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El timbre sonaba insistentemente, la rubia se preguntaba quien tendría tal urgencia para llamar de esa manera; así que, con pasos rápidos se encaminó a la puerta para abrirla y ver al visitante.

-Karen...

-Por qué no me lo dijiste!? – Karen se lanzó al cuello de la rubia bañada en lágrimas. – por qué no confiaste en mí…?

Archie le había contado todo lo que estaba pasando con Terry y Candy; Karen quiso salir a buscar a la rubia en ese instante, pero su esposo le había detenido, pues ya era tarde y seguro Terry ya estaba con Candy, así que temprano la mañana siguiente salió con dirección al departamento de la que había sido su mejor amiga en la secundaria.

-Karen… lo siento…

-Debiste decirme… yo te juzgué injustamente… creí que no te importaba nuestra amistad…

-Tú fuiste mi única amiga… y gracias a ti conocí a Terry y tuve la amistad de Archie, Stear y Anthony… yo no quería que su último año sea amargo…

- Lo fue cuando nos dejaste, eres una tonta Candy. Cómo pudiste hacernos a un lado cuando necesitabas nuestro apoyo.

-Terry me dijo lo mismo – una leve sonrisa se dibujó en el rostro de ambas mujeres.

-Pues tiene razón, no vuelvas a hacernos eso, estaremos contigo a partir de ahora.

-Gracias…

Karen se quedó toda la mañana en el apartamento de Candy, recordaron los días en la escuela, Karen le contó sobre su noviazgo con Archie, como le había pedido que se casara con ella y cuando se casaron. Candy le contó todo lo que había pasado en el hospital, la castaña le escuchaba mientras lágrimas salían de sus ojos.

-Así que ahí se hicieron amigas…

-Sí, después de la muerte de Annie, Amy me visitada regularmente; quería que le contara como era su hermana cuando ella no estaban juntas.

-Es triste que haya perdido a su hermana siendo tan joven.

-Annie quería que Amy se enamorara, creía que lo haría en la universidad; sin embargo lo hizo mientras nos visitaban.

-Tom.

-Sí, a veces Tom me visitaba junto con Paty y en varias ocasiones coincidieron… fue una sorpresa para nosotras enterarnos que eran novios.

-Me di cuenta que se aman realmente, Annie se habrá puesto feliz que su hermana encontrara a alguien como Tom.

-Creo que fue Annie quien los unió, así como creo que ella me ayudó a volver con Terry – pensó lo último.

-Qué haces aquí Klaise? – Terry había llegado temprano, se acercó a Candy para darle un beso en la frente.

-No vine por ti, estoy hablando con Candy, así que déjanos solas.

Terry salía temprano del trabajo, a la hora del almuerzo, y se iba directo al departamento de Candy, comían juntos, salían a caminar y veían televisión antes de acostarse. Candy los miraba con una sonrisa, no importaba las palabras que se dijeran o la rudeza con que la hicieran, Karen y Terry se querían, en verdad eran muy buenos amigos.

-Bueno, agradecemos tu visita; pero creo que ya es hora de ir a ver a tu esposo.

-Terry! no seas grosero. – lo regañó la rubia, mientras él se dirigía hacia la cocina.

-Eres un idiota Granchester! Será mejor que me vaya. – se puso de pie. – adiós Candy.

-Gracias por tu visita Karen, disculpa a Terry. – se despidió la rubia.

-No te preocupes ya estoy acostumbrada a sus groserías. Te llamo mañana.

Una vez que la castaña se fue, la rubia se dirigió hacia la cocina en busca del castaño. – que pasó? – tenía el ceño fruncido parecía perdido en sus pensamientos que no escuchó a Candy. – Terry… pasó algo? – Terry la abrazó con fuerza, nada más recordar lo que Michelle le había dicho, le dio pavor.

-Nada, ya conoces a Karen, es una exagerada. – acarició su rostro con su mejilla. – vamos a comer?

-Estás bien?

-Lo estoy ahora. – beso su mejilla – ya comiste?

