Centímetros
Por: SadChirimoya
Resumen: No es como si realmente le molestase, simplemente era una duda que había asaltado su mente hace poco tiempo: ¿Por qué Sakura era tan pequeña? Quizás la respuesta era que estaba hecha justo a su medida, pues así, pequeña, cabía perfecto en sus brazos, en su pecho, en el espacio que se formaba entre sus piernas al sentarse, e incluso, en su corazón.
[Romance, humor.]
[Au, OoC]
Realmente no había reparado en ello hasta que la diferencia ya era más que obvia, tampoco es como si realmente le molestara, sólo era una duda que había asaltado su mente.
¿Porqué Sakura era tan pequeña?
Recordaba perfectamente que en la secundaria tenía un tamaño normal; un par centímetros la diferenciaba de otras chicas, e incluso era más alta que algunas tantas, pero a medida que avanzaban en los años escolares el crecimiento de la muchacha pareció enlentecerse a tal grado que daba la sensación de haberse detenido por completo.
Por su parte, su crecimiento no había parado y tampoco tenía pinta de querer hacerlo. Cuando veía fotos de la primaria, donde estaba en compañía de sus aún amigos, se percataba de lo pequeño que era, y no es que fuese algo anormal, después de todo era un niño; pero no dejaba de sorprenderse cuando se veía prácticamente del mismo tamaño que la castaña.
La sorpresa acudía más que nada cuando pasaba del recuerdo a la actualidad, pues a sus ya diecisiete años alcanzaba unos 175 centímetros y según entendía, aún le quedaban otros cuantos más para crecer; a Sakura, por otro lado, pocas esperanzas le quedaban.
Hace un tiempo, la primera vez que se interesó en el tema de sus estatura, hizo una pequeña búsqueda por internet de la que concluyó que a la castaña no le quedaba más opción que simplemente conformarse con sus escasos 155 centímetros; quizás podría aspirar a crecer unos cinco centímetros como mucho y con mucha suerte, pero más allá de eso era altamente improbable.
Pero como ya se había dicho, no le molestaba en absoluto, sólo le parecía curioso. Además, no podía negar que su estatura formaba parte de su encanto.
Aquellas facciones delicadas, casi infantiles junto aquellos preciosos ojos verde que seguían teniendo aquel perfecto brillo de inocencia; aquel cuerpo de adolescente tan bien trabajado gracias a su pasión por el deporte; aquella piel blanquecina y tan suave a la vista; y finalmente aquel cabello castaño corto, constantemente alborotado, le otorgaban un encanto único y perfecto, una mezcla entre inocencia con los toques justos y necesarios de sensualidad. Y todo eso pegaba a la perfección con su pequeña estatura.
Sí, para él no había problema.
Aunque en más de alguna ocasión habían pasado por situaciones embarazosas producto del tierno aspecto de la muchacha.
Recordaba una vez en particular, ocurrida hace unos cuantos meses atrás y apenas unas semanas después de iniciar su relación de novios.
Habían acordado pasar la tarde en un parque, como tantas veces ya lo habían hecho.
Syaoran había terminado sus clases antes que la castaña, así que el tiempo le alcanzó para ir a su casa, cambiarse, y volver a buscar a la castaña al instituto.
Todo avanzaba en una extraña normalidad a la que aún estaban adaptándose, pues, pese a que habían tenidos sentimientos el uno por el otro desde la niñez, nunca se habían relacionado como algo que amigos, por lo que el asunto del noviazgo los tenía nerviosos a ambos a causa de su nula experiencia en el tema.
Aquel día Sakura había peinado su cabello en dos pequeñas coletas altas, igual al peinado que usaba de niña, lo que a ojos del ambarino la hacía ver tremendamente adorable.
Estando en el parque, decidieron pasar el tiempo bajo la sombra de un árbol, sentados uno junto al otro y ella apoyando su cabeza en el hombro de él. Pasaron tiempo en silencio, acostumbrados a la agradable compañía del otro no siempre necesitaban hablar para comunicarse.
