Han pasado 84 años... Y he vuelto XD Aquí un nuevo capítulo intenso. Voy a admitir que me metí entre las patas de los caballos al poner a estos tres juntos. Son difíciles de imaginar juntos... Pero era necesario para seguir con mi historia.

Agradezco sus comentario y sus lecturas y sus seguimientos y sus todos.

Enjoy!


Las enormes puertas de bronce de Gringotts se alzaban en el callejón Diagon, en donde algunos magos aún caminaban rápidamente por sus calles con cierto temor. La noticia de que el Expresso de Hogwarts había sido atacado y casi había sido destruido por los mortífagos atemorizó a todo el mundo mágico, y saber de la muerte de James Potter y Emma Grint más algunos miembros del ministerio, había sido un duro golpe para todos.

El mundo mágico estaba de luto y más asustado que nunca, todos escondiéndose en sus casas, muchos sin siquiera querer ir a trabajar. Era tanto el miedo que si algún mago o bruja debía salir, preferían ir a lugares atestados de muggles, esperando que los mortífagos no se atrevieran a atacar a los no mágicos en la vía pública. Muchos caminaban con los dedos cruzados, mirando a todos lados con miedo y con sus varitas listas debajo de sus mangas.

Pettigrew abrió los ojos de par en par al ver al troll encadenado en la entrada de Gringotts, salpicando saliva cada vez que se rascaba la barbilla con la boca abierta. Dos duendes estaban a su lado, sujetando las cadenas con magia y listos para soltarlo por si veían a alguien sospechoso.

-Es imposible. Suicidio- dijo el chico dándose vuelta, pero Snape lo agarró del cuello de su chaqueta.

-¿Cómo es que fuiste sorteado para Gryffindor?- dijo con el ceño fruncido y lo empujó hacia adelante- Comportante aunque sea una vez, como un mago de verdad.

El hombre de cabello grasiento estaba apoyado en la pared de una esquina a varios metros de Gringotts. Llevaba una túnica negra con cuello largo que lo cubría hasta las orejas. Se había dejado una leve barba que se veía más como una pelusa que otra cosa. Pettigrew llevaba una chaqueta negra con pantalones negros, y Hermione, que estaba entre los dos chicos también apoyada en la pared, usaba una túnica gris oscuro con capucha y unos lentes ópticos para desviar un poco la atención de su rostro. Además, se había cubierto la cicatriz de su cabeza con magia.

-¿Pero de verdad están seguros que la copa va a estar ahí?- preguntó Pettigrew estrujándose las manos con nervios.

-Si no está ahí, la tiene él- murmuró la chica cruzándose de brazos- lo cual sería un problema.

-¿Crees que haya puesto una trampa?- peguntó Snape levantando una ceja con suspicacia mirando la puerta del banco de los magos.

-Es muy probable-

-¡¿Y aun así vamos a ir?!- chilló Colagusano con una voz sorprendentemente alta.

-¡Baja la voz!- le dijo Snape irritado y lo golpeó en la cabeza- Aún quedan algunos magos en el callejón que pueden vernos, y no podemos fiarnos de ninguno.

Pettigrew se hincó en el suelo, cubriéndose la cabeza adolorida con sus manos. Hermione lo miró con impaciencia, pero le molestó más que Snape lo tratara mal a que se comportara como un cobarde. Quizás, después de verlo arriesgar su vida al ser descubierto por Voldermot al salvarla, había hecho que cambiara su opinión sobre el chico. Aun la irritaba, pero era lo mismo con Snape. La verdad era que los dos juntos la desesperaban.

-No es necesario que lo golpees- murmuró la chica mirando nuevamente hacia el banco- Trampa o no, no tenemos otra opción. Nuestra prioridad es destruir el último Horrocruxe… así que andando.

Y comenzó a caminar en dirección ha Gringotts, bajando un poco la cabeza para que los pocos magos y brujas que había en el callejón no pudieran verle la cara.

