Declaración: Los personajes no me pertenecen, le pertenecen al maravilloso tío Rick… y la trama le pertenece a Quinn Loftis.
Capítulo 7: Atenea VII
"A menudo hay un momento en la vida donde te sientes como si te hubieras quedado sin opciones. Piensas y piensas, tratando de sacar algo de la nada, pero aun así ninguna posibilidad salta y te golpea en la cara. Es en esos momentos que me gustaría pensar que sale lo mejor de mí. Yo brillo en toda mi gloria calmada y sensatez y otros toman el sol en mi estado controlado. Si eso llega a suceder, te lo haré saber... no contengas la respiración."
-Atenea.
Damansen, Atenea y Artemisa habían estado huyendo del draheim durante casi dos días. Se habían puesto a cubierto en una cueva después de correr por el rio gélido para cubrir su rastro. Habían pasado casi seis horas desde que habían oído a la bestia volar otra vez, sin duda, en busca de su presa.
-¿Crees que lo perdimos? - le preguntó Atenea a Damasen.
Tenía la mandíbula tensa y las arrugas alrededor de sus ojos se profundizaron a medida que la preocupación, la ira y resolver todo luchaban por un puesto en su rostro. Finalmente, les había encendido un fuego y estaban empezando a secarse y calentarse. A medida que el frio se disipaba de Atenea y sus dientes ya no castañeteaban, su mente empezó a trabajar de nuevo.
Damasen la miró y su rostro se relajó un poco. Ella le sonrió. Abrió los brazos y ella se fue sin pensar. Estaban vivos, sin ser comidos, y eso garantizaba un momento para procesar lo que había pasado y ¿qué mejor manera de hacerlo que en los brazos de un grande y guapo hechicero? Él la abrazo contra su pecho y sintió su calor filtrándose en ella. Se relajo y encontró alivio en el conocimiento de que el la protegería. Podía permitirse simplemente ser por unos momentos completamente confiada al pensar que él no iba a dejar que le pasara nada.
Finalmente, después de varios momentos de tranquilidad pasados frotándole la espalda y besando su cabello, él habló.
-Tengo la responsabilidad de ocuparme del draheim. No se le puede permitir permanecer en este reino. Es demasiado peligroso.
Atenea asintió.
-Creo que en cierto modo me imaginé eso. ¿Qué vamos a hacer ahora?
Damasen sonrió.
-Me gusta cuando dices vamos.
Atenea se sonrojó y él le pasó un dedo por su cálida mejilla.
-También me gusta cuando te hago sonrojar.
Atenea no lo detuvo cuando él se inclinó y la besó. Ella no pensó en lo incómoda que Artemisa debía sentirse teniéndolos a ella y Damasen enrollándose como dos adolescentes. Todo en lo que podía pensar era en lo bueno que era el beso, lo suave que eran sus labios, y cuando se separaron, lo increíble que sabía. Los brazos de ella se envolvieron alrededor de su cuello y él la atrajo más cerca.
El beso duró más de lo que Damasen había previsto, pero nunca se cansaba de Atenea. Podía besarla todos los días, todo el día, y, aun así, no sería suficiente. Él todavía la anhelaría como lo hacía ahora. Atenea estaba sin aliento cuando se separaron y sabía que se estaba sonrojando furiosamente mientras el calor bailaba en su rostro.
-No se supone que estés cortejándome Casanova; se supone que estás contándome el plan patea traseros para derribar al grande y malo dragón.
-A veces un hombre solo tiene que besar a su mujer, pequeña. Y en este momento no habla nada que necesitara más que sentir tus labios sobre los míos.
Sus palabras hicieron que su corazón latiera más rápido y sintió la verdad detrás de ellas calmarla hasta sus pies. Santo cielo Atenea, eres una mujer adulta no una adolescente enamorada, se dijo, pero luego agregó: eso quiere decir que tengo que hacer cosas de mujer adulta, ¿cierto? Ella sonrió ante el juego de palabras que totalmente intento. Entonces quiso abofetearse mentalmente a si misma por dejar a su mente siquiera poner un dedo del pie en esa dirección de pensamientos. Damasen debió haberlo notado.
-¿Qué está pasando en esa hermosa cabecita tuya? - pregunto, con una sonrisa maliciosa.
Atenea frunció el ceño.
-Nada de lo que tienes que preocuparte. Ahora, ¿cuál es el plan?
