Hola, hola, hola a todos!

Que año, ¿no? Pero ya falta poco. Por lo menos logré publicar un nuevo capítulo antes de que terminara XD Lo siento, tuve problemas para escribir este capitulo... Probablemente tuve unas cinco versiones. Arsh, y ni siquiera se porque me costó tanto, pero bueno. AQUÍ ESTÁ!

Espero que lo disfruten

Advertencia: Hay sangre... mucha sangre.

Enjoy!


-¡ABAJO!-

Hermione saltó sobre el uno de los estudiantes de Hogwarts que estaba frente a la ventana y lo lanzó al suelo justo para evitar que un maleficio lo matara. Cayeron de bruces al lado de otros estudiantes sentados en el suelo, protegiéndose por la pared del vagón. Una chica de séptimo lanzó un expelliarmus al mortífago que estaba en su escoba y logró derribarlo, perdiéndose en el páramo como un avión haciendo un aterrizaje forzoso.

La castaña se levantó y miró a los ojos al chico, quién parecía estar bien pero se le notaba el shock por las pupilas dilatadas. Le dio una palmadita en la mejilla y se puso de pie.

-¡Vamos, manténganse arriba los que puedan! ¡Cuidado a la derecha!-

Lanzó un hechizo que pasó entre dos estudiantes en la mitad del pasillo y quebrando las ventanas le dio justo a un mortifago que iba a atacar a un grupo de estudiantes en uno de los compartimientos, lanzándolo varios metros hacia atrás. En eso se escucha una explosión al final del tren, haciendo que todos en ese vagón quedaran petrificados.

-¿Entraron al tren?- preguntó un chico de cabello y ojos negros especialmente pálido, pero con su varita firme en su mano.

-Anna está atrás, debe estar dando la pelea- dijo Hermione con ciertas dudas- iré a revisar.

-¡GIGANTE!-

El corazón de Hermione se desmoronó al escuchar el chillido de la chica. Apuntaba hacia afuera del tren, dónde una masa gigantesca salía de entre los árboles en dirección al tren. Se movía rápido, demasiado para ser un gigante, y si los alcanzaba los daría vuelta. Los veinte estudiantes que estaban en ese vagón gritaron, y aunque levantaron sus varitas, no supieron que hacer.

-¡No se queden así, ataquen!- chilló Hermione sintiendo como el corazón volvía a bombearle al triple de velocidad de antes- ¡No dejen que se acerque!

Habían abierto todas las ventanas posibles y por ahí lanzaban sus hechizos. El problema que como el tren era antiguo, las ventanas se habrían solo hasta la mitad, dejando el resto del vidrio sin poder moverlo. Era incómodo si querías protegerte de un ataque de mortifagos en escoba, y más aún de un gigante. Hermione vio como varios ataque provenientes de otros vagones eran lanzados al gigante, dificultándole el camino. Pero, eso hacía que se descuidaran de los mortifagos, y varios de ellos atacaron el tren destruyendo ventanas y puertas.

-¡Nos va a matar!- gritó una chica de aproximadamente catorce años, y aunque seguía lanzando hechizos, su mano temblaba descontroladamente.

Hermione miró para todos lados tratando de buscar un mejor lugar para lanzar su maleficio. Corrió entre los estudiantes pasando a llevar a varios porque los pasillos eran muy estrechos (sobre todo para entablar una batalla), pero logró llegar al frente de una de las puertas del tren. Mejor destruir esa que una parte del vagón.

-No dejen de atacar- dijo y abrió la puerta sacándola de sus bisagras y mandándola a volar.

Sintió como su cabello se movía fieramente, y afirmándose del borde del tren, lanzó su maleficio de fuego. Creó una pared ardiente alrededor del vagón, escuchando el grito ahogado de los estudiantes. Con un movimiento rápido lanzó todo el fuego que había creado hacia el gigante, envolviéndolo. Este movió sus manos con fuerza y chillo, haciendo temblar la tierra. Se detuvo a metros del tren y aleteó golpeándose el cuerpo para apagar el fuego, el cual no se extinguiría fácilmente, y se quedó ahí. Hermione sonrió satisfecha un par de minutos hasta que sus ojos captaron humo provenir del último vagón del tren.

La auror del ministerio, Anna, estaba atrás junto a otro grupo de estudiantes. Se habían dividido por secciones, y a ella le había tocado el medio del tren junto con Tracey, quién se había quedado en el techo del vagón. Amelia protegía el frente y se encargaba de mantener vivo al conductor que ya habían tratado de matar. Hermione tuvo la urgencia de ir hacia atrás, el humo tenía un color negro verdoso. No era normal. Miró hacia el cielo, y vio a los mortifagos reagrupándose con sus escobas.