-No debí llamar a tu oficina… te interrumpí?

-Ya te dije que nunca interrumpes, es sólo que pasó algo que me molestó con un empleado, es todo.

-Algo grave?

-No, ya lo resolví.

-Me alegro que ya lo hayas resuelto. – posó su mano en la mejilla masculina – sabes? tengo que llamar a papá para informarle.

-Lo harás más tarde. Qué te parece, si ahora vamos a comer, tengo dos días para engordarte y que estas mejillas – las pellizcó – tengan más color. No quiero que tú padre piense que no te cuido bien y quiera llevarte de vuelta a América, algo que no permitiré, a menos que sea necesario.

-Me tendrás cautiva? – se abrazó a él.

-No será necesario, serás una prisionera voluntaria. – le sonrió de lado y antes que ella conteste agregó – recuerda que tenemos una apuesta que yo gané.

-Qué apuesta?

-Si yo te ganaba en promedio serias mi esclava durante un mes.

-Primero: no me ganaste en promedio; segundo: era una semana.

-Te gané, llegue a primer lugar de la clase y segundo te cobraré intereses. Y eso que estoy siendo considerado. Cinco años… - llevó su dedo al mentón calculando – creo que los intereses son muy bajos, serán…

-No puedes hacerme una rebaja?

-No lo sé… y que gano yo?

-Tendré una cita contigo y me comeré todo lo que me prepares.

-Voy a analizar tu propuesta. – la tomó de la cintura para levantarla y besarla como lo había deseado desde que llegó.

El resto de la semana pasó con rapidez, el sábado llegó y sus amigos estuvieron durante la mudanza, como Candy sólo llevó su ropa y algunas cosas, no tardaron mucho; así que más parecía una reunión que mudanza.

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Ya estaban solos, sus amigos se habían marchado una vez terminada la mudanza y compartir un almuerzo.

- Samuel llamó. – miró al castaño, estaba atento a lo que iba a decir. – mañana llega a Londres y el lunes me examinará.

-De acuerdo, iré contigo.

-Pero… la empresa.

-Ya te dije que trabajaré desde casa, y antes de que digas algo – se apresuró al ver que la rubia iba a decir algo. – Archie, Anthony y Stear estarán a cargo, juntos llevamos la empresa, así que todo estará bien. Confías en ellos, verdad?

-Tramposo… se acomodó junto a él en el sofá – no dudo de su capacidad, es sólo que… no quiero que te pase lo que a papá.

-No pasará nada, si es necesario mi presencia en la empresa, iré.

-Lo prometes?

-No dejaría que la empresa fracase, tendré que mantenerte en el futuro, y tú está acostumbrada a lo mejor.

-No es cierto, con que me lleves de viaje en primera clase cada verano y me compres una gran mansión, estaré bien. – le guiñó un ojo.

-Creo que me enamoré de una señorita snob. – la recostó en el sofá – la convertiré en una mujer humilde, mi lady.

-Ah! Jajaja Terry! – Candy reía mientras escapaba de los besos que el castaño intentaba darle en el rostro. – no! Quiero una enorme mansión… jajaja.

-Antes que te compre tu mansión, que te parece si primero estrenamos nuestra nueva vida.

-Me parece bien. – rodeó su cuello y se acercó para que al fin alcanzara sus labios.

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-Ya basta Eleonor!

-No podemos permitir que Terry arruine su vida!

-Es su vida, no podemos interferir en ésta.

-Richard…

-Escucha… nuestro hijo es inteligente, no creo que escoja mal a su pareja; además, acaso no te has dado cuenta de su cambio?

-Es que… yo sé que Michelle es perfecta para él, con ella será feliz.

-No, tú serás feliz teniendo a una nuera que le guste las mismas cosas que a ti; pero a quien le tiene que gustar es a nuestro hijo.

-No voy a apoyar esa relación. – dijo con terquedad.

-Entonces perderás a tu hijo, recuerda que Terry tiene un carácter indomable y terco.

