AN: Hola a todos y todas que seguís leyendo esta historia pese a que el autor no consigue cumplir con las actualizaciones que promete...si, esa soy yo.
Debo decir que es difícil concentrarse en escribir cuando hay tantas cosas en la cabeza de uno y cuando el ambiente donde intentas trabajar no es el más silencioso ni el más tranquilo. Pero, afortunadamente, he podido terminar con la revision del capitulo a tiempo para comenzar la próxima semana con el siguiente. Si hay alguna falta de ortografía o alguna incoherencia...bueno, haced ojos ciegos^^ (tal vez debería conseguir un beta...)
Solo me queda dar las gracias a todos por vuestros comentarios tanto por privado como en general, es realmente reconfortante ver que mi historia es apreciada y recibir opinión sobre ella. No es corteis para decir nada, aprecio cada cosa, buena o mala.
Con todo dicho, disfrutad del capítulo.
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Capítulo 21
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Los ojos de Hayate se abrieron de golpe y su cuerpo se sacudió con un jadeo tembloroso. Solo el sonido errático de su corazón golpeando en sus oídos fue capaz de traer algo de lucidez a su embotellada cabeza. Curiosamente, su primer pensamiento en toda la bruma estuvo dedicado a la sequedad en su boca y a lo que haría en ese momento por un vaso de agua. Su segundo pensamiento, por suerte, fue mucho más práctico.
Solo tuvo que echar un pequeño vistazo por entre medio de sus pestañas para saber dónde estaba. Instantáneamente, su cuerpo se relajó, dejó escapar un suspiró corto pero pesado y sintió que todo el cansancio de una vida volvía en oleadas hacia él.
Las sabanas prístinas blancas y el olor a antiséptico que envolvía la habitación solo podían significar una cosa: Estaba vivo.
¿Y no decía mucho de él que ese hecho fuera algo sorprendente?
Para empezar, despertarse en el hospital no debería ser algo por lo que la gente sintiera alivio. Abrir los ojos y encontrarse unido a un tubo de respiración no debería ser algo por lo que celebrar. Hayate no iba a decir que estaba feliz, pero no iba a mentir y negar que prefería cien mil veces eso a que la alternativa, la cual era, desafortunadamente, un hueco en la tierra y una tumba insípida.
Hayate solo pudo hundirse en ese momento breve de sosiego antes de erguirse de golpe y soltar varias palabras no muy bonitas.
Mierda pensó, y lo repitió incansablemente mientras luchaba contra las sábanas que se envolvían alrededor de su cuerpo como una segunda piel. Frunció el ceño con irritación y tiró de la tela hasta desenredarla de sus pies. Honestamente, las enfermeras realmente sabían cómo asegurarse de que sus pacientes encontraran todas las dificultades para abandonar ese maldito sitio.
Había luchado contra el shinobi de la arena, había perdido, y ni siquiera había podido informarle a nadie de su descubrimiento por que el muy canalla lo había confinado al catre. Encantador.
Hayate puso los pies en el suelo, intentó dar un paso, y aterrizó en sus rodillas con un golpe seco.
Se quedó unos segundo en esa posición, completamente quieto, aturdido.
Mierda.
¿Cuánto tiempo había pasado en esa cama?
La inquietud comenzó a colarse por entre los huecos de su serenidad.
No podría haber sido mucho, ¿verdad?
Necesito hablar con el Hokage, necesito informarle se dijo, apretando los dientes y luchando contra su propio cuerpo.
No sabía cuánto tiempo había pasado, ni si la arena había hecho su movimiento ya, pero tenía un deber que cumplir. Se le había dado una misión y todavía no la había completado. Si su orgullo fuera menos elegiría cerrar los ojos, volver a la cama y sucumbir al nostálgico abrazo del sueño. Pero su padre no había criado cobardes, ni su madre inútiles.
Y además, ¿Qué diría Yugao si lo viera?
Yugao. Su novia, la mujer de la cual se había enamorado y con la que esperaba pasar el resto de sus días junto. Claro, si no los mataba una maldita guerra.
