Hello, everybody!
Un nuevo capítulo de esta historia ha llegado a sus vidas. Espero que les guste porque se dará mucha información, y empezaremos a llegar a la última fase de este fanfic que se ha tomado su tiempo... JA! Tiempo... bueno
Enjoy!
Había mucho silencio, demasiado para el gusto de Lily. La oscuridad inundaba la habitación y la única luz que entraba por la ventana era la del patio de los vecinos y un farol de la calle. Las figuras de las ramas de los árboles parecían manos que querían entrar, y Lily se estremeció al verlas moverse lentamente por el viento. Estaba sola en la habitación de Harry, acostada sobre las mantas observando el techo. Su hijo estaba sobre ella, durmiendo plácidamente sin importarle subir y bajar por la respiración de la mujer.
Aunque había dormido poco la noche anterior y se sentía agotada, no podía cerrar ni un ojo. Las noticias de que el Expresso de Hogwarts había sido atacado por los mortífagos se habían esparcido por todo el mundo mágico mediante cartas, por la radio mágica y por patronus. Sirius había mandado uno dando la noticia y explicando en pocas palabras que Emma y otras aurores habían logrado entrar al tren, y que él y un grupo grande de C.I.A iban en camino.
Lily suspiró, pensando en que esa chica tenía un don especial para encontrarse en las situaciones más peligrosas. El basilisco, la casucha en donde encontraron uno de los Horrocruxes, la persecución con Greyback, la mansión Malfoy, Bellatrix… el estómago se le revolvió al recordar a Emma sobre un charco de sangre, inconsciente.
-Y eso que la noche anterior había sido maravillosa- murmuró a la nada. Sonrió con el recuerdo de Emma durmiendo a su lado- No ha pasado ni un día y ya te metiste en otro lío.
Una lágrima cayó por su mejilla. No podía dormir por el miedo que sentía por Emma, por si le pasaba algo realmente grave, por si la herían, por sí… Escuchó la puerta, y se incorporó rápidamente, sosteniendo a Harry en los brazos sin despertarlo. Se levantó con agilidad, dejó a su hijo en la cama y sacó su varita. Podría ser James, lo cual sería bueno. Había salido rápidamente después de recibir el patronus de Sirius, y no había dicho ni adiós. Le molestaba, obviamente, pero habían estado tan mal esas últimas semanas que una muestra más de frialdad no hacía la diferencia. Era bueno que volviera a la casa, ya que él debía estar ahí con su hijo, ¿verdad? Es más, nunca debió haber salido a hacérselas de héroe y pelear contra los mortífagos, y descargar su frustración. Lo conocía demasiado bien para saber que salió con varita y escoba en mano solo para desquitarse.
Pero, no dejaba de ser peligroso el que haya salido. Ellos dos eran unos los magos más buscados por Voldemort en ese momento por ser los padres de Harry, al igual que Frank y Alice, quienes tuvieron a su hijo un día antes que ellos, así que era bueno que volviera y que estuviera a salvo con su hijo.
¿Verdad?
-¿James?- llamó desde el pasillo que daba a la escalera.
-No… Sirius…-
Lily abrió los ojos de par en par, sorprendida. No esperaba verlo ahí. Bajó rápidamente las escaleras y prendió la luz, sorprendiéndose aún más al verlo apoyado en la pared en un estado deplorable. Tenía sangre seca en su rostro, estaba muy sucio con barro y hollín y su ropa de C.I.A estaba quemada. Pero lo que más sorprendió a la chica fue su rostro. Lo había visto enojado y a veces un poco triste, pero nunca así: completamente destrozado.
De repente las piernas de Lily se volvieron de gelatina, y tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no caer por la escalera.
-No traigo… buenas noticias- dijo el chico con voz ronca.
Se llevó la mano a su bolsillo y sacó la varita de James. Lily la observó, sintiendo un nudo en su garganta que le impedía hablar. Lentamente bajó los escalones y acercó su mano a la varita de su marido y la tomó. Comenzó a temblar.