Para ellos tampoco era fácil acercarse al tren. Independiente que fueran solo estudiantes, cada uno tenía una varita, y la lluvia de hechizos y encantamientos, aunque fueran solo expelliarmus, sería fatal.

-Por merlín…- dijo con pesar y miró hacia el interior del vagón dirigiéndose a unos estudiantes de séptimo- ustedes, manténgase alerta. Subiré para ver qué pasa en la parte de atrás del vagón.

Los tres chicos asintieron mientras sus varitas temblaban en sus manos, y Hermione subió al techo del vagón. Todavía se asombraba lo ágil que se había vuelto después de su entrenamiento. Para la batalla de Hogwarts no habría podido escalar el vagón con esa misma rapidez, y quizás, se habría tropezado más de una vez.

-¡Tracey!- gritó por sobre el viento que sentía en el techo.

La pelinegra estaba de espaldas a ella cuando la llamo, pero no se sorprendió al verla. El humo verdoso que salía del último vagón cada vez era más denso, dejando una cola gigantesca en el trayecto de las vías. A lo largo del tren había otros estudiantes en el techo, intercambiando miradas entre los mortifagos y el humo negro.

-¿Viste que pasó?- preguntó la castaña acercándose a su amiga.

-No, solo como un grupo de mortifagos entraba y salía- escribió Tracey en el aire con su varita- y a los segundos, vi la explosión y ese humo. ¿Crees que estén bien?

-Están con Anna-

-Sabes que no significa nada-

-Eso también es verdad… Solo nos queda esperar y aguantar hasta que vengan del ministerio-

-Hace quince minutos que mandé un patronus a la Orden, ellos ya deberían estar aquí-

En eso, se ve otra explosión salir del último vagón pero que parecía muy diferente a la anterior, ya que rayos anaranjados salieron por todos lados. Las dos chicas agudizaron la vista para entender que estaba pasando… hasta que de uno de los rayos que ya no estaba al final del tren, sino que llegando al siguiente vagón, lanzó por los aires a una persona. O algo parecido a una persona. Hermione se quitó las lágrimas de los ojos por el viento, y volvió a mirar siguiendo la trayectoria del cuerpo.

-Eso no parecía un estudiante de Hogwarts-

-O un mortifago…-

Cuando la figura cayó al suelo y rodó por el prado, nunca dejó de moverse. Es más, se levantó y siguió corriendo de forma poco humana. Hermione palideció aún más mientras sentía su corazón saltar de pánico. Ese no había sido un ser humano, más bien…

-Inferis… por eso los mortifagos se alejaron-

Vio las letras levitar en el aire, y la sensación era igual a cuando leía el nombre de Voldemort. Debían moverse… pero los Inferis eran lo más parecido a un dementor, y Hermione odiaba a los dementores. Claro, se había enfrentado a ellos en diferentes ocasiones, pero a un Inferi… recordaba la cueva, de cómo esa montaña de deformes criaturas habían saltado sobre ella y Kreasher y…

-Odio a los Inferi…-

-¿Te enfrentaste a ellos antes?-

-Desgraciadamente, sí- murmuró la castaña con los ojos como plato reviviendo el encuentro en la cueva y de como por milagro habían logrado salvarse- Tracey, debemos crea un plan para…

Pero la morena ya llevaba medio vagón corriendo en dirección al ataque sin importarle dejar a la castaña atrás, diciéndole a los estudiantes que estaban en el techo que bajaran a dentro de los vagones.

-Claro, evitemos hacer planes. No son importante- murmuró con fastidio- A improvisar… como el ochenta por ciento de las veces.

Siguió a Tracey con varita en mano mientras veía como otro Inferi salía volando por otra ventana. Miró hacia donde estaban los mortifagos y ellos aún no se movían de su posición, solo levitaban varios metros por sobre el tren, sin acercarse.

En eso, su corazón se detuvo al ver una cabellera negra y enmarañada muy particular. Disminuyó la velocidad sin desviar la mirada de la figura sobre la escoba. El rostro estaba cubierto por una máscara de mortifago, pero Hermione sabía exactamente quién era. Podía escuchar su risa haciendo temblar sus tímpanos y sentía su piel erizándose en su nuca.

La mujer la miró, y a pesar de la máscara, Hermione sintió como sus ojos negros traspasaban los suyos. Fue una sensación desagradable sobretodo porque también sentía como su sangre comenzaba a calentarse por el odio.

-Bellatrix…-

Su desagradable risa y sus gritos lazando el maleficio cruciatus hacia Ron la dejaron helada unos segundos, llevándola al edificio abandonado, a la mansión Malfoy…

-¡MUEVETE!-

Alguien la agarró de la cintura y la lanzó a un costado. Se resbaló por el borde del tren quedando con la cabeza en el aire, y tuvo que afirmarse de una baranda que había sobre las ventanas. No tuvo mucho tiempo para pensar que había pasado ya que una figura maloliente y deforme pasó por su lado directo al suelo y aplastándose entre las ruedas del tren. Parpadeó varias veces, sintiendo asco.

