Hola, hola mi gente bonita del fanfiction, ¿Cómo están? Espero como siempre que estén de maravilla.

Como siempre quiero agradecer inmensamente a todos cuantos sigue esta historia, a quienes la han puesto en favoritos, y a todos aquellos lectores anónimos…o sí, y por supuesto también a todos a aquellos que me dejan algún comentario, ¡los amo!

Una disculpa grandota al puro estilo del tigre caído, por todos los errores y horrores ortográficos que seguramente habrá.

Los personajes no me pertenecen son las brillantes mentes de Rumiko San y de Suzanne Collins. Quienes son autoras de Ranma y de Los juegos del hambre. Por lo tanto, esta historia es sin fines de lucro.

Sin más por el momento, nos leemos al final del capitulo y espero que disfruten la lectura.


.

Capitulo 10. Hambre

.


Ranma

Los tonos naranjas se transforman lentamente en purpuras e índigos, algunas estrellas empiezan a titilar a pesar de que aún no ha oscurecido completamente, el aerodeslizador crea viento que mece con fuerza la copa de los árboles, se coloca sobre la zona estático, flotando a unos diez metros del suelo, su motor no produce ruido alguno, se abren dos compuertas de la base y sale una pinza grande colgada de un cable metálico que recoge el cuerpo de Picolet y lo sube al interior de la nave, luego se mueve unos metros y de nuevo la pinza sale y recoge el menudo cuerpo de Rue.

Akane no dijo nada y yo tampoco, solo nos detuvimos a unos metros de distancia, nos sentamos en un tronco derribado y esperamos en silencio, tomados de la mano. No quise irme hasta que vinieran por ella, no quería que por ningún motivo algún animal carroñero intentara devorarla, (no me preocupan los tributos restantes, la regla sobre canibalismo es muy estricta).

Después de que el aerodeslizador desaparece y el bosque queda en silencio, por fin giro mi rostro, observo cada detalle de su rostro, su delicada nariz respingada, sus labios carnosos y pequeños, el brillo de sus ojos, las marcadas ojeras azuladas debajo de ellos, las puntas chamuscadas de su cabello azul, la expresión de desolación y abatimiento que empañan su dulce rostro manchado de tierra, ahora ella me observa también y de pronto se lo que está diciéndome sin palabras, porque yo siento lo mismo que ella.

Odio.

Ese es el sentimiento que se superpone a cualquier otro que sienta en estos momentos.

Odio hacia el Capitolio y su maldito e insano deseo de derramamiento de sangre inocente, porque ¿qué podría haber hecho una dulce niña como Rue contra ellos, para que la condenaran a muerte?, para que la condenaran a una vida de miseria y hambre, de desesperación y miedo. ¿Qué hemos hecho nosotros para merecer estar aquí, en está arena?, ¿por qué hemos sido elegidos para divertir a unos cuantos mientras todos los demás distritos de Panem sucumben ante los deseos del Capitolio y del presidente Happosai?

No seré una pieza más de sus juegos, no estoy seguro de que es lo que hare, pero ellos no determinaran mi muerte ni la de Akane, si debo morir y así tendrá que ser para que ella salga de este infierno, será bajo mis propios términos.

Alzo mis ojos al cielo nocturno tapizado de estrellas y escucho suspirar a mi compañera.

Un pequeño paracaídas plateado se desliza por el cielo nocturno hasta llegar a nuestros pies, ambos lo miramos confundidos y luego Akane extiende sus manos para tomarlo, abre el contenedor metálico y saca una nota de papel doblada por la mitad.

- "No permitan que la llama se apague", – lee Akane y luego saca del contenedor una hogaza de pan de granos oscuros, del tamaño de un puño con la forma de una media luna y espolvoreado con semillas. – Es el pan distintivo del 11, - dice ella y se tapa la boca con los dedos de la mano, como para suprimir un sollozo.

No sé qué quiere decir esa frase, pero el pan, se lo que significa, es un agradecimiento por lo de Rue, por la forma en que Akane la cubrió de flores. No puedo imaginar el costo de esto, tanto los distritos del 11 y el 12 son los más pobres de todo Panem, y a estas alturas de los juegos cualquier cosa que se mande a los tributos tiene un costo altísimo, esto no lo mando Tofu, esto no lo mandaron los mentores de Rue y Shinnosuke, esto es un regalo invaluable de muchos de los habitantes del 11 y no imagino lo que tuvieron que hacer para juntar el dinero suficiente para esto.

-Gracias distrito 11, - consigo decir, aunque mi voz suena rota.

-Gracias distrito 11, - repite Akane a mi lado, mientras divide el pan en dos partes y me da una.

Comemos en silencio y luego de un rato mi compañera de distrito, la hija del panadero, la chica por la que daría mi vida con gusto, habla.

-Vamos, - dice ella con la voz apagada, - es hora de irnos de aquí, necesitamos un refugio, conozco uno, no está muy lejos de aquí, pero creo que debemos ser cuidadosos, no sé qué peligros esconda la arena durante la noche, eso sin contar a los otros tributos, - dice mientras me observa con intensidad y genuina preocupación.

-Tienes razón, debemos irnos.

El himno comienza a sonar como cada noche, y esta vez se exactamente cuáles serán los rostros que estarán ahí arriba y, aun así, no puedo evitar mirar. El dulce rostro de Rue, con una sonrisa nerviosa y sus grandes ojos castaños y brillantes, me recuerda que no fui los suficientemente fuerte como para protegerla. Akane se sorbe la nariz a mi lado. Luego aparece el rostro del rubio y apuesto chico del uno, Picolet, que, aunque a mi parecer merecía morir, realmente ver su rostro ahí arriba me recuerda que fui yo quien le arranco la vida. Uno más que aparecerá en mis pesadillas esta noche.

Antes de levantarnos ambos sacamos gafas de visión nocturna y caminamos, yo detrás de Akane tambaleante y torpe, creo que la fiebre ha subido. ahora después de que la adrenalina de mi sistema se esfumara, por fin siento el malestar en todo el cuerpo, el costado me arde y me palpita dolorosamente y pareciera que mi cabeza va a explotar.

No sé por cuanto tiempo hemos caminado, pero siento como si hubiera sido una eternidad, ¿Cómo podre protegerla si estoy muriendo?, ¿Qué voy a hacer para asegurar su victoria? Demonios, las piernas me fallan, la vista se me nubla.

Akane… su nombre se desvanece junto a la visión de ella caminando lentamente delante de mí.


Akane

Escucho el ruido sordo de su cuerpo cuando cae al suelo desmayado, esto era lo que me temía desde hace rato, pero no podía alejarlo del cuerpo de Rue, no hasta que él estuviera preparado.

La preocupación y la urgencia de llevarlo a un sitio seguro me embargan, y parece que la suerte está de nuestro lado esta noche porque a lo lejos y gracias a las gafas de visión nocturna puedo ver la entrada de la cueva. No sé si Shinnosuke estará aun ahí, pero no tengo más opción, aunque si él intenta cualquier cosa contra Ranma o contra mí ya que nuestra corta tregua se rompió, no dudaré en hacer lo que tenga que hacer.

Me arden los músculos, la distancia hasta la cueva no parecía mucha, pero Ranma es pesado y un poco más alto que yo, por lo que arrastrarlo hasta aquí ha sido una pequeña odisea, antes de entrar a la cueva lo dejo recostado contra una roca grande y preparando una flecha en el arco, me acerco sigilosa a la cueva, aunque sé que al arrastrar a Ranma fui bastante ruidosa, si hay alguien cerca seguro nos ha oído, debo estar preparada para cualquier cosa.

Para mi buena suerte la cueva está vacía y no hay indicios de que Shinnosuke o alguien más haya estado aquí desde que la dejamos hace unos días.

Consigo meter a mi chico de ojos azules a la cueva y escondo la entrada con algunas ramas. Un animal no miraría dos veces, pero una persona si, a pesar de eso no hay nada más que pueda hacer así que me arriesgo también a encender fuego por que el frío es cada vez más intenso y además necesito luz.

