¡Regresando con está historia! Gracias por su amor en las votaciones, me encantan, por eso estoy poniéndome las pilas para las otras historias.
Disclaimer: InuYasha no me pertenece ni ninguno de sus personajes.
Advertencia: Faltas de ortografía que se me hayan pasado.
La elegida
Adiós
Kagome se llevaba los alimentos que su madre había preparado con tanto amor y cariño para que tuvieran una cena nutritiva y deliciosa, pero aún así, no podía disfrutarlos, la comida no le sabía bien pues si mente estaba en otro lado, más concretamente en el libro de su habitación, tantas preguntas sin respuestas, tantos sentimientos que se revolvían en su interior.
Suspiró dejando sus palillos al tragar la última porción de arroz.
—Gracias por la comida —agradeció con una sonrisa que intentaba esconder todo lo que sentía y aparentar calma.
—De nada, hija. Y no te preocupes de los platos, yo los lavaré —le informó sonriendo suavemente.
—Pero… —intentó protestar al levantarse de la mesa con sus platos entre sus manos.
—Ni un pero, cariño, estás dispersa; anda y acuéstate, necesitas descansar.
La morena apretó sus labios debatiéndose entre obedecer a su madre o simplemente lavarlos y ya; porque una parte de ella definitivamente no quería regresar a su habitación, no por el momento, sin embargo, la sonrisa que le dedicó, era tan suave y firme que no dejaba lugar para replicar, así que asintió.
—De acuerdo, mamá, gracias —musitó dejando los platos a la mano.
Con un beso a su madre y una corta despedida a los hombres subió a su habitación, en realidad, lo hizo lo más lentamente que pudo, pero no evitó que llegará, pasó de una pierna a otra su peso antes de estirar su mano y tocar la perilla, sintió sus dedos contraerse de nervios.
—Vamos, Kagome, has enfrentando toda clase de obstáculos y problemas estos años, un libro no va a cambiar eso —se reprendió mentalmente mientras inhalaba profundamente.
Decidiéndose, movió sus hombros para deshacerse de la tensión causada por la situación y giró la perilla, al entrar encontró la habitación tal cual la había dejado o casi todo, el libro estaba abierto, frunció el ceño antes de acercarse, se puso de cuclillas frente a él antes de recogerlo, en el momento en que lo tomó entre sus manos no pudo describir el sentimiento, ese deseo que surgió en su interior.
Tenía que regresar al Sengoku.
Con la mente aún confusa se dirigió a su armario, pronto revolvió su contenido hasta dar con un paquete que había guardado con cariño, el traje de sacerdotisa que Kaede le confeccionó para ella, tardó algunos meses, cuando se lo entregó fue unos de los gestos más bellos, pues había solicitado telas especiales, tan resistentes como las de InuYasha, la diferencia era el color, pues las ratas de hielo poseían un color azul glacial, que le gustaba más que el rojo, aunque presentía que por eso mismo Kaede decidió elegir esa tela y no otra, ella siempre era tan considerada desde su conversación sobre Kikyō y como se sentía respecto a que InuYasha la confundiera.
Sonrió al acariciar el traje, era el diseño de las sacerdotisas, por lo que procedió a desvestirse, colocó las prendas desechadas sobre la cama antes de tomar la camisa blanca con hombros sueltos y acomodarla sobre su cuerpo, antes de ponerse el hakama azul pálido y ceñírselo con el lazo a la cintura, se colocó los tabis en sus pies, pero definitivamente jamás se pondrías las getas o zōris, por lo que eligió un calzado cerrado para que pudiera moverse con más libertad, una vez vestida salió de la habitación lo más silenciosamente posible para dirigirse al baño, se miró fijamente en el espejo de cuerpo completo, fue ahí cuando se percató por primera vez que su cabello le llegaba por debajo de la cintura, era un extraña visión, porque al ponerse el traje sentía que había comenzado algo, tocó el frío vidrio donde su cara se reflejaba y una solitaria lágrima se deslizó por su mejilla derecha, dejó salir un suspiro de angustia, algo le susurraba que no volvería a esa casa. A su hogar.
—¿Te marchas?
Kagome se volteó sobresaltada, encontrándose con su madre con una sonrisa triste, pero sincera.
—Mamá, yo… sólo…
Las palabras no le salían, aunque trataba de encontrar las indicadas para comunicarle ese deseo intenso de querer regresar al pasado antes de tiempo, pero sobretodo ese presentimiento de que no iba a volver.
Naomi se acercó para abrazarla y acunarla con cariño, nunca había entendido bien todo el asunto de sus viajes, sin embargo, respetaba la decisión de su hija de ir a ayudar, aun cuando muchas noches se quedaba en vela, orando y escuchando las voces del viento, temía perderla y tenía ese presentimiento de que algo cambiaría, como la vez en que Kagome cayó al pozo por primera vez; su corazón se estrujó dolorosamente mientras la estrechaba más sus brazos, si tenía razón podría ser la última vez que la tendría de esa manera.
—Te ves hermosa, hija mía —depositó un beso en su sien—. Te amo, nunca lo olvides.
Kagome escondió su rostro en el cuello de su madre, aferrándose a ella.
—Yo igual… yo igual.
La madre de Kagome alzó la vista, mirando a través de la ventana el cielo estrellado, inhaló profundamente, el sentimiento de amor que le profesaba a su hija era un lazo que ni la distancia ni el tiempo romperían, sus ojos cristalizados por las lágrimas que anhelaban salir observaron el astro nocturno darle consuelo.
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La luna.