-Encontré su cuerpo al lado de Bellatrix. Lo mandé a ayudar a Emma y a otra auror…-
A la mención de la mujer, la pelirroja levantó la mirada y su corazón se sacudió. No quería saber. No quería seguir escuchando. Solo quería volver a la habitación de Harry y abrazarlo y… llorar en silencio, pensando en que lo que estaba pasando no era verdad. Una lágrima cayó por su mejilla, pero no pudo moverse. Estaba paralizada.
-Lo siento, Lily… no pude ayudar a ninguno de los dos…-
Pettigrew se hecho un poco más de poción de murtlap en su quemadura, que ya poco le quedaba. Se rascó la cabeza y se sacó los últimos cabellos chamuscados, y suspiró. Estaba muy cansado y su estómago le dolía, como siempre cuando estaba nervioso. Por eso la gente lo veía encorvarse en momentos tensos, porque sentía retorcijones.
Se miró al espejo de su baño y frunció el ceño. Nunca le gustó su rostro, su cabello, su forma de ser. La verdad, nada de él le gustaba, y sentía vergüenza de sí mismo desde… quizás, ¿siempre? Levantó una ceja, y un recuerdo mezclado con extraños sentimientos llegó a su cabeza y sonrió.
El día en que había sido seleccionado para Gryffindor, y había conocido a James, Sirius y Lupin, sus amigos durante todo Hogwarts… Los únicos que lo habían aceptado, extrañamente. Suspiró agotado. Las palabras de Emma Grint aún resonaban en su cabeza y no había parado de pensar en ellos.
-Lo eché todo a perder…-
En eso, escucha la puerta de entrada y se queda helado. Miró hacia la entrada de su habitación en donde se podía ver la luz de la entrada de su casa, y vio movimiento. Tragó saliva y tomó su varita, que temblaba en su mano. Definitivamente esperaba más tiempo antes que lo descubrieran, ni siquiera se había cambiado de ropa. Caminó hacia la entrada de su habitación y miró por el pasillo, sudando frío.
-Colagusano… sal de tu ratonera…-
No era el señor de las tinieblas, y sintió un poco de alivio… solo un poco. Se asomó al balcón y miró la figura que estaba en el hall de entrada, y tragó saliva, nervioso. ¿Qué hacía él aquí?
-S… Snape… Que agradable sorpresa…-
-Los dos sabemos que nos desagrada vernos, así que ahórrate los comentarios- dijo con el ceño fruncido, pero con tono calmado.
-Es verdad… entonces… ¿a qué viniste?-
-El señor de las tinieblas está contento con tu trabajo. Gracias a toda la información que le diste, pudo matar a Grint. Y de paso, a Potter-
-Lestrange lo mató… no fue el señor de las tinieblas…- lo primero lo dijo con un tono de voz más agudo, más fuerte. Apretó sus manos con fuerza, tratando de dejar su pesar de lado.
-¿Supiste si el tren logró llegar al Velo o no?-
-A duras penas, pero sí…-
Colagusano sintió como el sudor caía por su sien. Estaba hablando demás.
-Oh… tienes más información que el resto de nosotros entonces- y Snape sonrió mostrando sus dientes amarillos.
-Por su-supuesto… Él ha compartido mucha información conmigo…-
-Entonces sabes porque hizo todo el show del tren solo para que Bellatrix matara a Grint, cosa que no logró, obviamente-
-Todos sabemos que esa mujer es más fuerte que la mayoría de los magos y brujas de aquí-
-Era, Colagusano. Grint era una bruja muy fuerte…- y Snape, sin dejar de sonreír caminó hacia la sala de estar- porque está muerta… ¿Verdad?
Y Peter Pettigrew sintió terror, y bajó a tropezones las escaleras para seguir a Snape. Se puso delante de él antes que entrara a la sala de estar, y lo miró nervioso. Snape levantó una ceja y miró a su alrededor.
-¿Qué pasa? Está desordenado, pero no es algo anormal en ti-
-No te invité a pasar-
-No necesito invitación, rata… Al menos que escondas algo- dijo mirándolo a los ojos.
-¡Po-por supuesto que no escondo nada!- dijo aún más nervioso, estrujando su varita- soy un libro abierto…
-Claro que lo eres, por eso pude entrar sin problemas a tu casa y puedo leer todo lo que pasa por tu mente-
El alma de Colagusano se le fue a los pies. ¡Por supuesto que iba a leer su mente! Se maldijo internamente palideciendo a una velocidad alarmante y dio un paso hacia atrás, temblando de pies a cabeza. Siempre fue muy malo con todo eso de Legeremancia y Oclumancia. Snape negó con el cabeza, divertido por la reacción del pequeño hombre y cruzó sus manos.