El rostro de Damasen cambió en un abrir y cerrar de ojos desde lúdico a absolutamente serio como si un encendedor de luz hubiera sido apagado dentro de su cabeza. Él sabía que la única manera de matar a la bestia era con la flecha o espada forjada por un Elfo. ¿El problema? Había pasado mucho, mucho, mucho tiempo desde que había visto a un Elfo en el reino humano.
-Antes de que fuéramos atacados, por segunda vez podría añadir, mencionaste a los Elfos-facilitó Atenea, luego miró a Artemisa para su confirmación. Artemisa asintió.
Damasen dejó escapar un suspiro de resignación, se puso de pie, y puso a Atenea de vuelta en su lugar. Pensaba mejor si él estaba de pie y era capaz de moverse. Su cerebro parecía despejarse cuando podía moverse libremente.
-Los Elfos son una raza muy reservada. Mantienen la totalidad de su conocimiento cerca de sus corazones, y por buena razón. Puede que no sean tan poderosos como las Fae, pero se acercan. También son capaces de producir muchas cosas con su magia que ninguna otra raza puede. Una de esas cosas es las propiedades mágicas en el metal de sus armas. Una cuchilla Elfo, o una flecha, o armas de cualquier metal para el caso, pueden matar a cualquier cosa.
Los ojos de Atenea se agrandaron.
-¿Cualquier cosa?
Damasen asintió.
-Y algunos de nosotros somos muy difíciles de matar.
-Es por eso que mantienen sus secretos cerca.-La voz de Atenea se suavizo mientras pronunciaba sus pensamientos en voz alta- Si la persona, o sobrenatural, equivocado tiene en sus manos el conocimiento para fabricar un arma que podría matar a todos y cada uno de ustedes, podría ser desastroso.
Artemisa finalmente habló por primera vez desde que hablan dejado de comer.
-Es imperativo que Mona nunca obtenga este conocimiento.
Atenea asintió y dijo en un tono irónico:
-En cierto modo eso es un hecho. -Miró a Damasen, con las cejas levantadas. Así que, ¿cómo encontramos a los Elfos?
-No lo hacemos -respondió Damasen, ominosamente. -Ellos nos encuentran.
-Bueno, eso puede no ser del todo cierto -dijo Artemisa- Yo pude encontrar un velo a su tierra -ofreció ella.
Damasen se giró para mirar a la Fae.
-¿Cómo?
Artemisa se encogió de hombros con indiferencia.
-Tengo un amigo que es un Elfo.
-¿Puedes contactar a este amigo de alguna manera?-preguntó Atenea.
Artemisa negó con la cabeza.
-Una vez que entremos a su reino aún solo podríamos encontrarlos si quisieran ser encontrados.
Atenea se puso de pie y se sacudió el polvo de la parte trasera de sus pantalones, acomodó su camisa y apretó su cola de caballo.
-Bien, entonces, no tenemos tiempo para sentamos y ver las hojas ser sopladas.
Damasen miró a su compañera y sus labios se inclinaron ligeramente.
-¿Alguien simplemente se sienta y ve las hojas soplar?
Atenea resopló.
-La gente de pueblos pequeños en Texas se sienta a ver pintura secar siempre y cuando no haya comida para comer y compañía para comerla. Lo cual realmente si tienes compañía siempre hay comida en cuestión, ah y té dulce. Nunca olvides el té dulce, es como olvidarse de ponerte los pantalones en el sur.
Artemisa frunció el ceño.
-¿Y crees que nosotros somos extraños?
-No, creo que tú eres extraña… em, yo nunca he dicho que los humanos no tuviéramos nuestra parte justa de lo extraño.
Damasen tomo la mano de Atenea en la suya y asintió para que Artemisa liderara el camino.
-Me gusta tu rareza -Susurro Damasen.
Atenea le sonrió.
-¿Estás tratando de conseguir puntos brownie?
Damasen se rio entre dientes.
-Pequeña, no necesito puntos brownie para conseguir lo que quiero de ti.
El corazón de Atenea se detuvo en su pecho ante la insinuación en su voz. No se atrevió a mirar hacia él, porque entonces se vería el deseo en sus ojos, y sabría que estaba de hecho en lo cierto. El hombre era demasiado delicioso para su propio bien y lo único que necesitaría con brownies seria… PARA ese pensamiento justo allí, Atenea Chase, se amonesto a sí misma, y luego sonrió porque a pesar de su edad, y sin importar lo que dijera, estaba completamente enamorada... y de un Rey Hechicero ni menos.
…
Artemisa camino a paso rápido a través de las montañas de los Balcanes. El velo más cercano a Othea, el reino de los Elfos, estaba profundo en las montañas de los Cárpatos a lo largo del rio.
