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Fue a pedir ayuda a su tío, si él odiaba tanto a Jonathan White lo más seguro era que conocía todos aquellos secretos que podrían lastimarlo, y un engaño como aquel, obviamente lastimaría su orgullo; así que, esperaba conseguir información con él. Sus esperanzas se vinieron abajo cuando Robert le dijo que no sabía nada sobre ese asunto; pero luego le dio una nueva esperanza para salvar a su novia.

-…pero tal vez, él lo sepa. – dijo pensativo.

-Quien!? – cuestionó exigentemente – Tío, si hay alguien que pueda ayudarme… - la desesperación en su voz era evidente.

-Lo conoces Terry…

El castaño estaba parado frente a la universidad en la que había pasado los cinco años de estudio profesional; ahora frente a la oficina de quien fue su tutor de tesis, y posteriormente se había hecho su amigo.

-Señor Granchester, ya puede entrar. – le habló la secretaria.

-Gracias June. – con paso decidido cruzó la puerta de roble de aquella oficina, frente a él un hombre vestido elegantemente lo recibió con una sonrisa afable.

-Terry, tanto tiempo sin verte! – saludó el hombre. – en que puedo ayudarte?

-Quiero que salves a tu hija, Albert.

-Cómo?

-Albert, recuerdas a Rosemary Giobsan? Hija de Ferbuson Giobsan… de Escocia…

-Rose? – dijo sin entender lo que el joven decía. - Terry, habla claro, por favor.

-No estaba seguro; pero ahora que te veo, Candy se parece tanto a ti...

-Candy… Candice? - entonces recordó todo lo que paso hace más de 20 años él había escogido ese nombre para su hija.

Flashback

-Te amo Bert, te amo tanto. – la joven de 17 años abrazó a su novio con fuerza.

-Yo también Rose. Hablaré con tu padre, haré que me acepte.

-No Bert, si papá se entera, me alejará de ti. Sabes lo que opina del matrimonio, para él, sólo es un medio para hacer buenos negocios. Bert… tengo miedo que nos descubra y nos separe.

-No lo hará; antes de que lo haga, nos fugamos.

-Y comenzaremos nuestra familia. – dijo ilusionada y emocionada.

-Terminaré una carrera y te compraré una casa.

-Tendremos hijos?

-Por supuesto, un niño a quien llamaremos…

-William, como tu padre.

-Y una hermosa niña, nuestra pequeña Candice.

-Le diremos Candy. Será hermosa. – comenzaron a imaginar la vida que tendrían juntos.

Seis meses después.

-No te cases Rose… - rogó el hombre. – huyamos…

-No puedo… papá firmó un contrato – dijo llorando. – no puedo irme contigo Bert… si lo hago perderíamos todo… quedaríamos en la calle.

-Entonces… entonces prefieres los lujos antes que el amor?

-No puedo… simplemente no puedo… Albert, no importa con quien me case, es a ti a quien amo y amaré siempre.

-Rose… - la joven lo besó con exigencia evitando que hablara, Albert se rindió ante el deseo y todo aquello que sentía por Rose. Esa noche, una antes de que la rubia diera el sí frente a un sacerdote, consumaron su amor una vez más; pero está vez, habría una dulce consecuencia.

Fin flashback

-Rose nunca me lo dijo…

-No sé cuáles eran sus motivos para no informarte sobre tu paternidad; pero ahora eso no importa, Candy está enferma…

-Qué tiene?

-Leucemia, dejó la quimio porque está afectando su cuerpo, si no hacemos algo… morirá.

Albert no preguntó más, esa misma tarde se hicieron los estudios, el que dio como resultado de 99.99% de probabilidad que era padre biológico de la rubia.

Jonathan, al saber los resultados, no lo odió ni tampoco a Rose, agradeció que al fin haya aparecido quien podría salvar a su hija.

Candy, por otro lado, se sentía culpable de aceptar a otro hombre como su padre.

-No te sientas culpable cariño, tú siempre serás mi hija. Agradezco que Albert haya aparecido finalmente para ayudarte.

-Papá…

-Candy, perdóname por ese año de abandonó y mal trato hija… no te odiaba a ti, es sólo que cuando estabas frente a mí… veía a tu madre y recordaba que me traicionó cuando yo le di todo mi amor. Me odiaba por alejarte de mí, por dejar que el rencor hacia tu madre ganará ante el amor que sentía por mi pequeña.

-No te sientas culpable papá. A mí me pasó lo mismo; odie a Melina al creer que ella era la culpable de todo y también a mamá, por lo que hizo.

-Cariño, Albert quiere hablar contigo. – al ver la duda en la mirada de su hija añadió – él también es una víctima de las circunstancias.

-Tienes razón. Creo que se lo debo, en especial ahora que va a ayudarme. – con un asentimiento y dejando un beso en la frente de la rubia, Jonathan dejó la habitación dando paso a un nervioso rubio.

