Declaración: Los personajes no me pertenecen, le pertenecen al maravilloso tío Rick… y la trama le pertenece a Quinn Loftis.

Capítulo 10: Orión X

"Durante siglos hemos logrado mantenernos al margen de los asuntos de los seres humanos y otras razas sobrenaturales. Siento que no está en nuestro mejor interés participar en las tribulaciones de los demás. Por desgracia, lo que siento no le importa a los que están fuera de mi propia raza. Debería haber sabido que era solo una cuestión de tiempo antes de que los problemas aparecieran en nuestra puerta. Sin embargo, nunca podría haber imaginado que el problema incluiría no una o dos razas, sino a todos los seres sobrenaturales para salvar a la nuestra. Solo para demostrar que mi imaginación es muy sosa".

-Orión, Príncipe de los Elfos

-¿Estás seguro de que esto es lo que quieres hacer?-preguntó Atenea cuando se detuvieron delante de un claro en el extenso bosque.

Damasen miraba fijamente el claro y Atenea sabía que debía estar viendo algo que ella no, Artemisa hizo un gesto con la mano y de repente hubo una sacudida en el aire. De la nada, una grieta apareció y como una cortina, el espacio delante de ellos se separó y ella pudo ver a través de este al otro extremo. No coincidía con el bosque que los rodeaba y por ello sabía que veía el reino de los Elfos.

Damasen la miro y la respuesta fue evidente en sus ojos.

-Bien, bien-se quejó- Realmente no tenemos elección, ¿verdad?

-No podemos salir de una situación peligrosa con la esperanza de que alguien más dará un paso adelante y lidiar con ello. Puede que no seamos los primeros en descubrir el draheim en el reino humano, pero somos los únicos dispuestos a arreglarlo.

-Para alguien que estaba dispuesto a hacer un trato con el diablo, te estás volviendo noble y desinteresado-le dijo Atenea con un guiño.

-No soy tan noble como para liberar a la mujer que fue secuestrada para ser mi compañera. -Aunque las palabras salieron suavemente, Atenea sintió la posesividad detrás de ellas y trató de negar la sensación de calor que les provocó. Ella era deseada. Después de haber sido descartada años atrás, alguien la quería y no sabía cómo corresponder a ello.

El carraspeo de Artemisa llamó su atención hacia el velo abierto.

-¿Listos?-les preguntó.

En respuesta, Damasen caminó hacia el velo sin dudarlo y pasó a través de él. Artemisa le indicó a Atenea que continuara y luego, la siguió de cerca por detrás.

La boca de Atenea se abrió y giró en un círculo lento.

-¿Hemos entrado en una película de Disney? -preguntó, asombrada de los paisajes que la rodeaban.

El cielo por encima de ella era del más hermoso color azul que había visto nunca. El sol iluminaba un prado cubierto de hierba y las hojas eran sopladas rítmicamente por el viento. Los árboles a su alrededor eran altos y fuertes, con grandes hojas que eran de un brillante verde intenso; los pájaros revoloteaban de árbol en árbol, piando alegremente. Lilly sentía como si en cualquier momento saldría una princesa hermosa de ojos grandes y pequeña cintura, girando desde los árboles cantando una canción ridícula sobre la naturaleza o el amor, o la necesidad de alejarse de su madre malvada

-La tecnología no ha contaminado su reino de la manera en que lo ha hecho en el reino de los humanos-explicó Artemisa.

Atenea hizo una expresión de "oh" mientras continuaba observando el reino extendido delante de ella.

-¿Los encontramos o ellos nos encuentran?-preguntó Damasen a la Fae.

-Vamos a entrar más profundo en el reino, pero definitivamente nos encontrarán incluso antes de saber que están detrás de nosotros.

-Excelente-gimió Atenea-, porque saben que no quiero que esta pequeña aventura en nuestra historia sea fácil ni nada así. Lo digo en serio, ¿Dónde estaría el loco entusiasmo en eso?

La frente de Artemisa se frunció hacia ella y Atenea se echó a reír.

-Sarcasmo, Artemisa, es un mecanismo de supervivencia que aprendí de mi hija y sus mejores amigas.

Damasen tomó la mano de Atenea entre la suya y le sonrió a Artemisa.

