Feliz cumpleaños Harry!
Aunque el capítulo no es muy feliz... Pero bueno.
Feliz cumpleaños JK!
Hermione no sabía que era realidad, o que era pesadilla. A veces se veía en un lugar oscuro, frío y estaba completamente sola. Otras veces se encontraba vomitando sangre al borde de la cama al lado de Lily y Molly y a los segundos comenzaba a correr por un bosque en llamas, escuchando la horrible risa de Bellatrix Lestrange perforando sus oídos.
No sabía cuánto tiempo había pasado. A veces trataba de ver por la ventana desde la cama en donde estaba y descifrar si la luz que entraba a su habitación era luz de Sol o luz de un fuego candente que quemaba a todo Hogwarts. Tenía frío, temblaba, se sentía mareada, y un dolor intenso en su pecho hacía que perdiera la cordura y comenzara a gritar con frenesí. Buscaba a Lily pero no la encontraba. La pelirroja desaparecía de su vista.
-Vuelve… Emma, por favor vuelve a mí-
Los oídos de Hermione estaban tapados por algo. Los gritos a su alrededor sonaban como si estuvieran al otro lado de una pared. Caminaba por un pasillo oscuro, sin saber si era piedra, mármol o madera. No sabía cuánto tiempo llevaba caminando, pero sentía sus pies cansados, y su cuerpo muy pesado.
Tenía mucho frío, pero su rostro estaba caliente, como si tuviera fuego sólo a centímetros de ella. Sentía el olor a sangre impregnado en su nariz, dándole ganas de vomitar pero no podía detenerse. No podía dejar de caminar, al igual que no podía dejar de escuchar esos gritos. Los gritos de Ron, de Harry, de Ginny, de Hagrid… de toda esa gente que había conocido en Hogwarts… Los gritos de Lily.
-Emma… Emma-
Los escuchaba tan cerca, pero no podía verla. Su pecho se contraía y sentía un dolor muy fuerte. Debía seguir caminando, debía correr y alcanzarla… tenía que salvarla. Había perdido a los demás, no podía perderla a ella también. Una luz verde atravesó sus ojos, y el dolor se triplicó haciendo que Hermione gritara. Sintió dos manos frías como el hielo agarrando con fuerza su rostro, y al ver los ojos de Bellatrix Lestrange su corazón se detuvo. Su carcajada traspasó su cabeza aumentando las náuseas.
-Déjame ir…- suplicó Hermione con los ojos llenos de lágrimas.
-Vas a tener que matarme, Granger- le dijo, mostrando sus dientes amarillos en una sonrisa sádica. El olor a sangre la abofeteó de nuevo- ¡Mátame, Granger!
-¡DEJAME!-
-¡Emma!-
Hermione abrió los ojos de par en par, y tuvo la urgencia de ponerse de lado al sentir unas arcadas muy fuertes. Vomitó al borde de la cama. Lily la ayudó a sentarse para que echara todo lo que debía para afuera y le pasó un balde mientras acariciaba su espalda. Estuvo un minuto entero con el rostro dentro del balde, sintiéndose mareada, asqueada y avergonzada. Al sentir que ya no podía echar nada más afuera, levantó la cabeza y se limpió con un pañuelo que le había pasado la pelirroja.
-Perdón- murmuró. Su voz sonó rasposa, como si no hubiera hablado durante días.
-No tienes porqué disculparte- le dijo Lily con el ceño fruncido- Estás despierta al fin, es lo que importa.
-¿Cuánto… cuanto tiempo he estado en cama?-
-Llevas tres días delirando - dijo Lily mientras la ayudaba a limpiarse y a secar su sudor- el maleficio que Lestrange dejó un extraño veneno dentro tuyo y estuviste así, al borde de la muerte... Más de tres veces tu corazón se detuvo…
La voz de Lily se quebró. Cerró los ojos y abrazó a Hermione con fuerza hundiendo su rostro en el hombro de la chica. La castaña sintió una punzada en su pecho, pero no le hizo caso. La angustia en la voz de Lily y su rostro cansado y con miedo hicieron que se sintiera culpable. No había sido lo suficientemente fuerte como para evitar el ataque de Bellatrix Lestrange, y ahora sucumbía a las consecuencias del veneno, preocupando a la chica e impidiendo que ella descansara. Quizás cuanto tiempo llevaba sin dormir. Y todo por permanecer a su lado.
