COSPLAY

¿En qué momento había aceptado ESTO?

Una cosa era acompañar a Hanako a comprar algunas cosas para el próximo cosplay y otra muy distinta era terminar en el mostrador de una tienda de disfraces diminutos, pagando completamente avergonzada, mientras su mejor amiga no paraba de reír, abrazando al menos tres conjuntos diferentes en sus brazos.

Ciertamente adoraba tener una amiga con la cual salir y hablar sobre cosas otaku, incluso le parecía menos estresante hacer cosplay con ella, luego de al menos 3 años de conocerse, sin embargo…

-¡Quita esa cara Naru!, ¿qué mejor regalo de cumpleaños podrías darle a Nifuji San en todo caso si no quieres comprarle un videojuego?

Miró de nuevo el atuendo envuelto en plástico transparente que había escondido en la bolsa de Starboks que de milagro había estado con ella antes de entrar a la tienda a la que Hanako la había arrastrado.

-Esto es embarazoso, ¡en serio, no puedo creer que me convencieras!

-¡No seas aguafiestas, Naru! Ahora que te has aficionado tanto a hacer cosplay para la Comiket, deberías poder hacer cosplay en la alcoba, ya sabes, para ponerle un poco de picante a la relación, después de todo, la rutina en cierto tipo de actividades termina destruyendo las relaciones.

Miró a su amiga con cara de pocos amigos, renuente a decirle que su vida sexual a duras penas había avanzado al punto de frotarse el uno contra el otro mientras ella espiaba por el espejo para mejorar y terminar el doujinshi que había estado vendiendo apenas la semana pasada, si, la verdadera razón para llegar desde tan temprano a la Comiket y ser de los últimos en salir.

-¿Y, que piensa Kabakura San de esto? -Atacó la joven oficinista, acomodando despistadamente un cadejo de cabello largo detrás de su oreja antes de salir de la vergonzosa tienda a la que habían entrado.

Hanako se notaba repentinamente sonrojada, una enorme sonrisa había aflorado en su rostro de manera repentina junto con un brillo que solo veía cuando hablaban de yaoi… no, espera, ¿QUÉ?

-¿TANTO ASÍ? -Gritó Naru completamente sonrojada y sorprendida.

-Naru, ¿qué hombre no sueña con dormir con un personaje de fantasía?, lo que me recuerda, necesitamos conseguirte unas orejas falsas.

Tragó con dificultad, ¿era en serio?

-Hanako, etto… no es, no es necesario llegar a esos extremos, ¿sabes?

-¡Claro que es necesario!, ¡es el cumpleaños de tu novio! Y todos sabemos que se han estado divirtiendo más de lo normal, es justo que le regales ESTO.

-¿Qué todos saben qué? ¿de qué estás hablando, Hanako? ¡Hirotaka y yo estamos perfectamente bien así como estamos! ¡nuestra relación no necesita… este tipo de fetiches!

No parecía haberla convencido, conocía perfectamente bien esa mirada maligna y esa sonrisa diabólica en el rostro de su amiga, la cual se había detenido a media calle para agacharse a susurrarle algo al oído.

-Incluso el idiota de Taro dijo que tu doujinshi de esta ocasión era demasiado sospechoso, de repente las imágenes son MUCHO más sugerentes y excitantes de lo usual, y por alguna razón, los dos personajes se parecen demasiado a Nifuji, tú estás metida en algo perverso con él, no me mientas.

Estaba segura de que se había puesto pálida, ¿era tan obvio? ¿en serio?... PERO, AUN ASÍ, NO HABÍAN CONSUMADO NADA, ¡NADA!

Bueno, sí, él había tenido que disfrutar aquel único encuentro muchísimo más que ella, eso no significaba que ahora tuviera que disfrazarse de una elfa pervertida para el cumpleaños de su novio… ¿cierto?

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-¡FELIZ CUMPLEAÑOS NIFUJI!

-¡FELIZ CUMPLEAÑOS HERMANO!

-¡FELICIDADES NIFUJI SAN!

A pesar de no gustarle mucho las fiestas, tenía que aceptar que estaba contento en ese momento. Su hermano, su novia, sus amigos e incluso la novia de su hermano estaban ahí para felicitarlo a pesar de ser un día entre semana. Si era sincero, se había sentido completamente sorprendido ante el repentino festejo en el Starboks a la hora de la comida, o los paquetes de regalo que le habían entregado todos.

