Hola, Hola. Me atrase un poco esta semana, pero acá esta el nuevo capitulo.

Como siempre ningún personaje me pertenece, solo juego con ellos.

POV Isabella

Después de que Hope subiera a su habitación, me quede sentada en mi estudio con la última fotografía familiar que pudimos sacar antes de que nuestras vidas se convirtieran en una constante huida, antes que, a ellos, les hubieran arrebatado la vida. Sus presencias las sentía hondo en mi pecho, me acompañaban a cada paso que daba, en cada decisión, en cada vida que tomaba. Estaba siendo influenciada por ellos, incluso alentada, hacía tiempo que sospechaba esto y en un principio lo agradecía, no tener la responsabilidad completa sobre Hope, me aliviaba, pero, ¿Cómo podía mi sobrina depositar su confianza en mí cuando no era yo la que decidía? ¿Cuándo mi confianza estaba depositada en personas que ya no existían en este plano? Personas, que entre tanto dolor solo vivieron para sobrevivir. ¿Ese era nuestro destino? ¿El de Hope? ¿Sobrevivir sin importar que o quién?

- Estoy tan perdida… – Susurré con enojo en el silencio que se esparcía en mi estudio mientras acariciaba su rostro en la foto. – Me prometiste una eternidad a tu lado… No debiste hacer promesas que no podías cumplir…– Acusé sintiendo como las lágrimas comenzaban a salir. – ¿Con que derecho sigues instalado en mi pecho? – Sollocé y dejé el portarretratos sobre el escritorio sin poder darle una mirada más. Me dolía. - No puedo tenerte a medias… - Confesé. – Me duele Kol, me duele tenerte y no tenerte, es una agonía constante.

Afuera, hacia frio, estaba oscuro, no había estrellas en el cielo, ni luna que admirar, se sentía vacío, la soledad me calaba más profundamente en la noche, cuando las pesadillas me invadían y el insomnio, mi única salvación, me ayudaba a escapar de mis propios demonios, de él. No me gustaba soñar con Kol, al despertar volvía a sentir la perdida como la primera vez, volvía a sentir a mi corazón morir justo como cuando vi que toda vida dejaba sus ojos. Sus últimos segundos en esta tierra me perseguirían para toda mi existencia.

Tomé mis llaves conteniendo más lágrimas, no quería llorar más, caminé arrastrando los pies hasta la puerta deseando desde el fondo de mi alma que todo se termine, pero sabiendo que no lo haría. Me saqué el suéter rojo que tenía puesto para sentir el frio, este me ayudaba a estar fuera de mi dolor, aunque nunca duraba mucho. No requería de ningún esfuerzo volver a revolcarme en el sufrimiento, en la sensación de sus labios en mi piel y en el futuro que habíamos pensado para nosotros, pero ahora no tenía el tiempo, ni la energía. Tenía asuntos que atender, sabía que Hope me estaba mintiendo. La niña no sabía mentirme ni para salvar su vida, siempre había sido así, desde que la conocía y nunca tuvo que perfeccionarlo porque siempre se salía con la suya, todos la dejábamos hacer lo que quería al ver sus grandes ojos, pero en estos tiempos no podíamos darnos el lujo de confiar en las personas equivocadas. Tenía que averiguar todo de Los Cullen, por eso, me estaba adentrando en el bosque a mitad de la noche. Jacob había dicho que Hope apestaba a ellos, así que supuse que podía lanzar algún hechizo de locación usando la bufanda que mi sobrina tenia puesta el día de hoy y así, saber dónde estaba ubicada la casa donde ellos residían, si jugaba bien mis cartas, ellos no podrían sentirme.

- Ce che vous, pro la busque. Ce che vous, pro la busque. Ce che vous, pro la busque – Recité mientras tiraba sal sobre la bufanda y arena en un mapa de los alrededores.

El viento se empezó a remolinar a mi alrededor haciendo flamear mi pelo, y cualquier hoja que entrara en contacto con la energía que mi cuerpo estaba produciendo. La arena se movió en el mapa dándome la localización exacta a los pocos segundos. No era lejos, podría ir y volver en un par de minutos, pero decidí que lo mejor iba ser hacer un viaje astral, no quería exponerme, ni que me descubrieran, no sabía cuál era el alcance olfativo de estos "vampiros".

