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Terry esperaba impaciente a que Candy bajara para poder partir a la parrillada que ofrecían Archie y Karen para celebrar los dos añitos de su hijo; apoyando un brazo en la chimenea observaba con una sonrisa la foto de su boda con Candy; en ella, ambos mostraban una gran sonrisa; recordó cuando la vio entrar a la iglesia con aquel hermoso vestido blanco, ajustado en la cintura y parte de sus caderas revelando su muy curvilíneo cuerpo, se veía sumamente hermosa tanto que al terminar la ceremonia, le había sugerido no asistir a la recepción e irse a su departamento, algo que la rubia lo había considerado por una fracción de segundos; pero inmediatamente pensó en sus padres, y lo ilusionados que estaban con la boda de sus hijos; así que, Terry dejó de pensar en él antes que en sus padres.

-Ya estoy lista. – dijo la rubia bajando por las escaleras.

-Vamos amor, tal vez lleguemos para ayudarles a limpiar.

-No exageres Terry, no es tan tarde. – lo golpeó en el hombro con su bolsa.

-Para un inglés la puntualidad es importante.

-Sí amor, ya me lo has dicho miles de veces, - y sabiendo el porqué del reclamo añadió. - te dije que no fue mi culpa llegar tarde a la iglesia, es tradición.

-Tradición? Casi muero al ver que no llegabas a nuestra boda.

-Amy dijo que debería hacerte esperar un poco, por eso le pidió al chofer que tomara el camino largo, yo no lo sabía.

-Mejor no me recuerdes eso, sigo molesto con ella.

Candy se divertía de la actitud infantil de su esposo, desde ese día le había pedido a su esposa no escuchar los consejos de su amiga.

Cuando llegaron a la casa de los Cornwell, Terry tomó la gran caja que contenía el regalo de su ahijado y disculpándose por la hora y culpando a Candy, saludó a sus amigos que ya todos estaban en la fiesta.

-Qué pasó con Terry? – cuestionó Amy.

-Por?

-Cuando fui por comida me dio esta salchicha, cuando sabe bien que no me gustan. – se quejó.

-Antes de venir recordó lo de la boda. – cuando Terry vio a Amy tomar un plato empujo a Anthony para ser el quien sirviera la carne.

-Ahh… ahora entiendo! – dijo dejándose ganar por la risa. – bueno, esperaré a que se le pase para ir por algo de comer - pero en ese momento el castaño se acercó a ella con un plato bien servido de carne. – gracias. - Encogiéndose de hombros el castaño le entregó otro plato bien servido a su esposa, quien gustosa lo recibió prometiendo comérselo todo.

-Al parecer Dave ya despertó. – Amy señaló a Karen que traía a su hijo en brazos.

Candy se dirigió a ellos y cuando el niño la visualizó inmediatamente estiró sus bracitos pidiendo ser cargado por ella.

-Dave quiere mucho a Candy. – comentó Archie al ver a su hijo abrazar y besar a su madrina.

-Quien no lo haría. Candy es muy consentidora, ya me imagino como será con sus propios hijos. – dijo Anthony acercándose a sus amigos.

-Sólo estoy esperando el día que me dé esa noticia. – murmuró el castaño.

-Tal vez lo haga pronto, cando Sasha les contó de su embarazo, Candy comentó que ya quería tener sus propios hijos.

Esa tarde los amigos disfrutaron del cumpleaños del pequeño Dave, comentaban y reían de los extraños antojos que tenía Sasha y como Anthony debía salir en la madrugada para encontrar alguna tienda abierta; Archie comento que en uno de los antojos de su esposa, tuvo que ir a comprar duraznos cuando nevaba; Stear reía del anécdota de su hermano, para él fue más fácil, Paty nunca tuvo antojos extraños cuando estaba esperando a hija Grace; sin embargo Tom, quien se convirtió en padre, poco después que Stear, de una linda niña a quien llamaron Annie, en honor a su tía, tuvo que cocinar una sopa extraña a las tres de la madrugada, para cuando terminó, el antojo había pasado y su esposa estaba durmiendo.

Las mujeres reunidas en el jardín veían a sus hijos jugar con los juguetes que había recibido el cumpleañero.

-Cuando darás la noticia Candy, sólo faltas tú.

-Yo también espero darlo pronto, quiero tener un bebé tan lindo como los de ustedes.

-Lo harás pronto, no te mortifique con eso. – dijo Amy al escuchar el tono triste de su amiga.