-¡¿En qué estás pensando?! ¡Levántate, Salamandra, que aunque no lo quiera, te necesito aquí!-

Anna, la auror, estaba en el techo del tren lanzando hechizo a los Inferis que la habían seguido. Uno a uno iban cayendo. Hermione miró dentro del vagón y vio a muchos más Inferis corriendo y tropezando entre ellos. Algunos explotaban o eran lanzados por las ventanas gracias a los estudiantes que aun aguantaban valientemente.

-Muévete-

Hermione sintió un tirón en su brazo y se levantó en un segundo justo para empujar a un Inferi demasiado cerca de Anna. Creó su Svero en forma de látigo y agarrando a cinco inferis los mandó a volar lejos del tren.

-Lo siento. ¿Qué pasó?- preguntó Hermione poniéndose al lado de la auror en defensiva- ¿Dónde está Tracey?

-Uno de los mortifagos logró entrar al tren y lanzó una de esas cosas dentro. No sabría decirte exactamente como, pero comenzaron a multiplicarse- dijo retrocediendo lentamente- tu amiga está dentro del vagón. Me salvó a diferencia de ti.

-Sólo me distraje un momento- respondió Hermione con fastidio.

-¿Un momento? Si no fuera por mí, eso te habría devorado-

-Gracias-

-Me debes una, Salamandra- dijo Anna con una sonrisa despectiva.

Hermione la miró enojada, levantó la varita y se cubrió de fuego haciendo que Anna se sobresaltara. Sin dejar de mirarla concentró todo el fuego en su varita y lanzó como un cohete por el techo del tren carbonizando a todos los Inferis que estaban ahí. Anna parpadeó, sorprendida.

-Ahora no te debo nada- dijo Hermione con una sonrisa de satisfacción.

Anna cambio su rostro a uno enfurecido e iba a replicar, pero unas figuras fugaces pasaron por su lado. Las dos mujeres levantaron la varita listas para defenderse, pero las figuras volaron hacia el interior del tren y entraron por las ventanas estrepitosamente. Los Inferis comenzaron a salir despedidos como hormigas de dentro del vagón, seguidos por las luces de los hechizos que los atacaban. Hermione parpadeó sorprendida y miró a Anna, quién también tenía los ojos abiertos por la sorpresa, y ahí atinó.

-¡Son del ministerio!- exclamó la castaña ahora con emoción- ¡Al fin llegaron!

-No todos son del ministerio- dijo Anna apuntando a uno de los magos que volaba lejos del tren de forma elegante y algo arrogante.

Hermione lo observó, y tuvo otro deja vu que le provocó un dolor punzante en su pecho poniéndose sobre el asombro de ver esa figura en ese lugar. Su cabello negro azabache se movía con el viento y sus lentes reflejaron el Sol que estaba poniéndose en el horizonte. Él y otras cinco figuras de juntaron en el aire, y con sus varitas apuntaron a los mortifagos quienes ya se estaban esparciendo por el lugar, volviendo a la batalla campal sobre escobas.

-¡¿Qué hace él aquí?!- exclamó Hermione más para sí misma, viendo como James Potter y los otros cinco magos volaban lanzando hechizos hacia sus enemigos.

-Vino a ayudar aunque no sea del ministerio. ¿Qué más?, es un hombre honorable- dijo Anna mirándola con molestia- Es un Gryffindor.

-Obvio…- murmuró Hermione frunciendo el ceño.

Una explosión hizo que las dos mujeres miraran con los ojos abiertos hacia el inicio del tren, en donde vieron humo salir del vagón del conductor. El humo era gris, diferente al que había traído a los Inferis, pero no significaba que fuera menos peligroso. Al segundo después sintieron un remezón del tren, y comenzó a ir más lento. Eso definitivamente no era bueno.

-Por merlín, lograron detener el tren- dijo Anna sorprendida- Y aún faltan kilómetros para llegar al Velo.

-¡Salamandra!-

Hermione miró hacia la persona que la llamaba, y sonrió con entusiasmo. Sirius estaba sobre una escoba y con su varita en mano, vestido como un miembro del C.I.A junto a Tracey sentada detrás de él. Venían del final del tren.

-¿Estás bien?- preguntó Hermione a Tracey mientras aterrizaban a su lado.

-Sí. Sirius me ayudó- escribió Tracey en el aire con alegría.

-Justo a tiempo- dijo Hermione con una sonrisa irónica- aunque pudo haber sido antes.

