A/N: Hola mis queridos querubines, ¿Cómo han empezado el año? Espero que excelentemente, en mi vida se han avecinado cambios tan impresionantes y positivos que me tienen al filo del asiento, de pronto es como presenciar una película de mi vida y sueños haciéndose realidad, y no se me ocurrió mejor manera de festejarlo que escribiendo este shot. Ahora la personalidad de Sísifo definitivamente es una que me intriga, sobre todo porque en el Gaiden confiesa tener sentimientos más allá de los que un caballero debería de tener por su diosa, por lo que definitivamente es material para trabajar. Hay mucha emoción plasmada, en este shot quise plasmar más emoción y el conflicto de ellas durante el desarrollo, centrarme en Sísifo y dejar a Sasha como un personaje eminentemente secundario. Como siempre hay soundtrack recomendado… Push de Limits de Enigma. Disfruten por favor, y para los nuevos lectores de mis shots, les hago saber desde ya, que en efecto viene una segunda ronda de In Noctem, con todas las propuestas que han solicitado, publicaré la segunda lista al terminar con los Shots previstos en la primera lista publicada. Besos
Sabrina
Nunca jamás.
Recordaba aquel día como si hubiese sucedido ayer, ese tres de abril había sido definitorio en su existencia. Desde el momento en que había posado sus ojos en aquella niña lo supo, lo supo cómo sabía que el sol saldría al día siguiente y había oxígeno en sus pulmones… porque su corazón latió a una velocidad impresionante y su cosmos lo llamaba como una sirena a los marineros, era ella, sabía que era ella, tenía que serlo porque su cosmos tenía un brillo infinito, y tenía esta capacidad de brindarle calor hasta el corazón más desasosegado. Estaba sorprendido de haberla encontrado en aquel humilde lugar, rodeada de pocas riquezas, nada digno de su rango e identidad.
Ninguna de las imágenes que se había pintado en su cabeza se aproximaba a la belleza que poseía; había escuchado relatos del patriarca sobre la diosa, cómo que era poseedora de esta belleza infinita y delicada, le había descrito a detalle una y otra vez su porte, voz delicada, rostro bondadoso y sonrisa juguetona; se la había imaginado tantas veces dormido y despierto, noches enteras en vela, mirando las estrellas, tratando de entender sus designios para poder encontrarla… ya la esperaba, y honestamente había hecho todo en su poder para ser él quien la encontrará, que, cuando lo había hecho, la realidad superó cualquier imagen ficticia que se hubiese dibujado: su melena corta y lila, acentuando ese tono blanco, marmoleo e inmaculado de su piel, su rostro pequeño con facciones finas y aristocráticas, sus ojos azules y profundos, con este brillo permanente de travesura, su sonrisa que alcanzaba a todos a su alrededor, y su risa… esa risa cantarina que contagiaba hasta al más serio de sus amigos.
Estar en su presencia era como estar ante un bálsamo que curaba todas las heridas, por fin… por fin poder verla, saber que existía, que ya había tomado su lugar entre los mortales, que se encontraba bien y que ningún espectro había logrado dar con esta pequeña niña era en extremo gratificante, hacía descansar su espíritu, Athena. Aquel día había conocido lo que era el amor infinito, aquel día algo en su interior había cambiado, transformando su corazón por completo, enfocando su devoción ciega en esa pequeña que lo tomaba de la mano como una línea salvavidas. Aún podía recordar la sensación de su pequeña mano aferrada a la suya mientras emprendían su camino al santuario; o como había solicitado que no se fuera de su lado cuando llegaron ante el patriarca.
Sísifo la había observado por varios días antes de aproximarse a ella, pensando en la mejor manera de acercarse, y su corazón se enternecía al conocerla poco a poco, verla correr, saltar, escalar árboles, sonreír, jugar a las escondidas; era como cualquier niña de su edad, su vida era rutinaria, humilde, feliz… normal.
Después de haberle revelado la información de quién era él, el motivo por el cual se encontraba en el pueblo, y lo más importante, quién era ella, emprendieron camino hacía el santuario, en ese momento, comprendió que la estaba alejando de todo aquello que le era querido, su corazón se colmó de un sentimiento desconocido para él en aquel momento, culpa, sentía el dolor de la pequeña Sasha como suyo, y a partir de ese momento hizo su misión el volver a colocarle una sonrisa en la cara. Quizás era ese el motivo por el cual se había convertido en su protector personal… en su amigo.
