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Terry estaba en su departamento, echado en la cama con sus brazos bajo su cabeza, miraba hacia el techo sin mirar, en su mente le rondaba la pregunta: "por qué Candy no quería ir a la universidad? Por qué se molestaba o cambiaba de actitud cuando de sus estudios o metas futuras se trataba?", el castaño trataba de analizar y encontrar respuestas a aquellas incógnitas hasta que escuchó el timbre de la puerta.
-Te desperté, acaso estabas durmiendo? – eran las siete de la noche de un día sábado.
-No, a qué se debe tu visitas?
-Recuerdas que habíamos quedado para terminar aquel juego?
-Oh lo olvide! Y dónde están los gemelos?
-No tardan en llegar, me dijeron que estaban en camino.
-Genial, pongamos eso en un bol. – dijo señalando la bolsa de papas que Anthony tenía en la mano.
-Y dime, ya hablaste con tu padre?
-Aún no acepta que quiero estudiar aquí. Me dijo que no pagará la universidad si no es Cambridge.
-Dile que irás a Yale o Harvard, tal vez así acepte. – dijo sonriendo.
-No lo creo, quiere que siga con la tradición familiar. Todos los Granchester estudian y se gradúan con honores de Cambridge. – imitó la voz de su padre.
-Eso te dijo? – reía de la insolencia de su amigo por imitar a su padre con exageración. - Y qué harás?
-Buscar trabajo, supongo. –dijo con simpleza dando a entender que se quedaría en Norte América para terminar sus estudios.
-Lo haces por ella, verdad?
-Por quién?
-Candice.
Terry lo miró a los ojos, no era necesario negar lo que era tan obvio. Siempre se consideró como alguien que cumplía su palabra. Cuando sus padres le informaron que debían volver a Inglaterra, Terry les había pedido quedarse a estudiar en Nueva York, entonces prometió que estudiaría su carrera en la universidad en la que todos los miembros de su familia lo habían hecho, sólo así su padre aceptó, dejándolo bajo en cuidado de su tío Robert, quien se quedaría a cargo de algunos negocios en América. Estaba por responder a la respuesta de su amigo, pero el timbre de la puerta volvió a sonar.
-Deben ser los Cornwell.
-Salvado por la campana. –fue el comentario del rubio mientras golpeaba su hombro de manera fraterna.
Esa noche los cuatro amigos se la pasaron jugando videojuegos, comieron pizza y algunas botanas, comentaban lo que harían una vez que terminara la escuela y se graduaran, cada uno exponía sus metas profesionales; molestaban a Archie profetizando que terminaría casado con Karen antes de terminar la carrera. Era una noche de amigos, una noche de diversión sana.
Terry interiormente esperaba convencer a su padre para continuar sus estudios en América y no separarse de Candy, quien ya ocupaba un lugar muy importante en su corazón.
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Faltaba una semana para que termine la escuela, los jóvenes de último año estaban emocionados por la fiesta de graduación, otros estaban más concentrados en los exámenes finales; pero lo que si sentían todos era la emoción de las vacaciones, al fin las clases terminarían.
Candy llegaba temprano a la escuela para presentar sus últimos exámenes; y aunque se sentía cansada y sin ánimos últimamente, se esforzaría para demostrar que el esfuerzo y tiempo de Terry enseñándole no fue en vano.
-Pero miren quien está aquí? La princesita de Chicago.
-Qué quieres Elisa? – Elisa vio que Anthony era atento con Candy y eso la molestó bastante.
-De ti, nada. – dijo mirándola de pies a cabeza con desagrado.
-Entonces, lárgate y déjame en paz. – la miró fríamente, estaba fastidiada con que las amiguitas la molestaran sin motivos.
-Tú no eres nadie para hablarme de esa manera.
-Entonces no te le acerque ni la provoques.
-Anthony! – dijo la pelirroja sorprendida. –ella se cree mucho por todo el dinero que tiene su familia, piensa que puede…
-Ya basta Elisa. Fuiste tú quien la molestó, si no te agrada, no te le acerques.
-Pero… por qué la defiendes? Desde que ella se acercó a ti, cambiaste conmigo. – dijo dejando escapar algunas lágrimas.
-No le eches la culpa a Candy de eso, siempre te trate como una conocida nada más. – Elisa se fue herida por las palabras del rubio, y le echaba la culpa a Candy.
-Siento que tuvieras que ver todo eso, yo…
-No fue tu culpa, fue ella quien te molestó y se lo buscó.
-Aun así, de alguna manera fue mi culpa. Le gustas, y piensa que yo soy una amenaza.
-Sabe que no me gusta. Su carácter y comportamiento tiene mucho que desear.- la rubia sólo encogió los hombros sabiendo que Elisa no lo dejaría ahí. – y Terry?
