HELLO!

Perdón por todo este tiempo, pero han pasado muchas cosas (Falta de trabajo, estallido social en mi país, coronavirus... etc XD) Pero ya volví.

Espero que les guste, porque nos acercamos a un final... un inteeeeenso final.

Saludos a todos, y recuerden quedarse en casa y cuidarse ustedes y a sus seres queridos. Y no caigan en la locura del encierro :D

Enjoy!


Hermione inhaló aire limpio tranquilamente mientras observaba a los londinenses caminar. Se había sentado en una banca de un parque mientras se comía su segundo sándwich y se tomaba un zumo de naranja gigante. Era como si el hambre hubiera vuelto a ella como un monstruo gracias a la falta de comida de los días anteriores, y esos sándwiches habían ayudado bastante a tranquilizar los rugidos de su estómago.

El viento peinó su cabello y casi hizo volar la bolsita donde venían los sándwiches. Respiró nuevamente, sintiéndose feliz y tranquila por primera vez en mucho tiempo, o por lo menos durante esos días auto encerrada en su departamento habían parecido una eternidad. Si no fuera por Amelia y Tracey que consiguieron comunicarse con Sirius, ella seguiría deprimida echada en su cama.

Recordó a Lily, y la temperatura de sus mejillas subió considerablemente. Nunca pensó que pasaría la noche con ella, y la verdad, nunca pensó que lo "haría" con ella. A pesar de amarla como a nadie, no había pasado por su cabeza una situación así… o por lo menos no había pensado en eso tan seriamente. Obvio, si no era lujuria lo que sentía, solo amor.

La lujuria solo apareció después, y eso hizo sentir a Hermione como si una tetera hirviera dentro de su cabeza y sacara humo por sus orejas.

Guardó el vaso de zumo de naranja dentro de la bolsa y buscó un basurero. Había poca gente caminando por el parque si se comparaba con las calles y el tráfico que estaban llenos. Hermione no sabía que día era y poco le importaba, solo le preocupaban los magos que pudieran estar por ahí. Amelia le había dicho que si quería salir, era mejor no llamar la atención, por eso cambió el color de su cabello a negro azabache, se tapó la cicatriz de su sien y se puso lentes ópticos. Si alguien la veía de cerca sabría quién era, pero de lejos no. Si se quedaba en ese parque, estaría tranquila.

Al llegar a un basurero, por el rabillo de sus ojos notó una figura correr entre los árboles del parque. Le llamó la atención y miró hacia el lugar donde la persona se perdió entre los árboles. Algo familiar la atrajo, y le provocó escalofríos.

Dudó un instante. Pensó en acercarse, pero si era alguien que la conocía, tendría problemas por las publicaciones en El Profeta. Por otro lado, ese escalofrío que sintió... ¿Por qué corría en un parque en la mitad de Londres? No parecía que hubiera estado haciendo ejercicio por su ropa negra. ¿Había pasado algo? No había escuchado nada y las pocas personas que había ahí tampoco corrían o se movían de forma extraña… Pero su instinto después de años en guerra contra mortífagos y Voldemort gritaba dentro de ella.

Botó la bolsa a un basurero y corrió en dirección hacia la figura que se había metido entre los árboles. Chequeó su varita que estaba en el bolsillo de su pantalón, y con sus sentidos al doscientos por ciento bajó la velocidad mirando entre los árboles, hasta que logró divisar a la persona apoyada en un árbol. Se quedó quieta y agudizó la vista, y su corazón saltó con fuerza.

Colagusano.

Por reflejo sacó su varita y se puso en posición de ataque. Observó al hombre que respiraba agitadamente, y sudaba demasiado. Su rostro pálido y desencajado puso en alerta a Hermione. Algo pasaba, algo había hecho, y tenía un muy mal presentimiento. Y probablemente no estaba solo…

El hombre estaba demasiado preocupado en recuperar el aliento que no se fijó en la presencia ni de la chica, ni del otro mago que apareció por detrás de él, vestido de negro y usando una máscara que tapaba su rostro. Lanzó un grito muy agudo y lo apuntó con su varita. El hombre levantó las manos y rio. Hermione se agachó aún más. Sabía que Colagusano andaba en malos pasos y se confirmaba al verlo con ese mortífago.

-No me asustes así- dijo Colagusano con la mano en su pecho, aun respirando con dificultad.

-¿Ni siquiera hemos empezado y ya estas así de nervioso? Aun no comprendo porque el señor tenebroso te aceptó entre sus tropas- dijo el mortífago con tono irritado.

-No me aceptó… fui obligado…- murmuró el chico, cabizbajo.