-Solo asiente como si entendieras y puede que eso la haga detenerse.

Una leve sonrisa se deslizó en los labios de Artemisa y eso hizo que Atenea sonriera aún más.

-Vamos -dijo Damasen, mientras tiraba de la mano de Atenea- Manténganse alerta-añadió.

-¿He mencionado que tengo tanta hambre que podría considerar roer uno de mis brazos?-preguntó Atenea entre respiraciones forzadas mientras seguía las largas zancadas de Damasen.

-Solo veintitrés veces -respondió Artemisa sin sarcasmo, simplemente constatando un hecho.

-¿Cuál es la cuota de mencionar el hambre antes de que la comida, finalmente, sea la respuesta dada, en lugar de una réplica seca?

Damasen se rio de su compañera. Él amaba su peculiar sentido del humor, y su habilidad para manejar el estrés tan bien. Incluso amaba cuando ella se quejaba, como ahora, porque eso significaba que oiría su hermosa voz

-Exactamente, no he pensado una- respondió Artemisa- Pero, cuando lo haga, serás la primera en saberlo.

Atenea se quedó boquiabierta mientras miraba a Artemisa.

-¿Acabas de ser sarcástica? Oh Dios mío. Totalmente usaste el sarcasmo como un profesional.

Artemisa se encogió de hombros.

-Estoy aprendiendo a hacerte frente.

Ese comentario trajo una tos de parte de Damasen mientras trataba de sofocar su risa.

Los ojos de Atenea se estrecharon, aunque el brillo en ellos dejó en claro que no estaba realmente irritada.

-Voy a dejar pasar eso porque supongo que necesitas práctica.

Una hora después finalmente se detuvieron, Artemisa tomó la mochila que llevaba en la espalda y sacó un trozo de algo que parecía mucho a pan. Ella arrancó dos pedazos y le dio uno tanto a Damasen como Atenea; ésta miró el pan y luego miró a Artemisa.

-Por favor, dime que esto es solo un aperitivo.

-Es más de lo que aparenta-dijo Artemisa.

Mientras comían su pan en silencio, Atenea comenzó a darse cuenta que Artemisa tenía razón; había algo más en este pan. Se sentía llena a pesar de la pequeña cantidad que había comido y sintió que su cuerpo estaba siendo impregnado con energía. Estaba a punto de hacer una observación sobre esto cuando de repente Damasen se puso en pie de un momento a otro. Sus ojos se estrecharon mientras miraba hacia los árboles e inclinaba la cabeza hacia un lado, escuchando: Artemisa se había levantado también y miraba en dirección opuesta a la de Damasen. Atenea comenzó a levantarse, pero se detuvo cuando Damasen la miró y se llevó un dedo a los labios. Ésta se movió más lentamente cuando se levantó, tratando de no hacer ningún ruido.

Damasen entrecerró los ojos mientras buscaba a los Elfos que sabía estaban observándolos. Había sentido sus ojos en ellos durante varios minutos, también sabía que los habían estado siguiendo desde hace un tiempo. Aunque él no sentía como si estuvieran en peligro, prefería ser capaz de ver a su potencial adversario, y no tener que preguntarse si efectivamente planeaban un ataque. Miró a Artemisa y vio que ella también se encontraba alerta y mirando hacia el bosque, aunque su postura era relajada, lo que indicaba que tampoco sentía una amenaza.

-Descubrirían nuestro propósito de estar aquí mucho más rápido si se revelaran.- La voz de Damasen fue alta, aunque no lo suficiente para gritar.

El silencio se encontró con sus palabras mientras esperaban a que los observadores se revelaran. Varios minutos pasaron antes de que finalmente, una alta figura diera un paso alrededor de uno de los grandes árboles. Avanzó a grandes zancadas hasta que estuvo en el centro del claro y la luz del día reveló su apariencia. Era alto, con largos músculos delgados, tenía el cabello rubio y lacio. colgando por su espalda. Había una sola trenza en el frente y una especie de adorno tejida en ella. Dio un paso más cerca revelando ojos verdes azulados, pómulos salientes, labios finos que se encontraban apretados en una línea recta y una fuerte mandíbula; sus orejas eran ligeramente puntiagudas en las puntas, pero no más grande que las de un humano. Su ropa se veía como si hubiera salido directamente de El Señor de los Anillos, con un arco colgado en la espalda. El no dijo nada de inmediato, solo se limitó a mirar. Sus ojos se posaron sobre cada uno de ellos, evaluando el nivel de amenaza.