-Lo sé, lo mismo me dijo mi padre.

-Cuál?

-Albert, hace dos días fuimos a cenar y salió el tema. - "cuando sea el momento vendrá, ahora sólo disfruta de tu vida de casada". Recordó que le había dicho al verla angustiada por no poder embarazarse.

Candy veía como sus amigos iban agrandando sus familias, se sentía mal al no poder hacer lo mismo. Con el paso de las semanas, Terry notó que Candy ya no era la misma mujer entusiasta de antes su mirada lucía melancólica, y cuando no se daba cuenta que Terry la observaba se sumía en sus pensamientos y en alguna ocasión le había visto con los ojos rojos. Acercándose a ella el castaño le aseguró que era feliz como estaban, que si Dios había decidido que sólo sean ellos, él lo aceptaba gustoso, porque Candy era esa felicidad que había buscado durante años.

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La pareja regresaba de una cena que habían organizado por el aniversario de Stear y Patty, comentaban lo divertido que había estado la velada y el berrinche que su ahijado le había hecho a sus padres.

-Dave es tremendo. – dijo Terry riendo. – Archie dijo que cuando se le pasa la hora de dormir se pone de mal humor y no escucha a nadie, una vez casi lo dejó sordo al gritar cerca de su oreja cuando no le dio su juguete. – por suerte pudiste calmarlo.

-Es muy lindo, siempre cuida de Grace y Annie, es muy protector.

-Nuestro ahijado es un caballero, sabe cómo tratar a las damas.

-Ya lo creo. – desvió la mirada hacia la calle. - Terry, espera! – el castaño la miró alarmado.

-Qué pasa amor?

-Mira! Ahí. – señaló un callejón. El castaño estacionó su auto y se acercó para ver que pasaba, pidiéndole a la rubia que se quedará en el auto; mas ésta no lo hizo y muy cerca de él dijo:

-Pobrecito… está herido, debemos llevarlo a un veterinario.

Candy había visualizado a un cachorro caminar extraño, y cuando se acercaron vieron que tenía la patita herida, el pobre perrito estaba sucio y delgado.

-Es callejero, seguramente un auto lo golpeó.

Terry acercó la mano para medir si el perro era bravo o no, para su suerte era muy cariñoso, emitiendo un lloriqueo se dejó cargar por él, Candy se apresuró para abrir la puerta y sacando una manta lo cubrieron llevándolo para que lo revisaran.

Al llegar a una clínica veterinaria, lo revisaron diagnosticando fractura en la patita trasera derecha, se quedaron por un par de horas en la clínica, lo bañaron y enyesaron la patita herida.

-Tuvo mucha suerte, es pequeño algo peor le hubiera pasado.

-Sí, escuchaste eso? Eres muy suertudo. – decía Candy en el oído del perrito con voz melosa. – crees que su madre esté por ahí?

-Si quieres vamos a echar un vistazo.

-Sí, me sentiría mucho mejor, no quiero pensar que ella esté en las mismas condiciones.

Ya casi era media noche y la pareja se dirigía a su auto prometiendo Terry volver al día siguiente para seguir buscando, sólo así pudo convencer a su esposa de regresar a casa.

-La buscamos anoche y no había nada amor. Tal vez, sólo lo abandonaron.– vio a Candy bajar la cabeza con tristeza y apoyarla en la cabeza del cachorrito. – después de comprar lo necesario para él, daremos otra vuelta por el lugar.

-Gracias amor. Pero tú debes ir a la oficina, yo puedo ir a comprar su camita y alimento, y… buscar a su mamá…

-Nada de eso cariño, yo iré contigo, después iré a la empresa.

Después de comprar lo necesario para el cachorro, se dirigieron a la calle donde lo encontraron. Preguntaron en algunas tiendas de alrededor y supieron que hace una semana habían tirado al perrito de una moto, lastimosamente no pudieron encontrar al responsable, pues lo habían hecho de noche y las cámaras no habían captado bien la placa por la velocidad. Desde entonces lo habían visto vagar cerca y alimentarse de lo que le daban o tiraban.

-Tal vez ahí se lastimó.

-Es lo más seguro. – dijo molesto. – gente estúpida, como pueden hacer eso.

-Fueron crueles; pero ahora ya estás a salvo. – abrazó al perrito dejando un beso en la cabeza correspondiendo el pequeño con un lengüetazo. – ahora ya tienes una mamá y un papá.