-Tuvo que irse, recibió una llamada de su padre, y la directora Grey le dio permiso para salir. Ya sabes, tiene buenas notas así que no le afecta faltar a clase de repaso.
-Eso quiere decir que puedo acompañarte a comer.
-Terry te lo pidió, cierto?
-Ya lo conoces, cree que te saltarás la comida si no hay alguien que te acompañe.
-No te preocupes…
-Por favor, deja que te acompañe, Stear está trabajando en el discurso de graduación, Archie y Karen… bueno ya sabes que ellos se la pasan en el patio trasero acaramelados, y si Terry no está, no tengo con quien comer. Vamos eres mi amiga, no me abandones ahora, Elisa podría aprovechar que estoy solo para molestarme.
-De acuerdo. – aceptó sonriendo por la cara de miedo que hizo el rubio al mencionar a la pelirroja.
Durante el almuerzo los rubios hablaron de cómo les estaba yendo con los exámenes; Anthony le contó cómo se hizo amigo de Terry y Karen, la amistad que tenía con los gemelos Cornwell desde la infancia. Candy reía de las anécdotas que le contaba y de las muchas travesuras que ese trio.
Una rubia veía la escena desde otra mesa, les tomó una foto cuando el par de rubios sonreían tan afablemente y se veían muy unidos, al fin podría alejar a Candy de Terry. Sabía que el castaño era celoso y desconfiado.
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-Hola Terry.
-Susana, qué quieres ahora?
-No me trates así, por favor. Hay algo que debes saber.
-No me interesa. –dijo dándose la vuelta.
-Candy y Anthony tienen una relación, están engañándote. – al escuchar eso Terry se detuvo y se giró para ver a la rubia. – ayer, cuando faltaste al colegio – continuó. – almorzaron solos y estaban muy felices y… amigables. – dijo con intensión.
-En serio? – dijo sin mostrar ningún sentimiento en su rostro.
-Me dio rabia que tu amigo haya sido seducido por una chica como Candy, y que sea capaz de lastimarte y romper su amistad contigo.
-Bien, ya me lo dijiste. Ahora puedo marcharme?
-Terry sé que no me crees. Mira, tengo una imagen que lo comprueba…
-Susana, no me interesa, aun si tuvieras mil imágenes, no creería en tus palabras; pero para que te quede claro, yo le pedí a Anthony que almorzara con Candy, sabía que tú te acercarías a ella para molestarla; pero creo que esta vez fue tu amiguita. – la rubia se quedó muda, su plan no había funcionado. – ahh, algo más, aléjate de Candy si no quieres conocerme molesto.
-Yo te amo. – susurró.
-Te lo diré claramente entonces – la miró de manera fría. – desde el inicio te dije que no me interesabas como novia. No me gustas. No me atraes. – tenía que ser lo más claro posible; aunque sonara grosero y rudo, debía entender de una vez por todas que no estaría con ella jamás. – no eres mi tipo, y no importa cuanto lo intentes no seré tu novio, te quedó claro?
-Cómo puedes… ser tan… cruel… conmigo?. – su llanto impedía hablar.
-Tú me obligaste a esto, desde el principio te lo dije.
-Es por esa, verdad? – dijo con rabia.
-No conozco a ninguna "esa".
-Candy! Esa maldita te alejó de mí! – dijo llorando de rabia.
-No voy a permitir que te expreses de esa manera de ella. Que sea la última vez que lo haces o no respondo, me entendiste? – había fuego en sus ojos y eso asustó a la rubia que tímidamente asintió con la cabeza.
-Ella no te quiere… nunca te amará como yo lo hago. – dijo antes de irse.
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-Al fin terminaron los exámenes! – dijo la rubia estirando las manos hacia arriba.
-Muy bien señorita White, espero que lo haya hecho bien y tenga un buen promedio o pagará la apuesta.
-Yo no aposte nada, fuiste tú quien lo impuso.
-No seas cobarde, en ese momento aceptaste.
-Sí claro, con lo que me gustaría ser tu esclava por una semana.
-Acaso no confías que tendrás buenas notas?
-Espera! no me dijiste que harías tú si yo ganaba en promedio.
-Eso es porque no será así, sabes que estoy en el segundo lugar de todo el salón.
-Mmm… podría sorprenderte el resultado de mi esfuerzo.
-Entonces, acepta la apuesta. Bueno… si tan segura estás.
-De acuerdo, acepto la apuesta y cuando gane tú serás mi esclavo – el castaño sonrió al lograr su cometido. – por un mes. – acotó la rubia.
-Hecho. – extendió la mano para cerrar el trato. – ok! Ahora, que te parece si vamos a celebrar con un helado que los exámenes finalizaron.
-De acuerdo.