La castaña estaba comiendo unos pequeños bombones de chocolate que Li le había obsequiado cuando pasó a recogerla. Contenta, saboreaba el dulce, y continuó haciéndolo, uno tras otro, hasta alcanzar el último; fue ahí que se percató de lo mezquina y distraída que había sido.
"Syaoran… ¿Quieres el último?" Cuestionó, esperanzada a que dijese que no.
El castaño se movió lo suficiente para poder ver su rostro. Perceptivo como sólo él podía ser, notó cierta tonalidad dudosa en aquel ofrecimiento, y aunque hubiese aceptado más que feliz el dulce, decidió negarlo cuando vio en aquellos grandes ojos verdes los deseos para nada ocultos de la chica.
Le sacó una pequeña sonrisa divertida. Sakura era tan fácil de leer como un libro abierto, era la persona más transparente que había conocido en su vida, y aunque en ocasiones, la más complicada de entender.
Vio un destello de satisfacción en sus ojos cuando su respuesta fue un no, y como temiendo que Syaoran fuese a cambiar de opinión, devoró aquel último chocolate.
Fue ahí cuando el castaño se percató de los restos de chocolate en sus labios. Una nueva sonrisa surcó por los propios tras el travieso pensamiento que había formulado en su cabeza.
Como si fuese algo natural a lo que estaba acostumbrado por lo repetitivo del acto, pese a que el mismo era más bien escaso, se inclinó hacia su rostro al mismo tiempo que con una de sus manos tomaba la mejilla de Kinomoto para girarle en su dirección. No le dio tiempo a la muchacha de procesar sus movimientos, pues para cuando pudo formular algún pensamiento, ya sentía los labios de él sobre los propios, saboreando aquellos restos de chocolate derretido que habían estado adornándole.
Para él aquello había sido una tentación. Sabía que en absoluto había sido la intención de la castaña tentarlo de aquella manera, pero aun siendo consciente de ello, no pudo ni quiso resistirse. Sus labios le parecían naturalmente tentadores, sonrosados, suaves, siempre llamativos, siempre invitándolo a probarlos; por su puesto se contenía la mayor parte del tiempo, no quería ser el tipo de chico incapaz de soltar a su novia, eso y simplemente no era su estilo estar abalanzándose sobre ella todo el tiempo; pero verlos así de tentadores como siempre, cubiertos además de chocolate, le parecían una invitación difícil de rechazar.
Travieso, acarició sus labios con la lengua, provocando que la castaña se sobresaltara debido a lo poco acostumbrada que se hallaba a ese tipo de contacto, mas no fue difícil para ella corresponderle; le era imposible negarse o resistirse al contacto con el ambarino.
Instantes después finalizó el contacto dejando un último casto beso sobre sus ahora húmedos labios y se alejó suavemente. Al abrir sus ojos vio un muy esperado sonrojo adornando sus mejillas, haciéndola lucir más adorable de lo que ya era.
Sakura, en silencio, dirigió su mirada al frente, deseando que su rostro dejase de arder de una vez por todas, pero con una sonrisa curvando sus labios. Lo siguiente que Syaoran vio, fue sus delicadas manos jugando con el borde de su falda escolar.
Sabía que ninguno de los dos estaba acostumbrado, sabía que la castaña era especialmente tímida y muy fácil de avergonzar, pero era la menor de sus preocupaciones. Estaba disfrutando cada segundo de aquellas nuevas facetas que iba conociendo, a la vez que se sorprendía de sí mismo por las actitudes que solía adoptar en compañía de ella y de las cuales no era realmente consciente.
Li desvió también su mirada, pero a diferencia de ella, decidió cerrar sus ojos para continuar relajándose; fue poco después que sintió aquella cabeza apoyándose nuevamente sobre su hombro.
"Cariño, ¿Puedo hablar contigo un momento?"
Syaoran, extrañado y con el seño fruncido, abrió los ojos al escuchar una voz madura tan cerca de ellos.
Sus ojos chocolate se encontraron con una castaña mirada preocupada, que miraba Sakura. El joven de inmediato desvió la mirada hacia su novia, cuestionando en silencio quién era la mujer frente a ellos, pero por la expresión de Sakura entendió que ella no tenía mucha más idea que él.
