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La recepcionista soltó un suspiro al ver a su jefe ingresar por la puerta de cristal en la entrada de la empresa que comandaba, se veía tan atractivo con ese traje hecho a la medida, llevaba el cabello hacia atrás, su perfume inundaba sutilmente el ambiente, cuando lo escuchó saludarla casi se derrite al oír su nombre con aquella voz varonil, hecha para recitar poemas en un auditorio lleno.
-Buenos días señor Granchester.
-Buenos días Kate.
Sin ánimos tomó el teléfono y marcó el número de la oficina de la señorita Michelle, quien le había ordenado le informara cuando llegue Terrence a la empresa; cómo deseaba llamarlo de esa manera, así como lo hacía la pelirroja, aunque le dolía, reconocía que ambos hacían una linda pareja, en varias ocasiones los vio llegar o salir juntos de la empresa, parecían sacados de una revista, simplemente la pareja perfecta.
-Señorita Ferdinand, el señor Granchester acaba de subir.
-Está bien Kate. – colgó el teléfono - Terry ya está aquí.
-Ok, ahora mismo voy a hablar con él.
-No lo presiones, eso es lo que le molesta.
-Creo que tienes razón. – dijo pensativa- no queremos que se ponga más terco
-Sí, es posible que Terry busque a otra mujer.
-No creo que él las busque, son esas arribistas quienes están sobre él.
-He tratado de no presionarlo y acercarme con la excusa del trabajo.
-Y que tal, Te está funcionando?
-Ahora es más amable que cuando éramos novios.
-Entonces seré sutil, no quiero perjudicar tus avances.
-Te lo agradezco Eleonor.
-No tienes por qué, ya te dije que deseo que formes parte de mi familia. Ahora iré a ver a mi terco hijo.
Sonriendo Eleonor dejó la oficina de la pelirroja ya maquinaba como ayudar a la pareja a resolver sus problemas, conocía el carácter de su hijo. Terry era testarudo y tenía poca paciencia, así que no lo retaría y sería amable fingiendo aceptar su decisión.
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-Ay chicas, gracias por todo!
-A qué te refieres?
-Todo lo que hicieron por mí y por Stear.
-Eso debes agradecerle a Karen, fue ella quien organizó todo.
-Ya lo hice, pero a ustedes les agradezco por estar conmigo. – dijo abrazándolas. – siempre están dándome su apoyo. Estuvieron cuando perdí al bebé, me ayudaron a seguir adelante.
-Paty, no te pongas así, eso ya pasó, debes dejarlo en el pasado. – dijo Candy abrazándola.
-Lo sé, Stear también me dijo lo mismo.
-Se lo contaste? – cuestionó Amy impresionada.
-Sí, sabe todo lo que pasó con Gary y conmigo.
-No me menciones a ese idiota. – dijo Amy molesta al recordar el pasado.
-Amy tiene razón, es mejor no mencionar a ese imbécil.
-Sí, mejor hablemos de ti. – dijo mirando a Candy con una sonrisa.
-De mí?
-Y de Terry. Acaso están saliendo?
-No! Bueno sí… no lo sé. – sus amigas la vieron con una interrogación en el rostro. – es complicado, no seremos novios.
-Por qué? Tú lo amas y es claro que a él le gustas.
-Volveré a Houston dentro de dos meses.
-Candy…
-Mi vida está allá, tengo muchos proyectos que terminar, además Samuel habló con mi padre y abuelo.
-Entonces… volverás?
-No lo sé, voy a pensarlo. Se los prometí.
-Candy, no queremos obligarte a nada; pero debes pensar en ti, en tu vida.
-Lo sé chicas, y se los agradezco mucho.
-Y Terry, lo sabe?
-No, no tiene por qué.
-No vuelvas acometer el mismo error que hace años, habla con él.
-Terry merece tener una familia: una esposa, hijos, un hogar… no le voy a quitar ese derecho simplemente por pensar sólo en mí.
-Candy…
-Voy a decírselo, sólo necesito tiempo para darme valor. Sé que todo cambiará cuando lo sepa.
Candy se quedó pensativa, no quería involucrar a Terry en el embrollo que era su vida, él merecía encontrar a alguien más, una mujer que sea capaz de darle lo que él necesitaba, lo que estaba segura sus padres le pedirían en un futuro.
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-Madre, qué gusto.
-Pues finge más emoción para que te crea.
-Jajaja, en verdad me da gusto verte; creo saber el motivo de tu visita.
-Hable con Michelle.
-Me lo imagino.
