A/N: Hola mis queridos querubines, primero que nada les pido una disculpa por la demora, pero me encontraba trabajando en mi otro fic de Harry Potter, entre eso, trabajo y vida en general se me había dificultado un poco subir la actualización, quiero agradecer esos nuevos Follows, Reviwes y Favortes, WOOW de verdad sigo sorprendiéndome por la calidez en sus comentarios y les agradezco que me acompañen y cooperen a esta locura.
Ahora, respecto al Fic, Kardia es un personaje complejo, espero poder haber logrado captar su dicotomía, ya que sé es uno de los shots esperados por todos, no me queda más que decirles GRACIAS, DESEARLES UNA FELIZ NAVIDAD, Y PROSPERO AÑO NUEVO, lleno de luz, amor abundancia y muchas cosas bellas, avisar que en Always and Forever estaré tratando de publicar el nuevo capítulo el sábado a más tardar. Éste capítulo está especialmente dedicado a un ser que he podido conocer en la distancia y a quién valoro en el alma Carola Gigi, amiga si estas leyendo esto, quiero que sepas que nada dura para siempre, lo mismo con el dolor, nos acostumbramos a vivir con eso, y seguimos adelante, Kardia y yo tenemos un mensaje para ti. Les recomiendo muuucho su fic por cierto, Veneno, si tienen una oportunidad dense una vuelta y lean a una autora a quien le veo un futuro hermoso. Gigi, este capítulo tiene especial dedicatoria para ti.
Soundtrack, Corazón Salvaje de Manuel Mijares… disfruten!
Corazón Salvaje.
Desde que era pequeño lo habían desahuciado, por su corazón, todo era culpa de su maldito corazón que quería darse por vencido mucho antes de haber vivido, tenía recuerdos de pasar muchos días postrado en una cama mientras escuchaba a los niños reír afuera, recordaba como lo hacía rabiar aquello; el galeno del pueblo le había dicho que no tendría posibilidad de llegar a vivir muchos años, negado ante aquella posibilidad, ante la abrupta caída del telón sin verdades veladas; aquellas duras palabras habían provocado una reacción que pocas personas serían capaces de entender hasta la fecha, decidiendo por impulso y necesidad, huyó.
Salió huyendo de aquella casa hogar en la que se encontraba; siendo huérfano desde una edad temprana no habría nadie que se preocupara por él realmente, y así, con el último soplo de vida que le permitieran los dioses recorrería el mundo, viviría al máximo, haciendo que cada día valiera, le cobraría a la vida todo aquello que le negaría en esos años por venir.
Tiempo después, no habiendo logrado huir muy lejos de su ciudad natal, cuando su corazón agonizaba en las ruinas de la Acrópolis, un anciano con las manos heladas se le acercó, brindándole un poco de bondad, en lo que el niño pensaba sería su lecho de muerte, delirando creyó haberlo visto portar una armadura; jamás olvidaría ese zumbido en sus oídos, cómo los latidos de su corazón dolían, sintiendo que su cuerpo implosionaba, la impotencia de aquel momento, de saber que iba morir y no poder hacer nada al respecto, odiaba esa sensación, el miedo a la muerte, el miedo a dejar este mundo sin siquiera haber podido conocerlo.
Ta tra ta tra
La mirada atenta de quien después conocería como Krest de Acuario en él, cuestionando su necesidad de vivir, jamás esperaría la prorroga que le sería extendido, porque ese día el anciano caballero acompañado de su discípulo que después se convertiría en su mejor amigo; había visto algo, algo que lo hacía digno de beber la sangre de la diosa Athena brindándole el don de poder alargar su vida, brindándole el poder decidir sobre su destino, permitiéndole entrenar duro para después convertirse en el caballero dorado de escorpio; desde aquel momento en adelante el don del misopethamenos le ayudó a continuar con sus días, incluyendo en su filosofía el vivir cada día al máximo.
…..
La pequeña Sasha corría de la vestal que la cuidaba, escondiéndose en medio de unas columnas cerca de la casa de Piscis, logrando escapar así de la atención que le habían dado, era la tercera vez en la semana que se había logrado escabullir de esa manera; probablemente Sage tendría un ataque, al igual que Sísifo, pero a veces se sentía tan encerrada en ese enorme templo que necesitaba vagar por ahí.
Así que, con báculo en mano, decidió pagar una visita a su persona preferida, ciertamente ya no era ninguna niña, acababa de cumplir doce años, y tenía el suficiente criterio para poder diferenciar lo bueno de lo malo, pero era abrumador tener tanto poder de decisión entre sus manos, saberse poseedora del destino de tantos, guardiana de la vida de tantos seres; se mordió el labio un poco mientras continuaba con su camino, cuando este tipo de situaciones se presentaban en su mente y dudaba de sí misma, retrayéndose en su interior, la persona adecuada siempre era él, el único que alegraba su corazón, el único capaz de entenderla, que no medía sus palabras por el simple hecho de tener a una diosa frente a él, que le hablaba honesta y duramente de ser necesario, y ahora lo era.
Pasó corriendo por los templos como una pequeña ráfaga, era rápida eso había que concedérselo, la mayoría de los caballeros dorados se encontraban montando guardia, sin embargo al sentir el cosmos perturbado de la pequeña diosa la dejaron pasar sin mayor preámbulo, sabían en búsqueda de quién estaba…corrió hasta llegar a la octava casa, donde se encontró a un caballero de escorpio entrenando arduamente, su espalda tensa con lozas encima mientras hacía flexiones, exhalando pesadamente, su melena recogida con un listón para que no le estorbara, tenía solamente un pantalón puesto y su pecho descubierto, cuando Sasha entró al templo, Kardia ni siquiera levantó la mirada, la había sentido desde el momento en el que había salido del templo de Athena con esa agitación interna, una sonrisa irónica se dibujaba en su rostro y bufó exasperado mientras una mirada picara ocupaba sus facciones, continuó haciendo sus ejercicios.
