A/N: Muy bien, para este fiction estoy tomando en cuenta el hecho de que Mitsumasa Kido embarazó como a preño como a cien mujeres, entre ellas la madre de Ikki y Shun; habiendo dicho esto, debo confesar que fue sumamente candente escribir esto, Ikki me llevó completamente de la mano, él me fue marcando las pautas literal para esté Shot que les dejo. Para esas nuevas peticiones, tengan por seguro que el GioccaxManigoldo se hará, de misma manera el CalveraxKardia, solamente que tendré que primero dar cumplimiento a las peticiones que han visto en la primera lista publicada; así que vuelen su imaginación y déjenme saber que otra pareja se les ocurre. El Soundtrack recomendado para este Shot es Sharp Dressed Men de ZZ Top. Disfruten.
El Contrato
Todo referente a él generaba un aura temible, desde su andar, su actitud, su altanería, arrogancia y prepotencia. Pero inclusive sabiéndolo no podía evitar acercarse a su guarida, ella sabía que no debía, que no era su lugar, y sin embargo la necesidad la movía a niveles impensados.
Su pelo negro crespo, su mirada sombría, sus labios con sonrisa canina, manos fuertes, torso ancho, pelo en pecho, su voz, su maldita y endemoniada rebeldía, contra ella, contra todos, sabía que su presencia lo había lastimado a niveles inconmensurables, que su entrenamiento había sido duro, que en más de una ocasión había tocado la línea fina entre la vida y la muerte; que lo había humillado, sometido y sobajado cuando niños. Irónica era la situación en la que ahora se encontraba dónde se veía en la necesidad de pedir su ayuda.
Había confiado estúpidamente en que Shun podría convencerlo, era su carta fuerte, porque para ser sinceros quería evitar por todos los medios ésta reunión a solas con él, siempre tenía esta mirada velada, y sinceramente se le crispaban un poco los nervios de tan solo saber que él había accedido a verla en privado, era demasiado astuto, incluso ella la diosa de la sabiduría tenía que admitirlo, tenía la capacidad de sacarle provecho a cualquier situación, en cualquier momento, donde fuera, como fuese. No hay que ser en extremo dramáticos, el ave fénix había defendido, a su manera, los ideales de justicia al igual que todos los caballeros, llegando siempre en el momento preciso para ayudar a sus compañeros, justo cuando más era necesitado aparecía para salvar el día; sin embargo, esta situación nada tenía que ver con el santuario.
Tanto Ikki, como Shun eran los verdaderos herederos de la fortuna que Mitsumasa Kido había dejado, nadie podía negarlo, y a pesar de que todo estuviera a su nombre, Saori quería que con esas cantidades desorbitantes de dinero se creara una fundación para que ningún otro niño sufriera lo que en su momento tanto Seiya como Shiryu, Shun, Hyoga e Ikki habían sufrido, los maltratos de los que muchas veces fueron víctimas, inclusive a manos del mismo Mitsumasa o ella. Había sido tan tonta, ¿qué sí se arrepentía?, pero claro que se arrepentía de todas aquellas actitudes infantiles, innecesarias e inmaduras; pero la vida, su vida como la reencarnación de la diosa de la sabiduría y de la guerra le habían enseñado un par de cosas, entre ellas la humildad.
Conforme avanzaba en aquel auto tratando de acompasar su respiración, repasando muy bien el discurso que tenía preparado, el chofer la llevaba a la dirección que el investigador privado le había dado; guardaba la esperanza de apelar a la bondad que ella sabía aún existían en su corazón, porque a pesar de todo era un buen hombre; bajó de la limusina, portando un vestido color blanco, como desde hacía tanto tiempo era su costumbre, ondeaba levemente en el viento mientras caminaba por el muelle, hasta llegar a un catamarán, donde supuestamente estaba Ikki.
Respiró profundamente preparándose para cualquier situación emergente, con él nada era seguro, mientras intentaba calmar un poco su corazón, tocó tres veces la madera en cubierta para anunciar su presencia; dentro del catamarán el joven rebelde pintó una sonrisa irónica en su rostro, mientras terminaba de bañarse, no has tardado nada en llegar… Athena. Ese cosmos lo reconocería en cualquier lugar, sin importar el tiempo o la distancia, sin embargo, le había sorprendido un poco el hecho de que mandara a su hermano, sobre todo con una solicitud así, que involucraba tanto dolor en el pasado de ambos.
