cocina. Grande fue su sorpresa al ver a su marido sentado en una de las sillas del comedor con una taza té.
—Sasuke-kun—saludo la mujer. —Estoy en casa…—sonrió.
—Bienvenida—comentó el Uchiha.
La siguió con la mirada viéndola caminar hasta el refrigerador tomando un par de tomates, antes de comenzar a picarlos, su vista se perdió en el sedoso cabello de su mujer, bajando por el níveo y delicado cuello, hasta llegar al simbolo de su clan, aquel simbolo que sabía, Sakura portaba con orgullo y avives.
—Pensé que estarías entrenando—escuchó la voz de Sakura.
—Prefiero quedarme en casa por ahora—respondió frunciendo el ceño. Su mirada se desvió a la ventana más cercana.
—Naruto debería hacer algo—suspiró cansada la pelirrosa. —Hoy tuve varias visitas en el hospital, llegaron varios regalos sobre todo chocolates con tarjetas pidiendo que se los haga llegar a MI esposo—refunfuño, tapando la olla llena de comida. —Y por supuesto los chocolates se los dí a los niños del hospital—sonrió inocente.
El azabache sonrió divertido, hacía mucho que no escuchaba de aquel modo a su mujer. Sakura había madurado, por supuesto que lo había hecho, ella se encargo de educar a Sarada en su ausencia. La vió sentarse frente a él, nerviosa. Le miró confundido.
—Cariño…—llamó. Y el sintió un calor tranquilizador en su pecho, Sakura siempre había sido cariñosa con él, ahora el podía notarlo, ese amor infantil había madurado. —Hemos conocido a mas de un Otsutsuki como Kaguya, Toneri, Momoshiki y Urashiki—nombró, mirándolo a los ojos.
—¿Qué pasa?—pregunto el Uchiha. —A que viene todo esto—frunció levemente el ceño.
—Hace unos días, el día que llegaste a casa, tuve un sueño muy extraño…—murmuró. El azabache la miró esperando a que siguiera, recordaba aquel día en que había llegado al departamento donde vivía su familia. Aquel departamento que ocupaban antes de su mudanza a la casa que ahora era su hogar. Encontrando a su esposa con lagrimas corriendo por su rostro. —¿Quién es Indra Otsutsuki? —cuestionó.
—Indra Otsutsuki—repitió el azabache.
Divagó entre sus pensamientos, desde sus recuerdos en la cuarta guerra shinobi, hasta el momento donde escucho aquel nombre. El sabio de los seis caminos mencionó que confiaría su poder a Naruto y a él. A Naruto por ser la reencarnación de Ashura y a él… como la reencarnación de Indra.
—¿Sasuke? —nombró la pelirrosa.
Al obtener la atención del hombre, le miró con tranquilidad antes de comenzar a contar aquello que vió en el sueño, lo que el clan había hecho con aquella mujer. Lo que Indra Otsutsuki sufrió a causa de la perdida. El Uchiha la miró con curiosidad, la observó a los ojos buscando alguna pisca de broma en sus palabras, más su mujer hablaba con la verdad y lo vió apenas cruzaron miradas. Suspiró.
—En la cuarta guerra recibimos ayuda de un ser celestial—comenzó el Uchiha en un suspiro.
—El sabio de los seis caminos—afirmó la mujer. Sasuke asintió.
—Para sellar a su madre, nos otorgó el poder de sus dos hijos a Naruto y a mi—informó sorprendiendo a la pelirrosa. —Ashura quien su chakra fluye en el interior del dobe, siendo su reencarnación—contó con tranquilidad. —E Indra quien su chakra fluye….—fue interrumpido.
—En ti—terminó la Uchiha. El azabache confirmo mirándola.
—Hubo otros antes de Naruto y yo—siguió el azabache. —Las reencarnaciones en generaciones anteriores fueron Hashirama Senju y Madara Uchiha—soltó.
La sorpresa se plasmo en su rostro, Sasuke soltó un suspiro antes de colocarse de pie caminando hasta la tetera sirviendo un poco de té, colocándolo frente a su mujer. Observó a la pelirrosa tomar la taza temblando un poco. Sakura bebió del té, cerrando los ojos al sentir el cálido liquido bajar por su sistema digestivo. Suspiró, abriendo sus jades nuevamente.
—No entiendo por qué has soñado acerca de ellos dos—hablo el Uchiha. —Pero ellos no somos nosotros dos, Sakura—señaló con tranquilidad.
—Madara…—nombró. —Debe haber algo de información de él en el barrio del clan—murmuró la pelirrosa.
—Sakura—llamó el Uchiha.
—Solo quiero saber un poco más acerca de esto, si esa maldición cayó en las reencarnaciones de la mujer de Indra Otsutsuki, quizás Madara también sufrió—soltó, sorprendiendo a su marido. —Y yo…—calló al sentir a su esposo abrazarla.
—Solo fue un tonto sueño, estarás bien… estaremos bien—puntualizo el hombre.
N/A: La historia está más o menos adaptada a la serie, espero les guste.