-¿Qué quieres niña? — su mirada fija en el piso mientras descendía una vez más con las losas, sudor apelando su frente y su pecho, la volteó a ver levemente, dándose cuenta de que su voz había salido más dura de lo que planeaba.
-¿Jamás te has preguntado lo que sería tener una vida normal? —preguntó crípticamente la infanta, mientras fijaba esa mirada habida de conocimiento en sus ojos.
Malditos tus ojos y tu rostro. pensaba Kardia para sus adentros, mientras se quitaba la pesada indumentaria de su espalda, para después sentarse en el piso y respirar trabajosamente intentando calmar su corazón. La miró nuevamente
-Si hubiese tenido una vida normal habría muerto a los once años Sasha—dijo secamente, mientras se secaba con una toalla el sudor, mostrándose ante ella sin ningún tipo de pudor, provocando un sonrojo bello en sus mejillas que no pasó desapercibido para el caballero, un gesto de extrañeza se dibujó en sus facciones— ¿A qué viene esa pregunta? —la mirada de Kardia siempre tenía esta cualidad animal que la intimidaba y la movía profundamente, no terminaba de comprender cómo alguien pudiese mirar de esa forma, como un depredador al acecho constante, como si fuese capaz de tragarte por completo con una sola mirada, era esa mirada de él la que lograba sacar de ella verdades que ningún otro podía.
-No es justo—dijo con voz apesadumbrada y queda. Se sentó frente a él dejando el báculo a un lado, sus ojos se llenaban de lágrimas, contenidas apenas, el caballero limpió una lagrima que corría por su mejilla, pero su rostro reflejaba dureza.
-¿Qué es lo que no es justo niña? —sus manos sobre su cabeza de manera condescendiente, y esa mirada suya con la capacidad de desnudar su alma sin proponérselo, intentando comprender un poco más la situación.
-No es justo que… el único fin por el cual haya venido al mundo sea una guerra, quiero saber tantas cosas, quiero conocer tantos lugares, Kardia—el joven la miraba con una mezcla de enojo y decepción, emitiendo un largo respiro y pinchándose la nariz, se levantó del suelo con la espalda tensa aún por el ejercicio intentando no perder la paciencia con la chica que aún tenía tanto por crecer y madurar, sin embargo no por eso dejaría de decirle la verdad, la volteó a ver ahora con un semblante distante, mientras de su boca salían palabras duras y reales.
-Voy a decirte algo que quizás tú ya sabes—su voz la sorprendió, no lo había sentido aproximarse, levantó la vista cuando sintió las manos del caballero sobre sus hombros, como muchas veces antes, su tacto despertaba en ella un sentimiento distinto a cualquier otro, era como si lo añorase, volteó inmediatamente, levantando la vista del suelo, sintió sus brazos levantarla de aquel lugar, y rodearla de una manera protectora, reconfortando su incertidumbre con aquel gesto tan simple, sintiéndose protegida, poco le importó el sudor—el mundo es un lugar muy duro, y por más fuerte que seas, es capaz de arrodillarte a golpes, y tenerte permanentemente sometido, eso si tú lo permites—
La soltó y la volvió a colocar en el suelo, para después pararse a un lado de ella, a escasos centímetros de distancia. La pequeña diosa prestaba fina atención a sus palabras, mientras tomaba el dedo meñique del caballero con su mano derecha, estrechándolo entre su pequeño apéndice como para tomar fuerza de él.
-Ni tú, ni yo, ni nadie golpea más fuerte que la vida o el destino, no importa lo fuerte que golpeas, sino lo fuerte que pueden golpearte. Resistir y avanzar; tu eres claro ejemplo de eso; hay que soportar sin dejar de avanzar, así es como se gana, si tú sabes lo que vales, entonces ve y consigue eso que quieres, pero tendrás que soportar los golpes, o las desilusiones—soltó el caballero de escorpio de manera reflexiva, correspondiendo el apretón—no has nacido en este mundo por una simple guerra, has venido a este mundo a brindar luz, paz, justicia y amor… nosotros, tus caballeros estamos dispuestos a morir por esos ideales Sasha, así que cada vez que decidas que no es justa esa existencia, recuerda que habemos muchos que solamente existimos gracias a ti—
Unas lágrimas corrieron por las mejillas de la pequeña, entendiendo perfectamente bien a lo que se refería el caballero de escorpio, tenía tanto que aprender, había sido tan egoísta, pensando solamente en ella misma, una sonrisa se dibujó en su rostro mientras limpiaba el dejo de lágrimas en sus mejillas con el dorso de su mano. Kardía tenía este efecto mágico en ella, en cualquier situación, a pesar de todo siempre encontraba las palabras adecuadas para reconfortarla, muy a su manera, pero lo hacía.
Tomó el báculo del suelo, y comenzó a emprender camino al templo de Athena sin mediar ninguna palabra más.
-Pensé que estabas aburrida—soltó de pronto su persona favorita, haciéndola reír en el proceso, despertando en ella esa habida chispa de curiosidad con necesidad de aprender.
-¿A dónde me llevaras esta vez? —dijo la pequeña en tono burlesco, abriendo los ojos muy grandes— ¿otro bar? — se puso una mano en el rostro y abrió la boca en son de sorprendida.
-No, hoy vamos a ir a Rodorio, ve por tu capa, cúbrete bien—
-Es una misión de escape caballero—soltó en tono "marcial", a lo que Kardia se hincó para responder con "toda la seriedad" del mundo.
-Así es mi señora, hoy la llevaré a probar los mejores pasteles del lugar—
Sasha salió corriendo en búsqueda de su capa, mientras dejaba al caballero con sus pensamientos, su mirada lejana y perdida, mientras una mano soltaba su cabellera de aquel amarre.
-Es imposible Kardia—se dijo a sí mismo emitiendo un suspiro largo, mientras se repetía esas palabras una y otra vez como un mantra.
…..