Si, había sido divertido agitar cada caja y bolsa, escuchar lo que había en el interior, tratar de medir el peso y adivinar de que se trataba, casi se sentía de nuevo como si fuera un niño en Navidad. Técnicamente había adivinado todos los regalos.

Dos videojuegos nuevos.

Una playera.

Un aditamento para el Wii

El único que lo tenía completamente confundido era el regalo de Naru. Una tarjeta con el personaje de Naru impreso en el frente y las palabras "Sorpresa este sábado en la tarde en mi casa", debajo de aquellas palabras había una hora impresa y nada más.

-Gracias -Fue lo único que atinó a decir luego de soplar las velas, abrir los regalos y levantarse para retirarse luego de recibir un abrazo de parte de Naru, Hanako y de su hermano menor.

-Bueno, me encantaría que pudiéramos quedarnos más tiempo, pero el jefe solo nos permitió media hora extra de descanso, así que…

-Esta bien Kabakura, que se tomaran tantos problemas por mi cumpleaños ya es suficiente.

-Bueno, supusimos que no querrías un festejo enorme en la oficina, así que… -Había confesado Hanako antes de acompañar a Nao a pagar por todo, sorprendiéndolo repentinamente.

-Los veo en la oficina entonces -Mencionó Kabakura retirándose el gorro de papel colorido que habían tenido todos y entregándoselo a Naru-, el jefe quería hablar conmigo apenas termináramos aquí.

-Nos vemos

-Suerte, Kabakura San

Miró a Hanako riendo estrepitósamente junto a su hermano, luego a las dos chicas que aún estaban junto a ella.

-Me retiro también, felicidades de nuevo Nifuji San.

-Gracias Kou kun.

-¡Nos vemos luego Kou chan!

La novia de su hermano también se había retirado, tan apenada y encorvada como usualmente, en todo caso, miró a Naru conforme ambos salían, debatiéndose internamente entre preguntarle o no por el extraño obsequio.

¿Porqué una tarjeta? ¿Porqué una tarjeta con una captura de un avatar? ¿Tendría algo que ver? ¿Y porqué esa hora? Le parecía un poco tarde para hacerle una visita, ¿planeaban hacerle otra fiesta de cumpleaños en casa de Naru?

No, Naru y los demás parecían bastante conformes con el pequeño festejo que le habían hecho, además, sería más viable que lo festejaran con una misión en el juego online en que estaban todos desde hacía ya más de 2 años, tal y como habían hecho antes. Tal vez quería que jugaran juntos en casa de ella, ¿o no? Aunque esa no parecía una buena idea, el internet podría ser malo si ambas computadoras se conectaban desde el mismo lugar, Naru sabía eso, ¿o no?

-¿Todo bien, Hirotaka?

Ladeo la cabeza, mirándola de nuevo antes de accionar el botón del elevador para subir, quería preguntarle a qué se refería la tarjeta que le había dado, sin embargo, ya había algo de gente en el elevador.

-No

Ambos subieron entonces, mirando hacia la puerta igual que el resto de las personas en el elevador. ¡Qué mal momento para que hubiera gente subiendo!, realmente quería saber de qué se trataba aquello. Bueno, apenas terminara el trabajo que Kabakura le dejara en el escritorio, saldría a fumarse un cigarrillo, no estaba muy seguro de como lidiar con lo de la tarjeta sin un poco de nicotina en su sistema.

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La semana pasó más rápido de lo que había deseado.

Era sábado, Hanako estaba en su departamento arreglándole el cabello luego de haberla maquillado, era increíble lo que esa loca del cosplay podía hacer con algo de maquillaje y varias brochas.

-¡Te ves igual a tu avatar, Naru! -Festejó Hanako apenas terminar de colocarle el último accesorio en el cabello.

-Mi avatar nunca ha usado ropa como esa -Se quejó Naru señalando hacia la bolsa plástica sobre su cama.

-Bueno, tu avatar es para sacarnos lindas fotos juntas y divertirte haciendo misiones con los demás… hoy vas a divertirte con Nifuji San, TIENES que usar algo más pequeño entonces.