Ella no tenía ni idea de cómo iba a reaccionar Orión a ellos entrando en su reino, pero a estas alturas, no había mucho que hacer para realmente preocuparse por ofenderlo. Aunque, ella suponía que deberías preocuparte siempre por ofender a las personas que hacían armas que podrían matar cualquier cosa. Iban a tener que conseguir algún transporte moderno si querían llegar rápidamente.
-Vamos a tener que ir a Ruse para conseguir algo para conducir - grito Artemisa por encima del hombro.
-Espera -dijo Atenea, sosteniendo su mano en alto mientras se detenía- ¿Sabes cómo conducir?-Miró a Damasen.
Él puso los ojos en blanco con exasperación.
-¿Por qué? ¿Crees que hemos estado viviendo en cuevas, gruñendo, y usando vejigas de animales como contenedores de agua? Cambiamos con los tiempos Atenea, nos adaptamos. Si no lo hiciéramos nunca lo lograríamos en este mundo.
Atenea se dio cuenta que ella los estaba haciendo sentir que no eran lo suficientemente inteligentes como para aprender cosas nuevas y se sintió como una idiota. Miró a Artemisa y luego a Damasen.
-Lo siento. Supongo que pensé que ya que viven en las montañas lejos de la civilización no podrían saber acerca de la tecnología.
-Nos mantenemos ocultos, ya que sería muy sospechoso para los seres humanos cuando comenzaran a notar que no envejecemos.
-Buen punto -acordó Atenea. -Está bien, Artemisa, guíanos. Vamos a conseguir algunas ruedas.
Artemisa continuo a un ritmo más rápido.
Damasen no tenía problemas para mantener el ritmo, mientras que Atenea estaba bombeando sus piernas lo más rápido que podía sin llegar a correr.
-¿Por qué hablas así?-preguntó Damasen.
-¿Así cómo? – preguntó Atenea, sus palabras sonando sin aliento por su pesada respiración.
-¿Ruedas? -Damasen elevó una ceja.
Atenea se rió y esto también sonó sin aliento.
-Tengo una hija adolescente-Frunció el ceño-. Bueno, tenía una hija adolescente. Es difícil no adoptar su jerga.
Damasen pensó en eso por un momento.
-Por lo tanto, ¿ella habla muy diferente a ti, entonces?
-Es como toda otra lengua -le dijo Atenea, sacudiendo la cabeza. Después de eso Atenea se quedó en silencio, no porque no tuviera nada que decir, sino porque apenas tenía suficiente aire en sus pulmones para mantener sus pies en movimiento, y mucho menos para bromear alrededor con Damasen.
…
Después de lo que parecieron días de caminar a un ritmo brutal, el trio salió de la selva y llegaron a una calle en un lugar que Atenea suponía debía ser Ruse. Corrieron a través de una calle vacía, innecesariamente, porque parecía que el camino era utilizado muy pocas veces y, a continuación, pasaron por detrás de un grupo de edificios.
Artemisa los condujo por un callejón entre los edificios y cuando salieron del mismo, el aliento de Atenea quedó atrapado ante la dicotomía extendida frente a ella. Justo frente a ella estaba el pueblo más pintoresco que Atenea había visto nunca. Pero, en lugar de carruajes tirados por caballos, lo que habría lucido mucho más natural, había un puñado de vehículos de último modelo estacionados aquí y allá a lo largo de los lados de la calle. Los edificios de tonos color tierra fueron construidos muy juntos y lucían techos altos y puntiagudos. La mayoría estaban adornados con acogedores porches frontales conteniendo faroles parpadeantes, que colgaban de las paredes junto a las puertas.
Parecía ser una ciudad muy antigua y Atenea se sentía como si la hubieran lanzado hacia atrás en el tiempo. Gente serpenteaba a lo largo de la calle, deteniéndose para hablar entre sí o frecuentar una de las muchas tiendas adorables que bordeaban la calle. Atenea pronto se dio cuenta que cada una de las tiendas servía una función importante: una carnicería, una sastrería, un almacén general. Ningún Old Navy aquí, pensó.
Damasen le tomó la mano, giraron a la izquierda en la calle y comenzaron caminar. Atenea notó a Artemisa escudriñando cada vehículo al pasar. Se detuvieron frente a un sedán de color marrón acercándose a la acera. Atenea vio como Artemisa se acercó al auto mientras el conductor salía. Artemisa empezó a hablar calmadamente con el hombre y aunque Atenea no pudo escuchar las palabras, supuso que Artemisa estaba tratando de persuadir al hombre acerca de permitirles pedir prestado su auto.