Reviso la herida de Ranma levantando solo un poco la venda de su torso y por lo poco que consigo verme doy cuenta de que está peor, no entiendo como rayos logro hacer todo lo que hizo durante el día anterior mientras me buscaba y buscaba Rue, no concibo como hizo todo eso con esta herida tan terrible. Está ardiendo en fiebre, su piel esta enrojecida y brillante por el sudor frío que emana de su piel afiebrada. Retiro con cuidado el flequillo que se le pega a la frente, rebusco en los rincones de mi mente todo lo que mi madre me enseño cuando aún vivía, así que sin pensarlo más desenrollo la bolsa de dormir que Ranma tenía en su mochila y luego la manta plástica, después mis manos tiemblan un poco antes de desabrochar su cinturón, pero me regaño, este no es momento para nerviosismo, es necesario hacer esto.

Lo desvisto con cuidado intentando que mis ojos no se pierdan en lo maravilloso de su esculpido cuerpo, por segundos divago observando el contorno de sus antebrazos, he imagino de qué color serían los vellos que deberían recubrirlos, pero al igual que yo el único cabello que tiene Ranma en estos momentos esta en su cabeza, su cabello azabache, seguro los estilistas nos hicieron algo para inhibir el crecimientos de vello, aun así me lo imagino y pienso en cómo sería ver esa fina capa de vello sobre sus antebrazos y sus fuertes piernas o aquellos que desde su ombligo formaran una delgada y muy fina línea, que se perdiera debajo de su ropa interior. Mi mirada se pasea inconscientemente en los músculos marcados de su pecho, en sus clavículas y su garganta, me reprendo de nuevo, me sonrojo y me apresuro dejándolo en ropa interior y lo recuesto con esfuerzo en la bolsa de dormir.

Su ropa esta empapada de sudor gracias a la fiebre así que la extiendo frente a la fogata en una roca para que se seque, me gustaría lavarla, pero eso es imposible por estos momentos, tendremos que conformarnos con esto. Saco el botiquín de su mochila y mientras mastico hojas medicinales, quito la venda que rodea su torso por completo, retiro la gasa que está pegada con sangre oscura y pus que mana de la herida, un terror sordo golpea mi interior y la maldita pregunta que no quiero formularme bailotea en los rincones de mi subconsciente, un miedo sordo me atenaza las entrañas, ¿y si Ranma muere?

Trago saliva intentando deshacer el nudo que se ha formado en mi garganta, y pestañeo intentado reprimir las lágrimas que se han formado en mis ojos, aunque no puedo evitar que algunas resbalen por mis mejillas.

- ¡No permitiré que mueras Ranma Saotome! ¿Me estas escuchando?, tú no morirás, porque serás tú quien gane los juegos del hambre, serás tú quien vuelva a casa, te lo prometo.

Se que él no puede escucharme, esta inconsciente, pero necesito escucharlo, necesito creerlo, quiero que Tofu me oiga porque sé que el antiséptico, los analgésicos y la pasta de hojas no podrán combatir esta infección, no después de ver las venas oscuras que rodean la herida, quiero que me escuchen los patrocinadores, quiero que me escuche el doce, que alguien, quien sea nos mande la medicina para Ranma.

Septicemia, o al menos eso es lo que parece y mis manos tiemblan mientras pongo una gasa limpia en la herida.

Necesito que me envíen medicina, necesito que Ranma mejore.

Por favor, ayúdenme a salvarlo, pienso aterrada.

Paso la noche en vela, cambiando el paño húmedo de su frente una y otra vez.


Me quedé dormida en algún punto de la noche, despierto con el corazón acelerado porque las pesadillas en las que Ranma moría en mis brazos me acosaron el poco tiempo que dormí.

Ranma está despierto mirándome en silencio.

- ¿Por qué no me despertaste antes?, - pregunto al instante, cuando noto la luz que se filtra por la improvisada barricada que hice anoche con ramas, no es tan tarde, cuando mucho pasará del medio día.

Me acerco a gatas hasta él y toco su frente, aún está ardiendo, por eso su mirada está perdida, su semblante es extraño y su piel tiene un tono cetrino.

- ¿Cómo te sientes?, - pregunto mientras saco del botiquín unos analgésicos y una botella de agua y se las ofrezco.

-Mejor – dice y se tomas las pastillas, pero solo da un trago pequeño a la botella y la deja a un lado.


Ranma

He despertado hace unos minutos, Akane esta acostada a mi lado, se ve exhausta y se que es por mi culpa, por mi debilidad, porque estoy muriendo.

Al principio me sentí inquieto y desorientado, no sé cómo llegué aquí, pero después de que mi corazón dejara de latir con tanta velocidad, me di cuenta de que seguro a este lugar se refería Akane cuando dijo que conocía un refugio seguro. Es una cueva y no imagino lo mucho que ella tuvo que batallar para traerme hasta aquí, porque lo último que recuerdo es caminar por el bosque antes de desvanecerme como un maldito debilucho.

Siento unas inmensas ganas de llorar, pero no lo hare, ya basta de llorar como un maldito cobarde, ya basta de comportarme como si fuera un niño, soy un hombre a pesar de que solo tengo 16 años, soy un hombre desde el instante en que mi padre murió en esa mina y tuve que hacerme responsable de mi familia.

Quiero levantarme e ir a cazar a los tributos restantes, quiero terminar con este maldito juego de mierda, pero mi cuerpo no responde, al menos no como yo quisiera, el dolor es incapacitante, incluso me cuesta respirar, la infección se está colando a mi sangre lo sé, me devano los sesos pensando que rayos puedo hacer estando así, tal vez la única manera en que puedo ayudar a que Akane gane es dejando de ser un estorbo, dejando de ser una carga para ella por qué eso es lo que soy ahora, un maldito lastre que le impide concentrarse en salir de aquí.

Busco a tientas en mi cadera alguno de mis cuchillos y es entonces que me doy cuenta de que estoy prácticamente desnudo, bueno en ropa interior.

Siento la cara arder aun más de lo que la fiebre lo hace y de nuevo mis ojos de posan en ella, se agita levemente y gimotea de manera ininteligible, supongo que debe tener algún mal sueño.

Estiro mi brazo todo lo que puedo y acaricio su mejilla con la punta de mis dedos, eso parece funcionar porque ha dejado de agitarse en sueños.

Demonios Akane, no permitiré que nada te pase por mi culpa, aun si la única manera es que yo tengo que morir antes de tiempo.

El sol empieza a filtrarse por entre las ramas que seguramente ella puso para camuflar la entrada de la cueva, un pequeño rayo de luz centellea al reflejarse en uno de mis cuchillos, puedo ver las fundas que están unidas al cinturón, tomo uno de los cuchillos, tengo claro lo que debo de hacer, ya no extenderé por más tiempo esto, mientras yo siga con vida ella se sentirá con la obligación de cuidarme y no puedo permitir que eso siga sucediendo.

El rostro de la pequeña Rue con la mirada perdida y los labios manchados de sangre aparece en mi memoria, aprieto los ojos con fuerza, no llorare más, aspiro con fuerza a pesar de que esto ocasiona una punzada de dolor en mi costado.

Vuelvo a mirar a Akane mientras coloco el cuchillo en mi muñeca, será rápido espero, estoy a punto de cortar la piel cuando ella abre los ojos, observándome primero con alivio y luego con preocupación. Demonios no puedo hacerlo, no quiero dejar de ver sus hermosos ojos, no puedo, soy un maldito inútil incluso para esto. Escondo el cuchillo debajo de mi cuerpo antes de que ella lo note.

- ¿Por qué no me despertaste antes?, - me pregunta mientras me observa fijamente y se acerca a gatas poniendo su pequeña mano en mi frente - ¿Cómo te sientes?, - vuelve a preguntar.

Y yo deseo gritarle que se largue y me deje morir aquí, que no quiero verla sufrir a mi lado, pero en lugar de eso, mi boca toma control propio.

