Declaración: Los personajes no me pertenecen, le pertenecen al maravilloso tío Rick… y la trama le pertenece a Quinn Loftis.
Capítulo 1: Atenea I
"Un Rey Hechicero, una Fae, y una humana caminan a un bar... no en serio, no es el comienzo de una gran broma, o tal vez le sea, pero realmente entramos a en bar. La pregunta es, ¿volveríamos a salir?"
-Atenea.
Lilly camino detrás de la Fae llamada Artemisa y el Rey Hechicero, Damansen, conocido también como su compañero, según él, aunque el jurado todavía estaba deliberando por su parte. Ella los siguió a un bar de aspecto cutre cerca del límite del bosque en las montañas de los Balcanes, donde vivían los Hechiceros. Hera de las Fae, fuera quien fuese, había enviado a Artemisa hasta ellos. Eso es todo lo que sabían, porque eso es todo lo que Artemisa les había dicho. Artemisa había aparecido y permanecido en el bosque sabiendo que alertaría a Damansen de su presencia y por lo tanto había esperado. Cuando el por fin apareció frente a ella, simplemente habla dicho:
-Hera de las Fae me ha enviado a ustedes. Soy Artemisa, Guardiana del Consejo. -Eso fue todo. No explico más, no oye, estoy aquí para echar una mano, simplemente: aquí estoy, traten con ello.
Damansen había estrechado sus ojos ante la guardiana Fae, pero no la cuestionó. Atenea sin embargo, no había sido tan confiada. Aunque, Atenea había tirado la inquisición española en ella, Artemisa simplemente la ignoro.
…
Ahora aquí estaban, entrando en este bar, lleno de personajes de aspecto embrujado. De acuerdo a Damansen, había un sujeto aquí que conocía a un sujeto que puede que conozca a otro sujeto que podría ayudar.
-¿De verdad crees que es una buena idea?- le susurro Atenea a Damansen- lo digo en serio, Damansen, un sujeto que conoce a un sujeto que conoce a un sujeto. ¿De verdad crees que va a valer la pena todo el trabajo de encontrar al tipo al final de la madriguera del conejo?
Damansen pareció ligeramente divertido ante su interrogatorio, lo cual le ganas de pisar fuerte en su piel. No lo hizo, pero le tomo cada pedacito de su moderación.
-No estamos en Kansas, pequeña, vamos a ver algunas cosas, escuchar algunas cosas y- ella le interrumpió ante de que pudiera terminar.
-Si terminas eso con hacer algunas cosas puede ser que simplemente re abofetee, Rey Hechicero o no, y, ¿Cómo diablos conocer una referencia al Mago de Oz?- Atenea levanto una ceja mientras lo miraba, esperando cualquiera que pudiera ser la posible explicación para eso.
Damansen le guiño un ojo, lo que hizo cosas extrañas en su estómago que no quiso ni pensar.
-Como decía, las cosas son diferentes aquí y la información se encuentra en los lugares mas inverosímiles, porque las persona que tienen esta información por lo general no quieren ser encontradas. Y, me gustan las películas humanas. No soy un recluso total.
-Eso realmente no es reconfortante o alentador de ninguna manera, ¿sabes? No la parte de recluso, sino la parte en que esas personas no quieren ser encontradas, eso es un poco inquietante.
Damansen se encogió de hombros ante su mirada molesta y se volvió hacia la barra cuando el barman finalmente los reconoció. Hablaron en una lengua que Atenea no entendía y estaba bastante segura de que ninguna manera perteneciera al lenguaje humano.
Incluso hablando en el idioma extraño, Damansen todavía sonaba mandón y confiado. Parecía no pensar que alguien podría no saltar a hacer su voluntad, pero por otra parte tal vez nadie le había dicho nunca que no.
Finalmente, después de varios minutos de ida y vuelta entre el rey y el barman, Damansen dio media vuelta y salió del bar. Atenea empezó a decir algo, pero luego se dio cuenta que Damansen la había tomado de la mano y estaba empujándola sus espaldas. Rápidamente recupero el paso mientras se tambaleaba detrás de él y miró hacia atrás, por encima del hombro para ver que Artemisa estaba siguiéndolos en la retaguardia. Una vez en el aire fresco de la noche, ella retiro su mano de la suya y las arrojo en el aire con exasperación.
-¿Y?-preguntó ella- ¿Eso fue todo? Eso si que pareció un poco decepcionante.
Damansen negó con la cabeza hacia ella y le hizo señas hacia el bosque. Ella lo siguió hasta el follaje oscuro y fue resguardada rápidamente por los árboles.
Después de caminar en silencio durante varios minutos, Damansen se detuvo abruptamente y se volvió. Atenea esperaba a que contestar a su pregunta, pero en cambio él miro a Artemisa.
-¿Por qué Hera te envió a mí?
Atenea puso los ojos en blanco, oh, ahora es que él el que pregunta.
-Puedes hablar con libertad, me he encargado de que nadie vaya a escuchar - le dijo Damansen a la Fae
Artemisa miro a su alrededor al bosque haciendo que Atenea mirara también.
-Ella ha escuchado que la bruja ha venido a ti con una propuesta por tu ayuda. También oyó que estabas en posesión de cierto ser humano.
La boca de Atenea se abrió y un sonido de indignación salió.
-En "posesión" ¿Me estás tomando el pelo?- Damansen levantó la mano para detenerla, pero no aparto los ojos del rostro de Artemisa.