Unos pasos apresurados lo devolvieron al presente. La puerta de su habitación se abrió de golpe y una enfermera lo miró con la expresión congelada en sorpresa. Hayate abrió la boca para exigirle que llamara al Hokage, a Ibiki, a Inochi, a cualquiera, pero una tos seca y dolosa cortó su acción y solo pudo doblarse y apoyar las palmas contra las baldosas mientras se inclinaba hacia delante, intentando controlar su respiración sin sucumbir a los espasmos que azotaban su cuerpo.
"¡oh, dios!" La joven corrió a su lado, revisando con rapidez sus signos vitales. Hayate intentó decirle que solo necesitaba un vaso de agua y tal vez unos nuevos pulmones, pero otra tos lo interrumpió haciendo su acción imposible.
La joven pareció entender sus pobres señas pues se levantó de un saltó y salió de la habitación, solo para volver un minuto después con un vaso de agua y una libreta.
Hayate bebió con avidez. La joven pululó a su alrededor, tomando nota de su aspecto pálido y enfermizo, pero sin comentar nada al respecto. Quizás no era la primera vez que trataba con un shinobi medio moribundo. Había algo de consuelo en eso.
"Gekko-san, hablar ahora le será difícil, sus cuerdas vocales han estado en desuso durante un tiempo, hasta que se acostumbre por favor utilice esta libreta para comunicarse con nosotros." le dijo la joven entregándole una pluma del bolsillo de su uniforme.
Hayate agarró el cuaderno y con rapidez le pregunto la fecha. Primero tenía que confirmar que no había estado dormido tanto como temía.
"5 de agosto. Ha estado en coma durante un mes"
Hayate echó la cabeza hacia tras y gimió. Un mes. Un jodido mes.
La joven sintió su angustia y trató de tranquilizarlo.
"Ha tenido una recuperación excelente. Durante su última revisión el doctor les informó a sus guardianes que no tendría ninguna dificultad de volver al servicio activo. Con un poco de rehabilitación podrá reintegrarse en poco tiempo"
Hayate se giró a mirarla.
'¿guardianes?' Escribió.
La enfermera se mordió el labio y pareció dudar por unos segundos.
"Anbu fue ordenado para custodiar esta habitación por orden directa del Hokage. Solo se nos permitió a mí y al doctor Ishigami atenderlo, nadie más tiene autorización para pisar esta habitación" Dijo ella.
Hayate frunció el ceño.
Conocía un protocolo de protección nivel 4 cuando lo veía. El Hokage tuvo que haberse hecho una idea de la naturaleza de la información que guardaba si había tomado medidas tan drásticas para asegurar su seguridad.
"Teníamos órdenes de informar a los operarios en cuanto Gekko-san despertara" prosiguió la joven "pero debido a los exámenes chunnin, los anbu fueron trasladados para aumentar la seguridad en la aldea y servir de protección para el Daimyo y su corte"
Hayate había figurado todo eso.
Lo único bueno de esa situación era que la traición por parte de la arena todavía no había ocurrido (Dudaba que la amable enfermera hubiera mantenido su calma en un escenario así) Lo cual lo dejaba en una posición difícil. Porque el hecho de que aún no había pasado no quitaba el hecho de que iba a pasar, eventualmente. En unas horas, si su reloj biológico no se había ido al garete.
Necesito salir de aquí, necesito decirles pensó frenéticamente mientras se levantaba con extrema dificultad. Sus piernas temblaron al sostener su peso después de un mes de inactividad. Apretó la mandíbula y dio un paso.
"Gekko-san, por favor, tiene que volver a la cama. Acaba de salir de un coma, necesita reposar y ganar fuerzas" La enfermera estuvo enseguida a su lado, agitando las manos por encima de él pero sin atreverse a tocarlo.
Lo que necesito son unas piernas nuevas pensó mientras arrastraba los pies hacia la entrada.
Como si su cuerpo quisiera recordarle que no era él quien estaba al cargo, se tambaleó, perdiendo el equilibrio y dirigiéndose hacia lo que hubiera sido una caída muy dolorosa si la joven enfermera no lo hubiera agarrado a tiempo.
"¡Gekko-san, por favor, regrese a la cama!" le rogó, sujetándolo con fuerza y ayudando a estabilizarlo.