Realmente no estaba convencida, no estaba NADA convencida, menos después de notar que quedaba una pequeña bolsa de papel sobre su escritorio de dibujo, una de las que Hanako había estado sacando maquillajes, pegamento, gel, delineador, brochas y adornos y que no había tocado en ningún momento.

-Bueno, ¿porqué no te miras en el espejo?

Asintió, levantándose de su lugar para ir a pararse frente al espejo, quedando completamente sorprendida al notar que, efectivamente, el cuidadoso trabajo de Hanako había tenido resultados completamente… increíbles, esa era la palabra, era como si su avatar hubiera salido de la pantalla y se hubiera estirado… demasiado… si, porque si un personaje salía de la pantalla y era estirado, no había modo alguno de que tuviera senos grandes como los de las muñecas de colección en el librero de Hirotaka, ¿no?

-Es una lástima que no puedas hacer que me crezcan los…

-¿SI?

Cambió de opinión, tragándose sus palabras, volteando repentinamente nerviosa y notando la extraña sonrisa diabólica de Hanako.

-Ehm… las orejas, ¡si!, es una lástima que no puedas hacer que me crezcan las orejas y tenga que usar estas extensiones, jajajajaja, sería increíble, ¿no?

-Ajá, claro, las orejas.

¡Dios!, a veces en verdad odiaba que Hanako los conociera tan bien a los dos, porque la pelinegra estaba al tanto de las figuritas en casa de Hirotaka y su pequeña decepción por no tener senos más grandes… ¡cómo la envidiaba! Seguro que Hirotaka disfrutaría más con esta estúpida idea si ella tuviera los senos más… ¡OH, DIOS! ¿DESDE CUANDO ESTABA DE ACUERDO CON ESTE PLAN DEMENTE?

-Es casi la hora, será mejor que te ayude a vestirte.

-No es necesario, en serio, puedo hacerlo sola.

-¿Estás segura? Mira que el sostén de lazos puede ser algo confuso la primera vez que lo usas.

¿HANAKO HABÍA USADO COSAS COMO ESTAS ANTES? ¿CON LAZOS Y TODO?

Bueno, era una cosplayer algo pervertida, a decir verdad, no debería sorprenderla tanto, ¿no?

-Yo lo hago, no te preocupes, gracias por el maquillaje y el peinado.

-Un placer, por cierto, no lo dejes que te jale mucho las orejas, no estoy muy segura de que se mantengan en su posición si te hacen brincar demasiado luego de jalarlas.

-¿Saltar? ¿por qué iba a… ¡HANAKO!

Estaba completamente avergonzada, más por la sonora carcajada que estaba saliendo de labios de Hanako en ese momento.

-Yo me encargo, ¿si?, ahora vete, vete a hacerle cosplay a Kabakura San o a beber algo de cerveza o a coser tu próximo cosplay, no sé, solo vete.

-¡Alguien está ansiosa! -Se burló la pelinegra, haciéndola sonrojar de nuevo.

-Estoy nerviosa, yo…

Ambas guardaron silencio, el sonido de llaves en la chapa de su puerta, seguido por el rechinido rápido de los goznes al abrirse las hicieron ponerse nerviosas a ambas.

¿Ya eran las 8?

Naru echo una mirada rápida a su teléfono, faltaba todavía media hora y la única persona que tenía llaves de su departamento era…

-Yo voy, tú quédate aquí, ¿de acuerdo?, termina de arreglarte, prometo distraerlo por media hora… y pon esa bolsita al lado de tu cama.

-¿Qué?

-¡Solo hazlo, Naru! ¡se arruinará la sorpresa!

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-¡NARU! ¡SÉ QUE LA TARJETA DECÍA A LAS 8, PERO…!

-¡NIFUJI SAN! ¡No sabía que vendrías!, oye, estaba por irme, pero Naru recordó que necesita unas cosas del 24 horas, estaba ofreciéndome a traerlas, ¿por qué no me acompañas?

-¿Koyanagi?

-Estoy tan sorprendida como tú, yo solo vine a tomarle algunas medidas a Narumi y a discutir un poco de BL, ya sabes, ella hace unas recomendaciones tan fabulosas…

¿Qué estaba pasando? ¿Koyanagi estaba ahí también? ¿ya se iba? ¿pasar al 24 horas?

-Bueno, yo… -Estaba a punto de disculparse y volver a casa.

Imposible.