-Atenea es mi compañera
-Así dice el bárbaro Rey Hechicero -murmuró Atenea.
Damansen la miro por el rabillo del ojo:
-No recuerdo que te quejaras de la intimidad entre nosotros antes y como te he dicho, nunca he compartido tal intimidad con otra mujer.
-¿Podríamos por favor abstenemos de hablar de nuestra intimidad frente a los demás?
El rubor que tiñó las mejillas de Atenea hizo a Damansen sonreír y el extendió mano y suavemente rozó un dedo en su rostro.
-Eres todo un soplo de aire fresco, pequeña.
Atenea dejó escapar un resoplido impropio de una dama mientras se cruzaba de brazos y le daba mejor mirada de eso no me afecta, lo cual era el mayor montón de mierda que jamás se había dicho a sí misma.
Damansen se volvió a Artemisa.
-Como estaba diciendo, Lilly es mi compañera y por lo tanto no es una prisionera, si eso es lo que está pensando Hera. En cuanto a la bruja- Damansen dio un paso atrás hasta que su espalda se apoyó contra un árbol grande. Atenea podía decir que él estaba tratando de elegir sus palabras cuidadosamente, indicándole que él no confiaba plenamente en Artemisa-Si, vino a mí y presentó una oferta. A este punto, ella cree que voy a ayudarla. Tengo que ir con cuidado, porque le hecho un juramento de sangre con ella
La Fae dio un paso atrás y por primera vez, Atenea vio una emoción cruzar su cara.
Atenea se volvió a Damansen con el ceño fruncido en su rostro.
-No me habías mencionado un juramento de sangre. ¿Qué significa eso exactamente?
Damansen negó con la cabeza
-No es importante en este momento.
Atenea puso los ojos en blanco ante el Rey Hechicero.
-Tienes que estar bromeando. Acabas de decírselo a esta hada.
-Fae-intervino Artemisa
Atenea le dirigió a la Fae una mirada de reojo.
-Un tecnicismo- gruño. Miro de nuevo a Damansen mientras continuaba- Acabas de decirle que hiciste un juramento de sangre y la estoica Artemisa en realidad mostró alguna emoción humana, y se pareció un montón como a miedo. Por lo tanto, perdóname si en cierto modo pienso que esto es jodidamente importante- Una sonrisa coqueta apareció en los labios de Damansen.
- Así que, ¿te sientes preocupada por tu compañero?
Atenea dejo escapar un resoplido frustrado, lanzando sus manos al aire.
-Te dije que me importas. No lo entiendo, pero ahí está, así que si estoy preocupada por ti.
Damansen se quedó mirando en silencio a Atenea por unos momentos de tensión, y luego finalmente cedió.
-Un juramento de sangre es un contrato que une mi palabra a la de aquella que pide un hecho. Evita que aquel que acepta el contrato se retracte.
-Entonces, ¿qué pasa si te retractas una vez que has hecho esta cosa del juramento de sangre?
-La bruja me puede enviar a mi o a cualquiera de los de mi raza al Limbo y posiblemente podría matarte. No estoy muy seguro de la parte de ti en general, porque una vez más, no sé las ramificaciones de ti siendo mi compañera.
Atenea se pellico el puente de la nariz al sentir un dolor de cabeza por venir.
-¿Y no pensaste que tal vez yo necesitaba saber esto?
Damansen se encogió de hombros.
-No hay nada que puedas hacer al respecto, así que, ¿por qué preocuparse?
Atenea negó con la cabeza ante el Rey Hechicero. Sabia que nada de lo que pudiera decirle ayudaría a tener sentido para él. No había palabras para decirle y que entendiera que ella quería saber estas cosas para así poder ayudarlo a soportar estas cargas. En el breve tiempo que lo conocía, había visto como llevaba encima la responsabilidad de su raza. Era mucho para soportar durante tanto tiempo, incluso para alguien con hombros anchos como los suyos, ¿No era para eso que estaba una compañera? Bueno, sí, ella estaba todavía al borde sobre la cosa de los compañeros, pero sabía que se preocupaba por él y que no quería verlo salir lastimado. Decidiría sobre todo el asunto de los compañeros cuando llegara el momento de tomar una decisión.
-Está bien, no voy a preocuparme por ello-le dijo ella finalmente.
Damansen levanto una ceja hacia ella.
-¿Eso es todo? ¿No vas a gruñirme y refunfuñarme?
-No soy un lobo, ya sabes- dijo ella, añadiendo deliberadamente un ligero gruñido en su voz con la esperanza que eso lograra revelar la desbastadora sonrisa que él tenía, y que a ella tanto le gustaba. No se decepcionó.
Artemisa deslizo sus pies en el suelo de forma impaciente, recordándoles su presencia.
Damansen volvió a mirar a la Fae.
-Bueno, entonces es una buena cosa que no dependa de ti.
Artemisa hablo antes de que Atenea pudiera responder.
-Hera quiere que abras El Velo.
Damansen se apartó del árbol y, de repente, quien estaba delante de ellas era el Rey Hechicero, en toda su Gloria Real. Se cernió sobre la guardia Fae, quien se veía más pequeña en comparación con Damansen.
-¿Qué dijiste?- la voz de Damansen fue baja y amenazante.
Artemisa no parpadeo, no retrocedió, o se encogió en la forma en que las personas mas inteligentes, que valoraban sus vidas, harían. Ella simplemente respondió a la pregunta.
-Ella quiere que abras El Velo.