-¿Crees que a él le importa? Si no estás preparado y concentrado y gracias a ti esta misión falla, los dos recibiremos su furia…-

Un rayo color rojo envolvió al mortífago, y este cayó desmayado al suelo. Colagusano gritó aún más agudo que antes y sacó su varita, la cual voló después de haber recibido un expelliarmus. Hermione salió de entre los árboles con el rostro serio, tratando de estar tranquila pero su sangre hervía de rabia. El horror en el rostro de Colagusano fue tal que sus ojos casi se le salieron de sus orbitas. Logró dar dos pasos rápidos dispuesto a correr, pero el maleficio de piernas juntas lo azotó de frente al suelo.

Sin cuidado, Hermione puso su pie en la espalda del mago y se agachó, aplastando con su mano la cabeza de Colagusano contra el suelo.

-Tienes un minuto para explicarme que es lo que tú y ese mortífago iban a hacer antes que te vuelva cenizas- murmuró de forma tan peligrosa que Colagusano tuvo que cerrar sus ojos por el miedo y el dolor.

-¿… Grint?-

-Mucho tiempo, Pettigrew, pero hubiera deseado que fuera más. Ahora, contesta mi pregunta. ¿Qué estabas haciendo?-

-Nnnn- no sé…-

-Sí sabes, rata. ¿Qué hacías con ese mortífago?- sus ojos echaban fuego y de su mano comenzó a salir vapor.

-Nnnnnno… no tengo por qué contestarte a ti… asquerosa…-

-Ah, ah. Cuidado, Colagusano. No deberías ser así de grosero conmigo, sobretodo en tu situación actual-

Colagusano tembló debajo de Hermione al escuchar su tono frío y bajo. Abrió los ojos y los movió en círculos, buscando su varita. Con la mano libre, Hermione le mostro las dos varitas y lo aplastó aún más. Salió olor a pelo quemado.

-Te quedan solo segundos-

-¡No puedes matarme, sangre sucia! James sabrá de esto y jurará matarte-

-No después de saber que tú eres el traidor de la Órden-

-¡Pero… AH!- comenzó a llorar- ¡No quise unirme! ¡Me obligó! Estaría muerto si no le hubiera dicho que sí…-

-Bueno, ahora te matare yo si no me dices QUE HACÍAS CON ESE MORTÍFAGO- comenzaba a desesperarse y notó como comenzaba a quemar la piel del chico- ¡Habla!

-¡AY, AY! ¡YA! ¡Se van a infiltrar en el Expresso de Hogwarts! A medio camino, antes del Velo, tomarán el tren y más mortífagos entrarán e irán a Hogwarts y matarán a Dumbledore y a todos los que estén ahí…

Silencio.

¿Un asalto al Expresso de Hogwarts? Hermione no recordaba que algo así hubiera pasado en la primera guerra… en su tiempo. Voldemort nunca dio la orden de atacar el tren ni de meterse a Hogwarts porque Dumbledore estaba ahí, y era la única persona que él temía. ¿Por qué ocurría eso ahora?

Hermione miró con ira el rostro aterrado de Colagusano. Sintió la urgencia de cortarle la cabeza, o por último golpearlo hasta matarlo. Quería matarlo, debía matarlo… debía después de haber traicionado a la Órden y al mundo mágico, debía si quería salvar a Lily y a Harry. Debía matarlo ahora porque debió hacerlo el primer día en que lo vio.

-No dudaré en partirte en dos si me estas mintiendo-

-¡Es la verdad! ¡Lo juro por Merlín!-

Debía hacerlo ahora.

-Estás muerto… ahora, estás muerto…- murmuró la castaña poniendo su varita en la sien de Colagusano.

-Por favor, Grint- echaba saliva de la boca por el pavor que sentía- ¡Te dije lo que vamos a hacer! ¡Ten piedad, por favor!-

-¡¿Piedad?! ¡¿Me pides piedad siendo que cientos de niños y jóvenes corren peligro a manos de los mortífagos?! ¡Me pides piedad, tú! ¡UN TRAIDOR!-

-¡Sí, te pido piedad porque no quiero morir!- lloraba de angustia- No quiero morir, por eso los traicioné y me siento como la miserable rata que soy… lo siento, lo siento, no quería traicionarlos… pero tampoco quiero morir…-

Silencio nuevamente.

Las lágrimas desconsoladas de Pettigrew se deslizaron por sus mejillas mientras cerraba los ojos y temblaba bajo la mano de Hermione. Pero no se movió, como lo hacían los cabritos cuando los tomaban para ir a matarlos. No querían ir, pero no hacían nada para que no ocurriera, nada para cambiar su futuro.