-Ya volví…- murmuró la castaña devolviendo lentamente el abrazo. Sentía los brazos muy pesados- gracias por… permanecer a mi lado y cuidarme…
-Eres la persona que amo…- dijo Lily sin despegarse de ella. Al parecer no quería que viera su rostro- obvio que te cuidaré… Siempre te cuidaré, Emma.
Se separó y secándose las lágrimas rápidamente la ayudó a recostarse de nuevo. Le limpió el resto de sudor del rostro y le dio un poco de agua, y una poción para el dolor con un antídoto. Hermione se sentía tan débil que no podía mantener los ojos abiertos por mucho rato. Sentía un leve silbido al respirar que provocaba que le ardiera el pecho, pero se mantuvo en silencio con los ojos cerrados por varios minutos, apretando la mano de Lily mientras esta, con su otra mano, acariciaba su rostro.
Hermione no supo cuánto tiempo estuvo así, pero si se dio cuenta que su malestar y las náuseas habían bajado considerablemente. Al abrir los ojos notó que todo estaba muy oscuro, y estaba sola. Le costaba respirar con normalidad y el silbido que salía de su pecho la ponía nerviosa. Trató de incorporarse y prender la luz para ver mejor (estar en la oscuridad tampoco la tranquilizaba mucho) pero unas voces llamaron su atención. Venían del living.
Tuvo la urgencia de levantarse, porque el tono de esas voces era algo alterado. Desgraciadamente, cada movimiento que hacía le provocaba un dolor intenso en el pecho, como si la gravedad hiciera que su herida se agrandara. Logró levantarse y se acercó lentamente a la puerta, apoyándose en ella y respirando agitadamente. El silbido en su pecho era más rasposo, y hacía que le ardiera aún más. Apoyó su rostro en la puerta y escuchó.
-¡Si él dice que es la única forma, entonces lo es! No me gusta, pero tenemos que pensar en nuestro hijo-
-¿Ahora piensas en él?-
-¡Siempre he pensado en él y lo sabes!-
-Un niño tiene que estar rodeado de su madre Y su padre…. No de lo que sea que venga como reemplazo-
-Retira eso…-
-¡Ya! No es momento para esta discusión. Estamos perdiendo el tiempo y cada segundo es preciado-
-No podemos movernos, no mientras Emma esté en ese estado-
-Lily, dije que yo puedo encargarme de ella. Ahora lo que importa es sacar a Harry de aquí cuanto antes. Deben elegir al guardián ahora-
Hermione escuchó la conversación, y sus pies se movieron por inercia mientras su corazón bombeaba sangre rápidamente. Sintió pánico, y la horrible urgencia de detener todo lo que estaba pasando. Cometerían el error que los condenaría a todos, y ella debía parar eso ahora. Tratando de no pensar en el dolor que sentía en su pecho y la fatiga, se paró en la entrada de living y miró a todas las personas que estaban ahí y sin esperar un segundo más levantó su mano.
-Yo… seré su guardián…- dijo lo más alto que pudo. Su voz aún sonaba rasposa.
Todos en el living se dieron vuelta y la miraron. James tenía los ojos fuera de sí, y estaba más despeinado que antes. Lily tenía las mejillas rojas, pero no por vergüenza sino por rabia. Sirius, que estaba sentado al lado de James también observó a Hermione, pero estaba más sorprendido que otra cosa. Por último, Dumbledore, quién se había levantado de su asiento, miró a la chica con mucha seriedad, y algo más.
-Señorita Grint. Me alegra que esté consciente nuevamente, nos tenía preocupados…-
-¿Cómo te atreves a autonombrarte guardián? Ni siquiera sabes de qué estamos hablando- dijo James con los dientes apretados.
-La profecía… hay que proteger a Harry…- Hermione tuvo que apoyarse en la pared, sentía muy débiles sus piernas- por eso yo quiero ser…
-¡No eres nadie para decidir eso! ¡Los que decidimos en quien confiar somos nosotros, y obviamente, tú ya no estás en ese grupo!- gritó James levantándose bruscamente del sillón y acercándose a la chica de forma amenazante.
-¿Ah…?- Hermione lo miró confusa. Nunca había visto a James tan enojado, le recodaba a Harry en su quinto año.
