A/N: Hola mis amados querubines, antes que nada tengo que ofrecerles una disculpa, porque ha pasado mucho tiempo desde mi ultima actualización, leyendo mis anteriores notas, me daba cuenta de como iba todo en mi vida, y de como va todo ahora, la pandemia ha sido definitivamente un proceso difícil y de mucha pérdida personal para mi, por lo que este Shot en particular viene cargado de aspectos muy íntimos de su servidora. Quiero agradecerles a todos ustedes que me han seguido dejando reviwes, porque ha sido eso lo que me ha animado a escribir nuevamente, no soy de dejar las cosas inconclusas, y ahora que veo el tiempo que ha pasado creo que es justo y necesario publicar esto.
Como siempre, les doy la recomendación de soundtrack para el presente shot, Gold Guns Girls, Metric, dejando una clara advertencia, es un one-shot largo, creo que definitivamente había mucha energía acumulada. Espero ansiosamente sus comentarios; no prometo estar actualizando de manera seguida, lo que sí prometo, es terminar esto.
Tóxico
Íncubos, seres mitológicos, que se representan encarnados en el cuerpo de hombres de gran belleza y sensualidad, difíciles de resistir, que buscaban seducir a sus víctimas introduciéndose en sus sueños, para después absorber… eso era Milo de Escorpio, un maldito demonio, una droga adictiva, un ser que tomaba y no daba nada a cambio, que te consume hasta la medula, y después utiliza tus lagrimas para limpiarse el sudor del sexo.
La primera vez que vio llorar a una de sus amantes, a pesar de haber sido muy claro, y decirle que todo lo que podría obtener de él era su cuerpo, le permitió a la chica quedarse, abrazarlo, adorarlo una vez más; y el modus operandi siempre era ese, disfrutaba el sentirse foco de su adoración, había algo en las mujeres de hoy en día, que entre más patán te comportases con ellas, más se aferraban a ti. Pero tenía reglas estrictas en lo que respectaba a una permanencia más prolongada de tres noches:
Nada de besos en los labios, implicaba demasiada intimidad, mayor intimidad de la que ya había. Sin embargo, había algunas amantes rebeldes que no se sometían a aquella regla, y terminaban por salir expulsadas de su vida.
Podían acariciarlo, pero hasta cierto punto, el prefería un poco más el dolor, las uñas en la espalda, la asfixia, las mordidas, y una que otra cachetada estaban bien, lo que eventualmente conseguía, porque terminaba por ganarse el odio de sus respectivas amantes, que a veces terminaban en senda rotación de tres o cuatro estables por ciertos meses.
A pesar del éxito con el que administraba la complicada logística que suponía concretar el mantener hasta cuatro amantes mensuales y sus diversas instancias de satisfacción sexual diarias, a la vez que realizaba un trabajo que se podría considerar de tiempo completo, los respectivos entrenamientos, y sus palizas incluidas; Milo seguía siendo propenso a sentir cierta tristeza. Así que cuando su ocupada vida le permitía un descanso, lo usaba para dar sus paseos. Estos usuales paseos se convirtieron en una especie de metáfora de su vida: monótonos. Sí, precisamente como los movimientos de un animal enjaulado. Básicamente, esperando que como a los demás caballeros, se les presentara la ocasión para morir.
Llamar a Milo un hedonista era poco, el santo dorado de escorpio disfrutaba del sexo, como quien disfruta del aire, del agua, era una segunda piel y parte de su naturaleza; evidentemente que cuando eres un ser tan sexual, y tienes el cuerpo decadente de un dios, tiendes a ganarte cierta fama; su mala fama con las damas era cosa que realmente le era completamente indolente; no por dejarlas insatisfechas, sino porque Milo no sabía nada en lo que respecta a amar; sabía follar, y lo hacía duro, sin tapujos, y extrayendo hasta la última gota de placer, y sólo así se sentía satisfecho, simplemente no se entregaba, no como toda la lista de mujeres en su haber quisiera.
Siempre había sido precoz, desde su ascenso a la orden, su inteligencia, su capacidad como caballero, prodigiosos y habilidosos, hasta su despertar sexual; su primera vez había sido a los trece años con una mujer del pueblo, que, si ahora lo pensaba detenidamente, podía calificar con todas las de la ley como un estupro, no se quejaba, su primera vez la recordaba con bastante humor.
Todos los dorados sabían que el escorpión era poco empático con las emociones de la gente a su alrededor, y que realmente solo una persona lo conocía a la perfección, Camus, su mejor amigo y el caballero dorado de Acuario.
De carácter explosivo, lenguaje soez, andar altanero, pedante, arrogante y prepotente; con lengua venenosa, gran astucia, sonrisa pícara, ese era el escorpión dorado; quizás lo que pocos sabían del joven griego era que esa fachada simplemente cubría su naturaleza, bueno, parte de ella; Milo era un hombre complicado, quizás demasiado complicado, y era en esos momentos de liberación sexual, en esa pequeña muerte; que podía dejar de pensar en sus heridas del pasado… y es que, ¿quién no tiene heridas? , sobre todo con una vida como la que los caballeros de la orden dorada llevan; era bajo esa careta de narciso, que lograba cubrir ese vacío existencial que lo agobiaba, era vaciándose sexualmente que lograba conciliar el sueño por las noches, siempre que hubiese un cuerpo cálido y dispuesto, él lo aprovechaba, porque de lo contrario su demonio personal llegaba, y esos cielos nublados, ese dolor era demasiado como para soportar dormir en una cama vacía.
A diferencia de sus compañeros de orden que no recordaban a sus padres y eran huérfanos desde que tenían memoria; Milo, recordaba perfectamente bien a su madre quien había muerto cuando él tenía la tierna edad de tan solo nueve años; la imagen más recurrente que tenía de ella era la de esta mujer hermosa que peinaba su larga cabellera verde. Su voz cuando le cantaba antes de dormir era quizás lo más melifluo que tenía en su memoria, pero conforme el tiempo pasaba, el olvido hacía sus estragos, ya no podía recordar bien su rostro.
No era una mala persona, no se consideraba como un mal hombre, era leal a la orden, a sus compañeros, y por sobre todas las cosas a su Diosa; si lastimaba, jamás era su intención, o quizás eso era lo que se repetía una y otra vez a sí mismo por las noches, porque lidiar con el vacío del recuerdo de una vida relativamente normal, con el abandono, con la soledad, con la obscuridad, y sumarle a todo eso culpa, era simplemente demasiado.
Frecuentemente en sus pláticas con Camus, quien realmente era el único que lograba hacerle entrar en razón, el tema de su madre era el más recurrente; acorde al caballero de acuario, Milo, vivía con depresión, o con un fuerte trastorno de la personalidad.
-¡Eres un Narcisista! —le gritaba, algo poco característico en el siempre templado temperamento del acuariano—¿Cómo es posible que no te des cuenta Milo?, Dioses del olimpo, ¿cuándo vas a aprender que no puedes ir consumiendo a cada mujer que se te presente, para llenar el vacío que tu madre te dejó? —lo miraba de manera profunda y analítica, una característica que había logrado crear el vínculo entre ambos, ya que Camus entendía su naturaleza, y el porqué de ella.
El simplemente reía sarcástico ante los comentarios de su amigo, sabía que tenía razón, simplemente era demasiado orgulloso para admitirlo en voz alta, no quería reconocer aquello, porque reconocerlo en voz alta implicaba aceptar que su madre había muerto, que lo había dejado desvalido, que aquellas noches de oscuridad total y abandono habían sucedido realmente, y aceptar aquello era demasiado doloroso.
-Algún día, amigo mío, llegara alguien que mueva tu mundo, una mujer que sea justa, que tenga la capacidad de ser un bálsamo para ti y tus heridas, pero tu ego te va a cegar, y la perderás, será en ese momento que sentirás un nuevo vacío, uno peor, uno presente, que se sumará a esa herida que sigues sangrando encima de cuanta mujer pasa por tu alcoba—
-Camus, a veces eres tan dramático—bufo exasperado, con su mirada fija en los ojos sinceros de su amigo—venía solo por una copa de buen vino francés, y de alguna manera esto termino en una letanía. Soy un hombre promiscuo sí, porque pretendo utilizar el sexo como medio para encontrar lo que todo el mundo busca: reconocimiento, placer, autoestima y en definitiva amor y cariño, por más pasajero que éste sea. ¿Qué hay de patológico en eso, amigo mío? Si quieres ponerme un nombre, adelante, no me importa, Narciso, Hedonista, bah, es todo lo mismo, soy humano, demasiado humano para esta orden elitista. —
-Me encantaría que supieras lo que puede ser el amor—refuto a cambio el onceavo caballero.