Hermione levantó su varita con la intención de matar a ese pobre desgraciado… Y se quedó así, mirándolo con furia mientras sus ojos comenzaban a arderle. No se había dado cuenta que había pestañeado muy poco. Su mano tembló, apretando con fuerza su varita. El culpable de la muerte de Lily y James estaba ahí, a su merced, sólo debía lanzar un maleficio y listo.

Pero no pudo.

Ninguna palabra salió de su boca, su varita no lanzó ninguna luz.

Una lágrima se deslizó por su mejilla, y cayó en la nuca de Colagusano, desapareciendo en su cabello.

Nunca antes había matado a alguien, y pareciera que su cuerpo no quería avanzar en ese acto. Todo su ser iba en contra de esa acción, incluso su mente, la cual divagó a un recuerdo que ahora parecía un sueño lleno de melancolía.

-No quiero que los mejores amigos de mi padre se conviertan en asesinos-

Esas palabras de Harry resonaron en sus oídos como si las escuchara ahí, como si él estuviera ahí. Lentamente bajó la varita, aún con su mano temblando. Su corazón latía con fuerza y sudor cayó por su sien.

Harry lo había perdonado, y esa decisión había hecho que Colagusano ayudara en su escape de la Mansión Malfoy. ¿Qué pasa si ahora, ella hacía lo mismo? ¿Qué pasa sí frente a la compasión de una persona, el destino se abría a la idea de cambiar?

-Cuando peleamos contra los mortífagos en el Palacio de Buckingham, tú nos ayudaste. Estuviste con Lily y me contó que hiciste un buen trabajo- murmuró Hermione con voz seca. Poco a poco disminuyó el calor de su mano y dejo de quemar el rostro del chico- Y cuando combatíamos contra los Guerreros Rojos, tú tuviste la idea de lanzarte hacia la piedra Sacred…

-No tenía otra opción…- murmuró el chico con la voz ronca.

-Si tenías más opciones… dejarnos morir por ejemplo. Te habrías ahorrado mucho con eso, y Voldemort te habría premiado-

-Te dije que no quería traicionarlos- Hermione casi escuchó como los dientes de Colagusano chirriaban- pero frente al señor de las tinieblas, nadie tiene otras opciones.

-Yo te daré otra opción-

Es una decisión arriesgada. Muy arriesgada.

Frente a la sorpresa de Colagusano, Hermione se levantó y se alejó de él. La chica aún sentía mucho odio hacia ese pobre ser, y las ganas de golpearlo sin piedad aún estaban en su cabeza, pero… Peter Petigrew había sido obligado por Voldemort a traicionar a su gente sabiendo que era cobarde y temía a la muerte, cometiendo un error por miedo. Pero, ¿qué pasa si se le da una segunda oportunidad? Como lo hizo Harry hace años atrás.

-Quizás… si te doy una oportunidad ahora, cambies el triste futuro que estas construyendo- murmuró Hermione mirando hacia el suelo- sé que eres un oportunista y un cobarde… pero el Sombrero Seleccionador nunca se equivoca.

Los ojos de Peter, rojos por el llanto se abrieron de par en par, sorprendido. El sudor caía por su sien pálida como el resto de su cara y su pelo estaba despeinado y chamuscado por la mano de Hermione, dándole una apariencia lastimera. Hermione lo miró unos segundos más, y lanzó la varita del chico a un lado. Respiró hondo y se convenció de la decisión que estaba tomando, y de la decisión que le estaba dando al chico.

-Especto Patronum!

De su varita salió una hermosa y radiante nutria, la cual voló alrededor de ella llenando de luz el lugar.

-Los mortífagos van a atacar el Expresso de Hogwarts. Ahora. Voy en camino-

La nutria dio una voltereta en el aire y voló hacia las puntas de los árboles, desapareciendo. Hermione se quedó mirando el cielo esperando que Amelia y Tracey escucharan el mensaje a tiempo.

-¿No vas… a matarme?-

-No…-

-¿Vas a entregarme…?-

-Ya les comenté a James y a Sirius una vez que desconfiaba de ti. No me creyeron. Si les cuento ahora, probablemente me lancen un par de maleficios- dijo Hermione con pesar. Tomó aire y lo miró a los ojos- Una oportunidad más… de salvar a tus amigos. A James, a Sirius, a Remus. Tres personas que te aceptaron tal cual eres. Deberías pensar en ellos antes de tomar tu próxima decisión-

Y salió corriendo entre los árboles, dejando solo a Peter Pettigrew.

Salto una reja a media altura y miró su alrededor. La estación no estaba muy lejos, si corría a toda velocidad llegaría en cinco minutos aproximadamente. Aparecerse no era opción, sobre todo si la estación estaba repleta de gente así que lo mejor era correr.