Ikki, salió a cubierta, topándose con la mirada expectante de Athena, mientras ella se sonrojaba notoriamente al verlo, como siempre le quitaba el aliento solamente con su presencia. Tenía puestos unos jeens, no portaba camisa, mostrando su pecho al desnudo, con esta línea de vellos que emergía decadentemente del sur, hasta enmarcar sus pectorales, una toalla secando su melena rebelde, la joven volteó un poco su mirada al mirarle en aquel estado, mientras su sonrisa canina se ensanchaba aún más en su rostro al verla ahí parada; bien, por lo menos había funcionado, la había traído hasta aquí.
No nos engañemos, si el fénix no quería ser encontrado, ni buscando abajo de las piedras podrían dar con él, simplemente le encantaba ponerla en situaciones de vulnerabilidad, situaciones donde pudiera acorralarla, como ahora.
-Ah Saori—escupió el nombre arrastrando las palabras, mientras la miraba de arriba para abajo con desdén.
La aludida cerró los ojos respirando profundamente, intentando por todos los medios no dejar que la sacara de sus cabales, porque vaya que tenía una facilidad para provocarla, sabía tocar los botones adecuados para obtener su enojo.
-Hola Ikki—dijo con su voz dulce, mientras lo miraba directamente a los ojos, recordando las palabras de Shun, "es muy fácil que te domine con la mirada, sostenle la mirada, quieres imponer tu autoridad, pero tampoco quieres que se vea altanera, no cedas ante sus provocaciones y sobre todo respira muy hondo", las repetía como un mantra constante en su cabeza.
-¿Qué has venido a buscar, niña? —su voz impregnada de todo el sarcasmo posible.
-¿Podríamos hablar esto en privado? –soltó la joven respirando profundamente, intentando relajar su semblante y no masticar cada palabra que le decía con veneno en la boca.
-Claro…su alteza, pase usted a la sala del trono real—dijo mientras abría la puerta por completo, no se quitó de ahí, espero a que lo rozara cuando pasara a su camarote, y cerrando la puerta detrás de sí.
La joven diosa esperaba encontrarse con un desastre y ropa tirada por doquier, el pequeño cuarto estaba perfectamente bien ordenado, la cama hecha, la mesita tenía fruta fresca, no había trastos visibles, o zapatos tirados, tenía un aroma cálido, y el piso de madera del lugar estaba perfectamente bien pulido, y el baño se veía perfectamente higiénico. Abrió los ojos sorprendida pero no comentó nada.
-Tanto te sorprende que el lugar este limpio—repuso, siempre era tan trasparente en sus expresiones, no lo podía engañar—pude haber vivido como méndigo hace algunos años Saori, pero no por gusto—terminó con voz desinteresada mientras se sentaba en una de las sillitas, empujando la otra con él pie para que se sentara en la mesa.
Bueno esa acción definitivamente no la esperaba, en el lenguaje de Ikki el hecho de ser invitado a sentarte con él, aunque fuese de una manera tan burda, era una especie de aceptación de tu presencia.
-Ikki, yo he venido aquí para…—pero en el momento la interrumpió, levantando las manos, silenciándola, mientras se acercaba un poco más, recargando sus codos en la mesa, sobando un poco su nuca; eran demasiados recuerdos, demasiado dolor, odio y rencor en su corazón para volver a abrir esa herida cuando apenas acababa de cicatrizar.
-Se a que has venido Saori—dijo con total sinceridad mientras volteaba la vista a la ventana, respirando profundamente—el problema de todo esto es que al firmar eso, al reconocer lo que me pides, tengo que aceptar todo lo demás, y no me apetece, vivo bastante bien así, tengo lo que necesito, nada más y nada menos, la fundación puedes hacerla con o sin nuestra autorización, realmente no entiendo por que estas empecinada en toda la cuestión del reconocimiento—dijo seriamente mientras sintió una de sus cálidas manos rozar las suyas; maldición, iba a comenzar a desarmarlo.
-Porque es lo justo, es lo que tu hermano y tú se merecen después de tantos años de omisión por parte de Mitsumasa, después del dolor que les fue impuesto, después de todo lo que han sufrido, porque es necesario—las palabras de la diosa salían en un hilo, intentando no llorar.