Hayate negó con la cabeza y envió chakra a su garganta para aflojar sus cuerdas vocales.
"Ho…ka..ge…Ur…gen…te" croó haciendo una mueca cuando sus músculos se contrajeron. Iba a lamentarlo después, eso de seguro.
"Hokage-sama se encuentra atendiendo a los exámenes. Y en su estado actual es impensable moverse libremente por la aldea" le recordó, mirándolo preocupada pero con firmeza "Intentaré buscar a alguien que se pueda poner en contacto con él, hasta entonces necesita calmarse y esperar"
Calmarse y esperar. Si fuera tan fácil…
Pero tenía razón. Ni siquiera podía dar dos pasos sin terminar en el suelo. Con su velocidad actual llegar hasta el estadio le tomaría demasiado tiempo. Tiempo que no tenía. Necesitaba comunicarse rápidamente con alguien e informales de la situación, antes de que lo peor llegara a suceder. Confiaba en que el Hokage hubiera tomado las medidas mínimas para prevenir cualquier accidente, pero incluso así era estúpido poner toda su credulidad en ese hecho cuando era consciente de que la aldea no contaba con toda la información. Si el sonido y la arena se juntaban…Hayate no quería ni pensarlo. Por eso era primordial que saliera de esa maldita habitación y encontrara a un maldito shinobi al que-
Hayate parpadeo y detuvo sus pensamientos frenéticos.
Comunicarse… ¡Por supuesto! ¿Cómo no lo había pensado?
Se mordió el pulgar con fuerza y realizó la secuencia de sellos, rezando por que le quedara suficiente chakra para lograr eso. Aplastó la palma de su mano contra el suelo ignorando el gritó amonestado de la enfermera y sonrió triunfante al sentir el tirón en sus bovinas.
La nube tardó unos segundos en disiparse. Hayate se reclinó cansado hacia delante y la enfermera tuvo que ayudarlo, poniéndose sus brazos como palanca para que no terminara con la cara en las baldosas.
Los ojos rojizos del conejo lo miraron con expresión expectante, ladeando la cabeza con curiosidad mientras observaba el patético estado de su invocador.
Hayate comenzó a firmar sin demora, transmitiendo la información precisa por medio de señas. El conejo asintió con un gesto muy humano y desapareció enseguida.
Hayate miró el sitio donde había estado el animal y apretó los puños con fuerza. Por ahora, eso era todo lo que podía hacer.
Se dejó caer hacia un costado y cerró los ojos con pesadez. Ese último truco lo había agotado más de lo que había estimado.
La joven a su lado lanzó gemido y miró hacia el techo con expresión sufrida.
"ninjas…son todos iguales, ¿por qué Sakura-sensei no está aquí para lidiar con ellos cuando se la necesita? ¡Mi vida era sencilla antes de ir a ese orfanato! Bueno, esta ese guapo Anbu…¡pero aun así, esto merece un aumento de sueldo! Malditos bastardos acosadores sin respeto por la privacidad…"
Hayate decidió sabiamente no hacer ningún comentario al respecto y fingir que se había desmayado.
Cuando el siguiente combate fue anunciado, Ino recordó, sin venir a cuento, dicha frase de dicho libro que había tenido una repercusión trascendental en su vida.
Erase una vez, una fuerte y hermosa Kunoichi…
Dios. Ino odiaba con todo su ser esa frase.
Sin embargo, contrario a las creencias populares, no odiaba la novela a la que pertenecía. De hecho, no tenía ninguna vergüenza en admitir que había disfrutado bastante los primeros tres tomos, antes de que la autora decidiera emparejar a la protagonista con el chico amable y valiente en vez de con el guaperas frío y misterioso (En serio, el nervio de la mujer…)
Su madre, que también había disfrutado de la lectura de dicha saga, se había mostrado muy sorprendida cuando Ino había comunicado su absoluto disgusto a esa particular expresión.
"¿Por qué te molesta tanto? ¿No es el arquetipo perfecto?" le había preguntado, anonadada al ver que Ino había tachado esa primera línea con una pluma roja, mostrando al más puro estilo tradicional su desagrado por ella.
