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Candy había aceptado quedarse en el hospital esa semana, después de escuchar la conversación entre Terry y su padre lo consideró; además, no quería volver a asustar a su novio como lo había hecho aquella tarde.
Todos los días recibía visitas de sus amigas, Terry estaba con ella desde que despertaba hasta que se dormía, trató de persuadirlo para que no permanezca tanto tiempo en el hospital; pero nada de lo que le dijo consiguió que el castaño accediera; ahora estaba ahí, junto a ella nuevamente, eran las dos de la tarde y ella acababa de despertar, lo vio dormido su cabeza apoyada en la cama, agarrado de su mano, automáticamente llevó su mano al castaño cabello y comenzó a acariciarlo.
-Perdóname mi amor… perdón por hacerte todo esto – hablaba bajito para no despertarlo – quiero ser fuerte, quiero resistir… pero mi cuerpo no obedece… quiero alejarme de ti; pero no puedo… quiero estar junto a ti, mi amor… lo poco que me queda quiero estar a tu lado… perdóname por lastimarte como lo estoy haciendo… - la voz de la rubia estaba entrecortada por el llanto - prometo que no será por mucho… Terry… mi Terry, encontrarás a la mujer ideal para ti, ella te dará lo que yo no puedo, tendrás… tendrás una familia, hijos que se parecerán a ti... yo voy a ayudarte… desde donde esté, la pondré en tu camino… - decía bajito.
-Ya la encontré… a la mujer ideal – Terry no estaba dormido, él había estado escuchando todo lo que le decía, se controló para que un sollozo no escapara de sus labios – y si no es contigo, no lo quiero… no te rindas amor, si me amas como dices… no te rindas… no me dejes Candy, quiero tener una familia, sí. Pero contigo, ahora tú eres mi familia, y si llego a tener hijos será sólo contigo.
-Terry…
-No voy a discutir nuevamente contigo pecosa, ya lo hablamos… prometiste no abandonarme y mucho menos alejarme de ti; ya te lo había dicho, te arrebataré de quien quiera alejarte de mí. Acaso no ves que sólo tú me haces feliz?
Los jóvenes estaban inmersos en su conversación sin darse cuenta que alguien había escuchado todo desde el inicio.
15 minutos atrás.
Estaba molesta con Candy por hacer que su hijo pase por todo aquello; conocía el corazón noble de su hijo y estaba segura que una vez que supo sobre la enfermedad de su novia, no fue capaz de abandonarla; algo que a su parecer, la rubia lo aprovechó, y no era justo, él debía disfrutar de su juventud lejos de aquel hospital.
Al ver a su hijo tan delgado y ojeroso, quiso gritar de rabia contra la rubia, esa muchacha, a su parecer, era realmente egoísta, acaso no veía lo que le estaba haciendo a Terry? Pero ella lo arreglaría, no permitiría que su hijo sufriera, ella estaba ahí para ayudarlo y protegerlo. Cuando estaba por abrir la puerta la escuchó hablar y al abrir un poco vio a la rubia acariciando el cabello de su hijo, quien parecía haberse quedado dormido. Las palabras de la rubia la conmovieron; pero las de su hijo le abrieron los ojos, su hijo era feliz con Candy, era él quien le pedía quedarse a su lado, no al revés. No quería ni pensar en lo que sería de él si la joven moría. Antes de presentarse con la pareja trató de tranquilizarse, respiró profundo, se secó las lágrimas y una vez que los jóvenes se habían tranquilizado, tocó la puerta.
-Adelante. – la voz de Terry se escuchó y al ver a su madre se sorprendió. – mamá?
-Hola cariño, vine a visitar a Candy.
-Cómo está señora Granchester.
-Estoy bien, algo hambrienta, pero bien. – le sonrió mostrando su hoyuelo, uno que su hijo había heredado. – Terry cariño, podrías conseguirme un emparedado?
-Mamá…
-No te preocupes, me quedaré con Candy. – lo interrumpió con tono inocente.
Terry estaba renuente en dejar a su madre con Candy, pues sabia la posición de su progenitora con respecto a la relación que tenía con la rubia; pero su novia lo miró con una sonrisa y una mirada de confianza, que le decía que todo estaría bien; así que, asegurando volver enseguida dejó la habitación; aunque no iría muy lejos, se quedaría junto a la puerta, para intervenir si su madre llegaba a agredir a su novia.
-Disculpa que haya echado a mi hijo, pero quería hablar a solas contigo.
-No… no se preocupe señora Granchester, entiendo por qué lo hizo.
-Enserio? – la miró fijamente. – sabes que vine a pedirte que te alejes de mi hijo?