Con el tiempo, el transcurrir de los años, las vivencias, la vida en general, su corazón se llenaba de un sentimiento que no comprendía del todo; verla reír, encendía su corazón, verla triste le hacía querer matar a quien fuese que hubiera provocado aquella tristeza en su interior, su confusión era mayor cuando la sentía cerca de su cuerpo, cuando lo abrazaba, por ejemplo, este calor inmediato parecido a fuegos artificiales se alojaba en su bajo vientre, instintos que le eran completamente ajenos se despertaban en su interior.
A diferencia de sus compañeros Sísifo había tomado un voto de castidad, y lo había cumplido hasta la fecha, en el momento en el que había iniciado su entrenamiento para convertirse en el caballero dorado de sagitario, consagró su cuerpo y su alma para su diosa; por lo que era realmente ajeno a todo el acto que conllevaba la intimidad entre un hombre y una mujer, claro que había leído al respecto, y entendía el concepto, pero nunca lo había hecho; ciertamente jamás se había sentido atraído por ninguna fémina en sus años de existencia, y jamás había tenido la necesidad de la autocomplacencia, su mente dominaba perfectamente las reacciones de su cuerpo, siempre entrenando, y manteniéndose ocupado entre misiones, lecturas, meditación y aprendizaje.
Jamás había sentido la necesidad de tocar a alguien como a ella, de ceder ante la naturaleza, como Lilas decía; de besar a alguien, de aspirar su aroma hasta intoxicarse, o enterrar sus manos en su cabellera para dominarla y tener mejor acceso a sus labios; nunca en su mortal existencia sus instintos le habían jugado malas pasadas provocándole reacciones impresionantes en su cuerpo, parecidas a las de un volcán a punto de estallar, nunca jamás, hasta ahora.
Sísifo desconocía la incómoda sensación de despertarse con una erección por las mañanas y sentirse completamente insatisfecho de dejar que la cosa menguara, nunca había tenido la necesidad de saber cada movimiento sobre alguien, jamás había pensado en la posibilidad de desnudar a nadie, mucho menos de enterrar su mano entre los muslos de una chica para escucharla jadear, nunca había creído que el deseo por alguien pudiese llegar a un nivel tal que el hecho de tenerla frente a él fuese insuficiente y necesitara estar en ella, dentro de ella, Sísifo jamás había amado.
Porque tenía que reconocerlo, cada vez que la veía con aquel vestido blanco y corsé entallado sus labios se secaban inmediatamente, su vista se nublaba, y su lengua se pegaba en su paladar de manera precaria, como intentando saborear su presencia de alguna manera, cada que le sonreía el mundo se detenía un instante para ser iluminado por su presencia, de pronto ya no era la gravedad lo que lo mantenía pegado a la tierra… cada vez que escuchaba salir su nombre de aquellos labios se sentía un hilo en su interior que lo tensaba todo, como un depredador al momento de cazar, sus músculos se tensaban, igual que esa sensación antes de la batalla, como si su cuerpo se preparará. Lanzó un golpe más fuerte de lo intencionado a Hasgard, mientras un pequeño gruñido se escapaba de su garganta.
El caballero de Tauro alzó ambas cejas de la impresión, pero siguió el ritmo que le marcaron, arremetiendo inmediatamente con otro golpe de igual magnitud.
-Perdóname viejo amigo, no sé que me pasa hoy—dijo Sísifo con algo de frustración, sin embargo, la dirección de su mirada lo delataba por completo. El caballero de Sagitario tenía la vista fija en la gran estatua de la diosa Athena. El caballero de Tauro suspiro.
-Creo que sabes perfectamente bien lo que te pasa amigo mío—los ojos miel del castaño se abrieron de par en par, negado ante lo que su alma y corazón le gritaban desde hace tiempo. Lo estaban enfrentando contra una realidad que jamás se permitiría aceptar. De aceptarlo sería apropiarse de la realidad, dejar que toda esta maraña de emociones, definieran algo para lo cual sinceramente no estaba preparado.