La rubia se sorprendió al ver que en la puerta del colegio Anthony, Stear, Archie y Karen los esperaban. Esa tarde Candy se divirtió al compartir con sus compañeros, era la primera vez que lo hacían fuera del colegio, en la fiesta de Karen fueron momentos esporádicos los que pasaron juntos; en el colegio lo hacían durante el almuerzo. Después del helado, fueron a un parque de diversiones, la diversión fue única para los chicos, se reían al escuchar a Candy y Karen gritar de susto en la montaña rusa y otras atracciones.
Una vez se hubieron despedido Terry la acompañó a su departamento.
-Serás mi pareja en el baile de graduación?
-No lo sé, no quiero ir.
-Vamos Candy será lo último que haremos como estudiantes de preparatoria.
-Deja que lo piense, de acuerdo?
-Está bien. También quiero pedirte que ese día vayas como mi novia – la rubia lo miró con los ojos abiertos a toda su capacidad - creo que debí ser claro contigo cuando te besé la primera vez, no lo hice sólo porque sí, me gusta estar contigo; tú de verdad me gustas… y mucho. – besó nuevamente sus labios. - quiero que te quede claro que desde ese entonces ya te considero mi novia, sólo necesito que me des una respuesta.
-Terry… yo -la voz de la rubia tembló de emoción y una sonrisa se dibujaba en su rostro.
-Candy. – la rubia vio detrás del castaño para encontrarse con la mirada fría y enojada de su padre.
-Papá…
-Tenemos que hablar, despídete de tu amigo. – estaba serio y con el ceño fruncido.
-Me tengo que ir – dijo bajito. No quería que su padre le hiciera una grosería a Terry.
-Respóndeme mañana, sí? – sonrió al ver que ella asentía en complicidad. – Buenas tardes señor White.- saludó al padre de Candy cuando pasó cerca de él.
-Buenas tardes. – contestó con frialdad y sin mirarlo. -Entremos a tu departamento.
-Papá, si vienes a regañarme porque no me disculpé con Melina…
-Samuel llamó. – al escuchar ese nombre, Candy se quedó callada y abrió la puerta de su departamento.
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Terry estaba impaciente, miraba hacia la puerta esperando ver a su rubia favorita llegar; sin embargo ese día Candy no asistiría a clases y tampoco los siguientes.
-Terry, dónde está Candy? – Karen se acercó al castaño.
-No vino al colegio. – dijo de mal humor.
-Le habrá pasado algo?
-No lo creo, su padre fue ayer a su departamento, seguro tuvieron que salir o viajar nuevamente.
-Voy a llamarla, tal vez…
-Otra vez tiene el móvil apagado, no servirá de nada si la llamas.
-Otra vez? odio que haga eso. – dijo con fastidio - Irás a su departamento?
-No, ya vendrá en dos días como siempre. – y sin decir más tomó su mochila y se fue.
Terry estaba molesto por la actitud de Candy; pero sobre todo nervioso, acaso su declaración la hizo escapar? Tan malo sería ser su novio? Conducía hacia el departamento de Candy, habían pasado tres días más y la rubia aún no iba al colegio, no contestaba su celular ni respondía sus mensajes.
Aquel día había amanecido emocionado y positivo; estaba seguro que Candy le daría una respuesta positiva a su declaración; cuando llegó al colegio estaba ansioso porque la rubia llegara, además ese día les darían los resultados finales de sus notas; pero ahora estaba molesto, deprimido, asustado, dolido… había la posibilidad que Candy le diera una respuesta negativa, y él ya estaba enamorado de ella. Lo había atrapado la primera vez que la vio, no quería aceptarlo en ese momento; pero estaba seguro que fue en cuanto ella lo vio directo a los ojos, y cuando le habló, con esa voz tan dulce y casi imperceptible supo que la quería para él. Ya estaba frente al edificio de la rubia, dudaba en ir y hablar con ella o esperar a que sea ella quien lo busque.
-Buenas tardes. – saludó al portero.
-Buenas tardes joven.
-Buscó a la señorita Candice White. Podría anunciarme? Su intercomunicador no funciona.
-La señorita White dejó su departamento.
-Cómo dice? – se puso blanco al escuchar aquello.
-Hace tres días su padre vino a buscarla, dejó claro que no volvería en un buen tiempo. Usted es su amigo, cierto? La señorita salió con su equipaje y dejó está carta para usted, al tomarla Terry desvió la mirada hacia una esquina de la oficina del conserje y visualizó la maceta con el rosal de Candy. Y fue ahí que Terry comprendió que no volvería a ver a la rubia, pues Candy le había hablado de lo importante que ese rosal era para ella, su madre se lo había regalado cuando era una niña. Pero no entendía porque lo había abandonado.
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Hola! Nuevo capítulo. Qué les pareció? Trataré de publicar pronto el próximo capítulo. El martes si es posible.
Se cuidan mucho, bendiciones a cada uno de ustedes y sus familias.