Candy bajo la cabeza, sabía que le pediría eso. Desde el principio se dio cuenta que no era del agrado de la madre de Terry, para Eleonor Michelle era la mujer ideal para él.
Al otro lado de la puerta, Terry tenía los puños apretados su mirada era dura estaba realmente enojado, quería entrar y sacar a su madre de ahí; sin embargo decidió no hacerlo, quería saber que respondería su novia y que más haría su madre.
-Señora Granchester, cada día considero esa opción, lo último que quiero es lastimar a Terry; pero todos los días, a cada momento me dice lo feliz que yo lo hago, sin importar mi condición… así que, no puedo hacer lo que me pide, le prometí nunca dejarlo, no quiero volver a cometer el mismo error de hace años… yo haré todo para recuperarme; pero si al final no lo logro, al menos podré despedirme de él y pedirle que me olvide y avance… - las lágrimas de la rubia nublaban su vista. Terry también lloraba; ella no lo abandonaría, cada día temía que ella lo echara de su vida, pero ahora estaba seguro que ella no se alejaría nunca más.
-Vine a pedirte que dejes a mi hijo… - volvió a repetir, Terry estaba por entrar cuando escuchó a su madre nuevamente – no quiero que sufra; pero al parecer sufrirá más si lo dejas. Candy, yo sólo quiero la felicidad de mi hijo… así que, haz todo para que lo sea. No tengo nada en tu contra, sólo te pido que lo obligues a alimentarse, está muy delgado y me duele verlo así.
-Gracias… gracias por no alejarme de Terry.
Cuando Eleonor escuchó la conversación de su hijo con Candy, y notar el amor del castaño, supo que la única que perdería a Terry sería ella, conocía el carácter de su hijo sabía que nunca le perdonaría si alejaba a Candy de él; así que no le quedó más que aceptar a Candy como futura nuera.
Las dos rubias estaban conversando cuando Terry entró a la habitación con el emparedado para su madre y uno que él ya estaba devorando, no le daría motivos a su madre de tener algo en contra de su novia.
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-Cómo estás bonita? – una suave voz la recibió en cuanto abrió los ojos.
-Anthony… cómo estás? – una leve sonrisa apareció cuando vio a su visitante.
-Aprovechando que el acaparador de Terry está comiendo para estar un rato contigo.
-No es acaparador… sólo controlador. – le guiñó el ojo. – hace cuanto se fue?
-Hace cinco minutos, - la miro con una linda sonrisa traviesa – al parecer tú también eres una controladora.
-No! Yo sólo… yo me sorprendí de no verlo aquí, es todo.
-Era broma bonita. No tienes por qué justificarte… mira lo roja que te pusiste.
-No lo hago, hace calor es todo. – se tapó la cara con la sábana.
Al rubio le encantaba estar con Candy, podía hablar fácilmente con ella, incluso notó que manejaba el mismo humor que su amigo, así que entendía porque se complementaban tan bien, Terry y ella estaban hechos el uno para el otro.
Mientras esperaban a que el castaño regresara se pusieron al día con sus vidas, Anthony le contó lo bien que iba su relación con Sasha y ella le contó lo que había hablado con Eleonor, el rubio se molestó al principio; pero después se alegró por qué al fin aceptaba la relación de sus amigos.
- Me alegra que le hayas dejado en claro que no dejarás a Terry, es obvio que se aman y que ambos se necesitan.
-Tuve miedo al decírselo… creí que me gritaría lo egoísta que estaba siendo; me sorprendí con su respuesta de aceptación.
-Eleonor sólo se preocupa por su hijo, no es una mala mujer.
-Lo sé. – aseguró convencida - ahora dime cuando le pedirás a Sasha que se case contigo?
El joven se puso rojo con aquella pregunta, pero le respondió con una sonrisa de felicidad, le encantaba ver a Candy animada y también curiosa, a su parecer era entrometida; pero una muy tierna.
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-Habla ya Samuel. Dime que todo va bien con el tratamiento de mi hija. – la angustia en la voz de Jonathan demostró la desesperación que sentía por tener buenas noticias.
Jonathan, Ferbuson y Terry, estaban en la oficina de Samuel Smeath, el médico los había citado para hablar sobre el estado de Candy.
-Hasta ahora sólo hemos podido controlar la enfermedad - el alivio que sintieron los tres hombres frente a él duró unos segundos nada más – pero tenemos que parar, Candy no resistirá el tratamiento, la quimio está atacando otros órganos, a este paso ella…
-No lo diga, mi nieta es fuerte, tiene que haber una solución.
-Lo único que nos queda es el trasplante de medula.