Me senté sobre mis piernas dobladas colocando mis manos en las rodillas y respiré profundamente una primera vez para luego acompasar mi respiración con la naturaleza. Siempre veía una luz cuando intentaba despegarme de mi cuerpo, sabía que esto debía hacerlo con alguien de apoyo, alguien que cuidara mi cuerpo de cualquier peligro, pero no podía pedírselo a Hope sin develar donde quería ir. Tendría que conformarme con esperar lo mejor.

Al abrir los ojos ya me encontraba en la puerta de Los Cullen, la casa era una belleza, alta majestuosa, pero al mismo tiempo para nada pretenciosa. La estructura era mayormente de vidrio, haciendo que ver dentro fuera totalmente fácil, algo estúpido considerando que en ella vivían personas con poderes sobre naturales, aunque pensándolo bien, ellos no contaban con las proyecciones astrales, si hubiera venido físicamente me hubieran sentido a kilómetros de distancia, no me habrían dejado llegar a ver los dichosos ventanales.

Me llamó la atención lo ruidoso que se escuchaba adentro. Risas, peleas, música, parecía que pasaban un momento ameno pero divertido, algo sumamente cotidiano, como si fueran una verdadera familia. ¿Quién dice que no lo fueran? Me cuestioné sintiéndome mal de repente, quizás Hope tenia razón, quizás eran inofensivos, quizás podríamos confiar en ellos, pero, por otro lado, Los Mikaelson también éramos una familia, y una sumamente letal.

Me deje guiar por las voces hasta verlos, la escena era impactante, haciéndome sonreír. Podía ver una gran sala iluminada de forma tenue, algunos estaban sentados en los sillones compartiendo una graciosa charla, algunos resoplaban otros reían, también había una pareja bailando suavemente la melodía que componía alguien sentado en el hermoso piano de cola que había a un costado. No pude evitar pensar en Elijah y sus clases de piano, hacía años que no ponía mis manos en uno, supongo que porque jamás seria lo mismo. La canción me sacó de mis recuerdos, era tan alegre como triste dando unos matices únicos, casi hipnóticos. La pareja bailaba mirándose a los ojos con un amor absoluto sin prestar atención a nada a su alrededor como si fuera su hábitat natural y estuvieran acostumbrado a ello.

- Me preocupa la enana explosiva, ¿Creen que este bien? – Preguntó uno de ellos, el de contextura más grande quien tenía sentada en su regazo a una mujer rubia. Ella tenía una belleza incomparable, estaba segura que nunca volvería a ver un rostro tan perfecto en la vida, su piel parecía tan tersa que sabía que tocarla seria como tocar un trozo de seda, a decir verdad, todos los que estaban ahí lucían increíblemente suaves. Entendía porque Hope los había confundido con sirenas. Ellos atraían de la misma manera que alertaban peligro.

- Alice ya pudo ver que está bien. Solo fueron unos minutos en los que su futuro desapareció. – Le dijo otro pasando su brazo por los hombros de una chica de pelo negro y corto, Alice supongo. No podía verles el rostro ya que daban la espalda al gran ventanal, pero se notaba la confianza que se tenían.

- Sí, pero, ¿No les pareció raro el mensaje que nos envió? – Preguntó la rubia. – Mañana no iré al instituto. No pregunten. Nos vemos en el claro. – Fruncí el ceño. Estaban hablando de Hope, mi Hope. - ¿Quién se cree la niña esa? ¿No pregunten? – Resopló acomodándose el cabello de un costado al otro sobre sus hombros con actitud fastidiada.

- Hope tendrá sus motivos Rosalie, mañana seguramente nos contará… - Dijo una voz aterciopelada justo cuando la música dejaba de sonar. – Aparte, no es como si no supiera defenderse…

Levanté la mirada cuando mis ojos detectaron un movimiento, el que estaba tocando segundos antes, cerró la tapa que cubría las teclas del majestuoso piano e hizo una pequeña reverencia a la mujer que estaba bailando con su pareja momentos antes, ella sonrió dulcemente, se acercó al pianista con una velocidad propia de un vampiro y acarició suavemente su mejilla mirándolo orgullosa.

