Disclaimer: Black Clover y sus personajes pertenecen a Yūki Tabata.


-Recíproco-


Aquel quince de noviembre llegó más rápido de lo que Noelle esperaba. Ese mismo día cumplía dieciocho años, pero no le resultaba relevante ni especial. De todas formas, el día de su cumpleaños no era algo que disfrutara o celebrara normalmente.

Cuando era pequeña, siempre soñaba con que sus hermanos le hicieran una gran fiesta, pero ese deseo nunca llegó a cumplirse. Por lo tanto, no tenía expectativa alguna de que ese día fuera distinto a los quinces de noviembre de otros años.

Ni siquiera todos sus compañeros sabían cuándo era su cumpleaños, porque en los tres años que llevaba siendo parte de la orden de los Toros Negros, no había tenido oportunidad de celebrarlo por estar en misiones. Era mejor así. No sabía cómo reaccionar ante una fiesta sorpresa o ante sus compañeros dándole regalos. No sabía siquiera qué cara se ponía cuándo algo así sucedía.

Si alguna vez celebrara su cumpleaños, se preguntó, en ese momento, si Asta le regalaría algo. No por ser materialista o porque le gustara recibir muchos regalos —de hecho, no estaba acostumbrada a recibirlos en absoluto—, sino porque le hacía ilusión pensar qué regalo escogería y el simple hecho de que se fijara en ella tanto como para obsequiarle algo.

Llevaba algunos meses pensando en Asta. Bueno, realmente eran años, pero como ya se había dado cuenta de que realmente el chico le gustaba, quería decírselo. Sin embargo, no sabía cómo. Siempre que se decidía, se arrepentía en el último momento, porque no podía sacar las palabras que ella quería de sus labios. Todas le parecían vacías, nimias, incapaces de expresar lo que sentía en realidad.

Hacía mucho tiempo que Asta no hablaba de la Hermana Lily y eso le daba alguna esperanza, pero tampoco estaba completamente segura de que fuera a corresponderla. De hecho, preveía una reacción bastante incómoda de su parte o un «somos amigos», pero ya no podía más. Necesitaba, al menos, ser honesta. Ya lo había sido consigo misma y ahora tocaba serlo con él también. No podía negar que algo de miedo tenía, porque la amistad entre los dos era muy pura y sincera, pero bien dicen que quien no arriesga, no gana, así que ¿por qué no arriesgar? Sí, eso haría; justo en el día de su decimoctavo cumpleaños, le confesaría al chico del que llevaba enamorada años lo que le hacía sentir.

Sin embargo, tras la decisión, volvieron a llegar las dudas. ¿Y si le preguntaba a Grey? Ella tenía pareja y aunque no sabía cómo habían surgido las cosas entre ambos, ni quién dio el paso, ni siquiera si lo dieron juntos, decidió que esa era la mejor opción.

Subió las escaleras de forma firme y se quedó enfrente de la habitación de la chica de pelo azul, aunque se detuvo unos instantes antes de tocar porque escuchó unas voces dentro de la estancia.

—¡Venga, cuéntamelo!

—¡Q-que no! Me da demasiada v-vergüenza…

—Pero al menos dime si te lo pasaste bien.

Esa era la voz de Vanessa. Noelle se quedó algo pensativa. Vanessa tenía un defecto: hacer pasar bochorno extremo a los demás, pero su gran virtud era que hablaba sin tapujos y daba buenos consejos.

Noelle dio dos suaves toques a la puerta y después asomó la cabeza tras abrirla.

—¿Puedo entrar?

—Oh, sí, Noelle, a ver si contigo aquí, Grey nos cuenta…

—¡Me resultó algo incómodo, pero me gustó mucho! —gritó Grey casi sin respirar y después se tapó la cara, que había enrojecido como nunca antes.

Noelle parpadeó un par de veces. Ni idea de lo que estaban hablando, pero tampoco quería indagar porque Grey parecía extremadamente avergonzada —más que de costumbre— y porque estaba ansiosa por escuchar los consejos de sus amigas, aun cuando sabía que los de Vanessa iban a ser realmente atrevidos.

—Ven, siéntate aquí con nosotras —indicó Vanessa mientras daba golpecitos tenues en el colchón de la cama de la habitación de Grey, donde ambas estaban sentadas.

—¿Qué p-pasa?