-Así es más emocionante- dijo frunciendo el ceño- Avanzaremos al frente. Un grupo de integrantes de la Orden ya avanzó hacia allá para evitar que sigan deteniendo el tren.

-Hay un botón, en la mesa de control del tren- comenzó a decir Anna mirando a Sirius- Que es para emergencias. Aumenta la velocidad del tren por un minuto completo.

Los tres magos la miraron sorprendidos. Anna se encogió de hombros.

-Mi papá es amigo del maquinista. Los visitamos varias veces para ayudarlo con cosas de este tren-

-¿A cuánto aumentará la velocidad?-

-Casi al triple de la marcha normal-

-Eso disminuiría el tiempo hasta el Velo- dijo Hermione mirando hacia el frente.

-Que oportuno-

-Es grande y de color morado, a un costado derecho de la mesa-

-¿Segura que funcionará?- preguntó Sirius levantando una ceja.

-El tren andará aunque hayan derretido todas sus ruedas- afirmó la chica.

-Interesante. Quédense aquí como refuerzo y manténganse alertas por si llegan más mortifagos… o cualquier otra cosa-

-Espera, ¿qué?- comenzó a decir Anna sorprendida y enojada, pero Sirius y Tracey ya habían vuelto a volar- Soy del ministerio. Me necesitas allá.

-Solo cinco integrantes del C.I.A destrozaron a decenas de Inferis, y una docena de aurores no han podido ni con cinco mortifagos- dijo Sirius apuntando al cielo, en donde doce magos en escoba aun atacaban a un grupo pequeño de mortifagos, alejándolos del tren- creo que estaremos bien sin ti.

Y salieron disparados hacia el inicio del tren, en donde se estaba llevando una batalla campal aérea, llena de luces provenientes de magos y brujas en escoba, y de los estudiantes que estaban dentro del tren.

-No puedo creer que te hable después de lo que le hiciste a su mejor amigo- dijo Anna aún fastidiada por haberla dejado atrás.

-No eres la única- murmuró Hermione.

Quedaron en silencio, observando la batalla aérea. Solo escuchaban los gritos de los mortifagos, brujas y magos por sobre el viento. Según los cálculos, a velocidad normal deberían pasar por el Velo en uno diez minutos, pero si iban ralentizando fácilmente ese tiempo de duplicaría. Hermione se mordió un labio, nerviosa. No por el plan de Anna ya que no tenía por qué no funcionar… su estómago se revolvió de nuevo al pensar en James. ¿Por qué estaba ahí? ¿Por qué había dejado a Lily y a Harry solos? Su estómago pasó de moverse por los nervios a por el enojo. Aunque estén protegidos por Sirius al ser él el guardián, debería quedarse con ella. Aunque sea por su hijo.

-Es buen tipo. Como todos los Gryffindor- dijo Anna mirando hacia el inicio del tren. Tenía una sonrisa de orgullo en el rostro- Todo un caballero. Menos mal que salió alguien sensato y de buena calaña de esa familia.

-No todos los Gryffindor son de fiar. Como no todos los Slytherin son posibles magos oscuros- el comentario le salió de las entrañas.

-¿Acaso has conocido a alguien así? En el ministerio ya no queda ninguno de esos…-

-"Esos", que tu llamas, son parte de este tren, parte de Hogwarts y a los que debemos defender- la castaña la miró con asco- Y si crees que tu decisión de ser buena persona y pelear en contra de las tinieblas se define por la casa en donde estuviste, déjame decirte…

Pero no pudo decirle nada más ya que, al segundo después, Anna no estaba de pie frente a ella. Con los ojos grandes llenos de horror vio como la mujer era lanzada por los aires envuelta en un rayo verde y se perdía entre el humo negro que quedaba al final del tren. Hermione se dio vuelta, se agachó y atacó al mortifago enmascarado que estaba detrás de ella. Esquivó el ataque con agilidad y mandó otro maleficio hacia los pies de Hermione. Ella saltó y corrió hacia el final del tren sintiendo como si el corazón se quisiera salir de su pecho. Entre el humo negro vio el cuerpo de Anna, inmóvil en las vías del tren. Hermione apretó los dientes.

-Salamaaaandraaaa- la voz cantarina que llevaba escuchando en sus pesadillas la congeló en el lugar.

Era imposible para Hermione no identificarla y sentir nauseas. Se mantuvo agachada entre el humo negro y con todos sus sentidos alertas. Una gota de sudor cayó por su sien y trató de mantener sus manos firmes... pero temblaban demasiado.

-Sal a jugar- escuchó la voz de Bellatrix, demasiado alegre para su gusto- Hagamos esto divertido.