Koyanagi ya lo había tomado de un brazo luego de colgarse una bolsa que se encontraba a la entrada, abriendo la puerta y gritado un "OYE NARU, NIFUJI SAN DICE QUE ÉL TE TRAE LAS COSAS, GRACIAS POR TODO", luego de lo cual, había sido literalmente arrastrado fuera de la casa.

Si, había sido la cosa más extraña del mundo, estaba pensando justo en eso de pie, frente a la puerta del departamento de Naru, con una bolsa en la mano donde traía un par de paquetes de chocolate, algo de carne de res extra delgada, arroz, crema batida en lata, un par de cervezas y una cajita de fresas.

Miró la bolsa en sus manos y luego la puerta de entrada, no podía imaginar que tipo de emergencia tendría Naru para solicitarle a su mejor amiga que llevara justo esa comida al departamento… antes de las 8 de la noche… en realidad, sentía como que Hanako lo había sacado con la primera excusa que se le había pasado por la cabeza, ¿por qué?

Bueno, esa mujer a pesar de ser atractiva, era un poco rara para él, todavía no comprendía como alguien podía disfrutar tanto discutir como si odiara a la persona que decía amar y con quien se había casado apenas dos años atrás, en serio.

Entró de nuevo al departamento, retirándose los zapatos y acomodándolos en la entrada.

-¡Naru! ¡traje las cosas que le encargaste a Koyanagi!

No hubo respuesta, eso era extraño, ¿no?

-¿NARU?

Caminó hacía la cocina, dejando las compras dentro del refrigerador para luego dirigirse a la recámara.

El departamento de Naru era más pequeño que el de él, si no estaba en la pequeña salita comedor ni en la cocina, solo quedaban dos opciones. El baño y la recámara.

Claro que, por alguna razón, la puerta del baño estaba abierta, aquella habitación se notaba oscura y vacía, así que obviamente, su novia se encontraba en su habitación.

¿Se habría olvidado qué lo había invitado a ir? ¿acaso había entendido mal el mensaje?

Sacó de nuevo la tarjeta de la funda de su consola portátil, releyéndola por enésima vez desde que la había recibido.

No, todo parecía correcto, no era como que pudiera mal interpretar un mensaje tan pequeño y sencillo, ¿no?

-¡¿NARU?!

Escuchó ruido saliendo de la habitación, como si algo se hubiera caído, luego unas protestas casi en susurros, ¿qué estaba pasando ahí dentro?

-¿Naru estás bien? -Preguntó Hirotaka, repentinamente preocupado y abriendo la puerta a la habitación.

-¡NO VENGAS!

Era algo tarde para acatar aquella indicación, ya había entrado y la había visto. Naru estaba en el suelo, parecía como si se hubiera caído sobre las rodillas e intentara levantarse, una de sus piernas estaba enredada en una tela y… un momento… ¿qué en el nombre de los videojuegos en línea estaba usando?

-¿Naru? ¿estás… bien?

La escuchó suspirar completamente cabizbaja, desatorando lo que fuera que se le había enredado antes de ponerse en pie, provocándole un microinfarto al notar la cantidad de piel que había quedado al descubierto. ¿De dónde había sacado esa ropa? Más importante, ¿qué tipo de ropa estaba usando?

-¿Narumi don? Ahm… traje lo que le encargaste a Koyanagi… creo que comprendí mal tu mensaje, yo… si no necesitas nada, me iré a casa y…

-¡NO!

Había volteado a verlo, dejándolo sin habla, sin oxígeno y sin pensamientos coherentes.

¿Esa era Naru?

Se veía exactamente igual a su avatar… con ropa muy, MUY reveladora, llena de listones blancos y rojos aquí y allá, un rectángulo de tela blanco con listones rojos cubriéndole parte del bajo vientre y la mitad de sus muslos hasta las rodillas, medias blancas semi transparentes cubrían la piel de sus piernas hasta por encima de sus rodillas, un par de pequeñísimos triángulos transparentes con pequeños moños rojos cubrían sus senos, haciendo juego con unas mangas blancas que iniciaban en sus antebrazos y se iban alargando hasta volverse muy amplias al llegar a sus muñecas, los listones rojos parecían hacer costuras regulares para circundar esa parte, y en el cuello, una especie de cuello de camisa blanca con un moño rojo en el centro remataba el atuendo, que, según había notado, en la espalda solo le cubría una parte del cuerpo, desde la cadera hasta la parte anterior de las rodillas con el mismo rectángulo diminuto… era como si en lugar de un inocente juego online, el avatar de Naru perteneciera a un juego hentai de esos que había visto anunciados de vez en cuando al fondo de la sección de juegos para adultos.