Atenea miró a Damasen y vio que no estaba viendo a Artemisa, sino la calle que les rodeaba. Él escaneaba la zona disfrazando sus acciones como si estuviera admirando los edificios. Se las arreglo para evitar lucir como si estuviera buscando a una bruja loca tan malvada que acurrucarse junto a un león hambriento sonaba más atractivo que estar en la misma habitación que ella.
Ella le apretó la mano para llamar su atención y el detuvo su búsqueda.
-¿Qué le está diciendo Artemisa a ese hombre? -Atenea asintió en dirección de la Fae en cuestión.
Los labios de Damasen se arquearon.
-Ella acaba de convencer al hombre de por qué es una buena idea dejar que tomemos prestado su auto.
-¿Convencer? -Atenea entornó los ojos.
-Artemisa solo está utilizando un poco de magia Fae para influir en el hombre. Vamos a devolverle su automóvil, Atenea. No somos ladrones.
La ceja de Atenea se levantó.
-Así dice el Rey Hechicero que hizo un trato con el diablo.
Damasen la fulminó con la mirada.
-¿Sabes?, no voy a ayudarla.
-Si, lo sé-le dijo Atenea, mientras le apretaba la mano para tranquilizarlo.
Finalmente, Artemisa miró hacia atrás y les hizo señas.
Veinte minutos más tarde hablan puesto algunos kilómetros entre ellos y Ruse, y un pobre hombre que estaba sentado en su casa pensando que su auto estaba siendo reparado y le seria devuelto tan pronto como lo estuviera en una segura condición operable.
Damasen condujo en silencio mientras trataba de contemplar las ramificaciones de lo que estaban a punto de hacer. Nunca había considerado que un día tendría una compañera humana. Y ahora que lo hacía, estaba empezando a darse cuenta de lo peligroso que sería la unión para ella. Él la miró por el rabillo del ojo mientras se sentaba en el asiento del pasajero. En vez de mirar ansiosamente las vistas y sonidos de un país que nunca había visto, sus ojos se centraban en el camino por delante y él apostaría su vida a que su mente estaba centrada en la próxima dificultad. Orgullo se hincho en su pecho mientras le agradecía al destino que le hubieran dado una compañera tan fuerte, una compañera que estaba dispuesta a hacer lo que fuera necesario.
Atenea sintió los ojos de Damasen en ella. Lo miró y se encontró con su mirada de ojos de color amarillo. Se quedó sin aliento brevemente mientras asimilaba su belleza inhumana. Tenía que admitir que, si ella iba a estar casada con alguien, podía hacerlo mucho, mucho, mucho peor. Ella le sonrió y luego volvió a mirar a la carretera y tratar de no preocuparse por Annabeth, confiando en que Percy y su manada se ocuparían de ella.
Echaba de menos a su hija con un dolor que solo una madre entendería. Sabía que, si quería ver a Annabeth de nuevo, entonces tenían que hacer lo necesario para mantener al mundo, tal como lo conocen, seguro. Si no tenían éxito en detener a Desdémona, las repercusiones serian devastadoras.
…
Atenea no sabía cuánto tiempo había pasado desde que se habían detenido para ir al baño, que en virtud de sus circunstancias actuales no quería discutir, cuando Damasen se detuvo a un lado de la carretera. Estacionó el auto lo más lejos de la carretera que pudo sin conducir en el bosque. Se bajo del auto sin ceremonia y Atenea se apresuró a reunirse con él. Artemisa se movió tan silenciosamente que Atenea no había notado a la Fae salir del auto. Artemisa señaló hacia el bosque.
-Vamos a tener que subir hasta allí. Tenemos que actuar con rapidez, pero hay que tener cuidado cuando nos acerquemos a su velo.
Damasen asintió y miró a Atenea.
-¿Estás lista?
Atenea respiro hondo y solto el aire con las mejillas hinchadas, el aire soplo los mechones de cabello alrededor de su cara.
-Damasen, cariño, nadie está preparado para este tipo de cosas. -Ella le dio una palmada en la espalda y lo adelanto, siguiendo a Artemisa cuando ella se puso en marcha.
…
-¿Qué te trae a mí, Hera, alta Fae, amiga de la manada, maestra de las sanadoras?-La voz del Troll era profunda y grave, como si hubiera pasado un milenio fumando Pall Malls.
