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El día estaba nuboso, típico de la ciudad de Londres en esas fechas, la lluvia pronto caería; Le gustaba cuando eso pasaba, le encantaba sentir las gotas de lluvia sobre su rostro, el sonido cuando éstas golpeaban su ventana, le relajaba tanto.

Se sentó junto a la ventana cuando empezó a caer las primeras gotas, apoyó la cabeza en el cristal para poder sentir las vibraciones imperceptibles de aquellas gotas agua mientras caían hasta perderse en el marco de la ventana.

-Estás segura?

-Sí… lo estoy… -murmuró viendo por última vez por la ventana.

-No puedo creer que hagas esto; tal vez si seguimos…

-Nada va cambiar, es esto y ya, no hay más… es todo. –dijo con seriedad.

El hombre la miró a los ojos pidiendo que cambiara de opinión, que le diera una nueva oportunidad de intentar de cambiar lo que parecía imposible. La rubia lo miraba fijamente, clara señal que no daría su brazo a torcer, ya lo había decidido y debía respetar su decisión, se había acabado.

-Candy…

-Entiéndeme por favor Samuel.

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-Entonces dejará la compañía?

-No, hace muy bien su trabajo. –dijo serio – sólo terminé nuestra relación.

-Y lo aceptó así nada más? – cuestionó Stear incrédulo.

-No tenía opción. – recordó el llanto y la súplica de la pelirroja para que no rompiera su relación; pero eso se lo guardaría para él.

-Bueno… si eso te hace feliz, te apoyamos. – dijo el rubio.

-Al fin tomaste una buena decisión. – dijo Archie sin ocultar su alegría.

-Creo que el más feliz con mi decisión eres tú.

-Ya me conoces. –dijo con una sonrisa. – nunca me gustó la manipuladora de Michelle.

-Eso lo dejaste claro, cuando me abrazaste frente a ella felicitándome por mi rompimiento. – dijo burlón.

-Y cómo te enteraste antes que nosotros?

-Lo llamé anoche para saber si necesitaba ayuda para la presentación de esta tarde.

-Cometí el error de contárselo.

-Admite que querías gritar a los cuatro vientos que al fin dejaste a una dictadora.

-Archie. – lo regañó Anthony; pero Archie sólo se encogió de hombros.

-Qué les parece si nos vamos de fiesta! Les quiero presentar a alguien. –dijo Stear.

-Estás saliendo con alguien? Desde cuándo?

-Un par de meses. – dijo con una sonrisa.

-Y por qué no lo sabía, soy tu hermano y no fuiste capaz de presentarme con mi posible cuñada? – dijo ofendido Archie.

-Por qué ya conoces a Karen y ella es capaz de organizar una fiesta de compromiso, ese mismo día.

-Buen punto, ahora comprendo porque no te lo dijo. – dijo Anthony mirando a Archie.

-Como sea, tengo mucho trabajo, me avisan a donde iremos. – dijo enfadado Archie.

-Vamos hermanito!, no te enojes conmigo… - dijo Stear abrazando a Archie y despeinando su cabello.

-Ya basta Stear! Sigues comportándote como un niño! – lo regañó causando la risa de sus amigos.

-Mira quién habla, el berrinchudo de los Cornwell. – comentó Terry causado la molestia de su amigo y las carcajadas de Stear y Anthony.

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Ya era viernes, al fin descansaría de tanto trabajo. La tienda había estado a rebasar esa semana, algo común en primavera, jóvenes que buscaban cambiar su guarda ropa de invierno por uno de primavera habían visitado aquella tienda, logrando que las empleadas trabajaran sin descanso.

-Vas a acompañarnos, verdad?

-No lo sé. Yo…

-Vamos Candy, hace mucho que no salimos. Amy está emocionada, incluso compró un vestido para la ocasión. – acotó su amigo.

-No lo sé, no me siento muy bien.

-Te encuentras bien? – vio preocupación en la mirada de su amiga.

-Sí, es sólo que… no tengo ganas de salir

-Candy, deja de encerrarte. Últimamente has rechazado nuestras invitaciones. Debes divertirte.

-Tom… - el joven la miró indicándole que no aceptaría una negativa. – de acuerdo. – dijo resignada.

-Amy se pondrá feliz al saber que pude convencerte.

-Sí claro, ustedes se turnan para manipularme. – dijo con falsa ofensa.

-Ya linda, sabes que lo hacemos porque nos gusta estar contigo.