-Si lo que buscas es apaciguar tu conciencia comprando mi perdón no lo vas a conseguir—soltó enfurecido el hombre, mientras se levantaba de la mesa y azotaba sus manos contra la madera, provocando un pequeño brinquito en Saori, quien lo observaba con ojos tristes y no pudo evitar derramar lágrimas al respecto.
-No pretendo comprar tu perdón—dijo molesta mientras hablaba con voz de cuello causada por el nudo en la garganta que tenía en ese momento, su mirada dolida lo observaba—simplemente quiero tratar de resarcir el daño, ¿es eso tan difícil de entender? –
-Si es difícil de entender, porque no se puede volver el tiempo atrás, nada puede cambiar lo que pasó, ni las vidas que se perdieron—por su mente cruzaba su madre, su amada esmeralda, el maestro que lo había llenado de tanto odio, era imposible restaurar la herida, lo único que podía hacer era simplemente dejar que cicatrizara.
Saori se levantó de la meza, recorriendo la pequeña distancia que la separaba de él, tirando sus brazos alrededor de su hombro, recargando su cabeza en su pecho sin ningún temor, mientras derramaba lágrimas de impotencia, sus sollozos audibles para él; Ikki cerraba los ojos con fuerza, volteando a los cielos, pidiendo guía a su madre, sus brazos desobedientes y autómatas se posaron alrededor de la mujer frente a él, mientras ella se aferraba más con todo su ser.
-Perdóname—susurraba mientras lo veía a los ojos, sus labios en este puchero tan tierno y provocativo—por favor perdóname—tan corta era la distancia que sentía su aliento rozar su barbilla.
Mierda, malditos todos y cada uno de los dioses que te dieron esa mirada tan sincera, como expelido por un resorte se zafó de aquel abrazo, necesitaba respirar porque se estaba quedando sin aliento, se pasaba las manos por la cara, mientras lagrimas propias se agalopaban en sus ojos.
-Te he dado mi fidelidad como caballero, ¿Qué más quieres? –dijo con sospechable voz, mientras le daba la espalda. La sentía acercarse, podía sentir su calor mientras se acercaba a él por su espalda, como si de una bola de fuego se tratase.
-Quisiera… quisiera poder sanar tus heridas, poder borrar el pasado, poder estar en buenos términos contigo, que me perdonaras, contar con tu presencia en el santuario—
Él se volteó en el acto, era demasiado lo que pedía, mientras la observaba con un fuego distinto en su mirada, acortando la distancia colocándose frente a ella, y poniendo su frente con la suya, tomándola por los hombros, haciendo un gesto salvaje, rugiendo y mostrando los dientes.
-¿Estas completamente segura que eso es lo que quieres? –los ojos de ella se abrieron por completo mientras sentía las manos de él recórrele lentamente la espalda—porque quizás va a ser el precio más alto que vayas a pagar en tu vida—dijo con total franqueza.
Bajó su mirada para ver si podía detectar duda en ella, pero ni un rastro de miedo estaba alojado en esa mirada, sus manos subieron hasta su nuca y unió sus labios con los de ella en un beso avasallante.
Todo con él era así, todo o nada, blanco o negro, y sus besos eran como el fuego que consumía todo a su paso, tomándolo todo para sí, se estaba quedando sin aliento, pero no importaba, lo seguía a su manera inexperta, aprendiendo dónde y cómo acariciarlo, las manos de ella inamovibles en su pecho, aferrándose a él, con miedo de caer por el temblor tan presente en sus rodillas.
Mientras que manos expertas pasaron de su cuello a su clavícula, acunaron sus senos por encima del vestido, pasaron por su cintura, hasta llegar a su cadera en un camino decadente dejando un calor insoportable a su paso, la aferró, emitiendo otro pequeño gruñido pegándola más a él en un gesto completamente dominante y tan masculino, el beso no menguó en ningún momento, no le daba tregua ni para respirar, sintió como se elevaba en la nada, sus brazos fuertes levantándola del suelo poco a poco, para colocarla en la pequeña cama, una vez acostada abrió los ojos, un choque de miradas presentes, sentimientos contrariados, expresiones sorprendidas, pero ninguno dispuesto a parar algo que ambos sabían era inevitable.