Confiada y curiosa como era se puso de pie y se alejó unos cuantos metros con la mujer adulta, todo bajo la atenta mirada de Li, que ocasionalmente se cruzaba con los ojos inquisidores de la adulta, pues no dejaba de dirigirle miradas cada tanto.
Estaba a punto de ponerse de pie cuando vio a Sakura negar nerviosamente con las manos. No entendía nada de lo que estaba sucediendo, pero sin duda alguna estaba molesto. Y su molestia se acrecentaba a cada que veía a la castaña más nerviosa.
Conocía su lenguaje corporal de memoria.
No resistió más y se puso de pie; manos en los bolsillos y expresión molesta encaminó sus pasos hacia las dos mujeres. La mayor le seguía mirando con desconfianza, la cual pareció acrecentarse al verle de pie.
Al irse acercando, pudo escuchar claramente las réplicas de Sakura hacia lo que sea que la mujer hubiese alegado.
"Se lo juro, señora, es mi novio."
Aquello le hizo enojar más.
¿Por qué estaba dándole explicaciones a una total desconocida sobre su relación?
Instantes después entendió todo, cuando le dio a la mujer oportunidad de explicar: La señora estaba preocupada de ver a una niña de secundaria con un universitario de forma tan íntima y pensó que algo no estaba bien.
Li se sintió avergonzado después de aquella explicación, no por haberse molestado, de hecho, continuaba molesto por la intromisión de aquella persona, pero no podía negarse que le tomó totalmente desprevenido que, desde ojos externos, fuesen vistos de tal manera.
Pese a que le explicaron que no sólo ambos iban al instituto, sino que también tenía la misma edad, no fue suficiente hasta que ambos mostraron sus identificaciones para librarse de la mujer, quien aún desconfiada, decidió dejarlos en paz de una vez.
Syaoran agradeció al cielo que por fin los hubiese dejado solos.
Sakura se reía de la situación como si fuese lo más gracioso del mundo.
"Para ti es gracioso." Comenzó el castaño mientras caminaban. "Porque a ti no te han confundido con un maldito pervertido tomando ventaja de una niña."
"No es tan terrible…" Alegó, intentando contener la risa. La expresión molesta del ambarino le acalló las carcajadas que aún no nacían. "Bueno, sí es terrible, pero no es mí culpa que luzcas como un pervertido y yo como una niña."
El castaño negó, agitando sus propios cabellos.
"Deja de decirlo como si realmente pareciese un pervertido." Suspiró mientras rodaba los ojos, provocando en la castaña una risa por demás divertida.
"Sabes que no lo eres así que ¿Por qué te preocupa?"
Siguieron discutiendo un buen rato sobre por qué era tan mala idea que Sakura repitiese aquellas palabras en voz alta, en público, mientras se dirigían hacia su casa. El camino estuvo lleno de risas de la castaña que terminaron por borrar aquella expresión molesta en el rostro de Li, reemplazándola por una más neutra que a ratos se acompañaba de sus sonrisas.
Había sido una ocasión bastante aislada, pero fue la primera vez que Syaoran prestó real atención a las diferencias entre ambos.
"Li, llevas mirándome fijo cerca de media hora ¿Qué tienes?"
La familiar voz de su novia lo trajo devuelta al lugar en el que estaba: La habitación de ella, sobre su cama, mientras que Kinomoto se encontraba en su escritorio, trabajando en una entrega que él responsablemente había terminado días atrás.
"Estaba pensando." Fue lo que respondió, pasando una de sus manos por sus desordenados cabellos castaños.
¿Realmente llevaba mirándola media hora? Bueno, fácilmente podía pasar mucho más tiempo contemplando su figura sin ningún tipo de problema o disgusto, así que tampoco le sorprendía del todo.
"¿Qué pensabas?" Quiso averiguar.
Antes de responder Syaoran observó cada movimiento de la menor, desde que se levantó de su silla hasta que se subió en la cama para acomodarse entre sus piernas, justo frente a él.