-Tú lo apoyas? Deberías estar de mi lado.

-Estoy del lado de la felicidad de mi hijo, y con Candy lo vi sonreír más veces en una noche de los que lo hizo durante su noviazgo con Michelle. – se acercó a su esposa – Ellie, Terry ya no es un niño, él decide lo que es mejor para su vida, porque al final será él quien viva lo que elija.

-Tienes razón, ya no voy a meterme en su vida, no quiero perder a mi hijo. – cruzó sus brazos en el pecho. – pero si Candy lo lastima te echaré a ti la culpa.

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Candy se acercó a él y lo besó con lentitud acarició su pecho mientras bajaba y le quitaba la polera negra que vestía el castaño.

-Qué haces? – acariciaba el vientre de la rubia.

-Dejarte en las mismas condiciones que yo. - Dijo besando su cuello.

-Deja que te ayude con eso. - Con rapidez Terry se quitó el pantalón mientras Candy seguía besándolo.

-Deja que cierre las cortinas.

-Podemos darle a los vecinos una función gratis. – sonreía de lado mientras Candy se sonrojaba.

-No me recuerdes eso… - dijo cerrando las cortinas del gran ventanal, recordando que la última noche en el departamento de la rubia; mientras Terry le quitaba la blusa, se dieron cuenta que los vecinos del edificio contiguo los habían estado observando.

-Ven aquí. – la tomó de la cintura y la sentó a horcajadas mientras la besaba con tal desesperación que a Candy le costaba seguirlo, sus manos hábiles la despojaron del sostén.

Candy lo despeinaba entre jadeos, Terry recorría su cuerpo de arriba hacia abajo, era tan suave que le encantaba ese contacto, bajó sus labios y se apoderó de uno de los senos de la rubia, entreteniéndose con él unos minutos para luego pasar al otro, Candy curvaba su espalda dándole al castaño mayor facilidad para su acción, estaban segados por la pasión; los movimientos de ella despertaban aquel elemento imprescindible para llevar a cabo el acto de unión entre ambos, lo sentía, podía sentir la exigencia de su miembro, que gritaba por ser participe activo del momento.

-Terry… ya no aguanto más…

-Yo tampoco… ven.

Puso de pie a la rubia mientras se quitaba el bóxer, cuando Candy lo vio, como lo hacía últimamente, se mordió el labio inferior; sus ojos cambiaron de un verde esmeralda a uno mucho más oscuros por el deseo. Terry extasiado por provocar todo eso en la rubia sonrió de lado satisfecho por encender a la rubia, así como ella lo hacía con él. Pasó sus dedos por el encaje de la ropa interior de la rubia, y con la seducción que lo caracterizaba, lo fue bajando lentamente, cuando ya estaba libre de éste, posó sus labios ahí donde su centro se encontraba, un gemido fuerte salió de la garganta de la joven antes de que él la volviera a posicionar sobre su cuerpo. Con sus manos en las caderas femeninas le indicó que debía moverse, ella gustosa tomó el mando en esa ocasión observando el rostro del castaño, veía como se mordía los labios evitando soltar algún gemido que ella le provocaba, entre juego aumento la velocidad de sus movimientos.

-Vamos Candy...

-Terry… -gemía la rubia lista para alcanzar la cima de placer.

Ya no aguantaría más así que Terry tomó nuevamente las caderas de Candy y la ayudó a moverse más rápido, sus respiraciones se aceleraron, los gemidos se mezclaron, sus cuerpos estaban perlados de sudor por todo el ejercicio que estaban haciendo hasta que con un último movimiento de caderas, ambos dejaron salir un gemido de satisfacción llamando el nombre del otro. Rendida Candy cayó sobre el pecho del castaño, él la rodeaba con los brazos para que no se alejara, quería seguir sintiéndola, permanecer unido a ella un poco más.

-Por suerte traje mucha comida. – dijo Terry cuando al fin sus respiraciones se normalizaron.

-Creo que ya lo tenías planeado, cierto?