-Nunca, jamás—dijo con voz severa Sísifo, su espalda tensa, el caballero de Tauro intentó detenerlo para hablar con él, ayudarlo a salir de aquel estupor; conocía la naturaleza estricta y desinteresada de su camarada, habiendo entrenado juntos desde el principio… pero el caballero de Sagitario no tomaría palabra alguna que le dijeran en aquel momento, con un movimiento brusco se zafó del agarre que Hasgard tenía en su brazo, mientras salía corriendo al bosque cerca del santuario, corrió sin rumbo fijo hasta llegar a la fuente escondida en el claro más profundo del lugar, no esperando lo que se encontraría. Ahí frente a él estaba la hoguera encendida de sus pesadillas.
La imagen más bella y arrebatadora frente a él, Sasha en toda su gloriosa desnudez nadaba tranquila en la fuente, completamente ajena a los ojos que la hacían su presa. Era bella, más bella que la vía láctea, que el firmamento, que un millón de estrellas en conjunto; el caballero de Sagitario se gritaba internamente que estaba mal, su respiración acelerada, se mordía la lengua, mientras sus ojos abiertos de par en par bebían el esplendor; era completamente aberrante lo que hacía, seguro que sí, su honor como caballero gritaba herido en su interior, pero su cuerpo, sus pies no le obedecían, como quien fuese controlado por una fuerza mayor, sus plantas bien firmes en aquel lugar no se movían en ninguna dirección.
Su respiración acelerando el ritmo cada vez más, mientras el calor de su cuerpo se elevaba a niveles insospechables, como una ninfa que tentaba al fauno con su decadente danzar, la diosa salía del agua mostrando una imagen arrebatadoramente delirante, él jamás había visto a una mujer desnuda antes… las gotas que besaban su piel, bajaban poco a poco, recorriendo lugares incognitos en ella, lugares que el moría por probar, Sísifo seguía con parsimonia los movimientos descuidados de Sasha que se mostraba ajena a la presencia del caballero; mientras la joven tomaba una prenda para secarse elevaba su rostro hacía el sol permitiendo que la besara, dando la bienvenida a ese calor que le brindaba; permitiendo que los rallos la acariciaran, exponiendo su figura y desplegándola en sobre la manta con la que se había secado momentos antes, mostrándole momentáneamente su espalda, el caballero se permitió divagar con la vista fija en ella, dibujando su cintura, su espalda, sus muslos y glúteos, todos en perfecta armonía, su melena humada entre sus manos. Emitió un pequeño gemido que parecía más la mezcla de un sollozo con un gruñido.
Estaba hiperventilando, estaba seguro de ello, si la respiración que escuchaba era la suya, seguramente estaba a punto de un ataque de pánico, trató de calmarse un poco, sin embargo, nada le ayudaba, su vista estaba completamente nublada por la lujuria que esta imagen provocaba en él, instintivamente su mano derecha viajó al sur de su anatomía, palpando inmediatamente el resultado de su excitación, tomando el líquido que emanaba de él para ayudarse en su faena, contra su voluntad, comenzó a estimular su miembro erecto y turgente, emitió un gemido, para después morderse los labios y enterrar su voz, probando sangre en el acto, necesitaba liberarse, su mano se movía en arremetidas rápidas y precisas, arrancando sensaciones de sus terminales nerviosas hasta ese momento desconocidas para él.
Sin que diese orden alguna o lo pensara, su diestra comenzó a moverse más rápido, como si algo en su cerebro le dijese que necesitaba acelerar el paso, bombeando de manera rápida y precisa, arrancando de su garganta un gruñido de placer, una sensación de frialdad comenzó a alojarse en su bajo vientre, un aviso que anticipaba la llegada de algo infinitamente mejor a lo que estaba sintiendo en ese momento; sus ojos cegados por sus senos blancos, su vista perdida en el marco de su clavícula, su cintura pequeña y ensanchada a un punto de quiebre imposible, sus caderas. Su imaginación lo delataba alimentando imágenes mentales de cómo se vería su miembro entre los muslos de la joven diosa. Un gruñido más se escapó de él, siendo incapaz de contener las reacciones naturales de su cuerpo, su mano acelerando el paso.