-¿Y tú lo sabes? —pregunto de manera irónica.
-Por lo menos sé lo que es el respeto por los sentimientos de otro ser humano—comentó el acuariano de manera ligera mientras enfriaba su copa de vino con sus manos.
-No puedo ir a ese sitio dentro de mi Camus, me volvería loco, dejaría de pelear por esos ideales que tengo tan arraigados, dejaría de ser el Milo que conoces—
-En efecto—espetó secamente—te convertirías en una mejor versión de ti mismo—
…
Debió de haber sabido que era una mala idea desde el principio, no solamente por el hecho de ser quien ella era, sino porque su fijación con la amazona de Ofiuco, era algo viejo, algo que había penetrado en su mente desde hacía mucho tiempo. Solía coquetearle en los entrenamientos o cada que la oportunidad se le presentaba, por el simple hecho de provocarle una reacción.
Los golpes más duros para su ego eran cuando no obtenía reacción alguna, ni siquiera desprecio, simplemente nada, no había un reconocimiento a su presencia, sólo silencio, lo cual le crispaba los nervios, y lograba sacarlo de sus casillas por completo, sin embargo; Milo de Escorpio era un ser sumamente persistente, y mientras mujeres iban y venían de su lecho, una se anclaba a su memoria.
La primera vez que se permitió mirarla verdaderamente fue después de un entrenamiento arduo, ciertamente tenía una figura hermosa y decadente, su cabellera era hermosa, simplemente hermosa, y había cierta cuestión peligrosa sobre ella que le atraía, no podía tocar exactamente el punto del porqué su fijación con ella, y precisamente en ella, una hermana de armas, quizás su lengua viperina, tal vez la curiosidad de poder ver el famoso y hermoso rostro cubierto detrás de aquella mascara, quizás el reto, quizás era porque le recordaba demasiado a su madre. Shaina se estaba convirtiendo en una especie de capricho para el Santo de Escorpio
Milo lo había tenido todo, desde amor libre, amigas con ventaja, relaciones casuales o conquistas fugaces son parte del variado menú de romances presentes en la vida del peliazul. No era que tratase de justificarse, hacía tiempo había aprendido que no debía dar justificaciones de nada en su vida, porque eso era admitir que los demás tenían la razón.
La vida de un Caballero de la orden Dorada, no era fácil, mucho menos en el plano sentimental, un caballero dorado no podía aspirar a una gama emocional "normal", un Santo Dorado no podía tener una vida "normal". Hablamos de una vida en que el matrimonio para toda la vida, hijos, trabajo, y compromiso, han sido desplazado por un servicio y devoción, por una probable muerta temprana, por luchar por los ideales de justicia y amor, por Athena; todos eran conscientes de aquello, por ende, lo más cercano que Milo podía experimentar dentro de la normalidad de su gama emocional tan dañada, partía de aquel pequeño lindero en el que el amor comparte escenario con obsesiones, caprichos y arrebatos tan característicos de él, en el fondo Milo sabía que sólo sentía ese deseo antojadizo de querer estar con Shaina a toda costa, porque el hecho de que le hubiesen dicho que era prohibida e inalcanzable, era como negarle un dulce a un niño, y como todo niño que busca de manera avasallante el dulce que quiere, de igual manera cazaba Milo desde hace años al objeto de su deseo.
Es así como el término capricho se roba las diferentes aristas de este filme titulado: obsesión; el cual puede tener un toque de dependencia, un guiño de ego, una pizca de manipulación, y cierto tinte de complejo de Edipo, obteniendo como resultado la receta perfecta para el desastre.
Pero hay que preguntarse ¿qué es un capricho?, ¿es un comportamiento en donde la persona cree estar enamorada, pero está completamente dominada por la emoción y atracción física hacia un individuo?
El escorpión dorado había cruzado la línea de lo que se puede definir como un deseo enfermizo en dónde quien lo padece no reflexiona. Tal ceguera le impedían tomar decisiones claras, las cuales habían sido anuladas por este impulso en que prima la emoción y no la razón. Había pasado bastante tiempo desde que su fijación inicial había tomado lugar, si mal no recuerda tendría quince años la primera vez que la notó.
Flash back
Shaina era una joven temperamental, de fuerte carácter y en algunas ocasiones insolente, su agresividad en el combate también se reflejaba en su conducta para con los demás; sus compañeros de armas del Santuario la trataban con absoluto respeto. Quizás eso fue lo que en primera instancia logró voltear los ojos del chico en su dirección, su altanería, su orgullo, de pronto era como verse a sí mismo en un espejo durante su etapa de entrenamiento para obtener su armadura dorada.
Había cierta fascinación en el caballero de la orden de élite al darse cuenta que la amazona de plata, como maestra, podía ser tan estricta como se requería para forjar a caballeros de plata y bronce dignos de su diosa.
-Cassios, tienes que concentrar tu fuerza de mejor manera—gritaba a su discípulo, que si bien es cierto aún no ganaba su armadura, soportaba los famosos entrenamientos de la amazona de Ofiuco.
Hubo algo en su voz, en su postura mientras ladraba ordenes al pobre niño que simplemente lo hizo voltear mientras pasaba por el coliseo, y se detuvo mientras sus demás compañeros seguían su camino después de aquel largo día; la miró detenidamente, su cuerpo era decadente, pero qué amazona no estaba esculpida por los entrenamientos, gotas gruesas de sudor recorrían su espalda, su cabellera verde sostenida en una coleta alta seguramente por el calor, la máscara puesta, que evitaba mostrar el rostro femenino de Shaina, parte del juramento de toda amazona.
-La postura de tus piernas está mal—y para demostrar su dicho de una patada le hizo perder el equilibrio al corpulento niño.
Lo anterior había logrado arrancarle una sonrisa a Escorpio, que era testigo del brutal castigo al que Cassios era sometido, hasta que vio como Shaina soltaba su cabellera y la dejaba ondear al viento, quizás eso fue lo que hizo el truco, esa cabellera era idéntica a la de su madre, y como si una violenta imagen le taladrase el cerebro, dos realidades se mezclaron en el cuadro que observaba, mientras Shaina peinaba con sus manos su melena, la imagen se difuminaba con la de su madre.
Ese día se le acercó por vez primera, no pudo evitarlo, el magnetismo era tan grande que se sentía como la gravedad, y habiendo sido un experto conquistador, tenía firme confianza en su labia y capacidad con las mujeres. Cuando la tuvo de frente fue otra historia.
La amazona se sorprendió por verle ahí, los caballeros de la elite dorada tenían sus propios centros de entrenamiento era raro verlos en ese lado del santuario.
-¿Se te perdió algo Escorpio? –bufó de manera altanera.
-Nada aún viborita—dijo mientras hacía gala de todo su porte—pero podría perderme en ti—
La amazona de plata no respondió nada, ni siquiera se inmutó, esperó a que su discípulo saliera del lugar, y salió detrás de él, dejó a Milo ahí parado, observando el lugar vacío, donde segundo antes había estado ella, con una sonrisa depredadora dibujándose en su rostro adolescente.
Fin del Flashback
Años después de que se corriera el rumor de que Seiya había logrado ver su rostro por primera vez, comenzó a desarrollar una obsesión hacia el Santo de Pegaso que rayaba en la rivalidad, ¿con qué derecho se había atrevido a romper su máscara?, quizás lo único que lo calmaba, era el hecho de saber que Shaina había jurado matar al Caballero de Pegaso, pero posteriormente esa promesa de matar a Seiya se había convertido en amor; sin embargo cualquiera que tuviese dos dedos de frente sabía perfectamente bien que el amor y la devoción del Santo de Pegaso, estaban destinados a Athena, o como él la llamaba, Saori.
Así fue como la encontró aquella tarde, golpeando un árbol en el bosque cercano al santuario y rabiando de dolor, de despecho; y si algo sabía Milo, es que una mujer era mil veces más vulnerable en su dolor, como buen depredador, la había observado cuidadosamente durante algunos años como para darse cuenta que la amazona estaba rayando en la desesperación.
-¿No te cansas de buscarme? —bufo, exasperada Shaina, mientras seguía golpeando el árbol, había algo tan atractivo en verla supurar su ira.
-Es la primera vez que me diriges la palabra viborita, en casi cinco años—ella ni siquiera reconoció aquella afirmación.