-Thurlok, maestro del puente, guardián de la puerta – Hera le dio al Troll un ligero movimiento de cabeza, no porque mereciera su respeto, sino porque no le bacia mal halagar a quien necesitas para negociar. Ella dio un paso alrededor de modo que él y los arbustos, en los que las demás se escondían, estaban a la vista.
-He venido a hacer un intercambio- dijo Hera con deliberada lentitud. Los Trolls no eran los más inteligentes de las criaturas en un buen día, y Thurlok había estado estacionado en el puente por un tiempo muy largo. Se imagino que su cerebro podría estar un poco lento por falta de uso.
-¿Un trato? -preguntó con impaciencia mientras sus manos se frotaban entre sí, y sus ojos se abran como los de un niño codicioso en una tienda de dulces. Hera asintió y él se impaciento- Vamos, mujer, ¿Qué es?
Hera estaba atrayendo a propósito su interés, aprovechándose del apetito natural del Troll de poseer cosas de gran poder o valor
-En primer lugar, te diré que es lo que quiero a cambio de lo que voy a ofrecer.
Thurlok le dio un gesto con la mano nudosa para seguir adelante con esto.
-Yo, y ocho compañeras, quisiéramos entrar y salir del Limbo. A nuestra salida, vamos a traer de vuelta unos prisioneros que fueron capturados injustamente. Nueve entrarán y diecisiete saldrán. Vamos a entrar ilesas; entiendo perfectamente que te es imposible protegemos una vez que entremos. A nuestra salida, permaneceremos sanos y salvos. Tu no vas a compartir el conocimiento de nosotros estando aquí o de la identidad de los individuos que van a ser rescatados. -Hera repasó la solicitud en su mente para asegurarse de no dejar ninguna laguna que el Troll pudiera utilizar para su ventaja.
Thurlok miró fijamente a Hera, sus ojos demasiado grandes haciéndose aún más grandes. En su tiempo como el guardia de este punto de referencia, pocos seres alguna vez han pedido entrar de forma voluntaria y desde luego no ha habido nadie siendo rescatado en su resguardo. Él sabía de esos que ella mencionó, los machos que Desdémona había echado en el Limbo. También sabía que si salían de alguna manera, ella estaría en busca de sangre, y probablemente seria su sangre la que buscaría primero.
-Esa es una petición muy peligrosa -respondió con calma, tratando de no mostrarle cuán curioso era-¿Qué tienes en tu poder que vale tanto la pena como para que yo te entregara a los prisioneros de la bruja?
-Algo tan único que nunca podrías imaginar, incluso jamás pondrías los ojos en ella. -Hizo una pausa dramática antes de hablar-. Una piedra de las Fae-dijo finalmente.
Si los ojos de Thurlok estaban muy abiertos antes, ahora Hera estaba segura que iban a salirse de su cabeza. Era cierto decir que solo podría soñar con posar sus ojos en las piedras, pocos lo han hecho alguna vez, independientemente de la longitud de sus vidas.
Hera observó de cerca al Troll. Sus pensamientos reflejándose en su rostro. Se dio cuenta que estaba examinando la situación desde todos los ángulos, haciendo todo lo posible para determinar si ella estaba tratando de engañarlo de alguna manera. Su plan colgaba en su falta de conocimiento de las piedras, muy pocos entendían cómo funcionaban efectivamente, o el propósito detrás de ellas. Esperó pacientemente, sin querer parecer demasiado ansiosa y revolver la sospecha de Thurlok.
-¿Crees que va a hacerse daño al pensar con tanto ahincó?-susurró Thalia, mientras ella y las otras mujeres observaban desde la cubierta del follaje.
-Es muy posible que su cabeza podría explotar -respondió Piper.
-Eso sería un asco, viendo la forma en que lo necesitamos para que nos deje entrar en el infierno -añadió Annabeth.
-Está bien, tengo que preguntar, ¿así es como pensaron que se vería un Troll?-preguntó Thalia a nadie en particular, mientras observaba a Hera hablar con el pequeño hombre de piel oscura, un mechón de pelo blanco en la cabeza y pequeñas orejas puntiagudas. Sus ojos eran grandes y negros, pero su cara era de otra manera sin nada resaltante. Su nariz no era grande o pequeña; sus labios no eran ni gruesos o delgados. Su cuerpo era voluminoso y parecía estar un poco encorvado. Vestía pantalón marrón con tirantes y sin camisa. Su pecho estaba al desnudo y su barriga redonda y regordeta. No llevaba ningún zapato y no parecía molestarse por el terreno accidentado.
-¿Cómo esperabas que se viera? -preguntó Rachel.
Thalia se encogió de hombros.
-No lo sé. Más trollesco tal vez.