Recordaba con lujo de detalle su última visita al banco de los magos, y la escapada extraordinaria que hicieron encima del dragón encadenado afuera de la bóveda de los Lestrange. ¿Tendrían la misma suerte ahora? ¿Podrían conseguir la copa? ¿Tendrían que escapar de la misma forma o deberían improvisar otra salida?... ¿Era posible encontrar otra salida que no fuera destruyendo parte del banco? Apretó los dientes con fuerza, esperando que esa poca suerte que la había mantenido viva hasta ahora aún siguiera en pie.

Llegaron frente al troll, que olía a alcantarilla, y los dos duendes, manteniendo la calma y una expresión tranquila en el rostro, o por lo menos así estaban Hermione y Snape. Pettigrew temblaba de la cabeza a los pies, y el cualquier momento comenzaría a chillar. El chico de pelo grasiento le dio una mirada rápida topándose con los del asustado chico, y este apretó los labios y bajó la mirada, sudando frío. Una mirada amenazadora y fue suficiente para hacer que dejara de llamar la atención.

-Varitas- dijo uno de los duendes alzando su arrugada mano con tono de voz aburrida, y sin mirarlos a los ojos.

-¿Cómo dijo?- preguntó Snape abriendo los ojos de par en par.

-Denme sus varitas, sino no pueden entrar- dijo el duende con el mismo tono de voz.

Hermione se mordió el labio. Definitivamente no contaba con eso. Malditos duendes murmuró para sí.

-¿Y esa regla desde cuándo corre?- chilló Colagusano, pero Hermione le agarró el brazo para que se callara y le indicó que mirara hacia arriba.

El troll, al escuchar al chico asustadizo levantar la voz, pegó sus pequeños ojos en él y mostró sus feos y amarillos dientes. Se veía estúpido y a la vez, muy aterrador. Colagusano, pálido, sacó su varita y se la entregó al duende sin dejar de temblar. Hermione sacó la suya pero Snape la detuvo y negó con la cabeza.

-No tardaremos- dijo con calma y entregó su propia varita, agarró a Colagusano y entró tranquilamente por la gran puerta de Gringotts sin darle oportunidad a la chica de alegar.

Hermione se quedó de pie al lado del troll gigante mientras observaba como los dos chicos desaparecían detrás de la puerta de bronce. Aún tenía tiempo. ¿Debería acompañarlos? ¿O estarían bien sin ella? No le gustaba esperar sin saber lo que pasaba, la ponía más nerviosa de lo normal. Además, no confiaba cien por ciento en que esos dos trabajarían bien solos. El troll le bufó y lanzó mocos por todos lados.

Sintiendo asco y agradeciendo el no haber recibido ninguno de sus viscosos mocos sobre ella, decidió ir a sentarse a una banca a unos metros de Gringotts. Vio una pareja de brujos pasar cerca de ella y agachó un poco la cabeza para que no la vieran en detalle, aunque caminaban tan rápido que era difícil que siquiera hubieran notado a alguien sentado ahí. Suspiró ansiosa y tuvo ganas de hacer aparecer a sus pajaritos para hacer algo, pero definitivamente eso llamaría la atención de los pocos magos y brujas que había en el callejón Diagon. Estaba tan gris como la vez que fue con Harry y Ron, y la mayoría de los locales estaban cerrados o entablados.

La copa era el último Horrocruxe. Después de eso solo quedaba Voldemort… Estaría un paso más adelante que en su tiempo, cuando estaba con Harry y Ron, y tendría muchas más opciones de matarlo al fin y terminar con toda esa pesadilla. Sonrió con melancolía al pensar en lo que dirían sus dos amigos si supieran que estaba junto a Colagusano y Snape tratando de destruir al Voldemort… Era de no creer. Miró su varita, y acarició la parte de la varita de Harry con cariño. Como lo echaba de menos… a todos. ¿Qué haría cuando lo viera crecer, a él y a Ron? ¿Seguiría con Lily? Eso era obvio. ¿La ayudaría a criar a su mejor amigo? Era un pensamiento extraño, aunque algo emocionante. Lo podría acompañar a su primer día de colegio para que no estuviera solo como en su tiempo… pero, ¿qué haría cuando se viera a sí misma en la estación de King´s Cross y a sus padres? Sacudió la cabeza. Había evitado ese pensamiento por mucho tiempo, y no era momento para pensarlo ahora… demasiado problemático y triste porque… también echaba mucho de menos a sus padres.