-Siempre creí que mi hijo se parecería a mí.

-Míralo bien, tiene el color de tu pelo.

-Y el de tus ojos, mira! También heredó tus pecas. – dijo señalando la barriga manchada del cachorro. Candy lo miró con falsa molestia cuando su esposo reía de su broma. - Cómo lo llamaremos?

-No lo sé aún, quiero darle un buen nombre.

-Qué nombre pensabas ponerle a nuestro primer hijo? tal vez se lo pongamos a él.

-Terry. – dijo riendo mientras miraba a su esposo.

-Bueno… mejor busquemos otro nombre. – dijo arrepentido causando la carcajada de la rubia.

-Cuál sugieres tú?

-Qué te parece Luke?

-Luke?

-Claro! La fuerza lo acompaña. – dijo tapándose la boca con una mano y modulando la voz en tono grave – es perfecto para él.

-Tú, qué opinas bonito? - el cachorro lamió el rostro de Candy, lo que tomaron como aceptación a su nuevo nombre. – creo que le gusta.

Ese día Terry no fue a la empresa, prefirió quedarse en casa, acomodaron al cachorro, se encargó de revisar algunos documentos pendientes mientras escuchaba a Candy enseñándole a dar la pata al nuevo miembro de su familia.

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Los meses pasaron y Luke hace tiempo que había dejado el yeso, ahora corría con total libertad por el jardín, estaba enorme, tanto que a Candy le costaba cargarlo. Cada vez que escuchaba que la puerta se abría corría para recibir a sus dueños quienes al verlo lo mimaban y acariciaban.

Una mañana la pareja recibió la noticia de que Anthony se había convertido en padre en la madrugada, fue un niño hermoso a quien nombraron Vincent, como su abuelo; aunque estaban felices por su amigo Candy sintió envidia y también culpabilidad al no poder darle esa alegría a Terry, visitó a doctores quienes le decían que todo estaba bien en ella y su esposo; pero la rubia creía que algo pasaba, tal vez por su enfermedad… eso la entristeció.

Cuando Terry se dio cuenta que el estado de ánimo de su esposa volvía a decaer, aprovechando que tenía que ir a Escocia por negocios, la llevó con él para pasar el fin de semana solos en la villa que sus padres tenían en Edimburgo. Contenta la rubia aceptó la idea.

El viernes mientras Terry estaba en su junta, ella fue a visitar a su abuelo, quien gustoso la recibió y pasó toda la mañana con su nieta y su perro, porque no iban a dejar a Luke solo en casa, hasta que el castaño la fuera a recoger.

-Terry, por qué no me trajiste aquí de luna de miel, este lugar es hermoso.

-No se me ocurrió en ese momento, ahora que lo pienso debí hacerlo, siempre quise mostrarte el lago, es algo mágico.

-En serio?

-Hay leyendas de este lugar, de ninfas que habitaron este lago.

-Me cuentas alguna?

-Sé una sobre una ninfa que sedujo a un hombre. – la abrazó por la espalda y hablándole seductoramente cerca del oído besó su cuello.

-T-Terry… Luke está con nosotros.

Cuando Terry desvió la mirada hacia el mencionado, vio que éste lo miraba atentamente moviendo la cola.

-Debimos dejarlo en casa de tu abuelo. – se quejó.

-Aun así cariño, estamos en campo abierto, alguien podría vernos.

-Y eso no te emociona?

-No! Me aterra. – afirmó alejándose del agarre de su esposo.

Los esposos junto a su mascota recorrieron el lago; Terry le contaba leyendas relacionado con la dama del lago y otras criaturas fántasticas.

Cuando llegaron a la villa, Luke corrió a su cama, la caminata lo había cansado; así que, aprovechando que habría tranquilidad, Terry alzó a Candy y la llevó a la recamara que estaban ocupando.

-Al fin solos… - el castaño comenzó a desabotonar la blusa de la rubia mientras ella hacía lo propio con la camisa de su esposo. - he esperado todo el día para tenerte así.

-Cómo?

-A mi merced. – declaró y antes de que ella contestara tomó sus labios con posesión, Candy no se quejó, secretamente ella también estaba esperando toda la mañana a que Terry llegara y la sedujera.

Poco a poco las prendas quedaron regadas en el piso, la pasión en aquella habitación era tanta que el castaño agradeció que la casa de los empleados estuviera en la parte trasera de la casa principal. Candy no podía controlar su voz, los gemidos eran audibles y roncos, Terry no se quedaba atrás, él la seguía en igual volumen.