-Mejor, – digo con una voz que casi no reconozco, y luego me tomo las pastillas y bebo un trago de agua de la botella que me ha extendido.


Akane

-Tenemos que hablar, - me dice y rehúye mi mirada.

-Lo sé, - contesto porque sé que tenemos que hacerlo, mientras Rue estaba con nosotros no pudimos hablar de nada importante, no hubo tiempo para eso. -Pero primero debemos comer algo, así te pondrás bien más rápido.

Sonrió para él, pero rápidamente me volteo mientras busco las pocas provisiones que aún quedan en la mochila de Ranma un paquete de galletas saladas y uno de fruta seca, porque no quiero que vea lo difícil que ha sido para mí obligarme a sonreír, obligarme a decirle que se pondrá bien, porque sé que no es así, él no se pondrá bien, trago saliva intentando deshacer el nudo que se ha instalado en mi garganta.

Tenemos que hablar antes de que se nos acabe el tiempo.

Prácticamente lo obligo a comer, lo alimento en la boca como si fuera un niño pequeño, trocitos de galleta y unas cuantas frutas secas es lo único que consigo que coma, me enojo y quiero gritarle, pero ese sentimiento rápidamente se transforma en culpa porque si él está enfermo, si él está… muriendo, es por mi culpa, por protegerme.

Ambos escuchamos el suave pitido que emite el paracaídas y nos miramos confundidos, luego yo me levanto como un resorte con esperanza e ilusión porque quizás sea lo que he deseado, puede que sea la medicina para Ranma.

Salgo de la cueva y busco el paracaídas, me asombra ver que el paquete es bastante más grande que el de la pomada para las quemaduras y más grande que el que contenía el pan del 11.

Es prácticamente del tamaño de una caja de zapatos, incluso puede que un poco más grande, vaya a lo mejor también enviaron más vendas y antisépticos.

Mi decepción es grande cuando lo abro, siento la ira arder en mi interior y estoy a punto de lanzar varias maldiciones cuando veo el cuadrado de papel doblado, lo desdoblo y es casi como si estuviera escuchando a Tofu, y quiero rodar los ojos e incluso soltar una carcajada, pero me contengo.

"Estoy seguro de que puedes ser más cariñosa que eso preciosa, dame algo con que trabajar".

Sí, él muy idiota está molesto…él, como si tuviera derecho, pero la esperanza regresa a mí, porque puede que eso significa que por fin ha decidido ayudarme a salvarlo. Lo pienso detenidamente y comprendo lo que me pide, me sonrojo gravemente. Pero está decidido, si esta es la manera en la que me va a ayudar como lo prometió, que así sea.

Entro a la cueva con una gran sonrisa y Ranma me espera ansioso.

- ¿Es medicina? – me pregunta con un dejo de esperanza.

-No, - miro su semblante decaer, - creo que nuestros patrocinadores quisieron darnos algo especial, - digo intentando sonar alegre, coloco frente a él la caja y la abro.

El contenido es absurdo, pero entiendo lo que Tofu intenta, quiere un momento romántico, quiere que hablemos, quiere una historia que vender y yo se la daré.

Saco los platos, los cubiertos y los vasos de cristal, y luego el refractario, lo abro y de inmediato el delicioso aroma inunda la cueva, es estofado de cordero con pasas y un termo con una bebida burbujeante y de sabor ligero que nunca había probado. Y por último una pequeña caja con calmantes para el dolor con únicamente dos pastillas, son fuertes, las tenemos en la panadería, son tan fuertes que pueden provocar adicción, y si tomas más de una pastilla prácticamente te noquean por varias horas.

Saco una y la rompo en dos, le doy solo una mitad a Ranma y luego sirvo el estofado y la bebida en los vasos.

Ranma se rehúsa a comer nuevamente, un tono verdoso colorea su rostro y no puedo culparlo por sentir nauseas, pero es necesario que coma, ahora más que nunca tengo esperanzas nuevamente de que él saldrá de esta y sobrevivirá, sino Tofu no se habría tomado la molestia de mandarnos algo tan tonto como estofado cuando podría haber mandado algo mucho más útil.

-Te quiero, - le digo sin siquiera detenerme a pensarlo y me sonrojo fieramente, después de pensar y pensar como iniciar la conversación, es lo primero que se me ocurrió.

Él sonríe y por fin toma el plato y se lleva una cucharada del estofado a la boca haciendo un gesto de asco involuntariamente.

-Lo sé… yo…- calla por unos momentos titubeante y luego prosigue - es la segunda vez que lo dices, - dice por fin, no sabría decir si se ha sonrojado, porque su estado febril me impide notarlo, pero agacha la mirada y la enfoca en su plato. – Lo de los profesionales… sabes que lo hice por ti ¿cierto? Unirme a ellos, fue para protegerte, - dice intensamente mientras me observa a los ojos, esperando mi reacción.

Sinceramente escucharlo de sus labios ha sido un gran alivio porque a pesar de todo, la duda de porque se había unido a ellos me hacía desconfiar, no lo niego. Así que solo sonrió para él, y ahora no me he forzado a hacerlo, aunque el hecho de que él no me ha dicho que también me ama me descoloca un poco, pero no es momento de pensar en eso, el show debe continuar, imagino que justo ahora debemos estar en cada pantalla de Panem, debe haber cámaras ocultas en la cueva haciendo zoom a nuestras expresiones y miradas, estoy segura, aunque no he visto ninguna y si esto es lo que quieren entonces tendré que dárselos, si con esto consigo salvarlo a él.

- ¿Recuerdas la noche de la entrevista? – pregunto y doy un sorbo a la bebida burbujeante que hace que mi cabeza se sienta ligera, él me observa intrigado como queriendo saber a dónde quiero llegar con esta pregunta así que solo asiente sin dejar de observarme curioso – cuando Taro te pregunto si había alguna chica especial y tú le dijiste que había una y dijiste que seguro que para ella no eras nadie importante y que seguro ni siquiera te había notado antes.

-Sí, lo recuerdo, - me dice y gracias al cielo noto que su voz ya no suena tan rota, creo que el calmante ha hecho efecto y se siente un poco mejor.

-Bueno… si te había notado Ranma, desde hace años, eres importante para mí…siempre lo has sido desde que te vi por primera vez y me quede prendada de tus ojos…tus ojos azules, - digo sin miedo, y sé que sueno cursi, pero no me importa si es la última oportunidad que tengo de confesarle todo antes de que esto termine, antes de morir quiero que él lo sepa, aunque todo Panem se entere también, ya nada me importa.

Él suspira y me observa, puedo notar la pregunta en sus ojos ¿Por qué me dices esto aquí?, ¿Por qué ahora?

-Te digo esto porque se nos acaba el tiempo Ranma y no quiero… morir sin decírtelo, - pienso la palabra, pero no la digo – dejar esto así, necesito que lo sepas antes de que todo termine. – me observa y asiente como comprendiendo lo que quiero decir entre líneas, - la primera vez que te vi fue en el valle, mi madre y yo caminábamos de vuelta del – me detengo unos segundos porque estuve a punto de decir que veníamos del bosque, pero por obvias razones no debo decirlo, así que rápidamente digo lo primero que se me ocurre, - mercado.

Él me observa curioso porque sabe perfectamente que el mercado no está ni remotamente cerca del valle.

-Tú padre y tu caminaban por el valle mientras tu corrías como poseso recogiendo dientes de león, creo que tendríamos unos 5 o 6 años, y aun así no podía apartar mi mirada de ti, aunque obvio no sabía lo que estaba sintiendo porque era una pequeña niña, quizá solo me pareciste un niño raro. Mi madre me jalo y se acercó a ustedes, empezó a platicar con tu padre y luego tú te caíste y empezaste a llorar.

- ¡Oh, no puede ser verdad!, - casi grita Ranma sonriendo.

-Por supuesto que sí, pero seguro no lo recuerdas.

-Sí, lo recuerdo, pero no sabía que eras tú, solo recuerdo a un niño cubierto de pies a cabeza en barro.

