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Ya llevaban treinta minutos de camino, pero parecía mucho más, Candy no sabía cómo hablar con Anthony, ella había lastimado a su mejor amigo y de alguna manera también a él, pues en ese entonces el rubio le había pedido ser su amigo y que confiara en él; sin embargo ella los dejó sin importarle sus sentimientos.
-Cómo has estado, Candy?
-Eh… bien, gracias. Y tú?
-No me puedo quejar. – la miró con una sonrisa.
-Creí que ya estarías casado, en el colegio habían varias chicas interesadas en ti. Especialmente Elisa. – comentó con gracia.
-Ohj, no me recuerdes a Elisa, por favor.
-Por qué, qué pasó?
-Entró a la misma universidad que yo, por suerte en otra facultad; aunque eso no la detenía a ir todo el tiempo a la mía.
-Y nunca tuviste nada con ella?
-No, no me interesaba. Te lo dije aquella vez, lo recuerdas?
-Sí, lo recuerdo… - bajó la mirada. – Anthony…
-Dime.
-Lamento mucho no haberme despedido de ustedes. – dijo con tristeza. – tú me ofreciste tu amistad y yo… simplemente me fui.
-Supongo que tenías tus motivos.
-Qué?
-Candy, no voy a juzgarte. No tengo por qué. – la miró con una sonrisa. – yo te sigo considerando mi amiga.
-Pero Terry… él es tu amigo. Y yo…
-Terry es mi mejor amigo; pero tú también eres mi amiga. – afirmó con seguridad - Lo que pasó entre ustedes, supongo que en algún momento tendrán que hablarlo... – tenía la mirada fija en el camino y Candy bajó la mirada hacia sus manos. – y espero que todo salga bien para ustedes, y decidan lo que decidan, yo seguiré siendo tu amigo. Bueno… a menos que ya no me quieras como uno.
-No! Claro que te quiero como amigo. Siempre me sentí tranquila a tu lado, no sé cómo explicarlo, es como si…
-Si un gran cariño nos uniera. – afirmó. – yo también lo siento, sé que no es algo romántico, en el poco tiempo que te conocí llegué a quererte mucho y no lo quiero perder.
-Sí, yo también lo siento así.
- Sólo quiero cuidarte y protegerte. Te hice una promesa y la voy cumplir.
-Gracias. – lo miró con una sonrisa agradecida. Cuando él se giró correspondiendo a su sonrisa vio que Candy sangraba.
-Candy estás sangrando!- dijo asustado.
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-Estás bien? Pareces molesto.
-En serio? Qué raro, muero por llegar; en realidad estoy emocionado. – dijo sarcástico.
-Terry, sé que no te sientes bien estando junto a Candy, yo tampoco lo estoy; pero recuerda que lo hacemos por Stear.
-Lo sé. Y no tengo ningún problema con ella.
-Creo que Stear mandó a Candy con Anthony porque es el único que se portó bien con ella. – dijo pensativa sin escucharlo - nos puso juntos para mantenernos alejados de ella, supongo que piensa que vamos a lastimarla con nuestra actitud.
-Stear nos conoce muy bien, sabe que no volveremos a hacerlo. - dijo el castaño con seriedad – confía en que recapacitemos y cambiemos de actitud. Yo pienso hacerlo, lo vi animado.
-Sí, él está feliz. – dijo Archie – está mañana fue a mi oficina para agradéceme lo que estábamos haciendo por él y por Paty.
-Espero poder comportarme educadamente. – dijo Karen. – no me interesa tener ninguna relación con Candy, así que sólo seré educada.
-Y sólo eso te pido amor, además queremos conocer a Paty, todo indica que podría formar parte de la familia.
-Yo también lo creo! Me agrada, ella es tan inteligente y educada, sin contar lo amable y linda que es.
La pareja hablaba sobre cómo debían actuar y comportarse esos dos días, prometiendo ser maduros de ahora en adelante; sin embargo, Terry tenía la cabeza en otro lado.