- Gracias hijo, es hermosa. – Este sonrió ante el afecto de la mujer y la abrazó dándole una vuelta en el aire haciéndola reír.

- Chupamedias. – Tosió el grandote, la rubia a su lado le pegó en el hombro haciendo que este se encogiera de hombros.

- Emmett Cullen, no seas celoso. Amo a todos mis hijos por igual. – Aclaró la mujer haciendo resoplar a todos los demás, pero ella lejos de sentirse ofendida se encogió de hombros y les sonrió pícara.

El hombre que antes bailaba con ella, veía el intercambio sonriendo, disfrutando de la risa de la mujer como si no estuviera acostumbrado a escucharla. Se veía completamente idiotizado por ella.

Cuando el pianista, la soltó pude admirarlo de una manera más puntual, porque en cuanto él había aparecido en escena parecía que mi cerebro se había atrofiado o algo parecido porque si me había impresionado la belleza de la rubia, no sabía cómo describir lo que me pasaba por el cuerpo al ver a este hombre. Su sonrisa perezosa, su mirada dorada despreocupada, parecía tan cómodo, como si supiera que ese lugar, era su lugar en el mundo. Sus expresiones eran suaves casi imperceptibles, al menos para mis ojos, y su pelo desordenado, supongo de pasar su mano constantemente por este, era de un color bronce que lo hacía ver aún más pálido de lo que era, era un contraste hermoso.

Me sorprendí a mí misma con estos pensamientos, no me creía capaz de quedar maravillada por la belleza de nadie, no desde Kol al menos y jamás con esta intensidad. Si, sentía atracción por el género masculino en general y no tenía ningún problema en reconocerlo, era una mujer con necesidades como cualquier otra, pero jamás me había producido lo que este hacía. Fue como si al escuchar su voz algo dentro de mí se activara y de repente al encontrarlo con mis ojos, estos ya no pudieran dejar de verlo, haciéndome sentir una incomodidad poco propia de una dama.

- ¡Bueno, bueno! Creo que las parejas deberíamos ir a dar un paseo. ¿No lo creen? – El rubio dijo haciendo una mueca, y tomando a su pareja en brazos. – En serio, deberían aprender a controlar su lujuria. ¡Jesús! – Se quejó y salió a una velocidad impresionante.

- A mi realmente no me molesta… - Dijo la mujer mientras se alejaban haciendo reír a todos.

Las parejas se dispersaron en distintas direcciones dejando al cobrizo solo, este volvió a sentarse en el banco con un suspiro y acarició la superficie del piano, parecía indeciso, pero de un momento a otro abrió la tapa nuevamente y empezó a pasar sus manos, perfectas, de vuelta por las teclas creando una melodía casi trágica. Podía sentir la tristeza inundarme, desgarrándome, entendiendo perfectamente el sentimiento que él expresaba con tanta precisión, lo sentía en los huesos, la agonía de vivir sin un sentido. Abruptamente me sentí en la necesidad de consolarlo, no lo conocía, era la primera vez que lo veía en mi vida, ni si quiera sabia su nombre, pero mi conciencia quería moverse hacia él, y eso hizo. Traspasé el ventanal fácilmente aprovechando mi cuerpo etéreo y me acerqué lo suficiente como para sentir el frio que su cuerpo irradiaba. Verlo tan concentrado pasando sus dedos, creando, con los ojos cerrados, me produjo mil cosas en el cuerpo, mi mano sin ninguna advertencia se acercó a la piel de su cuello como si esta necesitara cerciorarse que existía, pero justo en el momento en que iba hacer contacto sentí un fuerte dolor en mi mejilla, como si alguien me hubiese golpeado. Mi cuerpo… pensé. Mi sorpresa fue tanta que varias luces de la casa explotaron para luego quedar en oscuridad alertando a mi trágico pianista que en un segundo se había levantado mirando para todos lados para luego posar sus ojos en donde me encontraba.

