Manipulada
Lo que despertó a Clark esa mañana no fue la falta de sueño, ni los rayos del Sol, ni los gritos de Lois. No. Fue algo mucho más contundente.
Clark despertó por culpa de una patada en las costillas.
Por supuesto, no sintió el menor rastro de dolor, pero años de práctica profundamente tallados en su ser lo hicieron encogerse en posición fetal mientras gritaba.
- Toma cúbrete, no quiero verte el…- trago de saliva- no quiero que sufras una hipotermia
Clark aceptó las sábanas que Lois le arrojó y se cubrió con ellas en forma similar a ella.
- Supongo que te preguntas donde estamos. Bueno, más vale que no te desmayes como una niña chiquita cuando lo sepas, pero estamos muertos. ¿Ya me puedo dar vuelta?
- Sí, ya estoy vestido… Espera, ¿Cómo que muertos?
Lois se dio la vuelta y apuntó al techo.
- ¿Sinceramente? No creo que sigamos en Kansas, además ya estuve aquí una vez
Clark por primera vez dejó de prestar atención a su propia desnudez y observó el entorno. La vergüenza rápidamente fue aniquilada por el miedo. Y un instante después, una vergüenza aún más horrible lo invadió mientras recordaba todo lo que los había llevado hasta ese momento.
Lois sonrió satisfecha con que la reacción de Clark fuera peor que la de ella.
- Eso no importa. Sígueme, encontré una salida a unos cincuenta metros para allá
- ¿Exploraste el lugar antes de despertarme?
- Solo revisé que no se extendiera hasta el infinito- dijo sintiendo en sus pies descalzos la mullida superficie parda
Ambos empezaron a caminar luciendo unas improvisadas togas romanas. Clark, detrás de ella y ensimismado en sus recuerdos solo alzó la vista del suelo una vez, esperando equivocarse, pero a través de los rayos X las sábanas que ocultaban los moretones con forma de dedos bien podrían ser transparentes.
- Mira Smallville, quiero que seas sincero conmigo… ¿sabes cómo morimos? Es decir, lo último que recuerdo de ayer fue estar conversando contigo en la fiesta de San Valentín. No tengo nada después de eso
- Lo siento Lois
- ¿En serio? ¿No te ofreciste a llevarme a un bar para ahogar mis penas? Me parece algo que yo haría, y si nos sobrepasamos con la bebida explicaría porque morimos juntos
- Yo no bebo, tampoco recuerdo nada de la fiesta de ayer
Lois hizo una mueca de descontento y su mente se distrajo en nuevas teorías.
Clark soltó un suspiro de alivio cuando ella no siguió preguntando. Pues aunque lo que dijo no fue precisamente mentira, tampoco había sido la verdad.
Realmente él no recordaba nada de la fiesta de ayer.
Porque la fiesta de San Valentín fue hace una semana.
Sin embargo, él no había notado nada extraño hasta el día siguiente. Cuando Lois se presentó en la granja con los labios saturados de kriptonita roja y vestida como una "zorra". La palabra envió una corriente eléctrica por su columna mientras su memoria revivía todas las veces que se dirigió a ella de esa forma.
- Smallville, estamos muertos. Supéralo y deja de retorcerte mientras caminas, me estas poniendo nerviosa
Oh, esa forma de menospreciarlo era la culpable de meterlos en esta situación. Esa insufrible tendencia por los comentarios burlescos. Todo había comenzado con ella haciendo una de esas observaciones que lo sacaban de quicio.
Había tantas cosas que pudo haber dicho sobre él.
Pudo haber mencionado su incapacidad para bailar. Su cero talento con las mujeres. La gran diferencia que tenían de conocimiento urbano. Incluso hubiera preferido que mencionara su eterna tendencia por perseguir a Lana.
Pero no, la señorita tuvo que compararlo con Oliver. Y ni siquiera fue sobre sus personalidades o sus diferentes estados financieros. No. Tuvo que ser acerca del lugar en donde iban consumar la noche. Todavía recordaba la frase palabra por palabra.
- "Clark. No me importa si nuestras citas son un sencillo paseo en la granja. Creo que importa más con quien comparto ese momento"
Claro. Lo dijo sin querer. Pero Kal no brillaba por su tolerancia. Tenía que demostrar su superioridad. Pero sabiendo que sin importar cuantos cajeros automáticos robara nunca podría pagar un lujoso hotel en Monte Carlo, la había llevado a un lugar miles de veces más exclusivo. Un lugar que con suerte diez personas alrededor del mundo conocían.
Pasó el resto de la tarde haciendo gala de sus poderes. Disfrutando la pura adoración en su mirada. Tan alejada del miedo de los villanos de turno, o del cuasi respeto que experimentó durante su corta etapa en Metrópolis.
Una mirada que siempre había querido ver en Lana. O siendo honesto, en cualquier mujer.
Horas más tarde. Ocultándose del radar de Chloe. Lois recogió un par de abrigos y una maleta del departamento del Talón y se fugaron a toda velocidad en medio de risas y constantes interrupciones para confirmar lo tanto que se deseaban.
La misma maleta que en su interior guardaba decenas de bikinis y piezas bastante caras de lencería. La misma maleta que en su momento estuvo demasiado deprimida como para deshacer. La misma maleta con la que irónicamente había planeado irse de vacaciones con Oliver y que ahora, sin embargo, cumpliría su función con otro hombre.
...
Clark siempre recordaría la primera noche.