-¿Siempre evades las preguntas que te hacen? —contra ataco de manera mordaz, mientras la corteza de aquel árbol recibía la mayor parte de su furia—¿estas enamorado de mi o algo así? —
A eso Milo emitió una risa, aquella afirmación de verdad le había caído en gracia.
-Yo no me enamoro cobra—continuó mientras se acercaba a ella, y se colocaba frente a la peliverde levantando su guardia—yo sólo se follar—
Shaina inmediatamente comprendió que el caballero se ofrecía para ser su compañero esa tarde y ayudarle a sacar su frustración, le soltó dos patadas, que no representaron nada para el escorpión dorado, dos puños rápidos, y sacó sus garras, Milo únicamente se defendía y se reía de buena gana, duraron algunos minutos en aquella danza. La amazona se tomó un descanso rápido mientras volteaba en su dirección, su respiración acelerada.
-Así que no te enamoras—afirmaba la cobra—entonces, ¿Por qué me acosas como lo haces?, ¿qué creías que no me iba a dar cuenta de que me sigues peor que cachorro perdido? —eso le ganó un buen golpe atestado que la amazona pudo detener a duras penas, logrando tumbarla en el suelo, el caballero la levantó con su mano; sintiendo electricidad recorrer todo su cuerpo apenas la rozaba.
- Para mí, el amor es sólo lujuria con celos añadidos. Todo lo demás es un disparate total, ¿sabías que por cada cien delitos cometidos en nombre del amor solo se comete uno en nombre del sexo?—
-Pensé que eras un bruto en celo—soltó de manera soez la joven mientras observaba al horizonte, y se daba cuenta de que el sol ya estaba por ocultarse.
-¿Podrías follarte a un bruto en celo? — contrapunteo el peliazul.
-Sigue soñando escorpio—Shaina sentía la necesidad de rodar sus ojos, mientras se retiraba de aquel lugar, el adonis que había sido su compañero aquella tarde la alcanzó en tres pasos
-Milo—dijo a su lado—prefiero que me digas Milo, si no te molesta—continuó mientras seguían caminando.
-¿Qué quieres de mí, Milo? —cuando su nombre dejó sus labios, con esa voz enronquecida de ella, todos los vellos de la nuca se le erizaron.
-Quiero que te encapriches conmigo, como yo lo estoy de ti—soltó de manera seductora, mientras se acercaba lentamente a los labios pintados en la máscara, Shaina se quedo quieta, como una presa que se daba cuenta que estaba frente a su depredador; Milo besaba de manera lenta y cadenciosa los labios de la máscara, mientras sentía su corazón zumbándole en los oídos, sus manos se posaron en los hombros de la joven, y sintió como sus poros estaban palpitantes, de sus hombros pasó a la clavícula, terminó por aferrar aquella cabellera con la que se había obsesionado durante tantos años.
De pronto, Shaina, sintió frío donde antes había calor, no se dio cuenta que involuntariamente sus ojos se habían cerrado, que había quedado hipnotizada por la esencia de aquel hombre, y ni siquiera sabía por qué; la había dejado ahí parada de puntitas, como quien muerde una manzana y la deja sin terminar, Shaina estaba fúrica.
…..
La persona que presenta un capricho romántico, generalmente no piensa en nada ni en nadie más que en su "enamorado". Esta especie de antojo, es catalogado por especialistas como una experiencia emocionante, un cuasi éxtasis momentáneo, rico en sensaciones pasajeras, similar a quien prueba una droga por primera vez.
Debido al sentimiento adrenalínico que impera, se tiende a idealizar e idolatrar a la persona con la cual se está obsesionado, catalogándola incluso de perfecta; es decir, alguien carente de errores. En dicho enamoramiento se logra apreciar un alto nivel de subordinación por parte de quien está encaprichado.
Shaina jamás se había considerado débil mentalmente, pero tenía que admitírselo, aquel beso, si es que eso era un beso porque no habían estado involucrados sus labios; la había descolocado sobre manera, y ahora se encontraba paseando por el centro de entrenamiento de los caballeros dorados, a hurtadillas para no ser detectada, y ahí estaba él, Milo de Escorpio, haciendo un movimiento complicado en el aire mientras repelía la Excalibur de Shura, correspondiendo a su vez con su aguja escarlata.
Había que reconocerles, los caballeros de la orden dorada sabían como dar un show, mientras Milo enfrentaba a Shura, Aldebarán enfrentaba a Mu, Camus hacía sparring con Aioria, ellos eran los únicos presentes aquella tarde, Shaina no se había hecho notar, sin embargo, por más que quisiera esconder su cosmos, no tenía el mismo dominio que sus compañeros dorados; Milo se había percatado de su presencia en el momento que ella se estaba acercando, terminó su practica inmediatamente con Shura, excusándose con un pendiente.
Shaina seguía escondiéndose, por lo que ni siquiera se percató el momento en el que Milo apareció delante de ella.
-Y la cobra viene al escorpión—dijo con suficiencia, mientras invadía su espacio personal por completo.
Shaina lo odiaba, lo odiaba con todo su ser, lo odiaba por exudar aquella aura tan masculina y varonil, y lo odiaba por aquel "beso", que jamás debió de haberle dado, rabiaba por la curiosidad adolescente que había despertado en ella, y más aún por como lograba hacerla sentir con tan poco de su presencia… ahora lograba entender porque siempre caían ante él.
-¿No te parece que piensas demasiado de ti mismo? — sin embargo, su voz había sonado demasiado queda, incluso para ella misma.
-No lo pienso, sé que lo soy, y sé también que, sí has venido aquí, es porque así lo has decidido, la pregunta es, si estarás dispuesta a pasar el punto sin retorno—sonreía de forma canina, pegando su cuerpo por completo al de ella, sintiendo cada una de sus curvas; Shaina salió de ahí como pudo.
Huyó, mientras Milo reía de buena gana, y la seguía con la mirada, Shaina iba caminando como distraída y mirando de forma aleatoria a su alrededor, siendo poca consciente de sus movimientos, hasta que sintió un par de brazos fuertes que comenzaban a sentirse familiares jalarla de la cintura a un pasillo obscuro fuera de la arena, cuando la chica iba a protestar una mano selló los labios de manera simbólica, y entonces sus ojos se toparon con esos ojos profundos que ocupaban muchos de sus pensamientos últimamente, la mirada de Milo no era la mirada alegre o juguetona a la que ella estaba acostumbrada, con la que siempre la seguía a todas partes, y su rostro estaba en un rictus difícil de descifrar. La mano del chico bajo lentamente hasta dejarla en el cuello de la amazona de Ofiuco, con una caricia casi imperceptible.
-Este juego termina aquí—dijo Milo, como para sí mismo, con un dejo de sarcasmo en la voz y una sonrisa fría pintada en sus labios.
- ¿Por qué nos escondemos Milo?, ¿juego? —preguntó Shaina, pasando por alto el detalle de que no la llamó por su nombre, o el de su pulso acelerándose bajo su tacto.
-Respóndeme—exigió Milo, mientras su melena azulada ocultaba su rostro, haciendo más difícil para la joven leer su expresión.
- ¿Qué quieres que te responda, Milo?, no te entiendo—preguntó la chica demostrando su poca experiencia en esta área, demostrando la realidad de su inocencia.
- ¿Estás dispuesta a pasar el punto sin retorno?, serás mía y solo mía, ¿lo entiendes?, se compartir Shaina, pero a ti no estoy dispuesto a compartirte —dijo el escorpión mientras intentaba calmarse, no pensó la manera en que la proximidad con ella lo afectaría. La inocencia de Shaina era clara ante sus ojos, y lo que para muchos sería algo para aminorar su excitación, para Milo solo fue un catalizador.
-Milo, no entiendo a qué juego te refieres—
-Sabes perfectamente a qué me refiero, tú misma lo has dicho, te he seguido—dijo de manera sedosa, mientras su mano se acercaba lentamente y de manera precaria a su máscara.
Su respiración se aceleraba, mientras bajaba su mano al pecho de la chica, colocándola justo en su corazón para sentir su palpitar un poco acelerado, la respiración de la chica salió por su boca haciendo eco en la máscara que comenzaba a estorbarle al escorpión
— ¿Te incomoda mi tacto Shaina? —la chica negó con la cabeza mientras respiraba de manera profunda, inhalando con eso todo el aroma del caballero, fuera lo que fuera olía caro, cítrico, sándalo, y al final tenía este aroma casi almizclozo que era Milo completamente, el joven volvió a colocar su mano acunando el cuello de la joven. Quitando la máscara por completo, Shaina estaba paralizada, como la presa de todo escorpión que se encuentra paralizada por la presencia del depredador, ¿estaba Milo utilizando su cosmos contra ella?
