Declaración: Los personajes no me pertenecen, le pertenecen al maravilloso tío Rick… y la trama le pertenece a Quinn Loftis.
Capítulo 8: Jason VIII
"Sentí unos brazos rodeándome y humedad en mi rostro. Mire hacia los ojos marrones llenos de lágrimas. Sus labios se movían, pero no podía oír nada. Mi lobo se agitaba, pidiendo liberación. El podía salvamos de la angustia. Pero, los hermosos ojos marrones se clavaban en los míos y la urgencia en ellos me tenía postergando la fase. Entrecerré los ojos tratando de escuchar lo que ella estaba diciendo, tratando de entender por qué esta Piper era tan diferente de la otra, de la que no pude salvar. Sabía que no podía soportar un momento más viendo a mi compañera sufrir, así que cerré los ojos al llanto de Piper y llamé a mi lobo."
-Jason
-La escalera -dijo Sally sacudiendo la cabeza - ¿Cómo es eso posible? estábamos corriendo, sentí mis piernas en movimiento, el viento en mi rostro- su discurso se hizo más urgente con cada palabra. - Sé que me estaba moviendo
-Empezamos a caminar cuando llegamos aquí y señalaste en esa dirección, Hera -apuntó Diana.
Hera asintió.
-Pensamos que lo hicimos. Nuestras mentes nos decían que nos estábamos moviendo porque nuestro miedo es el de no llegar a tiempo. No pude entenderlo al principio, pero sabía que teníamos que darnos prisa. No me moleste en analizar por qué, de repente, sabía que simplemente teníamos que ir, sin pensar en un plan ni nada. Fue este lugar, utilizando mi miedo contra mí -Dejó escapar un profundo suspiro y sacudió la cabeza - La mente es una herramienta muy poderosa -dijo solemnemente- Y en este lugar es nuestro enemigo.
- Así que, no podemos confiar en nuestras mentes-apunto Enebro.
-Confíen en sus instintos-finalizó Hera.
-Mi mente me está gritando que corra -dijo Piper mientras miraba por pasillo en el que pensó había estado corriendo- en esa dirección-señalo
-Rachel, utiliza tu nariz -dijo Hera- ¿A qué huele esa dirección?
Rachel cerró los ojos y respiró hondo. Dejó salir a su lobo lo suficiente como para utilizar sus sentidos, desfragmentando la mezcla de olores en fragancias individuales.
-No huelo - hizo una pausa- nada.
-Bien, ahora, ¿qué hay de esa dirección? -asintió Hera. Esta vez todas las lobas tomaron respiraciones profundas. Thalia hablo primero.
-Luke. -Comenzó a moverse, pero Silena la tomo del brazo.
-Espera -dijo Silena tranquilamente. Thalia miró a la sanadora y luego a las demás. Podía ver la comprensión en cada uno de sus rostros. Sus compañeros estaban cerca. Muy cerca
-Ahora -dijo Hera mientras las miraba, con la voz de un maestro instruyendo a su clase- sigan lo que saben que es un hecho.
-Las esencias de nuestros compañeros están en esa dirección -anunció Thalia- ¿Están de acuerdo las demás? Porque, realmente no quiero correr de pie en un sitio una vez más pensando que estoy llegando a alguna parte como una tonta, solo para descubrir que estoy en el mismo lugar en el que empecé
Annabeth asintió.
-Te escucho, y si nuestros compañeros están en esa dirección
Sally tomó la iniciativa y comenzó a caminar enérgicamente. De vez en cuando se detendría y tomaría una profunda respiración. Las otras lobas seguirían su ejemplo, mientras Enebro y Piper se esforzaban por ignorar la irritación construyéndose en su interior, porque necesitaban darse prisa, y no se estaban moviendo lo suficientemente rápido.
-Piper, detente -Las palabras de Thalia se envolvieron alrededor de Piper, como una banda de acero y la mantuvieron en su lugar. Ni siquiera se había dado cuenta que se había girado y estaba caminando lejos del grupo: Su boca cayo abierta y sus ojos se abrieron de par en par.