—A ver, es que… quería pediros un consejo…

Vanessa le sonrió de forma pícara y Noelle se puso algo nerviosa.

—¿Es sobre un chico?

—Sí —contestó la pequeña de los Silva de forma rotunda, dejando a sus dos compañeras algo anonadadas por ese arranque de sinceridad—. A mí —comenzó la chica mientras se llevaba la mirada y una mano al pecho para apretársela con fuerza—, me gusta mucho Asta. Desde hace mucho tiempo…

—Bueno, eso ya lo sabíamos.

Noelle levantó la cabeza rápidamente y fijó sus ojos rosáceos en los rostros de las chicas, que no parecían nada sorprendidas. ¿Tan obvia era? ¿De verdad? Entonces… ¿Asta también lo sabría?

—¿Cómo que ya lo sabíais?

—Claro, lo sabemos todos. Creo que, de hecho, Asta es el único que no lo sabe.

—Oh…

Noelle agachó de nuevo el rostro y Grey, al verla algo inquieta, la animó a que siguiera hablando.

—Pero a n-nosotras, puedes contarnos l-lo que sea.

—Me gustaría decírselo hoy. Pero no sé cómo hacerlo. Tengo miedo de que me rechace y se acabe nuestra amistad, pero no puedo posponer esto más.

—Noelle, se lo dices y ya. Sin rodeos ni titubeos. Sé sincera. Asta no es del tipo que dejaría de hablarte si no siente lo mismo.

—Pero…

—Noelle, y-yo te entiendo. Y creo que Vanessa tiene razón. T-tienes que dejar que tu corazón hable…

—¡Qué cursi eres, Grey! —exclamó la chica de cabello rosado con alegría mientras Grey se sonrojaba de nuevo.

Seguidamente, Noelle se abalanzó sobre ellas para abrazarlas con ímpetu. Esas chicas no solo eran compañeras de orden, ni siquiera amigas. Eran como sus hermanas mayores, dos personas maravillosas que la habían ayudado en todo lo posible. Que también habían sido fundamentales para que ella creciera y dejara atrás sus miedos e inseguridades del pasado.

—Gracias. Sois las mejores.

—Lo sabemos —replicó Vanessa—. Feliz cumpleaños, Noelle.

—S-sí, feliz cumpleaños.

Noelle abrió los ojos con sorpresa. Era cierto; ellas sabían que era su cumpleaños, pero pensaba que ya se les habría olvidado. Sin embargo, no era así y eso, irremediablemente, la hizo muy feliz.

—Muchas gracias por todo.

Después de unos segundos más en los que las tres estuvieron abrazadas, la joven Silva comunicó a sus compañeras que tenía que ir a una misión encargada por Yami y que era exclusiva para ella. Así que se despidió de ambas y se marchó.

Vanessa miró a Grey y esta le sonrió. Era hora de hacer los preparativos.


Noelle llegó algo tarde. La misión no era demasiado compleja y ni siquiera consideraba que fuera algo que solo ella pudiera hacer, así que no entendía bien por qué el capitán se la había encargado.

Al entrar en la base, todas las luces estaban apagadas, lo que significaba que probablemente todos habrían salido a misiones o por motivos de ocio. La cuestión era que estaba sola y no sabía bien qué haría. Ya se había decidido a confesarse a Asta y ahora se le escapaba. Qué remedio, se iría a su habitación a descansar un rato.

Sin embargo, al entrar a la sala, la luz se encendió de forma repentina, mostrando a todos los integrantes de los Toros Negros, que le habían preparado una fiesta sorpresa. A ella. A la niña con el alma rota por la muerte de su madre, el abandono de su padre y el maltrato de sus hermanos. Se sintió, en ese momento, diminuta, no merecedora de todo el amor que su familia —porque los lazos no solo los determina la sangre— le estaba ofreciendo.

—¡Feliz cumpleaños, Noelle! —gritaron todos al unísono.

Las lágrimas se le desprendieron de los ojos de forma inconsciente. Pocas veces había sentido tanta dicha como en ese momento, así que fue abrazando a cada uno de sus compañeros con cariño.

Al llegar el turno de Asta, el chico le sonrió con dulzura. Se abrazaron delante de todos y a Noelle le dio igual lo que los demás pensaran; esta vez, se permitiría disfrutar el momento. Lo que no se imaginaba era que Asta le susurraría al oído que quería verla en la azotea cuando la fiesta terminara.