Ino no había podido darle una respuesta adecuada; Tenía nueve años y su nivel de comunicación emocional no había madurado lo suficiente como para permitirle organizar la macedonia de sentimientos que bullían en su interior, mucho menos exponerlo en palabras. Así que se había limitado a encogerse de hombros y remarcar su disgusto en una voz aguda y petulante. Su madre simplemente había pensado que era otro de esos momentos en los que tomaba decisiones raras y sin venir a cuento, como cuando decidió que el morado sería el color de su vida.
(En su defensa, el morado realzaba su trasero a la perfección. Pero si le hubiera dicho eso a su madre la hubiera internado en un templo más rápido de lo que uno decía bunshin)
Al paso de los años, Ino se enorgullecía de decir que había madurado lo suficiente como para poder saber la razón detrás de su disgusto inicial por esa frase.
Todo había comenzado en la Academia.
Por mucho que le costara admitirlo, Ino sabía que durante los primeros años de su existencia había dejado que su obsesión con Sasuke Uchiha dominará su vida. Había sido un flechazo instantáneo, un embrujo paulatino. Todos los días desde su primer avistamiento del que estaba segura iba a ser el hombre de su vida, se había levantado pensando en él, en qué ropa debería ponerse para verse más bonita a sus ojos, en qué expresión debería hacer cuando sus ojos se encontraran, en qué palabras debería decir para hacer que la mirara.
Comía, respiraba y soñaba pensando en él. Honestamente, el cómo se las arregló para hacer alguna mierda en la escuela estaba más allá de su comprensión.
El final de su obsesión fue abrupto y la dejó tambaleándose entre su inocente fragilidad y la realidad dura del mundo en donde vivía.
Ocurrió una mañana mientras practicaban combates uno-a-uno, y ni siquiera fue ella la que provocó el cambio.
Había sido Sakura Haruno.
En ese tiempo, Ino no tenía una opinión muy elevada sobre Sakura. Principalmente, porque su primer encuentro había acabado con la pelirosa mandandola al carajo incluso cuando se había tomado la amabilidad de invitarla a quedarse con ella y su grupo de amigas (si, Ino todavía seguía recordando ese desagradable suceso). Sin embargo, tampoco era una presencia molesta o engorrosa, no como su amigo rubio que siempre andaba haciendo trastadas y gastando bromas. En realidad, Ino podía haber estado dispuesta a pasar por alto el pasado y darle una segunda oportunidad, si no fuera porque incluso sin decir nada la niña se las arreglaba para tener esa molesta mirada de superioridad en los ojos, como si desde el fondo de su corazón creyera que estaba en un nivel superior al resto de mortales.
Por eso y otras mil razones más las cuales no quería ni recordar, Ino no había tenido mucho cariño hacia Sakura. Así que, cuando la habían emparejado junto a una de las amigas de Ino, ella, en toda su gracia divina, había gritado el nombre de su amiga y la había animado a patearle el trasero a la arrogante sabelotodo.
No había ido como esperaba.
Sakura ni se había movido de su sitio. Había dirigido una aburrida mirada hacia su oponente y con un solo dedo la había golpeado en la frente, arrojándola fuera del círculo de combate.
Mientras todos aplaudían y el profesor mandaba a las dos niñas a que hicieran el signo de reconciliación, Ino, todavía dividida entre la indignación por su amiga y lo gracioso que había sido verla caer de culo, se giró para comentar lo ocurrido con el resto de su grupo. Fue en ese momento que vio la expresión que Sasuke estaba haciendo.
No se trataba de la expresión en sí, porque por ese tiempo el muchacho tenía menos expresiones que una máscara anbu, si no de la mirada.
Ino había estado mirando a Sasuke uchiha durante muchos años y había estado bastante orgullosa en decir que no había faceta de él que ella no conociera. Pero la mirada que el niño había tenido en sus ojos al observar el combate de Sakura no había sido una que Ino hubiera visto antes.
Fue solo ese simple hecho que la hizo retroceder en su propia mente y tratar de analizar qué era lo que había sucedido en ese momento para que el chico que era digno de sus atenciones mirara a otra persona de esa manera y no la mirara a ella.
Ni siquiera era una mirada romántica. Ino se hubiera sentido mucho mejor si lo hubiera sido. De esa manera podría haber tirado la toalla y admitido su derrota, pero no había sido así.