-¿En dónde está?-
-¡Por favor, no le digas al señor de las tinieblas! ¡Te lo suplico, Severus!- chilló Pettigrew tirándose al suelo, derrotado- ¡Fue una estupidez, lo admito! ¡No pensé lo que hacía! Debí haberla dejado para que la matara de verdad, pero no pude… ¡Fue un error! ¡No debí interponerme en sus planes!
Y comenzó a llorar estrepitosamente, encorvándose en el suelo, suplicando. Snape levantó una ceja con asco, y pasó por su lado en dirección a una puerta al costado de la sala de estar.
-Y yo que pensé que aún te quedaba algo de honor… pero no- dijo, y abrió la puerta.
El cuerpo de Hermione yacía inconsciente sobre una cama en la habitación, con las cortinas tapando la ventana y solo una lamparita iluminaba un poco su lastimado rostro. Había vendas ensangrentadas y cubos de agua alrededor, y un artilugio mágico levitaba sobre ella. Snape se acercó al cuerpo y lo observó detenidamente. Estaba viva, pero muy pálida. Quizás por la pérdida de sangre de su lado de la cabeza donde perdió una oreja, y su brazo. El hombre abrió los ojos enojado.
-¿Hace cuánto que está así?- dijo hincándose a su lado y sacando su varita.
A su brazo derecho le faltaba la mitad, y estaba cubierto por una venda que goteaba sangre.
-Llegué aquí… hace unas dos horas…-
-Menos mal que no eres sanador- dijo con fastidio, sacando la venda de lo que le quedaba del brazo a Hermione.
-¡Actué sin pensar, ya te lo dije!- contestó desesperado- No se me ocurrió nada mejor para evitar que el señor de la tinieblas la buscara entre los escombros del acantilado.
-Esa fue una buena idea… Pero es un milagro que no haya muerto desangrada-
Un brillo dorado salió de la varita de Snape y envolvió lo que quedaba del brazo de Hermione. Lentamente y con pequeños rayos de descarga eléctrica, el brazo comenzó a crecer. Estuvieron en silencio varios minutos viendo como el miembro volvía a crecer, aunque más blanco y limpio que el resto del cuerpo de la chica. Pettigrew se retorcía las manos, sin dejar de ver la nuca de Snape, temblando de pies a cabeza.
-¿Por qué la ayudaste?-
-Ya te dije… no lo pensé, solo actué…-
-Te diste el tiempo para ir al Velo- Snape se dio vuelta y lo miró a los ojos- Tuviste mucho tiempo para pensar en el camino.
Pettigrew cerró sus ojos y trató de crear una muralla mental, pero no le resultó bien. Sintió como el hombre penetraba en sus recuerdos y el encuentro que tuvo con Hermione en el parque apareció como una película antigua nuevamente.
-Eres débil- murmuró Snape y volvió a concentrarse en su trabajo- es lo que nos hace humanos.
Y volvieron a estar en silencio.
Pasaron los minutos y ninguno de los dos se movió. Snape por estar concentrado en su trabajo, y Pettigrew por miedo. No sabía qué hacer. Podía atacarlo ya que estaba de espaldas a él, pero sabiendo el nivel de magia que tenía y lo buen duelista que era, probablemente moriría antes de crear un expelliarmus. Si corría, él lo seguiría y también lo mataría, así que, decidió quedarse dónde estaba y esperar. Aún no lo había atacado, y parecía que le importaba bastante que esa chica estuviera bien. Colagusano levantó una ceja. ¿Por qué Snape se preocuparía por un miembro del C.I.A al que Voldemort quería matar especialmente?
-No me dijiste porqué estás aquí- dijo con la voz baja, tratando de no aparentar terror.
-Tengo que corroborar cierta información antes - dijo Snape sin mirarlo- ya confirmé que eres un imbécil e hipócrita por ejemplo.