Su respiración era agitada, sudor que parecían lenguas de fuego recorrían su frente aperlada, su frente arrugada en expresión dolorosa, emitiendo un pequeño gemido, mientras se movía violentamente dando girones en el colchón, las sabanas olvidadas en el piso; de la comisura de sus labios salía un poco de sangre mientras su corazón hacía un pequeño ruidito al andar.
Ta tra ta tra
Estaba teniendo otra crisis; hacía tanto que no le pasaba, maldición, era consiente de eso en su sueño, sin embargo, incapaz de despertar por la fiebre que lo hacía delirar lo único que le quedaba era elevar su cosmos en un débil llamado a su amigo para que acudiera en su ayuda. Ignorando que, desde la parte superior de la acrópolis, su mejor amiga, corría a su lado, consiente de su estado crítico.
Inmediatamente sintió a su lado una presencia, pero ese cosmos con un brillo infinito y calidez insuperable no le pertenecían a Degel, con tacto sanador en su pecho fue despertado de aquella prisión en la que se encontraba. Sus ojos abriéndose de a poco, intentando acompasar su respiración, no se podía mover tan ágilmente como lo hubiese deseado, pero pudo sostener la mano que estaba firmemente colocada en su pecho acompasando su corazón, que además curaba el fuego interno de sus órganos.
-Que bueno que despiertas—la voz de Sasha perforando su alma, era impresionante para Kardia el efecto único que podía tener su voz en él, ella era quizás la única persona capaz de calmar su ira. Al voltear la mirada se dio cuenta que estaba sentada en su cama, a un lado suyo… demasiado cerca, podía sentir su cadera contra la suya, ¿en qué momento se había perfilado así su cadera?, su miradas soñolienta se desvió invariablemente a su cintura como punto de quiebre, mientras se inclinaba un poco sobre él, dejando entre ver sus senos bien definidos; parpadeó un par de vez para sacarse de esa ensoñación, reprendiéndose internamente por si quiera permitirse haberla mirado de aquella manera; pudo percibir a un lado de ella un cuenco con hielos, con sus finas manos tomaba los hielos y los colocaba en un paño que después le ponía en su frente, rozando su torso de vez en cuando con el de ella, inconsciente de la reacción que eso podría provocar en el cuerpo del caballero. Su tacto delicado y suave como caricias ayudándolo a regresar al mundo terrenal… demasiado terrenal quizás.
-No esperes que te agradezca niña—soltó con voz débil por su delirio, sus ojos enfocándola con precisión, bebiendo y guardando en su memoria su rostro con sonrisa socarrona y burlona, lo miraba a los ojos para contagiarlo de aquel animo juguetón… lo conocía demasiado bien, una sonrisa gemela comenzaba a dibujarse en su rostro, pero en su interior un pensamiento distinto, ¿en qué momento había crecido tanto?, ¿cuándo había pasado el tiempo?, ¿en qué momento se había convertido en aquella hermosa criatura?. Volteó a la ventana que dejaba entrar un viento fresco, intentando callar un poco su interior, la temperatura fresca sirviendo como bálsamo para su temperatura corporal mientras las estrellas de su constelación lo saludaban en el cielo, emitía un largo suspiro, para después mirarla una vez más.
Cada que Sasha sentía esa mirada encima, una extraña sensación se apoderaba de la boca de su estómago sintiendo algo parecido a un aleteo en su interior, haciendo que sus mejillas se sintieran acaloradas e incluso en ese estado convaleciente, tenía esa capacidad de brindarle una cualidad animal a sus ojos.
-Jamás esperaría eso querido amigo—su voz delicada lo arropaba en ese momento de vulnerabilidad, odiaba con todo su ser que lo viera de esta manera, sin embargo, la dejo ser; la conocía bien y sabía perfectamente que no la podría hacer cambiar de opinión.
Ambos voltearon a la puerta al escuchar unos pasos apresurados entrar al recinto, el caballero de Acuario llegaba despavorido a la cámara privada de su mejor amigo, casi sin aliento y los ojos desorbitados, al haber sentido su llamado.
-Kardia—sin embargo, se detuvo en el acto al ver aquella melena violácea en el lecho de su compañero; no era la primera vez que encontraba a la diosa atendiendo diligente al caballero de escorpio, sus acciones eran precisas, memorizadas a un nivel impresionante, y hablaban volúmenes para cualquiera que supiera la predilección que la diosa le profesaba; bañándolo con su cosmos y haciendo despertar la sangre sagrada en el interior del escorpión dorado, era clara la conexión que compartían desde aquel viaje a México, sanándolo, siempre lo sanaba de sus heridas físicas, y de las espirituales también.
-Llegas tarde—bufó exasperado, sacándolo de aquella cavilación mental momentánea—imagina que de verdad hubiese sido una emergencia, habría muerto de la manera más estúpida, en mi cama, lejos del campo de batalla—alegó con recelo mientras lo miraba de reojo, porque no importaba cuanto tratase, no podía despegar sus ojos de aquella sonrisa hipnótica frente a él.
-Bueno, entonces demos gracias a Athena que tengas una excelente enfermera y que llegó a tiempo—Degel hablaba con ironía impregnado su voz, provocando una pequeña risita en la joven, que después de años conviviendo con sus caballeros había logrado conocerlos a este nivel íntimo y personal.
Kardia volteo a verlo molesto, aventándole una almohada en el acto, que el caballero esquivó ágilmente, haciendo chocar sin querer su torso descubierto con el rostro de Sasha, que dé la impresión se quedó pasmada, hacía mucho que no lo tenía así de cerca, cuando era pequeña solía venir en las solitarias noches y pedirle que le contara cuentos para dormir, su voz logrando tranquilizarla, se quedaba dormida en sus brazos, y a la mañana siguiente la despertaría con un comentario acido, restándole importancia a la situación. Sin embargo, a partir de cierta edad él simplemente la regresaba en brazos a su templo después de que se quedara dormida, Sasha en su inocencia ignoraba la razón.