-Hermano, no sé si sea el momento…- dijo Sirius también levantándose y poniéndose entre James y Hermione.
-¡No me importa, porque a ella no le importó nada al meterse con mi esposa!-
Fue como un balde de agua fría. Hermione estaba pálida, pero ahora quedó completamente blanca. Lo sabía, todos en esa habitación lo sabían… ¿cómo? ¿Lily les había dicho? Sin poder juntar letras para crear alguna palabra, Hermione miró a Lily, quién estaba sentada en una silla mirando hacia el suelo, escondiendo su rostro con su cabello.
-Sí… mientras estabas inconsciente, todo se supo- dijo James con odio y le lanzó algo a los pies.
Hermione abrió los ojos al ver el titular de El Profeta.
Homosexualidad y traición en el mundo mágico.
Y debajo del titular había dos fotos. Una era de Lily saludando con una gran sonrisa con un diploma y la túnica de Hogwarts. Al lado, una foto de Hermione tratando de evitar las fotos con su cara y ropa llena de polvo. Al parecer fue tomada después del ataque al Palacio de Buckingham.
Él título lo decía todo, no necesitaba leer más allá para entender que de alguna forma, alguien había descubierto la relación que tenían, y la había hecho pública. Sentía como si un agujero se creara debajo de sus pies y comenzara hundirse en él. Tuvo que afirmarse con fuerza a la pared para no caer. Temblando, levanto la mirada y observó el rostro enfurecido de James. No sabía que decir.
-Arruinaste el futuro de mi esposa- dijo James entre dientes- Todo el mundo mágico lo sabe, y la apuntará con el dedo con asco y sin escrúpulos gracias a ti…
-Señor Potter, dijimos que dejaríamos ese tema para otro momento- dijo Dumbledore levantándose con autoridad- ahora deben elegir un guardián y salir de aquí cuanto antes.
-Es obvio, será Sirius. Si no es el, Lupin- dijo James.
-Hablamos de eso, James- dijo Sirius con el ceño fruncido- O soy yo, o es Pettigrew.
-¡No pueden!-
Todos volvieron a mirar a Hermione. Hasta Lily levantó la mirada, ahora asustada.
-¡No pueden dejar a Colagusano, él es un traidor…!-
-¿A él lo llamas traidor?- comenzó a decir James, dando nuevos pasos hacia Hermione
-James- advirtió Sirius.
-¡Hay un traidor entre nosotros y lo saben! ¡Desde la batalla con los Guerreros Rojos que se sospecha de ello, y es él!- exclamó Hermione como pudo. Comenzaba a sudar frío por el esfuerzo y temblaba por la desesperación. Necesitaban escucharla, tenían que hacerle caso si no todo habría sido completamente en vano.
-¡Cómo te atreves a llamarlo traidor!- gritó James levantando una mano con fuerza pero Sirius lo agarró-
-Él es nuestro amigo de la infancia. Incluso en la batalla de los Guerreros Rojos nos ayudó, incluyéndote a ti- dijo Sirius también enojado
-¡Yo te abrí las puertas de mi hogar y te di toda la confianza que tenía!-
-¡No confundas las cosas, James! ¡Tienen que creerme lo que digo sobre Colagusano!-
-Esa es una acusación grave, señorita Grint-
-Peter no mataría a nadie- dijo Sirius con el rostro rojo pero aun sosteniendo a James para que no se lanzara sobre Hermione- como sabes, es nuestro amigo.
-Aun así los traicionará-
-¡No tienes derecho a decir eso, Grint! Tú no lo conoces… ¡en cambio nosotros a ti sí, y sale todo lo que necesitamos saber ahí!- chilló James apuntando al periódico.
-¿Te guías por lo que sale en un pedazo de papel? Con razón Lily te dejó- dijo Hermione con malicia, arta del chico y dejándose llevar por el enojo y frustración.
-¡Eres una desgraciada!-
-¡YA BASTA!-
Todos se quedaron de piedra al escuchar el grito de Lily. Se había puesto de pie y tenía los ojos brillantes y rojos por las lágrimas que lentamente caían por sus mejillas. Miró a Hermione, y se acercó a ella, cojeando levemente. Nadie más se movió hasta que la pelirroja estuvo a centímetros de la castaña, mirándola con seriedad. Hermione tragó saliva, pero no estaba dispuesta a darse por vencida.