-Soy Orión, de los Elfos. ¿Qué trae a un ser humano, un Rey Hechicero y una Guardiana Fae a nuestro reino?

-Fuimos a un bar primero, aunque eso no pareció dar resultado para una broma adecuada, por lo que ahora somos un ser humano, un hechicero y un hada a través de un velo. No tiene la misma gracia, pero esperemos que sea mejor que el chiste del bar. -Atenea sabía que estaba divagando y aunque había tratado de callarse, por alguna razón su boca solo siguió moviéndose.

Damasen la fulminó con la mirada y ella articuló un "Lo siento "con lo cual Damasen negó con la cabeza dejando escapar un suspiro deliberado y luego miró de nuevo a Orión.

-Parece que sabes quién soy-le dijo Damasen.

Orión asintió una vez.

-Hemos venido en busca de tu ayuda, un draheim se ha abierto paso en el reino humano, ya sea por accidente o a propósito, no lo sabemos. Lo que sí sabemos es que ustedes hacen la única arma capaz de matarlo.

Los ojos de Orión estrecharon.

-¿Por qué crees que tiene que ser asesinado? ¿Por qué no devolver la criatura a su tierra?

-Cualquier cosa que fuera una vez, ya no lo es más. Todo lo que queda en él es una bestia furiosa. Trató de matarnos, y logré ver en sus ojos que no quedaba ninguna inteligencia en él. Ha sido entrenado para asesinar. Es más que probable que todo lo bueno que quedara en él le ha sido arrebatado-respondió Damasen.

Orión pareció pensar en esto por un momento y luego miró a Artemisa.

-¿Qué dices tú, Guardiana?

-Creo que es muy importante pensar en las consecuencias antes de quitar cualquier vida. Todos servimos a un propósito en esta vida y debemos tener cuidado de no inclinar la balanza, no sea que invitemos al mal a llenar el vacío. Con esto en mente, la única cosa que puede venir de la existencia continua de esta bestia es daño. Así que, lo más probable, es que, si somos capaces de devolverlo a su reino, su propia especie lo matará. Tenemos suficiente peligro en el reino humano tal y como es. No necesitamos otro.

Orión miró unos momentos más a Artemisa antes de que una ligera sonrisa curvara sus labios, solo sumándole más a su belleza.

-¿Cómo has estado, Artemisa?-preguntó, y el Elfo formal que había estado de pie delante de ellos de repente se relajó y miró a Artemisa con cariño evidente.

Artemisa se sonrojó ligeramente y los ojos de Atenea se ampliaron ante la escena frente a ella. Maldita sea, pensó. El Elfo está complemente atraído por la Fae. No vi venir eso.

-Estaré mejor una vez que no haya una bruja tratando de destruir a los hombres lobo y dando rienda suelta a una horda de demonios en el reino de los humanos-respondió ella con honestidad.

Los ojos de Orión se endurecieron y dio un paso hacia ella.

-¿De qué estás hablando?

-Inclinamos la balanza hace muchos años y ahora estamos cosechando las consecuencias de nuestras acciones.- Artemisa apartó la mirada de Orión mientras continuaba hablando- Desdémona, la última de las brujas, se ha vuelto muy poderosa. Ese poder solo la ha vuelto ambiciosa. Descubrió que las sanadoras gitanas han regresado a las manadas. Ella las quiere. Ya ha intentado matar al Alfa Rumano en un intento de llegar a ellas. No tuvo éxito, pero no va a dejarse intimidar.

Orión dio otro paso hacia Artemisa y otro hasta que estuvo a menos de un metro de distancia.

-¿Por qué es que hasta ahora vienes a mí con esto? -La mirada en sus ojos ardía con furia, pero aún más fuerte que eso era el cariño obvio que sentía hacia Artemisa.

Atenea tomó pasos lentos hacia atrás, sin querer molestar los intercambios entre el Elfo y la Fae. Se acercó a Damasen y lo miro.

-¿Estás viendo lo que yo estoy viendo?-susurro.

Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de él cuando se inclinó y coloco su boca junto al oído de ella.

-Creo que Orión ha puesto sus ojos en nuestra pequeña Fae-Atenea se estremeció cuando su cálido aliento acarició su cuello, y volvió la cabeza hacia la pareja en cuestión en un esfuerzo para sacudirse el efecto que Damasen tenía en ella.

-Sé que no te mezclas con el reino humano, no te preocupas por los problemas de los demás-respondió ella, y su voz no sonó acusatoria. Ella simplemente estaba constatando un hecho, como hacia a menudo.

Los ojos de Orión se estrecharon aún más. Apretó la mandíbula mientras trataba de mantener el control de sus emociones. Solo Artemisa lo afectaba de esta manera. Había pasado tanto tiempo desde que había puesto los ojos en ella y aun así el control que tenía sobre él era innegable.

-¿Realmente crees que no te ayudaría si me preguntaras? -La pregunta de Orión destilaba desafío.

Artemisa se encogió de hombros.

-¿Por qué lo harías?

Orión sostuvo su mirada cuando levantó la mano y pasó sus dedos desde mandíbula hasta el cuello de ella. Artemisa no pudo ocultar su reacción ante él mientras la velocidad de su respiración aumentaba. Orión rio entre dientes mientras una sonrisa cruzaba su cara y luego se había ido. Dejó caer la mano y se volvió hacia Atenea y Damasen.

Para sus sorpresas, Orión encontró un tronco para sentarse.

-Díganme.

-No tenemos mucho tiempo-le dijo Damasen, y Orión asintió.

-Lo entiendo, pero necesito saber los detalles antes de dirigir a mi ejercito al reino de los humanos.

Artemisa jadeó y Atenea se dio la vuelta para mirar a la Fae. Era la primera emoción importante que había visto de ella.

-¿Vas a ayudar?-susurró- ¿Por qué?

Los ojos verdes azulado de Orión se encontraron con los suyos. Él no se molestó en ocultar las emociones que se arremolinaban detrás de ellos.

-Porque eres tú. -Artemisa miró fijamente a Orión. Ella no tenía una réplica ante su respuesta sincera y por una vez, deseó tener el rápido ingenio de Atenea y sus réplicas inteligentes.

Ella continuó mirándolo mientras comenzaba la historia de todo lo que había sucedido en el reino humano; comenzó con lo que había pasado con las manadas Rumana y Serbia.

Orión se sentó en silencio, observándola fijamente mientras hablaba. Tan pronto como hubo terminado, Damasen empezó a explicar su papel en la historia. Atenea había tomado lugar en el suelo delante de un árbol; se apoyaba en el con las piernas estiradas, su cabeza inclinada hacia atrás y los ojos cerrados mientras escuchaba el estruendo de la voz profunda de Damasen. Su cadencia parecía coincidir con su respiración y sintió que empezaba a quedarse dormida, así que cuando la voz se detuvo, sus ojos se abrieron. Ella parpadeó un par de veces para aclararse la vista y luego miró a Orión. Él se sentaba con el ceño fruncido mirando al suelo como si las respuestas de pronto serian escritas en el polvo.

-Orión. -La voz de Artemisa mostró una pizca de aprensión mientras lo veía luchar con la información que habían compartido.

Orión finalmente levantó la vista y se encontró con los ojos de Artemisa.

-Voy a tener las armas necesarias listas y mi ejército se unirá a ustedes para luchar. -Su mandíbula se tensó- He sido un tonto por ignorar los acontecimientos sucedidos en el reino de los mortales.

Artemisa sonrió.

-Bueno, no eres el único. Fue necesario que la diosa de la luna interviniera para que mi gente actuara.

-¿Qué quieres decir con que fue necesario que la diosa de la luna interviniera?-preguntó Orión con los ojos entrecerrados.

-La Gran Luna ha hecho posible los apareamientos entre lobos y Fae...

-También dio la orden al consejo Fae para llamar a las manadas-explicó Artemisa.

Damasen dio un paso adelante.

-No mencionaste eso.

-Estaba esperando el momento adecuado.

-Cuando dices "las manadas"-interrumpió Thalion- ¿Te refieres a todas ellas?