Entre palabras de amor y caricias atrevidas, ambos quedaron agotados en la gran cama. Terry, cuidándola como siempre, tomó la manta para cubrirse con ella, abrazó a su esposa y dejando un beso y un te amo, la alcanzó en el país de los sueños.

La mañana llegó y así como se habían quedado dormidos la noche anterior el sol que entraba por la ventana los sorprendió.

-Amor, - la movió un poco - preciosa es hora de levantarnos.

-Mmm… qué hora es?

-Las nueve, recuerda que hoy regresamos a Londres y tenemos un almuerzo con tu abuelo. – Candy le había prometido visitarlo antes de partir.

-De acuerdo. – perezosa se puso de pie y se dirigió al baño.

Después de desayunar y pasear por la cuidad por un rato, como prometieron visitaron al abuelo de Candy. Ya al atardecer regresaron a Londres, estaban satisfechos y felices, esa escapada resultó refrescante y reparadora.

Candy salía a caminar todos los días con Luke, lo llevaba a las reuniones con sus amigos para que los niños jugaran con él o al revés. El cachorro era una buena terapia para la rubia, siempre se divertía verlo correr por el jardín, porque el cachorro en su emoción siempre tropezaba y caía de manera divertida, en algunas ocasiones provocaba que Candy tropezara y riendo del acto lo abrazaba agradeciendo tenerlo con ella.

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Dos años más pasaron, Candy se recibía en psicología. El castaño le pidió que trabajara con él en su empresa; pero ella prefirió trabajar en centros de ayuda para personas con alguna enfermedad de base.

Terry estaba orgulloso de su esposa, era tan noble que sólo pensaba en ayudar a quien lo necesitara, mirándola como sonreía con sus amigos y sus padres en aquella recepción que organizaron para ella, supo que nada más le hacía falta. Así se lo había aclarado cuando ella llorando le pedía disculpas por no convertirlo en padre.

-Si mi familia sólo serás tú, ya estoy feliz por eso, además tenemos a Luke, recuerdas? Nuestro hijo mimado. Nunca te reproches por lo puede ser mi culpa, yo puedo ser el del problema mi amor.

-La leucemia…

-Cariño, si Dios decidió que sólo seamos nosotros, lo acepto. Tú eres lo más importante para mí; y si en un futuro nos convertimos en padres, lo amaré porque será parte de ti.

Desde entonces Candy había dejado de lado el deseo de ser madre, se concentraría en hacer feliz a su esposo y cuidar de su familia de tres. Todo iba bien para la pareja, hasta que un día cuando Terry llegó del trabajo encontró a su esposa tirada en el piso mientras Luke ladraba para llamar su atención, la tomó en brazos y condujo como loco al hospital.

-Señor Granchester, su esposa ya despertó. – la enfermera lo llevó a la habitación de la rubia.

-Cómo estás amor?

-Bien… - dijo bajito, había pasado lo mismo que cuando regreso el cáncer, tenía miedo de lo que le dirían. – tengo miedo que haya vuelto…

-No amor, estos días no te alimentaste bien, debe ser eso. – él al igual que su esposa estaba aterrado.

-Candy, me alegra verte despierta. – Samuel ingresó a la habitación.

-Volvió? – se le quebró la voz.

-Tendrás que seguir una dieta y tomar vitaminas. – Candy lloró al escuchar aquello – pero es normal cuando estás embarazada. -Los esposos que ya se abrazaban lo miraron sin creer lo que le decían.

-Qué?

-Que en siete meses aproximadamente te convertirás en madre. – Samuel quería a Candy como a una sobrina, la había visto crecer. – Jonathan se volverá loco con la noticia.

-Estás seguro? – Terry lo hubiera golpeado por darle la noticia de esa manera; pero en ese momento estaba feliz.

-la prueba salió positivo.

-Seremos padres pecosa… al fin te convertirás en madre. – la besó y abrazó con fuerza.

-Aun no puedo creerlo. – comentó la rubia mientras regresaban a casa.

-Yo tampoco mi amor; pero sabes, lo voy a castigar en cuanto nazca.

-Qué? – creyó no haber escuchado bien.

-Lo que oíste, no puede causar ese tipo de desmayos a su madre, así que merece un castigo. -Candy soltó una carcajada al escucharlo.