Sus ojos, su pelo negro crespo y desordenado, su sonrisa sincera, sus brazos fuertes, sus manos grandes y dominantes, su cicatriz, todo en él era fascinante y bello de una manera tosca y varonil, porque desde la infancia era el único capaz de provocar esto en ella, de una manera completamente única y tan de él.
Comenzó a ponerse completamente roja y azorada cuando observó que se estaba desnudando frente a ella, después de todo jamás había visto a un hombre desnudo, sin embargo, su curiosidad pudo más que ella, y lo siguió con la mirada, que era lo que Ikki quería, sentirse presa de su deseo, así como ella lo era del suyo.
Cuando estuvo parado frente a ella en toda su gloriosa desnudez, comenzó a estimularse justo frente a ella, tocaba su miembro de una manera ascendente y descendente, mientras se excitaba con la visión que era Saori a su merced. La joven abrió los ojos sorprendida al verle de esa manera, todo en él era portentoso, con bordes imperfectos, completando un rompecabezas difícil de descifrar; de espíritu indomable, todo en él se veía así, su miembro erecto en mano en decadente imagen, mirada lasciva y cargada de ese peso enorme que era el momento.
-Desnúdate—ordenó con voz ronca por la excitación, siguiendo las ordenes que le habían dado, se hincó sobre el colchó y comenzó a quitarse el vestido blanco lentamente, quedando en ropa interior frente a él, siendo devorada por su mirada que no perdonaba un solo rincón de su piel. Después vino el sostén, y no pudo evitar sentir un poco de vergüenza intentando cubrirse un poco los senos, pero la expresión de él la detuvo.
Cuando por fin se quitó las bragas y quedó completamente desnuda solo para su deleite, Ikki se acercó, y con su otra mano, rozó primero sus labios, luego su cuello, después su clavícula, su pecho desnudo, jugueteando un poco con sus pezones, provocando gemidos pequeños por parte de ella.
Seguía estimulando su miembro con su otra mano, mientras se deleitaba con los gestos que brotaban del hermoso rostro de la mujer frente él.
-Abre la boca, moja bien tus labios, vas a utilizar tu lengua como si trataras de comer una paleta—ella abrió un poco los ojos pero hizo lo instruido sin chistar, sintiendo el contraste de sus rugosas manos en su piel y de la piel suave de su miembro en sus labios, el primer siseo de placer se escuchó salir de Ikki, no podía introducirse en su boca por completo, pero eso no era lo que lo mataba, era su inocencia, la inocencia de sus ojos mientras lo miraba hincada frente a él, completamente a su disposición, para hacer y deshacer con ella lo que le plazca.
-Acuéstate—ordenó entre jadeos, mientras Saori hacía lo instruido, se permitió unos gloriosos minutos observar su hermoso cuerpo. Su piel blanca y marmolea, su melena lila extendida como un abanico, sus delicadas manos aferrando nerviosa las sabanas, sus caderas estrechas, su cintura pequeña, sus prominentes senos, su intimidad velada. Como un hombre sediento de agua se abalanzó sobre ella, como si fuera la misma fuente de la vida; besaba y acariciaba a placer mientras ella se deshacía entre sus caricias, aferrando las sabanas con la desesperación de la inexperiencia.
Con su mano derecha fue dibujando un camino en el interior de sus muslos, poco a poco hasta llegar al lugar deseado, ella abrió los ojos por completo e Ikki le sonreía ladino, introduciendo lentamente su mano en su intimidad, comprobando su excitación, preparándola poco a poco, elevándola al mismo cielo, los ojos de ella se cerraron con fuerza mientras su boca se abría en una "A" muda de placer, su respiración acelerada, arremolinando las sabanas en puños, mientras el gravaba todo en su memoria, cada momento, cada gemido, cada susurro, cada vez que su nombre dejaba sus labios.
Ikki
Cuando sintió que estaba lista, tomó un poco de ese fluido entre sus dedos y lo colocó en él, desde la punta hasta la base, se posicionó en su entrada, no podía esperar más, tenía que llevar esto hasta el final porque de no hacerlo se moriría ahí mismo, mientras ella abría los ojos y extendía sus brazos para él, la beso apasionadamente enterrándose en su interior de una estocada, no dejando escapar de sus labios el alarido de dolor, rompiendo la barrera de su virginidad, se miraron mutuamente, mientras unas pequeñas lagrimas se deslizaban de sus ojos.