—Amo, ¿sucede algo?
Jaken se acercó al yōkai de cabellos platinos que parecía absorto en algo, aunque la mayoría del tiempo era así, esa noche había algo diferente en la postura de él; se detuvo a su lado apoyándose en su báculo de dos cabezas.
Sesshōmaru retiró la mirada del astro, para posarla en su acompañante, quien retrocedió al ver sus ojos fríos y distantes.
—Disculpe, amo —musitó mientras bajaba la cabeza.
El silencio se extendió por unos hasta que unos pasos rápidos se dejaron oír.
—¡Sesshōmaru-sama, encontré comida! —anunció Rin con los brazos llenos de fruta, siendo seguida de cerca por Ah-Un, quien no la perdía de vista.
—No molestes al amo, Rin —reprendió moviéndose cerca de la niña, por si el peso de su botín la sacaba de balance, lo que menos quería era que se tropezara y Sesshōmaru le regañara por no prevenir eso.
—Sí, Jaken-sama —replicó riendo, dejando las frutas a sus pies antes de recordar algo que vio mientras volvía con Ah-Un de su búsqueda de comida; el pequeño yōkai frunció el ceño al ver ese brillo que conocía bien—. ¡Jaken-sama, Jaken-sama vi un campo de flores cerca de aquí! ¡¿Podemos ir?!
—¡No!
—Pero Jaken-sama —la cara de la niña se tiño de tristeza.
—Jaken, acompáñala.
El yōkai suspiró al escuchar la voz de Sesshōmaru.
—Sí, amo.
Rin sonrió con emoción, Ah-Un se quedó alrededor de las frutas que la niña había dejado para que nadie las robara, mientras ella iba por sus flores. Sesshōmaru los siguió con la vista hasta que se perdieron entre los árboles, fue en ese momento en que comenzó a caminar sin una dirección en claro, sólo caminar bajo la luz lunar.
Sus pasos se perdían entre el sonido de la noche, había perdido el sentido del tiempo, pero al ver como la luna ya estaba en los más alto decidió regresar, pero al momento de dar la vuelta algo llamó su atención a lo lejos, un claro bañado de luz y en medio de este un pozo.
Un viejo pozo.
Kagome miraba fijamente al interior del pequeño templo, había estado unos minutos en silencio, sólo observando la boca oscura que ahora le parecía intimidante, como la primera vez que puso un pie dentro, ya años atrás; inhalando bajó las escaleras antes de girarse para mirar a su familia, quienes le sonreían desde la parte de arriba, tragando saliva se acomodó el carcaj sobre su hombro y su arco, porque desde hace tiempo que siempre volvía con su arma, ya no se apartaba mucho por sus experiencias pasadas; además, le servía para eliminar algunos espíritus que intentan pasar los límites del templo.
Se inclinó sobre la madera mientras apoyaba su rodilla derecha para poder impulsarse, pero antes de que pudiera hacer su siguiente movimiento la voz de su hermano le detuvo.
—¡Espera, hermana! —pidió Sōta, llegando hasta ella.
11:54 p.m.
Ella volteó sólo para tener que abrir sus brazos y atajar al niño, quien se aferró a su cuerpo.
—Sōta…
El corazón de la morena se enterneció ante esa muestra afectiva física tan extraña en su pequeño hermano, por lo que dejo que la abrazar por unos segundos antes de hacer que la soltara con delicadeza, para hincarse y quedar a su altura, dejó su arma a un lado para poder tomar el rostro de él entre sus manos.
—Me tengo que ir, Sōta —susurró con ternura, acariciando sus mejillas.
—Lo sé, pero tengo un mal presentimiento, siento que no volverás y-
—Yo igual, Sōta —sus ojos se desviaron a su madre y abuelo, quienes la miraban con tristeza, pero entendimiento—, sin embargo, es mi deber ir.
Ella atrajo a su hermano hacia su cuerpo, para abrazarlo fuertemente, con el miedo a flor de piel dejo que la calidez y el amor fueran filtrándose antes de separarse; él le sonrió mientras metía la mano derecha en el pantalón y sacar una cajita negra para tendérsela, sorprendiéndola.
—¿Qué es esto? —pregunto curiosa mientras aceptaba el objeto y miraba a su hermano.
—Tu regalo de cumpleaños, ya que mañana no estarás aquí prefiero dártelo ahora, yo lo diseñé —susurró con sus mejillas calientes y rojizas.
11:56 p.m.
Kagome acarició el cabello de Sōta con ternura, se levantó y le besó la mejilla.
—Gracias.
Naomi y el abuelo se acercaron.
—Hija mía, quiero que me prometas que pase lo que pasa siempre miraras al futuro y caminaras hacia adelante —pidió la mujer con la sonrisa más hermosa y alentadora.
—Te lo prometo, mamá —musitó abrazándola—. Abuelo, gracias por todas tus historias y tu amor.
11:58 p.m.
Su abuelo sonrió, Kagome se separó de su madre para tomar su arma y mirar a su familia junta, amándola.
11:59 p.m.
Se encaramó en el pozo, siempre mirándolos.
—Adiós…
Fue lo último que dijo antes de saltar y una brillante luz morada se la tragara.
00:00 a.m.
—Feliz cumpleaños, hermana.
00:01 a.m.
El pozo se selló.
Continuará.
¡Chan, chan, chan! Volviendo con está historia, me doy cuenta que en realidad no estaba tan pulida, cuando lean los siguientes capítulos muchas cosas cambiarán para bien… creo *guiño, guiño*
Con amor, FiraLili
19/05/19