-Soy precavido, es todo.

-Bueno señor precavido, vamos a la habitación, estoy cansada y quisiera dormir.

-No seas aguafiestas, Candy… traje mucha comida y sabes lo que eso significa.

-Ayudarte a guardar todo en recipientes?

-Qué vamos a quemar calorías toda la noche, señorita bromista. – dijo cargándola y así desnudos la llevó a la habitación, donde tenía planeado muchos encuentros apasionados.

El nuevo día llegó y como cada mañana desde que dormía con ella, Terry estaba observándola dormir; pero ahora lo hacía con una enorme sonrisa, pues su Candy estaba en su cama, en el apartamento que les pertenecería a los dos a partir de ahora.

-Buenos días, bonita.

-Hola guapo. – con una leve sonrisa acarició la mejilla del castaño.

-Hambrienta?

-Por tu culpa, sí. Qué hora es?

-Hora de desayunar. Ven vamos a la cocina, compré las cosas que te gustan.

-Te amo tanto Terry. – pensó la rubia mientras lo veía ponerse de pie.

-Quieres café o té?

- Café, vaya! creo que exageraste, fruta, panes, galletas. A cuántas personas pensabas alimentar?

-A una rubia pecosa que pienso engordar.

-Y lo harás pronto con esta dieta.

-A mí me gusta; sexo, buena comida… qué más puedo pedir?

-Tendrás que comprarme ropa nueva, porque la que tengo no va quedarme con todo lo que me haces comer.

-Gustoso te compraré ropa, y si quieres te acompaño, me encantará verte mientras te la pruebas – beso su espalda.

-Si te portas bien, voy a llevarte conmigo y enseñarte lo que me mida. – guiñó el ojo derecho con coquetería.

Candy se comió todo lo que Terry había llevado para ella. Se sentía mal por hacerlo pasar por todo aquello, internamente se reprochaba ser una egoísta; pero lucharía para permanecer con él, aunque tenía miedo, se prometió a sí misma ser fuerte y hacer feliz a Terry todo el tiempo que le quedaba, y esperaba que fuera mucho.

-Papá? – Jonathan llegó ese domingo al departamento de Terry, quien le abrió la puerta y saludó con respeto.

-Hola cariño. Cómo estás? – su padre se acercó a una sorprendida Candy para abrazarla.

-Qué haces aquí? Cómo supiste la dirección?

-Yo se la di, ayer llamó mientras dormías.

-Estoy enfadado. Por qué no me informaste qué te mudarías? Llegué ayer y me enteró que dejaste el departamento.

-Lo iba a hacer. Lo siento. Terry me dijo que lo hiciera y se me olvidó. – ambos hombres se miraron al darse cuenta de la excusa de la rubia para que su padre no tenga nada contra su novio, pues Terry le explicó que había sido su culpa que lo olvidara.

-No estoy enfadado con Terry, no después de lo que hizo.

-Quiere algo de beber señor White?

-No gracias, estoy bien.

-Qué hizo?

-Convencer a mi testaruda hija que continúe con su tratamiento, te parece poco?

-Supongo que no. – bajo la cabeza.

-Estoy feliz de que hayas recapacitado cariño, ya hablé con Samuel, te acompañaré el lunes.

-No tienes que preocuparte por eso papá, el bufete te necesita…

-El bufete no es más importante que mi única hija, ya cometí un error hace años, no lo volveré a hacer.

Esa tarde el padre de Candy se quedó con ellos para conocer mejor a Terry y ver que Candy esté bien y cómoda. Comprobó con sus propios ojos cuanto amaba el castaño a su hija, y aunque lo invitaron a quedarse con ellos, regresó a su hotel en la noche. Al día siguiente asistió con Candy y Terry al examen, que por lo avanzado de la enfermedad Candy debía iniciar pronto con el tratamiento, algo que la asustaba bastante; pero lo sobrellevaba porque Terry estaba con ella.

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Tengan una linda semana. saludos a todas las lectoras de esta historia.