-Gracias. – murmuró y recordó que alguien ya le había dicho algo parecido hace tanto.

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EL club era uno de los más exclusivos de la ciudad; la música, las bebidas eran excelentes; el ambiente era simplemente estupendo, el club se reservaba el derecho de admisión. Por su puesto que el grupo de Stear, Terry, Anthony y Archie tenían reservado una mesa en la zona VIP.

A los amigos de Stear les había agradado Patricia, al parecer era una mujer centrada y alegre, Terry se alegraba por su amigo, en verdad se veía feliz.

-Excelente lugar, desde aquí se puede ver la pista. – dijo emocionada Karen. – mira a Anthony, no ha parado de bailar desde que llegamos.

-Se ve que es muy popular entre las mujeres. – acotó Paty con una sonrisa.

–Sabes algo Paty? – la castaña la miró. – me alegra que al fin entre una mujer más a este grupo, una con la que se pueda hablar.

-Ya hubo una y recuerdo que se llevaban bien. – dijo Terry para sí mismo.

-Si te soy sincera Paty, realmente eres agradable, me gustas como cuñada.

-Muchas gracias Karen. – dijo Paty con una sonrisa amigable.

-Me alegra escuchar eso. – dijo Stear poniéndose detrás de su novia mientras la abrazaba.

-Claro que sí cuñadito. Tú, sí supiste elegir una buena mujer, no como otros.

-Qué te parece si mejor vamos a bailar amor. – dijo Archie guiando a su esposa a la pista.

-Terry, no le hagas caso.

-Ahora vuelvo. – dijo serio. – voy por un trago.

-Está bien? – dijo la castaña con preocupación.

-No te preocupes, ya volverá.

-Me siento responsable por lo que pasó.

-No tienes por qué, siempre es lo mismo con esos dos. En unos minutos volverá a la mesa y hablarán como si nada, ellos son muy buenos amigos.

-Eso espero. – murmuró agobiada esperando que su novio tenga razón.

Cerca la pista un hombre ingresaba acompañado por dos hermosas mujeres, una morena que agarraba su brazo y una rubia que los seguía de cerca.

-Oh ya la vi! – dijo la morena señalando a quien buscaban con la vista.

-Vamos. Dijo el joven tomando la mano de la morena mientras ésta jalaba a su amiga para que no se perdiera.

-Paty, ya estamos aquí!

-Amy, Tom! Dónde está Candy? – cuestionó al no ver a su amiga rubia, en ese momento la rubia se asomaba a su vista mientras su novio giraba para constatar si se trataba de la misma joven que conoció hace años.

-Candy? – murmuró el pelinegro asombrado.

-Se conocen? – cuestionó su novia.

-Eh… sí, estudiamos juntos. – murmuró cabizbaja la rubia.

-Cuánto tiempo sin verte. - aún no podía creer lo que veía. La saludaba con un abrazo.

-S-sí… - quería correr, si Stear estaba ahí era posible que Terry también lo esté.

-Me alegra que se conozcan – dijo Paty con una sonrisa - déjame presentarte a mi hermano Tom y ella es mi amiga y cuñada Amy. – presentó la castaña. – él es Stear, mi novio.

-Mucho gusto. – después de las presentaciones entablaron una conversación mientras esperaban a sus amigos quienes seguían en la pista de baile.

-Candy!? – gritó Karen al ver a la rubia. – o debemos llamarte Candice? – la miraba seria.

-Hola Karen. – se sentía apenada comprendía el comportamiento de la castaña, todo lo que había pasado entre ellas era su culpa.

-Cómo estás Candy? – saludó Archie con educación.

-Hola, cómo estás? – Candy trató de relajarse y no mostrar lo incomoda que estaba, lo haría por su amiga, ella se veía feliz.

Poco después, bajo una tensa atmosfera Candy decidió que debía irse, no quería arruinar la noche de su amiga y así se lo informó cuando estaban en el tocador.

-Por qué Candy? Es por Karen, ella te dijo algo?

-No, sólo estoy algo cansada, es todo.

-Yo me iré con ella. –dijo Amy. – no quiero que te vayas sola.

-Claro que no! Estoy bien, chicas. No quiero arruinar la noche.

-Y tú crees que estaría a gusto sabiendo que te fuiste? Nada de eso, nos iremos todos. – dijo Paty con decisión.

-Está bien. – dijo rendida. – me quedaré un poco más.