-Qué estará haciendo Candy en este momento, Anthony siempre fue amable y considerado con ella. No me sorprendería ver que ya son amigos otra vez. Podré soportar ver a Candy con Anthony amigablemente? - se preguntó – pero que estoy diciendo, no me importa lo que haga o deje de hacer. – se dijo molesto – a quien quieres engañar, aun te afecta lo que haga, - escuchó una voz dentro de él - tal vez tengo que hablar con ella de una vez por todas, que me explique por qué se fue así de repente y cerrar de una maldita vez todo esto. Sí, es solamente eso, esto es lo me impide avanzar, quiero que aclare mis dudas, aunque sea doloroso, aunque me diga que nunca sintió nada por mí, sólo necesito saber.
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Al fin habían llegado a la propiedad, era una casa enorme y hermosa, la playa estaba cerca.
El primero en ingresar por el gran portón fue el auto de Stear, detrás de ellos Terry estacionó su auto.
-Señor Archivald, señora Karen bienvenidos. – saludó la encargada de cuidar la casa.
-Lucia, cómo estás?
-Muy bien señora, los estábamos esperando, sus habitaciones ya están listas.
-Muy bien, gracias. Ya llegó Anthony?
-El señor Brower aún no ha llegado, ustedes son los primeros.
Al escuchar eso los hombros de Terry se tensaron, porque tardaría tanto Anthony en llegar, salieron del mismo lugar y al mismo tiempo, además ellos habían hecho una parada; lo lógico sería que Anthony y Candy ya estén ahí o por lo menos deberían haber llegado con ellos.
Cuarenta minutos después, vieron el auto de Anthony estacionarse en la entrada, para eso todos ya estaban instalados en sus habitaciones.
-Qué pasó? Por qué llegaron tan tarde? – cuestionó Archie mientras los otros se acercaban a los recién llegados.
-Tuvimos que hacer una parada urgente. – todos los miraron con duda en sus rostros.
-Me sangró la nariz. – contestó Candy a la pregunta silenciosa.
-Qué!? Estás bien? – Paty y sus amigos se acercaron muy preocupados a la rubia.
-S-sí no se preocupen, estoy bien.
-Candy…
-No te preocupes Amy, de verdad estoy bien, sólo se me subió la presión, nada importante. -Aun preocupados aceptaron la respuesta de su amiga.
-Entonces deberías descansar, ven te mostraré tu habitación. – dijo Karen.
-Gracias. – agradeció la rubia tímidamente.
-Anthony, tú te quedarás en la habitación de siempre.
-Ok, gracias, dejaré mi maleta y enseguida bajo.
-Tú te quedarás en esta habitación. - dijo señalando una que estaba una puerta a la derecha frente a la del rubio.
-Gracias.
-Puedes bajar cuando te instales, decidimos salir a conocer la ciudad a las 8.
-De acuerdo. – cuando la castaña se giraba para regresar con los otros Candy la llamó. – Karen… disculpa las molestias que te estoy causando.
-No te preocupes, lo hago por Stear y Paty. – contestó sin más.
Candy sabía que sería difícil volver a ser amiga de Karen, conocía el carácter que tenía la castaña. Haría todo por no molestarla ni hacer que se sienta incomoda con su presencia.
-Candy? - escuchó que alguien la llamaba.
-Paty, Amy, Pasen. – dijo al verlas frente a la puerta.
-De verdad estás bien?
-Sí, no se preocupen. Anthony me llevó al hospital, por eso tardamos tanto.
-Deberías descansar. Será mejor que posterguemos el paseo para mañana. – dijo Paty.
-No! Chicas yo estoy bien. – se acercó a Paty y tomó sus manos. – vayan ustedes y yo prometo descansar y reponer fuerzas para mañana.
-No vamos a dejarte.
-Y de que servirá que se queden encerradas, si planeo dormir temprano. Vamos chicas no hagan que me arrepienta de haber venido.
-Está bien. Acepto sólo porque te veo mucho mejor.
-Y lo estoy, mañana iremos a la playa y voy a demostrarles lo bien que estoy.