Siento que enrojezco y un ligero malestar me invade, - no era un niño obviamente, solo que en ese tiempo tenía el pelo corto y si estaba llena de barro era porque me había caído en un charco, un día antes había llovido, había muchos charcos de lodo - le digo indignada cruzando los brazos.

Ambos reímos, nos hemos terminado el estofado y la verdad me siento mejor con el estómago lleno y viendo sonreír a Ranma.

-Así que, eras bastante marimacho desde chiquita, - dice con una sonrisilla pícara, pero no le hago caso.

-Como te decía, - digo ignorando olímpicamente su comentario, - estabas llorando porque te caíste así que no pude evitar acercarme a ti para saber si estabas bien, entonces cuando me pare frente a ti, de pronto te callaste y me miraste detenidamente, la luz del sol te daba directo a la cara y tus ojos estaban igual de claros que el cielo, de un azul intenso, es extraño, pero te juro que mi corazón latió de manera distinta y desde ese momento supe que… - hago una pequeña pausa antes de continuar, - te amaría toda mi vida Ranma.

Él me observa con detenimiento y una sonrisa triste aparece en sus labios, - te veía fijamente porque pensé que eras una especie de monstruo chiquito o algo así.

- ¡Ranma! – grito, indignada, yo aquí abriendo mi corazón y él con sus tonterías, me cruzo de brazos y decido que ya no diere nada, idiota, pienso desviando mi mirada de él y su petulante sonrisita.

Siento sus brazos alrededor de mi cuerpo, sigue caliente, estoy a punto de hacérselo notar y recostarlo para que descanse, pero entonces escucho su voz tan suave que me hechiza y me hace olvidar cualquier otra cosa que no sea su voz.

-Era el primer día de clases. Mi padre me llevo al colegio ese día, recuerdo que casi todos los niños llorábamos y entonces mi padre dijo, ¿mira, vez a esa pequeña niña? mientras te señalaba. Te vi de espaldas con tu corto cabello azul revoloteando con el viento al igual que tu vestido a cuadros rojos, escuché tu risa e ibas saltando tomada de la mano de tus hermanas. Mira, ella no está llorando Ranma, dijo mi padre, - no puedo evitar reír bajito, él también lo hace, pero prosigue, - así que me dije, si ella puede yo también. Ya sabes, el orgullo de un hombre. Después en el salón de clases la maestra pregunto ¿quién conoce la canción del valle? y tú literalmente saltaste del pupitre levantando la mano, la maestra te hizo pasar al frente, subir a una tarima y sin pena alguna empezaste a cantar frente a toda la clase. Juro que el tiempo se detuvo Akane, todos callamos escuchándote y luego algunos sinsajos que estaban afuera en un árbol en el patio empezaron a cantar contigo. No sabía lo que sentía por ti, pero cuando lo descubrí tiempo después, entendí porque mi corazón latió tan fuerte aquella vez, supe porque después de eso te seguía con la mirada cada vez que podía, y donde quiera que estuviéramos, aunque fuera una multitud podía encontrarte sin esfuerzo como si sintiera tu sola presencia.

Me deshago de su abrazo para mirarlo a los ojos y se lo que dice sin necesidad de usar palabras.

Es inevitable, nuestros labios se unen, primero suavemente y luego la intensidad aumenta igual que aquella primera vez, él me está diciendo sin palabras todo lo que no ha dicho. Que me ama, que me necesita, que me desea, nada importa, bien podría entrar algún muto o algún tributo para asesinarnos y no me importaría porque lo único que me interesa en estos momentos es estar así con él.

Su lengua acaricia la mía con suavidad, causando descargas eléctricas que recorren todo mi cuerpo, siento sus dedos clavándose con fuerza en mi cintura aferrándose a mí, estamos sentados en la bolsa de dormir y entonces él empieza a recostarse sobre mí, mi fuerza de voluntad, esa que me grita que todo Panem nos observa, no es nada comparada con su abrazadora pasión, esta entre mis piernas besándome con hambre, un hambre tan distinta a la que conozco.

Una de sus manos esta sobre mi piel dentro de mi camisa y sube peligrosamente por mis costillas casi hasta mi pecho, sus besos ya no son únicamente para mis labios, él me besa la quijada y el cuello e incluso muerde suavemente mi piel y el lóbulo de mi oreja, un nudo se aprieta en mi estómago naciendo de mi intimidad y un deseo desesperado de sentirlo más cerca de mí se apodera de mí, y entonces decido que yo también quiero tocarlo, necesito hacerlo, y es cuando me doy cuenta de algo importante al pasar con suavidad las puntas de mis dedos por la cálida piel de sus hombros. Ranma aún no se ha vestido, aún permanece en ropa interior y eso por algún motivo solo incentiva el hambre que se ha desatado en mi cuerpo.

-Ranma – consigo decir a través del nudo en mi garganta y él en respuesta a mi llamado prácticamente gruñe y mueve sus caderas hacia adelante envistiéndome entre las piernas, causando ondas de placer que se expanden por todo mi cuerpo, siento algo duro clavándose en mí, intentando encontrar algún resquicio por donde entrar.

Me enloquece y lo abrazo con fuerza deseando sentir aquella deliciosa sensación de nuevo, pero el sonido que el profiere no me enciende igual que antes, al contrario, me alarma, ha sido un quejido, Ranma se ha quedado quieto, respirando con fuerza y apretando los ojos, concentrado en contener el dolor, lo he lastimado, al darme cuenta de que mis manos aun lo aprietan con fuerza de los costados lo suelto al instante.

-Lo siento Ranma, perdóname lo olvide, - digo prácticamente suplicante.

-No te preocupes, yo también lo olvide, no fue tu culpa - abre los ojos y me sonríe, pero es una sonrisa contorsionada de dolor.

Con cuidado consigo que se recueste para que descanse.

-Cuéntame algo Akane, lo que sea, solo…distráeme, por favor.

Me reprendo por no haberlo notado antes, que la fiebre había comenzado a subir de nuevo, que el dolor se expandía por su cuerpo otra vez y no hay mucho que yo pueda hacer.

-Está bien lo hare, pero mientras lo hago te cambiare el vendaje ¿está bien?, - el me observa apenado y puedo ver el dolor y la fiebre nublando su mirada de nuevo, me siento fatal, pero no quiero asustarlo – ya estás un poco más fresco, - le digo intentado parecer casual, - te mejoraras pronto, ya lo veras. – Miento deliberadamente.

No sé qué decirle, de pronto una pena inmensa me empaña las ideas y también la preocupación empieza a crecer de nuevo, me concentro en quitarle la venda del pecho con cuidado, él nota mi mutismo así que con la voz temblorosa habla.

-Cuéntame de tu madre, ¿Cómo es que era amiga de mi papá? No tenía idea de que se llevaran bien o si quiera que se conocieran.

Agradezco que él haya sacado el tema, aunque es muy probable que tenga que omitir e incluso cambiar mucha de la verdad. – Ella, ella era maravillosa Ranma, la mejor madre del mundo, ella me enseño las cosas que sé, - le doy una mirada significativa para que entienda que hablo sobre el uso del arco y mis otras habilidades, él asiente dándome a entender que lo comprende, yo sonrío sutilmente. – Era magnifica, originalmente ella vivía en la veta, tu padre y ella eran vecinos y… cuando eran jóvenes, fueron novios.

El me observa asombrado - ¿Cómo lo supiste?, que fueron novios, ¿ella te lo dijo? – pregunta curioso y sorprendido, lo cual es bueno porque significa que se distrae del dolor, así que prosigo.

Asiento con la cabeza antes de continuar, – ujum, mi madre solía contarme historias de su niñez y juventud, cuando pasábamos tiempo a solas, en el bosque, - pienso, pero no lo digo, - a aquella vez que los vimos en el valle y nuestros padres se encontraron, le siguieron otras más, pero en la mayoría tú no estabas presente. Tu padre era un hombre amable. Siento lo que le paso, - añado y él cierra los ojos y traga duro, solo puedo imaginar cuanto amaba a su padre y cuanta falta le hace aún.

