Diferente

- ¿Algo más que debas contarme?- la voz de Lois sonó como un glaciar raspando sobre otro glaciar. Clark casi podía oír el hielo salpicando por todos lados y fue obligado a dar un paso hacia atrás antes de forzar las palabras por su garganta

- No. Creo que básicamente eso es todo

- Muy bien- los labios de Lois temblaron de furia reprimida- Explícame entonces la razón por la que caminé durante cuatro horas antes que me confesaras que eres un extraterrestre

- En realidad prefiero la palabra viajero inter…- Clark no necesitó de sus poderes para escuchar cómo los dientes de Lois estaban a punto de quebrarse- pero extraterrestre está perfecto

- Responde la pregunta

"Esperaba contactar con Jor-El, pero nunca me respondió"

- Estaba juntando valor Lois

- Porque eres un cobarde. Una gallina asustadiza de bolas pequeñas

- Porque es un secreto que solo le digo a personas de mucha confianza…- dijo Clark sin pensar, distraído por la idea de una gallina con bolas- no es que no te considere una persona confiable, es solo que…

*rechinar* *rechinar*

- …tienes razón, soy un gusano

Clark sabía de no debía tener miedo. Ella medía como diez centímetros menos que él, estaba semidesnuda e incluso si tuviera un bate de beisbol no tendría la capacidad de hacerle daño, pero ese brillo de furia en sus ojos lo hacía sentir como un ciervo viendo los faros de un coche.

- Quiero volver a casa. Supongo que por lo menos puedes sacarme de aquí

- Por supuesto, solo tengo que…- Clark se trabó con las palabras, no existía manera de decirle que tenía que cargarla- ir a buscar algo que nos tele transportará a Smallville, luego puedes pagar…

*rechinar* *rechinar*

-… yo pagaré un taxi que te llevará directo al Talón

- Apresúrate

Mientras Clark se alejaba del polo norte, no pudo evitar sentir que escapaba de una muerte lenta y dolorosa.


Clark miró al techo de habitación mientras su mente divagaba.

Una semana pasa realmente lento cuando tu madre y tu mejor amiga te acosan con "charlas de sinceridad" a diario. Quizá por ello se sentía tan lejana la noche cuando pagó el taxi y se despidió de Lois en la puerta del Talón. Aunque era muy dudoso que el dedo medio de Lois fuera un "hasta luego".

Ella estaba enojada. Extremadamente enojada. Pero por extraño que fuera, eso había sido bueno ya que permitió que Lois no reaccionara con miedo ante sus orígenes, y eso era algo que agradecía mucho. El recuerdo de una Lois furiosa todavía le traía pesadillas, pero una Lois aterrorizada o con asco habría sido desgarrador.

Clark cerró los ojos con fuerza para intentar volver a dormirse. El maldito cambio de horarios aún le afectaba y era común que se despertara a media noche.

Sin embargo no tenía sueño y en el absoluto silencio de su cuarto su mente se enfocó de inmediato en los Fantasmas que quedaban. Se suponía que debería estar rastreándolos, pero Chloe no encontraba ninguna pista y era incómodo exigirle que dejara de lado su trabajo en el Planeta por esto. Tampoco ayudaba que ella lo había empezado a mirar con desaprobación.

Clark suspiró mentalmente. Como siempre, intentar alejarse de los pensamientos de los Fantasmas lo hacían vagar hacia otro oscuro rincón de su mente que también deseaba evitar. Normalmente sería el matrimonio de Lana, pero últimamente algo alcanzó a usurpar ese lugar.

Los recuerdos con Lois se habían ganado un rincón indiscutible entre sus memorias más destacadas, y en la absoluta oscuridad era insufriblemente fácil que su atención empezar a saltar de una idea a otra.

Ella tenía una bonita voz, muy sensual y profunda. Podía ser muy adorable cuando se lo proponía, al igual que cuando bailaba para él. ¿Cómo lograba que su piel fuera tan suave? ¿Era el jabón que usaba?, debía preguntárselo cuando la viera. De hecho, ¿debería preguntarle ahora?

- Ojalá la kriptonita hubiera durado un día más

Clark supo que no dejaría de fantasear mientras estuviera en la cama así que decidió empezar temprano el día. Lo bueno de vivir en una granja era que siempre había cosas que hacer. Aunque claro, por incidentes como estos era que no podía acostumbrarme al cambio de horario.


La primera vez que se dio cuenta que también pensaba en Lois durante el día se sintió culpable.

Se suponía que si pensaba en una mujer con tan exagerada insistencia era porque sentía algo por ella, por lo menos un poco de cariño. Pero estaba seguro que no estaba enamorado. Ni siquiera un poco. Quizá ni "insistencia" describía precisamente lo que ocurría.

Estos recuerdos eran más como una canción realmente buena, pero que habías escuchado tantas veces que tu cerebro ya no la procesaba cuando la escuchabas. Como un ruido de fondo.

Podía estar alimentando a los animales y sin razón alguna recordar un episodio en que jugaron a perseguirse en la piscina, para al segundo siguiente volver a prestar atención a las vacas.

Un enamoramiento no era así. Él sabía cómo era estar enamorado.

Cuando Lana era su novia, y llegaba a pensar en ella, sentía una necesidad de verla o por lo menos de hablarle por teléfono. Era como una ligera sed. Conocía el proceso y era muy claro para él:

Estar concentrado con alguna tarea. Pensar en ella. Sentir urgencia por su compañía. Imaginar que estaría haciendo Lana en ese momento. Continuar pensando en ella. Apresurar sus tareas. Ir a su encuentro.

Con Lois era muy diferente. Con ella tan solo era: Recordar un buen momento. Sonreir. Seguir con su vida.

Para los mismos efectos bien podría haber ido a Disney World.

Y por eso se sentía culpable. Lois no merecía que alguien que no la amara pudiera reproducir, porque los detalles eran más propios de un video amateur que de un recuerdo, una y otra vez algo que ni siquiera hizo en sus cabales.

Clark calentó el aire con su visión de calor y volvió a cerrar con candado el portón del granero. En comparación con otras granjas, sus animales no sufrirán tanto la terrible nevada que cubría de blanco el pueblo entero.

No había mucho más que hacer. Anochecía temprano durante los inviernos y calentar el granero para el resto de la noche era su última tarea. Solo quedaba bañarse, conseguir algo de cenar y luego dormir.

Mientras se metía debajo de la regadera pensó en correr a Italia y buscar una pizzeria. Los viajes en busca de los fantasmas… y también su semana con Lois, no podía negarlo, le habían hecho perder la incomodidad por alejarse del hogar. Ahora el mundo le parecía mucho más cercano.

Cerró los ojos bajo el chorro de agua y una vez más se dio cuenta que su mente había vuelto a caer en los mismo. Tarde o temprano tendría que hablar con ella. Aunque considerando que Lois siempre había sido una persona a la que le disgustaba el sentimentalismo y a las situaciones incómodas, además del hecho que normalmente apenas la veía una vez a la semana, era razonable pensar que transcurriría por lo menos un mes antes que ella lo buscara. Tiempo más que suficiente para que esos recuerdos terminaran por diluirse.

Con suerte terminarían por ignorarían lo que sucedió y continuar su vida como si nada hubiera pasado.

Justo en ese instante timbró su celular. Alargó la mano hacia la cesta de ropa y sacó del bolsillo de su pantalón el teléfono.

- ¿Aló?- preguntó, intrigado por quien querría llamarlo a estas horas

- Hola Clark, soy Lois ¿Estás libre ahora mismo?