Sasuke había mirado a Sakura como si reconociera su existencia y pensara que era digna de compartir el aire que él respiraba. Ino no era ajena al orgullo y vanidad que vivían detrás de las acciones de Sasuke, sabía muy bien qué tipo de persona era él y lo que podía esperar si alguna vez llegaban a estar juntos, pero había pensado que todo el resto de personas estaban en un mismo escalón por debajo de él y que esa posición era imposible de sortear.
Jamás había pensado que podría existir alguien a quien el chico considerara digno de caminar a su lado.
En retrospectiva, tendría que habérselo imaginado.
Los protagonistas de aquella historia llamada vida estaban hechos a medida, sin fallos y sin errores, mientras que el resto de los desgraciados, como ella, habían sido dejados incompletos, menguados por la simple razón de hacer que los perfectos y preciosas estrellas fueran el foco principal de todo. Algún dios cruel tendría que haberse aburrido a medio camino.
Erase una vez, una hermosa y fuerte Kunoichi…
No había sido ella. Por supuesto que no había sido ella
Ino no había sido la protagonista de esa historia, y eso había dolido.
Ino resintió a Sakura durante muchas semanas después de eso. Primero la resintió por haber tenido la atención de Sasuke, después la resintió por ser más capaz que ella, y por último la resintió por haber rota la ilusión de una niña de seis años que lo único que soñaba era con campanas de boda y un hombre misterioso, frío y guaperas.
Pero Ino no era nada si no egoísta y codiciosa. Y si ser como Sakura significaba que tendría más oportunidades de salir de aquel vacío existencial y conseguir por fin la atención de Sasuke, pues por el sabio que lo haría, incluso si eso significaba abandonar su yo actual y convertirse en otra persona.
Había sido una motivación infantil y muy superficial. Pero había bastado para encender la llama de la voluntad en su pecho.
A partir de ese momento, Ino cambió. No iba a decir que se metió como loca a entrenar y se olvidó de vivir, porque no era estúpida. Como alguien que pertenecía al clan Yamanaka sabía el estrés psicológico que ese tipo de rutina conllevaba, y no quería convertirse en el anbu sabueso del que su padre tanto hablaba que parecía ser más muerto que hombre. Ino cambió, pero lo hizo gradualmente.
Comenzó a leer más, se interesó por las técnicas de su clan, por el estudio de la mente interna, por los pergaminos que su padre le había prohibido leer hasta que saliera de la academia. Se entrenó físicamente, recurriendo a la rutina que había visto hacer a un niño con grandes y espesas cejas, porque no solo valía con tener buenas habilidades en un solo área, necesitaba el paquete completo para alcanzar su meta.
A medida que pasaron los años sus intereses comenzaron a dirigirse por un camino más concreto. Sus fantasías comenzaron a hacerse cada vez menos ridículas y a cobrar forma, y llegó un momento en el que Ino ya no tuvo que ni siquiera pensar en Sasuke para seguir adelante.
Ahora, en este punto de su vida, Ino sabía tres cosas.
Una, que tal vez jamás llegaría a ser como Sakura.
Dos, que tal vez Sasuke jamás estaría destinado a ser su chico frío y misterioso.
Tres, que tal vez la protagonista de todo esa mierda jamás sería ella.
Pero eso estaba bien.
Ino no necesitaba ser la hermosa y fuerte Kunoichi.
Ella simplemente podía ser la increíble perra antagónica que terminaba tan sola como empezó.
Erase una vez, una hermosa y fuerte Kunoichi…
Ino apretó la barandilla bajo sus manos, sintiendo el metal ceder bajo la presión. Miró al bastardo que tenía una mano levantada con pereza y sintió que el veneno subía por su lengua.
"¿Qué has dicho?" preguntó, porque realmente estaba teniendo dificultades para entender la magnitud de su estupidez.
"me retiro" repitió descaradamente, sin un ápice de vergüenza.
"¿Qué pasa, tienes miedo de perder patéticamente frente a todo el mundo? ¿Estás intentando salvar tu honor?" dijo, sintiendo que su temperamento aumentaba con cada palabra pronunciada.