Los ojos de la joven estaban abiertos como platos, y Milo se permitió admirarla, se dio el lujo de observar detenidamente el rostro mítico de la amazona, que bien podía rivalizar con cualquier reina de belleza, con su piel marmolea inmaculada, sus labios rosados y entre abiertos por la sorpresa, pegada contra aquel muro, ocultos ante las miradas de cualquiera, expuesta ante la mirada hambrienta de su depredador.
-Mierda, que me parta Zeus con un rayo, eres endemoniadamente hermosa—soltó con la voz entre un quejido y un sollozo—por fin te conozco—dijo de último.
Poco a poco Milo fue acercando su rostro al de Shaina, quien seguía atónita por aquella situación, por dejarle hacer de ella lo que su voluntad fuese; de manera lenta y cadenciosa pegó su mejilla izquierda rozando de manera suave la derecha de Shaina, después, como un gato, paso su frente al hombro de la chica para aspirar su aroma de forma profunda, mientras que la peliverde respiraba trabajosamente y se quedaba muy quieta, como quien se queda quieto al ver a un animal salvaje para no perturbarlo y que no te ataque; el reconocimiento de Milo continuó mientras su brazo derecho aferro la cintura de la chica, y poco a poco la fue llevando hacia atrás, hasta colisionar de manera lenta con la pared fría. Todo aquello había sido tan delicado, tan ajeno a la manera en que Milo normalmente se comportaba con cualquiera de sus amantes, que se desconocía a sí mismo.
—¿Qué me estás haciendo Shaina?, me has jodido, me has jodido bien—la voz del Santo de Escorpio sonaba entre un sollozo y un murmullo ahogado, como de quién intenta por todos los motivos detener sus instintos—se mía Shaina—dijo, mientras el nombre de la amazona destilaba de sus labios como veneno que terminaba de hacer su efecto en la presa, los labios de Milo primero besaron su cuello, después pasaron como mariposas suavemente hasta su quijada, él podía escuchar la respiración de la joven en su oído, y lejos de ayudar en algo estaba logrando encandecerlo como un volcán a punto de explotar; después pegó su cuerpo impúdicamente al de ella, en un gesto dominante y varonil, sintiendo las suaves curvas de la chica colisionar con su cuerpo, pudo sentir sus pezones erectos, y emitió un pequeño gruñido de aprobación, su otra mano seguía acunando su cuello, hasta que no lo resistió más y pasó a sus labios.
Shaina jamás pensó que su primero beso sería tan avasallante, jamás pensó que alguien te pudiese robar el alma en un beso, para después dejarte ardiendo, el beso no perdonó, al igual que el dueño de esos labios, el beso fue dominante, no fue nada suave, había demasiada hambre y sed, y ella intentó responder a lo que sus capacidades daban.
Lo que terminó de quemar el interior de Milo fue la inexperiencia de la pequeña víbora entre sus brazos en ese momento, él, perverso como era, se regodeaba en el hecho de que lo más probable es que sus labios eran los primeros que la tocaban, y aun teniendo parcial conciencia de eso no le dio tregua, la beso inundando la boca de la chica con toda su esencia, su lengua trazaba patrones sobre la de ella, no la dejaba respirar, quería escucharla así para siempre, perdiendo el aliento por él; la mordía, y la volvía a besar, no sabía cuánto tiempo había pasado así, hasta que sus manos bajaron hasta los muslos de la chica para elevarla en sus fuertes brazos, instintivamente Shania lo abrazó, y rodeó la cintura del caballero con sus piernas, Milo apretó sus muslos, y después sus nalgas, en efecto es un excelente culo, pensó, mientras sonreía en los labios de la amazona, para recargarla una vez más contra la pared y dejar que la chica sintiera la protuberancia de su pantalón de entrenamiento; una leve imagen mental de aquello tomó lugar en la mente de Shaina, logrando sacar de ella el primer gemido, a lo que él respondió emitiendo un sonido gutural.
El beso comenzó a menguar, hasta que las frentes de ambos quedaron recargadas, el agarre de las piernas de Shaina comenzó a menguar, pero no por eso Milo le dejó de sostener. La miró a los ojos y sonrió, esa sonrisa arrebatadora de un niño que acaba de obtener su caramelo preferido, una sonrisa felina, parecida a la de un gato a la que le acaban de dar su crema, la colocó con cuidado en el piso. Beso su nariz, para después ponerle su máscara, y salir de aquel lugar con el triunfo escrito en su rostro.
-Nos vemos Shaina—pero ella no lo dejó marchar, lo detuvo mientras intentaba acompasar su respiración un poco.
-Yo tampoco sé compartir escorpio—dijo la amazona de manera contundente, sorprendiéndolo un poco.
-¿Qué es lo que quieres? —preguntó el peliazul, aun dándole la espalda
-Si esto va a pasar, o está pasando, no quiero tener que lidiar con que alguna de las vestales envenene mi comida, o que de pronto alguien utilice el mismo perfume que el mío—soltó de manera golpeada.
-¿Quieres exclusividad? –la había seguido demasiado tiempo, durante demasiados años, y ahora que la había probado, no sabía si podría soltarla tan fácilmente—¿estás segura de poder saciarme?—
Lo había dicho de una manera tan demandante, que de pronto lo había descolocado, logrando hacer que se pusiera un poco nerviosa.
-Ya te dije mis términos Milo de Escorpio—lo soltó y dejó que se fuera, mientras él emprendía su camino.
Esa tarde, Milo terminó de saciar sus instintos con su amante del momento, le mandó una nota y esperó por espacio de 10 minutos, la chica entro al salón principal de su templo, cerró la puerta tras ella, habiendo hecho lo anterior entró caminando de manera serena y cadenciosa, dirigiéndose a ese hombre que la había convertido en una adicta a él, la esperaba con una copa de vino en la mano.
En la nave principal del templo, había una piel de tigre, adornando una sala ostentosa de piel, varios cuadros y sorprendentemente libros. Cuando la joven llegó a la piel que estaba tirada en el piso se sentó frente a quien la había convertido en su juguete sexual desde hacía ya tres meses, que en ese momento exhibía parte de su pecho marcado, dando vista a sus pectorales, ya que tenía la camisa completamente desabrochada y se encontraba en una pose bastante relajada, mostrando una imagen muy salvaje y sexi para la receptora de todo esto. La guapa chica de piel canela, para sentirse un poco cómoda lo imitó, emitió un largo suspiro y se bebió a pecho toda la copa que le había sido ofrecida, extendiendo la mano con la copa vacía a Milo.
- ¿Cómo estas, cariño?, hacía mucho tiempo que no nos veíamos en privado—dijo él rompiendo el silencio, mientras observaba a la chica beberse una copa más a pecho.
-En este momento estoy muy nerviosa, después de todo eres el único hombre con el cual he estado—dijo la chica, sorprendiéndose por la anterior confesión que acababa de hacer, pero continuó naturalmente con la conversación—Si hacía mucho tiempo que no nos veíamos—
-Así es preciosa, la última vez me dijiste que ya no querías seguir así, sin embargo, aquí estas—
-Quería hacerme la interesante, quizás así te daba en el ego y me rogabas o algo así—la chica se atraganto con la tercera copa de vino mientras se escuchaba decir las anteriores palabras, pero qué carajos le estaba pasando, Milo simplemente se reía de buena gana, al parecer el vino funcionaba como un suero de la verdad en esta chica.
-Tú sabes que yo jamás ruego cariño—le dijo con sus ojos azul verdosos posados en ella de una manera furtiva, el hombre ya la estaba desvistiendo con la mirada.
Horas después de haber tenido dos o tres sesiones candentes y adictivas de un buen sexo, Milo completamente saciado, y ella completamente agotada, se quedó dormida sobre la piel que estaba frente a la chimenea.
Se levantó para limpiarse el sudor, después de todo había sido una sesión candente, se vistió, contemplo un poco a Ana, o era Adriana, estaba seguro que termina en "ana", acostada con el cuello marcado por sus manos, y con algunos moretones marcados en su cuerpo por el agarre tan fuerte de su parte, sonrió amargamente ante la imagen; pobre chica, él sabía que ella lo adoraba, sin embargo este no era tiempo para distracciones, se había saciado, y ahora debía terminarlo, tenía que terminarlo si quería a Shaina.