Hermione identificó el lugar de donde venía la voz, y sin pensarlo lanzó un ataque. Vio como el humo se desvanecía por el movimiento de su varita dejando un camino en el aire pero sin disiparse por completo. Se mordió el labio al haber fallado y dio un par de pasos hacia adelante, secándose el sudor del rostro. Por el rabillo del ojo vio movimiento y apuntó, pero no fue suficientemente rápida.

Sintió un dolor punzante en su brazo derecho haciendo que retrocediera. Tratando de no cerrar los ojos por el dolor estiró su mano izquierda justo a tiempo para detener el cuchillo de Bellatrix que iba directo a su cabeza. La mortifago enterró su varita en el costado de la castaña y abrió la boca debajo de su máscara. No sabe si fue suerte o si fueron sus reflejos, pero si no hubiera hecho la maldición de fuego que cubría todo su cuerpo, Bellatrix habría destrozado su cuerpo con el maleficio. La mujer salió disparada hacia atrás cubriendo sus manos quemadas y gritando de rabia. Su máscara cayó por la fuerza del ataque. Respirando con dificultad, Hermione concentró el fuego en su varita y se lo lanzó a la mujer. Ella creó una barrera y el fuego chocó con fuerza, disipando todo el humo del tren y haciéndolo temblar.

Hermione sentía la fuerza del fuego chocar contra el muro invisible de Bellatrix, pero estaba determinada a destruir a esa mujer de una vez por todas, y aumentó la intensidad de su ataque. En cualquier momento podría derretir el muro invisible, la varita de Bellatrix y a la misma Bellatrix. Iba a terminar con ella ahora. Por todo lo que había hecho en su tiempo, y por lo que iba a hacer en ese tiempo.

Por todo.

Pero sintió como algo se subía a su espalda. Algo viscoso y que olía a muerte. Desvió la mirada justo a tiempo para sentir como eso mordía su oreja. Gritó. El dolor fue tan intenso que deshizo su fuego y su ataque, y solo pudo concentrarse en los ojos sin vida del Inferi que tenía sobre su espalda, saboreando su oreja con su asquerosa boca llena de sangre. Pavor.

-¡ELLA ES MÍA, BESTIA DEFORME!- gritó Bellatrix y apuntó directo a la cabeza del Inferi.

Explotó en mil pedazos llenando a Hermione de una sustancia negra y asquerosa. Con fuertes ganas de vomitar, la castaña se quitó como pudo los restos de Inferi y apuntó a Bellatrix, quién ya tenía su varita en alto, abriendo la boca lista para pronunciar su último ataque.

Una figura alta apareció entre las dos mujeres, sorprendiéndolas. Hermione parpadeó dos veces, abriendo sus ojos de par en par y sintiendo una mezcla de alivió y sorpresa al ver la espalda de James Potter delante de ella. Era igual a Harry, demasiado igual.

-Pelea conmigo, Lestrange- dijo el chico con un tono bajo y potente, lanzando la escoba que tenía a un lado. La piel de Hermione se erizó. Era como escuchar a Harry.

-¿Con el famoso Potter? ¡JA! Casi sería un honor, pero ¿crees que puedes vencerme en un duelo? Ella apenas pudo contra mí y sabes que ha superado a cualquiera de ustedes, traidores a la sangre- dijo con burla sin bajar su varita.

-Soy superior a ti en demasiados niveles- dijo James haciendo crujir su puño izquierdo.

-Ahora no. ¿Se te olvidó que el Señor de las Tinieblas busca lo que tú y la sangre sucia esconden? Si te llevo con él ahora, el honor hacia mi será tan grande que van a tener que taparse los ojos al pasar al lado mío.

-Qué raro, ya me es difícil ver tu feo rostro y que yo sepa, Voldemort con suerte te conoce-

-¡VOY A DESPEDAZAR CADA CENTÍMETRO DE TU CUERPO, POTTER! ¡A ti, a tu mierda de hijo y a tu sangre sucia! ¡A TODOS VOY A DESTRUIR!

Lanzó un ataque muy rápido. James logró hacer un escudo que lo protegió a él y a Hermione, pero retrocedió un centímetro. Luego otro, y otro. Bellatrix lo estaba dando todo al igual que James, quién se mantenía firme detrás del escudo. Media sonrisa se divisó en su rostro.

-Oye, Grint-

Hermione parpadeó, mirándolo con ojos confundidos. ¿Acaso parecía feliz? ¿Por qué? ¿De qué se perdió? ¿No debería odiarla, no debería haber dejado que Bellatrix la matara?

-Debes cuidar a Lily como sea, ¿está bien?-

Su escudo comenzó a agrandarse, y avanzó un paso, tensando sus manos y mostrando unas venitas en sus brazos. Hermione observó la fuerza del chico con la boca abierta mientras las palabras que había dicho recién entraban en su cerebro.