-Gracias, yo también lo siento, - dice evitando mi mirada y casi en un susurro.

-En una de esas ocasiones en que nos topamos con él, le pregunte porque siempre que hablaba con él, ella no paraba de sonreír y entonces me lo dijo, que habían sido novios hacía mucho tiempo y que incluso habían hablado del tueste (matrimonio), pero al poco tiempo tu padre conoció a tu madre, mi madre a mi padre y bueno, el amor es más fuerte que cualquier cosa, ¿cierto? – y él asiente mirándome curioso, como si no acabara de creer lo que le digo.

No puedo decirle lo demás, no puedo contarle que sus padres se casaron por un desliz de parte de Genma Saotome, en el cual su madre quedo embarazada de un bebé que trágicamente nació muerto y que mi madre obviamente no pudo perdonarlo a pesar de amarlo, no puedo decirle que se casó con mi noble padre que siempre la había amado y admirado, por despecho, ni puedo decirle que años después, cuando yo tenía casi 10 años los encontré en el bosque besándose, que en aquél entonces sentí un odio inmenso por mi madre, su padre e incluso por él, pero que no duro demasiado. No puedo contarle que mi madre me suplico que la dejara explicarme, pero que yo furiosa corrí a decírselo a mi papá, porque no soportaba que estuviera engañándolo de aquella manera y fue entonces que mi padre me dijo que ya lo sabía y que no dejaría a mi madre a pesar de eso, principalmente por nosotras. Años después él me contaría la historia completa, para que dejara de sentir aquel rencor por ella, que él conocía los sentimientos de mi madre y aun así decidió unir su vida a la de ella.

Luego de que yo los descubriera mi madre por fin decidió dejar aquella relación extramarital y Genma también (no sé por cuantos años se habían visto a escondidas en la privacidad del bosque) y al poco tiempo mi madre murió de cáncer, uno que no sabía que tenía hasta que fue demasiado tarde, aunque de todos modos no habríamos podido hacer nada, se necesitan permisos especiales y mucho dinero para atender una enfermedad como la que tuvo mi madre. Y ahora me arrepiento de haberme entrometido en algo que no me incumbía, algo que quizás la habría hecho feliz los últimos días de su vida.

-Vaya, no tenía ni idea, - dice él y está a punto de decir algo más cuando el fuerte sonido del himno resuena en el bosque ¿en qué momento se hizo tan tarde? Ya ha oscurecido y ni siquiera hago el intento de asomarme para ver la proyección en el cielo porque sé que no ha muerto nadie hoy, no se ha escuchado el cañón.

Luego de que el himno finalice suenan trompetas y se escucha la voz de alguno de los vigilantes invitándonos a un banquete.

Es algo que siempre sucede, generalmente es casi al final de los juegos y se usa para propiciar un segundo baño de sangre al reunir a los tributos restantes, por lo general es literalmente eso un banquete, una mesa elegante con mantel blanco, cubiertos y todo tipo de comidas apetecibles y otras veces solo es un pedazo de pan rancio, a estas alturas el hambre es más común de lo que se piensa en la arena, pero nosotros no tenemos tanta hambre, las provisiones de Ranma se han terminado es cierto, pero yo puedo cazar y alimentarnos a los dos, así que sin siquiera pensármelo niego con la cabeza y descarto su propuesta. Ni loca pondría un pie ahí.

-Una cosa más, - dice la voz, - puede que algunos ya estén rechazando mi invitación, pero no se trata de un banquete normal. Cada uno de ustedes necesita una cosa desesperadamente. – Claro que necesito algo desesperadamente, la medicina para Ranma. – En la cornucopia, al amanecer encontraran unas mochilas con el número de su distrito grabado, piénsenlo bien antes de descartarlo, para algunos esta será su última oportunidad de sobrevivir.

-No, ni siquiera lo pienses, no vas a arriesgar tu vida por mí. – Me dice, mortalmente serio.

- Por supuesto que no lo haré, ¿acaso me crees tonta?, no pienso ir a ponerme en charola de plata para, Mariko, Shinnosuke y la comadreja. Que se maten entre ellos y ya veremos quien aparece en el cielo por la noche.

-Eres una pésima mentirosa – dice – no sé cómo has sobrevivido hasta ahora. – empieza a imitarme. - "Veníamos del mercado. Ya estás un poco más fresco. Por su puesto que no lo haré", será mejor que no te dediques al póker porque perderías hasta los zapatos.

Y yo enrojezco porque tiene razón, recuerdo la de veces que yo pensaba que varios de mis secretos eran solo míos y el chasco que me di cuando entendí que todo el mundo los conocía.

Chaqueo la lengua molesta. - Muy bien, es obvio que iré, ¡Y no puedes detenerme! – exclamo furiosa.

-Muy bien, te seguiré, intentare llegar a la cornucopia, pero si no lo logro gritaré tu nombre, así alguno de los tributos me encontrara, me matara y punto.

-No puedes caminar con lo mal que estas, - contraatacó.

-Me arrastraré, - dice sin inmutarse y lo creo capaz, - que te quede claro cabezota, si tú vas yo voy.

Me asombra su terquedad, y lo creo muy capaz de cumplir con sus amenazas, quizás no lo encuentre ningún tributo ya que quedamos pocos, pero quizá si lo haga otra cosa, y no pienso arriesgarme. Demonios.

- Y entonces, ¿qué propones?, ¿qué me siente verte morir lentamente? ¡No puedo hacerlo Ranma!

-No moriré te lo prometo, si tu prometes que tampoco iras al banquete.

Ha quedado claro, estamos parejos, ninguno cederá, entonces me acuerdo de los calmantes.

-Está bien. No iré, pero debes prometer que comerás todo lo que te dé, sin que tenga que rogarte que lo hagas y que no te quejarás por el sabor porque definitivamente ya no nos quedan muchas provisiones y tendré que improvisar con lo poco que nos queda. Así te pondrás mejor más rápido.

-Lo prometo, - dice satisfecho.

-Muy bien, ya no nos queda agua, iré al arroyo por más.

El asiente, y mientras busco los termos vacíos en la mochila tomo los calmantes cuidando que no me vea.

Salgo al aire frío de la noche y ajusto mis ojos a la penumbra, el ruido del arroyo me guía, me agacho a llenar los termos y les pongo las gotas de yodo a tientas, me fijo que junto al arroyo hay un arbusto con bayas comestibles y arranco algunas y las machaco haciendo una especie de pasta, el sabor es dulzón y fuerte, le agrego lo que queda de las pastillas trituradas, esperando que él no las note.

Regreso y él al notar mi presencia intenta erguirse y lo consigue a medias, se que se esfuerza por mí.

-Bien, aquí traigo la cena, - le digo alzando los termos y la pasta de bayas adulterada en la tapa de uno de ellos. – Encontré un arbusto de bayas junto al arroyo.

Él me observa confiado y sin chistar abre la boca cuando le ofrezco el primer bocado de bayas y luego frunce el ceño mientras se lo pasa.

-Están muy dulces y un poco amargas también, – me dice.

-Si, son almezas las usamos en la panadería para preparar mermelada. – Y le meto otra cucharada a la boca antes de que pueda replicar cualquier otra cosa.

-Tienen un sabor peculiar, ¿almezas?

-Son un poco difíciles de encontrar, son silvestres, - contesto y le doy rápido otra cucharada, una última y lo habré conseguido. – Y no te quejes, quedamos en que te comerías lo que te diera, para que te mejores.

-No me quejo, es solo que son un poco amargas, el sabor me recuerda al de los calmantes, - dice él y rápidamente le doy la última cucharada.

Abre mucho los ojos al darse cuenta de lo que he hecho, entonces yo le tapo la boca y la nariz, obligándolo a tragar el último bocado, antes de que lo escupa, hace el amago de devolver la papilla, pero no lo consigue, el calmante empieza a surtir efecto con velocidad, sus ojos empiezan a cerrarse involuntariamente y antes de que se duerma leo en sus ojos el dolor de mi traición. No me lo perdonara nunca, pero no tenía otra opción, él no me dejo ninguna.