-Y es por eso que traje aquel bikini para ti – dijo Amy con una sonrisa pícara. – el rojo. – le guiñó el ojo provocando un sonrojo profundo en la rubia al imaginarse en aquel par de hilos.
-No me refería a eso. – dijo molesta y avergonzada. – vayan a prepararse, yo tomaré un baño y luego a dormir.
Sus amigas salieron de la habitación un poco más tranquilas, pues Candy se veía más animada, sabían que ella estaba dando lo mejor de sí para poder divertirse y lo último que querían era hacerla sentir culpable por algo.
Candy se asomó a la ventana cuando todos se subían a los autos, sólo fueron en dos de ellos, el de Stear y el de Anthony. Sonrió al ver que Stear le abría la puerta a Paty, siempre supo que era un caballero y estaba feliz de que su amiga haya encontrado a alguien como él.
Media hora después de ver partir a sus amigos, Candy salió de su habitación, aún era temprano, estaba segura que llegarían un poco tarde, pues escuchó que irían a bailar. El jardín era hermoso, el aire era fresco y podía sentir el aroma del mar, decidida bajó a la playa. Caminaba por la arena y se dirigió hacia unas rocas, no se dio cuenta que éstas estaban ocupadas hasta que fue muy tarde.
-Lo-lo siento… no quería interrumpirte.
-Deberías estar descansando.
-Y tú deberías haber ido con los demás.
-No me apetecía.
-Quería dar un paseo y despejar mi mente. –contestó como si nada.
-Ya estás mejor? – su preocupación parecía sincera.
-Sí, no fue nada de importancia. – lo vio a los ojos. – qué haces aquí?
-Lo mismo que tú, quería despejar mi mente.
-Entonces te dejo, no quiero molestar. –dijo dándose la vuelta para marcharse.
-Espera Candy… puedes quedarte, está vista es la mejor - ella se giró, él la estaba viendo. – no me molesta tu presencia. – volvió la vista al mar. – además dijimos que intentaríamos convivir por nuestros amigos.
-Tienes razón – dijo sentándose un poco alejada de Terry.
Pasaron unos minutos donde el silencio reinaba y milagrosamente este no era incómodo, se sentían bien, miraban hacia el mar, la luna lo iluminaba todo, a lo lejos a un extremo de la playa podían ver las luces de algunos locales y una rueda de la fortuna; las luces y las edificaciones, todo se veía reflejado en las aguas del mar, era simplemente hermoso.
-Hace años, vine a Brighton con mis padres, ellos y los padres de Karen fueron a una reunión social; Karen y yo nos quedamos en su casa con su abuela; pero cuando se quedó dormida, nos escapamos y encontramos este lugar, Karen hasta la fecha jura que vio sirenas en el horizonte. – dijo con una sonrisa.
-Sirenas! –dijo Candy emocionada. – las vieron? – su mirada era la de una niña, lo que causó una sonrisa en el castaño.
-No vi nada, pero Karen dice que si eran.
-Sería maravilloso que lo fueran.
-Por qué?
-Porque eso significaría que lo imposible pueda hacerse realidad. – dijo mirando fijamente el mar como buscando algo. – además dicen que cumplen deseos.
-No sabía que creías en esas cosas. – volvió su mirada al mar. – no conozco mucho de ti, cierto?
-Terry…
-Por qué? Qué pasó para te vayas de esa manera? – su voz sonaba dolida y su mirada era dura.
-Yo… tuve que hacerlo. Te deje una carta…
-Una carta. – dijo ya molesto. – "Perdóname, por favor. Me tengo que ir, sé feliz." – citó – para ti eso es una carta? Perdóname Candy; pero creo que debes investigar la definición y estructura de una carta, para mí eso fue un patético rechazo, debiste decirme que no querías ser mi novia y ya… lo hubiera aceptado, no necesitabas hacer todo ese numerito.
-Numerito? – dijo asombrada. – tú no sabes nada. Yo… me vi obligada a hacerlo. – dijo molesta.
-Y supongo que no me dirás los motivos, cierto? Siempre con tus misterios, siempre dejándonos con incógnitas y dudas.