-Entonces hágalo, que es lo que está esperando! – Terry se impaciento con la actitud de los hombres - si había esa opción por qué no lo hicieron desde el inicio!?
-Crees que no lo intentamos? Tenemos que ser compatibles para que pueda aceptar la médula, de otra manera la mataremos.
-Entiendo que ninguno de ustedes es compatible, algún primo, tío o tía, ellos pueden ser compatibles.
-En casos aislados así es… - Jonathan dejó caer los hombros, derrotado – pero generalmente, el padre, la madre, uno de ellos es compatible, y si no… algún hermano.
-Entonces que espera? Obviamente usted no es compatible, su madre murió hace años – la voz de Terry se oía desesperada y molesta - entonces, que le parece tener un hijo con su esposa, tal vez él sí sea compatible con Candy, así podría salvar a…
-Eso lo hubiera hecho desde el primer instante que nos enteramos de la enfermedad! Acaso crees que dejaría sufrir a mi hija simplemente por qué no quiero tener otro hijo! - era la primera vez que Terry veía a su suegro perder el control – Candy no es mi hija!
Terry quedó en shock, esa era una información que no se esperaba; Candy nunca le había dicho que era adoptada, Samuel al ver la situación salió de su oficina para que los hombres puedan hablar; conocía a Jonathan desde la escuela, eran amigos desde entonces y cuando se enteró de la enfermedad de su hija decidió ser él quien la tratara.
-La adoptó? Si buscamos en el orfanato tal vez…
-Cuando nos enteramos de su enfermedad Candy tenía 15 años, siguió un tratamiento que estaba dando resultados, pero... se complicó, la opción era el trasplante, nos hicimos los análisis para ver quién sería compatible con ella, pero… ahí supe que no era padre de Candy… Rose me había engañado, y lo peor es que se llevó el nombre de su padre a la tumba…
-Usted… – miró al abuelo de Candy. – no sabe?
-Si lo supiera, no estaríamos en esta situación, mi hija supo guardar muy bien su secreto. Todo este tiempo hemos estado investigando con sus amigas para saber si alguna de ellas sabe algo; pero no tuvimos éxito. La única persona que podría ayudarnos, era María, su nana y confidente, murió hace dos años.
-Tiene que haber alguien… no podemos simplemente aceptar lo que pasará si no actuamos pronto… - entonces un nombre vino a la mente del castaño – Robert, mi tío. Él debe saber algo.
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-Dónde estabas? Creí que te habías ido a casa.
-No sin ti mi amor.
- Al fin volveré a casa. – la sonrisa de Candy destrozó el corazón de Terry, habían acordado no decirle nada hasta que él pueda hablar con su tío.
-Estaba preparando todo para llevarte conmigo, contraté una enfermera.
-Terry, no es necesario...
-Lo es amor, no permitiré que vuelva a pasar lo de la última vez.
-Pasa algo malo, verdad? – lo miró esperando una respuesta, al no llegar ésta - Terry?
-Nada amor, todo está bien.
-Terry, dijimos sin mentiras, acordamos contarnos todo, Lo recuerdas?
-Por ahora dejaras la quimio…
-Ya está afectando otros órganos, cierto? – él la miró – cuando el cáncer volvió, Samuel me explicó lo que podría pasar.
-Candy…
-Luchamos Terry… y… perdimos…
-No Candy! Aun no te rindas, hay una oportunidad yo…
-Supongo que ya sabes que Jonathan no es mi verdadero padre.
-Lo sé amor, pero encontraré a tu…
-No! Ya no Terry, estoy cansada; mi madre no dejó pistas, desde hace años papá lo está buscando y no encontró nada.
-Qué pasa aquí? – cuestionó el padre de Candy.
– Estás bien cariño? – Ferbuson se acercó a su nieta al ver que estaba llorando, entonces miró con reproche al castaño.
-Papá, abuelo… estoy bien, ya sé lo que está pasando… - vio la mirada acusadora que ambos hombres le dedicaron al castaño; así que rápidamente añadió – lo supuse cuando me dijiste que volvería a casa, Samuel me dijo lo que podría pasar con la quimio.
Esa noche Candy regresó al departamento de Terry, su padre y abuelo trataron de persuadirla de quedarse con ellos en departamento que había ocupado antes la rubia; pero ella no cedió, quiso volver con su novio.
-Yo… dormiré en la otra habitación.
-No! Por favor Terry, quédate conmigo.
-Estaba rogando que me lo pidieras, creí que querías estar más cómoda.