Adueñándose de todo el momento, lamió las lágrimas a placer probando la sal en ellas, no dejando que se ajustara a su miembro en su interior, o al tamaño de éste, se sentía divinamente estrecha, abrazándolo en su interior de una manera casi posesiva, era cálida, justo como lo había imaginado, un gruñido feral se escapó de su garganta, mientras una sonrisa de triunfo se pintaba en sus facciones. Ella lo veía, la imagen que mostraba era simplemente arrebatadora, no había nada gentil en esto, y tampoco lo esperaba, era demasiada la historia que había entre ellos dos para que la tomara con gentileza, era demasiada la necesidad de este momento para que fuese tierno.
Ikki
Él comenzó a moverse a paso desenfrenado, mientras sus ojos se cruzaban de placer, estaba exageradamente estrecha, deliciosamente estrecha y húmeda, solo para él, sus jadeos no se hicieron esperar en cada arremetida y embestida, mientras que ella gemía. Un cumulo nuevo de sensaciones completamente distintas a todo lo que se hubiera imaginado, aferraba y rasguñaba su espalda a voluntad, mientras un ritmo primitivo tomaba lugar, aferraba sus hombros, mientras sentía como mordía su cuello, su clavícula, sus pechos, no le daría tregua de ninguna manera, sus miradas se encontraban a momentos, destilando todo aquello que no querían ni se atreverían a decir.
En un movimiento tomó ambas piernas de la chica, haciéndolas a sus hombros, logrando con esa posición llegar al punto más álgido de su intimidad, tocando hasta el fondo; una contracción involuntaria en ella apretó su miembro de manera decadente logrando que sus ojos se cruzaran en placer, mientras sus embestidas tomaban nuevos bríos desconocidos para ambos, ninguna otra mujer había sido capaz de sacar este lado feral y posesivo en él. Solamente ella.
-Ah Ikki, siento, siento que voy a explotar—dijo la joven, provocando una sonrisa en él, explotar es poco, aceleró su paso mientras una de sus manos se deslizaba por el interior de su pierna, hasta llegar a ese punto dónde sabía podía activar la más grande de las llaves al placer de una mujer, otro maullido se escapó de su boca, y es que maldición los gestos que hacían eran dignos de una fotografía, la cosa más bella, la expresión en una mezcla perfecta de placer y dolor, el único ruido en el lugar era el de las pequeñas olas chocando contra el catamarán, sus gemidos de placer, sus cuerpos confrontándose, jadeos y respiraciones, los besos que de iban en aumento.
-Ahhhhh—lo sintió, sintió como se contraía a su alrededor cuando emitía aquel alarido, apretándolo en su interior de una manera deliciosa, había tocado el cielo por primera vez, sus mejillas sonrojadas, su sonrisa marcada en sus facciones, conectando sus miradas, mientras ella acariciaba su frente aperlada por el sudor, cada beso, cada caricia, cada palabra eran como un bálsamo para su herida alma, mientras su necesidad demolía con todo, con la confusión y todos esos sentimientos encontrados en su interior, perderse en ese mar profundo que eran sus ojos era lo único que le brindaba paz y calma.
Se levantó un poco, rompiendo la conexión de sus cuerpos, provocando un pequeño gemido de frustración en la diosa, mientras él emitía una risa divertida, y la miraba completamente sudada, con marcas en su cuerpo de sus manos y sus labios, por todos los dioses del averno, era arrebatadoramente hermosa, la miró divertido por unos segundos.
-Se buena niña y ponte en cuatro para mí—soltó con voz sensual, provocando una risita en ella por aquella frase, hizo lo que le fue pedido, sintiendo como la palma de él empujaba un poco su pelvis hacía abajo, la tomó por ambos lados de la cadera con fuerza, enterrándose en ella de una sola estocada, ambos emitiendo un gemido por el placer que ese simple movimiento provocó, si la posición anterior la hizo sentir estrellas, ahora el placer que la invadía nublaba su mente y su vista, haciéndose de su larga melena en un puño, y manteniéndola firmemente en la posición con la otra, el dominio de Ikki era irrefutable.