-¿Trollesco?-resopló Diana, con la frente levantada.
-Si, ya sabes, menos humanos -concordó Piper.
-Chicas, ven demasiadas películas -les dijo Diana.
-Solo se puede tener cierta cantidad de sexo, ya sabes -comentó Thalia, con indiferencia.
Annabeth miró a Thalia y pasó una mano por su frente.
-¡Menos mal! Estoy tan contenta que dijeras eso. Estaba empezando a pensar que tu embarazo podría haber frenado tu cuota de mencionar el sexo en los momentos más inapropiados.
-Estoy un poco fuera de práctica. Lucas es mi inspiración para comentarios sexuales inapropiados. Cuando lo recuperemos voy a tener que asegurarme de recuperar el tiempo perdido.
-Bueno, aguardamos con ansia todos los comentarios ingeniosos que estás almacenando en esa mente perversa tuya- dijo Sally.
Y, aunque Thalia no podía decidir si la Alfa estaba siendo sarcástica o no, agrego:
-No teman, no los voy a defraudar.
-De eso no tenemos ninguna duda-murmuro Rachel con una sonrisa socarrona.
A medida que continuaban observando el intercambio estancado entre Hera y el Troll, todas murmuraron un colectivo "ya era hora" cuando el Troll finalmente habló.
-Tienes un acuerdo Hera de las Fae- Thurlok hizo un gesto con la mano y de repente apareció un puñal. Extendió la mano izquierda y se cortó la palma abierta. Una línea gruesa de sangre roja brillante brotó del corte mientras sostenía la daga hacia Hera. Ella tomó la daga y, sin dudarlo, cortó su propia mano. Ella le tendió la mano a la suya y él la tomó en un firme apretón de manos. A medida que sus manos se entrelazaban Hera hablo claramente hacia el bosque silencioso.
"Sangre de la tuya, sangre de la mía,
Las verdades que digo ahora se unen en sincronía
Todo lo que hemos dicho, se hará,
O la muerte a ti y a mí nos buscara.
Los lazos unidos no se pueden deshacer,
Ni por muchos, ni por uno a la vez
Cumpliendo con este trato de mi para ti,
Así será terminado y finalmente acabado"
Ambos vieron como la magia se envolvió alrededor de sus manos agarradas, y luego alrededor de ellos, excavando profundamente en sus cuerpos. Tan repentinamente como había comenzado, todo había terminado.
Peri dio un paso atrás e hizo un movimiento con la mano derecha. Como si fuera una señal, las otras mujeres salieron del bosque. Thurlok dio un paso atrás, pero se contuvo. Alejarse de un depredador solo lo alentaba a perseguir. Las otras ocho mujeres se pararon junto a Peri y lo miraron.
-¿Esperan que haga un truco o algo así? -le espetó a ellas.
-Calma, calma, Thurlok -canturreó Hera- Juega limpio. Las lobas y sanadoras no te harán daño.
Alguien se aclaró la garganta y Hera miró a Enebro quien estaba mirándola.
-¿Que? -preguntó Hera, sacudiendo la cabeza, alzando la voz con exasperación- No puedo garantizar lo que tú vas a hacer. Ustedes las hadas de cabello ambar son siempre impredecibles.
Thalia empezó a hablar, pero se detuvo cuando Piper camino alrededor de Hera, situándose frente al Troll.
Hera puso una mano sobre el hombro de Piper deteniéndola de hablar. Se inclinó hacia delante y le susurro al oído:
-Sé que estás lista para recuperar a tu hombre, pero nunca es sabio ofender a la persona que tiene las cartas.
Los hombros de Piper se tensaron, pero dio una breve inclinación de cabeza para dejar saber a Hera que entendía.
Hera hizo señas hacia el puente mientras miraba a Thurlok.
-Hemos hecho nuestro trato, Troll. Abre el velo.
Thurlok hablo en un lenguaje inusual mientras dibujaba algunos símbolos en el aire. Sus ojos se cerraron a medida que su voz se elevaba y el aire a su alrededor se arremolinaba. Piper y las demás se quedaron paralizadas al ver el velo al Limbo aparecer.
De repente donde un puente y árboles habían estado había ahora una abertura cavernosa con escaleras desapareciendo en la oscuridad más allá de ella.
-El velo permanecerá abierto durante 2 horas -les dijo Thurlok
La ira brillo en los ojos de Hera cuando se dio cuenta que había perdido un detalle muy importante. Tiempo.
-¿Será tiempo suficiente? -preguntó Piper.