Sasha era como una torre de babel, ajena a los hombres pero plena a la vista, hermosa, su divinidad, su monte de venus, su rostro sosegado y tranquilo, no podía resistirse, ya no, ¿porqué hacerlo? cuando la vida o el destino le ponían en bandeja de plata lo que su alma anhelaba con la intensidad de mil soles. Las arremetidas en contra de su mano fueron concisas y rápidas, ahora eran sus caderas las que se movían como si tuviesen voluntad propia; sudor recorría su frente, sintiendo que se acercaba a una explosión y saboreando lo volátil de aquel momento, sabía perfectamente bien que jamás se lo permitiría, tocarla de aquella manera, con un gemido se liberó en su mano, mientras que la diosa era ajena al acto lascivo del cual acababa de ser protagonista.
Los ojos del caballero de Sagitario estaban ahora fijos en su mano derecha, observaba el líquido blanco en ellas, prueba fehaciente de lo que acababa de cometer, de la violación a la divinidad de su diosa; de su debilidad… había cometido una falta grave contra ella y contra la promesa que hacía tantos años había hecho como caballero de Athena, sus ojos se llenaron inmediatamente de rabia contenida apenas y lágrimas de desilusión; así sabía la frustración, así sabía el desprestigio… así era saber que algo jamás sucedería, así sabía la amargura.
Su quijada apretada, y su puño cerrado se estrellaba en el árbol más próximo, sus lágrimas caían libremente, mientras su rostro agachado con vergüenza negaba una y otra vez lo que acababa de suceder. Cerrando sus ojos elevó una plegaria a los dioses para que se apiadaran de su corazón, porque Cupido había jugado caprichosamente con su corazón y ahora tendría que vivir con esto.
…..
Esa noche no dejaba de dar vueltas en la cama, mientras su alma intranquila recreaba una y otra vez las imágenes de aquel día en la fuente, su cama se sentía humada por el sudor que emanaba de él, y las paredes de la habitación se sentían cada vez más pequeñas y encerradas, como si el espacio se redujera y no pudiese respirar.
Sasha
Su nombre en sus labios se elevaba como implorando, rogando por su presencia, la necesitaba como el pasto al rocío, la necesitaba como el adicto al alcohol, o los pulmones al oxígeno, no tenía caso que se lo negara, menos después de lo acontecido en el bosque.
Las antorchas en su habitación mostraban los últimos signos de vida, el fuego a punto de extinguirse, y Sísifo estaba en el centro de su colchón, con sus extremidades completamente extendidas, su corazón acelerado, su miembro erecto una vez más, y esta necesidad imperante de saciarse.
Sasha
Su mano viajó hacia el sur, desprendiéndose de su ropaje y quedando completamente desnudo a la brisa nocturna, jamás se percató de la sombra que entró al templo, ni escuchó los pasos que lentamente se aproximaban a su habitación, su mente ocupada recreando las imágenes en su mente, y su mano poderosa embistiendo hacía su cuerpo de manera rápida.
-Deberías dejarme hacer eso a mí—dijo una voz conocida que lo sacó de su estupor por completo, abrió sus ojos como platos, mientras su boca se trababa, impidiéndole emitir palabra alguna, ella estaba ahí, en su habitación, porque así lo había decidido, porque así lo quería.
Su mirada estaba posada en ella, mudo observando cada movimiento delicado de sus manos que se dirigían a los broches del vestido en sus hombros, desabrochándolos en el acto y quedando completamente desnuda para su vista y deleite. Mil palabras llovieron en su pensamiento, mientras se sentaba en la cama y extendía su mano invitándola a su lecho, pasando el punto de no retorno en el momento en el que su rodilla tocó su colchón.
Sus manos poderosas haciéndose de esa cintura con la cual soñaba y anhelaba desde aquel día en el bosque, amaba desde hacía tiempo su cuerpo de nácar soleado, torneado delicadamente, cincelado en mármol. Amaba desde hacía tiempo su perfume hipnótico de jazmín y vainilla, su sonrisa cantarina, sus dientes aperlados que mordían levemente sus labios rosados cuando algo la ponía nerviosa. La amaba desde el momento en el que la había encontrado y había jurado protegerla con su vida, la amaba profundamente, más allá del amor que un caballero le podía profesar a su diosa, la amaba como un hombre amaba a una mujer.