"En lo pequeña que eres." Respondió como si nada, estirando una de sus manos para poder acomodar un travieso mechón de cabellos tras su oreja. El tacto con la piel de su mejilla hizo aparecer un tenue sonrojo; le fascinaba el efecto que podía tener en ella.
"¿Sigues con eso?" Inquirió en un suspiro de falsa molestia. "Ya te dije que no sé porqué no crecí más. Mi padre y mi hermano son altos, así que no lo entiendo, pero no puedo hacer absolutamente nada para acortar los veinte centímetros que me separan de ti." Finalizó, con cierto deje dramático en su voz que robó una sonrisa de los labios ajenos.
"Puedo vivir con veinte centímetros de diferencia, aunque no sé si pueda resistir ser confundido nuevamente." Mencionó, sabiendo de sobra que la castaña entendería la referencia al episodio sucedido hace tiempo.
Ante el recuerdo, Sakura se rio.
"Eso también está fuera de mi control Syaoran, pero puedo compensarte." Li supo de inmediato que su novia no estaba insinuándosele, pero su estúpida y hormonal mente adolescente imaginó posibilidades muy tentadoras y por demás atractivas para ser compensado.
Un sonrojo surcó por sus mejillas y desvió sus ojos ámbar del rostro ajeno. Le irritaban sus pensamientos descontrolados y definitivamente le avergonzaban su aparición en momentos como aquel, cuando compartía con la chica. No se avergonzaba de tenerlos, de hecho, solía disfrutarlos bastante, después de todo, no era más que un hormonal chico de diecisiete años con una demasiado atractiva novia como para no sentirse tentado; sin embargo, sí debía admitir que le avergonzaba la posibilidad de ser descubierto.
Ante aquel gesto, Sakura buscó su mirada nuevamente, insistente y en un intento de no tener que enfrentar aquellos inquisidores y preciosos ojos verdes, Syaoran decidió cerrar los propios y echar la cabeza hacia atrás.
Mala decisión, pues fue a dar justo con la pared en la cual su espalda estaba apoyada.
Ante el golpe que más que doloroso, fue molesto, frunció el ceño. Su novia, por su parte, soltó una risa.
El lado positivo, es que tanto el golpe como la risa de ella le habían hecho dejar de lado aquellos pensamientos e imaginaciones lascivas y podía volver a mirarla a los ojos tranquilamente.
"Bueno… podría compensarte, si así lo quieres." Retomó ella, ahora que tenía su atención otra vez.
En un gesto inconsciente, se mordió el labio inferior, como acostumbraba a hacer frente a los nervios o en un estado de completa concentración.
"Ah, mierda." Masculló él, rodando los ojos ante lo débil que resultaba ser frente a Sakura.
Sin explicaciones y sin preámbulos, tomó el rostro de la joven entre sus manos y terminó de acortar la breve distancia los separaba; atrapándola en un beso hambriento y deseoso. La castaña, guiada por el instinto, rodeó el cuello del más alto y enredó una de sus manos en los sedosos cabellos alborotados, a la vez, respondió con la misma intensidad al contacto.
El de ojos ámbar deslizó una de sus manos con suavidad desde su cuello hacia su cintura, buscando así acortar la distancias entre sus cuerpos y pudo sentir como ella se estremecía ante el tacto de su mano, lo cual le resultó más atractivo aún que el propio gesto de morderse el labio.
Sakura no era totalmente consciente de ello, pues despistada como era no tenía idea del huracán que desataba en el interior del joven Li con cada gesto o reacción que tenía para con él, y, por un lado, era mejor que fuese ignorante de ello, pues de no ser así, tendría al castaño totalmente a su merced.
Se detuvo un instante, apenas un segundo, sólo para retomar un poco del aire perdido y nuevamente fue al encuentro de su boca, esta vez, más intenso, más deseoso, más fogoso.
Li Syaoran era fuego y a Sakura le encantaba verse abrazada por las llamas.