-No me di cuenta-comenzó Piper.
-No puedes oler a Jason. No tienes nada que seguir, pero tu mente te lo está diciendo -explico Hera- Vas a tener que confiar en tus amigas, tus compañeras de manada.
Piper asintió, pero no dijo nada más.
-Hera, algo no está bien. -Sally miró de nuevo a la Fae.
-¿Qué quieres decir? - pregunto Thalia.
Sally señaló y todas se giraron a ver, una vez más, las escaleras estaban a escasos metros de ellas.
Thalia lanzó las manos en el aire.
-¡Tienes que estar bromeando! -gruño en señal de frustración.
Los ojos de Hera se entrecerraron mientras miraba las escaleras, ¿Por qué no estaban llegando a ninguna parte? Había apartado sus miedos. Ellas eran conscientes de ello y no le permitían dictar sus acciones, así que, ¿por que no estaban haciendo ningún progreso? Su cabeza apuntó hacia Annabeth.
-Cuando bajaste por esas escaleras, ¿cuáles fueron tus mayores preocupaciones?
Annabeth respondió sin dudarlo.
-Que no los encontráramos a tiempo.
Hera señaló a Silena esperando que ella respondiera la misma pregunta.
-Temí que esas dos horas no serían suficiente tiempo para encontrarlos y sacarlos- le dijo Rachel.
Hera se golpeó la frente, mientras se daba cuenta de su entorno.
-Encontrarlos -dijo-, no solo tenemos miedo de no llegar a tiempo, tenemos miedo de no ser capaces de encontrarlos.
-Maldita sea-murmuró Piper.
-¿Nuestros propios miedos nos han mantenido aquí?- pregunto Diana con las cejas levantadas.
-Imagínense a sus compañeros, señoras -instruyó Hera mientras se acercaba y se paraba sobre el primer escalón de modo que estaba un poco más alta que el resto- Diana, haz algo útil ya que no tienes compañero que imaginar, y canta.
Los ojos de Diana se entrecerraron.
-¿Quieres que cante?
-¿Balbucee? - espetó Hera.
-¿Puedo preguntar cómo cantar ayudara?
-Eso las mantendrá conectadas a la tierra, a lo que es real. Dándoles un ancla por así decirlo.
Diana no dijo nada más, pero se lo pensó por un momento y luego comenzó a cantar.
"He visto lo que el hombre puede hacer,
Cuando el mal vive dentro de ti.
Muchos son débiles
Y los fuertes son pocos"
Su voz se mantuvo en el aire mientras cantaba, llenando la habitación con una música rica y profunda que alcanzó a cada una de ellas.
Hera habló por encima del canto de Diana, pero dio a Diana una señal para que siguiera cantando. Así que lo hizo.
-Imaginen a sus compañeros, piensen en cómo huelen, cómo lucen y cómo suenan. Concéntrense en los detalles, no importa cuán pequeños sean. ¿De qué color son sus ojos? ¿Como se ve su cabello cuando el sol los toca e ilumina cada una de sus hebras individuales? ¿Como se siente la piel bajo sus dedos? ¿Qué les gusta hablar de su compañero y cómo las hace sentir? Pongan toda su energía en recordarlos, cada detalle.
Piper dejó que la voz de Hera la condujera y se imaginó a Jason. Sus ojos color avellana centellantes de malicia y sus labios convertidos en una sonrisa juguetona. Se imaginó el hoyuelo que hacía que su corazón latiera más rápido y oyó la risa que normalmente lo acompañaba. Lo imagino de pie ante ella, con las manos en sus caderas, como habían estado cuando él le había estado ensañando cómo servir copas. Se imagino sus labios moviéndose hacia ella y recordó como había olido, como su olor la había llamado. La llamaba ahora. Sus ojos se habían cerrado mientras pensaba en su compañero, pero cuando su esencia golpeó su nariz, se abrieron de inmediato.