La cercanía de aquella situación provocó una reacción natural en ella, hacía tanto que no la dejaba abrazarlo, que tener su torso pegado en su cara provocó que se pusiera de mil colores, Degel abrió los ojos como platos, mientras hacía señales con sus ojos, Kardia abriendo los ojos como platos tomó la sabana que estaban en el suelo entre sus manos, y como niño pequeño se cubrió hasta la barbilla, provocando que Sasha volviese a reír divertida, restándole importancia a la situación.
-Creo que ya hemos podido estabilizar la crisis—dijo la joven con voz pensativa, mientras tocaba la frente del escorpión convaleciente, piel contra piel, y era como sentir un choque eléctrico recorrerle, el aludido la miró directamente a los ojos, un contacto visual que duró apenas segundos, su corazón lo delataba una vez más con aquel extraño compás.
Ta tra ta tra.
Los ojos de su mejor amigo lo observaban como un halcón desde el marco de la puerta, a veces odiaba ser un libro abierto para él; sabía que los sentimientos que había desarrollado en su interior eran imposibles, está prohibido, pero su maldito corazón lo delataba una vez más en proximidad de su esencia, como adoraba con cada fibra de su ser la presencia de esta dulce doncella en su vida.
-Si me lo permite señorita…-pero Sasha interrumpió a Degel en el acto.
-Sasha, mi nombre es Sasha—volteó a verlo desde el lecho del caballero de escorpio, pintando una sonrisa hermosa en su rostro.
-Señorita Sasha—soltó terco el caballero de acuario—si me lo permite, yo mantendré la temperatura el resto de la noche—
-No te preocupes Degel, es lo menos que puedo hacer por uno de mis mejores amigos—por lo que sin más remedio el caballero de Acuario emprendió a hacer sus rondas nocturnas después de hacer una reverencia y dedicare una mirada nada velada a su amigo dándole un mensaje claro "compórtate", dejándolos solos una vez más; un silencio largo e incómodo se extendía entre ellos.
-Hace mucho que no me cuentas un cuento—lo sacó de sus cavilaciones mentales, obligándolo a verla, su belleza no tenía comparación, pero no era solamente aquello, era su esencia, delicadamente inocente, de una manera que era imposible resistirse a sus influjos. Su sonrisa cantarina, sus ojos cálidos transparentes como agua clara, su dedicación.
-¿No te parece que ya estás un poco grandecita para cuentos a la hora de dormir? —su voz era severa, pero su rostro lo delataba por completo, una sonrisa escondiéndose en la comisura de sus labios, mientras intentaba por todos los medios no ceder a la tentación de sentirla cerca.
-No, de hecho, lo exijo, ya que he sido tan buena enfermera—se cruzó de brazos frente a él, recordándole la imagen de aquella pequeña que lo había llamado de inmediato con su cosmos, incluso sin saberla su diosa.
-Muy bien—dijo con voz pensativa, mientras volteaba los ojos al techo pensando en una buena historia, inmediatamente vino a su mente el día en que la conoció.
Lo dejó pensar en la historia, mientras volvía a colocar la mano en su pecho desnudo para poder continuar con el proceso de sanación, su cosmos conectando con el del escorpión dorado a un nivel profundo, como con ningún otro caballero a su servicio.
Se permitió solo por unos segundos ver su pecho, sus pectorales masculinos, su vello varonil entre sus dedos le hacía cosquillas, su mirada subía por esa fuerte clavícula, y bien trabajados hombros, su barbilla delineada, labios enrojecidos por su temperatura, pómulos prominentes, cejas arqueadas perfectamente, su larga melena azul extendida a forma de abanico en la almohada, y sus ojos, esos ojos que desprendían un encanto animal. Sintió un apretón en su mano, por lo que lo miró directamente, la descubrió viéndolo. Ella se volteó por completo intentando esconder su vergüenza, sin embargo, la mano de Kardia la tomó de la barbilla obligándola a voltear.
-Jamás te avergüences de los deseos de tu corazón—dijo crípticamente, mientras le sonreía, tratando de aligerar el momento un poco—Querías un cuento ¿no? —se hizo un poco al lado para darle suficiente espacio, la joven aceptó su invitación, sentándose a su lado, recargando su espalda en la cabecera de la cama, mientras le colocaba otro paño frío en la frente, sus latidos ya se sentían calmados, normales.
-Quiero que me cuentes la mejor historia, inspírate Kardia—escuchar salir su nombre de esos labios, era motivo suficiente para encenderlo, como quisiera escucharla gemirlo en completo placer, sacudió su cabeza raídamente, dibujando una sonrisa nerviosa, reprendiéndose una vez más por el pensamiento que estaba pasando su cabeza… culpando a su naturaleza verrionda.
—Había una vez una pequeña traviesa que no deseaba aceptar su destino, es que cargaba con una pesada tarea ¿sabes?, la pobre tenía que liderar un ejército enorme—Sasha rodó los ojos mientras seguía escuchando con atención la historia—era la princesa mmmmh… de los elfos de una región en conflicto con un rey humano muy muy tonto—una risita no se hizo esperar, provocando que él volteara a verla a manera de recriminación.
-Perdón, continua-
—Pero la pequeña princesa no creía que ese fuera su destino, por lo que una tarde, se escapó de su maestro, era demasiado traviesa para su propio bien, salió corriendo al bosque, pero la princesa ignoraba que en ese bosque había lobos feroces, por lo que se vio acorralada rápidamente por una jauría, entonces, en el último momento, un joven, guapo, gallardo, alto, fornido, comparable solamente con un dios al momento de pelear, y humilde; caballero servidor del reino se apareció, salvándola de una muerte segura, el caballero luchó contra los lobos con su espada, que se llamaba Antares—en ese momento los ojos del caballero brillaban de manera hermosa mientras relataba su versión de los hechos, mientras que Sasha reía internamente.
-Oh si muy humilde caballero—dijo Sasha sarcásticamente mientras asentía con su cabeza y lo dejaba continuar con la historia.