-¡Te dije que actué sin pensar!-
-Y que… salvaste a Emma Grint por decisión propia. Es algo sorprendente proviniendo de ti-
-¿Cómo supiste que estaba aquí? No pudo ser casualidad que hayas llegado y que supieras todo después de leer mi mente-
-No eres el único que actúa sin pensar-
El tono que empleó para decir esa frase fue extraño. Era triste, pero como es inusual escuchar así a Snape, fue más extraño que otra cosa. Colagusano, armándose de valor, dio un par de pasos hacia adelante y observó el rostro del hombre. No podía ver una expresión clara en su rostro, pero no era un rostro usual en él que siempre parecía no sentir nada. Era un rostro que expresaba muchas emociones al mismo tiempo y eso, era mucho más raro verlo en Snape.
-Los dos hemos traicionado al señor de las tinieblas. Tu por haber traído a Grint a tu casa, y yo… por no haberte matado desde el inicio-
-¿Me venías siguiendo?-
-Te perdí por unas horas. Eres bueno al escabullirte- y terminó de trabajar en el brazo de Hermione. Ahora estaba completo, limpio y blanco, como si se lo hubiera pegado- fue de ayuda que Voldemort estuviera tan contento después de creer que había ganado, así no se preocupó de buscar el resto del cuerpo.
-Pensé lo mismo…-
Silencio nuevamente. Pettigrew miró el rostro ahora tranquilo de Hermione, y se estrujó las manos. Había corrido un gran riesgo al salvarla, pero sus palabras aún resonaban en su cabeza: Una oportunidad más… de salvar a tus amigos. A James, a Sirius, a Remus. Tres personas que te aceptaron tal cual eres. Deberías pensar en ellos antes de tomar tu próxima decisión. Ya había perdido a James, y todo gracias a que le tendió una trampa a Grint para que fuera a salvar el Expresso de Hogwarts… pero no quería perder a nadie más, y la única forma era derrotando a Voldemort… Y ella era la clave para eso.
-Dijiste que Voldemort te cuenta muchas cosas- dijo Snape levantándose y mirando a Colagusano- ¿Te dijo del porqué de su apuro por matarla?
-No hasta que me digas porqué estás aquí-
Fue lo más valiente que había hecho, hablarle a Snape de esa forma desafiante. El hombre levantó una ceja y sonrió.
-Quiero destruir al señor de las tinieblas antes que mate a los Potter-
Pettigrew parpadeó varias veces, sorprendido por lo que Snape había dicho. ¿Los Potter? Pero si el odia a James, por ende odia al niño. En eso, recordó que las primeras veces que lo había visto en Hogwarts, cuando eran niños, estaba con Lily Potter, o Evans en ese tiempo. Fueron amigos.
-¿Es por Lily? Pensé que la odiabas ahora por estar con James…-
La varita de Snape se ensartó en la mejilla de Pettigrew provocándole un intenso dolor, pero no se atrevió a moverse o chillar o nada por el terror que sintió.
-Lo único que tienes que saber, es que quiero matar a Voldemort. Lo demás, esta demás. ¿Queda claro?-
-Co-co-como el agua- tartamudeó el chico, sudando frío.
Se quedaron en silencio nuevamente, los dos tensos, los dos enojados, y los dos un poco asustados. Habían traicionado al señor de las tinieblas, al que le habían jurado lealtad, sea por opción propia u obligados… y los dos sabían que eso significaba peligro, y una posible muerte muy, muy dolorosa. Snape se alejó de Pettigrew y vuelve a ver a la chica, la cual, comenzó a moverse.
Hermione abrió los ojos de par en par, sintiéndose demasiado cómoda. Vio un techo y sintió la luz de una lamparita a su lado. Una tormenta de recuerdos se agolparon en su cabeza haciéndola temblar y su estómago se contrajo al recordar a James muerto, su batalla con Bellatrix y con Voldemort. ¿No que había caído por un acantilado? ¿No se supone que debería estar, quizás, sepultada por escombros? Debería estar con algún hueso roto, pero no sentía dolor más que el de su oreja. Se llevó su mano a la cabeza y notó dos figuras mirándola desde la puerta.
-Puedo curarte eso también. Te ves extraña-
Se sentó rápidamente en la cama con el corazón latiendo rápidamente. Conocía esa voz, y al verlo de pie junto a Pettigrew, necesitó unos segundos para razonar lo que estaba viendo.