La maravilla en los ojos de Lois mientras curioseaba por "El Cielo" como una adolecente; otros hombres tenían casa de playa y autos lujosos, él un palacio y la capacidad de crear materia prácticamente de la nada. Las risas traviesas mientras transformaba el último vestigio de su civilización en su nido de amor privado. También la sencillez con la que la había llevado a la cama. Y por sobretodo la interminable sucesión de variadas emociones que lo impulsaron a enredarse con ella durante horas.
La primera fue el logro. Una sensación de inconmensurable orgullo. Alimentaba tanto su ego tener a esa mujer altanera que siempre lo había mirado hacia abajo, aquella que le había arrebatado su cama, su privacidad y el agua caliente durante meses, mordiéndose el labio para no gemir mientras se retorcía de placer debajo de él.
Durante varias rondas se dedicó a verter todo su resentimiento. Toda su venganza en ese pobre cuerpo. Y ella lo acepto con una sonrisa atrevida y temblorosa a partes iguales.
Entonces, cuando por fin el resentimiento pareció haberse acabado, surgió la más pura y reprimida de las lujurias. ¿Cómo no? Si cada sábado puntualmente se paseaba por la casa en esos diminutos shorts deportivos. O aprovechaba que su madre estaba en Topeka para ejercitarse en medio de la sala. Un verdadero martirio que ahora había encontrado escapatoria.
Pero incluso la lujuria se acabó.
Y sorprendentemente eso no lo detuvo de seguir haciéndole el amor.
Era otra emoción lo que lo mantenía enganchado a ella. Algo más sutil, constante y duradero. Diferente de los picos de placer del sexo.
Como un baño de agua caliente. Agradable y con un goce que se podía extender ilimitadamente en el tiempo.
Bueno. Todo lo ilimitado que fue hasta que el cansancio los venciera a los dos y la última de las sensaciones inundara su mente. La de seguridad.
Clark mismo nunca lo aceptaría, pero el daño que había recibido por parte de Lana había socavado mucho más profundo de lo que todos sus amigos podrían imaginar.
Cuando rompió con ella había estado preparado para verla partir con otro hombre. Preparado para que quizá, tan solo de vez en cuando, uno de los dos pudiera ver el pasado e imaginar con una ligera sonrisa lo que pudo haber sido.
Pero ella pisoteó el enamoramiento que habían hecho crecer a través de tantos años y de tantas dificultades al meterse con Lex. Con su mayor enemigo, con el ser más despreciable y falso que existía; todo eso mientras lo acusaba de guardar secretos que precisamente la protegían a ella.
- "Nunca has confiado en mí, ¿verdad? No sé cómo pude haberte amado"
La mujer que con una sola frase había desechado su amor a cambio de un monstruo.
Pero ahora tenía durmiendo a su derecha a una mujer que lo adoraba, que incluso en sueños se aferraba a él y que en su piel había impreso para siempre su nombre. Un inconfundible corazón rodeado de espinas que la distinguía como suya.
Clark la atrajo más cerca de él y se durmió con la seguridad que ella jamás lo traicionaría.
...
La fortaleza les podía brindar refugio, cama e incluso ropa (siempre que vistieran al último grito de la moda kriptoniana, es decir, como griegos antiguos). Pero no comida.
Así que cuando el Sol estuvo en lo más alto en el segundo día, Clark la llevó hasta un poblado en Groenlandia que subsistía a base del turismo.
Ambos sabían que Chloe se pondría histérica con sus desapariciones. Y no se equivocaron. En cuanto consiguieron un cuarto de hotel y Wifi iniciaron una video-llamada solo para recibir un furioso interrogatorio que Clark detuvo cerrando la laptop de Lois.
Ambos rieron como adolecentes.
Y así pasó la semana. A veces en un país tropical, otras en un hotel lujoso de Europa, e incluso a escondidas en el granero mientras Chloe, Martha y Lionel discutían su paradero a unos veinte metros en la casa. Siempre dejando pistas de su ubicación en sus llamadas, solo por las risas. Disfrutando la sensación de peligro cada que los hombres de Lionel estaban a punto de acorralarlos.
De tanto en tanto regresaban a la fortaleza. El lugar parecía encantarle a Lois, en especial después de que construyera una piscina y la convirtiera en una jacuzzi con su visión de calor.
No obstante, algo que Clark no alcanzaba a comprender era por qué la kriptonita roja no había sacado lo peor de él. Es decir, sí, fue bastante rudo durante el sexo. Gozaba de exagerar sus habilidades y manipularla para hacer cosas que ella nunca haría en sus cabales. Constantemente presumiéndola como su propiedad en los grandes clubes nocturnos alrededor del mundo. Disfrutando de las miradas de envidia de los otros hombres.
Pero, a pesar de que la idea de abandonarla pasó varias veces por su mente, jamás llego a materializarla. Sencillamente sentía que no la había disfrutado por completo, que bien podría tener otras mujeres más tarde. Sin embargo, cuando llegaba un nuevo día, Lois siempre encontraba una nueva forma de engatusarlo… o simplemente se encontraba demasiado satisfecho y exhausto como para separarse de ella.
Solo la última noche, cuando el labial se había gastado por completo y supo en lo más profundo de su ser que el tiempo se había acabado, Kal llegó a una conclusión.
Abrazó a una Lois durmiente y dolorida, la besó tiernamente en la frente y procedió a susurrar sus últimas palabras a la única otra persona que podía escucharlo.
- Por favor Clark, no me la quites