Después de que Milo se puso su túnica, escribió una nota y la dejó al lado de la chica, esperando a que mañana por la mañana la viera y no tuviese que lidiar con la parte verbal de lo que implicaba la "ruptura", después de todo aún era de madrugada, no la despertaría, además de que no estaba de humor para un drama; salió con cuidado de la sala y se dirigió a su habitación, le apetecía un baño largo para conseguir dormir un poco.
Cuando Mariana despertó, ya era casi de mañana, el sol apenas daba tintes al cielo nocturno, al voltear sus ojos en búsqueda de su amante vio que el lugar que antes ocupaba él estaba vacío; se encontró con una nota a su lado, sus ojos inundados de lágrimas sabían perfectamente de quien era esa nota, le habían advertido que así solía terminar las cosas, la abrió lentamente con las manos temblorosas y sus ojos repasaban las palabras una y otra vez en búsqueda de algo más, pero nada, Mariana arrugó la nota en sus manos, la tiró al piso. La chica se vistió y se fue del lugar con la desazón de la cruda moral y física por la cual estaba pasando.
-Ésta es la última vez—dijo la chica con el dolor marcado en sus ojos, se lo juró a sí misma como muchas veces antes, se limpió, y con paso seguro se dirigió a la puerta del templo, mientras Milo seguramente aún dormía en su habitación, volteó una vez más a ver la nota arrugada en el suelo, repasando las palabras que decía.
"Fue un placer"
…..
Arena de Entrenamiento de las amazonas, crepúsculo.
Mientras tanto en el recinto de las amazonas, las jóvenes aprendices se encontraban descansando del entrenamiento de aquella mañana; al fondo de la arena admiraban a las más veteranas de las amazonas disfrutando de un entrenamiento amistoso.
Marín de Águila y Shaina de Ofiuco hacía tiempo habían limado asperezas, la vida y las guerras les habían enseñado que peleaban para el mismo lado; en la parte de las escalinatas del coliseo se encontraba Aioria de Leo observando al objeto de su afecto con una sonrisa en los labios, lo cual distrajo a Marín, quien terminó por recibir una buena patada por parte de su contrincante.
Ambas transpiraban pesadamente, se dieron un tiempo de respiro, ambas reían a carcajadas, hasta que un cosmos inesperado se aunaba a la reunión, y ahí en la cima de las escalinatas se encontraba Milo de Escorpio, platicando entretenidamente con su compañero de armas, mientras enviaba miradas veladas a la peliverde en el centro de la arena de entrenamiento.
El silencio embargó una vez más a las chicas mientras se perdían en sus pensamientos, ambas observando a los caballeros dorados que se retiraban a su lado del santuario y seguían platicando entretenidamente.
-Shaina—la voz de Marín rompió el silencio que mermaba entre las dos, la amazona de Ofiuco volteó su mirada a su compañera de armas, mirándola con cuidado, la pelirroja la miró directamente a la máscara— ¿alguna vez has sentido que no deberías hacer algo, pero de todas maneras terminas haciéndolo porque sí no lo haces sientes que vas a morir? —
La relación entre Marín y Aioria era un secreto a voces en el Santuario, sin embargo; a diferencia de Milo, Aioria no tenía una lista interminable de conquistas, él sólo había tenido ojos para una sola chica desde el inicio; ambos sabían a lo que se arriesgaban, por lo que simplemente vivían su amor de manera prohibida.
-Se perfectamente bien a que te refieres Marín—dijo Shaina con voz velada mientras volteaba su mirada a las estrellas sobre de ellas.
-Shai... ¿Tienes un morado en el cuello? —dijo la pelirroja con sorna, cambiando la atmosfera por completo haciendo que la aludida volteara a verla, y la amazona agradecía por la máscara, o de lo contrario vería su mirada avergonzada y su cara de sorpresa—justo aquí—dijo la chica señalando el lugar en su propio cuello.
Entonces Shaina se cubrió con su melena, mientras Marín esbozaba una sonrisa de reconocimiento imperceptible para la peliverde.
-No te preocupes Shaina, para todo hay una primera vez—dijo la chica con sorna mientras se levantaba y se dirigía a los dormitorios de las Amazonas.
-Voy a matar a ese maldito escorpión—dijo con rabia fingida por lo bajo, mientras una sonrisa se colocaba en sus labios.
…
Templo de Escorpio, 4:00 a.m.
Su pelo estaba enmarañado en mis manos, sus labios estaban en mi pecho y bajando, torturándome lentamente, matándome de pasión, sintiendo como esa electricidad recorría todo mi cuerpo, poco a poco llego hasta mi vientre y pude sentir su respiración agitada y el calor de sus labios cuando comenzó suavemente a besar gentilmente mi pene, era una sensación cálida, no era algo errático como lo había sido con otras chicas antes, esto era distinto, cuando la tome de su cabeza de manera delicada la dirigí hasta mis labios y la bese apasionadamente, me estaba perdiendo en ellos, poco a poco fui acariciando y besando cada rincón de su piel, su cuello, su espalda que tanto me gusta, su senos, su vientre de paloma, y su voz como agua clara diciendo mi nombre en un gemido de placer, poco a poco comencé a penetrarla, ella arrugaba las sabanas de seda verde con sus manos, esto es lento, sentía como lentamente iba haciendo mía su esencia, su ser, toda su alma, después de todo esta era su primera vez…Estaba deliciosamente estrecha, sentí un poco de dolor al penetrarla por completo y pude escuchar un pequeño quejido, y ella poco a poco se aferraba a mi espalda, viéndome profundamente a los ojos, diciéndome que me amaba, y yo estaba embriagado en su perfume en su sudor, en su tacto, en su sexo, en ella misma, sepultando mi corazón entre sus piernas, cuando comencé a sentir la serie de descargas eléctricas, sabía lo que significaba, esté sin duda será por mucho el mejor orgasmo que iba a tener en toda mi vida, de pronto mi voz ronca comenzó a escaparse a manera de gemidos, y al ver sus ojos envueltos en placer, me dio mayor satisfacción, ella lo disfrutaba igual que yo, un último gemido de parte de los dos…
Milo de Escorpio despertó de manera abrupta y sintiendo una serie de descargas eléctricas en sus músculos, extendiéndose desde su centro a todo su cuerpo, parecidas a un orgasmo, "Zeus esto no es posible, ¿de verdad?, un sueño húmedo".
Hacía más de 4 años que no tenía uno, y de todas las personas del mundo precisamente tenía que haber sido "ella" la protagonista; su subconsciente le estaba traicionando de una manera terrible. ¿No pudo ser otra mujer?, incluso Ana (Mariana) hubiera sido agradable a este nivel para él, todas menos "ella", se levante de la cama ya que estaba totalmente húmeda y manchada, envió las sabanas a la lavandería… se acostó unos segundo y vio que hora era en el reloj de su habitación, las 4:00 de la madrugada…intentó volver a dormir pero no podía, lo único a lo que su mente lo regresaba era a esa imagen de Shaina de Ofiuco desnuda debajo de su cuerpo, de sus besos, de sus caricias…esto era más de lo que podía manejar, la pregunta era si quería escuchar esas palabras salir de su boca, demasiado cargado de emociones.
…
Bosque cerca de la Acrópolis, viernes por la tarde.
Milo se encontraba observando a Shaina en el bosque, como muchas otras veces esas semanas. La rutina no variaba mucho, primero comían con sus respectivas áreas, luego se despedían y compartían algún postre o conversación ahí en ese claro del bosque, el caballero de Escorpio no quería apresurar las cosas, y realmente se sorprendía por la paciencia que estaba teniendo con la amazona, estaba disfrutándola, realmente disfrutándola, y de paso sorprendiéndose por esta faceta de su naturaleza.
Cuando estaba ahí, sólo, observándola, la escena de su madre se perdía en el pasado, no se repetía constantemente en su cabeza. Cuando estaba ahí, no era un caballero perteneciente a la orden de Élite de la Diosa Athena, no era un intento de hombre traído de entre los muertos, o una sombra de su pasado, cuando estaba ahí era solo Milo.
Shaina llevaba su larga y sedosa melena atada con un listón, mientras se acomodaba un riso rebelde que se estaba escapando del nudo, su rostro descubierto para él, mientras degustaba un cono de helado de manera decadente, y Milo seguía como esclavo su lengua de arriba para abajo, disfrutando, incluso de aquel gesto tan pequeño, Shaina continuó con aquel proceso.
Hasta que sintió una mano fuerte que comenzaba a aferrarse tentativamente en su cintura, después, sintió su nariz un poco fría en su cuello, aspirando todo su aroma, hasta que sus brazos posesivos se hicieron de ella, y la giraron para encararlo.