Un par de magos salieron de una tienda que estaba frente al banco y se pusieron a fumar un tabaco que desprendía un humo color morado, sin dejar de mirar a todos lados de vez en cuando mientras hablaban. En eso, ve como uno de los duendes entra al banco, dejando al otro con cara de aburrido al lado del troll. No se escuchó y no alcanzó a ver nada ya que el duende abrió y cerró la puerta rápidamente. Se rasco la nuca en señal de nervios. Extrañaba a Lily, y hubiera dado cualquier cosa por estar con ella ahora…

La puerta se abrió nuevamente, y una luz extraña seguida de un ruido sordo llegó a Hermione proveniente del interior de Gringotts al mismo tiempo que el duende que había entrado antes volvía a salir. Se acercó al otro duende y miraron a Hermione con sus ojos amarillos. El corazón de la chica se hundió en su pecho, teniendo un muy mal presentimiento. Apretó su varita debajo de la túnica y desvió la mirada, aunque los tenía identificados por el rabillo del ojo.

-Señorita, ¿sería tan amable de acercarse, por favor?- preguntó el duende que venía llegando. Sonreía.

-¿Qué necesita?- preguntó la chica poniéndose de pie, pero sin acercarse. Sus cinco sentidos estaban al filo.

-El brujo oscuro dijo que nos dejaría el contenido de la bóveda de los Lestrange si matábamos a los brujos que preguntaran por ella- dijo mostrando sus dientes afilados. Chasqueó los dedos y las cadenas del troll desaparecieron- le recomiendo quedarse quieta, será menos doloroso si la aplasta rápidamente.

El troll rugió con más fuerza lanzando baba para todos lados y haciendo sonar sus músculos corrió estrepitosamente hacia Hermione, lanzando pedazos de suelo con cada zancada que daba. Los dos magos que estaban cerca salieron disparados por la fuerza y velocidad del monstruo entre los escombros que este lanzó por sus zancadas, y eso que estaban a unos metros lejos. El alma de Hermione se le fue a los pies.

-Odio los trolls- dijo apretando los dientes y sacó su varita.

A duras penas logró crear un escudo invicible, pero la fuerza del troll fue tan grande que aun así logró empujarla hacia atrás pasando por sobre la banca. Rodó unos centímetros y se levantó sin problemas. Escuchó un grito de mujer a lo lejos y las risas de los duendes. Abrió los ojos atenta al próximo golpe del troll, quién permaneció en la nube de polvo que se había alzado por el golpe.

Levantó la varita para atacar justo cuando vio como un pedazo de escombro gigante volaba hacia ella. ¿Desde cuándo pueden hacer eso?

-Reducto!

El escombro explotó convirtiéndose en mini partículas de escombros. Hermione tosió y vio aparecer el brazo del troll que iba directo a su cabeza con la intención de aplastarla. La chica alcanzó a saltar a un lado y creó su Svero en forma de espada. Lanzó una estocada directa al costado del monstruo, pero fue como si solo le hubiera enterrado la punta de una aguja. Hermione parpadeó dos veces, frustrada. El troll la miró confundido. Para él era solo un insecto que la había picado, y lo había molestado.

-Entonces enterrar la varita en la nariz de un troll si es buena idea- murmuró la chica viendo como el monstruo levantaba sus manos y le rugía en la cara- Vamos al plan B.

Saltó hacia atrás esquivando nuevamente un manotazo del troll que casi la derriba igual y salió corriendo hacia la entrada del banco. Los dos duendes, quienes aún se reían, abrieron los ojos de par en par al ver como la chica corría hacia ellos siendo perseguida por la mole gigantesca. Sus risas se transformaron en chillidos.

-¡Este es suyo, bastardos traidores!- gritó Hermione levantando su varita sin parar de correr.

-¡No lo hagas bruja, nos mataras a todos!- chilló unos de los duendes levantando sus manos, mientras el otro la apuntaba con las varitas de Colagusano y Snape.

Pero no fue lo suficientemente rápido.

