Manipulado
Tomó toda su fuerza de voluntad no saltar encima de él en ese preciso momento. La kriptonita roja latía con vida propia dentro de ella, empujándola a olvidarlo todo.
Se mordió la lengua en un esfuerzo por controlarse. Y aunque no bastó, sí le dio suficiente tiempo para desviar los efectos de la droga fluyendo por su sangre.
- Me veo horrible con esta ropa. Apesto a sudor de todo el día. Él no te querrá así- susurró para esa parte instintiva de sí misma que amenazaba con aprovechar la debilidad de su psique y generar una segunda personalidad
Pagó los diez dólares del lápiz labial y huyó a su habitación arriba del Talón. Sin él paseándose por todo el lugar podría pensar con más claridad.
Pero no fue así. Mientras se duchaba se dio cuenta de que no podía evitar que sus pensamientos volvieran a girar en torno a su necesidad de Clark. Sencillamente se quedaba en blanco cuando intentaba recordar cualquier dato de esta época que no sirviera para tenerlo a él.
Si no planeaba cuidadosamente sus próximos movimientos, se perdería en sus delirios y Clark volvería a raptar a Lana.
- Eso es- se dijo mientras sentía como la Lois instintiva gritaba en horror. Y a partir de ahí intentó enfocarse en preparar un plan que complaciera tanto a su yo intoxicada como a su misión de salvar a su esposo
Envuelta en una toalla se sentó en su escritorio y escribió con letras grandes en el encabezado de una hoja: "Este Clark no es con el que te casaste. Este Clark irá corriendo con Lana en cuanto tenga oportunidad"
Abajo empezó a reconstruir el "día siguiente" a partir de las memorias de esta Lois y lo poco que Clark le contó aguantando la vergüenza.
Enumeró los detalles que llevaron a Clark a invadir la fiesta de compromiso de Lana, qué otros imprevistos podría encontrarse y cómo poder evitarlos.
Casi se sentía como una "sugar mommy" atrapando a un jovencito en sus redes.
Dos horas después observó con deleite su plan de ataque y lo memorizó antes de destruir la hoja. Dejar cosas cómo estas desperdigadas por cualquier lugar eran la principal trama de tantas novelas que ella se esforzaba en negar que leía.
Volvió a organizar la maleta con la que habría viajado a Montecarlo. Quitó todo lo verde, añadió mucha ropa interior negra y en un arranque de creatividad empacó el bikini del Windgate. Finalmente la colocó cuidadosamente al lado de la puerta, lista para poder cogerla y largarse de inmediato cuando quisiera. No quería perder ni un segundo a su lado en tareas inútiles.
Justo entonces escuchó los ronquidos de Chloe. Era su señal para escabullirse. Era un paso crucial tatuarse el corazón envuelto en rosas rojas, este Clark no podría resistirse a eso. Se sintió un poco culpable por explotar sus inseguridades, pero todos esos frenos morales quedaron enterrados luego de aplicarse inconscientemente un poco más de labial.
Esa noche, luego de untarse la pomada que recomendó la tatuadora, durmió cómo una niña que esperaba la navidad.
Al día siguiente no tuvo que retenerse, en cuanto Martha estuvo fuera de la vista se abalanzó sobre él y lo besó.
Fue tal y como lo había imaginado. El miedo que sentía por que él no fuera el hombre que amaba se desvaneció al mismo tiempo que él perdía sus inhibiciones y la levantaba en brazos. No pudo negar que se sentía un poco diferente, pero era tan claro como el agua que debajo de la intoxicación por kriptonita roja, debajo de todo su estrés y despecho, y debajo del encaprichamiento por otra mujer; se escondía su marido.
No era que él se convertiría en su Clark dentro de varios años. Él era su Clark ahora, solo necesitaba atravesar sus defensas para volver a tener a su esposo. Y en este mundo nadie podría atravesar sus defensas mejor que ella.
Solo requirió un pequeño piquete a su ego para que él le revelara sus habilidades. Otro poco para que hiciera gala de ellos, buscando impresionarla. Y muchos besos y risas para alentarlo a divertirse, sabía muy bien que nunca nadie trató sus poderes con tanta despreocupación y deseaba que sus primeros recuerdos fueran con ella.
Si alguien de este tiempo lo viera tan feliz, no creería que la kriptonita roja estuviera provocando esto.