-Lo lamento. – dejó salir las lágrimas. – lamento todo lo que les hice… nunca merecí que me aceptaran en su grupo, ni siquiera merezco a Paty, Tom y Amy; pero sobre todo… siempre supe… que no… te merecía a ti, no debía… acercarme a ti… no… quería… dejarte… - Candy hipaba por el llanto, impidiéndole hablar. Todo el rencor que sentía Terry se esfumó al verla en aquel estado, recordó aquella tarde en el centro comercial donde Candy se quebró, y ahora, ahora otra vez parecía tan vulnerable, tan pequeña y desprotegida; se sintió un miserable por causado todo aquello, se reprochó a si mismo, quién era él para reclamarle algo, cuando fue él quien decidió acercarse y enamorarse de ella.
-Candy… cálmate, por favor. No llores. – su voz era dulce, la abrazó; pero Candy trató de alejarlo.
-No… no cometas… el mismo error… de acercarte… a mí.
-Cálmate linda, ya no llores. – decidió ignorar lo dicho por la rubia. – perdóname. – dijo besando su cabeza.
Diez minutos después Terry seguía abrazando a Candy, ella ahora sólo sollozaba, había dejado de llorar hace poco. Él se sentía culpable de causar el llanto de la rubia y ella se sentía una egoísta por estar en esa situación.
-Quiero que me perdones por lo que te hice. – ella quiso decir algo, pero Terry la calló. – no tengo derecho a reclamar nada, nunca me incitaste a que me enamorara de ti; es más, yo aproveché las tutorías para tratar de conquistarte.
-No… no es así.
-Lo es. –dijo con una sonrisa. – no tienes que explicarme nada, ni voy a exigirte respuestas. Si tú quieres dármelas, lo harás cuando te sientas preparada. – la vio asentir en silencio. Sí, era lo mejor, no la presionaría, no tenía por qué. – es mejor que volvamos, ya es tarde.
Terry se puso de pie y extendió su mano para ayudar a la rubia a pararse, ella algo tímida aceptó. Caminaron en silencio hasta la casa, sus amigos aún no habían vuelto, cuando él la acompañó a su habitación sonrió al ver que era junto al suyo, Candy se veía más tranquila y eso lo agradeció, lo último que quería era alterarla o lastimarla.
-Descansa.
-Gracias… gracias por todo.
-Nos vemos mañana. – su voz era tranquila, algo que serenaba a Candy.
-Terry… - él la vio – Sí… iba ser un sí.
-Qué? – él sabía a lo que se refería.
-No fuiste el único que se enamoró, quería decirte que sí en ese momento; pero nos interrumpieron.
-Gracias. – fue lo único que dijo antes de girarse y entrar a su habitación.
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-Vamos dormilona, hora de despertar!
-Déjame dormir, quieres? – dijo tapándose la cabeza con la almohada.
-Sí que estabas cansada, te acostaste a las ocho y aun tienes sueño.
-Los viajes me cansan. – dijo sin más. – no pude dormir hasta las cuatro de la mañana, por pensar en lo que pasó con Terry. – pensó.
-Ya estás lista? – Amy entró a la recamara. – sal de la cama! – dijo jalando los pies de la rubia.
-Ay no puede ser! – se quejó – podrían dejarme dormir un poco más?
-Candy ya son las nueve y media, saldremos a las once.
-Entonces tengo una hora y media para dormir.
-Nada de eso! Debes desayunar, y después nos preparamos para salir.
-Tal vez deberíamos llamar a Tom para que nos ayude. – dijo Amy al ver que la rubia se acomodaba en la cama. – una ducha podría…
-Ya, ya estoy despierta! No sé por qué las considero mis mejores amigas.
Entre risas las amigas bajaron al comedor, la única que no había desayunado era Candy, pero Amy y Paty la acompañarían porque sabían que la rubia no terminaba sus alimentos.
Después de desayunar, se fueron a preparar para salir, habían decidido ir a la playa, comerían allí en un restaurante recomendado por Karen y por la noche a bailar.
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Tengan un buen fin de semana! Cuídense mucho.