Pedazos de mármol cayeron sobre algunos guardias al interior de Gringotts cuando la puerta fue abatida y destruida por el choque del troll. Los duendes corrieron hacia los rincones al ver al monstruo gritando como un loco y lanzando babas y mocos hacia todos lados. Algunos magos que estaban dentro atacaron al monstruo, pero su piel era tan dura que varios hechizos rebotaron, destruyendo taburetes y ventanales. El troll rugió de nuevo, mostró sus músculos y sus dientes cuadrados y verdosos y se abalanzó hacia la bruja que tenía más cerca, la agarró de la cabeza y la lanzó por los aires. El caos era completo.

Snape, que tenía un ojo hinchado por un golpe que había recibido, levantó la mirada de su escondite detrás de un taburete, sorprendido con lo que veía. Colagusano, que se abrazaba la cabeza con sus manos a su lado, apenas se movió. Gracias a la entrada del troll habían logrado escapar de una decapitación por varita. Él y Colagusano vieron su vida pasar a solo segundos del estruendoso ataque.

-Esa sangre sucia…- murmuró limpiándose su ojo ensangrentado. Odiaba estar en deuda con ella.

-¿Y dónde está? ¡No me digas que la aplastó!- chilló Pettigrew levantando la cabeza de entre sus manos, con los ojos casi desorbitados.

Una luz morada iluminó parte del hall de entrada entre el polvo, los escombros voladores y el rugido del troll. Snape parpadeó y logró divisar la figura de Hermione peleando contra unos guardias que habían quedado rezagados cerca de la entrada, con otras dos varitas en sus manos. Agarró a Colagusano del cuello y se deslizaron detrás de los estantes que aún quedaban de pie, esquivando algunos escombros y maleficios que rebotaron en el lugar. El olor a quemado de la piel del troll comenzaba a inundar el hall y era repugnante.

-¡GRINT!- gritó Snape lanzando a Colagusano al suelo detrás de una roca justo cuando un maleficio pasaba entre ellos- ¡Deja de jugar y salgamos de aquí!

La chica noqueó a un último guardia y se dio vuelta para ir a donde estaba Snape y Colagusano. Los tres se juntaron justo detrás de un pedazo de mármol especialmente grande y se cubrieron de los rebotes de magia. Hermione estaba llena de polvo pero ilesa al igual que Colagusano, el cual aún temblaba de miedo.

-De nada- la chica les pasó sus varitas- ¿Qué pasó?

-Una trampa. El señor de las tinieblas les dio el aviso a los duendes de matar a cualquiera que quisiera entrar a la bóveda de Lestrange. Hubiéramos tenido nuestras varitas y habríamos podido salir ilesos, pero solo pude hacer un escudo para protegernos en un inicio. Unos segundos más y nos habrían decapitado.

-¿Pero la copa sigue aquí?- preguntó Hermione hablando fuerte para que la escucharan por sobre el ruido.

-No lo sabemos-

-Entonces hay que preguntarles-

-¡Claro, y de paso tomamos el té de la tarde con ellos!- la voz chillona de Colagusano irritó a la chica- ¡Salgamos de aquí, sino nos van a matar!

-No vamos a tener otra oportunidad-

-¿Qué sugieres? ¿Agarrar un duende?-

-Debe haber... ¡Ese!- exclamó la chica apuntando a un duende que se arrastraba por la pared lentamente para pasar desapercibido, y lograr salir-¡Agarra a ese duende! ¡Si le hacemos un imperio podremos sacarle toda la información que necesitamos!

Quizás la criatura los logró escuchar por sobre el escándalo del hall, porque los miró y les levantó el dedo largo de su mano haciendo una mueca y salió corriendo. Snape se levantó rápidamente y corrió hacia el duende mientras Hermione lanzaba su Svero como látigo para agarrarle las piernas pequeñas. El duende lo esquivó y lanzó unas piedras hacia Snape, haciendo que el chico tuviera que hacerse a un lago para tropezar con unos escombros. Hermione maldijo al ver como el duende seguía corriendo.

Los otros duendes estaban al otro lado del hall, siendo separados de ellos por un troll enloquecido. Cruzar todo ese campo de batalla, agarrar otro duende sin ser aplastado por el troll o noqueado por algún guardia definitivamente no era una opción.