Jugaron en el pastizal por horas hasta que los besos y los roces por encima de la ropa ya no fueron suficiente para ella, lo deseaba demasiado como para ser considerada y seguir curando sus heridas. Así que volvió a picar su ego. Suavemente y con cuidado, no quería mandarlo a volar con Lana o que descargara su ira contra Oliver y se olvidara de ella. Conocía de cerca lo volátil que era la kriptonita roja.
- "Clark. No me importa si nuestras citas son un sencillo paseo en la granja. Creo que importa más con quien comparto ese momento"
Media hora después estaban haciendo el amor en la fortaleza.
Lo conocía cómo la palma de su mano. Sabía que morderle los labios lo excitaría al máximo, que gritar su nombre lo haría ser más rudo y que pasar sus uñas por su espalda lo volvería loco. Lois pensó que sería inevitable que ella tuviera el control desde el principio.
Sin embargo, no era perfecta y no había calculado bien las consecuencias de despertar la lujuria de un Clark mucho más joven, enérgico, y rebosante de deseo sexual reprimido.
Quizá hubiera sido capaz de manejarlo en el futuro, con sus músculos acostumbrados a una vida sexual activa y a un trabajo muy exigente. Pero en esta época y con un cuerpo en sequía sexual por más de un año, no albergó esperanza alguna de soportar horas y horas de maratónica pasión masculina.
Cuando él por fin terminó y ella estaba temblado como una hoja en sus brazos, sufriendo los últimos rastros de su orgasmo, el bastardo empezó a burlarse de ella.
"Si hubiera sabido que eras tan frágil y delicada, no hubiera sido tan rudo", dijo mientras besaba su cuello y ella intentaba ahogar un gemido.
Cualquier despojo de culpa por manipularlo desapareció en ese instante.
El resto de la semana le recordó a su luna de miel. La única diferencia fue que volvían regularmente a la fortaleza. No porque fuera un lugar que le agradara, sino porque no debía ignorar por completo la misión.
Lentamente fue usando sus encantos femeninos para convencerlo de construir una piscina y traer unos pocos muebles. Las inmensas hamacas que, según supo no eran kriptonianas, sino de otra especie alienígena semejante a arañas, eran extremadamente cómodas así que no las cambió.
Mantenía siempre un delicado equilibrio entre su actitud sarcástica y la de una colegiala enamorada; no es que fuera difícil, ambas realmente existían y suspiraban por él.
La Lois sarcástica estaba presente cada vez que buscaban diversión en alguna fiesta, o cuando burlaban a los hombres que Lionel enviaba para atraparlos; o simplemente cuando deseaba que él la conquistara, era excitante ver en sus ojos esa necesidad animal de someterla.
La Lois enamorada aparecía después de que hicieran el amor, en esos momentos en que la kriptonita roja estaba en su punto más débil y Clark la llenaba de besos suaves y románticos. O cuando el revelaba algo muy privado de su vida, cómo ese oasis virgen en lo profundo del desierto o esa vez que acariciaron un tigre salvaje. No existía forma de evitar que su corazón se derritiera y lo besara hasta quedar sin aliento.
La semana pasó volando. Casi sin darse cuenta llegó el último día y el labial apenas tenía para una aplicación más. Pasarían su última noche en la Fortaleza y Lois no pudo evitar contemplar su obra. El ambiente a catedral se había esfumado, las banalidades humanas y los recuerdos que recogieron durante sus viajes ahora la hacían lucir más cómo un hogar que un sarcófago frío y estéril. Con esto la fortaleza ya no evocaría obligación y sacrificio, sino solo los buenos momentos en que fue su nido de amor.
Quizá no pareciera un cambio tan grande. Pero Lois sabía que sí lo era.
Noche tras noche en que Clark se había acostumbrado a abrazarla, a dormir con el rostro entre su pechos, al aroma formado a partir de ambos y a los besos profundos de buenos días; habían logrado desarraigar la obsesión por Lana.
Lois sonrió. La kriptonita roja lo ocultaba, pero solo sería cuestión de tiempo para que Clark no pudiera ignorar el hambre por sus besos, de poseerla… de amarla. Y ahora que él conocía a la perfección cada punto sensible de su cuerpo, la Lois de este tiempo tampoco podría resistirse.
Dentro de unas horas ella desaparecería. Pero no importaba, porque solo era cuestión de tiempo para que la vida transformara a la Lois de esta época devuelta a ella; tal y como lo hizo en la línea de tiempo pasada. Y quizá, con algo de suerte, disfrutaría de una vida mucho más larga al lado de Clark.