—El caballero luchó valientemente, derrotando a la jauría de feroces animales, salvando a la heredera al trono, él jamás se imaginó que la pequeña niña que estaba rescatando era la princesa del reino, los caballeros no conocían a su princesa aún—entonces la voz del caballero se volvió tenue, aterciopelada—el valiente caballero jamás en su vida había contemplado una criatura tan hermosa, era como si el destino y su sangre lo llamarán, la princesa era comparable a las diosas inmortales, tan pequeña y vulnerable, jamás en su vida había sentido un llamado igual a la presencia de otro ser, el caballero no se explicaba por qué sentía una conexión así con esa pequeña frente a él, no pudo resistirse a tomarla entre sus brazos para consolarla, porque ella estaba muy asustada, mentalmente reclamando algún día hacerla suya, era un llamado directo de las entrañas, el caballero había conocido los influjos femeninos, había probado labios y visto tierras lejanas, pero jamás en su vida había sentido como su hogar un lugar fijo, jamás en su corta vida su alma le había reclamado la presencia de otro ser como reclamaba la presencia de ésta niña frente a él, y le dio miedo, por vez primera sintió lo que era el miedo a sentir pertenencia, entonces…—Kardia se detuvo, le costaba seguir con esa historia; fue en ese momento que Sasha abrió los ojos un poco más y volteó a verlo, buscando su mirada, sus cabezas estaban a la misma altura por lo que no fue tarea difícil, su expresión era indescifrable, pero le sostenía la mirada moviéndola internamente de forma impresiónate, solamente unos centímetros y podría reclamar esos labios, solamente un poco más y podría probarla, pero no se sí podría detenerme, sintió algo frío en su frente, Sasha le había colocado otro paño, acercando su rostro al de él de manera involuntaria, como la gravedad, así era desde el momento en que por vez primera había posado sus ojos en ella, y por más que intentase disfrazar sus emociones, ella lograba desnudarlo tan bien, Kardia dejándose llevar por la inercia veía sus labios como él hombre sediento que ve agua después de mucho tiempo.
-¿Entonces? —los ojos de la joven llenos de ilusión por las palabras que salían de la boca del caballero casi de forma involuntaria. Estaba cometiendo un error, él lo sabía, pero no podía resistirse cuando la tenía así de cerca, cuando cualquier día podía ser el último, pudo observar como ella desviaba su mirada de forma instintiva a sus labios, afianzando de todas maneras su cuerpo para que no se moviera más, porque de lo contrario terminaría besándola en ese momento.
—¿Cuál sería su sorpresa al saberla princesa del reino?, ella estaba prohibida para él, inalcanzable, eso es lo que se repetía a sí mismo, todos los días, mientras la miraba crecer hermosamente ante sus ojos, todos los días soportando la tortura de tenerla tan cerca y saberla tan lejana, sin embargo el caballero creía firmemente en vivir cada día como si fuera el último de su existencia, y estaba llegando a un punto sin retorno; donde la cercanía constante, sus sonrisas, su esencia, su mirada piadosa, su belleza, lo estaba volviendo loco, porque el caballero tenía miedo de morir, por primera vez en su vida la muerte lo asustaba, no quería morir sin haberla conocido, sin haber por lo menos besado sus labios una vez, pero el caballero sabía perfectamente que nada de eso podía ser, por lo que se conformaba con su amistad, el amor que le profesaba a la princesa era demasiado profundo como para permitirse mancillarla…Fin—dijo incomodo mientras rompía el contacto visual, sin darse cuenta que con ese simple hecho dejaba a Sasha sin aliento, se había dejado llevar, pero que tonto, había confesado prácticamente todo en ese simple acto.
-Pues que caballero tan tonto—dijo sin mayor preámbulo mientras se levantaba de su lugar, necesitaba salir de ahí, le dio por completo la espalda, intentaba acomodar su vestido alisándolo con sus delicadas manos, intentando no apresurar sus movimientos, Kardia abrió los ojos por completo mientras observaba la espalda tensa de la diosa, que se negaba a mostrarle su rostro, pero su voz de cuello la delataba, estaba llorando—que caballero tan tonto, porque quizás con lo único que esa princesa a soñado después de aquel día es con un beso suyo, además se supone que él vive cada día al máximo ¿no? —
Sin decir más salió de aquel lugar caminando grácilmente, como siempre solía hacerlo, Kardia sintió su cosmos abandonar el octavo templo, no pudo detenerla, su cuerpo se había quedado congelado irónicamente, en su lugar, negándose a participar con él, a obedecerlo.
…..
Sasha se había recluido en la parte privada de su templo desde hacía unos días, solamente uno de sus caballeros sabía el porqué, y se recriminaba internamente esa confesión, sin embargo, la guerra se aproximaba y su muerte con ella, su alma reclamándole su presencia.
Sasha perdida en memorias de sus vidas pasadas que se mostraban en su mente mientras intentaba buscar algún indicio, saber si alguna vez había sentido algo similar, pero era inútil, porque por más que apelaba a sus vivencias se daba cuenta que jamás había permitido que su condición como humana opacase su misión como diosa, él tenía razón, y como lo odiaba en ese momento por tenerla, por no poder experimentar algo tan humano como un beso, por no poder saber lo que era sentirse amada de una forma tan primaria y física, por no poder experimentar sus labios en su piel y su cuerpo en el suyo; se odiaba a sí misma por necesitarlo de esta manera, por haberse hecho adicta a su presencia y su mirada.
En ninguna de sus vidas su mente se había visto nublada de ésta manera por lo que experimentar cosas como un beso, una caricia, un abrazo íntimo… el amor; simplemente no le estaba permitido, no se lo había permitido, y conforme más pasaba el tiempo recluida en su mente, en sus meditaciones, dedicada a autoanalizarse profundamente, sabía que no tenía otra explicación para este creciente sentimiento, lágrimas de frustración se acumulaban en sus ojos, sus puños se cerraban, mientras caminaba en el interior de sus cámaras.