La mano de Shikamaru aterrizó en su hombro, como apoyó o como un ruego para que no hiciera nada estúpido. En ese punto todos los estaban observando, lo abucheos de la multitud no hacían nada para calmar la tensión en la sala.
El se burló de ella, agitando sus palabras con desdén "¿miedo, yo, de ti? Por favor, un niño hace mejores bromas. He cambiado de opinión, eso es todo. Acepta esta oportunidad que te he brindado y agradécemelo."
Ino rechinó los dientes. ¿Agradecer? ¿Por qué debería hacerlo? ¿Por una victoria que no tenía ningún motivo de celebración? ¿Por privarla de la oportunidad de mostrar sus habilidades frente al resto del mundo? ¿Por mandar al carajo todo el tiempo que había empleado ideando una manera de luchar contra él y sus estúpidas marionetas?
Ino podría haber dejado que su enfado tomara las riendas de sus acciones, podría haberlo encerrado en su propia mente y haberlo hecho revivir sus peores miedos, pero Ino no era un gorila sin cerebro. Ella era una víbora. Y el veneno en su lengua siempre había sabido mejor que los puños en la carne.
Sonrió con dulzura y juntó las manos frente a ella.
"es verdad, lo siento, me moleste por nada" dijo con un perfecto tono alegre y tonto, contradiciendo la furia helada que brillaba en sus ojos "de verdad que te lo agradezco; quiero decir, me libraste de tener que luchar con alguien tan cobarde y patético como tú. Gracias por eso"
Y se volteó, dejando que su cola de caballo bailara por el aire, mientras ella sonreía encantada de haber visto la humillación en el rostro del joven.
Y cuando se volteó sus ojos se encontraron con los de Sakura.
Y había diversión en ellos, acompañado por un tinte de reconocimiento innegable.
Y eso, pensó Ino con orgullo, se sintió casi mejor que ser vista por Sasuke.
En las gradas…
Pronto comenzaría.
Kabuto mantuvo su postura rígida mientras veía a los siguientes participantes abandonar sus posiciones en la sala de espera y desaparecer por las escaleras laterales. Observó con un poco de diversión como el jinchuuriki de Konoha se acoplaba al último Uchiha pese a las insistencias de este de querer ir solo. El muchacho rubio no dio su brazo a torcer y con una mirada de desconfianza a Gaara se plantó al lado del pelinegro y no se movió de allí.
Soltó un bufido silencioso.
Era enternecedor ver esa clase de camarería.
Cínicamente se preguntó cuánto tardarían en romperla. Quizás ni siquiera haría falta su intervención. Orochimaru-sama parecía estar seguro de que el niño vendría hacía a ellos de una forma u otra. Kabuto por supuesto no le había dicho que tal extremo optimismo hubiera sido más esperado viviendo de su antiguo colega sannin que de él (incluso aunque a veces no lo pareciera, todavía quería seguir conservando su cabeza).
Pero no era solo la actitud de su maestro lo que provocaba que Kabuto tuviera serias dudas con respecto a ese plan y a la involucración de Sasuke Uchiha en el. Podía parecer estúpido y sin importancia, pero lo poco que había visto del niño no encajaba con el perfil de lobo solitario e incomprendido con el que lo pintaban. De hecho, el niño parecía bastante cuerdo para un mocoso que había visto a su entero clan ser asesinado frente a sus ojos, sin divagaciones locas ni deseos vengativos suicidas. Honestamente, la mente del Uchiha parecía estar en mejor estado que la suya propia. El cómo pensaba Orochimaru ocupar esa no- existente-debilidad en su beneficio estaba más allá de su comprensión.
Pero, bueno, él no era el genio supremo aquí así que….
Al menos la invasión iría bien, y si todo salía tal y como lo planearon, el Hokage estaría muerto para el atardecer y la arena sería la cabeza de turco.
Kabuto tenía que admitir que tener al jinchuriki enloquecido como carta del triunfo había sido un movimiento arriesgado, sobre todo porque se les había informado que el sello no era estable y que bien podría mandar al carajo todo el plan. Baki le había asegurado de que Gaara estaría listo y preparado para cuando se lo necesitase, sin embargo, Kabuto no podía simplemente confiar en la palabra del hombre. Habiendo visto ya el poco control que ejercía sobre sus estudiantes, sería un necio si no se cerciorara de la veracidad de su promesa con antelación.