Los ojos de Piper se agrandaron mientras miraba alrededor de la habitación donde se encontraba. No se había movido de donde estaba parada, pero la habitación ahora estaba oscura y hecha de tierra. Todas las otras mujeres estaban con ella, pero había algo más que solo ellas. De rodillas sobre el sucio piso, a escasos metros entre sí, estaban sus compañeros. Completamente ajenos el uno del otro, cada uno encerrado en su propia miseria.
Giró lentamente la cabeza hacia la derecha y la respiración fue arrancada de sus pulmones cuando vio a Jason. Estaba inclinado y parecía como si estuviera acariciando algo, pero no había nada delante de él. Piper corrió hacia él y se arrodilló a su lado.
-Jason -susurró ella su nombre, mientras apartaba su cabello de su cara- Jason, cariño, es Piper.
La cabeza de él se giró lentamente con los ojos fijos en los de ella. Sus ojos lucían salvajes y desesperados. Volvió a mirar hacia el lugar donde había estado mirando y luego de nuevo hacia ella. Estaba tratando de decidir algo. Ella puso la mano sobre su rostro y se acercó para ver lo que estaba viendo. Se mordió el labio para no gritar cuando vio su propio cuerpo tendido delante de él desnudo, roto, ensangrentado. Apartó la imagen y lo miró a los ojos.
-Soy real, Jason. Soy real. -Ella tomó su mano y la colocó sobre su pecho para que él pudiera sentir el latido de su corazón- Siente -le dijo- Soy tu Piper, la verdadera Piper. Estoy entera, sana y salva
Jason estaba mirando la mano que ella había colocado en su pecho Sus ojos se entrecerraron en concentración, con la mandíbula apretada y su respiración se volvió superficial. Después de varios minutos, se inclinó hacia delante y puso su cabeza donde había estado su mano. Escuchó el corazón de ella latir y lo sintió empujar contra su rostro. Giró su rostro de modo que su nariz estuvo contra la de ella y luego deslizó su cara hasta que su rostro estuvo contra la piel desnuda de su clavícula. Tomó una profunda respiración y dejó escapar un bajo gruñido. Su lobo se agito y aunque el hombre no quería creer que se trataba de su Piper, el lobo se negaba a apartarse. Mia, gruñó su lobo. Los brazos de Jason se envolvieron alrededor de Piper y la atrajo con fuerza hacia él. Ella se quedó sin aliento ante el brusco movimiento, pero luego envolvió sus brazos alrededor de él y le devolvió el abrazo
-Piper-susurró, con voz áspera y ella sintió que sus palabras retumbaban en su pecho.
-Realmente soy yo, Jason. Soy real. Sé que no sabes qué creer, pero soy real.
Jason se apartó y la miró. Levantó la mano, secó una lágrima de su mejilla y sintió la humedad contra su piel. Entonces se inclinó hacia delante y presiono sus labios contra los de ella. No hubo ninguna duda en Piper. Le devolvió el beso con entusiasmo. Lo beso como si su vida dependiera de ello. Jason sintió los labios de Piper moldearse a los suyos, y luego los abrió cuando su lengua presionó contra ellos. Su sabor lo golpeó duro y terminó el beso bruscamente haciéndose hacia atrás para mirarla a los ojos.
-¿Eres tú? -preguntó, casi con miedo a la esperanza.
-Si- Ella sonrió y eso iluminó la oscuridad que lo había estado rodeando durante tanto tiempo.
-¿Puedes levantarte?- le preguntó ella.- Tenemos que salir de aquí. Solo tenemos una cantidad limitada de tiempo.
-¿Cómo vamos a encontrar a los otros? - preguntó mientras dejaba que ella lo ayudara a levantarse.
-Están justo aquí -señaló a los otros hombres a su alrededor, ahora atendidos por sus compañeras.
Los ojos de Jason se agrandaron al ver lo cerca que había estado de Luke, Will, Percy, Poseidon, Charles, Grover y Drake. Solo había habido pocos metros de separación entre ellos.