Sus manos sudaban y su corazón bombeaba sangre con pánico, haciendo que sus piernas se movieran a gran velocidad. A pesar de sentir cansancio rápidamente y una punzada en su pecho por la adrenalina, no disminuyó la velocidad. Estaba asustada, enojada y angustiada por todo lo que había visto y escuchado en el parque… y se había creado una batalla campal dentro de su cabeza.

¿Había hecho bien en dejarlo vivo? ¿Había hecho bien en irse y dejarlo ahí? Esa había sido su oportunidad única de deshacerse de él y la había dejado… ¿Por qué la había dejado? ¿Por qué no simplemente terminó con él para que no delatara a Lily y a Harry y así evitaba que Voldemort los matara? ¿Por qué no lo mató? ¿Por qué no… pudo matarlo?

Pasó a llevar a un hombre sin querer, y se detuvo justo antes que un auto la atropellara. Respirando agitadamente, la chica miró a su alrededor esperando la luz verde. Unos metros más allá estaba la estación. Quizás aparecerse habría llamado menos la atención que los gritos enfermos del hombre y los bocinazos del auto.

-¡Ya, lo siento!- gritó exasperada a las dos personas y siguió corriendo- Concéntrate, Granger. Concéntrate en evitar que los mortífagos lleguen al Expresso de Hogwarts ahora, y luego preocúpate del resto.

Entró rápidamente a la estación, esquivando como pudo a la gente. Muchos yendo a trabajar o llegando a Londres por trabajo, alumnos con sus padres despidiéndose y familias enteras llegando de vacaciones. Lo bueno es que así nadie se fijaría en ella. El gran reloj que había en el lugar marcaba tres para las once de la mañana. Tres minutos, era suficiente. Pasó al lado de un guarda, esquivó a una señora con una gran maleta azul y desapareció en la entrada hacia el Andén 9 ¾.

Estaba igual de lleno que el resto de la estación. La locomotora, grande y hermosa, lanzaba humo avisando que estaban a segundos de partir. Muchos alumnos ya se despedían de sus padres desde dentro de las cabinas, otros corrían hasta las puertas para entrar, otros entraban sus baúles con magia para hacerlo más rápido. Había Aurores posicionados en las paredes mirando hacia el tren. Diez para ser exactos. Pensó en hablar con ellos, pero probablemente no le harían caso y la mirarían con desprecio y hasta serían capaces de arrestarla por escándalo en la vía pública. Ay, los prejuicios.

-Gracias, El Profeta- se dijo Hermione con pesar y comenzó a caminar por el andén a paso rápido, mirando hacia todos lados.

Si los mortífagos se encontraban ahí, no estarían con sus máscaras, así pasarían desapercibidos para los magos y brujas, y para los aurores. Miraba de reojo los rostros de la gente, fijándose en si alguno se le hacía familiar o no. Al tener buena memoria le ayudó bastante en el ataque al Palacio de Buckingham al darse cuenta del rostro de Dolohov entre la gente. Ojala ahora pasara lo mismo, sino el Expresso de Hogwarts se iría y ella tendría que saltar a él, llamando la atención de todos y quizás, ganándose uno que otro maleficio por parte de los Aurores.

-Mala idea…- murmuró arrugando la frente.

En eso, el pitido del tren la hizo saltar en el lugar. Estaba a segundos de partir. Trotó por el andén mirando hacia todos lados. Nadie le parecía familiar, nadie se estaba comportando extraño, nadie… En eso pensó. ¿Qué pasa si los mortífagos ya estaban dentro del tren?

-Oh, no- se dijo palideciendo.

Eso era lo más obvio.

-¡Emma!-

Hermione se sobresaltó y se dio vuelta rápidamente, junto a otras tres personas. Amelia y Tracey corrían por el andén, con sus ropas de Auror y con varitas en mano. Sintió alivio al verlas, e incomodidad al sentir las miradas de esas personas en su nuca. Aún estaba con el pelo de otro color y los lentes, pero temía que no sería suficiente si la miraban fijamente. Sobre todo si la llamaban por su nombre… de ese tiempo.

-Me alegra que alcanzaran a llegar- pero su corazón saltó al escuchar el pitido del tren. Estaba a segundos de salir- Pero démonos prisa.

-¿Estás segura que va a haber un ataque?- dijo Amelia parándose junto a ella. Tracey miraba hacia el tren.

-Completamente. Quizás estén dentro-

-Hay que entrar, si el tren comienza a moverse necesitaremos un hechizo muy poderoso para detenerlo-

-Necesito que hablen con los aurores. Ellos podrán ayudarnos con esto…-

Las puertas se cerraron y más humos salió del tren seguido de otro pitido. Las manos de Hermione comenzaron a sudar, y aunque mantenía la calma, estaba a punto de gritar de la histeria. Cerró sus ojos y se llevó una mano a la cabeza. ¡Piensa, piensa, piensa! El tren comenzó a moverse muy despacio.