Esta tarde no era distinta a otras de esa semana; después de que Milo la hubiese besado por primera vez algo había pasado en el caballero dorado, era más posesivo, más demandante, y hasta cierto punto territorial, Shaina no sabía cómo o dónde poner su dedo específicamente, pero la noche del beso algo había cambiado. Su hilo de pensamientos fue interrumpido por su voz ronca y seca.
-¿Por qué te convertiste en amazona, Shaina ?—preguntó Milo , mientras una de sus manos subía para acomodarle un riso rebelde detrás de su oreja.
-Tengo entendido que mi madre era una guerra excepcional, ella no quería ser madre, realmente no sé cómo fue que me concibió, no sé quién es mi padre, terminé en el santuario, abandonada por ella, lo demás es historia—dijo ella mirándolo a los ojos mientras se perdía profundamente en ese mar tempestuoso que era la mirada del santo de escorpio.
-Ya veo, lo siento—dijo él, mientras la estudiaba cuidadosamente, pasando su mirada por sus cejas unas poco despeinadas, sus pestañas largas y tupidas, después pasaba la mirada por su nariz fina, su cuello de cisne, y regresaba la mirada a sus labios, torturándose un poco más para reclamarlos, solo un poco más.
Shaina por alguna extraña razón siempre hervía en nervios bajo el peso de la mirada del peliazul, a pesar de que ya no se le hacía raro ver esa mirada hambrienta, aún seguía intentando entender de dónde provenía el peso de esa mirada.
-Oh no te preocupes, es algo ajeno a mi memoria, y tengo a mis pupilas, el santuario, es prácticamente como una familia, así que pues no estoy sola del todo... además si todos estamos solos, al menos, todos estamos juntos en eso, ¿no? —el escorpión necesitaba procesar aquello lentamente en su mente, como el peso de esas palabras caían como un bálsamo, gota a gota, sobre su herida alma.
-Así que tú crees que todos estamos solos—dijo Milo afirmando aquello mientras besaba la parte interna de la muñeca de la serpiente, aspirando todo su aroma.
- ¿Y acaso es eso malo? —preguntó Shaina con potente franqueza, mientras unos rayos de luz se filtraban entre el follaje de los árboles—creo que constantemente nos inculcan que debemos cumplir con expectativas. Ahí está la teoría de la media naranja; tu otra mitad, me parece que es sumamente egoísta cargarle a la otra persona el deber de completar todo lo que te hace falta sabes—Milo sonreía mientras asentía levemente su cabeza, pidiéndole con su mirada que continuara—es decir, ¿no sería más hermoso compartir tu felicidad con la otra persona, y multiplicar tu felicidad?, digo no es como si nosotros como santos de Athena tengamos esa oportunidad de normalidad, pero se entiende; es lo mismo con las expectativas, nos enseñan a cumplir con lo que los demás esperan de ti, pero no con lo que tu esperas de ti, por eso digo que nadie está en este mundo para cumplir con expectativas de nadie, y si se puede coincidir es una belleza, si no se puede, pues qué triste, pero no por eso se debería cumplir con la expectativa de alguien más—
-Y sin embargo aquí estas—le dijo Milo señalando su punto con la mirada fija en la suya—eres inteligente Shaina, sabes que yo voy por todo o por nada, y aquí estas—la joven sonrió ampliamente mientras ponía ambas manos en sus hombros, y lo miraba directamente a los ojos, ¿qué podía responder honestamente a aquello?, ni siquiera ella podía explicarse el magnetismo entre los dos.
Lentamente se fue acercando a sus labios, pero en el momento en que sintió aquella deliciosa seda por completo, todo se tornó en blanco, paz, la más absoluta y exquisita paz se centró en su mente, no había nada, no existía nadie, solo ese lugar y ese beso.
La levantó colocando sus manos en sus muslos, Shaina obedientemente enredó sus piernas en su cintura, mientras Milo la sostenía, hasta que sintió en su espalda un tronco, las manos del escorpión comenzaron a explorar la expansión de sus piernas, hasta llegar a sus nalgas, luego con sus labios comenzó a bajar a su cuello, dejando besos avasallantes, marcándola en cada pedazo de piel descubierto, la chica emitió un pequeño gemido involuntario, arrancándole una sonrisa a su perpetrador, mientras él movía su pelvis contra la de ella, dejándola sentir su miembro impúdicamente, arrancándose un sonido gutural, al parecer Shaina de Ofiuco estaba más que húmeda y lista; sin embargo él sabía que debía llevar las cosas lento.
Milo fue menguando en su agarre, dejando que la chica se parará y respirará un poco, él siguió besando los labios de la chica lánguidamente, sus manos comenzaron a explorar su cintura, después un poco más arriba, en su costado; tocando sus costillas, después sorpresivamente uno de sus senos, la chica tomó un respiro violento y abrió los ojos, sin embargo, la caricia no le era incomoda, extraña si, incomoda no, decidió dejarlo ser.
El peliazul al no sentir que la chica lo detuviese, colocó ambas manos en sus senos, encima del suéter, masajeándolos a su antojo, mientras ella se quedaba paraba ahí, sin saber bien qué hacer con sus brazos o sus manos, hasta que Milo la acercó a él de manera posesiva, colocando con sus propias manos los brazos de la chica detrás de su cuello. Entonces Shaina experimento algo parecido a tocar las estrellas, cuando el peliazul pasó sus manos de forma suave y decadente de sus senos a su espalda, para pasar por su cintura, para colocarlas de manera firme en su cadera, apretarla y acercarla más a él, terminando en sus nalgas, él emitió algo hibrido entre un gemido y un gruñido, despabilándola de su entre sueño.
- ¿Shaina sabes lo que me haces? —colocó su frente sobre la de la peliverde, mientras sonreía, ahí esta esa sonrisa que tanto me gusta, pensó la chica, ella sonrió también mientras él le pinchaba una nalga y comenzaban a reír, sin embargo; algo cambiaba en la mirada de la amazona.
Él notó la solemnidad en su mirada, y el cambio imperceptible en su postura, tomando sus manos entre las suyas, mirándolo profundamente a los ojos, Milo podía sentir el pulso acelerado de la chica frente a él, a veces olvidaba lo inocente que era en estas cosas; mientras que sus manos temblaban un poco intentando armarse de valor para llevar las cosas a otro nivel. Los ojos de Shaina se llenaron de algo tan hermoso que Milo sintió esa calidez hasta la medula, pensando que todas las heridas del pasado, que la tortura que había sobrellevado en batalla, que el dolor de la muerte de su madre, todo, todo aquello era lavado y curado por un bálsamo con aroma a frutitas, y de pronto él pensó que el sol también podía brillar en su noche, que el sol también podría brillar para él. Que después de todo, la oscuridad no era tan mala si tenía a la constelación de Ofiuco iluminando su cielo nocturno.
-Dime Shaina—dijo él con su voz aterciopelada mientras acariciaba una mejilla de la chica.
-Milo, yo, creo que siento algo por ti, aún no sé qué es, pero lo siento—los ojos de Milo de Escorpio jamás se habían iluminado tanto como en ese momento, Shaina sentía que veía danzar relámpagos en esa mirada tan tempestuosa y de pronto tornándose un poco animal. El caballero de oro se abalanzó sobre ella con un hambre voraz. Tumbándola en aquella cama de flores mientras la besaba apasionadamente. La chica correspondiéndole gustosa.
-También lo siento Shaina—él había susurrado aquellas palabras al oído de la chica, mientras bebía toda su esencia y sus manos vagaban por lugares inexplorados. Poco a poco llegó al filo del vestido y se lo saco, dejándola solamente en bragas, con sus senos expuestos.
-Mierda—dijo el peliazul e un susurro, bebiendo esa imagen y grabándola para siempre en su mente—eres perfecta, eres hermosa en todos los sentidos—dijo el viéndola. Mientras la amazona luchaba por no cubrirse ante lo abrasadora que era aquella mirada que lanzaba impulsos eléctricos directamente a su centro.
Milo la acarició de manera delicada mientras dejaba que sus manos sintieran la fricción de piel contra piel, en este punto la peliverde se deshacía debajo de él, por toda la cantidad de caricias propinadas a su cuerpo. Después los labios del escorpión, vagaron por su cuello, su clavícula, en medio del valle de sus senos, para seguir con sus costillas, su abdomen, su ombligo, luego subió una vez más besando delicada y lentamente sus pezones, dejando que la rubia se acostumbrara a éste nuevo tipo de intimacía entre ambos. Milo estaba llevando las cosas a nuevo nivel, y si bien es cierto que le era extraño todo esto, ella estaba dispuesta a aprender.