-¿De qué hablas?-

-Ella es el amor de mi vida, siempre lo será… pero yo no soy el de ella, eres tú-

Su escudo se iluminó con un fuerte color rojo, y salió disparado hacia Bellatrix, envolviéndola y dándole una descarga eléctrica poderosa. La mujer gritó en agonía y cayó al suelo. Hermione se sorprendió aún más, si es que era posible. Se levantó y miró al chico, quién hizo crujir su cuello. Le devolvió la mirada y le sonrió ahora con tristeza.

-Me duele el corazón, y probablemente nunca deje de doler… pero ayudará a sanar si la veo feliz. Conmigo no lo es, y eso es peor para los dos.

-James, yo nunca…-

-Lo sé… lo sé…- estiró la mano hacia Hermione con intención de estrecharla- Lo he pensado mucho. Ahora te odio y preferiría no verte nunca… pero Lily y Harry para mí, van primero, y si tú eres parte de su felicidad, entonces… tú debes estar con ella.

Una lágrima cayó por la mejilla de la chica. No sabía que sentir, no sabía que decir, no sabía cómo reaccionar ante lo que James le había dicho. La odiaba, lo había dicho pero… aun así, daba un paso al costado y dejaba que ella y Lily estuvieran juntas. Un remolino de emociones removió su estómago ante la actitud tan honorable del chico. Un verdadero Gryffindor.

Un grito de Bellatrix llamó su atención, y no alcanzaron a reaccionar. De pronto un gran número de Inferis aparecían en el escudo que envolvía a Bellatrix, rompiéndolo y haciendo que salieran disparados hacia los dos chicos. Por el horror, Hermione solo logró levantar la varita mientras todo se iba a negro y sentía como algo la jalaba hacia atrás haciendo desaparecer el piso del tren, los gritos de Bellatrix y de James.

Negro.

Un dolor punzante sintió en su espalda y un olor a quemado llegó a su nariz. Abrió los ojos de golpe respirando entrecortado, y vio el cielo azul oscuro. Tanteó con sus manos el piso suave y arrancó unos tallos de pasto. No había ruido de motores, ni gritos ni un viento fuerte… Había caído del tren.

Se sentó de golpe y sintió la gravedad en sus heridas. Con un gritito se llevó su mano ilesa a su oreja que ya no estaba. Su corazón salto por el horror al sentir solo un muño desastroso lleno de sangre y saliva de Inferi. Había perdido su oreja. ¡Su oreja! Tuvo fuertes ganas de vomitar, así que cerró los ojos y respiró el aire lleno de cenizas. ¿Pero qué…? Miró su alrededor, viendo un acantilado varios metros lejos, las montañas, el Sol ponerse en el horizonte… Se dio vuelta aún con la mano en su lado de la cabeza, y sintió aún más horror que antes.

Parte del último vagón estaba en llamas. Se había descarrilado y la mitad estaba en medio del pasto y el resto sobre la línea dado vuelta. Se veían partes de Inferis moviéndose entre el fuego lentamente, y las cenizas volaban en el aire. No había rastro del tren o de los mortifagos o del resto de aurores o integrantes de la Orden ¿Qué había pasado? ¿Dónde está Bellatrix? ¿Dónde está James?

-Oh, no… James…-

Hermione se levantó como pudo sin sacarse la mano de su perdida oreja y buscó con la mirada al chico. El olor a madera y fierro quemado era potente y ayudaba a cubrir el hedor podrido de los Inferis que ya poco se movían. Caminó por el borde de las líneas del tren entre los restos quemados, cada vez más preocupada por chico. Era como si una explosión hubiera destrozado el vagón desde el medio.

-¡James!- gritó sintiendo su voz ronca- ¡Jaaames!

Percibió movimiento por el rabillo del ojo. Se dio vuelta y lo vio, y el alma se le fue a los pies. De entre los restos del vagón vio el torso de James, inmóvil. Corrió hacia él clamando a todo para que estuviera vivo. Tiene que estar vivo, debe estar vivo. Al llegar a su lado, quiso gritar de rabia y frustración. Solo se veía su torso entre la madera, su rostro magullado y sucio, sus ojos abiertos y sangre, muchísima sangre.

-Ay no… James…- se hincó a su lado mientras las lágrimas caían por sus mejillas.

El peso del mundo cayó sobre ella. Lo había perdido. No había podido salvarlo, al igual que a Harry, que a Ron, que a Regulus y quizás a cuantos más… Todos ellos la habían salvado pero ¿para qué? Había viajado en el tiempo para destruir a Voldemort pero lo único que había logrado era empeorar todo… y ahora…

-Lo siento… lo siento…- murmuró entre dientes. El pecho le dolía y le faltaba el aire, pero no podía moverse. El dolor y frustración se lo impedían- lo siento…

Lentamente acercó su mano al rostro del chico y cerró sus ojos. Harry había quedado sin padre nuevamente, y ahora era su culpa. ¿Qué le diría a Lily? ¿Podría perdonarla? Sollozó. Había echado todo a perder.