-Y ya es tarde…- dijo Amelia mirando a la castaña con los ojos abiertos. Estaba asustada.

Tracey movió el brazo de su amiga e indicó hacia los aurores. Debían hablar con ellos ahora, pero… no sería suficiente.

-Tengo otra idea- dijo Hermione abriendo los ojos al sentir los rieles chirriar- Pero vamos a tener que llamar la atención.

Era lo que menos quería hacer, pero no había otra opción. Por lo menos sus amigas estaban ahí y eso le daba una pizca más de confianza. Antes que Tracey diera un paso hacia los aurores, levantó la varita y lanzó chispas rojas con mucho ruido, llamando la atención de todos los que estaban ahí. Algunos magos y brujas se alejaron de ella asustados y confundidos mientras que todos los aurores, al mismo tiempo, sacaron sus varitas y apuntaron a Hermione. Algunos alumnos de Hogwarts pegaron sus narices a los vidrios, y otros abrieron rápidamente las ventanas. Amelia y Tracey la miraron con los ojos como platos. Hermione tragó saliva y sintió sus mejillas arder. No le gustaba llamar la atención así. No si no estaban en un salón de clases.

-Em… Necesitamos detener el tren. Asuntos del Ministerio de Magia- dijo con la voz más fuerte y, al mismo tiempo, lo más tranquila que pudo sacar.

Con otro ademán de su varita, volvió el color de su cabello a la normalidad e hizo desaparecer las gafas y reaparecer su cicatriz. Hubo un murmullo en el lugar, y Hermione vio muchas expresiones cambiar de miedo a indignación. Trato de no darle importancia y comenzó a caminar por el borde del andén a la misma velocidad que el tren. Amelia y Tracey la siguieron.

-Hay mortífagos en la estación, probablemente dentro del tren. Hay que detenerlo- dijo la castaña mirando a los aurores. La gente comenzó a murmurar.

-¿De dónde sacó esa información?- preguntó uno de los aurores más cercano a ella. Era muy alto y con el pelo negro perfectamente cortado a raz.

-Usted no debería estar aquí, señorita Grint- dijo otra auror en tono amenazador que hizo que Hermione se detuviera. Una mujer afroamericana con ojos verdes. La chica tragó saliva. Eran muy parecidos a los de Lily.

-Hay poco tiempo. Tenemos que detener el tren ahora y dejar lo otro para después- dijo Amelia poniéndose al lado de Hermione en forma protectora. Sabía a lo que se refería. Tracey estaba detrás de ellas mirando de reojo hacia el tren.

Un murmullo más grande se hizo notar por sobre el ruido de las ruedas del tren sobre los rieles. El tren comenzaba a avanzar más y más rápido. Debían hacer algo ahora sino lo perderían.

-¡Vamos! ¡¿Qué esperan?!- gritó Amelia enojada- ¡Estos no son tiempos para dudar! ¡Hay que actuar antes que…!

Fue todo tan rápido que Hermione aplaudió internamente a Moody por decirle que fuera al entrenamiento de Aurores. Tracey agarró de la cabeza a Amelia un segundo antes que un maleficio la golpeara. Este le dio de lleno al auror que había hablado primero y cayó de espaldas, muerto.

Los gritos llenaron el lugar y la gente comenzó a correr. Los aurores levantaron sus varitas y comenzaron a disparar hacia el tren, lugar donde había salido el maleficio. Los vidrios de las ventanas salieron disparados por el lugar y restos de madera del tren, golpeando a algunas personas. Hermione se cubrió como pudo y salió corriendo rápidamente hacia el tren pasando al lado de Amelia y Tracey, quienes se estaban levantando con varitas en mano.

-¡Cubran a la gente, imbéciles!- les gritó Hermione a los aurores enojada lanzando un hechizo de escudo a un grupo de personas que se habían caído al correr y protegiéndolas de un maleficio- ¡Y detengan el tren!

-¡Vienen desde afuera también! ¡Ten cuidado!- dijo Amelia lanzando un hechizo de escudo que protegió la cabeza de la castaña de un mortífago que aparecía ya con su máscara de entre la multitud.

Divisó a unos tres mortífagos dentro de los últimos compartimientos del tren, con máscaras puestas y lanzando ataques a diestra y siniestra. Se escuchaban los gritos aterrados de los estudiantes desde adentro, incluso se podía ver como trataban de correr pero los mortífagos que estaban en el pasillo los noqueaban con hechizos. Mínimo seis mortífagos dentro del tren.

-Voy, voy, voy- Hermione se dio ánimo mirando una de las ventanas rotas del último compartimiento.