En sus ojos no observaba miedo, observaba la calidez de siempre, decisión, amor, ahora sabía lo que era añorar poner a los pies de alguien el universo mismo, las montañas, los ríos, mares, las flores del mundo. Quería hacer con ella lo que la primavera hace con los cerezos, quería elevar los versos más hermosos de la noche en su oído, mientras la escuchaba cantar su nombre como un mantra repetitivo, quería ver como se deshacía de placer una y otra vez debajo de él, quería morir y renacer entre sus piernas.
Sus manos inexpertas y nerviosas se exploraban mutuamente de manera lenta, disfrutando, saboreando cada momento, apropiándose de sus respiraciones mientras se miraban mutuamente con anhelo y curiosidad. Sonrisas gemelas en sus rostros, que comenzaban a desdibujarse conforme se acercaban paulatinamente hasta conectar sus labios por primera vez… sabía a frutos rojos, su tacto tímido e inseguro lo encerraba entre sus pequeñas manos, mientras imitaba el movimiento que había presenciado momentos atrás, sus labios primero tímidos buscaban con mayor confianza y demandantes la exploración mutua, el beso que compartían era algo inaudito para Sísifo, porque si así se sentía un beso, no se imaginaba lo que se sentiría estar dentro de ella, cuando sus lenguas hicieron contacto un gemido se escapó de ella, mientras el contenía el aliento, intentando no llegar en ese preciso momento, sin embargo la sensación de sus manos contra su piel era demasiado abrumadora, derramando parte de su simiente en su mano y en sus piernas, acompañado de un gemido, mientras mordía delicadamente sus labios.
-Sasha, te amo—dijo en un susurro, mientras ella lo besaba con mayor ahínco y renovados bríos, abrazándolo mostrando su necesidad de contacto, el correspondía gustoso, enredado sus manos en su melena como desde hacía tanto tiempo deseaba ya atrayéndola hacía él, piel contra piel, era una sensación abrumadora en sí misma, se sentía como la seda más fina, y su aroma inundaba todo alrededor de él, sus manos tomaban por completo sus senos y jugueteaban con ellos obteniendo los maullidos más hermosos de ella, según lo que su rostro mostraba y sus labios emitían continuaba con sus administraciones de caricias.
La recostó delicadamente en el colchón, tomándose su tiempo en admirarla por completo, pagando homenaje a cada parte de su cuerpo, besando, robando y lamiendo por igual, mientras dejaba que su falta de aliento alimentara su excitación, sus manos temblaban de manera nerviosa, y las piernas de ella igual, pero sabían, ambos lo sabían, se necesitaban más que a nada en el mundo, más que tomar la siguiente respiración.
Él se colocó en medio de sus piernas, observando levemente su entrada para posicionarse correctamente, la miró a los ojos, pidiendo permiso para seguir, y ella movió sus caderas para provocarlo aún más, se deslizó de manera precisa dentro de ella, avasallante y enfundándose por completo en su interior, hasta topar con una barrera incomoda, no obstante, su instinto le decía que solo hacía falta un poco más, así que siguió hasta lo más profundo, arrancándole un gemido de dolor.
-Shhhh—la besó una vez más, profundamente, mientras la abrazaba contra él, y sentía como sus manos se enredaban en sus cabellos, ¿en qué momento habían sudado tanto?, sus ojos conectaron una vez más, y ella movió sus caderas un poco dándole la señal de que podía moverse. Sísifo puso los ojos en blanco, el placer que sentía era demasiado, nada que su cabeza le mostrara se asemejaba al sentimiento pleno de sentirse uno con ella, respiró profundamente, mientras comenzaba a mover sus caderas en aquel baile primitivo, escuchándola gemir su nombre una y otra vez, sintiendo como su interior lo apretaba de manera deliciosa, era como si estuviese hecha a su medida, sus respiraciones entremezcladas, y sus cuerpos chocando era lo único que se lograba escuchar en la habitación.