-No deberías llorar por él-

Hermione no se inmutó, ni se movió ni nada. Solo permaneció hincada al lado del cuerpo de James Potter sin dejar de mirarlo mientras sentía una mano en su cabeza. Su corazón lentamente comenzó a palpitar más y más rápido. La mano con uñas largas se deslizó por su cabeza, acariciándola.

-Hay muchas cosas que no entiendo de ustedes, los "buenos"- dijo Bellatrix detrás de ella- se supone que él te odia, le quitaste a esa sangre sucia. Y aun así, te salvó la vida… y tú, sabiendo el desprecio que te tenía, lloras su muerte. Son gente tan extraña… tan débil.

Poco a poco la pena y frustración se fue transformando, mezclándose con el dolor. Era como un calor que se iba moviendo desde su pecho y se deslizaba por sus brazos, sus piernas, cuello, rostro, y nubló su vista, volviendo todo su entorno rojo. Bellatrix se alejó de ella y la apuntó con la varita de Hermione a la cabeza.

-Esta varita es muy flexible, aunque un poco extraña. Me la quedaré- y sonrió mostrando sus dientes ensangrentados- El Señor de la Tinieblas quizás no tenga a Potter, pero no es algo que me preocupe. Total, él no me mandó por él exactamente. Avada Kedabra!

Pero una luz roja salió de la punta de la varita de Hermione y le dio al suelo, a unos centímetros de Hermione. Bellatrix abrió la boca, desconcertada. Fue la oportunidad de la castaña para moverse y lanzarse sobre Bellatrix con todas sus fuerzas. Las dos cayeron pesadamente al pasto y Hermione, afirmando la mano de Bellatrix que tenía su varita, propinó con su otra mano un fuerte golpe a su rostro haciéndola rebotar en el suelo. Sin darle un respiro, le dio otro, y otro sin piedad. La mujer tratando de no perder la consciencia, apuntó su varita hacia la chica y lanzo un expelliarmus. Hermione voló por los aires aterrizando a unos metros entre ella y el acantilado.

Bellatrix se levantó tambaleándose, se limpió la sangre de la nariz y apuntó hacia la chica con los ojos desorbitados de rabia y atacó. El maleficio rozó las piernas de Hermione quién se levantó rápidamente y corrió en zigzag hacia la mortifago, quién siguió atacando. Cada golpe hacia explotar el piso lanzando tierra y pasto hacia todos lados. En el quinto golpe, Hermione tuvo que protegerse el rostro y se detuvo, dándole posibilidad a Bellatrix de apuntar justo a su rostro. Estaba a dos metros de ella.

-¡MUERE!-

-Accio varita!

La varita de Hermione voló de las manos de Bellatrix al mismo tiempo que ella lanzaba un maleficio. La castaña hizo un conjuro de escudo silencioso haciendo que chocara con fuerza y desviándolo hacia un lado. Tomó su varita en el aire y contratacó. Bellatrix se defendió y atacó. Hermione se defendió y atacó. Estaban a par, ninguna cediendo ni un segundo. Las luces de los maleficios iluminaban el páramo haciendo que el fuego que quedaba en los restos del vagón se fuera desvaneciendo.

Hermione dio un paso hacia adelante y al mismo tiempo que lanzó un maleficio aturdidor a Bellatrix, levantó su mano izquierda e hizo que el poco fuego que quedaba del vagón se moviera y atacara a la mortifago. Ella logró cubrirse del maleficio y del fuego, pero le dio un segundo de ventaja a Hermione, quién lo aprovechó.

-Svero!

Corrió hacia un lado de Bellatrix y lanzó su svero en forma de látigo. Agarró la mano de la varita de la mujer y con un movimiento hacia atrás, cortó su mano lanzándola por los aires y dejando una estela de sangre. Bellatrix se quedó tres segundos exactos mirando su extremidad faltante con confusión, hasta que sintió el golpe de dolor y gritó desde sus entrañas.

El eco del grito se escuchó por todo el lugar, remeciendo los árboles. Hermione la miró respirando agitadamente. Bellatrix cayó de rodillas abrazando su muño ensangrentado y sin dejar de gemir. Estaba desprotegida y no tenía forma de defenderse, y su orgullo se había ido junto con su mano. Hermione se enderezó y caminó hacia la mujer sintiendo un nudo en la garganta. Su visión volvía poco a poco a la normalidad, dejando el rojo de lado. Se paró frente a Bellatrix y la apuntó con su varita.