Cuando Milo llegó a sus bragas pidió permiso con su mirada, Shaina solo asintió con la cabeza, mostrando ese valle desnudo entre sus piernas, él se relamió los labios mientras la mirada más traviesa y depredadora se formaba en sus ojos, Milo se colocó en medio de sus piernas, mientras besaba delicadamente sus labios vaginales antes de abrirlos por completo, para después aspirar su aroma y gruñir ferozmente. La lamió por completo, introduciendo su lengua en su vagina, arrancándole gemidos impúdicos a la inocente chica entre sus brazos. Para después pasar a propinar tremendas succiones y caricias a su clítoris, logrando que ella moviera sus caderas al paso que el marcaba, introduciendo primero un dedo y después dos en esa estrecha cavidad, él sabía que ella era virgen, y una parte muy enferma de él se deleitaba en saber que sería el primer y único dentro de ella. Porque Shaina era suya, solamente suya. Milo siguió degustando todo ese elixir que salía de ella, "Sabe a miel" pensó mientras sentía como comenzaba a contraerse entre sus dedos.
-Milo, no puedo, yo... Milo...Milo más—los gemidos de la chica inundaban aquel inmaculado claro, su pelo como una cortina entre las orquídeas a su alrededor, su cuerpo desnudo frente a él, para su deleite, goce y disfrute. Milo volvió a gruñir ante aquel pensamiento. Shaina tuvo su primer orgasmo en los labios de Milo de Escorpio, y no había cosa que la excitara más que aquello.
-Así que eso es un orgasmo—dijo la chica en voz alta mientras acompasaba su respiración. La risa gamberra del caballero se escuchó en el claro, mientras no despegaba la mirada de los ojos de la peliverde para después lamer sus dedos.
-Sabes deliciosa—dijo Milo mientras la miraba con un hambre voraz.
- ¿Cómo hago para complacerte Milo? —siempre con su curiosidad innata, y con la necesidad de saber si podía despertar todo eso en él, poco sabía la pobre que el caballero de Escorpio ya estaba a mil sin necesidad de que ella lo tocase. Milo se puso en pie y comenzó a desabrochar su pantalón, mordiendo sus labios y sacudiendo un poco su melena.
-Se buena niña y abre tu boca para mí—dijo sacando su miembro de su pantalón, impresionando a Shaina por completo, eso no se sentía tan grande aquel día. La chica obedientemente abrió su boca, pero era demasiado grande, así que se ayuda de sus manos como Milo le instruyó y comenzó a succionar, lamer, y devorarlo.
-Mierda—siseo él, mientras volteaba la vista a la chica que estaba desnuda e hincada frente a él, sus ojos verdes y expresivos mirándolo en todo momento, de una forma tan inocente, que Milo estaba a punto de venirse por solo esa mirada, la chica comenzó a succionar un poco más fuerte mientras Milo la mantenía en su lugar y comenzaba a bombear su miembro adentro y afuera, más rápido, hasta que encontró su liberación. Shaina se tragó su simiente mientras lo observaba, con una sonrisa en sus labios y Milo se desplomaba en sus rodillas.
El escorpión tomó el rostro de Shaina entre sus manos y la besó, probando su sabor en ella, y no pudo evitar pensar en cómo el sabor de sus sexos se combinaba en aquel beso, excitándose más.
-Milo yo quiero que pase "eso" entre nosotros—Milo rió abiertamente, un eufemismo, "eso", últimamente Milo no podía evitar pensar en ella y "eso" todo el tiempo, sobre todo después de aquel sueño.
-Cuando "eso" pase entre nosotros Shaina, será especial, y será como te lo mereces, no en un claro en medio del bosque—
-Milo, yo no necesito—él la interrumpió.
-Yo lo sé...sé que lo material no tiene importancia, pero es tu primera vez y quiero que sea especial, que siempre recuerdes el momento, que estés lista, porque no quiero que te arrepientas—dijo Milo mirándola a los ojos mientras la acomodaba entre sus brazos
…..
Las doce casas del zodiaco, Acrópolis. Un mes después.
La noticia de que el Santo de Pegaso había regresado junto con la diosa Athena corría por todos lados, y en el templo mayor, los caballeros dorados daban la bienvenida a su diosa, todos felices por tenerla una vez más con ellos. La mirada del Santo de Escorpio fija en Seiya, mientras una emoción hasta ese entonces ajena ocupaba la boca de su estómago. Tenía que verla, cuando finalizó la reunió fue inmediatamente a buscarla, al carajo la discreción, disimular y todo lo demás.
Estaba seguro que ella sabía sobre esto, después de todo ella amaba a Seiya, cierto; Milo estaba cegado por su naturaleza, y podía mantener su temperamento a duras penas, tanto así que ni siquiera se molestó en esconder su cosmos cuando entró a la arena de las amazonas, como un cielo nublado que anuncia una tromba a punto de caer.
Cuando la encontró se decidió a esperarla en los cambiadores de la arena, sabía que siempre disfrutaba de una lucha larga, y afortunadamente no había nadie más con ella.
- ¿Cuándo pensabas decirme que Seiya de Pegaso volvía al santuario? —dijo Milo acorralando a Shaina en un pilar de los baños del campo de entrenamiento, hasta que todos se fueron y la chica entro a bañarse fue que él entró, estaba comenzando a preguntarse seriamente porque amaba tanto la vista de su cuerpo desnudo.
-Milo, me asustaste—dijo la chica descubriendo su cuerpo, ya que se había cubierto en cuanto escuchó una voz en las regaderas—no pensé que fuese información importante—dijo la peliverde como que no quiere la cosa.
-Ah no me digas—dijo el caballero dorado mientras la observaba de manera iracunda y se desnudaba para entrar a la regadera con ella— ¿sabes cuál es la diferencia entre un capricho y una pasión de toda la vida, Shaina? —inquirió el peliazul, mientras la acorralaba con su cuerpo en contra de la pared de la regadera, pegando su miembro erecto en el hueso de su cadera.
-No—dijo Shaina, mientras se quedaba como hipnotizada por aquella mirada tan distinta que le estaba ofreciendo el Dios griego encarnado frente a ella; cargada de un sentimiento que Shaina se negaba a admitir, y por lo visto él también.
-Tu eres un capricho para mi Shaina—dijo Milo, mientras la acariciaba suave y delicadamente con sus manos, con parsimonia, como quien hace un ritual—tu eres el más grande capricho que he tenido en mi vida—continuó, mientras besaba la comisura de su cuello y hombro—y no soporto que nadie más toque mis caprichos, piense en mis caprichos, ronde a mis caprichos—dijo de ultimo arrancándole un gemido por las caricias proporcionadas por sus manos—este juego ya ha llegado a su fin, te necesito, y te necesito ahora—dijo Milo mirándola a los ojos.
Shaina simplemente lo miró, sintiendo como sus manos retiraban la máscara, la expresión con la que se topó el escorpión dorado terminó por calmarlo un poco; la peliverde lo observaba con sus ojos muy abiertos, como un venado que ha sido encandilado por las luces de un auto, y con la mirada más tierna que él jamás hubiera visto ella asintió su cabeza.
-Quiéreme Shaina—dijo Milo en un murmullo—quiéreme a mí—
En ese momento fue como si un calor extraño se apoderase del interior de Shaina de Ofiuco. Una especie de explosión rara tomó lugar en su estómago y comenzó a esparcirse por todo su cuerpo, las miradas de ambos se encontraron, sabiendo que habían alcanzado un punto sin retorno, sabiendo que en sus corazones se alojaba un sentimiento prohibido para ambos, sin embargo, no les importó... no ahí, no ahora, no cuando estaban a punto de entregarse en la forma más completa que pudiera existir.
Milo comenzó a besarla de forma lenta y cadenciosa, mientras ella abría sus brazos para él, el contraste de colores que ambos ofrecían era sublime, la palidez de la piel de ella, el verde de su pelo y sus ojos; el dorado de la piel de él, el azul intenso de sus ojos. Poco a poco el único sonido que invadía aquel lugar era el del agua de la regadera corriendo libremente hasta el suelo, y el de sus labios colisionando de manera apasionada y arrebatadora. Suspiros era lo único que se escuchaban, mientras el peliazul dejaba que sus manos redescubrieran ese cuerpo que había logrado conocer de memoria.