- ¿Hope? – Preguntó pensando que era mi sobrina. Entendible, mi energía era parecida a la de ella.

- Edward, ¿Qué demonios pasó? – Edward… repetí en mi mente. Se llama Edward. – Hombre, ¿Por qué pareces asustado? – Preguntó extrañado mientras ponía su mano en los hombros de él.

- No estoy asustado Emmett, no seas ridículo. – Contestó corriéndose de su apoyo, frunció el ceño aun mirando hacia donde yo me encontraba.

- Rosie está viendo los fusibles, hubo una descarga de energía grande. – Edward asintió.

Volví a sentir un dolor en mi hombro, alguien definitivamente me había encontrado, tenía que volver a mi cuerpo, pero no quería irme, quería seguir descubriendo al ser extraordinario que tenía en frente. Edward…

Abrí los ojos de golpe al volver a mi cuerpo físico, no me moví, decidí jugar a lo seguro, sentí que alguien me arrastraba, podía sentir las hojas bajo mi cuerpo, y las pisadas de la persona que me llevaba. ¿Cuánto tiempo había pasado? Me pregunté curiosa, no creía que haya sido demasiado tiempo, incluso si me había entretenido no había pasado más de media hora. Maldita mi suerte. Con rapidez tome una de las manos que me tenían sujeta, no era un vampiro, esta persona estaba viva, pero no lo pensé mucho cuando recite un conjuro fácil y simple haciendo que me soltara rápidamente y aullara de dolor. Me levanté, y me puse en posición de ataque por simple instinto, pero me relajé al instante al ver la cara de Raphael, el hombre lobo amigo de Hope.

- ¿Qué haces aquí? – Pregunté ayudándolo a levantarse. – Pude haberte matado. ¿Alaric te envió? – Él se quedó callado, de repente mirándome con recelo. - ¿Raphael?

Todos mis sentidos se intensificaron de un momento a otro, no estábamos solos. Como siempre que me sentía en peligro, empecé a sentir el amargor en mi boca, mi poder se estaba expandiendo y mis dedos, nerviosos, comenzaban a moverse liberando un poco de la energía. Esa era la mejor manera que tenía para controlarme, sacar poco a poco la energía hacia la naturaleza.

- No es a ti a quien buscamos… - Comenzó una vez sintió que estaba resguardado. Cuatro vampiros me rodearon en una distancia prudencial, entre ellos se encontraba Kaleb, también amigo de mi sobrina, estaba confundida, estos chicos habían arriesgado su vida más de una vez por Hope y ahora estaban aquí agresivos, demandantes y armados. Mis ojos se fueron a las manos del vampiro. Roble blanco. Mierda. – Entréganos a Hope y te dejaremos libre. – Reí.

- ¿Libre? ¿Acaso estoy siendo prisionera? – Pregunté con burla.

- Así será cuando te matemos… - Comentó Kaleb dando un paso al frente decidido a atacarme. Borré la sonrisa que tenía en los labios. – Volverás a la piedra que se creó con ese objetivo. – Escupió. ¿Cómo sabia él para que había sido creada la piedra Phoenix? Solo Niklaus, Kol y yo lo sabíamos, ni siquiera Elijah tenía ese conocimiento. Pronto vi a Kaleb abalanzarse sobre mi, No tenía tiempo para esto.

- Si es que logran matarme… - Comenté también dando un paso al frente e inmovilizándolo, comenzaba a enojarme.

Alguien había encontrado una gran fuente de Roble blanco, era inaceptable. Tenía que encontrarlo todo y destruirlo. Jamás podríamos vivir tranquilas sabiendo que nuestros enemigos podrían tener lo que verdaderamente podría matar a Hope.

Uno de los vampiros saltó contra mí desde mi espalda, pero este nunca llegó a tocarme, algo lo había impactado haciéndolo gritar de dolor. Había pasado tan rápido, que apenas había podido ver que era, pero al escuchar un aullido, le siguieron varios más dejándome en claro de quienes se trataba. Los lobos Quileutes habían llegado, pronto tenían a la mayoría de los vampiros acorralados, eran más de cinco lobos, gigantes. Sin pensarlo mucho recité un pequeño conjuro haciendo que los vampiros ardieran en llamas, haciendo que los lobos ahora me gruñeran a mí. Ellos no estaban acostumbrados a mis poderes, me temían, eso era obvio.