Con cuidado y lentitud, con delicadeza y a la vez con ansías, coló una de sus manos bajo la camiseta de su uniforme escolar, entrando en contacto con la cálida y suave piel de su cintura. Sakura ahogó un tenue gemido en sus labios, cosa que logró avergonzarla por completo, mientras que para él sonido hizo crecer la llama en su interior.
No buscaba propasarse, en absoluto, es más, se odiaría de saberse estar forzando o presionando a su novia; si continuaba era sólo porque sabía que la castaña disfrutaba de su tacto, de sus caricias superficiales, cálidas, llenas de cariño y a la vez de lujuria, porque por muy inocente que su novia luciera, sabía y tenía el placer de saberse conocedor de aquella faceta más hormonal y deseosa de la castaña.
Jamás habían llegado a demasiado, se detenían antes de que alcanzaran un punto de no retorno, pues aunque las ansías parecían crecer día a día, ninguno quería cometer el error de apresurarse demasiado en llevar aquel acto hasta el final, además, las caricias superficiales y los besos apasionados parecían ser suficientes por el momento, al menos para Sakura; para Syaoran la historia podía ser algo diferente, pero sus creencias y el amor que le profesaba a ella eran muchísimo más fuertes que sus estúpidas hormonas juveniles.
Ambos estaban seguros de querer compartir ese momento con el otro, que no se entienda lo contrario, es más, ninguno de los dos era capaz de imaginarse compartiendo tan íntimo acto con alguien más, pero de alguna forma, ambos coincidían, sin palabras, en que aún no llegaba el momento preciso para entregarse físicamente al otro.
Pero, nada les prohibía disfrutarse de forma superficial en sus tiempos de soledad.
Si había algo de lo que Li Syaoran estaba completa y absolutamente seguro era de lo mucho que perdía la noción del tiempo cuando se apoderaba de los dulces labios de su novia. Podía decirse también que quizás era una de sus actividades favoritas.
Unos minutos así, entre besos y suaves caricias y ambos jóvenes ya se encontraban con la respiración alterada y las mejillas coloreadas de rojo; avergonzados, pero deseosos. Li aclaró su garganta cuando su mirada fue capturada por los ojos de la muchacha, quería decir algo, pero enmudeció al percatarse de un particular destello en aquella mirada.
Sakura, ante la intensa mirada, dejó escapar en un jadeo el aire que había estado conteniendo desde que se apartó de sus labios. Una rápida mirada hacia el masculino rostro del adolescente y fue imposible no detenerse en sus labios; lucían apetecibles, siempre lucían apetecibles, pero aquel brillo que le otorgaban los restos de su propia saliva los hacía más tentador.
La mano que había estado repartiendo cortas caricias en su cintura se deslizó con confianza hacia su espalda, causando en la muchacha, un pequeño escalofrío del cual Li no se percató; estaba demasiado ensimismado en los ojos de ella.
La castaña lo sintió en cámara lenta, el cómo deslizaba su mano hacia su espalda, cómo su rostro se dirigía hacia el de ella con claras intenciones de besarla, o eso pensó hasta que sus labios tomaron un rumbo distinto al imaginado, terminando por alojarse en la piel de su cuello.
Pese a la sorpresa que le había causado, se dejó hacer, nerviosa y sonrojada hasta las orejas, pues Syaoran nunca había pasado de dejarle un casto beso en el cuello, más que nada por el gusto de verla enrojecer y molestarse con él. Sin embargo, las caricias que estaba recibiendo en ese momento le eran completamente ajenas.
Con la intención de tantear el terreno en el cual se estaba adentrando depositó suaves besos, cortos, uno tras otro en diferentes zonas de su piel; buscaba ver la reacción de la muchacha, si es que tenía alguna negativa o, por el contrario, le permitía avanzar un poco más. Sakura optó por la segunda.
Un poco más confiado profundizó el contacto, recibiendo en respuesta un tenue gemido que terminó de nublarle la mente. Dejó de lado el tímido avance y se volcó a besar apasionadamente su piel, alterando entre lamidas y suaves mordidas que sabía Sakura estaba disfrutando; las reacciones de su cuerpo se lo hacían saber sin demora.