Con el corazón en la mano, la chica trató de levantarse pero un hechizo perdido pasó sobre su cabeza, obligándola a agacharse. Los lentes que llevaba volaron por los aires. El duende sonrió mostrando sus afilados duendes y estiró sus manitas para saltar un pedazo de mármol y poder salir. Se iba a escapar y con él, su oportunidad de conseguir la copa. La chica maldijo a todo pulmón…

Hasta que vio aparecer de entre los pedazos de escombros una sombra pequeña que empujó al duende justo en el aire, lanzándolo a un lado y golpeándolo contra la pared. Pettigrew volvió a convertirse en humano después de golpearlo y lo agarró del cuello con firmeza. Hermione quedó con la boca abierta.

-Imperio!

El duende quedó como una piedra y puso una expresión de satisfacción y calma. La castaña, después de pellizcarse sonrió impresionada… y también vio por el rabillo del ojo como tres guardias se acercaban al chico. Aún se sentía extraño tener la necesidad de proteger a Colagusano, pero bueno. El tiempo ha cambiado. Aún hay esperanzas.

-¡¿D-dónde está la copa?!- chilló Colagusano con la voz temblorosa, pero sin soltar el agarre mientras los guardas que tenía a unos metros salieron volando por el ataque de Hermione.

-El brujo oscuro se la llevó- contestó con voz aguda y soñadora.

Hermione se levantó y atacó a otros dos guardias que estaban a un metro de ella. Corrió hacia Snape, quién aún trataba de levantarse. Al parecer se golpeó muy fuerte en la cabeza y aun no podía moverse muy bien. Lo agarró de la túnica y lo levantó sin muchos problemas. El chico era más flaco de lo que aparentaba.

-¡Atrás!- grito el chico de pelo grasiento y ahora ensangrentado, abriendo los ojos desorbitados.

La castaña se dio vuelta y vio al troll casi sobre ella, listo para aplastarla. Usando sus reflejos, lanzó a Snape a un lado y creó una barrera de fuego densa y alta, y envolvió al troll justo cuando había estirado su brazo deforme para agarrar la cabeza de la chica. El monstruo chilló haciendo temblar el suelo, pero no se hecho hacia atrás. Quizás su cerebro pequeño no le dio para evitar seguir quemándose, y tiró un manotazo al aire atravesando la muralla de fuego. Hermione se agachó, sintiendo la piel piedrosa del troll rozar su cabello, deshizo la pared de fuego y creó su Svero en forma de látigo.

-¡Ve por Pettigrew y salgamos de aquí!- le gritó Hermione a Snape mientras envolvía la gruesa mano del troll con el Svero, y dando un grito de ánimo, la lanzó al suelo.

El polvo se levantó de nuevo. Deshizo su hechizo, atravezó el polvo de concreto y corrió por el gigantesco brazo del troll aprovechando que él aún no entendía muy bien que había pasado, y apuntó al pequeño orificio de la nariz.

-Confringo!

La cabeza del troll se echó para atrás por el fuerte ataque y su nariz salió volando por el aire, seguido de una estela de sangre y mocos. Hermione saltó hacia atrás dejando el cuerpo del troll caer pesadamente en el suelo. La nube de polvo que se creó fue gigantesca y el suelo tembló.

-¡Es la Salamandra, está viva!-

-¡Avisen al ministerio que intentó robar Gringotts!-

-¡No dejen que escape! ¡Atúrdanla!-

Como si fuera una cámara lenta, Hermione vio como los guardias sobrevivientes corrían hacia ella con las varitas levantadas. Sin esperar, se dio vuelta y salió disparada hacia la salida sintiendo los ataques de los guardias. Vio como Snape agarraba a Colagusano del cuello y lo arrastraba hacia afuera. Escombros volaron, el polvo se alzó aún más, y aun así la chica no se detuvo. Debían salir del banco para poder aparecerse en otro lado, pero estaba muy lejos y los guardias apuntaban todas sus varitas en contra de ella. Era cosa de segundos para que algún hechizo de aturdimiento le diera en la espalda.

-Sigue corriendo, no te detengas-

Snape dio un paso afuera y se dio vuelta en el aire, lanzando a Colagusano hacia atrás y apuntando a Hermione con su varita. A la chica se le detuvo el corazón por un segundo.