Durante todas sus vidas se había negado la experiencia más sublime de todas, esa por la que sus caballeros luchaban y perdían sus vidas, el amor, conforme más pensaba en eso, más se enfurecía consigo misma y los dioses por haberse condenado de esta manera, completamente abnegada a su naturaleza divina, sin poder experimentar la esencia primordial del todo.
Camino en silencio hasta el balcón, respirando el aire fresco a su alrededor; desde aquel lugar se podía apreciar la acrópolis en todo su esplendor, su mirada fija en la octava casa de manera inconsciente, buscándolo inclusive en su inconsciente, era algo autómata e incontrolable, el hecho de pensarlo y anhelar su presencia se había convertido en una segunda naturaleza para ella sin darse cuenta.
-Kardia—su voz salió de ella en un suspiro, elevando su nombre como una plegaria, sabía perfectamente bien que no importaba cuanto intentara calmar su ansiedad, solamente él podría ahuyentar ese sentimiento de desosiego en su interior.
Mientras tanto Kardia la observaba desde el octavo templo a lo lejos, el cumulo de emociones en su interior como torbellino, incapaz de identificar una a la vez, su corazón acelerado repitiendo aquel ritmo dispar, y como si de una oración se tratase su pensamiento recorría a memoria el cuerpo divino de una mujer ajena y prohibida, su diosa… a la que había jurado fidelidad, por la que moriría gustoso una y mil veces de ser necesario; cómo explicarle, cómo hacerle entender el cumulo de emociones en su interior, escuchaba su llamado a la distancia, esa rara conexión que compartían hacía que cada poro de su ser se abriera ante el llamado que ella emitía, era en las noches cuando se hacía más intenso, casi insoportable, como el canto de las sirenas que convocaba a los marineros a su muerte, así de provocativa era su esencia y su presencia para él, pero esa voluntad y terquedad en su mente no le permitían llegar a aquel llamado, porque sabía, tan seguro como que el sol saldría al día siguiente, si se permitía acudir a ella, la tomaría, ya no podía más con esa perpetua necesidad de consumar lo que su alma le pedía a gritos… era como las sirenas a los marineros, incapaz de resistirse por mucho tiempo, por lo que como Odiseo en su viaje a Ítaca, cubría sus oídos para tratar de hacerse inmune, pero no quitaba la presencia de las sirenas en el mar.
-Kardia—pudo escuchar su voz a lo lejos, autómata se movió rápidamente, no podía estar sin ella, no más. Se movió veloz por los templos hasta llegar al onceavo templo, ignorando a Degel intentado detenerlo por todos los medios… la necesitaba como el sediento al agua. Ella era como el roció matutino en su frente después de una noche de temperatura, y lo seguía llamando.
-Escucho los engrandes de tu cabeza hasta acá—dijo secamente el escorpión, tratando de sacarle la vuelta y de una vez por todas terminar con todo esto y las ansias que sentía, mientras no despegaba su mirada del objeto de su afecto, estaba cerca de llegar a sus aposentos.
-Y a pesar de escuchar los engranes de mi cabeza, sigues sin desistir de ese sentimiento—soltó Degel mientras se paraba a un lado de él, recargándose en una columna, mientras con la otra mano se quitaba los lentes y los limpiaba—no puedes ceder a los impulsos que tienes, lo sabes—dijo el caballero de acuario volviendo a colocar lo anteojos en su lugar.
-Mi cabeza lo entiende Degel—soltó sinceramente Kardia, su mirada torturada posándose en su amigo—pero de ahí a dejar de sentirlo hay un tramo largo—
-¿Estarías dispuesto a sacrificar tu honor como caballero? —la pregunta que más temía era quizás esa precisamente. Su mirada firme en aquella gélida expresión
-¿Estarías dispuesto a morir con miedo? —contra atacó él—no lo entiendes Degel, no es algo que se pueda controlar, o simplemente dejar de hacer, a las pasiones no se les puede controlar, se les da sentido simplemente—
-Entonces dale sentido a lo que estás diciendo por Zeus, Kardia, estamos hablando de nuestra diosa—
-Y del amor de mi vida también—gritó mientras golpeaba una columna, sorprendiéndose y de paso a su amigo, que no sabía que sus emociones fuesen tan profundas.
-Siempre has estado acostumbrado a arrebatar, la cuestión aquí Kardia, es que tanto tu como yo sabemos que como caballeros tenemos un destino que cumplir, al igual que ella como la diosa de la sabiduría y de la guerra—
-Si vamos a morir, por lo menos moriré teniendo el sabor de sus labios en mi memoria—dijo el caballero de escorpio con total convicción... mientras su amigo le dedicaba una mirada exasperada.
-No digas que no te lo advertí—terminó diciendo fríamente el caballero de Acuario mientras se retiraba del templo—simplemente quería ahorrarte sufrimiento, se lo qué es ser consumido de esta manera día a día—
-¿Cómo lo escondes tan bien? —preguntó el escorpión exasperado.
-Años de práctica—refutó despreocupado, mientras le daba la espalda, como "no mirándolo o detectando su presencia", si no lo veía, no lo sabría.
-Me está llamando—dijo el otro haciendo caso omiso de las palabras de su compañero.
-Entonces ve—
La sonrisa que se dibujó en su rostro lo iluminó por completo, ondeando su capa salía en búsqueda de su encuentro. Cuando llegó al techo del balcón la escuchó pronunciar su nombre una vez más, y eso fue suficiente para hacer notar su presencia.
Sasha volteó inmediatamente, no esperaba encontrarlo ahí detrás de ella, abriendo sus ojos sorprendida, ambos contuvieron sus respiraciones, mientras sus miradas se encontraban en ese lapso momentáneo; para después correr a abrazarlo, él le correspondió inmediatamente reaccionando por puro instinto. Sentirla tan suya entre sus brazos, arropándola por completo con su imponente estatura, acomodándola a él.