Me siento exhausta por nuestra pequeña lucha, satisfecha y con un poco de culpa.

- ¿Quién era la que no podía mentir? Eh Ranma.

Se que no puede escucharme, pero da igual.

Paso el resto de la noche en vela, no puedo dormir y unas horas antes de que amanezca, me dedico a cubrir muy bien la entrada, y antes de irme le doy un último beso en los labios a mi chico cazador. Solo por si acaso.


Llego a las orillas del claro minutos antes de que amanezca y me escondo entre los arbustos de la última vez, la cornucopia empieza a resplandecer con los primeros rayos del sol y la mesa del banquete esta a la vista de todos, sobre ella están cuatro mochilas con los números de los distritos grabados en ellas, y además son de distinto tamaño.

Me preparo para correr y coger la nuestra antes de que alguien más llegue cuando de la cornucopia sale corriendo una chica pelirroja y coge la mochila con el número de su distrito, es la comadreja.

Siento envidia de no haber pensado yo en eso antes, esconderme dentro de la cornucopia para tomar la mochila con facilidad y luego salir corriendo de aquí.

Ahora no tengo más opción debo correr antes de que otros lleguen, porque podrían llevarse la nuestra solo como estrategia.

Sin pensarlo más pongo manos a la obra o pies a la acción, mejor dicho, corro tan rápido que al frenar frente a la mesa termino resbalando, me levanto para coger la mochila cuando algo me derriba con fuerza de nuevo contra el suelo, el aire se escapa de mis pulmones y antes de que pueda reaccionar un peso esta sobre mi impidiendo que me levante.

Mariko me observa con una sonrisa lobuna y la mirada enloquecida.

- ¿Dónde está tu noviecito 12?, ¿Dónde está Ranma?

No le contesto nada y ella sonríe.

-Esta muriendo ¿cierto? Sabes, Mikado me contó que su espada producía infecciones graves con solo un pequeño corte y él sabía muy bien que corto a tu chico amoroso.

-Pues te equivocas, él esta conmigo, escondido en los arbustos. – Y empiezo a gritar su nombre para desubicarla y conseguir que me suelte, - ¡Ranma, Ranma!

Eso consigue lo que yo quería, empieza a mirar a todos lados y afloja el agarre que tenía en mis manos y yo consigo arrojarla con las piernas y zafarme de ella. Me arrastro y me pongo de pie.

-No es cierto, estas sola – dice ella – y morirás aquí.

Veo su mano cuando saca algo de su chaqueta y me lo lanza, esquivo de puro milagro, pero pronto la sangre empaña mi vista tiñéndola de rojo, me ha hecho un corte en la frente a la altura de la ceja, escuece bastante y luego se lanza de nuevo sobre mí, forcejeamos unos segundos, pero es obvio que es más grande y esta mejor alimentada que yo y me reduce con facilidad de nuevo, pone su cuerpo sobre el mío y con las rodillas aprisiona mis brazos, lastimándome en el proceso.

-Voy a torturarte igual que lo hicimos Picolet y yo con tu amiguita, la del 11 ¿Rue?, gritarás igual de fuerte que ella antes de morir –, dice sonando tétrica mientras saca un nuevo puñal de su chaqueta y lo pone en mi garganta, me arde y sé que me ha cortado solo con ponerlo sobre mi piel, mi último pensamiento es para él.

Lo siento, lo intente Ranma.

Cierro los ojos preparándome para lo inminente cuando una fuerza descomunal arranca a Mariko de encima de mí, abro los ojos confundida al sentirme libre y me siento con rapidez para ver lo que sucede.

Ranma la sostiene contra el suelo con las dos manos en el cuello, la está asfixiando.

- ¡¿La torturaste?! – le grita enloquecido y sé que se refiere a lo que dijo sobre Rue.

Ella sacude la cabeza negando y cuando él afloja un poco el agarre, consigue hablar aterrorizada.

-No, te lo juro yo solo vi cuando Picolet la atrapo en la red, no la torturamos ¡lo juro! Me fui en cuanto lo mataste.

Ranma me observa con tristeza y frunce más el ceño.

-La heriste – dice refiriéndose a mí, - y dijiste que ibas a hacerla gritar igual que a Rue, - el odio en su voz hace que me estremezca y entonces lo noto, esta apretado de nuevo el cuello de la chica del uno, ella boquea como pez fuera del agua y sus ojos se saltan de las cuencas en una mueca grotesca, luego escucho el sollozo que Ranma se traga y lágrimas derramándose silenciosas de sus ojos, después el cañón retumba. La ha matado.

Él esta como ido, me pongo de pie y tomo la mochila, luego lo jalo del brazo, tenemos que irnos, si Shinnosuke está cerca podría matarnos con su macis mientras estamos distraídos y Rama tan mal herido. Consigo a duras penas que se levante y prácticamente lo arrastro de vuelta a la cueva.


Ranma

Una hora antes.

Fue demasiado tarde cuando me di cuenta de lo que había hecho la muy tonta. Al despertar aun esta oscuro, el dolor en el costado no es tan intenso gracias a los calmantes y si de algo estoy seguro es de que ella no debe estar muy lejos, me levanto rápido y me visto a toda velocidad, luego de una patada derribo las ramas y palos que ella colocó como barricada y es que estoy furioso, es una boba, ¡¿Cómo demonios se le ocurre exponerse así por mí?!

Si bien el dolor no es tan intenso, no puedo caminar muy rápido sin sentir que se me eriza el vello de todo el cuerpo cuando la punzada de dolor me recorre, así que no avanzo tan veloz como quisiera.

El corazón se me detiene cuando escucho que me llama desesperada, me importa muy poco el dolor y empiezo a correr, atravieso el follaje y las veo, Mariko está sobre ella y además Akane está sangrando y cuando escucho lo que le hicieron a Rue, veo todo rojo.

No se como ha sucedido, pero de pronto escucho el cañón resonando, observo mis manos como si no fueran mías. Lo he hecho de nuevo, arrebate una vida otra vez y lo haría mil veces por ella.

Todo lo demás sucede como un borrón, la adrenalina y la ira se desvanecen de mi sistema y lo único que puedo sentir ahora es el dolor lacerante que me impide siquiera concentrarme, llegamos a duras penas a la cueva y escucho a Akane bufar cuando ve su bien construida barricada hecha añicos gracias a mí.

-Lo siento, - digo intentando bromear, pero creo que no funciona porque solo puedo ver borrosamente el rostro preocupado de Akane.

Prácticamente me dejo caer como costal de papas sobre el saco de dormir y ella abre con manos temblorosas la mochila, saca un pequeño estuche metálico y lo abre, dentro hay dos jeringas con un líquido blanquecino.

La veo titubear unos segundos antes de ir a tomar algodón y alcohol del botiquín de mi mochila.

-Bájate el pantalón y date vuelta- me urge.

Y yo obedezco sin pensar, luego siento un ligero pinchazo en el trasero y escucho que suelta el aire que seguro ella ni siquiera sabía que retenía.

- ¡¿Ahora me puedes explicar que rayos fue todo eso de salir como idiota detrás de mí?! – grita furiosa.

-Te dije que lo haría, tu solo decidiste pensar que no lo haría, pero lo hice a pesar de tus artimañas. – le digo molesto, - ¿Qué habría pasado si no iba Akane? - Ella flaquea un poco y traga duro, - ¿Y si algo te hubiera sucedido?

-Nada paso.

-Me habría muerto junto contigo, entiendes. – Suelto casi sin pensar.

Ella me mira con los ojos bien abiertos y luego asiente.

-Yo habría hecho lo mismo – dice.

Decidido, no tiene caso seguir discutiendo por algo que no paso, estamos bien, aunque sea por un tiempo, aunque me parece inútil, ya que de todos modos yo moriré tarde o temprano. Abro los brazos y ella se lanza sin pensarlo a mi pecho, cuidadosa de no lastimarme como el día anterior.