-Si por todas ellas te refieres a todas ellas, entonces si-Artemisa asintió

Atenea negó con la cabeza ante el sarcasmo de Artemisa.

-He creado un monstruo- se quejó.

Orión, siguió con la mirada fija en Artemisa mientras pensaba en las implicaciones de sus palabras.

-Para que la Gran Luna intervenga...

-Es malo-concordó Artemisa.

-Uh, tengo que estar de acuerdo con que todo esto apesta, pero ¿puedo preguntar algo?-Atenea tomó la palabra-sé que has dicho que eras Orión, que eres un Elfo, obviamente, pero, ¿puedes aclarar exactamente cómo vas a ser capaz de llevar un ejército para ayudarnos?

El amago de una sonrisa apareció en sus labios:

-Por supuesto, no soy solo otro Elfo común y corriente. Soy Orión, Príncipe de los Elfos.

Los ojos de Atenea se abrieron de par en par.

-Príncipe-murmuró, y luego miró a Artemisa- No mencionaste que tenías contacto con la realeza.

Artemisa se encogió de hombros. -Nunca preguntaste.

Orión se puso de pie y los otros hicieron lo mismo.

-Necesito una noche para organizar todo-les dijo- Voy a pedirles que regresen de nuevo a su reino y me esperen allí-Entonces, se acercó a Artemisa y tomó su mano-. Discúlpennos por un momento, por favor-les dijo a Damasen y Atenea mientras apartaba a Artemisa a varios pies de distancia.

Artemisa miró a Orión sorprendida. Él le frunció el ceño.

-No me mires sorprendida, Artemisa. Te conozco desde hace mucho tiempo.- Ella bajó la mirada, no quería que el viera la verdad detrás de ellos, pero él no le permitiría ocultarse tan fácilmente. Levantó su barbilla con un dedo hasta que sus ojos se encontraron.

-¿Por qué te has mantenido lejos durante tanto tiempo?

-¿Por qué lo hiciste tú?-le replicó ella.

-Sabes que es difícil para mí salir de aquí. No tengo a nadie que ocupe mi lugar mientras estoy fuera como los lobos lo hacen. No tengo un consejo que vigila mi pueblo como los Fae sí. Yo soy el único que tiene toda la carga del puesto.

Artemisa asintió.

-Lo sé.

Los ojos de Orión se estrecharon.

-¿Y?

-¿Y qué?- Los dos tenemos responsabilidades que no podemos ignorar.- Yo soy una guardiana, tú eres un Príncipe, y eso es lo que tenemos. No podemos darnos el lujo de seguir a nuestro corazón.

Una pequeña sonrisa apareció en el rostro del Príncipe.

-Así que, ¿tu corazón te lleva hasta mí?

-Tú sabes que lo hace-susurró ella tímidamente.

Antes de que pudiera anticipar su próximo movimiento, sus labios estaban presionados repentinamente en los de ella. Fue un beso rápido y firme; era una promesa.

-Te veré muy pronto. -Le dio una última mirada significativa, y si las miradas pudieran envolver los brazos alrededor de una persona y poseerlas, entonces ella estaría encerrada en los suyos.

Artemisa regresó hasta Atenea y Damasen en un deslumbramiento.

-No lo viste venir, ¿verdad?- pregunto Atenea.

Artemisa negó con la cabeza, aún incapaz de decir ni una palabra.

-Si, bueno, hay mucho de eso por aquí, así que bienvenida al club.

-¿ELLA HIZO QUE?- gritó Desdémona y las paredes del pequeño edificio temblaron. Las ventanas amenazaron con hacerse añicos cuando la oleada de su poder azotó el aire. Mona miró en la dirección de la voz, aunque no podía ver al dueño. Una vez más, la traidora Fae había ido a ella, ofreciéndole información, porque odiaba a uno de los suyos.

-Ya no están en el Limbo-le aseguró la Fae.

-Si, en cierto modo imaginé que eso es lo que quisiste decir cuando dijiste que Hera los rescató-espetó Mona a la figura encapuchada. Todavía no había podido determinar la identidad de la Fae y estaba realmente empezando a molestarle.