-Hola Candy…

-Hola. – dijo tímida.

-Gracias por aceptar hablar conmigo… Yo no sabía de tu existencia. Si lo hubiera sabido…

-Me hubieras llevado contigo, verdad? – afirmó con una dulce sonrisa. – Terry me dijo que le habías dicho eso cuando habló contigo.

-Terry es un chismoso, yo quería decírtelo.

-Creo que te arriesgaste al confesarle ciertas cosas a mi novio.

-Tu novio… no puedo creer que tengo una hija que ya tiene novio…

-Y vivimos juntos.

-Oh por Dios! Con lo celoso que soy, la vida me pone esto en frente sin prepararme antes… siempre dije que no permitiría que nadie se acerque a mi niña.

-Eres celoso?

-Tanto, que rogaba primero tener un niño para que me ayude a cuidar a mi princesa.

-Jajajaja… - rio con ganas – no siempre pasa lo que planeas.

-Al menos estoy seguro que no pudiste encontrar a nadie mejor que Terry para compartir tu vida.

-Lo sé.

-Candy… - se puso serio, ya no estaba nervioso gracias a su pequeña charla. – sé que debe ser difícil para ti todo esto, ni siquiera yo me lo creo… pero quiero que me permitas conocerte. Por favor, déjame pasar tiempo contigo.

- Es raro todo esto… yo… no podré llamarte papá; mi papá, Jonathan…

-Te entiendo, no culpo de estos años perdidos a tu padre; al contrario, le agradezco mucho el que te haya cuidado aun sabiendo la verdad; pero yo… siempre soñé con que llegaras a mi vida, siempre quise tener una hija con Rose y la tengo; aunque me haya perdido tantos años junto a ti.

Candy lo miraba con una sonrisa, al inicio tenía miedo y se sentía culpable de ver a otro hombre como su padre; pero Albert le infundía confianza. Terry le había contado el tipo de persona que era, amable, responsable y sobre todo confiable.

Candy sabía, por su padre, que su madre se había casado a los 18 años, que su matrimonio era arreglado, él tenía 22 años entonces; ahora veía a Albert frente a ella y supo que era otra víctima de aquel destino. Con sólo 19 años no tenía nada que ofrecerle a Rosemary, no cuando ella estaba acostumbrada a la buena vida, una sin limitaciones ni carencias. Sabía que su abuelo nunca hubiera permitido que su única hija terminara casada con un hombre que no tenía posesiones, fue una pena que el dinero haya trazado el destino de una pareja que parecía amarse.

-Me gustaría mucho… yo también quiero tratarte y conocerte.

-Gracias. – su voz salió entre cortada.

Ya estaba lista para la trasplante de médula ósea y aunque estaba nerviosa, Terry estaba a su lado como siempre.

-Tengo miedo Terry.

-Todo saldrá bien amor, Albert y tú son compatibles, así que no hay nada que temer.

-Aun así.

-Candy… todo saldrá bien. – también lo decía para él mismo y la rubia se dio cuenta. – cuando todo terminé estaré a tu lado y luego te llevaré a casa para que prepares maletas y salgamos de viaje.

-Sabes que no podremos hacerlo hasta que nazca el hijo de Archie y Karen.

-Una vez que lo haga nada va a detenernos. – dijo vehementemente.

-Nada.

En la sala de espera, cuatro hombres esperaban que el médico saliera y les diera buenas noticias. Que dijera que todo había terminado y ella estaría bien. Mientras esperaban, Ferbuson se acercó a Albert para pedirle disculpas por lo sucedido.

-Si no hubiera sido tan duro con Rosy, nada de esto habría pasado.

-Creo que de nada sirve echarse la culpa. – Albert lo miró fijamente – todos cometimos errores; yo debí luchar, tal vez Rose esperaba que lo hiciera; pero al final di la vuelta y continúe con mi camino.

-Al parecer, mi nieta heredó eso de ti, ella es tan noble como tú. Nunca culpa a los demás por el daño causado.

-No soy tan bueno como cree, es sólo que ahora de nada sirve buscar culpables de algo que no podemos cambiar.

-Insisto, Candy se parece a ti.

-Gracias por eso, espero recuperar el tiempo perdido con mi hija y conocerla mejor.

-Vives en Londres, ella no se moverá de aquí… no, si Terrence vive aquí.

-Ahj… - se llevó las manos al rostro – no me recuerde eso, recién me entero que tengo una hija y ya me la quitan. – se quejó.

-Al menos eres joven, podrás disfrutar de los nietos más de lo que yo lo haré.

-Ah? Deje que primero me acerque a mi hija, hacerme a la idea que vive con un hombre, y que hay la posibilidad de que pase a ser abuelo.