Guiado por aquella llama que crecía en su interior inclinó a la castaña para recostarla cuidadosamente en la cama. La acción provocó que separara sus labios de su piel e inevitablemente sus miradas se encontraran.
Verde y ámbar, desbordantes de deseo y amor.
Ninguno de los dos sabía que decir, así que, en lugar de intentar conectar dos neuronas para poder poner palabras en sus bocas, decidieron mejor, conectar sus labios nuevamente.
En aquella nueva posición ella se sentía, de cierta forma, invadida, pero a la vez, abrigada y protegida. Era extraño tener el cuerpo de Syaoran sobre el propio, pero el joven estaba siendo tan cuidadoso de no aplastarle, que en lugar de sentirse nerviosa o asustada, sintió ternura.
Li, por su parte, intentaba mantenerse cuerdo. Luchaba internamente por ponerse un alto antes de que fuese demasiado tarde y terminara por asustar a la más pequeña, pero no podía. El que Sakura estuviese permitiéndole llegar a tal punto sin ninguna negativa, y más bien consintiendo todo su accionar, era muchísimo más de lo que su cordura podía soportar.
Lo que realmente puso en riesgo cualquier ápice de sensatez que le que quedase, fueron las delicadas manos de ella metiéndose bajo su camisa y acariciando su abdomen. Sintió sus propios músculos contraerse ante el delicado tacto y un suspiro quedó ahogado en los labios ajenos; su temperatura pareció subir un par de grados y el deseo alcanzó un nuevo punto.
No quería tener que detenerse, quería seguir explorando, sintiendo y conociendo, de hecho, ninguno de ellos quería parar.
Tan ensimismados se encontraban el uno en el otro que todo lo que sucedida fuera esas cuatros paredes les era completa y absolutamente ajeno a ellos.
Ninguno se dio por enterado de que Touya, el hermano de Sakura había arribado en compañía de Yukito, pese a que con un grito avisaron su llegada. Las hormonas tenían sus sentidos demasiado nublados.
Al mayor de los Kinomoto se le tornó extraño que su hermana no respondiese al saludo, pensó que quizás estaría durmiendo, pues no había avisado que no estaría en casa, así que desinteresadamente subió las escaleras en compañía del peliplata para buscarla en su habitación.
Los adolescentes ni si quiera escucharon los pasos en la escalera o la conversación que estaban teniendo los universitarios, apenas y alcanzaron a escuchar la puerta del cuarto abrirse antes de que todo se transformara en gritos alarmados y exclamaciones ahogadas.
Para Sakura todo fue demasiado rápido. En un momento tenía aquel cálido cuerpo sobre el propio, besándole apasionadamente, y al segundo siguiente sintió la alarmante ausencia de su novio. Asustada, abrió los ojos y se sentó cual resorte en la cama, topándose con el peor panorama de todos.
Su hermano mayor, aparentemente, había cogido a Li desde la camisa bruscamente para quitarlo de encima de la castaña, y no contento con ello, lo arrojó al suelo.
Vociferó un sinfín de insultos dirigidos a Syaoran, quien no tardó en responder de la misma manera, como siempre hacía cada vez que se encontraba con el mayor, claro que, en la ocasión actual, Touya tenía motivos suficientes para molestarse más que el simple placer de sacar de quicio a ese mocoso.
De no haber sido porque Yukito contuvo, literalmente a la fuerza, al castaño mayor, sin duda alguna este se hubiese abalanzado al menor para golpearlo.
Era un caos.
Todo era un absoluto caos.
Sakura roja y nerviosa hasta más no poder.
Li avergonzado y enojado como sólo él podía.
Yukito nervioso intentando calmar a su mejor amigo.
Y Touya, bueno, no paraba de insultar al novio de su hermana.
Después, cuando ya estaba en su propia casa pensando en todo lo sucedido, pensó que hubiese sido muchísimo menos terrible que el propio padre de la castaña los hubiese encontrado de aquella forma, en lugar de Touya, quien desde el principio le declaró su odio y sin motivos aparentes.
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