¿Le habían crecido las orejas? ¿qué estaba pasando?

-Yo… ¿me veo muy rara?

Eso lo devolvió a la realidad, la última vez que Naru había sonado tan inocente y apenada, había sido cuando iban todavía en la primaria y Naru había llegado con un corte de cabello diferente. Por supuesto, él la había encontrado tan completamente linda aquella vez, en esta ocasión le parecía el ángel de la lujuria, quería tocarla por todas partes, o bien ponerla en una base giratoria con luces y acomodarla en un lugar especial en su librero… y mirarla girar y girar y girar iluminada por las luces toda la noche… al parecer no era el único interesado en cómo se veía ella ahora, algo se había despertado en él… algo que hasta hacía 5 segundos estaba completamente dormido y colgando lánguidamente de su cuerpo.

-Te… te queda bien…

-¿En serio?

No pudo responderle, simplemente asintió con lentitud sin atreverse a parpadear, esa repentina sonrisa sincera había sido como un headshot perfecto en su juego preferido de disparos… si lo pensaba, podía morirse en ese preciso momento y no lamentaría nada, absolutamente nada.

-Hiro… taka… ¿kun?

Se movió ligeramente incómodo, en serio, esta mujer iba a ser su perdición un día, estaba seguro de que se vendría sin haber hecho absolutamente nada más que mirarla… de pronto comprendía como se sentían todas esas chicas en la Comiket que le pedían fotografías a su novia y a Koyanagi cuando hacían cosplay y porque parecían todas tan eufóricas que el pobre de Kabakura no soportaba ver porque se ponía celoso.

-¿Hirotaka kun?

-¿Naru, podrías… darías una… una vuelta?

-¿Una vuelta?

-Si… despacio… ¿por favor?

-Te, ¿te gustaría… sentarte?

No respondió, un vistazo rápido a la cama fue suficiente para orientarse y caminar hasta ahí, tomando asiento en la orilla de la misma, sin quitarle los ojos de encima a una muy sonrojada y atractiva Naru frente a él.

Apenas sentarse, ella comenzó a girar despacio. Podía notar perfectamente el camino formado por los listones que adornaban el cuerpo de su novia y mantenían las pequeñas prendas en su lugar.

Si era sincero, rara vez se había encontrado a sí mismo preguntándose que llevaría esa misma chica debajo de la "falda", ya que daba la impresión de que no llevaba nada en realidad. La sola idea lo había puesto más duro todavía, haciéndolo sentirse sumamente incómodo, estaba comenzando a doler.

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Era extraño.

Conforme daba vuelta no solo se sentía tan observada como en la Comiket, también estaba empezando a sentirse un poco… ¿excitada?

Estaba por terminar de girar cuando notó, por el rabillo del ojo que Hirotaka se había tocado un par de veces, mirándola con los ojos muy abiertos. Cuando quedó de nuevo cara a cara con él, no pudo evitar mirar en dirección de la entrepierna del pelinegro, notando al momento que, de hecho, él estaba bastante excitado.

Se sintió sonrojar todavía más, recordando súbitamente las sensaciones que habían compartido la última vez que lo notara de ese modo.

Caminó hacia él despacio, tomándolo de los hombros sin perder de vista la forma en que la estaba observando, tan asombrado, tan enamorado de ella, tan lleno de deseo por ella.

-Feliz Cumpleaños, Hirotaka kun -Murmuró ella antes de besarlo, sintiendo que tardaba un poco en responderle, posiblemente se sintiera sorprendido… ella se sentiría sorprendida si cambiaran de lugares y él usara un atuendo equivalente para ella.

-Mi cumpleaños fue hace días -Respondió su novio cuando el beso se rompió.

No pudo evitar sonreír, sintiéndose repentinamente más relajada.

-Lo sé, no podía darte tu regalo en ese momento, por eso te di la tarjeta.