-Accio!

Hermione sintió como si una cuerda le envolviera el torso y la empujara hacia adelante a una gran velocidad. Sorprendida y sin pensarlo mucho, alzó su varita al segundo en que su cuerpo y él de los otros dos chicos chocaron, y desaparecieron del Callejón Diagon.

Los tres chicos cayeron en la tierra como puré de patatas y se deslizaron algunos centímetros hasta quedar quietos, respirando estrepitosamente por la adrenalina que se transformó en alivió al haber podido escapar. Quedaron en silencio varios segundos, Hermione mirando hacia el cielo azul sin creer todavía que habían escapado, y casi ilesos. A diferencia de la otra vez, en esa tuvieron mucha más suerte.

-Quítate- murmuró Snape debajo de Colagusano y empujándolo por cuarta vez en el día, y se sentó para observar el lugar y limpiarse el ojo que lo tenía cerrado por la cantidad de sangre que le caía- ¿A dónde nos trajiste?

-Creo que es un parque de Escocia cerca de la playa- dijo Hermione jadeante.

Estaban rodeados de árboles gruesos y se escuchaba un río no muy lejos de ahí. No se veía a nadie más, así que estaban a salvo por ahora.

-¡Eso fue fabuloso!- gritó Pettigrew levantando sus brazos emocionado- ¡Ustedes son increíbles! ¡Yo soy increíble! ¡Hasta tú eres increíble, Quejicus!-

-¿Quieres morir después de todo lo que pasaste hoy?- preguntó Snape con tono sombrío, bajándole la emoción al pequeño chico.

-Deja de quejarte, Quejicus- dijo Hermione con una sonrisa burlona. La satisfacción al decir ese nombre como burla fue satisfactoria. La chica se levantó sin hacerle caso a la boca desencajada de Snape y miró a Colagusano- Nos sorprendiste, Pettigrew.

Le tendió su mano para ayudarlo a levantarse y le sonrió. Sinceramente, había cambiado su opinión sobre él, y eso la ponía contenta.

-Gra… gracias…- murmuró el chico cohibido, y sonrojado aceptó su mano y se levantó- El duende dijo que el señor de las tinieblas tiene la copa, pero no les dijo dónde-

-Probablemente la tiene él. Fue lo que hizo en mi tiempo con su último Horrocruxe- dijo la chica pensativa. De forma brumosa un plan comenzaba a crearse en su cabeza. Nuevamente, un plan arriesgado.

-Vamos a tener que enfrentarlo por la copa- dijo Snape en el suelo. Había puesto su varita en su cabeza y una luz color dorado envolvía su herida.

-¿Necesitas ayuda?- le preguntó la castaña.

-Solo dame unos segundos- sonaba irritado. Y no era solamente por la herida de su cabeza, sino por su orgullo al haber sido llamado Quejicus dos veces. Agrego con un dejo de cansancio- ¿Y ahora qué?

Se quedaron un momento en silencio, donde solo se escucharon las hojas de los árboles bailar con el viento. Esa pregunta fue mucho más pesada de lo que Hermione había imaginado. ¿Qué harían ahora? No podían enfrentarse a Voldemort sin antes destruir la copa, era suicidio… pero como él la tenía, no habían muchas más opciones.

-Debemos pensar en algo pronto- dijo Pettigrew estrujándose las manos, nervioso- Quizás el Ministerio ya sabe lo que hicimos. El señor de las tinieblas no tardará en saberlo también… y estaremos al inicio de su lista…

-Quizás podamos usar eso a nuestro favor- dijo Snape sin mirar a nadie en específico- Enfrentarnos a él como los traidores que somos y destruir la copa.

-Eso es suicidio. Hay un mínimo de posibilidades de destruir la copa antes que el nos mate- dijo Hermione cruzándose de brazos, pensando.

-Si es que lo enfrentamos y lleva la copa con él- dijo Pettigrew palideciendo nuevamente. Sus piernas comenzaron a temblar al pensar en una muerte inminente a manos de Voldemort y tuvo que apoyarse en un árbol- va a despedazarnos.