Ella subió sus piernas para aprisionarlo aún más, cada que salía de ella y volvía a entrar, Sasha ensanchaba sus músculos, como intentando mantenerlo dentro, para no dejarlo ir de ella… si tan solo supiera que no era necesario aquello que él podría morir feliz en esa cárcel, vivir eternamente en ella, morir y resurgir de sus cenizas en ella, sus movimientos eran erráticos, y no sabía realmente cuál era el ritmo adecuado, sí lo hacía bien o mal, no había punto de comparación real para lo que estaba haciendo en ese momento, pero continuó porque quería llevarla con él hasta el final.
-No te vayas de mí, nunca, jamás—fueron las palabras que Sasha balbuceaba en susurros a su oído.
Sentía la calidez de su interior, sus manos temblorosas recórrele la espalda, y el peso de esas palabras, lo que implicaban, movían cosas en su interior, su piel dorada se encontraba brillosa de las gotas de sudor bañando su cuerpo, completamente sensible a su tacto y voluntad, mientras los ojos de su amada se percibían vidriosos, y sentía sus labios recorrer un camino de su barbilla a su cuello, despertando en él una posesividad que ignoraba, una voz en su interior gritaba MIA, con todas sus letras, y le gustaba como sonaba aquello.
-Jamás—dijo Sísifo con voz entrecortada, mientras estaba seguro de que alcanzaría nuevos niveles en su conexión con ella.
La sonrisa en su rostro inmaculado y aperlado por el calor que emanaba de sus cuerpos era demasiado, no sabía cómo controlar esa sensación fría que se apoderaba de la boca de su estómago, la intensidad de las sensaciones que chocaban en su interior, el amor infinito que se apoderaba de su ser, comenzó a embestirla de manera salvaje, sintiendo que la piel le estorbaba y no era suficiente el tenerla de esta manera.
-Siento, siento que voy a explotar—la voz de Sasha sonaba como un sollozo, mientras se aferraba más a su espalda. Sísifo se sentía igual, sentía que estaba a punto de explotar y perder el control de la mejor de las maneras.
-Hazlo conmigo amor, sube a tocar las estrellas conmigo—dijo sin aliento, conectando sus miradas, rozando sus narices, besándola con abandono total, mientras besaba su frente y sus cienes tiernamente. En ese momento tocaron juntos el cielo sin tener que morir, perdidos en su ensoñación se quedaron dormidos juntos, aferrados a sus cuerpos, completamente compenetrados uno con el otro, en éxtasis total por haber compartido aquel momento.
Se despertó con un gemido en los labios, sintiendo aquella liberación involuntaria, sus sabanas estaban manchadas por lo que acababa de sucederle, era un sueño, claro que había sido un sueño, ¿en qué estaba pensando?, Sasha jamás se presentaría así en sus aposentos, mucho menos lo asaltaría de esa manera, y él jamás se permitiría profanar a su diosa de aquella manera tan lasciva... pero por Hypnos que había sido el mejor de los sueños, tan vivido, podía casi sentir sus manos recorriéndole la espalda, sus labios. Había sido tan real que podría jurar que su aroma permeaba en sus sabanas, vainilla y jazmín, el caballero se dejó caer de espaldas una vez más entre sus sabanas extendiendo sus manos, con una sonrisa derrotada e irónica entre sus labios, volteó a su lado izquierdo, fijando su atención en la almohada junto a él, se levantó un poco tomando con su mano un hilo morado que estaba en ella, no era un hilo, era un cabello, la incredulidad tomó presa a sus facciones, mientras la ilusión se apoderaba de su corazón.
…...
Los santos habían logrado por fin llegar al lienzo perdido, sin embargo el guardián de la puerta, el espectro de Pharaoh de la Esfinge, se encontraba en el lugar, el espectro utilizaba una técnica llamada la Balanza de la Maldición, esta técnica le permitía arrancar el corazón de su contrincante y pesarlo, equilibrándolo con una pluma, si el corazón pesaba más que la pluma, querría decir que sus sentimientos e ideales no eran puros, por lo que morían como sacrificios… el truco estaba en un hecho sumamente simple, la puerta al lienzo perdido y a Hades, solamente se abriría si la balanza quedaba equilibrada con dicha pluma, mediante el sacrificio de un corazón justo y verdadero.