Los hombres reían de esa posibilidad, estaban relajados, cuando escucharon a Amy y la vieron señalar hacia la puerta. Samuel se acercaba a ellos, al fin recibirían noticias de la rubia. El corazón de Terry palpitaba con fuerza, era posible que alguien en la recepción del hospital lo haya escuchado, estaba nervioso, ya quería saber que su amada rubia estaba bien y que pronto se la llevaría a casa y comenzarían una nueva vida juntos. Entonces vieron a Samuel sonreír.

-Todo salió bien… -las sonrisas y abrazos no se hicieron esperar; pero Terry estaba ahí, parado, como si no hubiera escuchado.

-Terry… - Anthony tocó su hombro, entonces todos se sorprendieron al ver como el castaño caía de rodillas al piso y llevándose las manos al rostro se puso a llorar. Eleonor quien estaba ahí para apoyar a su hijo junto con su esposo, se acercó a él para abrazarlo.

-Hijo… está bien, Candy se pondrá bien… - pero el castaño seguía llorando, no le daba vergüenza hacerlo, estaba feliz, su Candy viviría, ya no sufriría más; ahora dormiría tranquila sin despertar en la madrugada por dolores en el cuerpo; comería sin miedo a devolver todo lo ingerido; caminaría sin temor a desmayarse de repente.

-Mi pecosa… está bien mamá… ella está bien…

-Sí cariño, ella estará bien. – todos vieron el amor que Terry tenía por Candy, y podrían jurar que era algo único, que nadie nunca demostró jamás.

-Se quedará internada 48 horas, tenemos que monitorear que todo vaya bien; pero no se preocupen es para estar más seguros, es sólo rutina; Candy no tuvo complicaciones durante el proceso.

Y así como lo indicó Samuel, Candy recibió bien el trasplante, no tuvo ninguna complicación y al despertar al primero que vio fue a Terry junto a ella.

-Hola preciosa…

-Todo… todo salió bien?

-Como lo esperábamos, estarás bien, tanto que podrás trepar arboles si lo deseas.

-Yo… yo no hago eso, no soy un mono… - se quejó bajito.

-Por suerte no lo eres, te imaginas? Un mono pecoso?

-Terry… ya que estás en el hospital… que te revisen la vista, no tengo pecas. – se quejó – son lunarcitos, unos cuantos nada más…

-De acuerdo, no voy a contradecirte; sólo porque estoy feliz, aceptaré que son lunares.

-Lo son… - Terry la besó ya no aguantaba más, quería besarla como solía hacerlo; como Candy estaba cansada, tuvo que contenerse.

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Dos meses después.

Ese día hacia más frio que de costumbre, afuera la nieve caía; pero el joven castaño no prestaba atención a nada en el exterior, sus ojos estaban clavados en el rostro de una bella joven que dormía junto a él.

-Sigues haciendo lo mismo… - despertó la rubia – dijiste que dejarías de verme dormir.

-Ya te dije que me gusta ver los gestos que haces cuando roncas.

-Terry! No vuelvas a decir eso. – reclamó – si ese día ronque fue porque estaba muy cansada.

-No cariño, tú siempre roncas, estés o no cansada. – dijo riendo del reclamo de la rubia.

-Ayer hablé con papá, lo extraño tanto.

-Vendrá para año nuevo, ya no falta mucho para eso.

-Lo sé, es sólo que me acostumbre a su presencia. Tu tío vendrá a la cena?

-No lo creo, aún está molesto con tu padre.

-Papá está avergonzado por lo que le hizo, incluso prometió devolverle la empresa.

-Sí, me lo dijo. Tu padre le agradeció por la información, y le pidió disculpas por haberlo traicionado y quedarse con la empresa que habían fundado juntos.

-Tal vez con el tiempo vuelvan a ser amigos como antes.

-Es posible… tal vez Albert lo ayude con eso.

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-Apresúrate Archie!

-Ya voy cariño, deja que ponga esto en el auto.

-Yo soy más importante que ese asiento para bebés! De nada va a servirte si no nace tu hijo!

-Cómo vas cariño? Debemos contar el lapso entre contracciones…

-Ahhh! Pues ponte a contar! Te odio Archie! – Karen se puso a llorar – estás haciendo que sufra… ya llévame al hospital!

Archie condujo al hospital con nervios, quería correr para llegar pronto, pero no arriesgaría la vida de su esposa y la de su bebé, así que se tranquilizó y condujo con precaución, para su esposa fue como si condujera en medio del tráfico en las avenidas principales de Nueva York.

Cuando al fin llegaron al hospital, la castaña fue dirigida a maternidad, no había dilatado tanto como ella creía, así que tuvo que esperar unas cuantas horas más para conocer a su bebé.

-Archie…

-Chicos! Ya soy papá!