La chica esquivó un ataque, desvió otro y ayudándose con magia saltó hacia el compartimiento echando abajo lo que le quedaba de ventana y dando una vuelta en el suelo, aterrizó justo para lanzar un expelliarmus a uno de los tres mortifagos, quien voló hacia la otra ventana saliendo del tren. Hizo un escudo con su varita para evitar otro ataque del segundo mortífago, y al mismo tiempo se levantó y lanzó un confundus al tercero antes que atacara. Golpeó al segundo mortífago con su codo al darse vuelta hacia él, lanzó hacia afuera al mortífago confundido con un expelliarmus y al que tenía detrás, sangrando, lo agarró de la cara y también lo tiró hacia afuera del tren.

Observó el lugar rápidamente, recuperando el aliento. Solo los baúles y bolsos de los estudiantes estaban ahí. Con media sonrisa de alivió se levantó y salió al pasillo. Tuvo que agacharse rápidamente para esquivar un maleficio de otro mortífago que salía del compartimiento de adelante. Se arrastró como pudo hacia el compartimento, y por el rabillo del ojo vio a otros cuatro detrás del que la atacó.

-Son más de los que pensé que serían. ¿Cómo demonios se infiltraron al tren?- se dijo Hermione mientras se secaba el sudor que caía por su frente. Pensó en los aurores que estaban en la estación, y frunció el ceño- Manga de inútiles.

La Auror lanzó el maleficio de piernas juntas haciendo que el mortífago cayera al suelo, dándole dos segundos para avanzar rápidamente cubierta por hechizo de escudo y darle un puntapié en la cara, noqueándolo. Hizo volar un pedazo de madera a uno de los motífagos y otro confundus a su compañero. Sin muchas complicaciones, usó el Svero como látigo y amarró a tres de ellos. Un hechizo pasó rozando su oreja. Se enderezó, observando al mortífago que le había disparado. Estaba solo a un metro de ella. Este hizo un ruido como de una rata chillando.

-Qué mala puntería tienes- se burló del mortífago que aún seguía de pie.

Los lanzó a todos con fuerza hacia afuera del tren, perdiéndose entre los rieles. Hermione sonrió y estiró su cuello, satisfecha.

Miró dentro del compartimiento. Había tres estudiantes en el suelo, dos inconscientes y uno sentado en un rincón, aterrado. No tenían más de trece años. Se acercó a ellos para ver si estaban bien, pero por el rabillo del ojo vio una luz y se agachó de nuevo por reflejo, pero el ataque se había desviado gracias a Tracey. La pelinegra le sonreía desde el pasillo y le hace una seña para que la acompañara.

-Gracias- dije con una sonrisa. Miró de nuevo a los chicos, y el que estaba despierto hizo un ademán de que estaban bien. Asintió con la cabeza y se dirigió hacia Tracey- ¿Y Amelia?

La pelinegra apuntó hacia adelante. Quizás fue hacia el inicio del tren para tratar de detenerlo. Escuchó una explosión proveniente desde afuera. Sus ojos se iluminaron al ver el fuego verde deslizarse por el andén, mientras más gritos de terror llegaban a sus oídos.

-¡Tracey, sigue adelante! ¡Te alcanzo en unos segundos!- le dijo Hermione sin dejar de mirar hacia afuera. Su amiga asintió y salió corriendo por el pasillo.

El viento caliente del maleficio de magia oscura que entraba por las ventanas rotas le hizo entrecerrar los ojos mientras su cabello corto bailaba por el viento. Uno de los mortífagos con máscara blandía su varita mientras el dragón de fuego de aproximadamente dos metros de alto agarraba a Aurores y magos entre sus garras y los quemaba. Con el corazón en la mano y llena de furia pronunció su propio maleficio y su cuerpo se envolvió en llamas. Se paró en el borde de la ventana, afirmándose del borde del ventanal para no caer y así llamar la atención del mortífago.

-¡Salamandra!- gritó al verla con una mezcla de euforia y rabia.

El dragón se volvió hacia ella, y alzó sus alas. Hermione bufó enojada y en un segundo, sin dejar de afirmarse del ventanal, concentró todo el fuego en su varita y lo lanzó hacia la boca del dragón. Esta se hinchó y explotó, creando una onda de fuerza que la lanzó a ella y al resto de gente hacia atrás. El tren se tambaleó levemente y varias ventanas se quebraron.