Mientras regresaban a la mesa un joven guapo se acercó a la rubia para pedirle que bailara con él, Candy hubiera querido decirle que no; sin embargo le parecía una mejor opción, no quería que su amiga se enfadara con Karen, por el trato frio y grosero que estaba recibiendo de parte de ella.

-Y Candy? – cuestionó Stear al ver sólo a Paty y a Amy.

-En la pista. – contestó seria a su novio, no le había gustado cómo su cuñada y hermano habían ignorado a su amiga.

En la pista la música estaba fuerte, así que si querían hablar con su pareja tenía que acercarse, algo que incomodaba a la rubia, pues su pareja de baile parecía querer decir tanto que no se apartaba de su oído.

En la barra un castaño tomaba de golpe su bebida, ya era tiempo de volver con sus amigos, el coraje ya había menguado, aunque no quisiera le daba la razón a Karen, no sabía elegir a las mujeres con quienes salía: siempre eran caprichosa y manipuladoras o eran unas interesadas o… simplemente se burlaban de él.

-Y Terry? – cuestionó Anthony al llegar a la mesa de sus amigos.

-No lo sé, Karen lo molestó. – informó Archie. Stear presentaba a los amigos de su novia con el rubio.

-Espero que no te hayas asustado con el ogro de Terry. – bromeó viendo a Paty, sin darse cuenta que el castaño estaba cerca.

-Ya basta con eso, quieren.

-Candy ya estás aquí. – señaló Amy al ver a su amiga.

Los hombros de Terry se tensaron al escuchar nuevamente ese nombre, acaso sería aquella joven que conoció cinco años atrás? Tenía miedo girar y ver a quien en su juventud amó; y si estaba acompañada de alguien más? entonces una rabia creció en su interior con ese pensamiento, si ella fue capaz de irse sin importarle nada, él haría lo mismo, sería indiferente ante su presencia.

-Hola Candy. – saludó el rubio mirando de reojo a su amigo.

-Anthony, cómo estás?

-Bien, gracias. Veo que tú estás estupenda. – respondió causando un sonrojo en la joven.

-Gra-gracias. – dirigió su mirada al castaño frente a ella, sabía que era Terry, quería verlo; pero también quería salir corriendo antes de que él la viera. Todos estaban expectantes, sabían que Terry podía ser hiriente y grosero cuando quería.

-Ah Candy, hola. – fue lo único que dijo, luego se giró y entabló una conversación con sus amigos ignorando olímpicamente a la rubia. Pasó una hora más, que para la rubia fue una tortura, Anthony y Stear eran los únicos que le hablaban; Archie trataba de no ser grosero con ella así que le habló un par de veces; los demás la ignoraban y varias veces vio el rencor en los ojos de Karen.

-Me alegra volverte a ver.

-Sí, gracias, yo también estoy feliz de verlos.

Anthony hubiera querido preguntarle tantas cosas; pero no era el lugar ni el momento; además Candy se veía incomoda y la entendía, no aumentaría su pesar e incomodidad con preguntas.

-Yo… es hora que me vaya. – anunció la rubia a Paty. Todos los demás estaban en la pista de baile.

-Candy…

-Fue un gusto volver a verte Stear, por favor despídeme de todos. – simuló una sonrisa que no llegaba a reflejar felicidad de verlos.

-Te acompañaremos. – aseguró su amiga, impidiendo que su novio contestara nada.

-No, de verdad estoy bien, recuerda que te dije que me quedaría poco tiempo.

-Ya te vas Candy? – Tom y Amy llegaron cuando la rubia se levantaba de la mesa.

-Bueno, sí. – vio a Paty que le decía algo a Stear.

-Te llevaremos.

-No. Paty necesita que estén con ella, ya estoy siendo grosera con su novio yéndome, no pueden hacer eso ustedes también. – sus amigos la veían no muy convencidos de dejarla irse sola. - Por favor no me hagan sentir peor por arruinarle la noche a Paty. –murmuró para que Stear no la escuchara.

-Candy… nos iremos. – la castaña se acercó a ella.

-Paty – la abrazó con fuerza – no hagas eso por favor. Mañana te cuento todo; pero hoy disfruta tu noche, no permitas que te la arruine. – había súplica en los ojos verdes.

Renuentes aceptaron quedarse, Paty había estado emocionada toda la semana con la presentación de su novio y amigos; si se iban con Candy, ella se sentiría responsable de arruinar la noche. Entendían el punto de la rubia, por eso la dejaron partir, haciéndole prometer que mandará un mensaje una vez esté en su casa.