-No voy a pedirte que vuelvas con ella, voy a aceptar tu decisión.
-Me parece bien. – miraba atentamente a su madre para averiguar que se proponía. – al fin dejarás de meterte en mi vida?
-Sabes que no estoy de acuerdo; pero vi a Michelle más tranquila, aunque muy delgada y pálida.
-Mamá…
-Ella me pidió que no te presionara en algo que no sientes, teme que pienses que es ella quien me manda a intervenir.
-Así?
-Sí, ya no quiere que te alejes más de ella, al menos te quiere como amigo, incluso piensa que por mi culpa podrías despedirla.
-Sabes que no haré eso; pero me alegra que haya entendido que sólo puedo ofrecerle mi amistad.
-Por lo menos yo seguiré viéndola, me agrada tanto! Creí que estaría resentida conmigo por lo que le hiciste. – el castaño volcó los ojos al oír a su madre. – pero me pidió si podría seguir visitándome.
-Sería tonto que terminen su amistad sólo por "lo que le hice". – enfatizó lo último ganándose una mirada seria de su madre.
-Antes que discutamos, vine a decirte que pronto será el cumpleaños de tu padre, la fiesta será en un mes, así que agéndalo para que no se te olvide.
-Lo haré, pero sabes que nunca olvido el cumpleaños de papá. Estaba esperando la fecha exacta.
-Lo sé cariño, te esperamos a las ocho, ya sabes será formal.
-De acuerdo. Algo más?
-Llevarás a alguien? – Terry la miró elevando una ceja. - Debes decírmelo, debo saber el número de invitados.
-Y desde cuando cuentas los cubiertos?
-Terry, sabes que debo preparar todo, donde crees que sentará a tu invitado si llega de improviso.
-Aún no sé si llevaré a alguien, señora organizada.
-No me llames así. Siempre he contado a los invitados, eso es estar al tanto en la organización de una fiesta.
-Está bien, está bien. Te informaré si voy acompañado.
-De acuerdo cariño, ya tengo que irme.
-Adiós mamá, saluda a mi padre de mi parte.
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Sintió cuando Terry acarició y beso su espalda antes de llegar al clímax, y ese simple toque produjo que ella también lo alcanzara con él. Cayó rendido sobre ella, estaba agotado, era la segunda vez aquella noche; Candy estaba exhausta, le encantaba tener sexo con Terry, él era tan apasionado que nunca la dejaba desconforme, es más, siempre la dejaba con deseos de más. Permanecieron recostados en la misma posición, sin decir nada durante unos minutos hasta que sus respiraciones se normalizaran.
- En dos semanas será el cumpleaños de mi padre.
-En serio? Supongo que no nos veremos ese día.
-En realidad quiero que me acompañes.
-Terry… es algo familiar y nosotros…
-Candy, necesito una pareja.
-No lo sé… tenemos reglas.
-No voy a presentarte como mi novia, iremos como amigos.
-Deja que lo piense, ok?
-Quieres que te convenza? – le dio la vuelta y se posicionó sobre ella con una sonrisa de lado.
-Ah Terry! – dijo riendo de la acción del castaño. - no vayas a dejarme marcas - él comenzó a besar su cuello.
-Lo haré si no aceptas.
-No aceptaré si lo haces, aun no desaparecen las que me hiciste la última vez.
-Agradece que lo hice donde puedas cubrirlo. – iba bajando nuevamente.
-Ya te dije que no me gusta que me marques. – tomó su rostro e hizo que la viera. – sabes lo que significa.
-No lo hago con esa intensión, lo sabes.
-Sí, pero a ti te gustaría que te marque?
-Si te nace hacerlo, sólo hazlo, no voy a detenerte.
-En serio?
-Sólo hazlo donde pueda cubrirlo. – dijo con una sonrisa.
-No lo haré. – sin darse cuenta acarició su rostro y lo miró con melancolía.
-Por qué?
-Porque es algo de pareja… y esto terminará pronto.
-Desde que iniciamos esto. – se levantó molesto – no dejas de repetirlo. Lo recuerdo Candy, en cada conversación que tenemos me recuerdas que pronto te irás.
-No quiero que te olvides de eso, es todo.
-No lo haré. – se puso su pantalón.
-A dónde vas? – cuestionó preocupada al verlo salir de la habitación. – Terry… - no le contestó.
Candy salió de su recamara envuelta sólo con una sábana, encontró a Terry en la cocina sacando algo para comer.
-Quieres? – le ofreció su emparedado.
-Sabes que si comes cada vez que tenemos sexo, engordaras.
