II

Caminaba frente a ellas, suspiró antes de encender una antorcha con ayuda de su Katon. Siguió con su camino, siendo seguido por su hija y su mujer, Sarada miraba sorprendida y maravillada las estructuras de aquella cueva bajo los escombros del barrio Uchiha. El símbolo que hacia alusión a su clan adornaba las paredes de forma simple y elegante.

Caminaron hasta una habitación siendo iluminada por al menos 3 antorchas en cada muro, una mesa estratégicamente colocada en el medio del lugar y varios estantes con libros y pergaminos llenos de polvos. Sarada soltó un alarido lleno de sorpresa, observando una pared con repisas llenas de espadas y algunas armas más.

—Papá—llamó la pelinegra corriendo hacia las repisas. —¿Por qué mamá y yo no sabíamos acerca de este lugar? —cuestionó con el ceño fruncido.

—Sobre eso….—murmuró la pelirrosa.

—Tu madre sabía del lugar y tiene acceso a el—soltó el azabache, restándole importancia.

Sakura sonrió nerviosa al ser blanco de la mirada incrédula y culpable de su hija. Se acercó a su marido quien la miro a los ojos antes de asentir. Sarada observó a sus padres tomar un par de pergaminos completamente deteriorados. Buscó entre los estantes algún libro, captando su atención uno de ellos. Lo tomó y se acerco a la mesa donde sus padres yacían sentados leyendo.

—Nikushimi no Noroi—leyó el titulo del libro. —Curioso nombre—susurró.

Los orígenes de la maldición se remontan muchos siglos atrás, cuando Harogomo Otsutsuki, conocido por el mundo shinobi como el Sabio de los seis caminos tomó la decisión de nombrar a su hijo menor como su heredero. Se desconoce la identidad del sujeto que incitó al hermano mayor a envidiar y odiar a su hermano.

Intentando así reclamar el legado de su padre a la fuerza, aún cuando el Sabio consideró que las creencias de su hijo menor eran la clave para la paz. Consumido por el odio, el hermano mayor peleó contra su hermano menor, así comenzando un ciclo de odio que trascendió durante la historia entre los clanes descendientes de estos: el Clan Uchiha, descendiente de Indra, el hermano mayor y el Clan Senju, descendiente de Ashura, el hermano menor.

Los Uchiha poseen una gran capacidad de amor. Aunque irónicamente esta capacidad para amar ha provocado la caída de muchos miembros del clan a lo largo del tiempo. Si los Uchiha pierden a una persona amada, se genera una profunda desesperación, por lo que su amor es fácilmente transformado en un profundo odio. Debido a esto, los Uchiha pueden generar cierto chakra del nervio óptico, que genera el Sharingan.

Por otra parte, cuanto más sufrimiento experimenta un Uchiha, más poder puede ganar, consiguiendo técnicas superiores, lo cual los lleva a adentrarse aún más en la oscuridad, sólo mostrando arrogancia, superioridad y el poder de su clan sin importar las consecuencias.

Cuando un Uchiha está inmerso en la maldición de odio, la más mínima mención a la persona cuya muerte provocó que se pierdan, los hará enfadarse. Cuando estas personas se han hundido en la oscuridad, pierden el raciocinio, exceptuando con las personas importantes para él, las que provocaron su cambio. Hasta el momento no hubo excepciones, no se han conocido casos de Uchihas que han trascendido la maldición, que dejaron de actuar sólo por el clan o empezaran a pensar como shinobi de su aldea.

Yo soy un gran ejemplo y heredero de esta maldición, obtuve el Mangekyo Sharingan después de la muerte de mi hermano y el Mangekyo Sharingan Eterno tras la muerte de la mujer que me aceptó después de mi deserción de la aldea.

Madara Uchiha

La pelinegra, bajo el libro tragando grueso. Aquello que había leído era un testimonio. El testimonio de la investigación que su ancestro, legendario shinobi y antiguo lider de su Clan, había escrito. Recordó un fragmento de la lectura, estremeciéndose a causa de lo abrumada que se encontraba.

—El Sharingan evoluciona cuando se pierde a quienes amamos—habló Sarada.

—No estaría tan seguro de eso—escuchó a su lado.

Giró su rostro, encontrándose con su padre el cual no quitó la mirada del pergamino que tenia en mano. Lo vió dejar el pergamino sobre la mesa, observando como mantenía su mirada al frente mirando a su mamá buscar otro pergamino más. Su padre giro el rostro hacia ella, sus ónix conectaron con los de ella.

—El odio ha desaparecido del Clan, gracias a tu madre—musitó.

—¿Por mamá? —pregunto sorprendida.