-¿Han estado aquí todo el tiempo? - Vio como los hombres comenzaban a pararse sobre sus pies y la misma comprensión los golpeaba.
…
El lobo de Luke estaba muy cerca de hacerse cargo. Él estaba luchando, pero no creía que pudiera observar a su compañera gritar un segundo más. Estaba al borde de la conversión cuando sintió que una cálida mano le acaricio el cuello.
-Lucas. -Su voz era pequeña y vacilante, nada como lo que estaba acostumbrado a oír de ella. Levantó la mirada y se encontró con los ojos de su compañera. Ella no estaba llorando o retorciéndose del dolor. No estaba abultada con su bebé, y no estaba sangrando por el parto. Estaba entera, saludable y hermosa, de pie delante de él.
Ella se arrodillo frente a él e inclinó la cabeza hacia un lado. Un bajo gruñido retumbó desde su pecho mientras veía la marca de su mordedura en el cuello de ella. Extendió la mano hacia delante y ella voluntariamente se metió entre sus brazos. Él cerró los ojos y pasó su nariz a lo largo de la línea de su mandíbula y detrás de su oreja.
-Mia -le dijo mientras la atraía más cerca
-Si, soy tuya -acordó ella.
Luke espero, temiendo el momento en que sería arrancada de sus brazos y el tendría que ver todo de nuevo, como su bebé moría, o su compañera era violada, o torturada por un enemigo sin nombre. La abrazó con más fuerza, rezando porque todo se hubiera terminado, que no tuviera que pasar a través de todo ello por más tiempo.
-Cariño -gimió Jen, este abrazo está demasiado apretado.
Luke aflojo un poco su agarre cuando ella comenzó a retorcerse, y dejo escapar un gruñido.
-Todavía no-rogo- No estoy listo para perderte de nuevo. Solo un minuto más, déjame abrazante, por favor, Thalia.
Thalia paró sus movimientos al escuchar el dolor en su voz. Se dio cuenta de que él no sabía que ella estaba realmente aquí. Él pensaba que estaba siendo solo su imaginación y que él iba a tener que ver esas cosas horribles que ella estaba viviendo en su mente.
-Luke, soy yo de verdad. -Ella puso sus dos manos en u rostros lo mantuvo alejado por lo que tenía que mirarla a los ojos. Soy real. No voy a ser torturada o violada. Estoy aquí para sacarte de este infierno.
Él siguió mirándola y Thalia podía ver que estaba tratando de decidir que creer. Podía ver que él quería tener esperanza, creer que era ella. Pero, estaba también estaba asustado de que fuera una ilusión, un truco cruel de Desdémona.
Se inclino hacia delante lentamente para no asustarlo y apreso sus labios contra los suyos. Thalia quería que fuera un pequeño beso, solo para tranquilizarlo, pero había pasado tanto tiempo y él olía tan, tan bien. Pasó la lengua a lo largo de las comisuras de sus labios y cuando el gimió, ella sonrió vanidosamente mientras sus labios se separaban y profundizaba el beso. Thalia le echó los brazos al cuello y le dejó empujarla contra él. No quería que se detuviera, no quería poner ni un centímetro de espacio entre ellos, pero tenían que darse prisa. Se aparto y lo miró. Ella le acarició la cara.
-¿Estás conmigo?
-¿Eres realmente tu? ¿Estás realmente aquí?- pregunto Luke mientras agarraba su cabello en una mano y la acercaba más a él con la otra.
-Mira a tu alrededor, cariño-dijo Thalia.
Luke volvió lentamente la cabeza y sus ojos se agrandaron cuando vio a los demás. Se puso de pie bruscamente, todavía con Thalia en sus brazos. Ella estaba realmente aquí con él.
-Luke, bájame -dijo Thalia mientras le palmaba el hombro.
Luke negó con la cabeza.
-No. Si te bajo podría no ser real y no estoy listo para enfrentar eso. No puedo perderte. No puedo verte lastimada por más tiempo.