-Kardia—su voz sonaba un poco aminorada, ya que tenía el rostro escondido en su pecho.
-Hoy voy a cobrarle a la vida muchas cosas Sasha—su voz queda en su oído, susurrando de manera provocativa y cadenciosa—no sé si algún día lograré entender todo esto que se arremolina en mí, la necesidad que tengo de ti, de tu presencia, sobre todo cuando todo te ha salido siempre tan mal
como a mí, porque es mi naturaleza terca y aferrada la que ha provocado todas mis heridas y me temo que estoy a punto de provocarte una grave a ti, una donde la sangre no dejará de brotar, sin embargo necesito que entiendas algo amor, intenté por todos los medios dejar de sentir lo que sentía, no aferrarme a tu presencia… no desearte como lo hago—su voz era grave, hipnótica, si mirada fija, una de sus manos en su cintura dibujando círculos, y la otra en su barbilla, dominante, obligándola a sostener su mirada.
Los ojos de la joven abiertos de par en par, su lengua viperina revelando verdades dolorosas, pero necesarias que su alma clamaba, sabía que era suya, sería suya el resto de su vida, hasta que las gorgonas así lo decidieran y sus existencias terminasen en ese plano. Inconscientemente las manos de la diosa viajaron a su pecho, sus palmas abiertas, sintiendo su corazón latir de bajo de ellas, entendiendo el esfuerzo que esta confesión representaba para él.
-No sé cómo rogarle al destino Sasha cuando estoy acostumbrado a arrebatar, sobre todo porque hoy que te he encontrado, que nos hemos encontrado de ésta manera, no te apartes de mi lado no derrumben nuestros sueños ni se atreva a separarnos—el aliento de la joven estaba detenido en su garganta, mientas miraba embelesada salir de los labios de su príncipe las palabras precisas para hacer que sus rodillas temblaran—Voy a exigirle a la vida
que me pague contigo, jamás me he apegado bien a las reglas; que me enseñe el sentido del dolor que he pasado, porque ya fue suficiente el castigo
de saberte prohibida, quiero dejar de ser por siempre un mendigo del amor
y por vez primera sentir algo de paz en mi corazón dañado, nunca he sido bueno restringiéndome, no está en mi naturaleza, los instintos me dicen que mi búsqueda contigo terminó; es irónico pensar que dos caminos tan distintos
en algún momento el tiempo los unió, porque tú lo sabes amor, yo habría muerto de no ser por tu sangre, y ahora el precio que pago por beberla es que grito por beber de ti como un adicto al nepente… quien lo dijera entregar la libertad sin condición en un acto tan simple como confesarte que te amo, te amo con exceso y con locura—
-También te amo—dijo Sasha simplemente, en sus ojos estaba toda lo que necesitaba decirle, porque después de aquello, no era necesario mediar palabra alguna entre los dos. Sus ojos se encontraron con aquellos tan similares a los suyos, leyendo sus rostros, deleitándose en la cercanía de estar íntimamente ligados por aquella confesión. Y en un arrebato, la alzó pegándola completamente a su cuerpo, reclamando sus labios de manera depredadora, sin poderse resistir más.
Sus mejillas sonrojadas, sorprendida por la invasión maestra que estaba sufriendo, emitió un pequeño gemido de sorpresa, aprovechado completamente por Kardia, que introdujo su lengua de manera avasallante, explorando la expansión de sus labios, mordiendo y degustando a placer, como animal en frenesí era incapaz de detenerse, arrancando los suspiros más deliciosos de la culpable de sus noches en vela. No se dio cuenta en que momento había entrado a la habitación, o la había recargado en la pared, como dos ciegos explorándose a ojos cerrados, sus manos tímidas aferradas a su larga melena, mientras las propias se aventuraban a la expansión de sus piernas, obligándola a cerrarlas alrededor de su cintura, enterrando su nariz en su cuello aspirando su aroma, estaba perdido, mierda estaba completamente vencido ante ella, un gruñido se escapó de él, incapaz de contenerse y contener sus instintos. Su mano izquierda en sus nalgas sin ningún tipo de propiedad, mientras que la derecha iba levantando lenta y cadenciosamente su vestido, deleitándose con la sedosidad de su piel. En su inocencia, Sasha se veía superada por completo, y respondía como podía a las caricias que le eran propinadas con sentido de posesividad, cada uno de sus besos dejando un tramo de fuego en su piel, sus manos erizando sus vellos, agitando su respiración, se escuchaba emitir pequeños gemiditos, logrando sorprenderse; mientras gruñidos de él la acompañaban.
Sus frentes estaban una contra la otra, mientras las manos de él no le daban tregua, su mirada dominante y sonrisa pícara con la promesa de lo que realmente deseaba hacerle, sintiendo como poco a poco internaba su mano entre sus muslos, mientras la otra la aferraba de manera más decidida, sus ojos se cerraban de manera involuntaria incapaz de poder dominarse a sí misma.
-Mírame—ordenó con voz áspera, deteniendo en el acto la administración de sus caricias sobre su cuerpo. Obedientemente abrió los ojos, sintiendo en el acto como retomaba su faena, introduciendo impúdicamente en su sexo, palpándolo a gusto, y desatando un infierno en su vientre, un jadeo se escapó involuntario. Sus caderas moviéndose a voluntad propia acompasadas a los movimientos que le marcaba con esa maldita sonrisa de triunfo—te vez tan jodidamente hermosa con tus mejillas sonrojadas, y completamente agitada—continuó con tacto experto, mientras ella no podía hacer otra cosa más que aferrarse a sus hombros, sin percatarse de que los tirantes de su vestido hacía mucho tiempo habían caído, dejando a la vista sus senos, como un depredador llevó uno a su boca, no dejando de actuar con su mano, bebiendo su esencia, probando su piel, sin previo aviso introdujo su otro dedo dentro de ella, sintiendo lo estrecha y húmeda que estaba, como palpitaba alrededor de sus apéndices mientras no dejaba ese ritmo decadente que la estaba elevando a la locura.