Kaleb quien no se encontraba entre los vampiros que los lobos acorralaron quiso tomar a Raphael, listo para escapar, pero los frené haciendo que sus cuerpos se paralizaran en el lugar, estaba tan enojada y ellos, mi familia también lo estaban, los sentía en mi pecho. Traté de tranquilizarme respirando profundo, pensando que estos eran amigos de Hope, no podía matarlos, no importaba los que ellos querían, no podía cederles el control ahora.

Sintiendo su energía sobre natural los atraje a mí como un imán, mi collar ardía en mi pecho quemándome exigiéndome que los escuchara, pero no podía, aun cuando estaba doliéndome intensamente me negaba a ser condicionada. La decisión sería mía.

- ¡Espera! – Giré mi cabeza bruscamente al escuchar la voz de MG, otro amigo de mi sobrina. – ¡Están siendo manipulados Isabella! - Los lobos aullaron nuevamente y lo acorralaron llevándolo junto a las cenizas que quedaban de los otros vampiros. – ¡Hope lo sabe! ¡Estoy diciendo la verdad! Las brujas están manipulando a casi todos en el instituto… Incluso al Dr. Saltzman. Isabella lo juro, amamos a Hope. No le haríamos daño por voluntad propia. – Suplicó.

Mi cabeza estaba trabajando incesantemente con la información que estaba recibiendo. ¿Hope sabia? ¿Hace cuánto que estaba pasando aquello? Nuestros amigos estaban en peligro. ¡Demonios! No quería equivocarme si la vida de Hope estaba en juego, pero sabía que mi sobrina jamás se perdonaría que ellos murieran para salvar su propio trasero. No podía matarlos, pero no podía dejarlos libres, no podían volver a Mystic Falls. Si era verdad, no solo Hope estaba en peligro, todos lo estaban.

- Explícate ahora mismo MG. – Le exigí. – Hope no me ha dicho nada. ¿Cómo sé que tu no estas siendo manipulado también?

- Nunca lo estuve. Cuando vine a contarle a Hope lo que estaba pasando Sebastian me siguió. Él… - Titubeó. ¿Sebastian? ¿Qué demonios hacia ese maldito en Forks? ¿Estaba dispuesto a volver a jugar con mi sobrina? Maldigo el momento en que Niklaus decidió no matarlo junto a su maldita familia. – Estaba llevando de vuelta su trasero a Mystic Falls cuando me mató. No debimos confiar en él. – Ante mi mirada incrédula al verlo delante mío prosiguió. – Tenia sangre de Hope en mi sistema... ella me alimentó para que no me arriesgara a matar a alguien si no podía controlarme. – Explicó. – Isabella, ni siquiera sé si Lizzie y Josie están bien… Y la sed… Necesito ayuda. – Los lobos rugieron acercándose más a MG, que simplemente se dejó rodear, podía ver en sus ojos que no iba atacarlos, aunque podría ganarles fácilmente. La única forma de matar a un hibrido era sacándole el corazón o cortándole la cabeza, información que los lobos no tenían.

MG era un destripador, así se le llamaba a los vampiros que adquirían una adicción a la sangre. En el instituto habían logrado tener su adicción a raya, Hope me lo había contado, también lo había hecho Alaric. MG, salía con Lizzie Saltzman, una de sus hijas, haciendo que ponga aún más empeñó en ayudarlo a superar su adicción, habíamos hablado varias veces al respecto pensando que quizás algún conjuro podría sacarle esa necesidad, pero habíamos agotado todas las ideas, no había nada mágicamente que hacer. Ahora MG era un hibrido, más temperamento, más poder, más necesidad de sangre.

Noté que los lobos no iban a dar marcha atrás, si yo no los mataba ellos lo harían o morirían en el intento. Estaba realmente agradecida con los lobos, no necesitaba de su ayuda, podría haberlos reducido yo sola, pero que acudieran a ayudarme significaba que no eran un peligro para nosotras, o al menos no aun. Lamenté lo que iba hacer a continuación.