Hermione miró al chico asustadizo, y el plan que estaba creando en su cabeza se solidificó. Frunció el ceño pero era la única forma de tener asegurada la destrucción de la copa. Se sacó el polvo de la túnica y del cabello e hizo aparecer de nuevo su cicatriz.

-No va a despedazarte si vas con él y entregas a Lily y a Harry-

Silencio.

Pettigrew la miró con ojos confundidos. Snape siguió curándose la herida sin mirar a ninguno de los chicos. Hermione se sentó y estiró las piernas. Debía recuperar algo de energía antes de embarcarse en la etapa final de su viaje. Suspiró.

-Sé en donde esta Lily y Harry. Ella me convirtió en Guardián del Secreto anoche… lo hizo por si acaso-

-¿Anoche?- preguntó Snape con voz ronca, aun sin mirarla.

-¿Y eso que tiene que ver con lo que dijiste hace unos segundos atrás?- preguntó Pettigrew aún sin comprender lo que quería decir. Sus mejillas tenían un leve color rosa.

-Te convertiré también en el guardián del secreto, e irás a decírselo a Voldemort. Dile que Sirius cambió lugar contigo. Así él atacará a Lily y a Harry más temprano que tarde, quizás lo haga hoy mismo. Querrá eliminar todas las amenazas lo antes posible, y la más peligrosa y más fácil de destruir es el niño de un año escondido con su madre…

-Y eso te da la oportunidad de destruir la copa de Hufflepluff- agregó Snape levantando y mirándolos por fin. Tenía los ojos rojos y cansados- no me gusta poner a Lily como carnada… pero es el mejor plan que tenemos para acabar con esto de una buena vez- Nosotros iríamos con Lily a esperarlo, ¿Verdad? Tengo un hechizo que puede ayudarnos cuando lleguemos a su casa.

-¿Es ese para impedir que magos y brujas puedan desaparecer?- preguntó Hermione con entusiasmo- ¿Sabes hacerlo? Es un hechizo de alto nivel. Grindelwald lo creo y los brujos y brujas que pueden hacerlo son contados con pocas manos.

-Tienes un brujo de excelencia frente a ti- dijo el chico de cabello grasiento, sonriendo con autosuficiencia.

-Entonces… ¿quieres que vuelva a ser el traidor?- dijo Pettigrew con la voz levemente temblorosa, pero su rostro estaba serio. Se apretaba el estómago.

-No te quites títulos, Colagusano. Aun eres un traidor. Para Voldemort y para los otros.

-Lo siento… pero como dijo Snape, es lo mejor que tenemos- contestó Hermione apenada.

-Me va a matar apenas me vea. ¿Crees que me crea después de lo de Gringotts?-

-Dependerá de ti hacérselo creer. Pero tu mejor carta es ser el guardián-

Silencio nuevamente.

El viento comenzó a bailar entre los árboles nuevamente. Hermione no se había dado cuenta que comenzaba a hacer frío hasta ahora, y un leve escalofrío recorrió su espalda. ¿Era el único plan que tenían? ¿No había más opciones? Confiaba más en Pettigrew ahora que hace media hora atrás, pero aun así… ahora estaba poniendo a Lily en riesgo, y si algo le pasaba a ella o a Harry… no podría vivir con eso.

Pettigrew se llevó las manos al estómago y miro el infinito. Tenía el ceño fruncido y la boca levemente abierta. Algo estaba pensando, quizás su cabeza estaba batallando contra el miedo. Hermione y Snape esperaron en silencio. La expresión de Snape era indescifrable y la de Hermione, de expectación. Lentamente, Pettigrew se enderezó y dejó las manos al lado. Tomó aire y dijo:

-Conviérteme en guardián… destruiré la copa… y destruiremos al Innombrable…-


Tan tan TAAAAAN...

¿Pero que rayos está pasando?

Ni yo me lo creo, pero bueno. Espero que les haya gustado... y si no, explíquenme porque en sus comentarios O.O No es que vaya a cambiar mucho la historia con eso, pero algo ayuda... uno nunca sabe.

Nuevamente, agradezco el tiempo que le dan a este pequeño fic, que de verdad, está hecho con cariño.

Cheers