-Lily, por favor…-
-Sirius será nuestro guardián- dijo sin desviar la mirada- Y tú te irás…
El cerebro de Hermione funcionó muy lento, tomándole demasiado tiempo en procesar lo que la pelirroja recién había dicho. ¿Qué se fuera? Había escuchado mal.
-Lily…
-No quiero que estés cerca mío- cada palabra fue un clavo que atravesó el corazón de Hermione- Quiero que te vayas apenas puedas moverte mejor.
Silencio.
Hermione nunca pensó que esas palabras podrían doler más que ser atravesada por un maleficio. Era como si le estrujaran el corazón con una mano de hielo, e incrustaran cada uña drenándolo de sangre, e impidiéndole que latiera. La cabeza de la chica se quedó en blanco mientras observaba el rostro decidido y lastimado de Lily, y lo único que atinó a decir con un hilo de voz fue:
-No lo dices en serio…-
Lily parpadeó, y su rostro serio se quebró por un segundo. Mordiéndose el labio, desvió la mirada hacia el suelo y dio un paso hacia atrás. Hermione tuvo la urgencia de tomarla de la mano, de abrazarla… y de pedirle que retirara esas palabras. Pero no pudo moverse, no pudo decir nada porque su cuerpo no reaccionaba. Solo sentía como su corazón latía cada vez más lento, y como cada vez le dolía más.
-Debes irte, Emma… por favor…-
Lily se dio vuelta, y caminó hacia la chimenea y se quedó ahí, dándole la espalda. Alguien dijo algo más, hubo movimiento en la habitación y pasaron por su lado, pero Hermione nuca supo quién fue, o no le importo. Solo miraba la espalda de Lily, quién temblaba levemente. A Hermione le habían roto el corazón un par de veces, pero ninguna de esas veces se comparaba a ese momento, y al dolor incalculable que sentía. Las lágrimas se aglomeraban de tal forma en sus ojos que ninguna pudo salir.
De alguna forma, su cuerpo reaccionó solo, ya que su cabeza no funcionaba. Caminó hacia la puerta, no importándole las voces de la gente que había allí. Ya no importándole nada.
Había fallado. Los Potter habían cerrado sus puertas y ya no podría ayudarlos.
Le había fallado a Harry, a Ron. Les había fallado a sus padres, a Hogwarts. Se había fallado a sí misma y… le había fallado a Lily. Ella la odiaba, había destruido su vida solo porque se dejó llevar por sus sentimientos, porque había roto todas las reglas sobre el viajar en el tiempo, porque no se había enfocado en su misión… Había fallado y Lily la odiaba por haber destruido su vida. Y ahora no volvería a verla…
¿Qué le dolía más? ¿Haberle fallado al mundo mágico o saber que Lily la odiaba? Era imposible saber y sólo quería desaparecer ya que el dolor era demasiado como para soportarlo.
La había perdido.
-Señorita Grint-
Hermione se detuvo en seco. Pareciera que la habían estado llamando desde hace un tiempo, y solo la mano en su hombro hizo que se detuviera y se diera cuenta donde estaba. Había salido de la casa de los Potter y se encontraba en la mitad de la calle, al lado de un farol que iluminaba la oscura noche. Dumbledore estaba justo debajo de la luz, con una sonrisa un poco afligida pero amable.
-Sé que esta es una situación un poco difícil para usted, pero no creo que la mejor forma de sobrevivir sea ir por la calle sin zapatos- dijo con un tono tranquilo, y algo sarcástico.
Hermione se miró los pies. No se había dado cuenta que había salido descalza de la casa de los Potter. Es más, solo estaba con unos shorts negros y una camiseta a tiritas, probablemente de Lily. Su ropa anterior, quizás, quedó completamente inutilizada por la batalla en la mansión Malfoy. Se veía una venda que envolvía todo su torso debajo de la camiseta.
-Em… no, quizás no…- murmuró la chica, sin importarle mucho la verdad- pero tenía que salir de ahí rápido… Usted escuchó, ya no puedo estar cerca de ellos… Quizás me aparezca en mi casa…
-Déjeme acompañarla. Aún está muy débil para moverse sola, y menos aparecerse sin ayuda- dijo el profesor, tendiéndole su varita- Además, en estos días, quizás para usted sea mejor que vaya con ella para todos lados.