Él la miró un par de segundos antes de que se iluminaran sus ojos con entendimiento. Luego lo notó sonrojándose un poco y hacer un par de respiraciones profundas.

-¿Este cosplay es mi regalo?

-Si, ¿te gusta?

Hirotaka se notaba eufórico a ojos de Narumi, quien lo conocía tan bien que podía leerlo con facilidad en todo momento. Ella también sonrió, quedándose sin respiración al notar una sonrisa ligeramente malévola en los labios del pelinegro.

-¿Solo puedo verte y fotografiarte como las chicas de la Comiket?

-No

-¿Puedo tocarte?

-Si

Estaba apenada, notándolo pensar, posiblemente en las posibilidades, justo antes de tomarla de la mano sin dejar de mirarla.

-¿Qué tanto puedo tocarte?

-Todo lo que quieras… incluso puedes… ahm…

-…

Se sentía repentinamente avergonzada de nuevo, no podía decirlo, estaba mirando a todos lados, completamente mortificada antes de notar la pequeña bolsa de papel que Hanako había dejado en el escritorio. Se soltó de Hirotaka, tomando la bolsa y abriéndola un momento, sintiéndose sonrojar por completo antes de regresar y entregársela a Hirotaka.

Como era de esperar, aquel alto oficinista se asomó a la bolsa, sonrojándose tanto, que Narumi temió de repente que se fuera a desmayar o algo.

-¿Esto significa que… tú y yo?

Estaban igual de sonrojados, ella asintió, él se puso en pie, agachándose lo necesario para tomarla entre sus brazos y besarla con anhelo, podía sentir que él no había soltado la bolsa, luego lo sintió tomarla de una mano y jalarla para acostarla en la cama.

Hirotaka comenzó a desvestirse, su chamarra y su playera habían sido descartados, el cinturón y el pantalón desabrochados sin que aquel par de ojos la dejaran de observar en ningún momento. Se detuvo entonces, arrodillándose a ambos lados de ella antes de volver a besarla, esta vez con dulzura.

-¿Realmente quieres hacer esto? Podríamos solo frotarnos, prometo estar bien solo con eso.

No estaba segura de qué responder, estaba nerviosa, muy nerviosa.

Lo abrazó, atrayéndolo hacia si para besarlo, sosteniendo aquel rostro aún con lentes entre sus manos, primero un beso largo y luego varios besos cortos, sintiéndose repentinamente reconfortada al notar que él no se resistía ni trataba de imponerse en ningún momento.

-Es una lástima que no pueda hacer que mi pecho crezca… o que se vea más grande, como mis orejas ahora, estoy segura de que preferirías…

-¡Eres perfecta!

Se había quedado callada, ¿perfecta?, ¿qué pasaba entonces con todas esas muñecas tetonas que descansaban al frente de su librero?

De pronto estaba segura de que él podía leerla a ella con la misma facilidad que ella lo leía a él. Las manos de Hirotaka de pronto estaban sobre su cuerpo, acariciándola, estrujándola suavemente, antes de que él comenzara a besarla en la mejilla y el cuello, saltando de pronto hasta el medio de sus senos, estimulándola con los pulgares, dibujando círculos sobre los triángulos de tela que, de pronto, le parecían sumamente estorbosos.

Humedad y calor parecieron envolverla en algún punto, no era la primera vez que él hacía algo como eso, esta era la segunda y, si era sincera, le estaba gustando tanto como la primera vez, aun si ahora había tela entre la lengua de Hirotaka y la piel erizada, erecta y sensible de ella.

No pudo evitar envolverlo con sus brazos, gimiendo por lo bajo y enredando sus dedos en el cabello de su amante.

Podía sentir una de las manos del pelinegro recorriéndola por un lado de los listones hasta alcanzar su cadera, la cual parecía tocar con cierta reverencia hasta introducir su mano debajo de la ropa que podía verse, subiendo de pronto y excitándola de manera furiosa.

De verdad que comenzaba a detestar el traje. Podía sentir la mano de Hirotiaka delineando la prenda semi transparente de hilo dental que llevaba puesta debajo.

-¿Estás húmeda?

Parecía asombrado y deseoso, su voz sonaba extraña a causa de esto.

-Es difícil no estarlo si me tocas de esa forma.