-Uy… me pasé…- murmuró Hermione de espalda en el compartimiento, un poco adolorida. Se levantó y se sacudió la cabeza, pero se mareó levemente- El tren aún no se detiene…

Se levantó y se asomó por la ventana. El tren acababa de salir de la estación dejando las peleas entre mortífagos y aurores detrás. Hermione se mordió el labio, sabiendo que ya sería prácticamente imposible detener el tren al tomar su máxima velocidad. Miró hacia adelante y abrió los ojos de par en par al ver como desde el inicio del tren salían cinco mortífagos disparados envueltos en un color rojo, y eran aplastados por los árboles y arbustos al lado de los rieles. Hermione sonrió, sabiendo que Amelia había hecho eso.

Entró al compartimiento y se peinó un poco el cabello, y suspiró. Tendrán que quedarse en el tren y esperar hasta llegar al Velo, donde otro grupo de mortífagos iban a estar… y probablemente, estarán mucho más preparados y enojados por lo que pasó en la estación. Dándose ánimo quiso ir al inicio del tren done estaba Amelia y Tracey, pero sintió una mano tomarla de la blusa que tenía para llamar su atención. Se dio vuelta y se encontró con los ojos asustados y nerviosos de los tres estudiantes, ahora de pie.

-Se… ¿Se fueron todos?- preguntó uno de los chicos. Tenía el cabello rubio y de puntas. Sus dientes incisivos eran más grandes de lo normal, cosa que le hizo gracia a Hermione. Ella era igual a sus trece años.

-No lo sé, pero es probable- contestó ofreciéndole una sonrisa para tranquilizarlo un poco. Miró a la chica que estaba entre ellos. Sus ojos negros estaban abiertos de par en par, llenos de terror- Voy a revisar el tren y volver con mis amigas… y veremos que hacemos después.

-¡No… no nos dejes solos!- gritó el otro chico. Era mucho más pequeño que los otros dos- ¿Qué pasa si vuelven?

-Hey… tranquilo…- murmuró Hermione acercándose a los chicos. Tenían los rostros sucios y húmedos por las lágrimas. Se mordió el labio. Eran tres- Ok, síganme. Saquen sus varitas y piensen en el encantamiento de desame. Apunten a la nariz, siempre a la nariz. Duele mucho más que si le dan al pecho.

Los tres chicos asintieron y sacaron sus varitas de sus baúles, que habían sido lanzados al suelo. Hermione se enderezó y estiró su espalda. Esa misma mañana había despertado con la mujer más hermosa de la tierra, desayunado dos sándwiches, casi asesinado a Colagusano y había peleado contras mortífagos en un tren… y Aún no eran las doce del día.

-Que mañana más intensa- murmuró y se acercó al pasillo.

Era muy posible que no quedaran más mortífagos, pero siempre era mejor prevenir antes que lamentar. El pasillo estaba desierto, y ahora que el tren había alcanzado su máxima velocidad, se veía como los vagones se movían suavemente. La castaña les hizo un además a los chicos para que la siguieran y caminaron por el pasillo. Los compartimientos que quedaban estaban vacíos y entraba mucho viento por las ventanas rotas, haciendo volar hojas y algunas prendas de ropa de los baúles rotos. Sintió como los tres chicos estaban pegados a ella, temblando.

Llegaron a la puerta que los conectaba con el otro vagón, y por la ventana logró divisar movimiento. Suspirando aliviada abrió la puerta y entró al siguiente vagón. Aproximadamente veinte varitas la apuntaron con sus puntas brillando, haciendo que Hermione y los chicos levantaran automáticamente las manos… excepto por uno, que sin pensarlo bien gracias a los nervios y el miedo lanzó un expelliarmus a un joven mucho mayor que él, y fue los suficientemente fuerte para lanzarlo por los aires. Todos los presentes siguieron con la mirada el cuerpo del chico, sorprendidos

-Oh- el pequeño ahogó un grito, poniéndose rojo.

-Buen tiro- dijo Hermione con los ojos abiertos como plato.

-¡Cuál es tu problema!- chilló una chica acercándose peligrosamente al niño rubio, quién se escondió detrás de Hermione muy asustado y avergonzado.

-F-fue sin querer…- murmuró con un tono casi inaudible.

-Ya, tranquila- dijo Hermione poniéndose rápidamente entre ella y el chico- Todos estamos nerviosas después de lo que pasó, y no ayuda a que nos apunten con sus varitas así como así.

-Fue en auto defensa. Aún no sabemos si hay más mortífagos en el tren y debemos estar alertas-

Silencio.

Hermione levantó una ceja al ver a la misma auror de ojos verdes que la había amenazado en el andén. Estaba sin su chaqueta negra y tenía una mejilla morada, como si la hubieran golpeado. La auror se acercó a ella con cara de pocos amigos y sin soltar la varita. Hermione se puso nerviosa. Supuso que no le caía bien, y quizás era por…

-¿O acaso tus andanzas inmorales te hicieron olvidar el ser un auror… o una persona normal?-

Sí, era por eso. Gracias El Profeta.