-Soy de verdad, cariño. -Empujó su rostro hacia ella para mirarlo de frente- Soy real y no voy a ninguna parte.
El asintió.
-Bueno, si no vas a ningún lado entonces no hay razón por la que no puedo sostenerte.
Thalia puso los ojos en blanco.
-Bien, sostenme. Carga mi gordo trasero embarazado por todas partes, a ver si me importa.
-Me alegro de que estamos en la misma página-dijo Luke y la acerco con más fuerza.
-Realmente no vas a dejarme en el suelo, ¿verdad?-preguntó ella al cabo de unos minutos.
Luke negó con la cabeza mientras seguía observando a los demás juntándose, al darse cuenta poco a poco, uno por uno, que sus compañeras habían llegado. Ellas hablan dicho que lo harían, y ahora estaban aquí, para sacarlos de las garras del infierno.
…
-Percy, por favor, mírame -rogó Annabeth a su compañero. Él estaba de rodillas en el suelo mientras bajos gruñidos salían de él. Su cuerpo se estremeció bajo las manos de ella mientras frotaba suavemente su espalda. Su camisa empapada de sudor se pegaba a él y Annabeth trató de darle un poco de alivio despegando la camisa de su piel- Percy, maldita sea, dije que me mires-gruño Annabeth.
La cabeza de Percy se alzó ligeramente al comando de su voz y su labio mostró los colmillos afilados y blancos Sus ojos brillaban azules y Annabeth vio que el lobo de Percy estaba muy cerca de la superficie. Aprovechando la oportunidad ella agarro su rostro mientras estaba vuelto hacia arriba y sostuvo su mirada.
-Percy, soy yo Annabeth.
Los ojos de Percy se estrecharon y tomo una respiración profunda, inclinándose más cerca de ella para atrapar su aroma. El Algodón de azúcar golpeo sus sentidos y casi lo derribó. Aulló ruidosamente y los demás se unieron él.
-Compañera. -Su voz fue gutural al hablar. Alzo la mano y acarició su rostro con añoranza. Cuando el pasó un dedo por sus labios Annabeth abrió la boca y mordió su dedo juguetonamente con los dientes. Cuando empezó a acercarse a ella, una voz detrás de ello hizo ponerse rápidamente de pie, empujando a Annabeth tras el mientras gruñía.
Hera se detuvo con las manos en el aire mientras miraba a Percy.
-Tranquilo, Perseo, no quiero hacer daño -le dijo, con calma.
Percy la miró, y entonces, por primera vez se dio cuenta de toda la conmoción que le rodeaba. Retrocedió aún más, empujando a Annabeth hacia atrás hasta que la espalda de ella chocó contra la pared. Su lobo le urgía a protegerla, a que nadie se acercara a ella y le haga daño. Sus ojos iban salvajemente de una persona a otra, todas ellas una posible amenaza a lo que era suyo.
-Su lobo está en control. -Una voz profunda llego desde la izquierda.
La cabeza de Percy se dio la vuelta para mirar directamente a los ojos de su Alfa y padre. Él lo reconocía, pero eso no importaba. Aquí abajo, no se puede confiar en nada, le recordó su lobo. Él levantó un labio en una mueca a Poseidón.
-Percy. -La voz de Poseidón retumbó y Percy sintió el empuje en la misma - Nosotros no vamos a hacerle daño. Necesitas recuperar el control de tu lobo.
Percy sintió una pequeña mano en su espalda y luego un brazo se deslizo alrededor de su cintura desde atrás.
-Percy, vuelve a mi amor.- Oyó la voz de Annabeth en su mente y algo en él se rompió.
Se dio la vuelta alrededor aplastándola contra él.
-Pensé que te habla perdidos- dijo- Pensé que nunca te sostendría de nuevo.
-Estoy aquí -dijo ella, en voz alta-. Estoy aqui y tenemos que irnos.
Percy se apartó y la miró. Le acarició la mejilla, se inclinó y la beso suavemente.