-Estoy cómoda junto a ti. Ven. – le hizo un espacio en la cama, cuando el castaño se acomodó junto a ella lo abrazó y descansó su cabeza en su pecho. – yo… hoy me dio miedo; pero ya estoy bien, - levantó la mirada hacia Terry - te dije que lucharía hasta el final, y lo haré… te amo mucho Terry; pero si tu tío no sabe nada, aceptaremos lo que vendrá y nos concentraremos en disfrutar lo que queda de tiempo, de acuerdo?
-Candy, lo encontraremos.
-Pero si no, me llevarás de viaje y pasaremos el mejor momento de nuestras vidas.
-Ya tengo planeado un viaje; pero ese lo haremos mucho más adelante, así que no busques que acepte rendirme. – antes de que ella refutara la besó acallando lo que quería decir, no permitiría que se despidiera, ni que planeara lo que haría sus últimos días, aun había una luz de esperanza, sólo rogaba que su tío lo amara más de lo que odiaba a Jonathan White.
Estaba en la tina dándole la espalda a su novio, éste le pasaba una esponja sobre la blanca piel, de momentos besaba con ternura aquellos moretes que tenía por las agujas, esa noche llegaría su tío a Londres, le rogaría si fuera posible; pero conseguiría la información que tanto deseaba.
-Hoy el bebé dio una patadita.
-En serio? Karen está enorme.
-Sí, yo pensé lo mismo al verla. – dijo sonriendo – pero se ve hermosa, Amy apostó que eran trillizos, y Paty dijo que serían gemelos, Karen casi muere de susto al escucharlas.
-Nosotros también apostamos, creo que Stear se puso de acuerdo con Paty, ya que él cree que serán gemelos.
-Y tú que dijiste?
-Que será un niño, uno grande.
-Yo también creo que será un niño.
-Nuestro ahijado será un niño grande, gordito y llorón, si se parece a su madre, claro.
-No seas malo Terry. – lo regañó – te gustaría que digan eso de tus hijos?
-Mis hijos serán lindos y pecosos como su madre.
-Ya te dije que no soy pecosa, son unos cuantos lunarcitos nada más.
-Sí besara cada uno de tus lunarcitos, me quedaría toda la noche haciéndolo.
-No exageres. – acarició el rostro del castaño y lo miró con ternura. – yo quiero que se parezcan a ti, que sean castaños y malhumorados. – lo picó.
-Así que malhumorado, eh?
-Ahh Terry! – dijo al sentir como la alzaba en brazos – vas a mojarte! – la puso en el suelo, y mientras besaba sus labios prendió la ducha, después de enjuagarse, la cubrió con una toalla.
-No quiero que te resfríes, sólo por eso no te llevó a la piscina del edificio para hacerte pagar por tus palabras.
-Eres muy considerado amor, por eso te amo.
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A las nueve de la noche Robert Granchester llegaba al departamento que tenía en Londres, sabía que su sobrino ya debía estar esperándolo, pues cuando hablaron por teléfono se oía desesperado que casi le rogó que regresara a Londres.
-Tanto tiempo sin verte sobrino.
-Tío, necesito tu ayuda.
Terry le contó todo lo que estaba viviendo con Candy. Le dijo el motivo del por qué le había pedido que regresara a Londres, le pidió su ayuda para dar con el verdadero padre de su novia. Robert sólo lo escuchaba, ya sabía que era novio de la hija de Jonathan, y aunque al inicio se sintió traicionado, su hermano le informó sobre el cambio que había tenido Terry al estar con la joven White.
-Y Jonathan está de acuerdo en que me cuentes todo esto?
-Tío, ya te dije, él quiere a Candy como si fuera su verdadera hija.
-No sé quién es el verdadero padre de tu novia. – las últimas esperanzas del castaño se desvanecieron con aquellas palabras.
-Tío, si lo haces para castigar la traición de Jonathan, te pido que en este caso pienses en mí. – le rogó – es mi novia de quien hablamos, por favor, hazlo por mí…
-No soy tan cruel como imaginas, no sería capaz de dejar morir a alguien simplemente porque odie a su padre. – dijo ofendido – si bien, conocí a Rose de joven, nunca fui cercano a ella. Éramos vecinos en Escocia, nada más; pero tal vez, él lo sepa. – dijo pensativo al decir lo último.
-Quien?
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-Señor Granchester, ya puede entrar.
-Gracias June. – con paso decidido cruzó la puerta de roble de aquella oficina, frente a él un hombre vestido elegantemente lo recibió con una sonrisa afable.
-Terry tanto tiempo sin verte! – saludó el hombre. – en que puedo ayudarte?
-Quiero que salves a tu hija.
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Ya casi llegamos al final, trataré de publicar pronto el próximo capítulo.
Se cuidan mucho.