Las miradas de todos los estudiantes se posaron en Hermione, pero eso no le molesto tanto como lo que dijo la auror.

-Si quieres echarme del tren, está bien- dijo mirándola a los ojos con furia- pero sabes que puedo patearte el trasero a ti y a los aurores que están aquí sin problemas, si es que alguno más logró subir. Y si yo puedo, los mortífagos también.

La morena la miró con odio de arriba abajo, y haciendo un ruido con su boca se alejó de la castaña. En segundos la tensión había puesto denso el aire del vagón, y solo se escuchaba el ruido de las ruedas contra los rieles y el quejido del chico que había salido volando por el expelliarmus. La mayoría de los estudiantes miraban a Hermione con curiosidad y miedo, y había algunos que la miraban con cierto asco. Eran cerca de treinta alumnos en el pasillo del vagón, el resto debía estar esparcido por el tren.

-¿Qué fue lo que pasó?- preguntó un estudiante cercano a ella para terminar con la tensión- ¿Por qué los mortífagos lograron entrar al tren?

-Fuimos traicionados- contestó Hermione rápidamente- y es probable que más de ellos nos estén esperando en El Velo.

Un murmullo lleno de terror se esparció por el vagón. La auror se dio vuelta y miró a Hermione con una mezcla de desconfianza y… curiosidad.

-¿Cuántos aurores hay en el tren?- dijo con voz tranquila sin despegar la mirada de la auror.

-Hasta donde sé, yo y dos chicas más. Las que venían contigo-

-No es suficiente- dijo otra estudiante con los ojos desorbitados- ¡Van a matarnos a todos!

-Lograrán entrar a Hogwarts-

-Dumbledores está ahí junto con los profesores, ellos nos protegerán-

-El Velo está a kilómetros de Hogwarts, no podrán ayudarnos-

-¡Estamos muertos!-

-¡Van a hacernos pedazos!-

-¡Hay que detener el tren!

-El tren no se detiene, no sin usar una cantidad de magia gigantesca-

-¡Vamos a morir!-

-¡HEY!-

El vozarrón de la auror se escuchó por sobre el griterío que había comenzado entre los estudiantes, los cuales se callaron enseguida. La mujer, que solo era unos centímetros más alta que Hermione, se movió por el lugar como un tigre, mirando a cada uno de los estudiantes que había en el vagón.

-Ustedes son estudiantes de Hogwarts, una de las mejores escuelas de magia que existe en el mundo. Si alguna vez pusieron atención a sus profesores, están perfectamente calificados para enfrentarse a un puñado de mortífagos.

Silencio nuevamente.

Hermione la miraba mientras caminaba. A pesar de no ser mucho más alta que ella, estaba erguida y su postura hacía que creciera un poco provocando temor y respeto entre los estudiantes solo con esa frase. De alguna forma le recordaba a McGonagall.

-¿Acaso quiere… que nos enfrentemos a los aurores?- preguntó un chico muy robusto y arto, pero su rostro demostraba que no tenía más de quince años. Estaba claramente aterrado.

-¿Hay otra opción?- preguntó la mujer levantando una ceja.

-No hay otra forma si es que queremos sobrevivir al ataque en el Velo- dijo Hermione acaparando la atención de los estudiantes- No hay otra forma si queremos seguir con vida… Pero ustedes son capaces de enfrentarse a ellos. Como dijo esta amistosa auror, son estudiantes de uno de los mejores colegios de magia del mundo. Si nos organizamos bien, podremos hacerles frente.

Los estudiantes se miraron los unos a los otros de nuevo con miedo.

-¡¿Qué pasa, estudiantes de Hogwarts?! Nosotras podemos pelear contra ellos pero necesitamos de su ayuda- dijo la auror de ojos verdes levantando la voz- Sino, todo esto se pudrirá.

Hubo otro silencio, pero duró mucho menos que los otros. El chico que había volado por el expelliarmus se levantó y dijo con voz extrañamente aguda y con la nariz roja.

-Hay que hacerlo…-

Un murmullo nervioso se expandió por el vagón, pero hubo muchos que asintieron y miraron a las dos chicas con decisión. La mujer sonrió en respuesta. Hermione la miró y miró a cada uno de los estudiantes. La batalla de Hogwarts volvió a su cabeza como un recuerdo melancólico y difícil de digerir. La historia volvía a escribir, pero ahora en un tren.


Espero que esto haya sido de su agrado... y si no, bueno... no voy a escribir otro.

Agradeceré sus comentarios para saber si les gustó o no.

De antemano, gracias por su tiempo, y QUÉDENSE EN CASA.

Cheers!