-Antes que hagas cualquier cosa…- comenzó a decir Pettigrew detrás de Snape, levantando sus manos en señal de tregua- tienes que saber que estás viva gracias a mi… y a Snape, algo.
-¿Algo? Si no fuera por mí hubiera muerto desangrada-
-Iba a trabajar en eso…-
-¿Qué… ocurre?- preguntó Hermione con voz ronca.
Dio un vistazo rápido a la habitación. Solo había una puerta y la ventana con cortinas que había a su lado. Ellos dos tenían sus varitas, y la de ella no estaba por ningún lado. Debía pensar rápido antes que ellos dieran el primer ataque.
-Vine aquí a negociar contigo- dijo Snape dando un paso hacia ella- porque sé que eres la única que sabe una forma de derrotar al señor de las tinieblas.
Hermione parpadeó un par de veces sin creer lo que escuchaba. Al parecer, si se había golpeado fuertemente la cabeza al caer.
-¿Por qué dices eso?- preguntó sin atreverse a mover ni un músculo, pensando que podría ser una trampa.
-No es muy común que Voldemort mande a matar a alguien… y menos que termine el trabajo si no se logró- dijo Snape cruzándose de brazos- Tiene que ser alguien que de verdad amenace su vida, como por ejemplo, el niño que aparece en la profecía.
-Se habló de mí como una amenaza para Voldemort y los mortífagos. Eso es suficiente para que él quiera matarme, ¿no?
-Ser una salamandra no es suficiente, cualquiera puede llegar a eso-
-Quizás… pero él no debería saber sobre esa profecía y menos tú- dijo Hermione sabiendo que Snape la había escuchado siendo un fiel espía de Voldemort.
-Las paredes hablan-
Hermione estaba muy confundida. Había peleado con Voldemort hace unos minutos atrás, y ahora estaba frente a Snape y Pettigrew que al parecer, la había salvado. ¿A qué mundo paralelo fue a parar después de caer por ese acantilado?
-No sabría decirte…-
-A ver- Snape dio otro paso hacia adelante con brusquedad haciendo que Hermione se levantara y se pusiera a la defensiva. Snape se detuvo, y levantó las manos- Pude haberte matado hace mucho rato, a ti y a Colagusano… pero no lo hice.
Sacó su varita haciendo que Hermione se pusiera tensa y fijara su vista en el arma mágica, pero se quedó helada al ver como la colocaba en el suelo. Parpadeó nuevamente y miró el rostro de Snape, el cual estaba serio y decidido. Esto definitivamente no se lo esperaba.
-El señor oscuro está nervioso, parece como si estuviera herido, y puedo jurar que fue por algo que tu hiciste haciéndolo aún más peligroso. En cualquier momento descubrirá el escondite de los Potter y matará a cualquiera que esté en su camino…
Y aunque Hermione no creía que podía estar más sorprendida, Snape hizo algo que la dejó con la boca abierta: Se agachó e hincó frente a ella, mirando hacia el suelo. Hasta Colagusano dio un grito ahogado al ver a Snape así, dejando su orgullo de lado.
-No puede llegar a esa casa… y la única forma de impedirlo es destruyéndolo- dijo en voz baja- sé que no te agrado, y tú no me agradas por… varias razones, pero estoy dispuesto a dejarlo de lado por salvar… por matar a Voldemort.
Hermione, aún sorprendida, se relajó un poco. Sabía que estaba enamorado de Lily, pero nunca pensó que llegaría a esto, humillarse enfrente de ella y Colagusano. Bueno, pensándolo bien, ella haría lo mismo por Lily. Miró a Pettigrew y levantó una ceja.
-¿Y él?- preguntó la chica por Colagusano.
-A él lo puedes matar- contestó Snape con una sonrisa.
-¡¿Qué?!- chilló Pettigrew poniéndose pálido- ¡Yo la salvé!
-Querías entregarla apenas me enteré que estaba aquí- dijo Snape dándose vuelta- no eres de fiar.
-¡Me tomaste desprevenido!-
-Por lo mismo. Si vas a estar cambiando tu bando cada vez que alguien te "toma desprevenido", no sirves. Y como sabes mucho, mejor te eliminamos.