-Felicidades! – la primera en abrazarlo fue Candy.

-Gracias… no puedo creer que mi hijo ya nació…

-Lo creerás cuando lo escuches llorar a media noche. – dijo Terry burlón.

-Terry! – lo reprendieron Anthony y Candy.

-No le hagas caso, felicidades Archie.

-No te preocupes Anthony, nunca lo hago.

-Dónde está Stear? No le avisaste?

-Lo hice, ahora está en la cafetería, estuvo conmigo toda la noche, lo mande para que comiera algo y me trajera un emparedado.

-Felicidades Archie, ahora dime como es mi ahijado? – cuestionó el castaño con un abrazo.

-Te lo diré sólo porque estoy feliz… - dijo con falsa molestia – se parece a Karen. – dijo feliz, con una sonrisa que nadie podría borrársela.

-Así que es…

-Es castaño como ella? – Candy interrumpió a Terry antes de que repitiera lo que le había dicho a ella meses atrás, "por el vientre de Karen te aseguro que será un bebé gordito y cachetón", había dicho su novio. – debe ser hermoso.

-Lo es, es el bebé más lindo que hay. – la emoción en su voz era notable – es enorme! – y ahí Terry soltó una carcajada ganándose un codazo de parte de Anthony.

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-El bebé es hermoso. – dijo Candy recordando el momento en que lo tuvo en sus brazos.

-Debo admitir que si es hermoso, al parecer tendremos un ahijado muy apuesto.

-Sabias la nueva noticia?

-Cuál?

-Paty está embarazada!

-Qué? Stear lo sabe? No dijo nada.

-No quería quitarle protagonismo a su sobrino. Tal vez se los diga mañana en la oficina.

-Vaya… Candy, nos están ganando. – dijo pensativo luego la miró de manera traviesa. – cuando me darás la noticia amor, ya lo encargamos desde hace mucho y… sigo viendo ese vientre muy plano. –dijo mirando el estómago de la rubia.

-No seas competitivo! Además, estoy por iniciar mi carrera, ya lo hablamos.

-Acepto, sólo porque quiero tenerte para mí un poco más; pero me lo debes amor, ya los Cornwell nos ganaron; no permitiré que Anthony lo haga.

-Bueno… - dijo dudosa - Terry! – gritó cuando Terry frenó de repente.

-Ah no! Ahora mismo te hago ese bebé. – se acercó a ella y comenzó a besar su cuello.

-Ah! Jajaja… era broma amor, no están esperando ningún bebé, Sasha nos lo dijo hoy a Paty y a mí. – entre risas Candy le decía a su novio.

-Voy a creerte sólo porque estamos en vía pública, no quiero ir preso si nos descubren.

-Qué poco aventurero eres Terry.

-Así? – volvía a acercarse a la rubia; pero ella fue más rápida y se pasó al asiento de atrás, Terry la llevó a casa y ahí sí, no pudo escapar de él.

Estaba acostada sobre el pecho del castaño, miraba por la ventana la enorme luna que alumbraba la alcoba, su cabello rubio brillaba como oro, no era muy largo, recién estaba creciendo, pero no impedía que el castaño jugara con los pequeños rizos, los enroscaba y los soltaba para que volvieran a su forma original.

-Candy…

-Mmm?

-Sabes qué te amo, verdad?

-Me lo has demostrado infinidad de veces. No tengo duda de eso.

-Tú también me lo demostraste… yo… - Candy se sentó para verlo mejor, parecía nervioso, así que cubriéndose el pecho con la sábana, se acomodó frente a él.

-Pasa algo?

-Te amo tanto, que no sé cómo decírtelo… - antes que lo interrumpiera continuó – ya lo había decidido antes del viaje a Brighton, sólo pensé en esperar un poco más, tenía que recuperarte primero… no quería asustarte – se inclinó hacia la mesita de noche y sacó una cajita – Susan Brown no mintió al decir que el día que me vio salir de la joyería compré un anillo de compromiso… pero no era para quien ella creía – entonces la abrió la cajita y un hermoso anillo con un diamante acompañado de pequeñas esmeraldas se lucía frente a ella. – cuando la vi pensé en ti, creía que nunca te lo daría; pero pensé que nadie más que tú debía portarlo y cuando estabas frente a mi nuevamente, juré que te lo daría algún día… Candice, aceptas casarte conmigo?

-S-sí… SÍ! –gritó emocionada mientras saltaba sobre él para besarlo.

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En un principio había pensado en otro tipo de final; sin embargo, creo que nuestros rebeldes ya sufrieron mucho con el final que le dieron sus creadoras; sinceramente yo no soy capaz de hacerlo, y supongo que ustedes también esperan ese final feliz que nos negaron… bueno, espero que les haya gustado este capítulo.

Se cuidan mucho y el siguiente capítulo será el final.