Esos recuerdos hacen que me suba la sangre a la cabeza y otra poca a una zona bien localizada, sacudo la cabeza no es tiempo para esas cosas, me siento como la mierda.

Entonces lo recuerdo tomo a mi chica peli-azul por los hombros y escudriño la herida de su frente y la de su cuello.

-Debemos hacer algo con esto.

-Estoy bien, solo es algo superficial.

-No seas boba, pásame el botiquín.

Ella obedece y yo me dedico a curar sus heridas con calma y luego le coloco algo de la pomada milagrosa que le mando Tofu y por último le coloco una venda que rodea su cabeza y un pequeño parche en el cuello.

Pasamos el resto del día acostados uno al lado del otro, bebemos agua y comemos el último paquete de galletas a medio comer que quedaba. Dormimos.


La luz del sol me da directo a la cara me molesta así que me cubro con el brazo izquierdo, quiero dormir un poco más y me dispongo a ello cuando me doy cuenta de algo, el costado ya casi no me duele, y tampoco la cabeza, en si el malestar en general causado por la infección casi ha desaparecido, me siento como nuevo. Volteo a ver a Akane que duerme dándome la espalda y con mi brazo derecho como almohada, saco el brazo con cuidado de no despertarla y me quito la chaqueta y la camisa, luego me quito el vendaje que rodeaba mi torso.

-No puedo creerlo, - exclama Akane, se ha despertado y no me di cuenta, luego pasa sus dedos por la herida que ya está prácticamente cerrándose, desinflamada y sin señales de pus o de las horribles venas oscuras que la rodeaban.

Estoy maravillado siempre se ha sabido que las medicinas del Capitolio son excepcionales, casi milagrosas y que es muy difícil para cualquier en los demás distritos de Panem obtenerlas, son muy costosas, demasiado. Akane me imita y se arranca el vendaje de la cabeza y el parche del cuello, esta como nueva, no hay ni siquiera una mínima cicatriz.

- ¿Cómo esta?, -me pregunta.

-Genial, ni siquiera te quedo cicatriz.

Ambos sonreímos y nos abrazamos aliviados.

Mi estomago ruge sacando una carcajada de Akane.

- ¿Crees que puedas salir conmigo a cazar?

-Por supuesto chica en llamas, -le digo sonriendo porque una alegría surreal me invade.

-Perfecto chico en llamas. Manos a la obra, - dice siguiéndome el juego y me da un pico en los labios.


Caminamos silenciosos por el bosque, pero lo único que hemos encontrado son más de esas bayas que Akane me dio ayer, el calor es asfixiante y nos hemos acabado el agua de los termos, nos acercamos al arroyo, pero está seco, tanto que la tierra esta cuarteada, escarbo un poco y ni siquiera la tierra debajo de la superficie está húmeda, es solo polvo.

Seguimos caminando y por fin damos con una parvada de gransos y me regocijo al verla disparar el arco, es una experta no puedo creer como nunca antes nos topamos en el bosque, me habría encantado que cazáramos juntos, que nos paseáramos por el bosque, me habría fascinado llevarla conmigo a la vieja cabaña junto al lago a la que solía ir con mi padre durante el verano para cazar patos y pescar.

Me detengo en seco, eso nunca sucederá, hay tantas cosas que nunca sabré, porque no podemos decirlas aquí frente a todo Panem, eso le causaría problemas. Pero aun así siento la imperiosa necesidad de decirle algo, aunque sea una cosa.

-Quiero que me prometas una cosa Akane, - ella detiene lo que hacía, que era sacar la flecha del ave y me observa atenta, - por favor, se feliz.

Me mira confundida unos segundos y luego se pone de pie y se acerca a mí, alza su mano y toca mi mejilla, yo inconscientemente agacho la cabeza y me apoyo en ella, pero de pronto el momento romántico se rompe cuando siento el tirón fuerte en mi oreja.

- ¡¿Cómo se te ocurre decir esas tonterías?! – grita aun jalándome de la oreja. - La única forma de que yo sea feliz es estando a tu lado tarado, se lo que intentas decirme, ¿acaso te estas despidiendo? Pues que ni se te ocurra pensar en esas cosas.

- ¡Esta bien! Te lo prometo, ahora por favor ¡suéltame salvaje! – Ella lo hace, me suelta y me saca la lengua, luego se da la vuelta riendo y sigue con lo del granso.

Estoy a punto de decirle unas cuantas cosas más cuando algo llama mi atención.

Me acerco al arbusto y observo detenidamente las pequeñas bayas oscuras que crecen en racimos.

"Estas no Ranma, nunca, te matarían incluso antes de que pasen por tu garganta", recuerdo la voz de mi padre cuando las vi por primera vez en el bosque. Son raras y extremadamente toxicas.

-Jaulas de noche, - dice Akane que las observa junto a mí.

-Así es, - le digo yo y saco una de las gasas que nos quedan y comienzo a tomar varias bayas y las guardo en la gasa formando un pequeño saquito.

- ¿Para qué las tomas? Sabes lo venenosas que son – me dice mi chica peli-azul desconfiada.

-Tal vez a Shinnosuke o a la comadreja les gusten las bayas, - le contesto con una sonrisa, pero lo cierto es que ya se lo que hare con estas bayas cuando por fin solo quedemos Akane y yo con vida en la arena. Le daré la victoria con una jaula de noche.


De pronto el cielo se oscurece y rayos atraviesan el cielo copado de nubes oscuras, los truenos suenan espantosos y un rayo cae demasiado cerca de nosotros para mi gusto. Corremos a la cueva de nuevo, llegamos empapados, está cayendo un chaparrón, durante días nos estuvieron asando subiendo la temperatura en la arena durante el día, hoy ni siquiera hubo agua para beber y actualmente parece que quieren ahogar a alguien, esta tormenta no es aleatoria, es como el incendio de los primeros días, es para matar a alguien. Menos mal que la cueva está en terreno alto o ya se habría inundado.

Llueve durante todo el resto del día y a nosotros no nos queda más opción que permanecer aquí encerrados viendo la lluvia caer y contándonos historias sobre nuestras familias y anécdotas de nuestra niñez que nos hacen sonreír, mientras comemos granso asado, bebemos agua que recolectamos de la lluvia y esperamos a que nuestra ropa se seque un poco junto a la fogata. Básicamente estamos pasando, aunque suene increíble, un buen rato.

Mis ojos se pasean por la piel desnuda de Akane, las llamas crean figuras interesantes en ella, cambiando su tono y volviéndolo dorado y brillante, solo está cubierta con un sujetador y unas pantaletas ajustadas, blancas las dos o al menos lo eran, ambas prendas están bastante sucias ahora, pero eso es lo de menos, el recuerdo del día anterior cuando sentí su esbelto cuerpo debajo del mío hace que mis hormonas se revolucionen de nuevo, me fijo en sus largas piernas que tiene semi dobladas frente al fuego, su piel es clara y resplandece con el fuego, se ve muy suave, tanto que no puedo evitar extender mi mano y pasar los dedos por el contorno de su brazo, eso llama su atención y gira su rostro para verme a mí y no a las llamas, ahora esta limpio gracias a la lluvia que lavo todos los restos de mugre, hollín y barro que me impedían ver en su totalidad la belleza de Akane.

La veo abrir los labios como para decirme algo, pero luego los cierra y su expresión cambia, sus pupilas se dilatan y un sonrojo le pinta las mejillas de rojo, se ve adorable, mi mano, con la que acariciaba su brazo se posa sobra la suya y la sujeto con fuerza.

¿Y si esta es la última vez que estamos juntos? Me pregunto mirando nuestras manos unidas, y de nuevo recorro su figura lentamente, sus piernas dobladas, torneadas y largas, sus caderas redondeadas y su fina cintura, su pecho modesto y apetecible, su delgado cuello y su hermoso rostro.

Estoy a punto de lanzarme sobre ella cuando me sorprende lanzándose sobre mi ella primero, se pone a horcajadas sobre mis piernas y me besa con intensidad, sujetándose de mis hombros con ansia. Supongo que ella se preguntó lo mismo que yo, ¿y si esta es la última vez que estamos juntos?