Sabía que si besaba su cuello como ahora lo hacía lograría arrancar los sonidos más dulces de la garganta de su peliverde preferida, y sabía también que si seguía el camino de lunares que iba desde su clavícula a sus senos lograría que ella se arremolinara en sus brazos, justo como lo hacía en ese momento.
Shaina no lo dejó desatendido, había aprendido a conocer muy bien el cuerpo del hombre frente a ella, sabiendo perfectamente bien que si pasaba sus manos por su espalda, hasta llegar a su trasero y lo apretaba firmemente lograría arrancarle ese gruñido gutural que tanto la encendía, ese gruñido que en ese momento él lanzaba justo al lado de su oído, jamás se habían tomado las cosas tan lentas, o disfrutado mutuamente de sus presencias como en ese momento. Había sido tanta la convivencia entre ambos que leían perfectamente bien sus gestos sin necesidad de externar que era lo que querían.
El rostro de Shaina se contorsionó en uno de placer, mientras su labios rojos y tiernos formaban una "o" muda, Milo estaba arrodillado frente a ella, y una de las piernas de las chicas estaba sobre su hombro para darle mejor acceso a su lugar preferido en el mundo; cuando la lengua del escorpión tocó el clítoris de la serpiente fue como si fuese un hombre sediento, como si hubiese pasado mil años en el desierto y ella fuese la fuente del agua de la vida, Shaina se recargó en la pared de la ducha, mientras el agua recorría su cuerpo libremente, con sus manos apretaba sus senos, mientras acompasaba sus caderas al tortuosamente lento ritmo que su amante le administraba, su lengua se sentía cálida y sedosa entre sus muslos, mientras la llevaba de manera lenta a la locura; en ese momento nadie más existía, solo ellos dos, eran el centro del universo, y el universo se quemaba lentamente.
-Milo—su nombre se perdió entre más gemidos de placer, mientras él comenzaba a subir poco a poco el ritmo de su lengua, los gemidos que emitía su garganta era la más dulce melodía para él, sin embargo, no la dejó llegar. Se levantó y la encaró mientras la besaba, dejándole probar el sabor de su sexo en sus labios.
-Este es un punto sin retorno—dijo el caballero mirándola dulcemente a los ojos, mientras una de sus manos acariciaba su mejilla—después de esto serás mía, por completo—las palabras de él comenzaban a penetrar de forma lenta en el corazón de la amazona—después de esto ya no hay vuelta atrás Shaina—mientras iba diciendo esto levantaba ambas piernas de la chica y la colocaba contra la pared para apoyarse un poco, de manera autómata las piernas de la peliverde se afianzaron como candados en la cintura de Milo, sus brazos se colocaron en sus hombros, mientras lo miraba fijamente a los ojos y asentía a sus palabras, haciéndole saber que entendía—después de esto habrá algo tuyo que siempre será mío, y algo de mí que siempre te pertenecerá—sin embargo no hondeó más en detalles y sin más parsimonia la penetró, de una sola estocada. Shaina siseó un poco cerrando los ojos y recargando su cabeza en el hombro de él.
Se sentía como había escuchado que debía sentirse, era un dolor punzante, mientras sentía que su pureza era desgarrada por él, sin embargo había un sentimiento extraño de plenitud que la embargaba, y poco a poco se acostumbró al sentimiento de invasión de su cuerpo, los brazos de él se afianzaron más a su cuerpo, mientras gemía de placer, para Milo era el mejor lugar en el que podía estar, era glorioso lo apretada que se sentía, sentía como tocaba hasta el alma de la chica, y de pronto se sintió un poco abrumado por el calor que tomaba lugar en su pecho, o la forma tan errática en que su corazón latía... al parecer era la primera vez de ambos en algo.
- ¿Estás bien? —preguntó Milo mientras dejaba que la chica se acomodara ante esa nueva sensación, ni siquiera había terminado de introducir su miembro por completo, y las piernas de ella ya estaban temblando.
-Si estoy bien—sonó la voz algo titubeante de la peliverde—muévete, no mejorará si no lo haces—dijo ella con seguridad aforrándose más a él, dejando que el agua tibia relajara sus músculos un poco, levanto su rostro y lo besó, él correspondió a aquel beso de manera apasionada, mientras comenzaba a moverse dentro de la chica, cada vez más adentro, cada vez más profundo.
Hasta que los gemidos que salían de la garganta de su amante ya no eran de dolor, sino del más puro placer, la cadera de Shaina comenzó a moverse poco a poco, intentando sincronizarse con sus movimientos, hasta que hizo un movimiento perfecto sobre de él, que lo tenía con los ojos hacia atrás y gimiendo.
-Ah, ah, ah, Milo, ahí, justo ahí, por favor, no pares—dijo la chica mientras lo volvía a besar, sin embargo, sus besos cada vez eran más erráticos, más apasionados, robándole su aliento en cada suspiro. Milo obedientemente continuó, y no paro, le era bastante difícil contenerse y no desatar a aquel animal sádico dentro de él, que de pronto quería tomar su turno en todo lo que ocurría frente a sus ojos, era la primera vez que Milo no dejaba que aquello ocurriera y se daba la oportunidad de disfrutar todo de una forma más natural y no tan sadista, sin la necesidad de provocar dolor o sufrimiento a su acompañante, no, esta era la primera vez que entendía el concepto de hacer el amor, ya que Milo estaba desnudo sí, había estado muchas veces desnudo frente a chicas, de todos los colores y sabores que se pudiese él imaginar, pero ninguna de ellas atravesó más allá del sexo, y ahora él la tocaba, acariciaba y penetraba como si de cristal se tratara, como si fuese un sueño que se fuera a esfumar por completo.
Las embestidas de Milo poco a poco comenzaron a ser más erráticas, y pronto el sonido de sus pieles chocando acompasados por el agua, acompañado de sus gemidos y palabras incoherentes al aire era lo que llenaba el lugar.
-Ya, ya, voy a llegar Milo... mi Milo—
La peliverde jamás había tenido un orgasmo tan atronador como ese, todo estaba en blanco, mientras un pequeño chillido se escuchaba en su oído, y veía estrellas con sus ojos cerrados, sin embargo Milo continuaba, haciendo música para ella, con sus rugidos, estaba cerca, podía sentir cada músculo bajos sus manos tenso, pronto encontraría su liberación, las gotas de agua seguían recorriendo sus cuerpos, y Shaina no pudo evitar abrir sus ojos un poco para observar el rostro de su amante... jamás lo había visto tan bello como en ese momento, jamás había visto su rostro tan hermoso mientras se contorsionaba de placer, y mientras el continuaba una nueva oleada la inundaba, al parecer él no se sentía satisfecho con haberla hecho llegar una vez.
-Gime para mí—se escuchó la voz ronca por lujuria de Escorpio—por favor Shaina, gime para mí, por mí, hazlo—y como si de un comando se hubiese tratado la voz de la chica comenzó a inundar el lugar excitándolo al punto de la locura—Zeus, te sientes tan apretada, tan deliciosa, eres hermosa, ¿lo sabías?, la más hermosa—dijo esto de ultimo mientras seguía mirándola, y con una mano aferro la melena verde de la chica mientras la hacía verlo a los ojos—quiero ver cómo te vienes para mí, quiero ver como el placer llena tus ojos, quiero... quiero que me quieras Shaina—dijo Milo en un susurro mientras no paraba su administración y seguía penetrándola como si la vida se le fuera en ello.
-Milo—dijo la chica mientras una de sus manos se afianzaba de su rostro, mirándolo a los ojos—pero si ya te quiero—dijo la chica mientras el escorpión sonreía, con esa sonrisa arrebatadora tan suya y cerraba sus ojos encontrando su liberación dentro de ella, haciendo que Shaina lo siguiera en corto, logrando exprimir hasta la última gota de su simiente.
Poco a poco sus respiraciones se acompasaron, hasta llegar a la normalidad, mientras él se deslizaba con ella sentada encima de sus piernas hasta el suelo de la ducha.
-No debiste de haber dicho esas palabras—dijo el Caballero de Escorpio en tono solemne mientras acariciaba la curva de su cintura, llegando hasta uno de sus senos.
- ¿Por qué no, Milo? —preguntó ella mientras acariciaba sus hombros y miraba su rostro, él aún no salía de su interior, la chica comenzó a sentir como su miembro volvía a endurecerse dentro de ella.
-Porque ahora eres mía, y lo que es mío, lo es para siempre—dijo a manera de sentencia Milo de Escorpio mientras la observaba firmemente y la besaba para volver a hacerla suya