-¡ESTOY ASUSTADO!- chilló levantando sus manos. Sus ojos brillaron por las lágrimas- ¡Vi-vivo asustado todo el tiempo! Por eso tomo malas decisiones y… no quiero seguir con eso. Sé que soy despreciable y me doy asco a mí mismo. Yo fui quién le dio la idea al señor de las tinieblas de atacar el tren. Con todo eso del profeta era muy difícil encontrarte, pero algo así de grande iba a llamar tu atención… claro que no esperaba que me encontraras en el bosque.
-Entonces, ¿por qué me salvaste?- preguntó la chica aun desconcertada.
-Por lo que me dijiste… como dije, no esperaba que me encontraras en el parque. Siempre quise estar en el bando de los poderosos para que me protegieran, y en Hogwarts fueron James, Lupin y Sirius… Pero al final, se convirtieron en mis amigos más allá de un grupo de personas que podían protegerme de peleas o impedir que me sacara malas notas. Y Lily fue igual, por eso… me costó darme cuenta que no quiero perderlos y ya con la muerte de James… -tragó saliva sonoramente, y se estrujó las temblorosas manos- me decidí completamente. Quiero remediar lo que hice, aunque sea un poco. Sabía que eras especial cuando el señor de las tinieblas llegó un día a decirme que debía eliminarte. Debes ser la única que sabe cómo derrotarlo, ni siquiera Dumbledore lo sabe. Por eso te salve… Ya perdimos a James… no quiero que pase con Sirius, Lupin y Lily. Son los únicos amigos que tengo y si debo hacer esto par que me perdonen, lo haré… Igual que tu Snape.
El hombre de pelo grasiento frunció el ceño, y desvió la mirada hacia el suelo, sin levantarse. Colagusano temblaba de pies a cabeza, y comenzaba a rascarse las manos de tanto estrujárselas, dejando en silencio la habitación unos segundos. Hermione tenía los ojos muy abiertos y había escuchado cada palabra aunque le costara digerirlas. Definitivamente había caído en la dimensión desconocida al ver a estos dos hombres prácticamente suplicándole que los ayudara a derrotar a su señor oscuro. Se mordió un labio. Estaba tomando una decisión arriesgada, pero Snape tenía razón. Voldemort estaba herido, sabía que ella ya había destruido casi todos los Horrocuxes y eso lo hacía mucho más peligroso. Debían actuar pronto y tomar medidas extremas.
-Debo estar loca- murmuró entre dientes. Los dos hombres la miraron vacilantes- Denme mi varita. Les creo a los dos, pero lo que les voy a contar no es algo fácil de digerir, por lo que no puedo confiar al cien por ciento en ustedes al menos que hagamos el Juramento Inquebrantable. Los tres.
Los dos hombres parpadearon al mismo tiempo y se miraron al mismo tiempo. Hubo unos segundos de silencio en donde Hermione esperó dos cosas: o que la aceptaran si había sido verdad lo que dijeron, o que la atacaran y la noquearan para después darle un veritaserum y sacarle toda la información que tenía. Y así sería su triste fin. Tragó saliva, nerviosa.
-Dale su varita, Colagusano- dijo Snape suspirando al final, y levantándose con cierto pesar- Y terminemos con esto de una vez.
A los cinco minutos están los tres tomados de las manos, Colagusano con Snape y Hermione posando su mano sobre la de los dos hombres. La castaña levantó la varita y la punta de esta brilló.
-Peter Pettigrew y Severus Snape, ¿juran guardar el secreto de lo que les contaré sobre Voldemort y sobre mí?
-Sí, juro- dijeron los dos al mismo tiempo. Una línea de color rojo fuego salió de la varita de Hermione y se entrelazó entre las manos de los tres.
-¿Y juran que llevarán a cabo el objetivo de matar a Voldemort cueste lo que cueste?-
-Sí, juro-
-¿Y que pase lo que pase después, cuidarán de Lily y de Harry, como si él fuera un hijo?-
Snape la miró confundido y enojado. Colagusano solo estaba sorprendido.
-Eso no tiene nada que ver con lo que haremos- dijo Snape entrecerrando los dientes.