Ella, algo desconcertada, cortó el abrazo y se quedó mirándolo fijamente para después asentir.

Noelle disfrutó por primera vez de su cumpleaños. Era un tanto extraño sentirse bien ese día, porque siempre había marcado la desgracia para la familia Silva, pero ahora simplemente podía celebrarlo con las personas a las que quería y eso era realmente reconfortante.

Cuando la fiesta terminó y todos se fueron a dormir —algunos ni llegaron a sus habitaciones—, Noelle miró a su alrededor. Asta ya se había marchado, así que ella se encaminó también a la azotea del edificio. Estaba algo inquieta, pero conociéndolo, seguro que quería contarle algo que le había pasado en alguna misión.

Al llegar, lo vio sentado. Le daba la espalda y a su lado parecía tener una caja pequeña. ¿Era posible que fuera un regalo para ella? Noelle negó con la cabeza. No quería hacerse ilusiones en vano y que después se desmoronaran. Se fue acercando lentamente y después se sentó a su lado.

—Feliz cumpleaños, Noelle —dijo el chico mientras le daba la caja que Noelle había visto. Así que al final sí que era para ella.

—Asta, no era necesario que te gastaras dinero en mí.

—Pero quería hacerlo. Es solo un detalle, así que no te preocupes.

Noelle abrió la caja con curiosidad y al ver el contenido, sonrío. Eran dos lazos nuevos para sus coletas. Era algo muy sencillo, pero no había duda alguna de que era el mejor regalo que le podría haber dado.

—Muchísimas gracias. Me encantan…

—Qué bien. Estaba preocupado por fallar con el regalo —admitió el chico mientras sonreía y cerraba los ojos.

Noelle pensó que acababa de decir la mayor estupidez de su vida; jamás fallaría con el regalo porque venía de él y con eso ya bastaba. Entonces, se aclaró la garganta: era ahora o nunca. Sin embargo, Asta se le adelantó y se puso a hablar.

—Aparte del regalo, quería decirte algo. No sé muy bien cómo hacer esto, pero… bueno, lo intentaré —Los dos miraron hacia el cielo con las manos apoyadas en la superficie de la azotea—. Siempre he pensado que eres genial. Tu magia es preciosa y poderosa y… sinceramente, te admiro muchísimo. Entraste conmigo a la orden y me has ayudado mucho, aunque puedas pensar que no. No he dudado ni un solo día de mi vida de que eres una persona muy especial para mí. Pero hace algún tiempo que le doy vueltas al porqué. Ya sabes cómo soy, a veces no entiendo bien las cosas, ni siquiera lo que me pasa directamente a mí. Y creo que… ya lo he entendido todo.

Noelle giró el rostro para mirarlo. ¿De qué estaba hablando? Aquel parloteo tan abstracto no era algo propio de alguien tan sencillo como Asta, así que no sabía cómo reaccionar siquiera. Tampoco le hizo falta desde luego, porque antes de que se diera cuenta, el chico deslizó su mano hasta la de ella y la colocó encima, rozando después sus dedos contra su piel para acariciarla.

—Yo… quiero estar contigo para siempre, Noelle.

Ante aquellas palabras, Noelle abrió los ojos y le entraron ganas de llorar. Sin embargo, hizo algo distinto: volvió a mirar al horizonte y sonrió. Llevaba días enteros preparando un discurso para confesarse y ahora él se le adelantaba. No era nada justo.

Asta iba a volver a hablar porque su reacción le había parecido extremadamente extraña, pero entonces sintió cómo ella se acercaba sin separar sus manos y apoyaba su cabeza en su hombro.

—Es un buen comienzo —susurró con voz tenue.

Noelle posó su brazo en la cintura del chico y él hizo lo mismo, pero en su hombro, estrechando además el abrazo. Estaba segura de que, con ese recuerdo en mente, nunca más volvería a detestar el día de su cumpleaños.


FIN


Nota de la autora:

Me encantaría que fuera Asta quien se confesara primero. Sería adorable, pero tampoco me voy a quejar si es Noelle quien lo hace, la verdad. Solo espero que pase y además más pronto que tarde. Pero bueno, aquí está mi versión (basada en una petición). Espero que os haya gustado mucho. Por cierto, estoy en Wattpad con este mismo nombre de usuario, por si a alguien le interesa.

Muchas gracias por leer. ¡Hasta pronto!