-No te vayas de mi lado.
Sus ojos brillantes le dijeron lo que no hizo su suave voz. Percy aún no estaba totalmente en control.
Se dio la vuelta para enfrentarse a todos y tomó la mano de Annabeth firmemente en la suya. Se encontró con la mirada de su padre y expuso su garganta a su Alfa rápidamente, antes de ver a los demás con ojos cansados.
Hera les dio a todos unos pocos minutos más mientras las parejas seguían poniéndose de pie y la miraban. Diana se había hecho cargo de poner a Drake de pie, ya que no tenía una compañera. A Hera le pareció extraño que ellos no se abrazaran, o se preguntaran el uno al otro si estaban bien. Pero, mientras miraba a cada uno de los hombres observándose unos a los otros, se dio cuenta que no confiaban entre sí. No confiaban en que esto fuera real que las mujeres que sostenían respectivamente cerca eran genuinas. Sus mentes estaban tratando de llegar a un acuerdo con la noción de que las compañeras, sólidas y enteras en sus brazos, no iban a ser arrancadas de ellos y torturadas.
Aunque sabía que necesitaban más tiempo para llegar a un acuerdo con la realidad, ella no podía darles tiempo. Tenían que salir pitando y tenían que hacerlo "ayer".
-Está bien, encantadora gente. -La voz de Hera se alzó de manera que todos pudieran oírla- Por mucho que me gustaría darles todo el tiempo para procesar esto, van a tener que ponerse los pantalones de niños grandes y simplemente confiar en que sus compañeras están aquí para salvar sus traseros e ir con ellas. No tenemos tiempo para hacer un programa de doce pasos, así que contrólense a sí mismos el tiempo suficiente para salir de aquí
-Hombre, te extrañe -dijo Will al otro lado de la sala con una sonrisa socarrona, y un brazo envuelto alrededor de Rachel mientras sonreía a Hera. La sonrisa era real y las palabras tan sarcásticas como siempre, pero todavía había algo fuera de lugar en sus ojos.
-Si, si, lo sé. Quieres prometerme tu amor eterno, bla, bla, bla-dijo secamente- Vamos a ponernos en marcha gente. Diana, empieza a cantar de nuevo, por favor, y tal vez hazlo en un tono más alegre para que no todos queramos dispararnos a nosotros mismos- Hera se dirigió hacia las escaleras. Ella les hizo un gesto a Poseidón y Sally para venir adelante. Inclino un poco la cabeza hacia el- Es bueno verte. Ahora, si fueras tan amable, conduce a tu gente fuera de aquí. Mantén el juicio. Escucha la voz de Diana y no pienses en tus preocupaciones. Si es necesario, toma nota del libro de Thalia y piensa en sexo.
-Oí eso -gritó Thalia. Hera no le hizo caso.
Poseidón tomó la mano de Sally y empezó a conducirla por las escaleras. Se aclaró la mente de todas las preocupaciones o temores. Solo pensó en el rico sonido proveniente de Diana y la sensación de la mano de su compañera en la suya.
Hera dirigió a cada uno de ellos por las escaleras, diciéndoles una y otra vez que pensaran solo en la voz de Diana. Hera fue la última en iniciar la subida por las escaleras y ella misma se centró en la voz de la doctora alejando los temores que estaban tratando de inundar su mente: Ella se negaba a darles siquiera una fracción de su atención.
Cuando llegó a la parte superior de la escalera se detuvo cuando vio que todo el mundo estaba allí de pie mirando a donde la abertura debía estar.
-¿Qué demonios, Hera?-gruñó Thalia.
-¿Ya han pasado más de dos horas?- pregunto Enebro.
Hera alargó la mano y la puso en la pared. Ella cerró los ojos mientras se concentraba.
-Esa pequeña comadreja llorona-espeto a la pared - No han pasado más de dos horas. Nuestro amistoso Troll de los alrededores piensa atraparme a mí, Hera de las Fae.
Will se rió mientras negaba con la cabeza.