Él la besó de nuevo en los labios con renovado interés, sus manos danzando por su cuerpo, como si intentara excitarla aun más, luego el beso se rompió y el frío la envolvió de repente, estaba por protestar cuando notó que Hirotaka se terminaba de desvestir, extrayendo la cajita de preservativos de la bolsa para abrirla y sacar uno, el cual le ofreció.

-¿Podrías abrirlo? Tengo miedo de romperlo.

Técnicamente, él estaba temblando.

Naru asintió, tomando el pequeño paquete entre sus manos, abriéndolo con cuidado y extrayendo aquel artículo de látex ligeramente grasoso y translúcido, mirándolo antes de desenrollar una pequeñísima parte.

-¿Quieres ponérmelo?

Lo miró primero a la cara, luego bajó la mirada por su cuerpo, Hirotaka no era atlético, pero si delgado, estaba sentado dándole la espalda, a pesar de ello, podía notar una parte de su erección sobresaliendo por detrás de su pierna.

Negó con la cabeza, completamente abochornada, entregándole aquel aro para que él lo colocara.

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Si fuera otra persona, estaría penetrándola con fuerza y deleitándose en la sensación, mirándola sin que nada más importara.

Claro que él no era otra persona, él era el hombre más afortunado del mundo, el que había logrado declararse a su primer amor cuando se habían reencontrado siendo adultos, el que había durado con ella más tiempo que cualquier ex novio normal que ella hubiera tenido, el que había recibido de regalo algo tan increíble, que ni siquiera se habría atrevido a soñarlo… el que estaba ahora recostado junto a ella sin dejar de besarla, completamente desnudo, tocándola delicadamente, como si pudiera romperse, escuchándola gemir de vez en vez. Sabía que esta era la primera vez para Narumi y realmente quería que fuera especial, aun si era un regalo para él, no quería lastimarla y ofenderla de modo alguno, de hecho, quería asegurarse de que ella lo disfrutara tanto como él o incluso más.

Se tragó las ganas de tocarse o de frotarse con ella, optando por masajear uno de los senos de Narumi y estimularla entre las piernas con la otra, besándola en la boca o en el cuello, atento a cualquier cambio en ella, en su respiración, su temperatura corporal, la humedad en su ropa interior e incluso la intensidad de sus gemidos. Lo cierto es que aquella era la primera vez para Hirotaka, y por alguna razón, sentía que apenas entrara en ella, no duraría más allá de un par de segundos, necesitaba estimularla hasta que ya no pudiera resistir.

-Hiro… -Gimió ella de repente, como aprovechando que él estaba besándola en los hombros-, ¿no quieres desnudarme?

Se detuvo de lo que hacía, mirándola, acariciando su rostro y finalmente sonriendo justo antes de besarla en la punta de la nariz, sacando su mano de debajo de la extraña falda para tomar la punta suave de una oreja falsa.

-¿Quieres que te quite la ropa?

Parecía dubitativa, la idea de que ella querría hacer el amor siendo ella y no fingiendo ser su avatar lo hizo sacar con cuidado una prótesis de oreja, dejándola tirada junto a la cama antes de arrodillarse con ella en el medio, volteándola boca arriba para quitarle la otra prótesis y botarla a un lado.

-Te amo, Narumi don, te amo con el traje de oficina, con tu pijama, con esta ropa rara o con cualquier cosa que uses o dejes de usar.

La notó completamente sonrojada, entonces se sentó al lado de ella, quitándole con cuidado todo el traje, sintiendo una protesta entre sus piernas cuando Naru quedó solo con las medias y una diminuta tanga blanca translúcida con un par de moños rojos en cada extremo del pequeño triángulo que había permanecido escondido bajo la falda. Removió todo, mirándola ahora con afecto y deseo a partes iguales, sonriéndole y notando como esa sonrisa era contagiada.

Hirotaka volvió a besarla, recostándose a su lado para volverla a tocar con sus manos, temeroso de terminar demasiado pronto si la tocaba con cualquier otra parte de su cuerpo.

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No podía parar de gemir, no podía parar de retorcerse, sintiéndose al borde de un abismo enorme y placentero, con la lengua de su novio recorriendo sus pliegues, su boca succionando aquel pequeño nódulo que la estaba enloqueciendo y un par de dedos grandes y callosos entrando y saliendo perezosamente de ella.

