Declaración: Los personajes no me pertenecen, le pertenecen al maravilloso tío Rick… y la trama le pertenece a Quinn Loftis.

Capítulo 3: Desdémona III

Me enorgullezco de mi capacidad de odiar de manera indiscriminada. En serio, veo al mundo desde un punto vista de igualdad total cuando se trata de lo más profundo de mi aborrecimiento. Si la vida fuera justa, seria honrada par mi tratamiento imparcial y la falta de favoritismo. Pero, la vida no es justa. La vida es cruel y disfuncional. Te da una patada en el trasero y Iuego se ríe mientras colisionan contra otros, derrumbándolos contigo mientras caes. Y, es por eso que me encanta estar viva. Significa que consigo observar a todos ustedes tontos caer y descansar intranquilos; voy a desear la misma cantidad de dolor y monstruosidad en cada uno de ustedes Si tengo suerte; voy a llegar a ser la causa".

-Desdémona.

-Dime, ¿por qué tengo que creer que estás dispuesta a traicionar a tu raza? ¿Por qué debería confiar en un Fae?

Mona miró a la figura encapuchada que estaba frente a ella.

-Hera ha sido una espina en mi costado durante demasiados siglos. Ya he terminado de permanecer en su sombra. He terminado con recibir órdenes de un Dios que se preocupa solo por los lobos y no tiene ningún respeto por mi gente. Ella espera que saltemos, rescatemos a sus niños débiles, y es hora de que alguien haga algo al respecto

-¿Y ese alguien eres tú?-Mona se cruzó de brazos- Si eres tan valiente, entonces, ¿por qué no te revelas ante mí?

La Fae rió.

-¿Honestamente crees que te mostraría todas mis cartas a la vez? No soy tonta. Piensa en lo que te he dicho y decide rápidamente. No eres mi unica opción- Y entonces la Fae se había ido.

Mona cerró los ojos y extendió su voluntad para intentar seguir el camino que la Fae había tomado, pero no había ningún rastro. Desde el momento en que la persona había aparecido con el disimulado disfraz, Mona había estado sutilmente tratando de desenmascararla. Pero, ésta era una de gran poder, capaz de bloquear sus intentos. Eso por sí mismo le decía algo muy importante. De modo que, alguien en lo alto en el consejo Fae estaba buscando su salida, no había duda de disensión entre los Fae Una debilidad había sido expuesta solo era cuestión de tiempo antes que la debilidad se llevara todo abajo.

Mona soltó una carcajada.

-Ni siquiera necesito levantar otro dedo para destruir a mi enemigo. Ellos van a hacerlo por mí con su falta de lealtad- Si había una cosa que Mona sabia, era que aun la defensa más fuerte podría caerse si una pequeña grieta surgía.

Jason cerró los ojos y buscó a Piper, su Piper, no la imitación que estaba sentada frente a él, rota y con miedo. No sabía cuánto tiempo él y sus compañeros de manada habían estado en su propio infierno personal, pero se estaba haciendo cada vez más difícil tener momentos de claridad, como el breve vistazo que estaba experimentando ahora. La unica cosa que le había permitido ganar esta visión fue recordar el primer momento en que el la había sentido a ella. Había sido como un vaso de agua en una tierra seca y árida y le había traído una cantidad minúscula de alivio. Luego desapareció. Con cada momento que se vio obligado a soportar la tortura incesante de ver morir a su compañera, torturada, violada, desgarrada y tomada de él, oro por un segundo de la presencia real de su compañera. Sabía que estaba luchando no solo por su vida, sino por la de ella también. Era una pelea que se negaba a perder

Empujó con todo en él, llegando a través del vínculo, delgado como era, para atraerla hacia él. Jason contuvo la respiración mientras esperaba que ella respondiera. Un latido, dos latidos, su corazón bombeando en su pecho y entonces, allí estaba. Su gitana de ojos marrones y toda la ternura que ella poseía.

-Piper mía -susurró, con los labios agrietados.

-Jason.

Por un momento, se imaginó que podía oírla gritar su nombre. Aguzó el oído, escuchando el sonido de su voz.

-Jason.

Allí estaba

-Aquí estoy, Piper-hablo a pesar de que sabía que era imposible que el estuviera realmente hablando con ella. Si esto era todo lo que podía tener, entonces, lo tomaría y ejecutaría por tanto tiempo como pudiera.

-¿Como puedo escucharte?- le preguntó ella.

-Tú no eres real-respondió Jason.

-¿Y tú lo eres?

Jason escucho a la Piper ante él, la que él sabía que era falsa, gritar. Apretó los ojos y apretó los dientes mientras trataba de concentrarse en la voz tranquila y sin tortura de su compañera.

-Soy real, mi amor. Real, asustado, y tan vacío sin ti. -Sa voz sonaba desesperada, incluso a sus propios oídos, pero al diablo con su orgullo. Estaba asustado y vacío. Era inútil negarlo.

-Estamos tratando de encontrar una manera de conseguir sacarlos a todos, lo estamos haciendo tan rápido como nos es posible. Te amo, Jason. Te amo y necesito que pelees- Suplico Piper a su compañero, aunque sabía que podría estar pidiendo lo imposible.

Jason luchó por aferrarse a la conexión entre ellos, pero era cada vez más débil. La Piper torturada recostada delante de él, una vez más, comenzó a hacerse cargo de su realidad y Piper, su completa y dulce Piper se le estaba escapando.