En las puertas de aquel lugar se encontraban varios santos de plata, Shion, Dohko, Tenma, Sasha y desde luego Sísifo, que estaba sumamente mal herido después de una batalla contra Garuda. La risa estridente del espectro de la esfinge inundó el lugar, mientras los cuerpos de tres santos de plata caían a sus pies.
-Es una lástima que los corazones de los santos no sean verdaderos—soltó con total intención, mientras lagrimas corrían por las mejillas de la diosa al ver a sus caballeros caídos—veamos, ¿quién sigue?—la vista del espectro se giró hacía su audiencia, siendo interrumpido inmediatamente por la diosa.
-Yo confió en mis caballeros plenamente, todos son valerosos luchadores merecedores de su armadura, pero ningún otro sacrificio será necesario, será mi corazón el que ocupará la balanza—la voz de Sasha era firme, mientras una mirada decisiva se mostraba. Todos los caballeros se intentaron interponer sin éxito alguno, la diosa estaba a punto de brindar su corazón como el último sacrificio.
Esto era increíble, la misma Athena se estaba ofreciendo en bandeja de plata, el señor Hades estaría tan satisfecho, la guerra podría terminar en ese instante y el vencedor sería él, el espectro hizo una seña para que se acercara, pero Sísifo fue más rápido que ella, colocando su corazón en la balanza.
Fueron unos simples segundos en los que Sasha se quedó boquiabierta, y miraba a la espalda del caballero frente a ella, las alas de su armadura estaban rotas, mostrando una imagen similar a la de un ángel caído, sangre brotaba de sus manos, y tenía una leve cortada en su nuca, su banda roja característica ya no amarraba su melena como normalmente lo hacía, seguramente se habría caído en alguna de sus batallas. Se hecho al suelo a romper en llanto.
-No—dijo con reproche Sasha, mientras le enviaba una mirada recriminándole el acto, sorprendiendo a todos los presentes. El aludido se volteó, mirándola tirada en aquel lugar de escombros, indigno de ella, se agachó y la tomó en sus brazos saboreando un poco más de lo debido el momento, mientras la levantaba del suelo.
Sus nudillos acariciaron tiernamente sus mejillas, mientras en su corazón él sabía la verdad de lo transpirado entre ambos, jamás le había preguntado la razón por la cual había ido a su lecho aquella noche, ni el motivo por el cual se había ido de su lado en plena madrugada, haciéndole pensar por un momento que todo había sido un simple sueño. Porque la verdad no se la podía esconder, así como nunca podría negar la verdad de su corazón.
Las manos de la diosa estaban aferradas a su nuca, sorprendiendo a los espectadores, sin embargo, en ese momento eran ellos dos únicamente, ajenos completamente a todas las miradas posadas sobre ellos. Sasha se paró de puntillas y lo besó profundamente, mientras seguía derramando amargas lágrimas y lo veía con terror.
-¿Por qué lo hiciste?—dijo en un susurro, mientras le daba pequeños golpecitos en el peto de la armadura, cualquiera que presenciara aquella escena diría que ya habían perdido la guerra santa.
-Es obvio Sasha—dijo el caballero que con sus manos en la suyas volteó a ver la balanza, que sorprendentemente se inclinaba del lado de la pluma y no del contrario—es porque tú eres mi corazón, tú y solamente tú eres la verdad de mi alma, de la justicia por la que lucho, y del profundo amor que me invade… y es esa la verdadera gravedad del amor, lo que inclina cualquier balanza en nuestro favor, lo que es capaz de abrir cualquier puerta—
Como si de una orden se tratase, la balanza terminó por inclinarse, haciendo que el corazón del caballero de Sagitario regresara a su origen, y que la técnica del espectro se voltease en su contra, tomando su propio corazón como sacrificio.
-Prométeme que jamás me harás pensar que viviré sin ti—exigió Sasha, mientras observaba la rendija en la puerta, la antesala a su batalla final estaba abierta, y todos hacían acopio a su valor—prométeme que nunca me harás sufrir tu ausencia—
-No importa la vida, el tiempo, universo… siempre te encontraré—
-Siempre—repitió la diosa.
Ninguno de los dos supo que sus destinos estaban marcados por el nunca jamás y la imposibilidad de respetar aquella promesa.