-No descargues tu incompetencia en mi-le espetó la Fae en respuesta

Mona se congeló, Muy pocos seres se atrevían a hablar con ella de esa manera y vivir para contarlo. Se volvió lentamente para enfrentar a la figura. Sus manos le picaban por poner en marcha su magia y la oscuridad se arremolinaba en su interior: pulsante, empujando para ser liberada.

-Te dije que yo podía ayudarte, Desdémona. También te dije que no eras mi única opción. Te traje esta información para mostrarte que estoy diciendo la verdad cuando digo que quiero que Hera sea despojada de su poder, que se arrodille delante de mí sabiendo que su muerte está sobre ella.

Mona no pudo evitar la risa que salió a toda prisa de ella.

-Maldición, pensé que yo tenía sed de sangre, pero estoy empezando a pensar que algunos de ustedes los supuestos buenos son más salvajes que yo.- La figura encapuchada se acercó más y la oscuridad alrededor de ella se desvaneció lentamente cuando la capucha cayó hacia atrás. Mona se rio cuando vio quién estaba de pie ante ella.

-Tienes que estar bromeando-dio una palmada con regocijo.- Esto es simplemente demasiado. ¿Hera tiene alguna idea que tú, Juno, deseas con tanta ganas su muerte? -Mona vio como un pequeño destello de emoción paso por el rostro de la Fae y desapareció tan rápido como apareció

-Siento que el elemento sorpresa es mucho más satisfactoria cuando se traza la desaparición de un hermano, ¿no? -Los ojos de Juno estaban llenos de un odio que Mona comprendía completamente, aunque no tenía idea que uno de los Fae era capaz de tal odio.

-Thurlok se encuentra todavía en el puente, a pesar de que está acurrucado debajo de él con la esperanza de que no averigües lo que ha hecho.

Mona se volvió y miró por la ventana hacia el pobre y pequeño pueblo en las montañas, sin ser tocado por el progreso o el tiempo. Se había sorprendido cuando Juno le había pedido que se reunieran en un lugar así, porque no era una opción que la mayoría de los Fae elegirían para pasar el tiempo, debido a su desprecio por todo lo pintoresco y libre de opulencia. Tampoco mostro ningún atisbo de importarle el encanto de la villa, por el contrario, tal y como eran las cosas, podía importarle menos si la villa se quemaba hasta los cimientos.

Mona se volvió hacia Juno.

-¿Los has seguido?

-Si, ella nos mantiene informados de su progreso. Cree que todos hemos visto realmente el error de nuestras decisiones y estamos totalmente de acuerdo con los planes de la Gran Luna.

La piel de Mona hormigueó ante la mención de la deidad que creó a su enemigo.

-¿Dónde están?-demandó.

-Están regresando a la fortaleza Rumana. Se están moviendo rápidamente a través del bosque y parece que Hera es capaz de influir en las plantas y animales para ayudarles. Se sienten atraídos por la luz que ella y las sanadoras representan-explicó Juno.

Los ojos de Mona se estrecharon a medida que enseñaba los dientes.

-Bueno, solo tendremos que poner remedio a eso, ¿cierto?

Aunque Juno había permitido que sus deseos egoístas y la búsqueda de su propio poder torcieran sus intenciones en algo malo, todavía se estremecía bajo la violencia desenfrenada que rodeaba a Desdémona. Ésta la envolvía por completo, sin dejar espacio a la compasión, simpatía o arrepentimiento. Incluso ahora, algo en Juno todavía se oponía a la idea de hacer daño a su hermana. Pero, podía ver que Mona gustosamente desgarraría a los lobos, miembro a miembro, deleitándose con sus gritos de agonía, y luego darse el gusto de una comida informal sin un segundo pensamiento a la vida que acababa de destruir.

Si tuviera que ser sincera consigo misma, admitiría que no quería que su odio por Hera fuera tan lejos, pero de alguna manera la honestidad no era su punto fuerte.

GRACIAS A TODOS LOS QUE HAN LLEGADO HASTA AQUÍ. ESPERO QUE DISFRUTEN LA LECTURA. PIDO DISCULPAS POR LAS DEMORAS EN LA ACTUALIZACION Y EN CUALQUIER ERROR EN LOS NOMBRES DE LOS PERSONAJES Y LA CONFUSION QUE ESTO PUEDA CAUSAR.

NOS LEEEMOS!