-SI- habló Sally desde la derecha de Piper.
-¿Cómo lo sabes?
-Porque no hay otra opción.
Estamos perdiendo el tiempo - grito Thalia mientras se dirigía hacia el velo en un trote.
Las escaleras conduciendo al Limbo eran estrechas y solo permitían que bajaran una a la vez en fila.
Hera había sacado a Thalia fuera del camino y tomó la delantera, y, como de costumbre, Sally se quedó en la parte trasera. Las escaleras eran claramente visibles, pero Piper no podía entender qué cosa estaba emitiendo la luz que las iluminaba. Las paredes a su alrededor eran de piedra gris y se sintieron calientes bajo sus dedos cuando los presionó contra éstas para mantener el equilibrio. Ella seguía a Annabeth y, como las demás, mantuvo sus ojos en constante movimiento, pendiente del peligro. Su piel cosquilleó y sintió la magia dentro de ella brotar como una batería cargada a la espera de ser conectada a algo. Mientras descendían más debajo de las escaleras, el aire comenzó a ponerse espeso y caliente. Piper sintió el cabello en la parte posterior de su cuello comenzar a pegarse a ella a medida que el sudor comenzaba a humedecer su piel.
Echó un vistazo por encima del hombro a Enebro y vio que ella también estaba sudando. Enebro le dio una pequeña sonrisa y se secó la frente con el dorso de su mano.
Finalmente, la escalera termino. Una por una, tomó el escalón final emergiendo en un amplio pasillo.
Todas permanecieron balanceándose de un pie al otro sin cesar. Necesitando moverse, tener algún tipo de acción que fuera palpable entre ellas. Hera cerró sus ojos, sus labios se movieron mientras murmuraba algo. Unos momentos más tarde, sus ojos se abrieron de golpe y ella señalo a la derecha.
-Por ese camino -dijo de manera cortante y empezó a caminar. Hera sentía la innegable urgencia de darse prisa, el conocimiento de su cantidad limitada de tiempo persistiendo como un presentimiento en el fondo de su mente.
No hablan estado caminando durante más de dos minutos cuando Thalia se detuvo de repente. Sus ojos parecieron desenfocados mientras miraba por el pasillo y su respiración se había vuelto entrecortada.
Diana se acercó a su lado y le puso una mano en su hombro
-Thalia. -Diana dijo su nombre en voz baja, tratando de no asustarla- ¿Estás bien?
La mano de Thalia fue a su abdomen mientras jadeaba. Sus ojos azules se abrieron y un sollozo rompió de su pecho.
-Dime que no es verdad -susurró.
Piper se puso de pie directamente delante de Thalia y coloco las manos a ambos lados de su rostro. Ella cerro los ojos y buscó en la mente de Thalia. Sintió la oscuridad antes de verla, un remolino de oscuro mal rodeaba la mente de Thalia y en el centro de esa oscuridad estaba Luke. Los ojos de Piper se abrieron y su cabeza se echó hacia atrás.
-Es la mente de Luke lo que ella está viendo y sus emociones lo que está sintiendo -es dijo Piper a las demás.
-Debemos estar acercándonos a ellos si el vínculo está empezando a abrirse sin la ayuda de sus compañeros -dijo Hera. Una vez más, sintió la sensación de urgencia. Detrás de esa urgencia había algo justo fuera de su alcance, algo más que su designada cantidad de tiempo tan corta. Pero, cuando trato de identificar su miedo, este se escabulló y lo único que quedaba era la parte ella instándola a seguir. Muévete rápido, Hera. No puedes parar Tienes que darte prisa, le decía su mente. Incluso mientras estaban mirando a Thalia. Hera sabía que ellas debían moverse.
-Thals. -Piper le dio unas palmadas al rostro de su amiga- No es real, cariño. Es lo que Luke está viendo. Vamos Thalia, recobra la compostura.
Thalia cerró los ojos, pero luego rápidamente los abrió a medida que las imágenes brotaban con más fuerza a través de la parte posterior de sus parpados. Ella asintió y palmeó la mano de Piper que aún estaba en contra de su cara.
-Estoy bien, gitana. -Respiró hondo varias veces tratando de alejar el ataque de pánico que se desbordaba en su interior.
-Señoras, tienen que estar en guardia Sus mentes son sus enemigos en este lugar. Sus compañeros van a estar bombardeándolas y no deben reaccionar a las cosas que puedan ver o..–Las palabras de Hera fueron interrumpidas por un aullido desgarrador que fue unido por otro, y otro, y aún más hasta que las paredes temblaron por el ruido.