-No me preocupa eso, además antes de comer quemo muchas calorías. – lo dicho produjo un sonrojo en la rubia, ya tenían una semana saliendo, y cada noche terminaban en el departamento de la rubia.
-Siempre comes después del sexo?
-No; pero últimamente me da hambre. – dio un gran mordisco a su emparedado. – tú te preocupas mucho por el peso, verdad?
-No es que me preocupe mucho; sólo no quisiera engordar.
-Candy, ni aunque te comas una res entera engordarías, eres muy delgada.
-No lo soy tanto.
-Toma. – le ofreció su emparedado y la rubia sin rechistar le dio un mordisco.
-Está delicioso. – Terry acercó su rostro al de ella y dejo un tierno beso en su frente.
-Entonces, irás conmigo a la fiesta de mi padre?
-Sí. – dijo bajito.
-Gracias, sabía que podía contar contigo. – metió en su boca el último pedazo del emparedado.
-Terry…?
-Dime.
-Ya me dio hambre, podrías preparar un emparedado para mí?
-Cómo usted ordene, mi lady.
-Creo que contigo voy a engordar mucho. – se quejó mientras lo veía prepararlo. – siempre me obligas a comer demás, y emparedados a media noche?
-No te preocupes, yo mismo te ayudaré a quemar calorías. – y así lo harían, esa noche se acostarían tarde, por suerte para el castaño no trabajaba los fines de semana.
-Buenos días dormilona. – tocó su nariz al ver que la rubia ya despertaba.
-Buenos días grandulón. – se desperezó como si fuera una gatita. – Qué hora es?
-Las once.
-Ya te irás?
-Quieres que lo haga?
-No, quiero que te quedes todo el día.
-Entonces lo haré. – se acercó para besarla. – quieres que pida algo para desayunar?
-O podríamos prepararlo nosotros mismos.
-Sabes cocinar?
-Cosas simples. Nunca aprendí a preparar platillos complicados.
-Quieres que te enseñe?
-Acaso, sabes cocinar?
-Tuve que hacerlo.
-Por qué?
-Cuando viví solo en Nueva York. Un día enfermé por algo que comí en la calle, así que preferí preparar mi propia comida.
-En serio? – cuestionó preocupada cuando lo vio asentir.
-Por suerte no fue algo grave.
-Me alegro. Entonces hoy cocinaremos.
Entre juegos y besos prepararon el almuerzo, porque el desayuno lo ordenaron, ya que Terry la acorraló con su cuerpo para iniciar nuevamente un acto de seducción, deseo, y aunque que lo reconocieran, de amor.
-Come un poco más. – insistió Terry.
-Ya estoy satisfecha.
-Candy, debes alimentarte mejor, sólo comiste la ensalada.
-Estoy bien.
-Cuando estábamos en el colegio hacías lo mismo.
-Por eso me invitabas a comer?
-Por eso y porque me gustaba pasar tiempo contigo.
-A mí también me gustaba estar contigo, gracias a ti pude sobrellevar todo lo que me estaba pasando.
-Tenías problemas familiares? Recuerdo que tu padre era muy exigente contigo – dijo con tristeza acariciando su mejilla.
-Después de la muerte de mamá, mi papá se distanció bastante. Creí que yo lo provoqué con mi actitud.
-Cómo?
-Un día me dijeron que mi padre y Melina, su esposa, ya sostenían una relación cuando mi madre todavía vivía. – Bajó la vista a su plato – entonces me molesté y… bueno, comencé a tratar mal a Melina a hacerle desplantes logrando que mi padre se molestará conmigo, o eso creí.
-Qué quieres decir? - Candy lo miró atentamente, decidiendo si contarle todo o no.
-Papá sólo estaba molesto porque lo creí capaz de algo así.
-Ya te dio hambre? – dijo divertido al ver que Candy se llevaba una gran porción de pasta a la boca, sabía que no era todo, pero le daría tiempo.
Comieron en silencio a partir de ese momento, Terry tenía tantas preguntas para la rubia, pero no quería que el ambiente se arruinara. Nunca había estado así con ninguna mujer, siempre se había limitado a llevarlas a comer y después al departamento de las jóvenes, incluso con sus novias había sido de esa manera, siempre ponía una excusa para no ir a su departamento y quedarse con ellas; pero con Candy era diferente, a ella le había invitado a quedarse en su departamento; sin embargo la rubia rechazaba la oferta e insistía en quedarse en el suyo.
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Doble capítulo. Ya no las haré esperar.
Un abrazo a distancia, se cuidan mucho.