Lo único que se escuchaba eran sus jodeos, sus gemidos, los gruñidos de él, y no podía evitar pensar que no había nada más hermoso en este mundo que el rostro de placer que podía ver pintado en Kardia, era en este preciso momento que podía verlo como un animal salvaje en su hábitat natural. Se veía tan endemoniadamente hermoso, eran demasiadas las sensaciones que se acumulaban en su ser, estaba completamente rodeada por él, y no había mejor manera de perderse en ese momento que un su aroma varonil… olía como el bosque, a musgo, le recordaba su naturaleza; estaba volviendo a cerrar los ojos, mientras un nuevo tipo de calor se instalaba en su bajo vientre.
-No te atrevas a cerrar tus ojos—le volvió a ordenar, mientras su pulgar tocaba una parte de su cuerpo que parecía hacer el truco, puesto que jamás en su vida había sentido tanto placer, sentía que iba a explotar en ese momento—eso es mi amor, estas a punto, déjame escucharte—dijo con voz entrecortada, mientras sentía como sudor recorría su espalda, sentía su cara acalorada, seguramente estaba completamente sonrojada, y no se imaginaba ni siquiera las dimensiones de lo que eso provocaba en él. De un momento a otro sintió como estallaba por completo, su cuerpo temblaba en espasmos e intervalos de placer, mientras de su garganta salían alaridos que ella jamás se había considerado capaz de hacer.
No le dio oportunidad de tomar un respiro, sin que ella se diese cuenta se desprendió de la parte inferior de su vestimenta y en una fina estocada, ahí contra la pared de sus aposentos se hundió en ella en una fina estocada.
-Ahhhhh—el grito de ella no se hizo esperar, un gruñido de él la acompañó. Mientras cerraba sus ojos intentando acompasar su respiración, su sangre y su cosmos despertando inmediatamente ante aquel tacto; comenzaba a moverse sin darle oportunidad si quiera de acostumbrarse a aquella invasión, llevando sus dedos a su boca probándola en el acto, volteando sus ojos en un rictus de placer.
-Sabes a miel—dijo entre jadeos, moviendo su cuerpo a un ritmo que no perdonaba su inexperiencia, era demasiada su necesidad, demasiado el amor y la pasión desbordante que sentía por ella, no podía parar, memorizaba su rostro, una combinación de placer y dolor, la expresión más inocente que se pudiese apreciar en alguien, la adoraba con todo su ser, maldición, era su todo, estaba postrado y doblado ante ella.
-Kardia—su respiración era acelerada, sus pequeñas manos aferradas a él, mientras su cadera se restregaba instintivamente en cada embestida, acompañándolo y sincronizando sus movimientos al compás que le marcaban, volviéndolo completamente loco.
Caminó con ella en brazos, saliéndose de su interior momentáneamente, desnudándose por completo ante la mirada curiosa de ella, con manos temblorosas la desnudó, no dejando a su mente llegar al lugar, porque si la dejaba trabajar entendería lo que estaba haciendo, el sacrilegio que estaba cometiendo, la dejó mirar cuanto quisiera, dejando que con sus manos temblorosas explorara la expansión de su pecho, sus hombros, abdomen, hasta que con su pequeña mano llegó a su miembro, que estaba manchado con tintes de sangre; prueba de lo que acababa de quitarle, de lo que se había apropiado sin menguar con consecuencias, ella captó que era poco lo que la dejaría tomar el control, solamente unos minutos más a lo mucho, por lo que se dejó curiosear y halar de arriba hacia abajo el miembro entre sus manos, logrando arrancarle un gruñido, y encender esa mirada que tenía hacía apenas unos momentos.
La desvistió por completo, con absoluta necesidad de verla, admirando su figura femenina, la recostó, mientras con tacto cadencioso la acarició, memorizando cada rincón de su piel, besándola a gusto, su mano se internó en su sexo una vez más, entre su índice y pulgar había sangre, pero no le importó, en ritual primitivo la marcó, sosteniendo sus manos por encima de su cabeza, y con su otro brazo sostuvo su pierna al nivel de su cadera penetrándola profundamente y arrancándole su primer grito verdadero, en su rostro el triunfo, mientras comenzaba a moverse de manera felina encima de ella.
-Te amo mi cielo—con voz entrecortada le repetía una y otra vez, mientras la veía deshacerse debajo de él. Estaba a punto de llegar lo sabía, su miembro se sentía deliciosamente apretado, lo cual quería decir que estaba teniendo otro orgasmo, y como un pianista que sabe tocar las notas precisas para hacer de una melodía una sinfonía, las manos maestras de Kardia tocaron en su cuerpo las notas perfectas para arrancarle un orgasmo más, y por fin perderse con ella, liberando con un arrebatador gemido su simiente dentro de ella—Seré condenado por esto—se dijo a sí mismo entre jadeos, mientras escondía su rostro en la comisura de su cuello, y sentía como sus brazos lo rodeaban, sus manos delicadas en su cabellera.
Lagrimas traicioneras se agalopaban en sus ojos, mientras su miembro comenzaba a tomar vida propia una vez más, no estaba ni cerca de estar saciado de ella, había mancillado a su diosa, lo sabía, sin embargo, era la primera vez en su vida que sabía lo que era hacerle el amor alguien.
-El juicio final llegará para ambos—dijo ella con voz entrecortada, sintiendo de igual manera su sufrimiento—pero tampoco me habría perdonado el morir sin haberte sentido así—
-No me justifico mi amor, pero el precio que vamos a pagar será demasiado alto—dijo mientras comenzaba a moverse una vez más dentro de ella—sin embargo, preferiría morir mil veces, a no haberte conocido—se besaron una vez más, permitiendo que sus corazones se despejaran de todo miedo en su interior, eran uno mismo, y nadie podía robarle ese momento.