Acaricio su espalda con desesperación y no puedo disimular el rugido que nace de mi garganta cuando nuestros cuerpos se rozan justo en los centros.

¿Quiero detenerme? Por supuesto que no, ¿por qué lo haría?, es la única oportunidad que voy a tener de estar así con ella, de entregarme por completo a ella y ella a mí, estoy muy consciente de que en estos momentos debemos estar en cada pantalla de Panem, porque dudo mucho que los otros dos tributos que queden en la arena estén dando tanto de que hablar como nosotros en estos momentos, pero no me importa.

Estoy sobre Akane, entre sus piernas, besando su cuello, luego su hombro, después el nacimiento de sus pechos, la envisto con cadencia, deseando con cada fibra de mi ser, hundirme en ella y experimentar la dulce muerte mientras ella emite dulces sonidos que me hacen hervir la sangre del deseo.

Tengo hambre, hambre de ella, un hambre que conocí la noche anterior cuando la besé con la misma intensidad, pero hoy es algo mucho más factible.

¿Pero ella querrá lo mismo que yo? ¿Y si solo lo esta haciendo porque se siente obligada? Estoy siendo un maldito egoísta y un aprovechado, me fuerzo a detener el vaivén de mis caderas, me obligo a dejar de saborear su piel y sus labios, pongo mi peso sobre los antebrazos para mirarla a los ojos y preguntarle si esta de acuerdo con esto, porque si no es así, si ella no esta de acuerdo, juro que me detendré en un santiamén.

Ella abre los ojos de golpe cuando siente que me he detenido y que la observo, me pierdo en su belleza, sus ojos avellanas que tienen un brillo que jamás había visto antes, sus labios hinchados y enrojecidos por los besos, el cabello revuelto y el sonrojo masivo que invade su rostro, demonios, mi miembro palpita con fuerza dentro de mis calzoncillos y al parecer ella lo nota porque sonríe de medio lado y alza una ceja interrogante, como desafiándome a seguir, pero no lo hago y ella al parecer nota mi duda y la pregunta que quiero hacerle desesperadamente y que por alguna razón aún no he pronunciado.

Sacude su cabeza de arriba abajo y me sonríe. -Sí, estoy segura de esto Ranma.

Trago saliva, nervioso, porque muy en el fondo de mí, esperaba que se negara, en cambio ahora tengo luz verde para hacer todo lo que deseo, pongo mi peso sobre uno de mis brazos y me lanzo a besarla de nuevo en los labios, iniciando una guerra entre nuestras lenguas mientras con mi mano libre recorro tortuosamente lento el constado de su cuerpo hasta llegar al elástico de sus panties, empezando a bajarlo poco a poco.

¡Pum!

El cañón nos sobresalta a ambos y como acto reflejo nos levantamos ambos mirando hacia la entrada de la cueva. Lo han logrado, alguno de ellos, de Shinnosuke o la comadreja, acaba de morir.

Solo quedamos tres.

Continuara…


Y que se nos acabó el capi en lo más candente, jejeje, todo fue totalmente intensional, lo admito y es que hasta el momento este ha sido el capitulo más largo que he escrito y tiene de todo un poquitín, espero que les haya gustado. Saben lo cierto es que iba a estar mucho más corto, pero como no lo subí la semana pasada como era mi plan original pues me puse a escribir unas cuantas hojillas más de Word y cuando menos lo pensé ya eran 21, oh cielos… y es que la semana pasada me vacune gente y yo andaba voladisima porque me sentía super y decía hay como son exagerados los que dicen que se siente mal luego de la vacuna y sopas que me cierran la boquita por juzgona, porque en la madrugada les juro que casi vi la luz, jajaja, me fue de la patada y por dos días estuve malita, pero ¡he vuelto a la vida y con más energías!

Y tanto que hasta les escribí unas escenas bien delis, así que ya saben espero sus comentarios al respecto con ansias locas como siempre por supuesto XD.

Y hablando de reviews, gracias a:

Benani0125: Primero que nada ¡Hola cariña!, y ahora si, a lo que nos truje Chencha como decimos por acá, sé que el capítulo estuvo triste y lo siento, pero era necesario, creo que nadie queríamos que Rue muriera, pero pues… ¡Suzanne y su maldita sed de sangre!… a no, que era el Capitolio, jeje. Ojalá este capítulo te haya gustado, ya que hoy no estuvo tan triste. Saludos y abrazos, pero suavecitos que aun me duele mi bracito vacunadito.

Pauvishana: Holis Pau, oh si, el lesionado y chillón es mi marido, jeje, creo que fui demasiado ambigua antes, lo siento, pero de todos modos mil gracias por la preocupación y los deseos de pronta recuperación linda. Espero aun queden uñas en tus dedos linda, jajaja y que te digo me haces sentir super cuando me dices todo lo que te hizo sentir el capítulo anterior, significa que tan mal no lo estoy escribiendo, y espero tus comentarios para que me digas que sentiste con este capítulo (imagíname, subiendo y bajando las cejas) jeje, Saludos inmensos bella y abracitos suavecitos…si ando chipil.

Lucitachan: Holis, lo sé y también sentí feito cuando leí sobre su muerte y ahora escribiéndola también. Sobre el resto como dices, no quería que fuera igual obviamente me estoy basando en su gran mayoría en los juegos dl hambre, pero he querido cambiar todo lo que puedo para que la historia no sea exactamente igual o seria demasiado aburrida a mi parecer, y de esta manera además el final, aunque lo conocemos no será tan predecible, quien sabe quizá solo haya un ganador… chan, chan, chan. La historia de los perros que genial quete haya gustado, estaba dudosa de ponerla, pero tu comentario me dice que fue una buena decisión, que bien. Saludos hermosa y muchos abrazos suavecitos.

Alexandraaa417: Que orgullo me da escribir que ya se me de memoria la cantidad de letras "a" que lleva tu nombre, jejejeje. Lo que me dice que me has escrito ya tantos reviews y que te lo he contestado tantas veces que ya escribo tu nombre de memoria ¡mil gracias! Hoy hubo mucho más parloteo ¿Qué te pareció? Ya sabes espero tus comentarios al respecto, ojalá te haya gustado. Saludotes y abracitos bella.

Invitado: ¿Quién eres? Jejeje, me encantaría saber tu nombre o algún seudónimo, aunque sea, gracias por tu comentario. Saludos.

SARITANIMELOVE: Hola, sí, muy triste pero necesario, lo siento. Saludos bella, ojalá este capítulo te haya gustado más. Abrazos de osito cariñosito.

Kaysachan: Hello, siento haberte hecho sentir triste con el capítulo anterior, pero así es la vida, de caprichosa, a veces negra…a veces co-lor rosa, a caray me perdí, en que estábamos, yo también me emocione al escribir esa escena donde ambos le demuestran al Capitolio que no se van a quedar de brazos cruzados ante las injusticias, lo confieso y no me avergüenzo. Espero ansiosa tus comentarios sobre este capítulo, dime… ¿te gusto? ¿quieres más intensidad? Jajaja hay soné toda pervertida caramba, ¡que son niños de 16 años! Que sucia tienen la mente algunos, ejem…pero prosigamos, te mando saludos bella y abracitos suavecitos de algodón.

Lana Winter: ¡Hola linda! Hay tu siempre tan inteligente caray, espero que esta vez te haya dejado, aunque sea un poquito con la intriga de saber con quien será la pelea final, ¿Shinnosuke?, ¿la comadreja? …quien sabe… espero este capitulo te haya parecido mas entretenido y menos triste que el anterior, espero tus comentarios chula. Saludos enormes y abracitos debiluchos.

Morix2: Vaya, vaya una nueva presa, …ejem... digo, ¡una nueva lectora! Bienvenida seas querida mía, que gusto que te guste mi historia, valga la redundancia, XD. Espero seguir leyendo tus reviews, ojalá te haya gustado también este capítulo, saluditos y abracitos.

Sin más por el momento nos leemos a la próxima, bye, bye.