-Ellos nunca aprenden -dijo el a nadie en particular.
Los ojos de Hera se estrechan mientras miraba el lugar donde su mano acababa de estar. Hablo en voz baja, un lenguaje hermoso que fluyó con facilidad de su lengua. Sus ojos brillaron y ella empezó a resplandecer mientras la magia pulsaba de su cuerpo. De repente, la pared se abrió de golpe y Thurlok se tambaleó hacia atrás en el otro lado. Poseidón y Sally fueron los primeros en pasar, y luego los demás los siguieron. Una vez que todos estuvieron fuera. Hera pasó a través del velo, y dejó que se cerrar detrás de ella. Se detuvo mirando a Thuriok fijamente.
-¿Pensaste engañarme?
Thurlok se puso de pie torpemente.
-Sabía que podías salir, Hera -le dijo con nerviosismo - Tuve que cerrarlo en caso de que alguien pasara por aquí. Se vería terriblemente sospechoso si alguien venia y veía el velo abierto.
Hera lo observó como un halcón observa a un ratón. Él se removió bajo su mirada, mientras esperaba su respuesta.
-Voy a dejarte vivir solo porque el juramento de sangre no se rompió- Hera se volvió para mirar a Poseidon y Sally- Tenemos que irnos, ahora.
Ella arrancó en un trote rápido y espero que los demás la siguieran.
-¿Qué pasa con la piedra?-grito Thurlok
-Revisa tu bolsillo, imbécil-gritó Hera, pero no se volvió para ver si el la escuchaba.
Hera y Enebro hicieron un fuego mientras los demás agarraban troncos para sentarse. El campamento estaba tranquilo y sombrío. Habían comido hasta tarde por la noche y estaban agotados.
Diana se acercó a Hera y tiro de ella hacia un lado.
-¿Por qué eso parece como si hubiera sido un poco demasiado fácil?- dijo Diana, entrecerrando los ojos.
Hera dejó escapar un suspiro y se pellizcó el puente de su nariz.
-Rescatarlos del Limbo nunca fue mi verdadera preocupación-admitió.
Diana espero a que continuara. Hera miró sobre su hombro hacia el grupo mientras hablaba.
-Esa fue la parte fácil; la parte más difícil será contener a los machos de matar a nadie- Los ojos de Diana se estrecharon. Hera le indicó a Diana para que viera y así lo hizo.
Luke se sentaba con Thalia en su regazo, la cabeza de ella en su hombro. Estaba hablando con él en voz baja, mientras los ojos de él se movían de persona a persona, estrechándose y brillando ámbar. Sus hombros estaban tensos y parecía a punto de atacar, a pesar de que su compañera estaba en sus brazos.
Jason se sentaba con la espalda apoyada en un árbol y Piper entre sus piernas, con la espalda contra su pecho. Él la abrazaba con fuerza y Diana vio como de vez en cuando besaba su cabello o rozaba suavemente el dedo por su mejilla. Pero sus ojos no se apartaban de los que le rodeaban. Él nunca la miraba, sino que vigilaba a cada uno cuidadosamente.
Miró a cada macho y vio que sostenían a sus compañeras, la desconfianza en sus ojos siendo evidente a medida que se miraban unos a los otros constantemente.
Diana volvió a mirar a Hera que estaba observándola con expectación.
-¿Ahora lo ves?-preguntó ella.
Diana asintió.
-Nunca seríamos capaces de detener una pelea si fuera a estallar entre ellos.
Hera negó con la cabeza.
-No con estos dominantes.
-¿Qué hacemos?-preguntó Diana.
-En primer lugar, vamos a tener que hacer es ver su comportamiento. De manera que puedan pensar antes de actuar por instinto.
-¿Y en segundo lugar?-solicitó Diana.
-En segundo lugar-suspiró Hera-, esperar contra toda esperanza que nadie haga nada estúpido.
-Entonces estamos perdidos -dijo Diana.
-Más o menos- concordó Hera.