- Somnum – Exclamé levantando mi mano concentrándome en los lobos, en Raphael y finalmente en Kaleb dejando afuera intencionalmente a MG, cuando cerré mi puño todos cayeron al suelo inconscientes. MG me miró con el miedo en sus ojos. – Vamos muévete. Debemos llevarlos a un lugar seguro. Tendremos que ir a las afueras de Forks, tengo una casa ahí la cual esperé jamás tener que usar. ¡¿Qué estas esperando?! – Grité con furia al ver que seguía dudando, MG tomó a Kaleb sobre sus hombros y me siguió. Yo por mi parte moví el cuerpo de Raphael haciéndolo levitar.

POV HOPE

Algo había pasado. Me levanté como todas las mañanas, aunque sabía que tenía prohibido ir al instituto, quería aprovechar para hablar con mi tía, después de meditarlo por horas, no podía seguir mintiéndole, quería ser sincera con ella, contarle de mis nuevos amigos vampiros y de lo que estaba pasando en el instituto de Mystic Falls. Mandé un mensaje a Rosalie, reiterando mi urgencia por hablar con ellos. Quería alertarlos, no sabía cómo Tía Isabella lo iba a tomar, podía tomarlo muy bien, o explotar en ira contra ellos, últimamente era muy difícil saberlo, pero avisarles era lo mínimo que les debía.

La casa estaba en silencio, como siempre, ella solía ser muy tranquila, cuando no estaba leyendo, estaba pintando o escribiendo, pero ella no estaba por ningún lado. No había dejado ni una nota. El suéter rojo que ayer tenía puesto estaba en la mesa de entrada, apoyado descuidadamente, las luces de la cocina estaban encendidas y las llaves de los autos colgadas.

Un ruido afuera me alertó, me asomé por la ventana que se encontraba a un lado de la puerta y me sentí automáticamente fastidiada cuando vi a Jacob Black nuevamente en la entrada de nuestra casa. No estaba solo. Al menos 6 lobos estaban con él, flanqueándolo en posición de ataque.

- ¡Isabella! – Llamó mirando a la casa, su tono era de enojo, amenazante. – ¡Ven y da la cara maldita bruja! – ¿Maldita bruja? Cerré mi mano en un puño del coraje que estaba sintiendo. Este lobo debería de tenerle más respeto a mi tía. – ¡¿Así nos pagas por haberte salvado?! – Abrí la puerta de golpe. Si algo le había pasado a mi tía, ellos iban a morir.

- ¿De qué demonios estás hablando? – Bramé acercándome a él. Jacob me miró sorprendido. - ¿Dónde está mi tía, Jacob? – Le pregunté tomándolo del cuello de su remera y acercándolo a mi rostro, este tomó mis muñecas mirándome fijamente y las apretó para que lo soltara, pero no me amedranté, lo sentía temblar bajo mis manos, se estaba controlando por el momento.

El lobo comenzó a inquietarse cuando el viento se arremolinó a nuestro alrededor, demostrándole que yo no estaba jugando, podía apretar mis muñecas todo lo que quería, pero no había manera que lo soltara, me caía bien, por eso solía molestarlo, me divertía sus reacciones y su enojo, incluso me atraía bastante físicamente, pero el limite era mi familia. Tía Isabella era lo último que me quedaba, la defendería ante cualquiera, incluso quemaría ciudades enteras si con eso daba con ella. Jacob Black, no sabía con quien se metía.

Bueno, espero que les haya gustado. El sábado o el domingo estoy subiendo el próximo.

Las cosas se están poniendo bravas, Isabella ya conoció unilateralmente a los Cullen y aunque fue interrumpida, tiene una buena impresión de ellos, sobre todo de Edward...

También nos enteramos que Ella esta siendo influenciada por los originales, la diferencia que tanto vio Hope en su tía no es mas ni menos que su propia familia protegiéndolas a su manera.

Nos estamos leyendo. No olviden darle follow a la historia y si me dejan un review, mas que agradecida.