-Cómo te sientes? – cuestionó Karen al castaño.

-Bien, por qué?

-Vamos Terry, es Candy quien está allá. – dijo señalando la mesa donde estaban sus amigos.

-Ahora Candy me es indiferente. – dijo con frialdad.

-Terry…

-Ya estoy aquí amor. – anunció Archie posándose junto a su esposa.

-Y Anthony? – cuestionó el castaño.

-Querías bailar con él, Terry? – dijo con sorna Archie.

-No seas ridículo.

-Jajaja está allá. – dijo señalando hacia un lado de la pista. – esa rubia no lo deja.

-Voy a la barra, necesito algo de beber. – dijo dando media vuelta.

-Nosotros regresamos a la mesa. Paty me agrada y no quiero que se sienta mal por estar todo el tiempo bailando en lugar de conocerla. – dijo Karen.

Cuando estaba a punto de llegar a la barra vio a la rubia rizada caminar hacia la salida, y sin saber cómo ni por qué, ya se dirigía hacia ella; cuando la vio fuera del establecimiento y antes de llegar a ella, vio como un hombre se acercaba a la rubia y rodeaba su cintura con posesividad.

-Ya te vas preciosa?

-Por favor suélteme. – dijo en voz baja y autoridad mientras alejaba la mano del hombre, era con quien había bailado.

-Vamos cariño, te mueves bien en la pista y estoy seguro que también lo harás estupendo en la cama. Qué dices, te vas conmigo? – acercó sus labios a su oído.

-No se me acerque otra vez – aunque estaba asustada Candy le dedicó una mirada fría antes de propinarle una cachetada, que al parecer no restringió al hombre.

-Vamos amor, sé que también te gusto. – dijo acercándose a ella nuevamente tomando su cintura y acercando su mano a su busto de manera grosera y vulgar logrando de la rubia se asuste como nunca antes.

-No me toques! – su rostro mostró lo asustada que estaba; sin embargo su coraje era mayor así que, sin que el hombre lo viera venir Candy levantó su rodilla con tanta fuerza estrellándola en la entre pierna del sujeto, la soltó de inmediato profiriendo un grito de dolor.

-Maldita zorra! – dijo acercándose peligrosamente a la rubia, quien ya se había alejado. Cuando la alcanzó la cogió de manera brusca el brazo y la giró para que lo vea; pero antes de volver abrir la boca…

-No la toques! - sintió como algo golpeaba su rostro tirándolo al suelo, cuando levantó la vista vio como un puño se acercaba otra vez a él. En ese momento los guardias de la discoteca se acercaron para alejar a Terry del hombre.

-Maldito! – gritó el hombre llevándose las manos a la nariz.

-Te dijo que la dejaras en paz imbécil!

-Y tú quién eres? Acaso no sabes que ella es mi mujer y sólo está molesta conmigo?

Terry sintió como su sangre hervía, quería matar a ese desgraciado que se atrevía mentirle en la cara. Trató de soltarse de los guardias; pero lo tenían bien sujeto, luego giró su mirada hacia Candy, lo miraba asustada; se acercó a ella algo inseguro, tomó su brazo, por suerte ella no hizo nada para alejarse de él.

-Estás bien? – cuestionó preocupado, ella sólo pudo asentir con la cabeza.

Aunque Terry seguía molesto y quería darle su merecido a ese miserable, tomó a Candy del brazo de manera delicada y la guió a su auto. Se veía extremadamente pálida, tanto que preocupó al castaño, creía que en cualquier momento se desmayaría. La subió al coche y arrancó, ni siquiera sabía a donde se dirigía, sólo quería alejarla de ese lugar. La rubia estaba sumida en sus pensamientos con la cabeza baja sin decir una palabra.

-Qué hubiera pasado si Terry no llegaba… ese hombre… él quería… me hubiera lastimado… me hubiera forzado a ir con él? Oh… yo… no… - eran los pensamientos de la rubia que venían en borbotones a su mente causando en la rubia un estado de shock.

-Candy… -Terry detuvo el auto al ver a la rubia temblar con intensidad vio como las lágrimas salían a raudales de sus hermosos ojos. – Candy, estás bien? – tocó su hombro con preocupación; la rubia no contestaba estaba ida, siguió insistiendo; pero nada, Candy simplemente miraba sus manos.

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