-¡NO!-grito Jason en la desolación del Limbo. Abrió los ojos y miró a la vista horrible delante de él, diciendo a sí mismo una y otra vez que no era real. No era suficiente para convencerlo. Su lobo lucho por liberarse, para rescatar a su compañera y Jason sabía que la batalla que se libraba en su interior se estaba convirtiendo en demasiado. Estaba perdiendo y sin importar lo mucho que luchara, la voluntad de su lobo se hacía más fuerte y más insistente, Jason no podía hacer al lobo entender que lo que estaban viendo no era real. Todo lo que su lobo veía era a su compañera, rota, devastada y aterrada, sentada delante de ellos, buscándolos a ellos, tocándose por ayuda. Echo la cabeza hacia atrás y un perforante aullido con toda su alma desgarró un pecho, pero no había nadie para escucharlo

Piper despertó con un sobresalto. Su respiración era rápida y a pesar del aire fresco de la mañana, su frente estaba salpicada de sudor. Una vez más, había oído su voz, oído su desesperación y una vez más, no había nada que pudiera hacer al respecto

Pasaron unos momentos antes que ella se diera cuenta que todo estaba tranquilo, demasiado tranquilo, y su visión se aclaró mientras parpadeaba para alejar el sueño doloroso.

-Buenos días, bella durmiente- Diana sonrió por encima a Piper. El aire fresco de la mañana acariciaba su rostro mientras trataba de sortear en su mente entre la realidad y el sueño. Recordaba la agonía de Jason y estaba empezando a convertirse en suya. Miro a Hera que estaba ayudando a recoger sus paquetes para así poder seguir adelante.

-Hera, debemos darnos prisa. Donde quiera que nos estés llevando, debemos avanzar con mayor rapidez. Las palabras de Piper estaban enlazadas con desesperación y determinación.

Hera las condujo a un ritmo rápido mientras las palabras de Piper se repetían ominosamente en su mente. Ella les había dicho que tenía un plan, y lo decía en serio, pero no podía decirles cual era. Les había dicho que necesitaban la ayuda del Rey Hechicero, y en ese momento, lo había creído, pero ahora tenía un plan diferente. Hera sabía que Sally no lo aprobaría. Su necesidad de proteger a las mujeres a las que, sin duda, ahora consideraba su manada, incluida ella misma, sería demasiado grande para permitirle a Hera ponerlas en tal peligro. Pero era la única manera de traer de vuelta a sus compañeros. Todo lo que vale algo, viene con un precio. Hera lo sabía muy bien. Siguió adelante, mirando hacia atrás de ella para ver si todo mundo mantenía el ritmo. Su única preocupación y que solo te molestaba porque ella nunca se preocupaba, era que Sally descubriera que las había estado guiando en círculos por días. Las había conducido a través de los Alpes de Transilvania y todo el camino a las montañas de los Cárpatos y estaban, en realidad, muy cerca de su destino, pero no estaba lista. Todavía no tenía la moneda de cambio que necesitaba, por lo que tenía que mantener su presencia incógnita y evitar que Sally y las otras averiguaran su engaño.

Miro hacia atrás una vez más, y captó la mirada de Sally.

Oh oh, Hera pensó para sus adentros, mientras vela la bombilla en la mente de Sally empezar a parpadear.

Hera supo que iba a tener que crear una distracción. Una que, con suerte, pueda apartar la mente de Sally lejos de lo que pensaba que había descubierto. Hera sonrió mientras pensaba: es una muy maldita buena cosa que me especialice en el caos. Hera comenzó a susurrar en voz baja, llamando a los elementos, arrastrando poder hacia ella a través de la vida en el bosque. Fue más difícil de lo que debería haber sido, pero sabía que esto era debido a la maldad que Mona había desatado. Nubes oscuras comentaron a reunirse sobre sus cabezas y de repente las envolvió en el bosque tenebroso, sin luz para mostrar su camino.

-¿Qué diablos está pasando?- gritó Diana por encima del viento que comenzó a azotar y dar vueltas alrededor de ellas.

Hera continúo cantando tan bajo que no podría ser oída mientras empezaba a hacer llegar la lluvia. Un rayo se estrelló alrededor, y el trueno sacudió la tierra debajo de ellas. Todos tropezaron mientras trataban de mantenerse en pie y aunque el catre mágicamente flotante de Annabeth no necesitaba una mano para sujetarlo, Hera se agarró a él de todos modos.

Llamo al rayo de nuevo y lo envió estrellándose tan cerca del grupo que ilumino brevemente el bosque a su alrededor. Cada una vio el miedo escrito en las caras de sus amigas. Hera continuó estrellando rayos alrededor de ellas iluminando su camino mientras gritaba para que la siguieran. Corrió a través de la lluvia torrencial y trato de sentirse mal por asustadas, pero sabía que era por su propio bien. Corrió hasta que encontró las grandes rocas que había estado buscando. Había una gran cornisa en la que podían apretarse debajo y esperar a que la supuesta tormenta natural terminara.

Todas se pusieron a cubierto y se volvieron a ver la danza de rayos y auge de los truenos. Las damas se estremecieron por la lluvia fría y trataban de acurrucarse juntas para darse calor. Después de una hora, Hera comenzó a tratar de calmar la tormenta. E inmediatamente se preocupó. La tormenta ya no atendía su mandato. Los truenos y relámpagos continuaron, sin disminuir. La luvia continúo golpeando en su refugio improvisado. Juro que si pienso en la palabra preocupación una vez más voy a apuntar mi propio ojo con una cuchara, se dijo a sí misma, mientras comenzaba a rascar la magia que estaba frustrando la suya. la magia que ahora estaba controlando su tormenta.