Se suponía que el regalo era para él, pero era ella quien lo estaba disfrutando más, tanto que se sintió algo culpable cuando todo su cuerpo comenzó a temblar, convulsionándose al tiempo que sentía como toda la tensión que había ido juntando se liberaba sin más junto con un pequeño grito que no pudo contener.

Los dedos abandonaron su entrada, algo húmedo volvió a recorrerla entre las piernas una vez más antes de que esa misma lengua se enfocara en prodigarle atenciones a uno y otro seno por turnos.

Estaba consciente de que sus piernas se habían abierto por completo, su cadera había comenzado a moverse de manera extraña y sus manos no dejaban de buscar el modo de comunicarle a su amante lo que deseaba.

La mano de Hirotaka volvió a jugar con ella, de nuevo eran dedos lo que la invadía, pero no importaba, ella realmente deseaba más para este momento.

-Por favor, Hirotaka…

Él la miraba ahora a la cara con una sonrisa ladina y una mirada que le gritaba lo tierna que le parecía en ese momento, distrayéndola lo suficiente para no darse cuenta de que los dedos de su novio eran sustituidos por algo más grande. Apenas sintió un poco de incomodidad, estaba perdida en las expresiones de él, que había pasado de estar sonrojado a dejar escapar un gemido ronco y cavernoso, completamente gutural.

¿Entonces así era como se sentía estar abajo?

-Bésame más, por favor.

Su novio parecía realmente listo para seguir sus indicaciones, feliz de obedecerla conforme se agachaba y encorvaba para alcanzar sus labios, besándola al tiempo que comenzaba a moverse despacio dentro de ella.

Narumi se aferró de la espalda de Hirotaka, envolviéndolo con las piernas y recordando algo.

-Abrázame… siéntate conmigo.

Él obedeció, abrazándola, girando con ella hasta quedar ambos de lado para luego incorporarse lo suficiente para sentarse sobre la orilla de la cama.

Narumi dobló sus rodillas, apoyándose con ellas sobre la cama, apoyando sus manos en los hombros de él, besándolo de nuevo antes de comenzar a moverse a su propio ritmo, notando a Hirotaka abrazándola repentinamente con mucha fuerza, escondiendo su rostro en el cuello de ella… entonces lo sintió, algo palpitaba en su interior.

Lo abrazó sin dejar de sonreír, comprendiendo de pronto porque él se había empeñado en jugar tanto con ella como para hacerla venirse antes de entrar de verdad.

Lo besó en el cuello antes de abrazarse a él, esperando a que la fuera soltando poco a poco hasta quedar tan lánguido como un muñeco de trapo.

-Hirotaka, la próxima vez quiero escucharte gimiendo a ti también.

Lo notó sonriendo antes de besarla en una mejilla, luego en los labios, finalmente en la coronilla.

-Si no te importa que descanse un poco, podrías escucharme en un rato más.

Se sonrojó por completo ante el ofrecimiento, ¿era en serio?

Bueno, no es como que ella estuviera muy cansada, aún así lo abrazó, dándole un beso en los labios y mirándolo a los ojos.

-Es tu regalo de cumpleaños, si quieres dormir, dormiremos, si quieres seguir con esto, entonces podemos seguir toda la noche.

Él la besó de nuevo, antes de girarse para depositarla en la cama y salir de ella, retirándose con cuidado el preservativo para luego hacerle un nudo y tirarlo en el cesto de basura cercano. Ella aprovechó para comenzar a tirar de las cobijas e introducirse, las noches todavía eran frías a esa hora y, aunque tenía calor, estaba segura de que pronto empezaría a tiritar de frío si no se resguardaba.

Hirotaka siguió su ejemplo, introduciéndose en las sábanas antes de abrazarla con afecto, besándola en la frente una última vez antes de levantar su consola portátil del lugar donde la había dejado al sentarse en la cama más temprano.

-¿Está bien si juego un rato?

-¡Claro!, no te preocupes.

Ella simplemente se acomodó sobre el pecho de Hirotaka, agradeciendo que no quisiera fumarse un cigarrillo que pudiera quemar su cama y quedándose profundamente dormida en poco tiempo, entre los cálidos brazos de su novio gamer.

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Notas de la Autora:

Solo diré que no pude quedarme con las ganas de continuar. Espero que les haya gustado y de antemano, gracias por cualquier comentario que deseen dejar.

SARABA