El ichibi tenía que ser soltado en la aldea, y Kabuto no aceptaría otro resultado. Mucho menos ahora que la seguridad en la aldea se había reforzado. Si querían tener alguna posibilidad de salir de allí vivos, el factor distractor no podía campar a sus anchas como un perro rabioso sin cerebro.
Se preguntó si había sido una buena idea entregarle los registros del niño Uchiha. Creyó que podía centrarlo en su tarea, pero tal vez logró lo contrario.
Oh, bueno, siempre podía ponerle un bozal si se descontrolaba demasiado.
Al menos Danzo cumplió su parte pensó, luchando contra las náuseas que le causaba tener que admitir que el hijo de perra espeluznante había hecho algo bien. Tener que pelear con la fuerza militar general de Konoha y los anbu ya era un mal pronóstico, si incluían a Raiz en la mezcla era una batalla perdida. Con suerte, si su maestro se las arreglaba para matar al viejo pronto, todos podían volver a casa temprano.
Dios, Kabuto extrañaba su cama doble, su ducha caliente, su albornoz de algodón…su pequeño paraíso lejos de esa hipocresía dictatorial que se vendía malamente como libre albedrío llamada Konoha, donde la historia parecía estar hecho para ser pisada y, con suerte, olvidada.
Probablemente el querer que las personas se dieran un poco más de prisa en morir solo para que él pudiera llegar a su base secreta y olvidarse de que existía el mundo lo hacía una horrible persona.
Pero, que se jodan, nadie en ese negocio era un santo, mucho menos esa aldea.
Quizás, esto era simplemente obra divina. El reembolso de años y años de ser unos bastardos farsantes.
Si. Sonaba correcto.
En la arena Genma Shiranui levantó una mano, y el partido dio comienzo.
Estúpido.
Todo era tan estúpido. Arena y Hoja, ambos tan estúpidos.
Los odiaba, a los dos, ninguna era mejor que otro. Se los daría de comer a su madre con gusto, quizás lo mejor que podía pasarles a sus indignas existencias. Konoha o Suna, no importaba, merecían la muerte por igual. Todos esos insignificantes humanos eran iguales, al final se convertían en abono para madre y no importaba de dónde venían o quienes eran. Todos terminaban aplastados y rojos, rojos, rojos.
A Gaara no le importaba la invasión, no le importaba la guerra, no le importaba nada.
Mientras pudiera alimentar a madre, todo estaría bien.
Le habían prometido sangre, y sangre sería lo que obtendría.
Y esos tontos de la hoja, con sus tontas pretensiones sobre el amor y el compañerismo, terminarían aplastados bajo su arena para que los únicos sonidos que Gaara pudiera escuchar de sus tontas bocas fueran sus deliciosos gritos de dolor.
Por supuesto, Sasuke Uchiha no sería diferente.
Podrías haber sido hermoso le dijo en el silencio de su mente. Y estaba seguro de que podía haberlo hecho, si no estuviera tan corrompido por esa luz nauseabunda que parecía brotar de cada poro de esa aldea.
Era una lástima. Pero Gaara se aseguraría de mejorar esa decepción. Colorearía ese blanco luminoso con rojo y lo haría ver que dejarse engañar por esa falsa seguridad y ese falso amor era nada más que invitaciones a una muerte rápida.
Su última batalla no fue si no molesta, y lo dejó recordando cosas que creía haber borrado hace años de su mente. Y eso no le había gustado, para nada. Tal trasgresión tenía que ser pagada de alguna forma, y si no había podido terminar con la vida de ese bobo ninja y su inútil maestro, entonces podía darse el gusto de desmembrar al último Uchiha. Tal vez incluso se lo daría a Kankuro para que lo convierta en una de sus marionetas, cuando acabara por supuesto, negocios primero ante todo.
Si, se dijo, sintiendo como su madre también estaba de acuerdo, ese era un buen plan.
AN: tun tun tun! Próximamente...ya sabéis que^^