—Yo estuve sumido por esa maldición y por ello conseguí el Mangekyo Sharingan Eterno cuando fui el ultimo miembro del Clan—informó con tranquilidad. —Tu madre es la razón principal de que esa maldición se deshiciera—reveló.

—Pero no entiendo, la evolución del sharingan desde los tomoes al Mangekyo Sharingan Eterno—murmuró la pelinegra. —Evoluciona gracias al dolor—soltó.

—No—negó el Uchiha. —Sarada, eres la prueba de ello—suspiró mirándola. —Tu Sharingan evolucionó gracias a tu sentimiento de anhelo, no fuiste víctima de la maldición del odio—terminó.

Ambos observaron a Sakura, la cual regreso a su lugar con 3 pergaminos entre sus brazos. Sarada le sonrió a su padre, antes de que este se levantara en busca de otro pergamino. La Uchiha, regreso a su libro leyendo hoja tras hoja. Era consiente que faltaba muy poco para terminar de leerlo. Suspiró, aquellos relatos realmente eran entretenidos y despertaban su curiosidad.

—No hay Clan que sienta más amor que los Uchiha—leyó aquella página. —Noche tras noche, soñando con aquella mujer y ese hombre. La historia más bella que he conocido—leyó en voz alta.

—No sabía que había esa clase de historias entre los escritos del Clan—murmuró Sakura sin despegar su mirada de su lectura. Sarada se sonrojo levemente.

—Debe ser alguna novela de mi madre o Izumi—respondió en voz baja Sasuke.

La pelinegra, tosió levemente acomodando sus lentes tratando de serenarse. Sintió las mejillas y orejas calientes ante el comentario de su madre, no era alguien a quien le gustara esas historias clichés. Pero estaba segura que aquella no era un simple cuento o novela como sus padres dijeron. Suspiró antes de volver a su lectura.

La leyenda de Yohiro, mejor conocida como Sakura por el país de los antepasados comenzó hace cientos de años. Por aquel entonces cuando la diosa que llegó a la tierra fue sellada por sus dos hijos, la paz reinó por un tiempo. Sin darse cuenta que dios árbol había consumido el resentimiento y voluntad de aquella diosa.

El nacimiento de los nietos de aquella diosa alumbró la tierra, dando inició al ciclo de la vida híbrida Humano-Ser celestial. El crecimiento de aquellos dos niños parecía el ying y el yang. Por obra de los nutrientes del dios árbol un nuevo ejemplar creció lejos de aquel lugar, canalizando un poder divino. Creando un hermoso bosque, lleno de árboles frondosos que exhalaban delicados perfumes y consolaban a los atormentados humanos que viajaban cerca de aquel lugar.

En aquel hermoso bosque había sin embargo, un árbol que nunca florecía. Aunque estaba lleno de vida, en sus ramas nunca aparecían las flores. Desgarbado y seco, como si estuviera muerto. El árbol permanecía muy solitario.

Los animales no se le acercaban por miedo. La hierba tampoco crecía a su alrededor. La soledad era su única compañía. Cuenta la leyenda de Sakura que una noche un hombre apareció en aquel bosque, caminando hasta hallar aquel árbol. Aquella noche ese humano se tumbo a pie del árbol, mirando el oscuro cielo. Cuando una luz cálida invadió aquel bosque por completo. Y tras unos segundos frente al hombre la figura de una mujer se manifestó.

Desconfianza fue el primer sentimiento de aquel hombre hacia la mujer, que con el pasar del tiempo brotó un sentimiento que ayudó a ambos en su propósito de florecer. Yohiro una mujer que impresionaba por su belleza, ojos brillantes como el jade, piel blanca y castaño cabello.

Sin saber el ¿por que?, aquel hombre acudía todos los días a encontrarse para conversar con aquella mujer. Cuanto más la conocía, más necesidad sentía de estar a su lado. Yohiro confesó su amor. El tiempo pasó y tras peleas consigo mismo aquel hombre correspondió.

Una noche de inverno, cuando Yohiro lo esperaba fue atacada, anheló a aquel hombre y al mirar al cielo, comprendió. Aquella voluntad, la fuerza que emanaba el dios árbol le dio su castigo.

Cuando el hombre la encontró, fue demasiado tarde. La mujer perdió la vida, su amada murió en sus brazos. Tras su muerte, el odio lo consumió. Y una maldición fue otorgada.

La sepulto justo en el bosque donde se conocieron. Los meses pasaron y ante la mirada vacía y con poca vida de aquel hombre, cayó a pie del árbol que floreció en el lugar. Muriendo con la vista plasmada a los pétalos rosados de aquel frondoso árbol. Bañado del amor de ambos, un amor que perfuma los campos cercanos.

Hanako Uchiha