-Estoy previniendo el futuro- dijo Hermione sonriendo con satisfacción- ¿Lo juras?
Snape levantó una ceja con recelo.
-Lo juro- dijo al igual que Colagusano, pero un brillo en sus ojos apareció y continuó- ¿Y tú, juras contarnos toda la verdad del porque estás aquí y de dónde vienes?
Hermione abrió los ojos. Definitivamente no se esperaba eso. Iba a hablarles de los Horrocuxes y nada más, como lo había hecho con Lily… pero esto, hablarles de dónde venía, de su viaje en el tiempo, de todo lo que habían hecho esas dos personas que estaban frente a ella… Era demasiado peligroso.
-¿Lo juras?- volvió a preguntar Snape, con un aire ansioso y peligroso. Pettigrew los miró intercaladamente, con sus grandes ojos abiertos y secos porque no quería pestañear ni un segundo.
Hermione le devolvió la mirada, sosteniéndola lo más que pudo, sabiendo que aunque Snape use la Legeremancia, no podrá entrar en su cabeza gracias a su muralla mental, pero… Quizás, ya era hora de decir la verdad. Por lo menos, ellos ya estaban bajo juramento.
-Lo juro-
Las cuatro líneas de color fuego brillaron, y sellaron los juramentos entre los tres individuos. Hermione levantó su mano y fue a sentarse a la cama. Se sentía fatigada, quizás por la pérdida de sangre y por el hambre, además del asombro que aún tenía por estar haciendo un pacto con dos sujetos tan distintos, a los que les había tenido miedo y desprecio. Su estómago rugió. Lo último que comió fue el sándwich de la mañana que ya era un sueño efímero.
-Colagusano, tráele algo para comer- dijo Snape levantando su varita del suelo- Por mientras que curo tu oreja, puedes ir contándonos todo lo que sabes.
Y Hermione les contó todo sobre los Horrocruxes. Cuantos son, como Voldemort los había creado, cuantos había destruido, como se destruían y cuál era el único que le faltaba: la copa de Hufflepuff, la cual estaba en la bóveda de los Lestrange. Los dos hombres escucharon todo en silencio, y cuando terminó estaban completamente atónitos.
-Impresionante… El señor de las tinieblas es realmente impresionante…- murmuró Snape con cierta admiración.
-Recuerda que hay que matarlo- dijo Hermione llevándose su mano a su oreja ahora restaurada.
-Sí, sí, pero eso no impide que pueda celebrar su grandeza e inteligencia-
-¿Y cómo sabes todo eso?- preguntó Colagusano, el cual no había cerrado su boca desde que Hermione comenzó a hablar. Se había sentado en el suelo y comía la mitad del sándwich que le había dado a Hermione.
-Imposible que hayas sido un espía- dijo Snape cruzándose de brazos- El señor de las tinieblas se habría dado cuenta, y es información que no ha compartido ni con sus más fieles seguidores.
-¿Y Bellatrix? El último Horrocruxe está en su bóveda- dijo Colagusano pensando.
-¿Crees que ella le preguntó alguna vez por sus decisiones? Probablemente aceptó sin chistar-
-Por eso se lo pidió, al igual que a Malfoy, pero él lo hizo por miedo- dijo Hermione mirando su varita.
-¿Entonces?-
La chica dudó. ¿Cómo empezar? Cada día que pasaba hacía que su vida de otro tiempo pareciera un sueño. Un sueño melancólicos que la hacía feliz… dolorosamente feliz.
-No soy de aquí-
-Dijiste que eras de Francia- dijo Colagusano recordando.
-Sí, pero mentí…- dijo estrujándose las manos- No soy de este tiempo.
Y como lo hizo con los Horrocruxes, les contó todo. Quién era de verdad, de dónde venía, lo que pasó en la Batalla de Hogwarts, como Voldemort mató a Harry, como se les ocurrió viajar en el tiempo, como Bellatrix mató a Ron… Era extraño escucharse, volver a recordar todo de forma tan viva. Hacía que lo que había vivido en su tiempo poco a poco volviera a ser realidad.
-Fue la última opción… el último rayo de esperanza para volver a rehacer nuestra historia… aunque eso signifique que yo me la pierda. Obviamente, no puedo volver a mi tiempo.