-Lo digo enserio, no te rías o desde ya, sabrá que no tengo autoridad ante ti.

-Te amo tanto Terry… tanto, que no existe palabras para describirlo.

Cuando dieron la noticia a los abuelos, como lo había dicho Samuel, no sólo Jonathan, sino también Albert, Ferbuson, Richard y Eleonor literalmente saltaron de alegría al enterarse.

El embarazo de Candy fue tranquilo, nunca sintió nauseas sólo uno que otro mareo, sobre los antojos, era uno que Terry gusto la complacía no importaba la hora ni el cansancio, siempre estaba dispuesto para bajar a la cocina y llevarle el chocolate que pedía.

Siete meses después Candy recibía en brazos a su primer hijo uno tan rubio como ella, pero con el color de los ojos de Terry y tan parecido a él, lo llamaron Matthew, porque para ellos era un claro regalo de Dios. Los padres de Candy y Terry, se desvivían por llamar la atención del pequeño Matthew, lo mimaban y discutían por cargarlo. El niño a pesar de tener los mimos y atención de todos los que lo rodeaban creció siendo un niño noble y humilde como su madre.

El padre y abuelo de Candy, al vivir en otros países, lo llamaban constantemente para que no olvidara que ellos lo amaban y que eran su familia. Albert al vivir en el mismo país que su nieto, logró ser su favorito, pues le dedicaba todo el tiempo que le habían negado con su hija.

-Disfrutaste tu fiesta mi amor? – cuestionó la rubia mientras sacaba de la bañera a su hijo de cuatro años.

-Sí, Dave dice que me llevará a su escuela para presentarme con sus amigos.

-En serio? tendrás que esperar para que lo haga.

-No mami, él dice que cantará para todos y yo iré.

-Ah… el recital, te llevaré para que lo veas.

-Vince y yo aplaudiremos y gritaremos su nombre fuerte.

-De acuerdo. – dijo riendo de los planes de su retoño.

Matthew sentía una gran admiración por su primo Dave, lo seguía a todos lados cuando se reunían, siempre quería jugar con él. Vincent también se unía a ellos y entre los tres cuidaban a Grace y a Annie, los niños se querían como primos, siempre veían a sus padres juntos y en un futuro ellos serían así.

Cuando Dave salió con salón para cantar en el festival del colegio, Matthew y Vincent gritaron con fuerza su nombre para animarlo, y al terminar la presentación les dolieron las manos por tanto aplaudir, y Matthew pidió ayuda de su padre para que lo haga por él, logró que su primo fuera el más ovacionado de todos.

-Estoy agotado y me duelen las manos. Matt me exigía que aplaudiera cada vez más fuerte.

-Oh… pobrecito, supongo que hoy no tienes ánimo de nada que no sea dormir. – la rubia acarició el pecho de su esposo mientras decía aquello.

-Cuál es tu propuesta? es posible que haga un esfuerzo y cambie de planes.

-No quiero que te agotes; mejor… si quieres puedo darte un masaje para que te relajes. – lo empujó a la cama y con sus delicadas manos inició con un masaje que en lugar de relajarlo lo provocaba cada vez más. Sin poder aguantar más tiempo, tomó a Candy por la cintura y la acomodó bajo su cuerpo, así como lo hacían cada noche, se juraron amor eterno.

Un mes después mientras Matt jugaba con Luke en el jardín bajo el ojo vigilante de Terry, quien se había quedado a cuidarlo ese día, Candy entraba emocionada a la cocina para encontrar a su esposo y con una sonrisa anunciarle que serían padres nuevamente, el castaño feliz la levantó para darle un beso y afirmarle lo feliz que le hacía esa noticia.

Después se enterarían que Karen y Sasha también estaban embarazadas, comentando Terry que por lo menos esta vez le ganaban a Tom y a Stear agrandando su familia.

Terry se sentía más que completo, para él con sólo tener a Candy a su lado era más que suficiente, ya no pedía nada a más a la vida; pero Dios le había enviado un regalo, que gustoso aceptó y agradeció, y ahora, le daba otro que ya sabían sería una niña con quien completarían su familia; una de cinco integrantes, pues no se olvidaba del primero que llegó a ellos y que ayudó con su cariño a levantar el ánimo de su amada esposa. Con vehemencia juró proteger y cuidar esa felicidad por siempre.

Fin.

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Gracias por seguir esta historia hasta el final…