Piper echó a correr sin pensarlo. Conocía ese aullido, lo conocía como conocia su propia voz. Sintió el dolor que se irradiaba en el sonido, sintio la desesperación y la pérdida. Algo dentro de ella se extendió hasta el lobo que reclamaba como suyo.
Costin, llamó su nombre a través del vínculo que se había abierto cuando llegó el aullido. Estoy aquí. Voy por ti. Otro aullido, otro latigazo de dolor que le quitó el aliento a Piper mientras corría. Oyó la respiración pesada a su lado y vio que Annabeth y Thalia estaban a cada lado de ella corriendo igual de duro y con la misma cantidad de determinación en sus ojos. Se oyeron pasos y respiraciones pesadas detrás de ellas y Piper sabía que las otras mujeres estaban justo ahí en sus talones. Ella no tenía ni idea de a donde iba. pero sabía que era la dirección correcta.
…
Annabeth empujó sus piernas lo más fuerte que pudo. El aire rozaba su cara con fuerza y el aire caliente no atrajo alivio alguno al calor. Sus pulmones ardían con el esfuerzo de tomar más oxigeno mientras sus músculos gritaban de necesidad. Ella ignoro el dolor, y pensó en una sola cosa, llegar a Percy. Él estaba a punto de perder el control de su lobo. Hera les había advertido que podía suceder y Annabeth sabía que, si no conseguía llegar a él muy, muy pronto sería demasiado tarde.
Thalia. Thalia escuchó la desesperación en la voz de Luke, era un sonido que no quería volver a oír jamás, porque sabía lo que él estaba viendo, y casi la rompió. Luke, resiste un poco más cariño. Ya casi llegamos. Podía sentir la confusión en su mente. Él no sabía que creer, o cual era la mentira, ¿Cuál era la ilusión y qué era real? Ella bombeo sus piernas más rápido y clamo la velocidad de su lobo. Él la necesitaba: tenía que llegar a él.
-ALTO -La voz de Hera reverberó en las paredes. El pasillo que había estado lleno de aullidos, respiraciones pesadas, y pisadas a toda marcha de repente se quedó en silencio.
-Mirenme. -La voz de Hera era una orden y poco a poco, una por una, se volvió para mirar a la Fae.
Los ojos de Sally brillaban peligrosamente en aquella que la apartaba de su compañero y dio un paso amenazador hacia delante.
-No hagas algo de lo que te arrepientas, Alfa. -Los ojos de Hera se reunieron brevemente con los de Sally, y luego volvió a mirar al grupo.
-¿Cuáles son sus mayores temores en este mismo momento? -les preguntó.
-¿No podemos tener esta pequeña discusión después de recuperar a los chicos?-gruñó Thalia.
-¡NO! -gruño Hera-. Vamos a tenerla ahora. ¿Cuál es su mayor temor?
-No vamos a llegar a tiempo-susurró Piper mientras se encontraba con los ojos de la Fae- Vamos a llegar demasiado tarde. Sus lobos están asumiendo el control.
Sus cabezas asintieron cuando las demás estuvieron de acuerdo con Piper.
-Exactamente. -Hera sonrió a Piper como si ella fuera su alumna estrella. -Ahora, ¿qué les he dicho acerca de este lugar? Utiliza sus mayores miedos. Piensan que oyen a sus lobos aullando por ustedes y en vez de parar por un momento y pensar, salen corriendo como un grupo de desquiciadas a quién sabe dónde en quién sabe qué.
-¿Qué se supone que debemos hacer? -gruñó Sally, sus ojos todavía brillaban con ira.
-Usen sus vínculos. Thalia acaba de demostrar que están en pleno funcionamiento, así que aguántense, y acepten que lo que van a sentir y ver de sus compañeros va a ser desagradable, pero les dirá si lo que están escuchando es real. Sus temores las han hecho correr hacia un ruido que solo estaba en su mente y habrían seguido corriendo, nunca yendo a ninguna parte, porque sus miedos es que no van a llegar a tiempo.
La mano de Piper golpeo sobre su boca cuando un jadeo escapo y sus ojos abrieron. La realización golpeó a Annabeth, Rachel, Enebro, y las demás.
-Habríamos estado corriendo para siempre –murmuró Rachel.
Hera asintió.
-Hasta que no hubiera más zapatos en sus pies. Ahora, la peor parte- Hera hizo un gesto a su derecha - ¿Qué ven?
Esta vez los jadeos de asombro recorrieron a las ocho de ellas al ver las escaleras, por las que habían descendido hace muy poco tiempo.