Hermione lo miró unos segundos, sintiendo un gran vacío en su interior. La voz de Lily aún resonaba con fuerza en su cabeza. Tomó su varita y suspiró. Si, lo mejor era desaparecer de la vista del mundo mágico por un tiempo. Sabía que los muggles en esa época eran bastante reacios a todo lo que significaba una relación de dos personas del mismo sexo… Y sabía muy bien que los magos eran muchísimo más extremos que los muggles a todos lo que era diferente a ellos.
-Permítame- dijo Dumbledore, y puso sus dedos en la sien de Hermione- así será más fácil encontrar su casa. Ahora, aguante.
Y desaparecieron.
Hermione sintió como si le abrieran la herida de su pecho con dos garras. Tuvo la urgencia de gritar, pero solo se llevó una mano a su pecho, cerró los ojos y cayó de rodillas.
-Mil perdones, pero era la forma más rápida- dijo el director levantando la mirada.
Hizo un círculo en el aire con su mano y dos pajaritos de papel aparecieron, y volaron hacia el edificio que estaba frente a ellos, el cual era donde Hermione, Amelia y Tracey vivían. Dumbledore debió haber leído la mente de Hermione para poder encontrar el lugar. El profesor bajó la mirada, y arrodillándose frente a la castaña sacó un frasquito de su túnica color purpura.
-Tome esto hoy y mañana, y verá que el dolor disminuirá bastante- dijo con calma, pasándole el frasquito- sus amigas estarán en cualquier momento aquí.
La chica recibió el frasquito con manos temblorosas, respirando cada vez con más dificultad. Se sentía muy mareada y solo quería recostarse… o morir, cualquiera de los dos, ojalá el más rápido. Respiró hondo y miró al director, el cual le sonría de forma empática. Hermione levantó una ceja.
-Sé que usted es un hombre honorable…- comenzó a decir, con la voz más rasposa que antes- pero, ¿por qué me está ayudando?
-Es parte de la Orden. Nos ayudamos los unos a los otros- dijo el director con una sonrisa.
-También sé que usted es un hombre de varias intenciones- dijo la chica tratando de devolver la sonrisa- sin ofender…
-No me ofende- dijo lanzando una carcajada, y le tendió su mano para ayudarla a levantarse- Es como si me conociera, siendo que nos hemos visto… con esta vez, tres veces.
Hermione se levantó a duras penas, sintiendo las piernas como gelatina. Sintió como la brisa de verano le ponía la piel de gallina.
-Usted es muy famoso-
-Y usted se ha vuelto famosa. No solo con todo este altercado entre usted y Lily Potter- Hermione sintió como si muchas espinas fueran enterradas en su pecho al escuchar ese nombre-, sino por destacar entre muchos aurores gracias a sus habilidades. Haber salvado a la reina de Inglaterra… y haber aparecido en circunstancias extrañas-
Los ojos de Albus Dumbledore la miraron fijamente, y Hermione sintió como si fueran rayos X. Ese hombre siempre creaba esa sensación en las personas gracias a sus ojos azules detrás de sus gafas de medialuna. Hermione tragó saliva y miró hacia otra parte. Ya había leído su mente para encontrar la dirección de su casa… si él quisiera, podría indagar mucho más en su cabeza para buscar solo una dirección.
-¡Emma!-
Los dos miraron hacia la puerta del edificio, donde dos preocupadas brujas salían rápidamente hacia ellos. Amelia tenía parte de su ropa de auror puesta, como si se hubiera estado vistiendo. Tracey vestía normal, aunque tenía unas grandes ojeras en su rostro.
-Tiene buenas amigas, señorita Grint- dijo Dumbledore viendo a las chicas mientras corrían- espero que la ayuden a superar este percance. Porque supongo que aún tiene mucho que hacer aquí… No las abandone.
Hermione lo miró confundida y sorprendida al mismo tiempo que Amelia le daba un fuerte abrazo que casi la hace caer al suelo… y que obviamente, le provocó un horrible dolor en el pecho.