Y se quedaron así varios segundos, Bellatrix llorando y Hermione mirándola con odio, pero sin hacer nada. En su cabeza había una lucha entre sus ganas de matar a esa mujer y su poca voluntad de llevarlo a cabo.

Nunca había matado a alguien a sangre fría.

-No eres capaz-

La voz ronca de Bellatrix penetró en su cabeza como una aguja. Abrió los ojos de par en par y los conectó con los desorbitados y adoloridos de Bellatrix. Ella sudaba y su boca estaba pintada de sangre. Su pelo chamuscado por la explosión anterior y su vestido negro rasgado y también quemado la hacían ver mucho más parecida a como Hermione la había visto la primera vez en el Departamento de Misterios, desastrosa y demente.

-No eres capaz… no tienes las agallas para quitar una vida. La gente como tú no hace eso- dijo con los dientes entrecerrados, y sonrió- son demasiado… honorables…

Hermione golpeó la frente de Bellatrix con la punta de su varita haciendo que la mujer se callara y abriera los ojos sorprendida. La mano de la castaña ya no temblaba, y su rostro estaba serio. Las palabras de la mortifaga habían devuelto la determinación, los recuerdos y las muertes que hizo en un tiempo que ya no existe. El sudor cayó por la sien de Bellatrix, y sus ojos se salieron de sus órbitas. Lentamente llevó su mano ensangrentada a la varita de Hermione sin fuerzas, temblando a más no poder. Estaba aterrada.

-No puedes hacerlo… no lo hagas…- suplicó.

Bellatrix estaba suplicando a Hermione.

Hermione suspiró. Su rostro ahora estaba triste.

Bellatrix abrió la boca, sonriendo levemente. Un brillo de esperanza se asomó en sus descolocados ojos.

-Avada Kedabra-

La luz de esperanza y vida dejó los ojos de Bellatrix Lestrange, y cayó inerte al suelo. Un viento frío rodeó la escena y el Sol escondió los últimos rayos que le quedaban en el horizonte, pintando el cielo de un morado triste. Una lágrima cayó por la mejilla de Hermione. No era de satisfacción, de rabia o de alegría. La verdad, no sabía de qué era. No sabía cómo se sentía, y le era imposible definir si sintió placer al matar por fin a Bellatrix. Era algo que debía hacer, pero…

-¿Qué hubieras hecho tú, Harry?- murmuró la castaña con mucho pesar.

De pronto, sintió una ventisca extraña deslizarse en el lugar. Levantó la mirada para ver el cielo y su mirada captó algo que hizo que su corazón saltara nuevamente de terror.

Una mancha negra voló por el cielo en su dirección a gran velocidad y se posó a unos metros de ella, justo al lado del cuerpo de James. La mancha que era una especie de vapor se solidificó, mostrando una figura pálida vestida con una túnica negra. El poco cabello que le quedaba se movió por el viento y sus ojos rojos miraron el desastre. Hermione se puso en guardia rápidamente dando unos pasos hacia atrás.

-De haber sabido que él iba a venir, hubiera llegado antes- dijo Voldemort con su voz seseante, moviendo la cabeza de James con el pie, comprobando si estaba muerto o no- Al final, siempre termino haciendo el trabajo yo…

-¡No lo toques!-

Voldemort se dio vuelta y miró a la chica con interés. Pasó su mirada de ella al cuerpo de Bellatrix, y sonrió.

-Eres alguien interesante, Emma Grint- dijo caminando hacia ella- Lestrange era una de mis más fuertes seguidores, y aun así, yace muerta a tus pies. Me intriga saber de dónde vienes.

-¿Y tú crees que voy a contestarte eso?- respondió confundida. Era una pregunta extraña.

-De eso depende de si mueres ahora o no-

Hermione abrió los ojos. Voldemort no se detuvo, y siguió caminando lentamente y con seguridad. Sacó su varita de la manga de su túnica y la levantó en el aire, haciendo temblar a la chica. Estaba agotada y había perdido mucha sangre. No podía pelear contra Voldemort, no ahora.

-Me intriga porque eres fuerte, inteligente, y sabes muchas cosas- el viento se hizo más fuerte y despeinó el cabello de Hermione- Por eso le dije a Bellatrix Lestrange que te matara, pero como no pudo, mereces tener unos minutos más enfrente de mi presencia para tener la posibilidad de vivir al contestar mi pregunta: ¿Cómo supiste de mis Horrocruxes?


Yyyyy, BOOM!

Espero poder publicar el próximo capítulo pronto. Y también espero que les haya gustado, y si no, pueden decirme en sus comentarios porque no... y si les gustó, también pueden decírmelo en sus comentarios.

Muchas gracias, nuevamente, por leer esta historia tan loca. Y nos escribimos pronto.

:D