Embestida tras embestida, llevándola una vez más a aquel acalorado infierno de pasión, su garganta afónica por los gritos de placer que cada movimiento arrebataba de ella, mientras los movimientos de él comenzaban a ser más rápido, rayando casi en lo violento, halando la melena lila de Saori hasta lograr que se irguiera por completo, pegando su espalda a su pecho, abrazándola por la cintura, tomando sus pechos en ambas manos, besando y mordiendo, su cuello, hombros y espalda a voluntad; la respiración de él en su oído, excitándola a niveles impensados, sus manos fuertes apresando sus pechos turgentes, jugueteando con sus pezones rozados y pequeños, bañados en sudor, sin importarles mucho el hecho de quien pudiese o no escucharlos, los brazos de ella abrazando su cuello, brindando esa imagen arrebatadoramente sensual; estaba cerca, podía sentirlo, sus movimientos comenzaron a ser más erráticos, mientras una de las manos de Ikki bajaban decadentemente lento por su vientre hasta internarse en el punto deseado, arrancando un violento orgasmo a Saori, siguiéndola él por poco, derramando su simiente dentro de ella con total abandono y pasión.
Ambos se recostaron en la cama, tratando de calmar sus respiraciones, envueltos en su propio sudor, mientras la mezcla de sentimientos amargos volvía para ambos, dándose cuenta de lo que habían hecho, comprendiendo que a final de cuentas esto quizás no volvería a repetirse, no debía repetirse… Ikki llevó sus manos a su rostro, mientras amargas e incontenibles lagrimas se formaban en sus ojos, dándose cuenta de lo que acababa de hacer, de los alcances que esto podía tener, había mancillado a su Diosa, había deshonrado su armadura, y lo peor del caso es que no le importaba sí podía mantenerla un poco más entre sus brazos de esta manera, Saori limpiaba sus lágrimas con besos, pintando una sonrisa en su rostro que no llegaba a cubrir sus ojos; había pagado el precio más alto, era cierto, pero lo valía.
-Firmaré—dijo con finalidad Ikki después de que se hubieron vestido y se miraban largamente, cada uno perdido un poco en sus cavilaciones mentales, observando el atardecer en el horizonte, perdiéndose en el mar azul y profundo.
-Ikki yo… —pero la interrumpió, no la dejó terminar.
-No lo digas, por favor, no termines esa frase que sonaría increíble para ambos—su voz cargada de finalidad mientras la veía a los ojos, sintiendo ese deseo involuntario de volverla a poseer, la diosa se abalanzó sobre sus brazos una vez más, besándolo con abandono, él enredando sus manos en su pelo, tomándola por la cintura, se miraron a los ojos una vez más. La sonrisa que ella tenía pintada en el rostro era lo que lo obligaba a seguir, las manos de ella temblaban al tomarlo de sus mejillas, demostrándole lo vulnerable que estaba en ese momento.
-¿Podré contar con tu presencia en el Santuario? —preguntó esperanzada, sabiendo perfectamente bien la respuesta que le daría.
-Estaré ahí cuando me necesites—dijo él, mientras le sonreía amargamente, era demasiada la tentación de tenerla tan cerca y tan lejos.
-Siempre te necesito—soltó ella con finalidad mientras se alejaba de sus brazos, colocando un sobre con muchos papeles en sus manos, saliendo al pequeño muelle mientras comenzaba a emprender su camino. No permitiéndose mirar atrás porque seguramente regresaría a él.
-Entonces siempre estaré ahí—dijo él por lo bajo, ella no había alcanzado a escuchar esas últimas palabras mientras leía el contrato por encima y sonreía para sus adentros—Oye Saori—la joven se detuvo en sus pasos volteando a verle, escuchando expectante—El contrato tiene un error, quiero renegociar—soltó con una sonrisa pícara en sus labios, ella sabía perfectamente que estaba bien hecho, lo había leído hasta el cansancio—espero la versión revisada en unos cuantos días—dijo él, logrando provocarle un sonrojo enorme a la joven, mientras reía. Habría que volver a pagar el precio.
Ella se marchó dejándolo a sus pensamientos… la tranquilidad que sentía en aquel momento no se comparaba con nada, solamente quizás con las memorias de su dorada infancia al lado de su madre, Ikki respiró profundamente percibiendo el aroma de Saori en su ser, una sonrisa ladina se pintaba en su rostro al recordarla perdida en sus brazos, si… definitivamente tenía que renegociar ese contrato.