-¡Oh, lo siento! Pero es que estuvimos sin noticias tuyas durante muchos días, desde tu día libre- exclamó la pelinegra, alejándose rápidamente pero sin cambiar su cara de preocupación y mirando a Hermione de pies a cabeza, ahora mucho más pálida que antes- Estábamos demasiado preocupadas… ultra preocupadas… Sobre todo por lo que salió en El Profeta.
Hermione trató de sonreír, pero hasta eso le costaba. No solo por el dolor físico sino que también por el dolor que le provocaba recordar las palabras de Lily. Solo hizo un pequeño ademán con la mano de que no se preocupara. Tracey la tomó del brazo y la ayudó a mantenerse de pie mientras Amelia miraba al director.
-¿Qué pasó?-
-Larga historia, para otro lugar- dijo Dumbledore con una sonrisa- ahora deben entrar. No es seguro que estén en la vía pública. Por lo menos por un tiempo
-Es verdad. Muchas gracias director. Cuidaremos de ella- dijo la pelinegra con tono serio, ayudando a Tracey a llevar a Hermione al edificio- le manda mis saludos al señor Scamander.
-De su parte, señorita Kowalski. Asegúrese que se tome la poción que le di- dijo apuntando con sus ojos la botellita que Hermione tenía en su mano.
Y desapareció.
-¿Newt Scamander?- preguntó Hermione mirando a Amelia, perpleja.
-Larga historia. Te la cuento si tú nos dices que te pasó- dijo la chica con rostro muy serio.
Subieron hasta el departamento de Hermione. Ella agradeció tener la genial idea de haber elegido un departamento solo en el cuarto piso y no en el diez, ya que sus piernas no daban más y el dolor en su pecho era tan insoportable que su cabeza daba vueltas y vueltas. Se desplomó en la cama con la intención de dormir y dejar el dolor de lado, necesitaba dormir para también dejar de escuchar la voz de Lily… necesitaba dejar de verla en su cabeza y de sentir ese horrible vacío.
-Emma, la poción- dijo Amelia sentándose al lado de ella y pasándole una taza con un poco de la poción de Dumbledore.
Apenas tomó la poción, sintió una cálida y agradable sensación caer desde su garganta hasta su pecho, disminuyendo el dolor considerablemente. Lentamente se incorporó en la cama con ayuda de Amelia y se sentó, aun sintiéndose un poco mareada. Tracey le tocó el hombro para llamar su atención, y escribió en el aire.
-Tengo ungüento de Murtlap, por si necesitas-
Hermione sonrió, y asintió agradecida.
-Vas a tener que quedarte aquí, sin salir por unos días- dijo Amelia con preocupación- No sé si leíste El Profeta, pero los comentarios de alguno de los magos que salían ahí fueron bastante… duros por decirlo así.
-Recién hace unos momento leí el titular… me imagino que venía después- murmuró la castaña mirando la taza que tenía en sus manos. Se mordió el labio y preguntó con miedo- Ustedes…
-Ni se te ocurra terminar esa frase- dijo Amelia levantándole una mano para que se detuviera- ni en tus peores pesadillas nosotras te rechazaríamos.
-Te apoyaremos no importa que- escribió Tracey en el aire, dándole una sonrisa.
-Y destriparemos a cualquiera que hable en contra tuya o intente hacerte algo- dijo Amelia juntando un puño con su mano de forma amenazadora- Eres nuestra amiga, y estaremos de tu lado hagas lo que hagas y pase lo que pase.
Hermione estaba muy agradecida, extremadamente agradecida… tanto que se sentía culpable por tenerlas a su lado. No se las merecía. Los errores que había cometido no eran perdonables. Había echado por la borda el sacrificio de mucha gente, había malgastado la muerte de muchos y… Había perdido a Lily. La había perdido para siempre.
-No creo que pueda recuperarme de esto…- murmuró la castaña con los ojos llorosos. Las lágrimas al fina comenzaron a caer por sus mejillas- Le fallé… a todo el mundo… Y ya no volveré a verla de nuevo…
Agachó la cabeza sintiendo imposible contener las lágrimas y se hundió en el hombro de Tracey, quién la abrazó con fuerza. Amelia posó su mano en su espalda para darle algo de ánimo, aunque sabía que no serviría de mucho.
Ya nada serviría para revertir lo que había pasado.
Gracias por la espera, por leer, y por comentar. De verdad me emociona que varios lean esta historia tan densa, y bonita al mismo tiempo.
Gracias Gracias.