Los dos hombres la miraban aún más atónitos que antes. Apenas siquiera habían pestañeado, y ahora sus ojos asombrados mostraban algo más. ¿Asombro, terror, lástimas… fascinación? Snape se levantó de repente y comenzó a caminar por la habitación, con la cabeza gacha mientras su túnica hacía fru fru en el suelo. Colagusano, en cambio, no desviaba la mirada de Hermione. Era como si la estuviera viendo por primera vez.
-Hermione Granger… que extraño nombre- dijo Colagusano sin dejar de mirarla.
-Lo sé. Mis padres eran un tanto especiales-
-Entonces…- comenzó a decir Snape sin dejar de caminar- tomando en cuenta todo lo que dijiste…-
-¿Cómo es viajar en el tiempo?- preguntó Pettigrew con los ojos brillantes.
Snape se detuvo y lo miró con irritación. Hermione quedó un poco desconcertada por la pregunta. ¿Qué no escuchó la parte en que todos iban a morir?
-¡Déjate de payasadas!- le gritó Snape golpeándolo en la cabeza- Esto es serio. Después puedes hablar de esas cosas, ahora debemos hacer un plan y evitar que Voldemort mate a Lily para que tú historia no se cumpla.
-¿Tienes alguna idea?- preguntó Pettigrew con la mano en su cabeza por el dolor.
-Siempre voy según como me pille el tiempo- dijo Hermione no sintiéndose orgullosa de eso. Le gustaría que sus planes de verdad funcionaran alguna vez.
-¿Y cómo se enteró que estabas destruyendo los Horrocruxes?- preguntó Snape mirándola a ella.
-Después del último que Lily destruyó, su cuerpo de debilitó y pudo sentir que ya no estaba. Quizás, cuando tienes un cuerpo con tantas cicatrices no te das cuenta cuando una u otra empiezan a sangrar, hasta que te mareas por la hemorragia. Es mi teoría.
-¿Y cómo supo que fuiste tú?-
Hermione parpadeó un par de veces seguidas y se rascó la cabeza, recordando. Su estómago se revolvió con la imagen de James y la sensación de agotamientos y asco por haber matado a Bellatrix.
-Estuvo investigando. Supo por Bellatrix que Lily y yo estábamos husmeando en la mansión Malfoy durante el ataque y torturaron a Dobby para sacarle información… una pena- dijo Hermione con pesar recordando al pobre elfo doméstico.
-El de Hogwarts… ese estaba en la Sala Multiuso- dijo Snape suspicaz- Cuando nos enfrentamos, estabas buscando el Horrocruxe.
-Y tú husmeando sobre la profecía-
-Fue una coincidencia. De verdad estaba buscando trabajo… Quizás, al contarle que me enfrenté contigo en la Sala Multiuso unió más cabos-
-Bueno… pues gracias-
-Oye, no sabía que…-
-Ya, se entiende- dijo Pettigrew poniéndose en medio, pero al recibir las miradas de enojo de los dos, se encogió de hombros y se fue a su rincón- quizás… deberías comenzar a hacer un plan para destruir el último Horrocruxe.
-¿Morirá si lo hacemos?-
-No. Pero estará un poco más débil-
-Con eso es suficiente-
-¿Y nosotros seremos suficientes?- preguntó Pettigrew estrujándose las manos.
Hermione y Snape lo miraron, y se miraron entre ellos. Ese era un buen punto. A pesar de que Snape era un gran duelista y un excelente mago oscuro, y que Hermione también tenía un nivel de magia excepcional… no era suficiente. Ninguno de los tres era suficientes, aun siquiera juntando sus habilidades. Si querían derrotar de verdad a Voldemort, debían crear un plan poderoso, y quizás, tomar nuevas medidas… o nuevas almas dispuestas a pelear por liberar al mundo mágico del señor de las tinieblas.
Uh, que intenso todo.
Ojalá les haya gustado y no se haya puesto tedioso. Además, encuentro interesante e inusual este trío. Resultará?
De antemano gracias por darse un tiempo para leer esta historia. Agradecería cualquier comentario, sea bueno o malo (ojala no críticas destructivas que mi autoestima es bastante bajo XD) y eso. Que el covid no nos separe, Amén.
Nos leemos ^^
